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CAPÍTULO 113: LA RUPTURA

by Cecilia (no login)

 
Vladimir se inclina sobre Pedro llamándolo, pero éste no responde. Anna le toma el puso y se desespera: “Está muerto…”. Vladimir la mira sorprendido, y después manda buscar al doctor Shtern, que llega para examinar al príncipe.

- Si el muere… -dice Anna – Yo no debí provocar esta riña.
- ¡No eres responsable de lo que hagan los Dolgoruky! –le responde Vladimir irritado.

El doctor Shtern sale del dormitorio y Anna se tira a él preguntándole como está el príncipe.

- Está débil –responde el doctor.
- ¿Qué tal su corazón? –pregunta Anna.
- Con la edad que tiene… y lo sucedido hace un año, cuando su mujer le disparo… -contesta Shtern.
- Prepararé la habitación para él –dice Anna.
- Claro que sí –asiente Korf.
- Lo siento, pero el príncipe ha renunciado categóricamente a quedarse aquí –responde el doctor.
- ¡Pero es imposible transportarlo! –protestan.
- Quiero que esté tranquilo antes de mi regreso –prescribe el doctor.

El doctor se marcha y Anna se queda lamentándose.
- Pobre Pedro Mihajlovich, pobre, pobre, pobre… -dice Anna.
- Hasta aquí lo han llevado su absurda obstinación y el no querer tener en cuenta los sentimientos de otros –dice Vladimir orgulloso.
- ¡Tú no tienes vergüenza! –dice Anna pasmada.
- Yo no tendría vergüenza si hubiera cedido y me hubiese casado con Liza. Dolgoruky es el culpable de su desgracia.
- Si alguien es el culpable de lo que ha ocurrido, solamente eres tú –dice Anna lentamente. Vladimir la mira asombrado…


Sonia y Nikita se besan apasionadamente, pero él se aparta y dice que ha perdido la cabeza. Sonia se queda desengañada y se escapa hacia la habitación de Tania.

Nikita llega tras ella y Sonia le dice que se siente muy avergonzada de lo ocurrido y de su comportamiento con él, pero Nikita la persuade de que ella no es culpable de nada, y los dos vuelven a besarse apasionadamente. Ambos se dicen lo mucho que soñaban con esto, y Nikita confiesa que la quería olvidar pero no puede. Los dos vuelven a besarse.

Modestovych sube por la escalera y oye suspiros y ruido en la habitación de Tania. Se acerca a la puerta cautelosamente…

Nikita trata de resistirse a lo que siente:

- Me casaré con Tania rápidamente –dice.
- Tú no amas a Tania –objeta Sonia, que pone sus manos en su cintura y trata de retenerlo.
- Debemos renunciar a estos pensamientos –se resiste él.
- Nikita… -ella lo vuelve a agarrar por la cintura y esta vez él no se resiste.

Los dos caen en la cama de Tania y continúan besándose, pero Nikita da un salto, exclama que deben terminar con eso enseguida y sale corriendo de la habitación. Sonia respira pesadamente y llora después en la almohada. La puerta está abierta y oye pasos, se levanta de un salto y llama: “¡Nikita!”, pero entra Modestovych… Sonia se queda horrorizada…

Modestovych comienza dando rodeos:

- Señorita, ¿qué hace usted en la habitación de Tatiana? –pregunta el gerente.
- Ha entrado sin llamar. Se lo diré a mi madre –responde Sonia.
- Entonces yo le contaré a su madre lo que usted hacía aquí sola con el mozo de cuadra. Menuda familia, la hija menor resulta ser igual que la mayor…

Sonia trata de evitarlo dándole su anillito, y Modestovych lo coge, pero le interesa otra cosa.

- Quiero saber lo que conversan durante el té de la tarde sus padres. Y quiero enterarme del contenido del testamento de su padre, me duele verlo tan enfermo últimamente… -exige Modestovych.


Natasha va a la iglesia y enciende unas velas. A lo lejos, ve a Alexander, rezando, que no se da cuenta de que ella está allí. Cuando termina se vuelve para marcharse y entonces se da cuenta de que Natasha está allí.

- No esperaba verte aquí –dice el zarevich.
- No quería estorbar su oración –responde Natalie.
- No me has molestado. Rezaba por ti –confiesa Sasha. Natasha se asombra- A menudo me acuerdo de ti.
- Pero usted tiene asuntos de Estado demasiado importantes como para pensar en mí –dice ella confusa.
- Eso no significa que yo no pueda pensar en mis amigos –objeta el zarevich- Recientemente he leído un poema de Lermontov, que parece que está escrito para ti –y recita- “Como los cielos su mirada es azul, como el beso suena…” (algo parecido, vamos). En realidad, he venido a preguntarte por tu boda.
- Desde ayer todo ha cambiado.
- ¿Así que ya no me necesitas?
- He creído a Andrey –dice Natasha.
- ¿Estás segura?
- Al principio quería anular la boda, pero he venido aquí para hablar con el padre de la ceremonia religiosa.
- Entonces, te deseo que aciertes en tu decisión. Acuérdate de mí alguna vez.
- Decís eso como si nos despidiésemos para siempre –replica Natasha triste- ¿Tengo razón?
- Supongo que tal vez nos veamos en San Petersburgo, pero serás una señora ocupada con tus haciendas, con tus hijos…
- Sois justo –responde ella ofendida- Las preocupaciones serán muchas y no podré ir tan fácilmente a San Petersburgo.
- Con todo, Natalie, quiero que recuerdes que tienes en mí a un amigo.

