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Cecilia (no login) Posted Mar 16, 2005 12:21 PM
Anna se despierta tumbada de espaldas en el suelo. Mira a su alrededor y ve que se encuentra en un sótano, rodeada de barriles y otros utensilios. Se levanta rápidamente y se lanza hacia la puerta, que está firmemente cerrada, y comienza a tirar de ella y a golpearla desesperada, gritando que la dejen salir: “¡Andrey Platonovich, no tenéis derecho a retenerme aquí!” Pero la respuesta es el silencio.
Alexander se encuentra con Nikolay que, sospechando, se interesa por saber a dónde se dirige.
- Simplemente, he decidido salir a dar un paseo temprano –dice con negligencia el zarevich.
- La impuntualidad es mala. Necesito discutir contigo urgentemente asuntos estatales –reprocha el zar.
- Podemos hacerlo a mi regreso.
- ¿A dónde te diriges en realidad? –pregunta Nikolay mirándolo fijamente- ¿A ver a Anna Platonova?
- ¡Soy responsable de su destino y debo ayudarla!
- Debes obedecer a tu padre y a tu emperador –responde el zar con ira- y mi deber es proteger a mi hijo de una mala influencia. Por culpa de esta muchacha me has mentido, y reuniéndote con ella me engañas de nuevo.
- El emperador debe mostrar cierta flexibilidad –dice Sasha.
En ese momento llega una carta para el zarevich, que la lee atentamente. Nikolay pregunta si es de Anna y Alexander se lo confirma y le comunica que Anna abandona San Petersburgo. Invita a su padre a leerla, y aunque el zar no quiere, Alexander le convence de que no tiene secretos para él, y finalmente la lee.
- Espero que ella parta para siempre, y a usted no le conviene volver a poner a prueba sus responsabilidades y su destino –declara Nikolay- Y a mi mostrar cierta flexibilidad –añade con cierto sarcasmo.
Alexander lee una vez más la carta y exige un caballo para partir urgentemente.
Nikita se enfrenta a Modestovych cuando entra Dolgoruky y exige saber qué está pasando.
- No entiendo nada –dice Modestovych- He entrado y éste se ha echado sobre mí.
- Él molesta a Sonia Petrovna, que ha acabado llorando –dice Nikita enfadado.
- ¡Eres un espantajo! ¿Por qué ofendería yo a Sonia Petrovna? ¿Cómo es posible? –replica el gerente.
Sonia los mira en silencio y su padre se muestra enfadado.
- Sonia, ¿por qué callas? ¿Quién de los dos dice la verdad? –pregunta Dolgoruky. Pero su hija se queda callada- ¿Te ha molestado Modestovych?
- Cuéntele la verdad a su padre –aconseja Nikita.
- Sonia Petrovna y yo discutíamos algunos asuntos económicos –interviene Modestovych- y ella se ha puesto nerviosa.
- ¿Es verdad, Sonia? –insiste Dolgoruky.
- Karl Modestovych me molesta continuamente con asuntos económicos –miente Sonia- y yo no entiendo nada de ellos.
- Así es –confirma Modestovych.
- Padre, yo no quiero ayudarle –dice Sonia.
- No olvide, Sonia Petrovna –le recuerda Modestovych significativamente- que Pedro Mihaylovich tiene el corazón débil, no debemos inquietarlo.
- Pediré a mi madre que hable con usted –replica Sonia, que no está asustada- ¿Para qué necesitamos un gerente que no puede resolver los problemas económicos solo?
- No volverá a ocurrir –promete solemnemente Modestovych.
- Eso espero –replica ella.
- ¡Cómo te preocupas por mí, hija mía! –la alaba Pedro con ternura.
Pedro abraza a Sonia, que sonríe, y Modestovych se toca los bigotes, pensativo, pero en ese momento aparece Paulina en la puerta.
- ¡Papá! –exclama con una sonrisa radiante- ¡Estoy tan contenta! ¿Esto significa que habéis perdonado a Sonia que ame a Nikita?
Todos se vuelven hacia ella en silencio.
- Paulina, ¿qué dices? –pregunta Dolgoruky- ¿De dónde has sacado que Sonia esté enamorada de Nikita?
- Probablemente esté equivocada… –responde Paulina torpemente, como si estuviese incómoda- Lo habré entendido todo al revés. He visto casualmente como Nikita abrazaba y besaba a nuestra Sonescka… pero me habré equivocado y pido perdón.
- Ella vino a verme porque estaba angustiada –interviene Nikita rápidamente- Y yo la besé. Pero Paulina no vio todo lo ocurrido, Sonia Petrovna en seguida se escapó.
