Señor
Obispo de 9 de Julio
Mons. Martín de Elizalde
De mi consideración:
Con estupor he leído en el diario Clarín del día de la fecha, que una
nueva iniquidad se estaría por cometer con el RP Christian von Wernich,
esta vez de mano de la jerarquía eclesiástica, que lejos de demostrar la
grandeza inspirada en Nuestro Señor Jesucristo, se sumaría a la chusma
sedienta de sangre y colmada de odios, rencores y sed de revanchas.
Hacerse eco de un fallo de un tribunal popular disfrazado de justicia, por
el que desfilaron mendaces testigos a quienes se les dio crédito de
veracidad en sus repugnantes declaraciones, no haría más que convalidar lo
apartados que están los obispos de la grey católica y lo cercanos que se
encuentran de sus enemigos.
Explíqueme el por qué de tan veloz respuesta cuando guardaron ominoso
silencio ante los crímenes del cura Antonio Puigjané, con quien, no sólo no
se tomó ninguna medida, sino que lo cobijaron y protegieron.
Explíqueme el silencio ante los crímenes cometidos por las organizaciones
terroristas, como por ejemplo los del Ejército Montonero -- del cual el
cura Adur -- fue su capellán, o las complicidades –entre otros— de los
curas Mujica, Vernazza, Carbone, Capitanio, Cuberly, los hermanos Dri, los
llamados curas palotinos, las monjas francesas, o de los obispos Hesaynne,
Novak y de Nevares, por sólo mencionar a unos pocos, que no sólo
convalidaron las más de 20.000 acciones perpetradas por ellas en la década
del ’70 (asesinatos selectivos, secuestros, atentados con bombas,
copamientos de pueblos, unidades militares y comisarías, etc.), al no
emitir jamás la menor condena y sí fueron severos críticos de lo actuado
por las FF.AA. en cumplimiento de claras órdenes gubernamentales.
Monseñor, yo jamás sentí odios a pesar de tener sobrados motivos para
ello: en el año 1977 intentaron secuestrar a mi hija mayor cuando tenía
sólo 5 años de edad -- cosa que jamás se le ha borrado de su mente--;
durante los años ’70 mi familia fue víctima de graves amenazas y, como
broche de oro, el 23 de Enero de 1989, durante la recuperación del Cuartel
de La Tablada atacado por la organización terrorista Movimiento Todos por
la Patria, conducida, entre otros, por el cura Puigjané, estuve a punto de
perder la vida al ser gravemente herido. No satisfechos con ello, estos
“jóvenes idealistas” conducidos por esa caricatura de sacerdote, no
vacilaron en volver a amenazar a mi familia aprovechándose de las
circunstancias de encontrarme internado en terapia intensiva. Hoy como
consecuencia de las conductas ambiguas (o quizá no tan ambiguas) de una
sociedad hipócrita – de la cual el clero forma parte-- tengo el temor de
comenzar a tener sentimientos que no quiero albergar en mi espíritu.
Luego de esas vivencias, con tristeza y consternación, veo que después de
tantos años de silencio, los obispos decidirían romperlo, pero no para
exigir la Verdad, como lo pidió el Cardenal Bergoglio, sino para convalidar
la mentira.
De proceder de esta manera, no harán más que agregar más resentimiento al
que, desde el 25 de Mayo de 2003, se ha venido fomentando desde los más
altos niveles de los poderes del estado.
¿Qué clase de obispos son que, para congraciarse con la chusma terrorista
que atacó a la sociedad argentina, no vacilan en sumarse a los ataques
contra quienes la defendieron?.
¿Qué los hace convertirse en seres especuladores y complacientes que, para
eludir los cargos de supuestas complicidades con quienes cumplieron con el
sagrado deber de defender a la Patria, a más de 30 años, no dudan un
instante en aducir o demostrar coincidencias ideológicas con quienes la
atacaron?.
¿En qué se han convertido que no vacilan en complacer a los terroristas
enquistados en los poderes del estado?.
¿Qué confianza podemos tener en esta clase de pastores que tienen un
discurso diferente para cada circunstancia?.
Si Ud. es capaz de dar respuestas a estos interrogantes, las recibiré con
sumo agrado.
Creo que ha llegado el momento de definir de qué lado están, sacándose
definitivamente la careta: si del de quienes impulsaron la agresión
marxista y atacan sistemáticamente a la Santa Iglesia Católica Apostólica
Romana o del de quienes jamás nos hemos apartado de ella.
Atentamente,
Emilio Guillermo Nani
Teniente Coronel (R)
Veterano de Guerra
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