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Maduro, casual y feliz Ricky Martin
El astro boricua anda sumido en una intensa gira de promoción, que devendrá en gira mundial de conciertos a partir del 15 de noviembre. (Suministrada)
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Maduro, casual y feliz Ricky Martin

Domingo, 2 de octubre de 2005

Por Juan Carlos Pérez-Duthie
Especial El Nuevo Día

MIAMI BEACH - Qué más da, si como astro internacional del pop, Ricky Martin prácticamente lo ha alcanzado, recorrido y visto todo ya, ¿no? Pues al parecer, no.

A Martin, aún con lo que diga el primer sencillo, I Don’t Care, de su nuevo álbum en inglés, Life , en el mercado desde el 11 de este mes, sí le importa. Le importa mostrar que ha madurado como artista; le importa que se le escuche y acepte tal y como es ahora; y le importa mantenerse vigente, pero sin caer en la locura de sus éxitos pasados.

Aunque lo de la locura pudiera resultar difícil de evitar. Porque, por el lanzamiento del disco, el intérprete de 33 años ya anda sumido en una intensa gira de promoción, que devendrá en gira mundial de conciertos a partir del 15 de noviembre. Iniciará en México la parte latinoamericana, llamada Una noche con Ricky Martin, de su periplo internacional, y la culminará en Puerto Rico en diciembre, para de ahí abarcar otros mercados que lo mantendrán ocupado hasta el 2007.

Pero él insiste; nada de locura. Después de su último disco, la producción en español del 2003 Almas del silencio, Martin se tomó un tiempo sabático para viajar, aprender capoeira (arte marcial de Brasil), dedicarse a sus funciones caritativas, y trabajar en Life sin tener que estar en medio de presentaciones masivas y de histeria colectiva.

El Ricky Martin de Life es uno que expone sus canas, viste lo más casual posible y comparte, afortunadamente, sin la presencia de publicistas, miembros de su equipo o representantes de su compañía discográfica. Ése fue el Martin que recibió a El Nuevo Día en un lujoso hotel de South Beach; el mismo que desearía que cada cual se buscara una vida - “Get a life!”- y de paso el disco.

¿Sigues viviendo en Miami?

“Sí. Grabé mi disco aquí, por consiguiente, los últimos tres años me la he pasado en Miami más que nada. Pero también invertí en Los Ángeles, en una casita por allá, y luego, estuve en Nueva York un tiempo, con un apartamentito. Estoy ahora en bienes raíces (risas). Es donde único puedes confiar que tu dinero esté bien”.

¿Hiciste algún trabajo de “Life” en El Cairo?

“Sí, las cuerdas (para tres de las canciones). Y el director musical, el conductor como quien dice, fue Hossam Ramzy, que hizo arreglos para la obra musical Bombay Dreams”.

¿Te inspiró todo ese fenómeno de Bollywood -el colorido y musical cine de la India- de alguna manera?

“Conozco Bollywood, pero no fue lo que me inspiró a tratar de crear un sonido global para este disco. La motivación fue bastante balanceada entre varias culturas. Me fui a países del Oriente Medio. Me fui a Asia. Por supuesto lo caribeño tiene que estar presente. Por algún lado Brasil, no sé, creo que en otra vida fui brasileño. También Londres, Nueva York, y parte de un tiempo sabático donde honestamente, necesitaba viajar y vacacionar, pues tenía como una asignación, que era buscar esos instrumentos étnicos con los que nunca había trabajado, fusionarlos y hacerlos míos. Y creo que por eso el sonido es muy ‘world’ ”.

Así suena en particular la canción ‘Till I Get To You’.

“Pues fue de las primeras que nació. En esa canción empecé a trabajar hace tres años y medio, y hasta traje unos monjes budistas para que hicieran coros... las octavas bien graves. Creo que es un disco que tienes que escuchar varias veces, porque cada vez, mientras más lo escuchas, más cositas descubres, porque así fue el proceso. Nosotros trabajábamos una canción, la guardábamos, yo me iba, viajaba, volvía a los tres meses, escuchaba la canción y le añadía cositas”.