- ¿Es verdad? –le pregunta Dolgoruky rigurosamente a Sonia- ¿Te escapaste? –La mirada de su hija es elocuente- ¡Dios mío! –dice Pedro horrorizado- ¡Te has enamorado de Nikita! ¡Del antiguo mozo de cuadra!
- Necesitaba encontrar consuelo con alguien… -se queja Sonia entre lágrimas- Todos estabais ocupados en algo: Liza con su boda, mamá con el dinero, tú te habías perdido y cuando apareciste sólo te ocupabas de Paulina… Nikita me ayudó.
- ¡Sonia! –exclama su padre completamente iracundo y agarrándose el corazón- ¡Te pido que te alejes de mí!
- ¡Padre! –llora ella, que se tira a él, abrazándolo.
- No quiero verte más. ¡Vete!
- ¡Se lo suplico!
- ¡¡Márchate inmediatamente!! –grita él, agarrándose de nuevo el corazón- ¡¡No te atrevas a mostrarte ante mis ojos!!
Sonia sale corriendo entre sollozos y Nikita corre detrás. Paulina sonríe satisfecha.
- Modestovych, déjenos solos –ordena Dolgoruky, que gime de dolor.
- Probablemente, no es asunto mío, pero os digo que os habéis comportado muy rigurosamente con vuestra hija –interviene Modestovych- Lo que ha ocurrido con el mozo de cuadra es simplemente la primera pasión de vuestra hija, un inocente enamoramiento infantil.
- ¡Cállese! –dice Pedro colérico- ¿Quiere que lo eche de esta casa?
- No enfade a mi padre –exige Paulina.
Los dos expulsan a Modestovyh, y de nuevo Dolgoruky muestra toda su ternura para con Paulina.
- Sólo recibo la felicidad de ti. Eres la única que me alegra –dice Pedro- He recibido el permiso oficial para reconocerte como mi hija legítima.
- Soy feliz, padre –responde Paulina.
- No esperaré más. Serás Anastasia Petrovna Dolgorukaya.
- Espero que no se demore mucho –dice Paulina con avidez.
Dolgorukaya coloca los cojines en el sofá, y bajo uno de ellos, en la esquina, descubre la pistola del duelo. Grita en silencio y, con los ojos llenos de miedo, acerca la mano al arma, pero no se decide a cogerla. En ese momento entra Liza:
- ¿Qué ocurre madre? –pregunta Liza. Dolgorukaya cubre rápidamente la pistola con el cojín y la mira con ojos horrorizados.
- Simplemente… -tartamudea la princesa- Yo… Recuerdo a Andrey.
- Sonia y yo también lo recordamos todo el tiempo.
- A él le gustaba jugar aquí a los soldaditos –dice agitadamente Dolgorukaya, mientras se sienta en la esquina del sofá donde el cojín cubre la pistola- ¡Qué sufrimiento es saber que no volverá más!
- Pero es aún más triste saber que su muerte pudo ser culpa de su propio padre… No puedo dejar de pensar en eso después de nuestra última conversación.
- No… Tu padre no es culpable –replica María Aleekseva confusa- ¡Korf es el asesino! ¡Él lo mató y ahora ha escapado de la cárcel!
- ¿Estás segura?
- Claro que sí –dice su madre, que trata de dominarse.
- ¿No sería horroroso? –reflexiona Liza- El padre culpable de la muerte de su propio hijo. ¿Cómo podríamos vivir nosotros con eso?
- No es cierto… -replica la princesa horrorizada- El asesino es Korf.
- El asesino merece el odio y el desprecio general –continúa agobiándola Liza- ¡Y no obtendrá tranquilidad incluso después de muerto!
- Tienes razón, tienes razón… Korf, Korf, Korf… ¡él arderá en el infierno!
Comprendiendo lo inútil de la conversación Liza se marcha. Dolgorukaya mira hacia todos los lados, coge la pistola y se la guarda en el escote.
Liza se reúne con Misha.
- Mi madre no se rinde y sigue culpando a Vladimir -dice enfadada.
- Ella no soportará al final el peso de su conciencia –responde Repnin.
- Ella lo soportará todo –objeta Liza- Tiene el corazón de piedra.
- De acuerdo. Pero retroceder es imposible. Tengo una idea…
Más tarde, Dolgorukaya toma el té con Liza y Misha,
- ¿Han cogido a Korf? –pregunta la princesa.
- Los gendarmes han peinado todo el distrito, pero su búsqueda es infructuosa –responde Misha.
- ¡Espero que tarde o temprano cojan a ese canalla y reciba el castigo que merece! –dice Dolgorukaya.
