quieren destruir a la Iglesia
Corrientes, 15 Oct. 07 (AICA)
Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo de Corrientes
“Lamentablemente, después de producido el juicio y condena del sacerdote (Christian Von Wernich), saltan a la escena no ya los injustamente dañados sino los ideólogos que guardan el secreto interés -y no tan secreto- de destruir a la misma institución eclesial”, advirtió el arzobispo emérito y administrador apostólico de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, en su alocución radial.
El prelado correntino dijo que “entristece que algunos católicos respondan a esa ideología y se conviertan en enemigos de su propia familia”, y criticó afirmaciones del diario Página 12 -al que definió como “matutino de definida militancia anticatólica”- según las cuales “la Iglesia deberá callar su doctrina y amordazar el Evangelio”.
Luego de transcribir un párrafo de la opinión editorial del diario, donde dice “esta condena por genocidio a un cura que la jerarquía de la Iglesia siempre supo quién era y qué había hecho, hace desmoronar como un castillo de arena ya seca, ya áspera, el aparato discursivo moral de la Iglesia Católica, para la que también era mucho más cómoda la teoría de los dos demonios”, preguntó:¿Qué calificación merece una afirmación tan gratuita, malintencionada y artera?
“Lo que ha ocurrido constituye el signo más claro de que la Iglesia no siempre ha cuidado el meollo de su misión -reflexionó-. Debió estar más presente, como Iglesia, y junto a los hijos más pobres e injustamente perseguidos, con toda la fuerza de su misión evangelizadora, incluyendo la Palabra de Dios y su capacidad de anuncio-denuncia”.
Recordó en ese sentido que la Iglesia “ha pedido perdón por ello” y consideró que “ahora es el momento de subsanar el error y llevar a su pleno cumplimiento la misión que Cristo le ha encomendado”.
Monseñor Castagna aseguró que Dios quiere “una Iglesia pobre y perseguida es infinitamente más poderosa que una Iglesia acomodada junto al poder político de turno, cualquiera sea su tonalidad ideológica”, y estimó que “ya es el momento de cambiar esa situación. Se han cometido errores, es preciso convertirse de ellos a la verdad. Verdad que procede del Evangelio y no de las mentes religiosamente desprovistas de sus tradicionales enemigos”.
“Es injusto verter conjeturas despiadadas contra la Iglesia Católica generalizando el comportamiento lamentable de uno de sus sacerdotes. ¿Qué ocurre con los numerosos grandes pastores -también de los religiosos y laicos- que han pagado hasta con su sangre la fidelidad al Evangelio en la Argentina? ¿Se los debe meter en la misma bolsa? La razón de este lamentable comportamiento ideológico responde al odio a la institución ‘Iglesia Católica’”, subrayó.
El prelado sostuvo que “para ser justos hay que decir la verdad, toda la verdad, y mantener una irreductible coherencia cuando se trata de investigar y presentar los aportes reales de la investigación”, y reconoció que “estamos muy lastimados a causa del odio y de la mentira que la sociedad ha debido padecer desde hace largos años”.
“Es el momento -sentenció- de encarar la verdad íntegra, saludablemente alejada de la impunidad y del odio. Es la ocasión única de asumir la propia responsabilidad frente al dolor causado y al mal erigido extrañamente como ‘mal menor’. Cada uno debe pensar cuál será su aporte, grande o pequeño, en la construcción de una sociedad que, sin olvidar su dolorosa experiencia pasada, apunte hacia el futuro de la Patria como verdadera familia.
El arzobispo alertó que “los enemigos se empeñan en hacer funcionar un maléfico aparato de exclusión. El enemigo intenta destruir al enemigo aunque la enemistad sea fruto de viejas y aún sangrantes heridas. Se habla mucho de una política de inclusión que no logra desasirse de la injusticia y de la exclusión de los sectores más humildes y silenciosos de la sociedad”.
“Revertir esa situación, por todos advertida, es la urgencia de la hora –aseveró–. ¿Cuándo lograremos ponernos de acuerdo para aceptar diferencias y respetar lo auténtico de cada persona e institución? Esa frontera temporal parece no asomarse en el horizonte actual. Persiste el odio y el ánimo de excluir a quienes legítimamente responden a diferentes parámetros de vida.
“Todos debemos arrepentirnos de aún no lograr el encuentro fraterno que como argentinos necesitamos para que despunte una posible reconciliación. Oremos para que la justicia encuentre su propio sendero y que sus legítimas decisiones sean acatadas con respetuoso recogimiento. Pacifiquemos nuestros corazones sin exigir antes de ofrecer, sin condenar a nadie antes de conocer la verdad, sin estigmatizar a las personas e instituciones antes de entablar con ellas un diálogo honesto”, concluyó.+
Texto completo de la alocución
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