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Un cadáver insepulto hiede..... está en descomposición y faltan barbijos

July 10 2009 at 6:09 PM
El 48  (no login)
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La peor hora de K

Por Marcos Aguinis


No es bueno hacer leña del tronco caído, suelen decir los sabios. Pero en la Argentina hierve esa tentación. Néstor Kirchner se ha obstinado en provocar tanto daño a nuestra institucionalidad para mantener su hegemonía, que resulta difícil contener la catarata de fobia que ya suscita su sola presencia.

Ahora es necesario mantenerse atentos contra los embates ciegos que nazcan de su rabia. La Argentina necesita gobernabilidad, paz interior y medidas consensuadas para hacer frente a los monumentales problemas que se alzarán en el futuro próximo.

Para ordenar el cúmulo de temas que inspira la severa derrota sufrida por el oficialismo y las consecuencias que colorean el horizonte, empezaré por el protagonista central de la batalla que tuvo lugar en el reciente comicio: Kirchner.

Es un hombre que apareció en la política pocos años después de haberse recuperado la democracia. Antes había tenido una pálida e irrelevante participación en los movimientos de la izquierda comandada por Montoneros y luego se escondió en la remota Santa Cruz con su reciente título de abogado para hacer fortuna mediante la ejecución de hipotecas.

Como es sabido, la ejecución de hipotecas suele terminar con el arrebato de heladeras, muebles y hasta casas de quienes no pueden pagar sus deudas. Ahí no funcionan los principios de la clemencia ni de la justicia social.

Lo acompañó en este trabajo su esposa Cristina Fernández. Para evitar cualquier riesgo o quizás por oportunismo- jamás firmó él ni ella un solo habeas corpus para defender a alguien perseguido por la dictadura, y esto marca una notable diferencia con numerosos profesionales que en aquel tiempo se jugaron la vida en favor de sus semejantes.

Además, cultivó buenas relaciones con los oficiales destacados en Río Gallegos, lo cual no implica delito, sino un asombroso contraste con el odio que luego lo invadió contra todos los uniformados y hasta la misma institución nacional de las Fuerzas Armadas.

Se convirtió en un hombre muy rico. Le importaba aumentar de forma contínua su patrimonio. Se le arraigó la cultura de la especulación y nunca entendió la cultura de la producción. Para él uno acumula cuando quita algo a otro, no cuando invierte, pierde, vuelve a invertir, suda, persevera y obtiene finalmente una ganancia. Se le consolidó una incomprensión ciega hacia el campo que no conoce- y todo tipo de producción vinculada con el riesgo y la limpia competencia que jamás practicó.

Fue intendente y más adelante gobernador. Como gobernador desarrolló todos los males que reproduciría en mayor escala como Presidente. Recuerdo que antes de asumir fue publicado un artículo de investigación periódística sobre "El feudo de Santa Cruz". Ahí se denunciaba el autoritarismo desembozado de Kirchner y su voracidad por el poder absoluto. Había modificado la Constitución provincial para llegar a ocupar el sitial de gobernador durante tres períodos seguidos. Cuando le entregó el mando a su sucesor, porque debía partir hacia la Capital Federal como Presidente, dijo que "le prestaba" la provincia. Es un chiste y, como todo chiste lo sabemos desde Freud- carece de inocencia. Modificó el Tribunal Supremo para que no le condicionara sus caprichos. Manipuló a la prensa. Hizo difícil la vida de los opositores. Convirtió a su esposa en senadora de la Nación. Y zalameó a Carlos Menem como "el mejor Presidente argentino" para obtener sus favores. Hacia el ocaso de Menem empezó a manifestar, junto con Cristina, cierto aire diferencial, con la vista puesta en los nuevos y aún inciertos tiempos que se venían. Ese artículo de investigación molestó mucho al matrimonio, que no estaba acostumbrado a recibir críticas y jamás se había mirado en el espejo.