- En su huída participó Sychiba, pero no la encontraron en su casa –comenta Misha.
- ¡Sychiba es tan culpable como él! Además, ella ayudó a Marfa y a Pedro y ahora debemos soportar a esa impostora.
- ¡Ella es hija de papá! –señala secamente Liza.
- ¡Sólo quiere de Pedro el dinero y el nombre! –se escandaliza su madre.
- ¿Qué haremos? –pregunta Liza más contenida- Papá tiene el corazón débil, ¿debemos reconciliarnos con él?
- Todo se arreglará… -dice su madre.
- Mihail no debe escuchar esta conversación –dice Liza- Dale la bandeja con los pastillos.
- Perdóneme, príncipe Repnin- dice Dolgorukaya, disponiéndose a coger la bandeja plato. Entre los pastelillos resplandece la pistola… La princesa se queda inmóvil, sus ojos se salen de las órbitas…
- ¿Qué le ocurre, madre? –pregunta Liza, que coge el plato y se lo tiende a Misha- La cocinera es nueva –le explica- y a mi madre no le gusta como cuece los pastelillos.
- Están muy sabrosos –responde Repnin, que coge uno se lo come.
Dolgorukaya mira alternativamente a la pistola, y a Misha y Liza, que no se han dado cuenta de que está en la bandeja.
- ¿Ves, madre? A Misha le gustan.
- Me encuentro mal –musita Dolgorukaya, levantándose.
- ¿Llamamos al doctor Stern?
- No es necesario –replica la princesa rápidamente aún más asustada- Necesito descansar…
Sonia se refugia en su habitación, y llega Nikita.
- No se preocupe. No ha ocurrido nada terrible. Su padre la perdonará –la consuela él.
- Tengo miedo de que no me perdone. Tras la muerte de Andrey se le ha enturbiado la razón, quiere privar a sus hijas legítimas de la herencia y legar todo su dinero a Paulina.
- Debe hablar con su madre, para contarle lo ocurrido y que ella persuada a su padre –aconseja Nikita.
- Tengo miedo de que mi madre también me rechace si sabe lo del beso.
- Soy culpable de todo –dice Nikita.
- No –protesta Sonia- Yo también quería.
Dolgorukaya se recuesta en el diván y, cuando comprende donde está sentada, levanta cautelosamente el cojín y… encuentra allí la pistola. Su boca se abre para gritar, pero en ese momento entra Sonia, que se alegra de encontrar allí a su madre porque tiene que hablarle urgentemente de su padre.
- ¿Es necesario hablar… de tu padre? –pregunta Dolgorukaya, que está postrada con los ojos vidriosos.
- Tengo miedo de que pierda la razón. Parece enfermo.
- ¡Sonia! –la interrumpe su madre mostrándole la pistola sobre el sofá- ¿Ves esto?
- ¡Dios mío! ¡Es la pistola de duelo de papá! ¿Quién la ha puesto ahí?
- La he encontrado por la mañana aquí… y después la he encontrado en la mesa… sí, sí… sobre la bandeja…, pero ellos… ellos no la veían… se comportaban como si todo estuviese en orden –murmura Dolgorukaya. Liza la mira asustada- Y ahora está de nuevo aquí…
- Madre, puede ser que sólo te haya parecido verla en la bandeja.
- Probablemente… -responde María Aleekseva confusa- ¿Me estoy volviendo loca?
- Tranquilízate, ¡no te estás volviendo loca!
- ¡No! ¡No! ¡Yo no soy culpable! ¡¡La pistola la tenía Korf!! Yo solamente…
- ¿Tú solamente qué? –la interrumpe Sonia
- ¡No! ¡Nada! –responde Dolgorukaya- Andrey… ¡¡Mi muchacho!! ¡Él no debió morir! ¡Él no!
La princesa se marcha y Sonia se queda hecha un mar de lágrimas.
Liza y Misha continúan conspirando.
- El plan parece funcionar –dice ella- Mi madre comienza a rendirse.
- No funciona bastante, y creo que estamos haciendo demasiado daño. Cuando salió de la sala parecía que estaba loca, ¿es necesario llevarlo a estos extremos?
- Ya he perdonado a mi madre muchas cosas –replica Liza firmemente- pero no puedo perdonarle la muerte de Andrey.
En ese momento entra Sonia, completamente indispuesta, que dice que su madre no deja de ver todo el tiempo una pistola y se comporta de una forma muy rara. Liza le cuenta que su madre cargó la pistola con el objetivo de que su padre o Vladimir se matasen el uno al otro, ella no podía suponer que ocurriría una desgracia con su hijo.
