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Los argentinos no quieren a los judios o los judíos no quieren que los argentinos los quie

December 28 2008 at 10:30 AM
BINGO SIONISTA  (no login)
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AMIGOS DE LA LIBERTAD


- Aquí una perla más sobre los servicios de inteligencia secretos que operan en nuestro país, no sabemos si de la mano del Mossad o del FBI o de alguna otra central de las diferentes sinagogas de Pagina 12 que ya a su tiempo Internet informa sobre sus oscuros origenes o la procedencia de los capitales non santos de la guerrilla de los 70.


- No importan las leyes, importan las órdenes de los poderes secretos que sofocan a la Argentina al punto de ahogarla en su propio territorio para que otros sigan comprando campos, levantando edificios o apoderándose de empresas de envergadura, acosadas por el gobierno para entregarlas en sus manos a vil precio.

- ¿Página 12 se levantó con dineros de los secuestros de los terroristas de los 70?

- Si quiere saberlo, pregúntele a Wainfield y se asombrará.

- Para Pagina 12, Wainfield y otros corifeos del zurdaje sionista habría que haberlos dejado hacer lo que querían. Ahí están los archivos del Mossad, de Verbitsky, de Pagina 12, etc.

- Ya en esa época, alguien tenía que decír la verdad, y allí estaba Cabildo. No lo olvide y si lo olvida no se preocupe que los "servicios sionistas" tienen de todo como en botica.

gm







http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-117423-2008-12-28.html




Domingo, 28 de Diciembre de 2008


Los artículos del camarista subrogante Guillermo Yacobucci en la revista Cabildo
Cosa de coherencia a lo largo de los años
Fue uno de los dos que votaron la liberación de Astiz, el Tigre Acosta y otros veinte represores. Fue en 1977 y 1978, cuando él era un joven que hacía carrera en Tribunales y Cabildo era el house organ de la represión

Por Mario Wainfeld

Sus devotos lectores, pocos pero fanáticos, tenían sobrados motivos para esperar la revista Cabildo de agosto de 1977. El mensuario reaparecía tras dos meses de ausencia. La edición de junio había sido secuestrada por orden de la dictadura que, además, sancionó a la publicación prohibiendo su salida en julio. La reacción tenía que ver con una interna de las propias Fuerzas Armadas dictatoriales. Cabildo expresaba a (y recibía data confidencial de) un ala de los represores, encarnada, entre otros, en los generales Acdel Edgardo Vilas y Rodolfo Mujica y el comisario Ramón Camps.

Enfrentaba con el furor propio de las internas a compañeros de armas que juzgaba liberales, les atribuía complicidades con la guerrilla, el judaísmo y otras bestias negras. José Alfredo Martínez de Hoz estaba en el banquillo de los acusados, Alejandro Agustín Lanusse ya había sido condenado. Algunos desbordes de esa doctrina colmaron la paciencia de la Junta Militar, que le aplicó una sanción piadosa, para los cánones de época.


En agosto Cabildo volvió con todo. Su tapa se floreaba con uno de sus tópicos favoritos: mostraba a Lanusse saludando a David Graiver, acariciándole la cara por más detalle. En el editorial el director Ricardo Curutchet no lagrimeaba por el cierre: creemos (...) que el gobierno debe actuar sintiéndose asistido por facultades discrecionales, sin complejo alguno de comportarse institucionalmente como una Dictadura. Sí se quejaba porque Cabildo había quedado entre dos fuegos el gobierno que la cerró y el poder judío. Contra éste embestía sin ambages, con la prosa macarrónica propia de la derecha nacionalista vernácula.

Acdel Vilas colaboraba con una nota larga, dedicada a una obsesión de los genocidas: la subversión cultural. Con dotes premonitorias notables, el genocida anticipaba argumentos que enunció Emilio Massera en el juicio a las Juntas, replicados ante decenas de estrados judiciales: guay de ganar la guerra y perder la batalla cultural.

Menos pimpante pero congruente con el contexto, la nota de apertura de la sección internacional se interesaba por la situación en España, durante la naciente restauración democrática. Cocineros antes que frailes se titulaba el artículo. Aludía, como hizo Antonio Machado, a dos Españas pero vistas del otro lado. Según el autor, de pluma generosa en casticismos y en palabras tonantes, los cocineros representaban el espíritu de la República y estaban volviendo. Los frailes eran, por oposición, los grandes arquetipos de la raza. La praxis del rey (con minúsculas siempre), el Borbón, era lapidada con minucia.

