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Von Wernich, la sentencia: Primera batalla ganada

October 10 2007 at 11:31 PM
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Von Wernich, la sentencia: Primera batalla ganada

Un juicio político, una sentencia prevista, un martirio predecible. Siendo así, demos gracias a Dios.
La oportunidad electoral de la condena.
Mons. Storni lo anticipó.

Por Juan Carlos Sánchez

La ley es meramente el tímido intento del hombre por codificar la decencia y requiere durante su ejercicio de meticuloso cuidado de las formas y del fondo. Un fallo judicial es cosa demasiado seria y debe ser decente, profunda e íntimamente decente para no pervertir su naturaleza. Lo podemos ver en países desarrollados y modernos donde la justicia es independiente y se la repeta.

No es el caso de este juicio del que debemos admitir que careció del mínimo de elegancia republicana requerida para no ser un espectáculo más, circense y no justiciero.
Dos mil años atrás ocurría lo mismo en el foro de la vieja Roma -hay que leer a Cicerón- y es un continuado de la historia del hombre en sociedad: La política dominando la justicia transformaba en increíble a esta última. Y el juicio del P. von Wernich fue un juicio político a todas luces.
Las banderas rojas en la calle, los pañuelos blancos en las cabezas y un presidente del tribunal que imploró silencio para completar la lectura de la sentencia. Patético. Intentó Su Señoría durante todo el desarrollo del espectáculo brindar una imagen pulcra y al final esta se hizo añicos. Mostró allí ya finalizando la función su nada secreta adhesión a un sector.

Obviamente al sector que gobierna desde el verbo y la farándula política.
Es que nadie medianamente informado puede negar que von Wernich estuvo preso sin sentencia casi cuatro años solamente a la espera de la oportunidad electoral para condenarlo. Esto es lo que transforma en grotesca la sentencia más allá del activismo político mostrado en escenarios dispersos que convierte a la Justicia en un acto de campaña que mañana será mostrado como reivindicación y argumento. Reivindicación del discurso presidencial y argumento contra una Iglesia que reclama con la voz de laicos y pastores comprometidos el sinceramiento de la política.
Esto resulta jactancioso y es extremadamente peligroso ya que brinda a la exégesis una estupenda evidencia de que la Justicia depende de algo que la excede y a la crítica histórica la posible demostración de que durante los últimos cuatro años la Argentina vivió una ficción que para ser demostrada necesitó de la mentira.

El sacerdote condenado ya conocía el resultado el juicio antes de que empezara y quienes venimos analizando el caso desde su origen, también. Nadie duda de que von Wernich pueda terminar su vida preso salvo un indulto futuro que también en el futuro podría ser anulado. Ya pasó en la Argentina como otra muestra de la inseguridad jurídica que espanta a nativos y extranjeros al punto que los primeros descreen casi masivamente de la justicia y los segundos prefieren invertir en las mesas de juego de los casinos de Las Vegas antes que en el país.


Visto este juicio tal como ocurrió y en su marco real, sigue latente la duda sobre la verdad.
Son notables los esfuerzos realizados por el poder político a lo largo de estos cuatro años por deformarla a conveniencia. Entonces dudar, que es un derecho ciudadano más aún cuando mucho es dudoso en la República, se hace obligatorio a fin de no caer en la ingenuidad auto mutilante de la propia estima.
Dudosos -risibles mejor dicho- los índices del INDEC, el destino de los fondos desaparecidos de Santa Cruz, los números de la pobreza, la voluntad de generar una nueva política y la seriedad del país. Todo o casi todo puede cuestionarse en esta Argentina posmoderna y progresista teñida de rojo para afuera -para la gilada- y de verde dólar para los dueños del país, esas pocas familias que se adueñaron de él y que pretenden usarlo como patio trasero de su casa durante décadas futuras.
Si tanto es dudoso, ¿por qué no dudar de la sentencia a von Wernich?
Se abre la posibilidad entonces de que el sacerdote condenado sea un mártir.

