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  • CAPÍTULO 127 Y ÚLTIMO: EL FIN DE LA MALDICIÓN DOLGORUKY
    • Cecilia (no login)
      Posted Mar 17, 2005 1:39 PM

      Vladimir y Anna van en el carruaje abierto por un camino. Ambos tienen los rostros impasibles y están inmersos en sus pensamientos. Vladimir mira fijamente hacia delante…

      - Lo que pasó… -dice Anna con voz débil- Lo que pasó con Andrey…
      - ¡Anna! –la interrumpe Vladimir.
      - ¿Qué?
      - Me he escapado de la cárcel. Cuando vuelva me meterán allí otra vez.
      - ¿Cómo? –Anna se despierta de golpe- ¡Deténgase! ¡Deténgase! –le grita al cochero.


      El carruaje se para en el medio del campo y el cochero, con lágrimas en los ojos, se aparta para no molestar a Anna y Vladimir, que se quedan callados mirándose. Anna piensa “debes escaparte lo más rápidamente posible… no… no… nosotros debemos estar juntos”
      - ¡No te dejaré! –dice finalmente ella en voz alta.
      - Esta no es la vida con la que soñábamos –responde Vladimir amargamente sin mirarla- Vivir escondido…
      - ¿Y consideras que condenarme a mí a una espera eterna es más humano? -dice Anna con dolor.
      - ¿Me esperarás? –pregunta él. Ella no dice nada y Vladimir la mira y baja la cabeza.
      - Perdóname… -suplica Anna. Vladimir respira profundamente, se levanta con lentitud y baja del carruaje con lágrimas en los ojos, parándose de espaldas a ella – Te amo…
      - Yo también te amo… -responde Vova. Anna cierra los ojos y comienza a llorar y después se levanta también.
      - ¡Tengo un destino maldito! –dice ella. Baja del cochecito y se para detrás de su espaldas- ¡No podré vivir sin ti!

      Vladimir cierra los ojos y se da la vuelta, la voz le tiembla:

      - Mi amor… ¿podrás? –la coge de los hombros con cautela- ¿podrás? … Yo tampoco puedo vivir sin ti.

      En ese momento aparece Sonia caminando, con ropa de luto.

      - Sonia, ¿qué ha ocurrido? –pregunta Vladimir.

      - ¡No quiero volver a casa! –llora Sonia.
      - ¿Por qué?
      - Sychiba vive en el bosque… y yo puedo vivir como Sychiba…
      - Ella se castigó así –replica Vladimir perplejo- ¿Por qué te castigas tú?
      - ¡Dejadme en paz! –replica Sonia, que está ya en plena crisis nerviosa- ¡No se donde ir! Mi padre no quiere verme…
      - Seguro que Pedro Mihailovych se ha trastornado tras la muerte de Andrey –la consuela Anna abrazándola- Tu padre te quiere y todo se arreglará.
      - ¿Todo se arreglará? Mi madre tiene la mente enferma, ha confesado que es la culpable de la muerte de Andrey…

      - ¿Qué? –se sorprende Anna, mirando hacia Vladimir.
      - ¡Dios mío! –dice Korf. Se aparta del carruaje a paso rápido y mira fijamente sin ver algún lugar en el cielo. Recuerda la pistola en las manos de Andrey… Cierra los ojos y baja la cabeza con un suspiro.
      - Mi madre cargó la pistola –le cuenta Sonia a Anna- Ella esperaba que muriese mi padre…
      - Vamos a ir a su hacienda y hablaremos con Pedro Mihailovych –se decide Anna- Llegó el momento de poner fin a nuestras desgracias…


      Los Dolgoruky han vuelto a casa tras el funeral. Misha ayuda a la princesa a caminar, porque ella apenas se tiene en pie, y el resto entra detrás.

      Misha ayuda a Dolgorukaya a llegar hasta el diván, donde ella pone los ojos en blanco y se sienta, indiferente a lo que sucede a su alrededor. Liza pide a Tania que traiga el té y ésta va a buscarlo.

      Dolgoruky, que tiene a Paulina cogida de la mano, no puede dejar de recordar los acontecimientos de la iglesia.