Los dos salen de la Iglesia y Alexander se echa la capa.

- Me gustaría que estuviese en el baile después de la boda –dice Natasha.
- Quiero que me prometas que serás feliz –exige Sasha, subiendo al caballo.
- ¡Seré muy feliz!
- ¡Adiós, Natalie!

El zarevich sale cabalgando con cuatro soldados. Súbitamente se para, les dice a los otros jinetes que esperen y da la vuelta, pero de repente… ve a Natasha con Andrey abrazados.

- ¡Quiero que la boda sea como tú sueñas! –le dice Andrey a Natasha.

A Alexander se le hiela el corazón y vuelve hacia atrás. Llega hasta sus soldados y ordena “¡Volvemos a San Petersburgo!”, y los cinco se alejan rápidamente.


Andrey y Natasha entran en la iglesia y discuten por los colores de las flores. Andrey quiere que sean blancas, pero ella prefiere que sean de varios colores. Natasha está descontenta y él consiente en el acto hacer lo que ella quiera, pero le advierte, riéndose, que después de la boda él tendrá la última palabra.

Liza despierta por la mañana y acaricia a Misha, despertándolo.

- Todo esto me parece un feliz sueño –confiesa ella alegremente- No quiero que partas para el Caucaso.
- No vale la pena ensombrecer ahora los momentos felices –responde Misha- Imaginemos que esto durará para siempre.

Él se inclina sobre Liza y le da un largo beso, y los dos se abandonan a la pasión…


Dolgorukaya se enfrenta a Zabaluev y Paulina:

- ¡Paulina se ha entrometido en mi familia! –acusa.
- No estoy de acuerdo. Su marido la ha entrometido –responde Zabaluev.
- ¡Váyanse de mi casa! –grita Dolgorukaya.
- ¿Quiere un bombón? –ofrece Zabaluev- Contribuye a clarificar la mente.
- Es cierto –dice Paulina, que no para de comer bombones- Contribuye muy…
- ¡Váyanse! Su origen es muy oscuro, y no hay ninguna prueba.
- Pedro Dolgoruky afirma que es su hija –interrumpe Zabaluev.
- El príncipe no está en casa. ¡Váyanse y llévense sus bombones! Voy a llamar a los criados.


Liza ayuda a Misha a vestirse la levita.

- El tiempo pasará pronto –sonríe ella- Bordaré punto de cruz.
- Puedes pintar cuadros –se burla Misha.
- No soy tan buena como Sonia, y nunca le dejé enseñarme.
- Entonces, puedes pedirle a Anna que te de lecciones de música.

En ese momento entra en la habitación Dolgorukaya.

- ¿Qué hace este caballero en tu dormitorio? –pregunta fríamente.
- He venido a despedirme –responde Misha.
- ¿Se han despedido?
- Papá no le deja venir a visitarme, así que le invité a despedirnos aquí –explica Liza rápidamente.
- Bien. Lo importante ahora es que han venido Paulina y Zabaluev, que se ha puesto a guardar sus derechos –cuenta Dolgorukaya.
- ¿Qué vas a hacer? –pregunta Liza.
- Despídete del príncipe y después ven a verme y te lo contaré todo –responde su madre- Le deseo buen viaje, príncipe Repnin.

Dolgorukaya sale y Misha abraza a Liza.

- Tengo que irme –dice él.
- Espera un poco más –responde Liza, que no quiere soltarse.
- Tu familia te necesita.
- Yo te necesito a ti.
- ¿Vendrás mañana a despedirte? –pregunta Misha.
- Nos encontraremos en el bosque, en el sitio donde nos tropezamos con Sonia la otra vez.
- ¿Estás segura que quieres venir?
- Quiero ser la última persona que veas antes de partir.


Dolgorukaya sigue ofendiendo a Paulina en la sala, ofreciéndole mucho más dinero que la vez anterior a cambio de que salga de sus vidas. Entra Liza y averigua lo que se madre está intentando hacer. Paulina no se deja convencer y replica: “Mi padre me es más querido que cualquier cantidad de dinero. Me he consumido de sufrir por las caricias y el cariño de unos padres”.