Pero no sólo Juan Carlos estaba en entredicho, también sus súbditos. El pueblo español no quiere hoy a los frailes, se ha quedado con los cocineros, plañía el columnista para luego enardecerse: ha preferido los derechos humanos de los guerrilleros al derecho insobornable de la Patria, optó por la fastidiosa palabrería de los políticos, entregando la serena palabra de los jueces, cambió la humilde justicia de la verdad por la amnistía de los asesinos, los tribunales económicos por la usura, la soberanía nacional por la soberanía popular. La catilinaria antidemocrática apelaba en su crescendo al clasicismo hispano: En fin, prefirió el fondo de las alforjas de Sancho a la punta de lanza del Quijote.


La nota, de una página, nada decía sobre las eventuales comparaciones con la Argentina, tal vez porque caían de su peso.
El autor de la nota firmaba G.J.Y. Son las iniciales de Guillermo Jorge Yacobucci, uno de los dos camaristas subrogantes de Casación que decidieron la libertad de una pléyade de represores, incluidos Alfredo Astiz y Jorge Acosta, el Tigre.


Tertulias
Cabildo no tenía estructura legal en regla. Decía que la empresa era una SRL en formación, un rebusque convencional en publicaciones pequeñas. Disponía también de un sello de goma, el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced. Bajo ese paraguas solían celebrarse las reuniones de debate político y de preparación de la revista, en una vieja casa ubicada en el tercer piso de Talcahuano 893. La construcción era noble, grandes los ambientes, en los encuentros podían juntarse entre 50 y 100 personas.

Llevaban la voz cantante Curutchet, Juan Carlos Monedero (un militante del derechista Sindicato Universitario de Derecho, a cuyo adecuado apellido debían hacerse los cheques por las suscripciones), Antonio Caponetto (el actual director de Cabildo). Varios sacerdotes ultramontanos, entre ellos autoridades de colegios confesionales, eran de la partida. Según contaron a este diario testigos presenciales, cuya identidad se reserva, Yacobucci participó en varias de esas tertulias, en un rol iniciático y promisorio. Las tenidas se realizaban para discutir de política o del sumario de la revista. También había intercambios con cofrades de otras latitudes.

Los falangistas españoles, atribulados tras la muerte de Francisco Franco, eran invitados de honor. El ex presidente Roberto Marcelo Levingston participó en uno de esos homenajes. Yacobucci también fue de la partida. Era joven, había nacido en 1956, la cúpula de Cabildo le proyectaba un porvenir brillante.
Los informantes saben que firmaba las notas con iniciales porque, estudiante aún, aspiraba a hacer carrera en el Poder Judicial. Y las internas dictatoriales que mencionamos en el primer párrafo motivaban que él mismo y sus mentores eligieran el módico enmascaramiento en prevención de potenciales represalias.



Obras completas

G.J.Y volvió a escribir en Cabildo un año después, en agosto de 1978. En términos periodísticos, ascendió. Su columna, titulada Un canto para la Argentina Austral, comentaba el tema de tapa, que era la escalada bélica con Chile. La revista propiciaba la guerra, G. J. Y. le agregaba condimento a la postura editorial. Con la proverbial pulsión tanática del nazionalismo convocaba a morir por la Patria. El argumento era moral pero también rozaba una curiosa interpretación jurídica: Nada más irrevocable que la posesión adquirida a costa de la sangre, estipulaba. Y oponía esos títulos rojos a la chatura de los documentos.


¿Qué papel con negros párrafos y largos articulados podrá oponerse al sacrificio de quienes se han inmolado en acto supremo de generosidad por la integridad territorial? El sistema internacional cedía ante la densidad legal de los muertos en combate: No existe Organización, Sociedad o Pacto en el mundo capaz de hacer retroceder a los muertos del campo conquistado con su vida. Como en todas las citas de esta nota las mayúsculas son responsabilidad estricta del autor de los originales.


Era una versión institucional pintoresca, algo traída para un hombre de leyes que iba terminando su carrera de abogado en la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en 1980.
Guillermo Yacobucci ascendió peldaño a peldaño en Tribunales, integra por derecho propio la familia judicial, según sus recibos de haberes tiene 34 años de antigüedad. También hizo méritos académicos. Su currículo expone numerosas obras publicadas, solo y en colaboración, casi todas de derecho penal. Tiene reputación de hombre de derechas y de juez con versación jurídica superior a la media. Dirige el Departamento de Derecho Penal de la Universidad Austral, estrechamente ligada al Opus Dei.