O sea, las experiencias de tus viajes.

“Claro, ésa era la idea. A mí lo que me hacía falta era desconectarme un poquito para poder de verdad analizar dónde estaba, a dónde quería ir, qué no quería hacer”.

El disco me parece arriesgado y maduro.

“Gracias. Es arriesgado por dos factores: uno, porque esa onda del Oriente Medio que aparece aquí, y que está muy a tono con lo que pasa en el resto del mundo, podría levantar ronchas con algunos americanos. No te tengo que hablar de las relaciones entre los países árabes y el gobierno de Estados Unidos. Por otro lado, no sé cómo es la situación entre rockeros y reggaetoneros en Puerto Rico, pero como siempre ha habido divisiones, ¿cómo lo van a tomar los reggaetoneros serios? Me encanta como has visto el proceso creativo. Pero te juro que en ningún momento hubo decisiones tomadas en base a la rebeldía”.

Pero no es malo ser rebelde…

“Bueno, qué más rebelde que un título como I Don’t Care. Pero a nivel musical todo salió de una forma orgánica. Simplemente lo que pienso es que... las fronteras geográficas se las dejo a los políticos y, como músico, lo único que tengo que hacer es derrumbarlas. Porque mi vida no se basa primero en miedos, ni quiero que sea así. De ahora en adelante, tampoco quiero que mi vida esté llena de límites. ¿Para qué buscar lo ya buscado, para que vivir lo ya vivido? Por más que hubiese tratado de crear un sonido similar, aunque fuera similar a lo ya presentado, si me hubiese obsesionado, me hubiese explotado la mente”.

¿Te estás moviendo más hacia el trabajo humanitario y que tu carrera sea el medio para costear el objetivo o todavía te apasiona la música como hace 10 años?

“Hace cinco años ya no había pasión, y me asusté muchísimo. Porque, al no tener pasión, me estaba dando cuenta que, el castillito que yo había intentado crear en una década, o un poquito más, se estaba yendo directito a la basura. En este tiempo sabático lo que quería era ver cuáles eran mis necesidades para poder echar adelante de una forma sana. Y me di cuenta que hay un gran número de niños en todo el mundo que son desplazados, y están gritando “necesitamos ayuda” y nadie los está escuchando. Yo empecé a trabajar cuando tenía 12 años; empecé a trabajar porque quería. Y hay dos millones de niños anualmente que están entrando a un mundo bien oscuro, donde son obligados a trabajar”.

Sabiendo lo que sabes, ¿ves aquellos viajes que hacías y todas esas horas de labor como explotación?

“Para nada. Había mucho trabajo, pero cuando yo decía ‘estoy cansado’, se me respetaba. Óyeme, yo hacía así (chasquido de dedos) a las cuatro de la mañana y decía “quiero helado”, y ahí estaba el helado. Nosotros (Menudo), viajábamos en Boeing 737 privado, y teníamos un piso de hotel (risas). En ningún momento me sentí explotado. Y si lo estaba, nada más tenía que ver mi cuenta de banco. Al contrario, me siento súper agradecido de aquellos maestros que me enseñaron lo que era la disciplina”.

En el disco, la canción “I Am” me pareció bien risqué.

“Es totalmente sexual y está bien clara. ¡Está el Caribe encendido! Eso no se puede negar, es la genética. Bueno, al que no le guste ese tipo de tema, que le dé ‘skip’. Si de por sí, con letritas santas, mucha gente decía que yo era el hijo de Satanás… Simplemente quiero expresarme de la forma en la que me quiero expresar”.

¿Estás contento con el producto?

“Lo estoy. Muy feliz con lo que estoy presentando, y es uno de esos momentos en mi vida: “mira, si te gusta, qué chévere man, y si no te gusta, qué chévere man”.




Mensagem enviada Oct 3, 2005, 12:43 AM
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