La Nueva Provincia
29-Oct-07
Opinión
http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/nc/29/10/2007/7at092.html
Jugando para el equipo del demonio
Luego de meses de apreciar con repugnancia la lamentable puesta en escena de otro vergonzoso acto de avasallamiento a los derechos humanos (a los que ya nos tiene acostumbrados este patético gobierno), como fue el proceso de juzgamiento y condena del sacerdote católico Christian Von Wernich, ha llegado el momento más triste, que es el de apreciar cómo gran parte de la jerarquía de la Iglesia se ha colocado cobardemente del lado de estos inquisidores, ávidos de venganza y llenos de odio y rencor que cada vez profundizan más la brecha que separa al pueblo argentino.
Para aquellos desprevenidos que no lo hayan notado, esta farsa con tinte de juicio que la justicia argentina nos acaba de brindar no es más que otro ataque directo a la Iglesia Católica, disfrazado, como en otras ocasiones, de una "permanente búsqueda de la verdad".
Me resultan incomprensibles las palabras de monseñor Martín de Elizalde, obispo de la diócesis a la que pertenece el padre Von Wernich. Si piensa que así logrará congraciarse con esta runfla mentirosa que intentó, a sangre y fuego, cambiar la filosofía de vida de nuestra nación, destruyendo sin misericordia alguna las bases fundacionales de nuestro pueblo, se equivoca de cabo a rabo.
Hoy, la Conferencia Episcopal se ubica dentro del sector damnificado por la represión ordenada por un gobierno constitucional, abandonando a los capellanes castrenses a su suerte. Sin embargo, durante años mantuvo silencio acerca del accionar de decenas de sacerdotes que convalidaron abiertamente las más de 20.000 acciones terroristas (que dejaron más de 1.500 muertos), cometidas por aquellos que hoy son recordados como "jóvenes idealistas".
Cómo olvidarnos del padre Azur, capellán del grupo Montoneros, o de otros muchos como Mujica o los palotinos y, en tiempos más cercanos, el cura Puigjané, del MTP, que asaltara a sangre y fuego el cuartel de La Tablada en pleno gobierno de Alfonsín.
Sepan, señores, que con su proceder están convalidando la mentira de este gobierno amante del marxismo más puro, caterva inescrupulosa que, desde su asunción, no ha hecho otra cosa más que atacar a las instituciones fundacionales de nuestra Nación con acciones marcadamente dirigidas contra la Iglesia Católica y la familia.
Con su accionar, están consintiendo el aberrante hecho de aceptar que la justicia se ha apartado del derecho obedeciendo órdenes del poder de turno, al dar por ciertos los mentirosos testimonios de un grupo de lacras movido por el odio y la ambición económica.
Ustedes dicen que se está buscando la verdad. ¿De qué verdad hablan los obispos si, desde hace años, a los únicos que se persigue es a los integrantes de las Fuerzas Armadas, las de seguridad y las policiales? ¿Por qué nunca antes hablaron de los miles de crímenes avalados por cientos de integrantes de la grey católica, muchos de los cuales hoy son recordados como mártires por el cancionero de algunos músicos progresistas?
¿Qué clase de obispos son los que oportunamente habrán de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico (derecho de los hombres y no de Dios), acerca de la situación del padre Von Wernich?
Seguramente, no estos obispos confundidos por las artimañas del demonio. No éstos que apoyan las conciliaciones de abortistas. No éstos que se sientan a la "Mesa del Diálogo" con los terroristas de ayer enquistados en el poder de hoy y aceptan sin levantar la voz las propuestas anticatólicas del "Plan Nacional Contra la Discriminación". No éstos que piensan que la Iglesia es parte de su patrimonio y que, con sus tibias actitudes, permiten el cada vez más osado avance de las hordas que corrompen a nuestra juventud y corroen nuestras más arraigadas tradiciones. Y, por sobre todas las cosas, no aquellos obispos que, con su silencio cómplice, abandonan a todos los que de una u otra forma tuvieron el alto honor de defender a la Patria de quienes la atacaron.
Sepan, señores obispos, como pastores que son, que estas actitudes están generando serias confusiones entre sus ovejas en momentos en que, como nunca, se debe despejar el horizonte de toda esta roña amante de la promiscuidad que odia toda autoridad humana o divina. Y si en eso les va la vida, entonces sí, podrán decir que han librado el buen combate.
Mientras tanto, sólo serán más idiotas útiles jugando para el equipo del demonio.
Gabriel Rayes
Ushuaia