| Revista LookMarch 12 2005 at 7:34 AM | Aga | |
| ARACELI GONZALEZ: MUJER BONITA
Volvió al pelo corto que la hizo famosa. Araceli González, Ara -para sus amigos- a los 37 años mantiene intactas la belleza y la frescura de cuando era una adolescente y acaparaba las compañas publicitarias.
Era muy joven cuando triunfó como modelo y era figura repetida en las tapas de las revistas. La chica bonita con un corte de pelo muy particular, no pasó de largo por la fama. En televisión se hizo conocida en la Banda del Golden Rocket, donde hacía pareja con Adrián Suar, quien sería a partir de allí su novio, marido y padre de su hijo Tomás (Toto, como ella lo llama).
Luego, personajes como la encantadora muda de la telenovela Nano, la consagraron como actriz y le reservaron un espacio de afecto en el público. Su reciente divorcio de Suar, la tuvo en boca de la prensa más de lo que hubiera deseado. Hoy, recién mudada a una casa que hizo construir en un country y en pleno proceso de reacomodamiento interior, disfruta hablando de sus hijos -Flor de 16 años y Toto de 6- y de su sueño de retirarse y vivir en un lugar de México donde los olores y los colores la llenan de energía. En esta charla rica y sumamente franca, nos dejó -por un ratito- asomarnos a su mundo más íntimo.
-Después de acontecimientos tan fuertes en tu vida como un divorcio y armar una nueva casa, ¿existió la necesidad de parar y rearmarte interiormente?
-Sí, fue una decisión. A partir de ciertas experiencia hay que reordenarse, tanto en lo interior como en lo laboral. Lo que hice fue trabajar mucho con mi persona. Hay veces que uno necesita estar más para adentro, ir respetando lo que el cuerpo puede hacer. Antes me exigía, me exigía… al máximo y he llegado a situaciones límite que me han asustado mucho. Eso no lo quiero vivir más. Sólo hice publicidad y con eso me fui manejando un año, no quería hacer ficción porque me absorbía muchas horas. Necesitaba estar más conmigo, con mi historia y con mis cosas. Después acepté el trabajo en Paraguay porque era una vez cada quince días.
-¿Cómo es ese trabajo interno?
-Escribo mucho. A partir de mi terapia, mi psicóloga me fue llevando a escribir todo lo que siento. Surgieron allí momentos de mi niñez, mi abuelo… muchísimas cosas que tenía adentro y no había sacado.
-¿Es una autobiografía?
-No sé, puede ser. Por ahora es para mí, es terapéutico. No es un relato cronológico de mi historia; por ejemplo, llego a mi casa y me pongo a escribir y cualquier cosa que me haya pasado durante el día seguro me trae algo o me conecta con alguna parte de mi vida.
-¿Crees que los hijos son el motor que te ayuda a arrancar?
- Sí, más allá de que uno sufre tiene que estar fuerte porque ellos dependen de cómo estás vos. Yo tenía cuatro ojos que me miraban todo el tiempo, esas miradas las sentía y por momentos me daban fuerza. Pero nunca vieron una mamá tirada en la cama, siempre me vieron remando.
-Tenés fama de madraza
-Sí, soy un desastre. Eso lo voy a tener que analizar porque no quiero que se vayan nunca (se ríe). Esto lo mamé, en mi familia son todos así, hay como una sobreprotección natural. Estoy pendiente de todo, ya no lo pienso, es parte de mi vida, en la cabeza tengo desde la vacuna hasta una charla pendiente con Florencia. El día a día es una responsabilidad muy grande: de mí depende que vayan al colegio, que lleguen a horario, que estén vacunados.
-¿Cómo vivís la adolescencia de tu hija?
-Uno pasa por distintas etapas. Hasta los 11 años todavía sentís que es tuya y que la podés manejar. A los 12 años cuando deja sus Barbies pensás: “Se me está yendo la nena”. Después se desarrolla y …eso fue un impacto muy fuerte, me quedé pasmada, sin aire. Yo estaba haciendo el segundo año de Fort Boyard en Francia y me enteré estando allá, fue muy fuerte. Pero siempre siento que Dios prepara las cosas porque un mes antes habíamos tenido una charla muy profunda que nació de Flor, de todas sus inquietudes y sus miedos. Me decía que todo era raro en su cuerpo y estaba muy angustiada. Me acuerdo que le hice dibujitos para explicarle (yo soy de hacer dibujos cuando les tengo que explicar algo del cuerpo) y eso me tranquilizó porque la tenía como preparada. Después llegó otra etapa, la del encierro, yo decía: “¿Qué le pasará?”. Cerraba la puerta de su cuarto y uno empieza a maquinar, en realidad necesitaba intimidad. Entre las dos existe un respeto mutuo, sin salir del rol de mamá la respeto mucho, no soy de invadir y ella es igual conmigo. Ves, eso está bueno.