- ¿Pero eso es verdad? –Sonia se asombra- Mi padre me ha expulsado de casa y mi madre se está volviendo loca…
- ¿Qué ocurrió? –pregunta Liza- ¿Por qué te expulsó papá?
- Por besarme con Nikita –confiesa Sonia. Liza aguanta a duras penas una sonrisa.
- Tranquilízate. Vamos a la habitación y cuéntame lo que ha ocurrido –la apacigua su hermana.
En la taberna vacía sólo queda un mujik bebiendo con avidez. Natasha abre la puerta y se abre paso insegura.
- ¿Qué ha pasado? –pregunta
- Ardalion Romanovich –dice el mújik con soberbia, levantándose- La invito a mi mesa.
- No, muchas gracias –rechaza ella.
- Insisto. Sólo quiero un poco de compañía femenina.
- Llamaré a la policía –dice Natasha espantada por sus pretensiones.
- La policía ya ha estado aquí y no volverá, y yo no tengo miedo de usted.
- ¿Han arrestado a alguien?
- A todos excepto a mí.
- Bien, me marcho –dice Natasha.
- ¡Deténgase! –el mújik se bebe la copa y sale tras ella- Va a pagar su menosprecio.
Natasha camina a paso rápido por la calle, mirando hacia atrás. A cierta distancia, la persigue Ardalion gritándole que se detenga. Ella se esconde en una esquina de la calle y mira a su alrededor, todo parece tranquilo. En ese momento, una mano masculina tira de ella hacia atrás…
Natasha forcejea y trata de escaparse.
- Tranquilízate –dice una voz de hombre.
Es Vladimir.
- ¿Has estado en palacio? –le pregunta Korf.
- Han expulsado a Anna –dice ella con lástima- Ya no está allí.
- ¡No he llegado a tiempo! –suspira Vladimir desesperado.
- Benkendorf, con ayuda del canalla de Zabaluev, ha hecho que el emperador se enterase de que Anna es una antigua sierva –le cuenta Natalie.
- ¿Y Alexander no ha defendido a Anna ante el emperador? –pregunta él enojado.
- Él la defendió, pero el emperador no quiso escucharle. Anna está ahora en tu casa, y Alexander iba a visitarla.
- Iré a casa.
- Para ti es peligroso ir allí.
- Tendré cuidado, pero tengo que encontrar a Anna. ¿Por qué Zabaluev no la deja en paz?
Los dos salen para la casa Korf…
Anna continúa golpeando la puerta y exigiendo que la dejen salir, pero todo es inútil. Mira a su alrededor. Bajo el techo hay unas ventanas semicirculares. Mueve hacia una de ellas un cajón…
Natasha y Vladimir llegan a la casa. Vladimir la registra por completo, y descubre que ella estuvo allí pero ya no está. Llega Alexander.
- Me he enterado de la trágica pérdida de Andrey –le dice a Vladimir- Te ofrezco toda mi ayuda.
- Se lo agradezco, pero ahora estoy intranquilo más que nada por el destino de Anna.
- Anna se ha ido a París –lo tranquiliza el zarevich.
- ¿Sin dinero? –se pregunta Vladimir desconcertado- ¿Cómo lo sabe?
Alexander le muestra a Vladimir la carta de Anna. Él la lee con atención y declara que Anna está en peligro.
- ¿De dónde ha sacado eso?
- Al final de la carta, ella dice que se encontrará tan bien en París como con la señora de Volanzh (para las que no se acuerden, era la madame del burdel, a mí me llevó un buen rato darme cuenta).
- No lo entiendo –dice Natasha- ¿Quién es esa señora?
- Anna no podía escribir directamente que ella estaba en peligro- explica Vladimir- por eso ha dejado esta señal.
- ¿Has examinado bien la casa? –pregunta Alexander nervioso.
- Sí.
- ¿Y el sótano?
- Vamos a verlo…
Anna se acerca a la ventana y la coge con la mano, pero se cae…
Vladimir, Natasha y Alexander abren todas las habitaciones del sótano, excepto una, que tiene unos cerrojos enormes. Vladimir intenta abrir la cerradura… todos esperan hasta que la puerta se abre… pero no hay nadie. Vladimir se arrima a la pared confuso.
Zabaluev da a la vieja dueña de la casa un paquete de dinero, comunicándole que le paga la semana por adelantado, y da instrucciones para que diga que él está de viaje si le preguntan. Le ordena que no abra la puerta a nadie mientras que él está fuera y ella se lo promete alegremente: “Claro, claro”. Zabaluev se frota los bigotes…
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