Como Presidente aumentó su tendencia a la crueldad y el arrebato. Abofeteó a diestra y siniestra. No hubo casi sector que no recibiese sus agravios: inversores extranjeros, Fuerzas Armadas, jueces, periodistas y medios de comunicación, empresarios nacionales, políticos opositores. Sólo se cuidó con los sindicatos. Y pretendió convertirse en el adalid de los Derechos Humanos mediante la alianza con figuras lamentables como Hebe de Bonafini y la persecución excluyente de militares, sin ocuparse de los delitos de lesa humanidad realizados por organizaciones terroristas, como determina la Corte Penal Internacional. En síntesis, creció exacerbando el odio entre los argentinos, un mal de larga tradición que había comenzado a ceder a partir del Preámbulo constitucional que recitó Alfonsín en su campaña y los esfuerzos por ajusticiar sólo a los principales responsables de la tragedia vivida por nuestro país, con el deseo de llegar a un nuevo Acuerdo de San Nicolás (que se adelantó en un siglo a los Pactos de la Moncloa). El objetivo era poner las máximas energías en el futuro, no en el pasado. Kirchner, a la inversa, procuró que vivamos en el pasado, cargándonos de resentimiento e insatisfacció n, para mandarnos con su omnipotente voluntad. Y mantenernos ciegos ante el futuro. Por eso jamás expresó un sueño sobre la Argentina ni puso en marcha ninguna política de Estado.
Consiguió transformarse en la figura central del país. Llegó a ser casi un rey absolutista, para quien no hay diferencias entre su persona, el Estado y el gobierno. Jamás reunió al gabinete, ni respondió a preguntas de la prensa, ni dialogó distendido con nadie que pensara de otra forma. Manipuló directa e indirectamente a la prensa , que quedó prisionera de la pauta publicitaria oficial; logró que amigos obsecuentes se adueñasen de diarios, revistas, radios y canales de TV. Creó el "capitalismo de amigos" mediante privilegios a quienes estaban dispuestos a ser sus socios, o cómplices, o testaferros, o donantes. Compró diputados, como el sonado asunto de la "borocotizació n". Marginó al peronismo para ensayar la transversalidad y luego, al percibir su fracaso, se apoderó del partido, aunque ya no era el partido de otros tiempos. Tuvo la desfachatez de designar su sucesor en la Presidencia de la Nación como si viviésemos en una monarquía, sin siquiera simular algo parecido a una elección interna. Y esa designación traía el pecado del más arcaico nepotismo. Convirtió a la Argentina en un país desconfiable y oscilante. Que en la Cumbre de las Américas ayudó a la fabricación de una Anti-cumbre comandada por el monigote de Hugo Chávez. Se rodeó de funcionarios corruptos. Transformó al Consejo de la Magistratura en el patíbulo donde se degollaría a jueces y fiscales que se atreviesen a juzgar los desaguisados del gobierno. Hubo escándalos en cadena que no se esclarecen: los cientos de millones de los fondos de Santa Cruz aún sumidos en el misterio, el caso Skanska, los maletines de Antonini Wilson para la campaña de Cristina, el bolso de la ministra de Economía, los negocios de Jaime, los negocios de De Vido, los negocios del juego, las irregulares compras de tierra en el Calafate, y otros numerosos asuntos que deberían ser motivo de serias investigaciones y sanción.
Por fin, llegamos a los recientes comicios parlamentarios. Insisto: parlamentarios. Pero Kirchner quiso hacer de ellos un plebiscito que le inyectara más fuerza a su autoritarismo insaciable. Con el propósito de saltearse la atmósfera negativa que reinará en el segundo semestre de este año por el aumento de la inflación y el descalabro financiero que padecerán todas la provincias, él decidió efectuarlas seis meses antes. Pero, además, se le ocurrió una idea que será incorporada al Libro Guinness de los hechos extraordinarios: las candidaturas testimoniales. Asombroso. Es un agravio no sólo a la Constitución, sino el principio más antiguo del acto comicial. Se trata de un absurdo irrefutable que alguien se presente como candidato para un cargo público, que deberá ser refrendado por el pueblo, con el propósito de no asumirlo. Cosa semejante no se ha visto en el mundo. Es propio de un sainete. El sainete en que Kirchner convirtió a estas elecciones para ganar a toda costa. Inclusive obligó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país, a violar un artículo de su misma constitución, cosa que en un país serio alguna vez deberá ser debidamente castigada. Si Kirchner pudo cometer semejante mamarracho con el gobernador, no iba de dejar de exigirle la misma desvergüenza a los intendentes, forzándolos a ser también candidatos testimoniales.