-¿Cómo te adaptas a los dos, porque tu hijo tiene 6 años?
- Es complicado, Toto empieza ahora primer grado. Son dos edades muy distintas. Por un lado estoy con mi hija, preocupada por su adolescencia y con Toto seguimos con un Edipo bastante importante, estoy necesitando de su papá para que me lo despegue. Flor me dice todo el tiempo que yo le permito hacer cosas a él que nunca le hubiera permitido a ella.
Yo la tuve a los 20 años, ella sufrió y disfrutó de todos los pasajes de mi crecimiento, por eso tenemos una relación muy fuerte.
-Dijiste en una nota que después de los 40, buscarías la paz en un lugar como Playa del Carmen en México donde te gustaría poner un restaurante, ¿es así?
-Sí, igualmente no puse una fecha justa. México es un país que me da mucha energía, los colores, los olores. Voy ahí y vuelvo modificada. Es un lugar donde amaría vivir.
-¿Por qué un restaurante?
-Porque me encanta la cocina. En mi familia todos cocinamos, para nosotros la cocina representa una parte muy afectiva, nos relacionamos en la cocina. Yo recuerdo que había tías a las que reconocía por los olores de los condimentos que usaban y todo eso me da una sensación de mucho placer y me conecta con mi niñez.
-¿Estás preparada para una retirada total del trabajo?
-Sí, es parte de un proceso que estoy haciendo, también estoy en lucha como la adolescente de mi hija. Hay momentos en que uno se empieza a conectar con otras cosas. Por todo lo que me dio esta profesión me siento comprometida a hacer algo, un compromiso con la sociedad y no tengo claro qué cosas quiero hacer pero tengo inquietudes.
-Con Adrián Suar fueron, para la prensa y para el público, desde la Banda del Golden Rocket un símbolo de la pareja. Hoy todos están pendientes de si vuelven o no, ¿cómo te llega esto?
-Como la cosa histérica de los medios, por un lado nos quieren ver juntos y por otro han hecho cosas para que no fuese así. Nosotros fuimos una pareja muy fuerte y eso provocó mucha envidia, esto lo tengo clarísimo... También fuimos muy queridos porque los dos somos personas muy sencillas.
-¿Y el público?
-Nosotros nos divorciamos pero creo que el público no nos desvinculó.
Yo, particularmente, me siento muy querida por las mujeres, me respetan muchísimo. Creo que sienten que no soy una competencia.
-Este año te unís al elenco de Los Roldán como una de las protagonistas, ¿es un desafío formar parte de una tira ya instalada en el público?
-Sí, es la primera vez que me pasa esto de entrar a un programa que ya está funcionando. Generalmente los proyectos fueron hechos para mí, es raro pero no está mal vivir esta experiencia. Además yo soy muy respetuosa, ocupo mi lugar y no me gusta invadir. Detesto la invasión. Me relajo porque tengo presente que esto es, en principio, un proyecto para un mes y medio. Después decidiré seguir o hacer otra cosa. Con Sebastián Ortega nos pusimos un tiempo para ver si a él y a mí nos gusta seguir.
-¿Cómo te sentís trabajando con él?
-Bárbaro, es un señor. Realmente no hace falta ser mayor, tener mucho años, para ser un señor.
-Contanos acerca de tu papel en Los Roldán.
- Mi personaje viene escapando de alguien, una especie de “Durmiendo con el enemigo” y tiene que hacer un cambio de look y de identidad. A partir de ahí se topa con la familia Roldán y empieza a vivir otra vida, hasta que en algún momento la tienen que descubrir. Es una gran mentirosa pero no por mala, sino que se está salvando el pellejo. Y se va a enamorar… (se ríe)
-¿Y Araceli también va a buscar el amor?
-Hay momentos que uno pone la líbido en otras cosas. Por varias situaciones de vida, que no tienen nada que ver con mi separación del Chueco, estoy con muchos desafíos, estoy como en guerra pero en el buen sentido de la palabra. Esto hace que esté muy alerta y seguramente no tenga mi líbido puesta en conocer a alguien. Yo creo que hay que respetarse muchísimo estos momentos porque para estar bien con alguien hay que estar bien con uno mismo. La verdad, a esta edad hay cosas que uno ya no soporta y además, esto de vivir sola te va enviciando… disfrutás de tu cama toda para vos (risas). Y… no es tan fácil conseguir una pareja.
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