--------------------------------------------------------------------------------
Paloma está furiosa. Las palabras del notario se repitan una y otra vez en su cabeza, y cada vez se pone mas furiosa al recordarlas. Pero ella sabe que no puede mostrar su enojo, así que se levanta de su asiento.
-Disculpa, tengo que salir para un poco de aire.- dice, y se va corriendo de la habitación.
Sandra sonríe triunfantemente. -Claro, era de esperarse que esa arpía se enojaría, ¡ya que Papá la dejó sin na-da!- Empieza a reír a carcajadas.
-¡Cállate, Sandra!- dice Perla, molesta. -¿Cómo puedes ser tan cruel?
-¿Cruel, yo? Cruel es esa perra de Paloma que se casó con Papá pensando que iba a heredar algo... por eso me alegro que no le dio ni un centavo de su fortuna.
-¿Está seguro que mi padre no le haya dejado nada a su esposa?- pregunta Federico al notario.
-Pues aquí no se menciona para nada el nombre de la señora Paloma.- contesta el notario. -Lo mas probable es que hizo su testamento antes de casarse.
-Y me alegro.- agrega Sandra. -No saben cuanto.
Manuel, Federico, y Perla miran disgustados a Sandra.
Mientras tanto, Paloma ha salido al jardín para poder descargar su rabia. Mordiendo su puño con una mano, con la otra mano saca su celular y marca un número.
-¡¡Madre!! ¡Soy yo, Paloma!
Doña Lola está en la otra línea. -Ah, Palomita querida... ¿cómo estás?
-¿Cómo quieres que esté?- grita ella. -¡Estoy ardida! El notario acaba de leer el testamento que dejó el viejo ridículo, ¡Y NO ME DEJÓ NADA! Todo lo dejó a los imbéciles de sus hijos. ¡Maldito infeliz!
-Paloma, tienes que tranquilizarte.- dice doña Lola. -Recuerda, la venganza es un platillo que se come frío. No puedes actuar impulsivamente.
-Entonces, ¿qué debo hacer? No puedo permitir que los hijos de Augusto se queden con todo y me dejan sin nada. Yo no me casé con Augusto en vano. Me casé con él por su fortuna, tú lo sabes mejor que nadie.
-Impugna el testamento.- sugiere Doña Lola. -Tú, como la viuda, tienes todo el derecho de hacerlo.
Paloma se queda pensativa. No es para nada mala la idea que su madre le acaba de dar.
En la empresa donde trabajan Antonella y Ernesto como artistas gráficas, hay una junta para decidir como será el nuevo logo y slogan de una compañía que los contrató.
-Esta es mi propuesta.- dice Antonella, enseñándoles su idea a todos sus compañeros. -El diseño del logo y los colores usados representan muy bien los productos de la empresa.
El jefe lo contempla. -Muy bien, Antonella.- le dice, satisfecho. -Tu propuesta me parece muy innovadora, y el logo tiene un toque moderno pero elegante.
Los demás compañeros parecen estar igualmente a gusto con la propuesta de Antonella.
-¿Y cuál es tu propuesta, Ernesto Morales?- pregunta el jefe.
Ernesto sonríe y les presenta orgullosamente el logo que él diseño. -Mira, como estamos diseñando un logo para una empresa de productos de belleza, hice las letras del logo para que se parecen a lápices labiales, esponjitas para la sombra, peines...
Antonella estudia la propuesta de Ernesto. -¡¡Qué corriente!! Es de lo más chafa que he visto en mi vida.- Empíeza a reír. -¿Cómo crees que una empresa moderna y con un buen presupuesto va a aceptar esta cosa?
Otros compañeros también empiezan a reír.
-Solamente a una persona corriente le gustaría tener ese logo para su empresa.- dice Antonella.
-Bueno, entonces no se diga más.- dice el jefe. -Como la propuesta de Antonella les gustó a todos, le entregaremos su logo y slogan a nuestros clientes.
Ernesto se siente como si alguien lo hubiera abofeteado muy fuerte. Lo peor no es que su propuesta no les agradó a sus compañeros de trabajo, sino la manera en que Antonella se burló de él y como lo puso en ridículo delante de todos.
Sandra se encuentra en su cuarto, furiosamente empacando sus pertenencias en unas maletas.
-Nadie me aprecia en esta casa... ¡¡creen mas en las palabras de la zorra de Paloma que en las mías!! Yo soy la señorita de la casa, la hermana de Perla, Manuel, y Federico, y a mí me han conocido para toda la vida, pero prefieren darle mas crédito a esa estúpida bruja trepadora, quien apenas conocen. No cabe duda que sus padres le dieron el nombre equivocado... ¡¡qué Paloma ni que nada!!
Tocan la puerta de su habitación. -¡Adelante!- invita Sandra. Entra Rubén al cuarto.
-Sandra, ¿qué haces?- pregunta Rubén, al verla empacando sus cosas.
-¿Qué vienes a hacer en mi cuarto?- pregunta Sandra, molesta. -¿Y cuántas veces te he dicho que NO me hables de tú?