Pese al "clientelismo" que llevó a su pináculo con regalos, inauguraciones y re-inauguraciones, besos a cualquier humano o cosa que se le pusiera delante, forzar su risa, sonrisa y tono de voz sereno tan lejanos de su carácter, ¡perdió en todas partes! No sólo en la provincia de Buenos Aires, el único reducto que le permitiría presentarse como ganador aunque se le esfumase la mayoría en el Congreso, sino en su natal Santa Cruz. Pero una ofensa mayor se la abofetearon los intendentes a quienes había exigido presentarse como testimoniales, porque hubo demasiados cortes de boleta en la que los ciudadanos perdonaban el pecado de los intendentes, pero no quisieron votar por Kirchner. Ya corren rumores de que en el mismo Hotel donde esperaba los resultados, su mentalidad paranoide comenzó a calificarlos de traidores. Gritaba enfurecido y ordenó apagar el aire acondicionado para que se fuese la prensa, porque no quería hablar. Lograron ranquilizarlo un poco y hacerle entender que debía hablar, aunque ya eran más de las 2 de la madrugada. Su discurso amargo fue aceptable. Y prometió ayudar a la gobernabilidad. No dijo, claro, que esa gobernabilidad dependerá de un cambio de estilo: respeto, diálogo y consenso.
Pese a su derrota, Néstor Kirchner será diputado de la Nación. Si aún queda un poco de racionalidad en la filas del peronismo (ahora más dividido que nunca), es difícil que lo conviertan en jefe del bloque oficialista. Seguro que habrá tironeos y muchos sobornos en danza para conseguirlo. Pero quizás esa primera minoría, pese a maniobras de todo color, sufra pronto numerosas deserciones. La lealtad peronista sólo dura mientras dura el poder de un determinado jefe. Cuando ese jefe es cambiado por otro, se produce un acelerado reacomodamiento. ¿Acaso en los ´90 no eran todos menemistas? ¿Acaso después no fueron duhaldistas?

La ciudadanía debe contribuir a la paz interior. No dejarse seducir por llamados a la violencia, vengan de donde vengan. Es necesario que enfrentemos los problemas que nos deja la gestión kichnerista con la esperanza de poder superarlos. La nueva composicion del Congreso tiene el deber moral de reencauzar la República hacia los caminos que la hicieron grande. Con estímulos a la productividad, con ideas oxigenadas, con verdadero patriotismo.






 
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ALFREDO
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La transformación del MODELO cuando se convierte en PELOTA DE GOMA

July 10 2009, 7:11 PM 


(nr HACERSE PELOTA: AUTODESTRUIRSE)




PERSONALIDADES CONFLICTIVAS Y CONFLICTUADAS



por Alfredo R. Weinstabl



Cuanto más alto el pedestal, más fuerte es la caída dice el refrán. Los Kirchner con su exacerbada soberbia se autocolocaron en un pedestal exageradamente alto.

En las últimas elecciones su modelo fue fuertemente repudiado por la ciudadanía argentina. La caída en consecuencia, fue catastrófica.

Solo unos pocos días antes del domingo, el ex presidente había manifestado Estamos bien; estamos ganando bien la elección. Vamos a sacar quince puntos de diferencia, De Narváez está desesperado porque sabe que pierde (24 de junio 2009).

El gobierno, el partido y particularmente los Kirchner, fueron humillados con esta dura derrota. Casi el 80 % de los votantes les dijo que no al modelo del gobierno y a sus líderes.

En definitiva han rendido un examen y fueron duramente reprobados.

Recientemente un conocido analista político comentó que en estos comicios se evidenció claramente un fenómeno que cada vez va tomando más peso en las elecciones: la gente ya no vota únicamente teniendo en cuenta el partido, la plataforma política, una propuesta, un modelo o una ideología determinada. El factor determinante en estos comicios pareciera que fue el candidato como persona, es decir el individuo, teniendo en cuenta sus cualidades humanas, personales y su potencial capacidad e idoneidad para el cargo y su llegada y comunicación con la gente.

Los Kirchner a lo largo de estos casi siete años han evidenciado claramente quienes son y cuales son sus verdaderas condiciones personales y sus capacidades para gobernar.