En ese momento aparece el doctor Shtern, que declara que Pedro Dolgoruky ha sufrido un ataque y son necesarios los criados para trasladarlo hasta la casa. Todos se horrorizan

- ¿Qué ha ocurrido? –pregunta Dolgorukaya.
- Tuvo lugar en la hacienda Korf –dice el doctor- El príncipe fue a visitarlo, se encontró mal y perdió la conciencia. Tienen que protegerlo de la agitación.
- Mis padres se han peleado con Vladimir –explica Liza.
- ¡La culpa es de Korf! –dice Dolgorukaya.
- No. Lleva ya tiempo enfermo –la corta el doctor- y desde que usted le disparó hace un año su estado se agravó.
- ¿Se pondrá bien, doctor? –pregunta Liza.
- No puedo confirmarlo.
- ¿Queréis decir que él morirá? –pregunta Paulina.

Finalmente, traen a Dolgoruky y María Aleekseva se inclina sobre él.

- ¡Te dije que no fueses a la hacienda Korf! –le grita.
- Madre. Esto no es necesario –la detiene Liza.
- Yo pienso lo mismo –apostilla Paulina.
- Márchate inmediatamente.
- Mi padre puede necesitarme –se niega Paulina.
- ¡Quiero que se quede conmigo! –dice Pedro.
- Deberías saber a que se dedicaba ella en la hacienda Korf –sugiere con maldad Dolgorukaya.
- Madre. Sal, por favor –pide Liza, consiguiendo echarla

El príncipe pide a Paulina su medicina y ella vierte diligentemente agua en un vaso.


Mientras tanto, Vladimir y Anna siguen discutiendo.

- No te comprendo Anna. ¿Es posible que creas que debí ceder, traicionarte y casarme con Liza? ¡El príncipe se mostró irracional y obstinado! –Anna le mira fijamente y Vladimir se detiene- ¿Por qué me miras así?
- Trato de comprenderte. –responde Anna- La persona que amo y con la que quiero casarme es para mí un misterio. No esperaba esto. Tus relaciones con tu padre siempre fueron tirantes porque los dos escondíais vuestros sentimientos.
- No siempre es necesario exhibir los sentimientos –responde él acalorado.
- ¿Y puedes decirme cuándo me empezaste a querer?
- No sé… -Vladimir está perdido al principio, pero de pronto recuerda y se alegra- ¡Sí! ¡Desde niños! Recuerdo como tú tocabas en el piano de cola y yo me escondía detrás de la puerta a escucharte.
- Siempre pensé que no te gustaba oírme tocar. Siempre te tuve miedo, pensaba que odiabas –responde Anna- ¿Por qué me tratabas tan mal?
- ¡Era el amor propio de un niño! –se justifica Vladimir
- La infancia se ha acabado… -dice ella con voz triste…

- ¡No pensemos en nada malo! –dice Vladimir alegremente vertiendo vino en unas copas- ¡Bebamos por el amor!
- Queremos estar toda la vida juntos y sólo ahora he comprendido que no sabes perdonar. Si entre nosotros no es todo llano, ¿comenzarás a vengarte también?
- ¡Claro que no! –dice Vladimir- ¡Te amo! Es necesario aceptar a la persona amada tal cual es. Pero entiéndeme, te amo y no permitiré a nadie que moleste nuestra felicidad.
- Yo te amo también, pero no te comprendo… El príncipe solamente defendía el honor de su hija.
- El doctor ha dicho que ya estaba enfermo.
- Te dirigías a él con crueldad y eso no tiene justificación…
- Dolgoruky decidió casar a su hija sin tener en cuenta sus sentimientos ni preocuparse de sus intenciones.
- Los padres siempre deciden por los hijos. Iván Ivanovich quería verme sobre el escenario sobre todas las cosas.
- ¡Bien, todavía no es tarde para hacerlo! –dice Vladimir con rudeza- Obolensky quería tomarte para el teatro imperial.
- ¿Por qué te portas así? –dice ella dolida.
- Lo siento.
- Fuiste cruel acusando al príncipe del asesinato de tu padre… ¿Tanto te cuesta reconocer tus errores?
- ¿Mis errores? –explota Vladimir- ¡¡Si no fuese por la aventura de Dolgoruky y Marfa mi padre aún estaría vivo!! Cada uno debe recibir su recompensa por sus méritos.

- No pensaba que sabías odiar…-dice ella.
- Mi padre murió por culpa de Pedro –replica Vladimir furioso- ¡Y no pediré perdón por llamar a las cosas por su nombre!
- Yo no te conozco –responde Anna muy triste.
- Perdóname, Anna –dice él cambiando el tono de voz –Me conocerás más cuando seas mi mujer.
- Yo te he tenido miedo, ahora no te conozco… -Anna lo mira con reproche y dolor, y al final habla con la voz quebrada- Perdóname, Vladimir, pero no puedo ser tu mujer.




Escrito desde Mar 8, 2005, 1:50 PM
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Muchas gracias por poner tu adelanto!!!