Llegó como subrogante a la Cámara Federal de Casación, eligió la mitad de la biblioteca que favorecía la libertad de Astiz y del Tigre. En un caso polémico, abierto a interpretaciones dispares, optó por la más favorable a los terroristas de Estado, beneficiándolos por la desidia de los magistrados. La decisión judicial no es un proceso puramente deductivo, contiene opciones valorativas y políticas.


El lunes pasado, el casador interino Yacobucci asumió que los juicios sobre el terrorismo de Estado se dilatan porque la Justicia no marcha a un ritmo deseable. Y, en parcas declaraciones a los medios, defendió el fallo.
Eso sí, dejó sentado que los crímenes de lesa humanidad le causan repugnancia visceral.
En otros tiempos, por lo visto, pensaba diferente.
mwainfeld@pagina12.com.ar
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ANTONIO C.
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UN IMPREVISTO REGALO DE FIN DE AÑO

December 29 2008, 10:01 AM 



UN IMPREVISTO REGALO DE FIN DE AÑO



Por Antonio Caponnetto



El domingo 28 de diciembre, en dos festividades solemnes y tan significativas para nuestra defensa de la cultura de la vida nada menos que la celebración litúrgica de la Sagrada Familia y el día de los Santos Inocentes- el diario Página 12 nos ha regalado la tapa y dos hojas enteras de publicidad, profusamente ilustradas y con llamativa diagramación.



Ya en anteriores ocasiones habíanse prodigado sus redactores en gentileza análoga, pero ésta supera a las precedentes y nos colma de particular regocijo.



Dos antiguos camaradas que se ocultan modestamente tras los ingeniosos motes de Mario Wainfeld y Sergio Kiernan- han sido esta vez los encargados de tan dadivosa promoción. Impetuosos ambos con esos hervores tan propios de la Hitlerjugend a la que seguramente pertenecieron y callan por modestia- se desmadran incluso en algunos elogios, violentando la cristiana humildad a la que estamos moralmente obligados.



Mario, por ejemplo, historiando nuestra trayectoria, habla de los "devotos lectores que nos siguen, y del furor con que supimos enfrentar a los liberales, sin que nos temblara el pulso ante Martínez de Hoz, a quien habíamos colocado en el banquillo de los acusados. Reconoce incluso los dotes premonitorios notables de alguno de nuestros eventuales colaboradores, y no trepida en señalar que Cabildo embestía sin ambages contra el poder judío. Buen catador del idioma, y desdeñando según se colige implícitamente- ese prosaísmo de las izquierdas sin el menor asomo de la gracia, como decía Peman, alude además a la pluma generosa en casticismos y en palabras tonantes de otro de nuestros redactores, concluyendo en que su estilo era el propio de clasicismo hispano. Todo un estilo, puntualiza el título; y toda una coherencia a lo largo de los años.



Pero el encomio sube hasta rozar el mismo género epidíctico que pedía el Maestro de Estagira, cuando memorando aquellas jornadas tensas de la defensa de nuestra soberanía austral ante las injustas pretensiones chilenas, Wainfeld afirma que Cabildo convocaba a morir por la patria. Veraz y emocionante recuerdo, tanto más valioso cuanto nos distingue de la hez kirchnerista, que aliada de la cabronería episcopal acaba de celebrar nuestra rendición ante los atropellos trasandinos.



Kiernan por su parte que ya ha probado ser un adicto a nuestras páginas- se inclina ante la perseverancia y el empecinamiento militante demostrado en tantos años. Cabildo sigue ahí, apunta; es la revista más antigua de ese palo. Metáfora esta última la del palo, bastone o randello- que delata la familiariedad de Sergio con la semántica mussoliniana, y que tanto nos emociona.



Firme en su propósito encomiástico y como si la muerte no hubiera hecho mella en nuestras filas- Sergio cree firmemente que el staff de Cabildo muestra continuidades notables, y que somos capaces de todo: de soñar con cruzadas de limpieza, escribir de tú, armar diálogos platónicos, o prologar [su actual director] cuanto libro le ponen por delante, con estilo estentóreo y lleno de exclamaciones.



Gracias, camaradas. Nos creíamos derrotados y marginados. Solos y sin un cobre en el cinto, la lucha se hace dura, difícil, cuesta arriba. La adversidad ronda como una tentación riesgosa y cansina. Ahora gracias a vuestro afán- nos damos cuenta del valor indoblegable que tienen el testimonio coherente y el estilo frontal, el empecinamiento en la batalla y la continuidad de un ideario claro.