      - Su relato… -recuerda el príncipe- No puedo creer… Sé que María es capaz de mucho pero… ¡matar a su propio hijo! –de repente, abre los ojos- ¡Es necesario ordenar que liberen a Korf! Él es inocente de la muerte de Andrey… ¡He sido un estúpido! Le he culpado sin motivo…
      - Es necesario poner muchas cosas en su lugar –señala Liza- Quizá ha llegado el momento de mandar a buscar a Sonia –él la mira agudamente- ¡Por favor, padre! ¡Sonia es tu hija! Y ella sufre mucho.
      - No es necesario molestar a papá aún más… -dice Paulina apretándose contra su hombro.
      - Padre… -continúa Liza- Andrey no puede volver, pero es posible corregir lo que en un momento de rabia decidiste hacer con tus otros hijos… ¡Renuncia a legitimar a esta mujer! –exige señalando a Paulina, que le dirige una mirada de odio- ¿Qué dices, papá?
      - Liza tiene razón –dice súbitamente Paulina haciéndose la compasiva- Vale más esperar un tiempo para legitimarme… Después de lo ocurrido con Andrey…
      - ¡¡Cómo te atreves a nombrar a mi hermano!! –explota Liza- ¡No lo vuelvas a nombrar nunca más!, ¿me oyes? –Misha trata de apaciguarla.
      - Yo no quiero causar mal… -responde Paulina con voz lastimera- simplemente hace mucho que ya os veo a ti y a Sonia como mis parientes…
      - ¡Eso no ocurrirá nunca! –dice Liza con rabia- ¡Tienes tanta sangre Dolgoruky como un sapo!
      - ¡Es suficiente! –interviene el príncipe- ¡Cuanto tengas hijos propios, comprenderás que cada uno de ellos es merecedor de tu amor! Te guste o no, Paulina es mi hija –la abraza satisfecho- y todos tendrán que resignarse.
      - Madre –dice Liza desesperada- ¿por qué callas? –Dolgorukaya solamente la mira y no dice nada.
      - No es necesario, Liza –dice Misha mirando a la princesa- Ella no te ayudará… Príncipe Dolgoruky, le pido que piense seriamente la legitimación de Paulina, es un paso muy serio que afectará a Liza y a Sonia.
      - ¡Mis hijas son unas caprichosas! –explota Pedro- Y yo tengo mi propia opinión. En este corto período de tiempo, he recibido más ternura de Paulina que en todos los años que pasé con ellas.
      - Eso es mentira… -llora Liza- Te he buscado, arriesgando mi vida, y no permitiré a esta impostora que haga que lo olvides. ¡Eres mi padre! ¡Solamente mío y de Sonia!
      - Es mejor que me vaya… -insinúa Paulina.
      - No tengas miedo, Paulina, no tengas miedo… -responde el príncipe- Si Liza y Sonia no te aceptan, viviremos sin ellas. Te doy mi palabra de príncipe de que serás mi hija no sólo en el papel, sino que también vivirás de una forma digna…

      Liza, con lágrimas en los ojos, se lanza al pecho de Misha, que la abraza. Paulina se recuesta alegremente en los brazos del príncipe…


      Modestovych entra acompañando a Prokopevich, el notario, a la sala.

      - He recibido su nota, príncipe Dolgoruky –dice el notario- Y he llegado tan pronto como me ha sido posible. Les acompaño en su sensible pérdida.
      - Gracias, señor Prokopevich –responde Pedro- Ha llegado justamente a tiempo…
      - Confieso que me ha asombrado que quiera ya disponer de la herencia del difunto Andrey Petrovich… Es posible esperar y hacerlo un poco más tarde…
      - ¡Lo he convocado con otro motivo! –lo interrumpe Pedro obseso- ¡Quiero que formalicemos inmediatamente los papeles para legitimar a esta joven e incluirla en mi testamento!

      Paulina a duras penas consigue disimular su alegría. Liza se indigna en silencio y Prokopevich mira la escena con desaprobación.


      Tania trae el té.

