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Columnistas / Horacio Ricardo Palma
11/08/2008
Los muertos...se asustan del degollado
Quienes se empeñan en negar la guerra que Argentina vivió en los 70. Una de dos. O son ignorantes. O son mentirosos.
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Los ignorantes no tienen culpa. Han crecido escuchando la historia oficial contada por uno de los bandos de aquella guerra: los terroristas. Y para que los ignorantes sepan lo que ignoran, transcribo aquí una carta que cuenta bien cómo era vivir en aquella Argentina en que los hijos de Bonafini, las hijas de Carlotto, o los «cumpas» de Kunkel, Taiana, Bettini... asesinaban en las calles, para imponer su «mundo mejor».
Leed: «El 9 de enero de 1975, en época de un gobierno supuestamente democrático, ingreso a trabajar como Gerente de Finanzas a Chrysler Fevre Argentina S.A., empresa automotriz que tenía 4000 operarios y 1000 mensualizados incluyendo directores y gerentes.
El primer día, ese día 9 de enero de 1975, el Sr. Director de Relaciones Industriales Eduardo Beach me pide si puedo tener una reunión con él. Me da la bienvenida y me dice que los cuadros directivos de la empresa están todos amenazados por el terrorismo de Montoneros y del ERP, porque la empresa no acepta pagar una mensualidad a los fondos de estas organizaciones y que si yo desisto de ingresar, no lo va a tomar como un acto de cobardía. Ante mi respuesta que deseo entrar de igual manera, dado que por suerte la naturaleza me munió de determinados atributos... me pregunta mi fecha de nacimiento, la escribe en forma de clave en una tarjeta y al dorso escribe su nombre, el del Director de Manufactura y el del abogado de la empresa con sus respectivos teléfonos. A continuación me dice que si me llegan a secuestrar les de la tarjeta a los delincuentes que la empresa se haría cargo. Gran debut, gran.
En marzo de 1976 llego a la empresa como de costumbre a las 8 de la mañana y veo un tumulto, pregunto que pasa y alguien me dice que habían asesinado a Eduardo Kenny, Gerente de Distribución. Primero lo tomo como un chiste pero luego cuando me acerco al grupo me entero que era verdad. Cuando en julio de 1976 me dijeron que habían asesinado Carlos Balsa Supervisor de Flota, no pregunté si era una joda y cuando en noviembre del mismo año me dijeron que habían asesinado al Jorge Souto, Gerente de Control de Laboratorio, ya empecé a preocuparme un poco mas. Me obligaron a salir de casa con custodia que me dejaba a las 10 o 15 cuadras.
Si me hubieran asesinado a mi, Gerente de Finanzas y a la vez, en ese momento, Presidente del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, mi sepelio hubiera sido algo así como la Convención de Bancos Nacionales y Extranjeros.
Mi madre, le decía a sus clientas del negocio de composturas de zapatos que había sido de mi padre zapatero (de allí me origen oligarca), que de noche no podía dormir pensando que en cualquier momento le iban a informar que a su hijo lo había asesinado el terrorismo. Sus clientas me sugerían cambiar de trabajo.
Ahora bien, pregunto ¿cuando van a ir a los tribunales acusados de crímenes de lesa humanidad los ideólogos que enviaban a los jovencitos «idealistas» a asesinar a civiles y a la vez a ser eliminados por las fuerzas del orden? Los nombres los conocemos. Si no los conocen se los informo: Bonasso, Kunkel, Taiana, Verbinszky, Eduardo Luis Duhalde abogado de los terroristas... y suma y sigue.
Cual fue mi pecado para estar en la lista de candidatos al homicidio. No se dieron cuenta aún. Mi pecado fue que cuando falleció mi padre el zapatero de la calle Tagle y Las Heras, cuando yo tenia 16 años, en lugar de ponerme a llorar, agarrar un arma y salir a robar, busqué un trabajo, terminé mi secundario en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, mis estudios en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa y luego estudiaba en la Facultad de Ciencias Económicas, trabajaba fuera de casa, le ayudaba a mi madre en su negocio y termine todos los títulos en Cs. Económicas. Contador Publico, Licenciado en Administración y Licenciado en Economía. Si hubiera salido a la calle con un fierro quizás ahora podría ser Ministro, Secretario de Estado o Jefe de los Fiscales.
Saludos cordiales Dr. José (Pepe) Brunetta , Ex Director de Chrysler Fevre Argentina»
INDIGNADOS
Treinta años después, aquellos mismos terroristas encaramados hoy en lo más alto del gobierno, pretenden juzgar a los soldados que los combatieron.
Desde 1.973 hasta 1.976, los terroristas declararon la guerra en Tucumán. Lo dijeron. Lo publicaron. Lo hicieron. Casi 100 efectivos de las fuerzas de seguridad de la Nación Argentina, murieron en aquella guerra de los montes tucumanos de manera directa. Una cantidad similar de soldados y policías quedaron heridos o mutilados. Murieron civiles…murieron chicos. Y para comprender mejor dónde estaba la «causa popular» en aquella Argentina, baste decir que el general Antonio Domingo Bussi, veterano de aquella guerra, tras la llegada de la democracia ganó 11, de las 14 elecciones a las que se presentó.
Es que el terrorismo de Argentina, en Tucumán, se levantó en armas contra el gobierno peronista. Y la comandante en jefe del Ejército Argentino, que en 1.975 mandó por decreto a «ejecutar las operaciones militares necesarias a los efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actuaban en la Provincia de Tucumán», era la mismísima viuda del General Perón: María Estela Martínez de Perón.
No obstante, esta semana vimos cómo el general Bussi es llevado a juicio en silla de ruedas y con mochila de oxígeno por los terroristas que have 30 años tomaron por asalto a la democracia Argentina. Ante un tribunal patético, que se presta al circo de una platea atestada de pañuelos y pancartas y gritos. Una verdadera barra brava. Si esto es justicia…estamos en problemas. Esto no es justicia, por eso estamos en problemas.
Descaradamente la Ministra de Defensa, doña Nilda Garré, ex esposa de Abal Medina, y ex cuñada de uno de los secuestradores y asesinos del general Aramburu, dice: «Las solidaridades corporativas que se mantengan con acusados de terrorismo de Estado, perturban seriamente el proceso de reconciliación con la sociedad.». Se lo dice al jefe del V Cuerpo de Ejército, general de brigada Oscar Gómez. Es que por esos lares, a un militar se lo ocurrió fugarse de la cárcel del enemigo. En Argentina, por cualquier pelandrún que está dos años sin sentencia, los organismos de derechos humanos desatan un escandalete de Tratados Internacionales, pero resulta que hay cientos de militares have más de 5 años presos sin sentencia, y a nadie se le mueve un pelo. Hasta a Barreda, un asesino que mató a toda su familia, le concedieron prisión «pochidomiciliaria». Mientras tanto, militares de 82 años mueren en cárceles comunes sin asistencia médica, sin que nadie chiste.
Es más…la Ministra ordenó: «evitar cualquier tipo de respaldo o «contención» a los militares acusados de delitos ocurridos durante la dictadura». Eso de «al enemigo...ni justicia» lo aprendió bien.
En Corrientes, también esta semana, y también en un circo de tribunales especiales, fueron condenados varios veteranos de guerra de Argentina… los medios de todo el país se indignaron con la reacción de Cecilia Pando. Y yo me pregunto... ¿está mal indignarse como lo hizo Cecilia Pando?... supongo que no. Después de todo, es lo mismo que grito yo frente al televisor. Solo que ella tiene «las bolas».