Cabe entonces agradecer al Padre la Gracia del martirio otorgado a uno de los miembros de su Iglesia y a toda la Iglesia en él.
Hay un detalle que no debe escapar a este análisis y es la paciencia sobria y confiada y el gozo en la Caridad con que el P. Christian soportó su prisión y juicio.
En su obra Peristéfanon el poeta Aurelio Prudencio relata la inquietud de Cipriano, que deseaba la gloria del martirio, por que el juez le fuera benévolo y se la quitase.
En el Sermón 309, 5, PI 38, 1412 San Agustín afirma que el demonio hablaba por boca del juez que intentaba impedir la muerte de Cipriano, con lo que impedía su coronación.
El martirio de Cipriano no solo le abría al obispo las puertas del cielo, sino que dejaba un ejemplo influyente y un modelo de conducta virtuosa para las generaciones venideras de creyentes.
En Peristéfanon 7, Prudencio, a raíz del martirio del obispo Quirino, subraya que el martirio es una gracia que hay que implorar a Dios, pues el Demonio trata de impedirla cuando ve al mártir decidido a morir. [1]
Clemente de Alejandría viajaba presuroso a Roma a recibir su corona del martirio. San Maximiliano María Kolbe se ofreció sin dudarlo en canje de un prisionero para morir en su lugar.


Desde el presidencialmente denigrado oficio de analista político, al escribir esto, no me queda otra opción que recordar la virulencia de los ataques del Presidente Néstor Carlos Kirchner a la Iglesia Católica y también nuevamente hacerlo con una frase profética del Arzobispo Emérito de Santa Fe de la Vera Cruz, Mons. Edgardo Gabriel Storni: “Hoy vienen por mí, mañana vendrán por la Iglesia”.
Y desde la presunción del conocimiento de las ciencias sagradas aprendidas a lo largo de casi un par de décadas de estudio, quiero -el término es apropiado, es la voluntad y el deseo- ver en este juicio y en su inevitable resultado una manifestación de la Voluntad Divina: Fue la primera batalla ganada por la Iglesia y por el Padre Christian, en definitiva, por Dios.

Porque… Es imposible negar que el poder del kirchnerato sobrepasa fugazmente la verdad, la justicia y los derechos humanos. Lo contemplamos los argentinos, estupefactos, en la instalación de la cultura de la muerte y de la supresión de la dignidad de los argentinos como política de Estado, con la complacencia de ministros, gobernadores, legisladores, funcionarios de todo tipo y también miembros de la Iglesia y particulares que al tiempo que se regocijan con asesinos como el “Che” y comparten intereses y placeres con terroristas que mataron indiscriminada e impunemente, se escandalizan formalmente, sólo formalmente, ante la actuación de un cura que ejerció su ministerio en época dura e injusta y en lugares nada placenteros.
Pues admitamos, ellos, los acusadores, fueron peores que von Wernich. Lo cuentan los familiares sobrevivientes de sus víctimas. Claro que Néstor Carlos Kirchner no puede prescindir de ellos, en parte por lo que les debe y en parte porque si la justicia se aplicara para ambos lados, se quedaría solo en la Rosada y sin funcionarios.

Finalizando la reflexión cabe preguntarse sobre la oportunidad del juicio.
Sólo desde la paz es posible la reconciliación. Lo sostuvo el Padre Christian en sus últimas palabras ante el jurado y las fieras del circo.
No hay justicia sin perdóndijo Juan Pablo II.

Los argentinos habíamos empezado a aprender a convivir aprendiendo del pasado, sin odiar, construyendo, mirando hacia el futuro. De pronto nos tiraron sobre la mesa el rencor y la venganza. Nada más lejano a la justicia.
Nada más contrario a la unidad.
Pero… El conflicto y el caos son adecuados como distracción y argumento discursivo y… ¡Hay que lograr golpes de efecto para ganar las elecciones!
Triste democracia, alicaída República, manipulado pueblo, desteñida Patria.
¿Por qué creer?
Desde esta perspectiva, ¿qué bien nos hace la condena a von Wernich? Satisface a algunos, favorece a otros y entretiene a casi todos.
Y, ¿en qué beneficia a von Wernich la condena? ¿Ayudará a su reinserción en la sociedad, que para eso son las cárceles?
En tiempos en los cuales gozan de impunidad o salen en libertad o se fugan de su prisión homicidas, violadores, ladrones y delincuentes de todo tipo, que un cura vaya preso por el resto de su vida suena a mamarracho. Pero en fin, eso es lo que tenemos, por ahora, hasta que despertemos.


Y una nota de color (rojo): En los actos de campaña del Presidente y de La Heredera las banderas argentinas prácticamente han desaparecido suplantadas por rojas o por celestes y blancas con una estrella del mismo color en su centro y a modo de complemento sugestivo, el logo de Canal 7 también tomó un rozagante color tomate.

Todo un signo.


[1] Lo colocado en itálica es tomado del libro “Mujer, ¿por qué lloras?” del P. Horacio Bojorge


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10-Oct-2007


 

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