      - Discúlpeme –le dice el notario a Dolgoruky- No se si sabe que la legitimación sólo es posible con el consentimiento del altísimo emperador.
      - Eso no me inquieta. El soberano conoce mis méritos ante la patria y no pone ningún obstáculo –Pedro le da un papel y el notario lo lee.
      - Padre, ¡reflexiona! –interviene Liza- ¡Si sigues adelante destruirás nuestra familia!
      - ¡Liza, déjame! –responde Dolgoruky con menosprecio- Hace mucho que no tengo familia. Todo lo que oigo de vosotros son recordatorios constantes de mis errores. Soy un viejo, y también tengo derecho a la comprensión y al amor.

      - Los papeles están en orden y completos –anuncia el notario, que ha acabado de leerlos. Paulina se alegra muchísimo –Estoy preparado para hacer el nuevo testamento.
      - ¡Maravilloso! –dice Pedro satisfecho- ¡Comencemos!
      - Y más tarde grabaré el nacimiento de la señorita en el libro de familias nobles –anuncia el notario.
      - Esto es ahora para ti, querida –le dice Dolgoruky a Paulina entregándole el retrato.

      Paulina besa al príncipe alegremente y en ese momento entran Anna, Sonia y Vladimir.

      - ¡Dios mío! ¿Qué ha ocurrido? –pregunta Sonia.
      - Nuestro padre ha perdido la razón… -responde su hermana.
      - Liza… -susurra Misha.
      - Estoy contento de verlo aquí, Vladimir Ivanovych –sonríe Dolgoruky- Todas sus acusaciones han sido retiradas. Me alegra que estéis presente en la legitimación de mi hija Paulina… -la mira feliz- A partir de ahora… ¡Anastasia!
      - Esto no debe ocurrir… -susurra Anna.


      Sychiba, mirando con cautela a todas partes, sale de la carreta cubierta. El campamento hierve de actividad, los gitanos van de acá para allá y no parecen verla. Ella avanza entre los carromatos con cuidado, pero choca con Rada y el gitano tuerto.

      - ¿Dónde vas Sychiba? –se burla Rada.
      - Es necesario que hablemos.
      - Volvamos a la carreta y en el camino hablaremos por los codos.
      - ¡Tienes que soltarme! El príncipe Dolgoruky hará muchas desgracias, y gente inocente sufrirá…
      - No me importa –dice Rada.
      - ¿Acaso no quieres que el asesino de tu hermano sea castigado? –pregunta Sychiba astutamente- Sé que aliviará tus sufrimientos…
      - Rada, ya basta –el gitano ha perdido la paciencia- Has escuchado sus delirios mucho tiempo.
      - ¡Déjanos solas! –le dice Rada. El gitano se marcha de mala gana- Veo que lo sabes todo… -se burla Rada.
      - No todo –responde Sychiba seriamente- Pero a veces veo sombras… oigo voces… Ellas dicen que tu corazón no se apaciguará hasta que no sea castigado el asesino de tu hermano.
      - Eso lo saben todos, no es necesario que lo diga ninguna voz.
      - Escucha, suéltame y yo… te diré lo que quieres oír –dice Sychiba obstinada.
      - ¿Qué? –pregunta Rada.
      - El asesino de tu hermano está en la cárcel.
      - ¿Cómo sé que es verdad? –pregunta Rada con sospecha.
      - Ven conmigo y te convencerás –le tiende las manos ligadas- ¿Bien?
      - ¡Bien!


      Zabaluev suplica en la cárcel ante Alexander:

      - Todo lo que he contado es verdad… me arrepiento de todo… perdóneme… Mi familia, mi mujer…
      - Debiste pensar antes en tu mujer –responde Alexander imperturbable.
      - ¡Perdóneme! Pero Paulina es una mujer terrible… Le contaré sus fechorías, lo que se ha propuesto…
      - Sobre ti hay otros crímenes… -dice el zarevich- ¿y el asesinato del gitano?
      - ¡¡Fue un accidente!! ¡¡Un accidente!! ¡Me defendí de él porque me atacaba!
      - Lo atacaste tu por tu avaricia incontenible –replica Alexander.

      Zabaluev cae de rodillas.