Gracias, camaradas. Con ese clacisismo hispano que bien habéis detectado os lo decimos: nos devolvéis los bríos, nos multiplicáis el ímpetu, nos renováis la esperanza, nos mantenéis en vigilia tensa y fervorosa, nos ampliáis en centurias de adherentes nuestras prietas mesnadas.



Gracias, al fin, porque con el año que se escurre en estas horas, podemos ratificar con Gracián una de nuestras consignas predilectas: Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.



En la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, a 29 días de Diciembre del Año del Señor, 2008.







 
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JOAPosse
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Un odio irracional

January 3 2009, 1:51 AM 



UN ODIO IRRACIONAL

Estupefacción

En su edición del 28 de Diciembre de 2009, Página 12 desbordó en un odio grotesco, casi inconcebible para nuestra idiosincrasia; más allá del terrorismo de los años 70. Esta vez la rabia se ha cebado contra un juez de la Cámara de Casación Penal, simplemente por el delito de cumplir la ley.

Perpetrado al votar declarando vencidos los términos para mantener en prisión preventiva sin el juzgamiento pertinente a varios acusados.

Trátase de veteranos combatientes contra la subversión terrorista, aherrojados en las mazmorras desde largo tiempo atrás.

Aparte de la estupefacción, el insólito ataque llevado a cabo por dos periodistas de raza* revela muchas cosas, echando luz sobre importantes vertientes ocultas de la guerra revolucionaria. Algunas traducidas en atrevimientos internacionales, como el de Gran Bretaña al apoyar a las Abuelas de Plaza de Mayo.

Una iniquidad recién confesada diplomáticamente por la flamante embajadora de aquella potencia**. En otras palabras, se confirma cierta arteria subterránea que alimentó ideológica y materialmente el ataque guerrillero.

Axioma

La publicación también acompaña el axioma básico de la Justicia marxista. Toda represión del terrorismo se presume crimen de lesa humanidad, sin admitir prueba en contrario.

E inversamente: No hay genocidas a la izquierda.

Es por lo demás llamativa una obsesión de Página 12 sobre la faz católica del nacionalismo argentino: reaccionario, elitista y chupacirios. Y su inquina contra el arrabal de la Iglesia que sueña con cruzadas de limpieza.

Todo junto con un fuerte resentimiento por el repudio nacional al sacrílego artista León Ferrari; acaso mitigado con el halago por los 25 años de democracia que acabamos de cumplir y la sanción de la Ley Antidiscriminatoria.

En esta oportunidad sigue campeando una idea fija contra la revista Cabildo, exacerbada porque el detestado juez escribió allí hace muchos años En fin, los desafueros ideológicos de "Página 12" acompañan a la Mentira adueñada del Estado argentino.

Cuyos atropellos refrescan duramente la memoria de las checas en la España roja y los millones de asesinatos acallados- que diezmaron Rusia, Cuba y todo lugar asaltado por el comunismo.

Derecho a la zurda

Está visto que ningún principio jurídico, ninguna ley nacional ni jurisprudencia universal, pueden ser aplicados para mínimo alivio de las víctimas prisioneras del marxismo.

Incluso la rabia se extiende contra sus familias y allegados, como ya ha ocurrido patéticamente aquí.

Y ahora también caerá sobre los magistrados que se atrevan a aplicar la ley, olvidando que deben castigar siempre a los genocidas condenados por la conciencia internacional socialista.

Para eso deben servir los jueces, a la orden del poder subversivo.

Cuyos detentadores ya maquinan el escarmiento de los díscolos que regalaron el día de vergüenza para todos los argentinos, como supo fulminar la doctora Kirchner.



Genealogía

Bien se conoce que la gaceta oficial se ha empeñado en insultar a la revista Cabildo por su genuina devoción a la Verdad.

Pero parejamente con el odio paroxístico, cumplió identificando su estirpe. En especial al querer emponzoñar el recuerdo de nombres ilustres, de sucesos honrosos, de obras ejemplares, o de nobles corrientes espirituales.

Con la fácil suficiencia del ganador de chiripa, para más intruso; involucrando a los argentinos de pura cepa en un apodamiento de rancia genealogía: nazis. Y ahí viene un paralelismo sugestivo.

También los soviéticos de la España roja asesinaban a sus victimas acusándolas de fascistas

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* Sergio Kiernan y Mario Wainfeld

Embajadora Shan Morgan (carta abierta del 4.12.08)

Diciembre de 2008 Juan E. Olmedo Alba Posse









 
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