No creo necesario enumerar las innumerables deficiencias de todo tipo que tiene el ex presidente ya que ese tema está expuesto casi a diario en la mayoría de los medios y en los comentarios de los analistas políticos. En ninguno de mis artículos he dejado de poner de relieve sus tremendos errores y deficiencias, tanto personales como sus aptitudes para la conducción política.

En cuanto a su esposa, sigue exactamente el mismo molde de su paranoico cónyuge. En nuestra joven y reciente democracia, nadie ha perdido tan vertiginosamente su capital político por sus tremendos errores y su absoluta falta de capacidad y competencia.

Estos dos conceptos enmarcados en un verdadero caos administrativo, de escandalosa corrupción, mentiras, falsedades, trasgresión de las leyes y de la misma Constitución Nacional.

Si tenemos en cuenta lo expresado anteriormente que las elecciones fueron influenciadas por las condiciones personales de los candidatos, el matrimonio reinante lleva también las de perder.

Kirchner no impresiona como equilibrado y serio. Su aspecto físico y su presentación es francamente cuestionable y su personalidad y forma de ser es irritante. No es precisamente alguien con quien conversar civilizadamente, dialogar, cambiar opiniones y consensuar. No tiene dominio sobre si mismo, como tampoco un mínimo de cordura y sentido común. Su personalidad sicótica y paranoica está perfectamente reflejada en el show televisivo de Marcelo Tinelli, en el cual se lo representa como un loco lindo, descontrolado y desaforado cuando algo le disgusta y que lo único que quiere hacer es dirigir a los demás participantes del show.

Cristina de Kirchner no le va a la zaga. Se transcribe a continuación unos párrafos de una excelente nota del filósofo Alejandro Rozitchner (ref.1).

Llama especialmente la atención, en estos días posteriores a las elecciones, la actitud de la Presidenta, su inalterable convicción garquista, su pasión por exasperar a todos, su intento de imponerse malamente, a como dé lugar, justificada por... por... ¿por qué? ¿Qué ideología o marco de sentido le permite a tal mujer seguir impertérrita cuando la realidad muta, negar el movimiento, suplantarlo por sus emperradas imaginaciones? ¿Qué la lleva a suplantarnos, a los reales, por sus imaginarios?

Es una presidenta sin amor, sin ganas de ayudar, sin humildad, que no cree que tenga ya nada que aprender, encerrada en su mundo de modas y cremas, de delineadores y maquillajes, más dispuesta al enojo que a cualquier otra cosa, que siente siempre que la quieren joder y termina jodiendo ella. Mujer pretenciosa que quiere ser la más inteligente sin tener con qué, sin emotividad que la guíe en la construcción de una visión del mundo, mujer chata de mundo chato, acorralada por su espíritu empobrecido y empobrecedor. Apasionada por la negación y la negatividad, desesperada por quedar bien ante una exigencia desmedida, tan grande que no le permite autenticidad alguna, ni verdadero crecimiento.

La nota de Rozitchner realmente no tiene desperdicios, habría que transcribirla en su totalidad.

En definitiva los dos integrantes del matrimonio tienen una personalidad desagradable e irritante. Son de naturaleza conflictiva por su poca flexibilidad mental y su falsedad. Si no se imponen en un desacuerdo, confrontan, muchas veces apelando a la descalificación o directamente a la agresión.

Pero también son conflictuados, es decir llevan el conflicto dentro de ellos mismos. ¿Tal vez algún trauma de la infancia o alguna necesidad física o psíquica insatisfecha?

La necesidad de mirar hacia el pasado refleja tal vez esta grave anomalía psíquica. Seguramente ello influye a que el país este estancado y en pleno retroceso. Es ampliamente conocido que si no se cierran las ventanas al pasado es imposible abrir la puerta al futuro.

Afortunadamente el aluvión de votos los derribó de su pedestal. Una conocida frase del refranero popular dice Que del árbol caído todos hacen leña. No es este caso. El árbol estaba podrido hasta sus raíces. La madera en ese estado no tiene ninguna cualidad.

En definitiva los Kirchner son los exponentes de la degradación política e intelectual también personas desagradables e irritantes que producen un rechazo instintivo.



Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL

alfredo@weinstabl.com.ar




NOTAS:




(1) La Lideresa Exasperante (Un acto verbal de justicia) por Alejandro Rozitchner. Filósofo


 
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Quedóse Dormido
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Al PINGUINO en moto se le escapó la tortuga

July 10 2009, 7:16 PM 


http://www.rionegro.com.ar/diario/2009/07/10/editorial.php

Editorial
Economía a la deriva


Si bien el traspié electoral del kirchnerismo hizo aún más incierto el futuro político, por un par de días sirvió para mejorar el clima de negocios.

Aunque tanto los empresarios como los ahorristas que han estado procurando poner su dinero fuera del alcance del gobierno entienden que los meses próximos podrían resultar muy agitados, suponen que el ex presidente Néstor Kirchner y su operador principal, Guillermo Moreno, el que para decepción de muchos sobrevivió a los cambios poselectorales, no estarán en condiciones de continuar sorprendiéndolos con medidas arbitrarias y que por lo tanto las perspectivas son menos alarmantes de lo que hubieran sido de haber optado el electorado bonaerense por plebiscitar el "modelo" vigente.

Desde el punto de vista de quienes se sintieron alentados por la derrota del kirchnerismo, los responsables de manejar la economía deberían respetar el principio atribuido a Hipócrates: "Ante todo, no causar daño", de suerte que, si la pérdida de la mayoría automática en Diputados estorbara la gestión de Kirchner y Moreno, el país se vería beneficiado. Al fin y al cabo, además de privar al país de estadísticas confiables, de este modo "solucionando" el problema planteado por la inflación, Kirchner declaró la guerra al único sector económico que es internacionalmente competitivo, agravó nuestro aislamiento de los centros financieros más importantes, asustó a los inversores en potencia apoderándose de los fondos de jubilación privados, castigó a las empresas energéticas y creó un sistema enmarañado de subsidios cuyo desmantelamiento será sumamente complicado.

Puede que quienes piensan así hayan pecado de optimismo excesivo, ya que a juzgar por los cambios en el gobierno que se anunciaron el martes pasado los Kirchner no se creen tan endebles como otros suponen, pero así y todo es comprensible que tantos hayan logrado convencerse de que la economía funcionaría mejor con un gobierno que se viera obligado a negociar todas las medidas significantes con la oposición centroderechista.


También pueden señalar que, a pesar de que desde la renuncia forzada de Roberto Lavagna no contamos con un ministro de Economía genuino, hay motivos para suponer que incluso con un equipo económico mediocre el país podría recuperarse con cierta rapidez, puesto que los precios internacionales de los commodities que exporta siguen siendo relativamente elevados y de resultas de la gran crisis del 2001 y el 2002 casi todos se han habituado a vivir sin crédito, razón por la que ha sido escaso el impacto de la debacle financiera primermundista aunque, claro está, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le atribuye todas las dificultades actuales. Así y todo, sería un error subestimar los perjuicios que ocasionaría un Poder Ejecutivo que, al verse jaqueado sistemáticamente por opositores contrarios al "modelo", trataría de reconciliarse con quienes dejaron de apoyarlo con medidas populistas.


Por lo demás, en adelante al gobierno kirchnerista le será cada vez más difícil frenar el aumento del gasto público o resistirse a las presiones de sindicalistas como Hugo Moyano que intentarán aprovechar una oportunidad para conseguir más "conquistas".

Las agrupaciones opositoras principales están reclamando cambios mucho más importantes que los ensayados últimamente por Cristina, entre ellos la normalización del INDEC, la defenestración de Moreno - lo que implicaría el alejamiento de Néstor Kirchner- y el fin o, por lo menos, una rebaja de las retenciones al agro.


Son pedidos razonables, pero acaso les convendría más exigirle al gobierno nombrar a un ministro de Economía con el prestigio suficiente como para merecer el respeto del empresariado local y de los inversores tanto nacionales como internacionales. Por desgracia, no hay motivos para creer que Amado Boudou sea el hombre indicado para cumplir la tarea nada fácil así supuesta: debido a su subordinación a un ciudadano privado que no ocupa ningún cargo formal, carecerá de la autoridad para tomar las medidas que resulten necesarias para que la economía pueda recuperarse pronto de la recesión en la que ha caído y enfrentar los desafíos que nos planteará el orden internacional con toda seguridad muy competitivo que está configurándose.




 
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