      - ¡Por Cristo!, ¡por Dios! –aúlla- Perdóneme… no volveré a hacerlo nunca, nunca…
      - Todo esto no te servirá de nada. ¿Recuerdas a la hermana del gitano muerto, Rada? Arriesgó su vida por mí y le prometí que el asesino de su hermano acabaría en la cárcel –dice Alexander- ¡Y mantendré mi promesa!

      El zarevich se marcha rápidamente, y Zabaluev, de rodillas, se tapa los ojos, y horrorizado grita a la puerta “¡No, no, no!”.


      La emperatriz ve a Natasha en palacio y se asombra mucho.

      - Me extraña verte aquí. Yo en tu lugar llevaría todavía luto doble: por el novio perdido y por el amor perdido… Aunque puede que ya estés preparada para encontrar un nuevo amor –le dice la zarina.
      - Después de todo lo que ha ocurrido no podré volver a amar pronto… -contesta Natasha insegura y confusa.
      - Me parece que de nuevo te engañas, Natalie… creo que ya has encontrado un nuevo amor –la replica Carlota- Esto… ¿es el zarevich? –Natasha calla- Espero, que comprendas que así te condenas…
      - Sí… -llora Natasha- Comprendo, Majestad. La princesa María es mi amiga y confía en mí… No puedo traicionarla…
      - ¿Y entonces por qué estás aquí?
      - Es difícil encontrar la respuesta a esta pregunta.
      - Natalie –dice la emperatriz con calor- Quiero que sepas que yo también soy tu amiga… y más que nada me gustaría verte de nuevo en la corte… pero antes de que esto ocurra tienes que tomar una decisión muy importante…

      Alexander entra en la habitación y las interrumpe.

      - ¿Qué decisión es tan importante, madre?
      - Pienso que Natalie… -responde la emperatriz, pero Natasha le hace un movimiento con la cabeza imperceptible para Alexander- Ella te contará todo…

      La emperatriz se marcha y Alexander y Natasha se miran directamente a los ojos.

      - ¿Cuál es la decisión importante a la que se refería mi madre? –pregunta el zarevich. Natasha lo mira en silencio- ¿Vuelves a la Corte?
      - No estoy preparada para responder esa pregunta.
      - Claro, claro, necesitas tiempo para pensarlo… –sonríe Alexander- Pero, Natalie, quiero que sepas que si necesitas mi ayuda, siempre me tendrás.
      - Agradezco al destino que me haya regalado un amigo tan excelente como usted, Alexander Nikolaevich –responde Natasha.
      - ¡Natalie! –dice él tristemente- La Corte sin ti quedará vacía… No puedo imaginarme lo que será…
      - Pronto vendrá la princesa María, y entonces se terminará su aburrimiento.
      - Sí… María…
      - Creo que ya ha llegado el momento de marcharme…

      Natasha hace una profunda reverencia y se vuelve para irse.

      - ¡Espera! –dice Alexander, que cierra los ojos y se acerca a ella, cogiéndola de la mano- Si te vas… nunca nos diremos el uno al otro lo que debemos…

      Natasha se vuelve a él con los ojos brillando por las lágrimas.

      - ¿Y sabéis qué es?
      - Sí, lo sé –responde Alexander con voz entrecortada- Pero no puedo decir nada mientras no sepa tus deseos… y tu decisión.
      - Mis deseos… -contesta ella con amargura, pero de repente cambia su actitud- Es necesario dejar pasar el tiempo… Quiero comprender lo que siento… Quiero que no quede ni una gota de duda –le mira de nuevo- Porque sé con seguridad… que las dudas matan el amor…
      - No me atrevo a detenerte más, Natalie –dice Alexander mirándola con ternura- Tomes la decisión que tomes… la respetaré.

      Natasha tarda un poco y después, con cautela, suelta la mano de Alexander, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas. Él la saluda y ella hace una reverencia. El zarevich cruza la puerta de la habitación, se vuelve, y la cierra muy lentamente…



      Mientras tanto, en la hacienda Dolgoruky, Anna le suplica a Pedro Mihailovych.