Rubén la ignora. -¿Te vas de la casa?
-Sí, me voy, porque hoy me quedó claro que no le importo a nadie, y que absolutamente todos apoyan a Paloma. A mí, nadie me apoya, y por eso, no tengo nada que hacer aquí.
Rubén tiene unas tremendas ganas de tomar a la hermosa pero caprichosa chica entre sus brazos y abrazarla, pero se contiene. -¡No deberías dejar que la tal Paloma salga con la suya, Sandra! Quédate y lucha contra ella para mostrar tu inocencia.
Sandra se sorprenda un poco. -¿En verdad, quieres que me quede?
-¿Realmente te importa lo que yo quiera o no?- reta Rubén.
-No dije eso.. - aclara Sandra. -Pero me sorprenda el hecho de que me pides que me quede después de la manera en que nos hemos llevado.
-Pues esta es tu casa, y no es justo que te vayas y le dejas el camino libre a esa señora para que siga haciendo sus maldades.- Rubén le anconseja.
Sandra se queda pensativa.
Ernesto está sentado en su escritorio. Mira tristemente el logo que diseñó, y recuerda como Antonella se burló de él en la junta, y como todos los demás estuvieron de acuerdo con ella. Lágrimas se forman en sus ojos verdes, y arruga el papel con el logo.
Estrella se acerca lentamente a él. -Señor... ¿está usted bien?
-No... - dice Ernesto. Las lágrimas caen sobre su rostro. -No estoy bien.
-¿Qué tiene?- pregunta Estrella suavemente. -¿Por qué llora?
-Antonella.- confiesa Ernesto, llorando. -Ella me desprecia, y yo no sé por qué. Yo nunca le he hecho nada malo, es mas, siempre he intentado ser amable con ella, pero solo he recibido insultos y burlas de ella.
-¿Usted quiere a la señorita Antonella?- pregunta Estrella.
-Mas de lo que te puedes imaginar.- confiesa Ernesto. -Estoy enamorado de Antonella.
Estrella siente un poco de decepción, pero no lo muestra. -Discúlpame que se lo diga, ¿pero cómo se puede enamorar de una mujer que solo le ha tratado con desprecio?
-No sé... quizás, la admiro por su forma de ser. Es tan talentosa, fuerte, inteligente, y además hermosa.
Estrella no sabe que decir para consolarlo. Lo que desea en estos momentos es darle un abrazo y decirle que ella sí lo quiere. Desea tocarle el hermoso cabello rizado y acariciarle el rostro. -Ya veo. Bueno, pero si necesita algo, solo llámame. Estaré en la recepción.- Estrella deja la oficina de Ernesto y regresa a su escritorio. -Quizás no seré tan elegante como Antonella, pero inteligente y fuerte sí soy. No tendré dinero para ir a los salones mas caros ni comprar la ropa mas fina, pero tampoco soy fea. Ay, ¿qué puedo hacer para que Ernesto se fije en mí?
En la noche, Pablo y su amigo Mariano se van a la discoteca "Zona Rosa". Mariano pide dos bebidas, y mientras tanto, Pablo voltea para todos lados, como si estuviera buscando a alguien. Mariano lo nota.
-¿A quién buscas?- le pregunta a su amigo.
-A una chica que he visto aquí algunas veces... tenía la esperanza de verla de nuevo, porque la última vez la pasamos muy bien.- Pablo le dice. Y en ese momento, aparece Juliana, vestida elegantemente.
-¿Me buscabas a mí?- ella le pregunta sensualmente. Pablo sonríe y se levanta de la mesa para saludarla con un beso. -Que guapa estás... - le dice.
-Mmm, gracias.- coquetea Juliana.
-Vamos a sentarnos a mi mesa.- Pablo le invita. -Estoy con un amigo, pero de seguro él encontrará aquí una chava y nos dejará solitos por un tiempo.
Ambos se van a la mesa de Pablo y allí le presenta a Juliana. Mariano se disculpa para ir al baño, dejando solos a los dos.
-Te dije que mi amigo no se iba a quedar tanto tiempo aquí.- Pablo le dice. -Sabes una cosa... no sé que es lo que tienes para volverme loco, pero hay algo en ti que simplemente me encanta.
-Lo mismo siento yo por ti.- Juliana confiesa. Están apunto de besarse, pero en ese momento aparece una chica.
-¿Juliana?- le pregunta. -¿Qué haces aquí?
Juliana voltea y se sorprenda mucho al ver parada delante ella una amiga suya, que ahora es mesera de la discoteca. Esa amiga sabe que Juliana no es millonaria, y si le dice algo a Pablo, ella estará perdida.
Perla y Andrés están en un restaurante, cenando. Andrés mira a Perla con ternura. Es una chica tan linda y dulce, de buenos sentimientos que no merece ser lastimada. Andrés se siente tan culpable por haberla engañado con Paloma que ni siquiera puede mirarla a los ojos.
-¿Por qué tan pensativo, mi amor?- Perla le pregunta.
-Perla... he estado pensando... - empieza Andrés. -Y pues... ¿no te gustaría casarte conmigo al fin del mes?