      - ¡Príncipe Dolgoruky, le pido que no haga eso!
      - ¡No la escuches, padre! –dice Paulina, que salta adelante y se interpone entro los dos- Anna siempre me deseó el mal.
      - Tranquilízate Paulina –le replica Anna- ¡Me siento muy contenta de que tengas una familia ahora! Pedro Mihailovych, perdóneme, por Dios, yo no debo intervenir en esto, probablemente… ¡pero le pido que no haga daño a sus hijos! ¡Mire cómo sufren! –dice señalando a Sonia- Necesitan su apoyo. ¿De veras pensáis que Paulina estará siempre cerca de usted y nunca os separaréis? –Dolgoruky la escucha en silencio, con aspecto taciturno…- ¡No puede cambiar a su familia por una hija nueva!
      - ¡Padre! –interviene Liza, abrazada a Misha, que la acaricia- ¿No ves que ella sólo quiere tu dinero? Por eso te ha enemistado con Sonia y conmigo.
      - ¡Yo no he hecho nada! –se escandaliza Paulina- Las dos os enemistaríais con cualquiera. No he dicho nunca una palabra mala sobre vosotras –Misha balancea la cabeza…
      - ¡Pedro Mihailovych! –suplica Anna- ¡Todos vuestros hijos os necesitan!
      - Permítame preguntarle, señora –explota Pedro Dolgoruky- ¡¿sobre qué base intervenís en mi vida privada?!

      En ese momento irrumpe Sychiba:

      - Sobre la base, Pedro Mihailovych, de que ella es vuestra hija: ¡Anastasia! –dice firmemente.

      Anna abre los ojos y se vuelve hacia Sychiba… Vladimir la mira asombrado… Dolgorukaya se despierta de repente y muestra interés por lo que ocurre… Anna mira a Paulina… a Pedro… Dolgorukaya se levanta y se asoma por el hombro de su marido mirando a Anna con asombro…

      - Anna…. –se sorprende Pedro… -¿Es verdad?... ¿Anna es mi hija?
      - ¡Es verdad! –responde Sychiba- Tan verdad como que ahora estoy plantada ante ti.
      - ¡Me aseguraste que Paulina era Nastia! –dice Pedro, balanceando la cabeza. Paulina lo toma de la mano.
      - Sabía que Anna lo pasaría mal si se supiera la verdad. Tu mujer… -señala a Dolgorukaya- no se pararía para destruir todo lo que le recordase tu aventura con Marfa.

      Al oír estas palabras, la princesa cierra los ojos y se aleja de Pedro…

      - ¿Por qué a mí…? –pregunta Paulina con lágrimas en los ojos- Todos me escupen siempre… ¿Y si la princesa soy yo…?
      - ¡¡Tú sabías que no eras la princesa!! -grita Sychiba- ¡Y has hecho de todo para esconder la verdad! ¡Pagaste a los gitanos para que me llevasen lejos!
      - ¿Es eso verdad, Paulina? –le pregunta Dolgoruky. Paulina se abraza a él.
      - ¡Ella miente! ¡Lo juro por la santa cruz! ¡Miente!

      - No mientas más… –interviene Rada burlona desde la puerta- Sychiba dice la verdad.

      Dolgoruky aparta a Paulina…

      - Esto significa que… ¿sabías hace mucho tiempo que Anna era mi hija perdida? –en los ojos de Paulina aparece el miedo.
      - ¿Por eso incitaste a Zabaluev a que la encerrase en el sótano? –interviene Vladimir, que le coge el retrato de las manos y empieza a examinarlo.

      - ¿Y cómo supo Paulina que Anna era…? –interviene Liza asombrada.
      - El retrato… -susurra Vladimir- Paulina ha reconocido el collar.
      - ¡Ese collar era de mi madre! –dice Dolgoruky que también mira con atención el retrato- Hace veinte años se lo envié al viejo barón Korf para que se lo entregase a Marfa…
      - Pero Marfa no lo recibió… -declara Vladimir pensativo.
      - Iván Ivanovich me regaló este collar antes de mi primera intervención en el baile –interviene Anna emocionada- Él dijo que pertenecía a una mujer que… se enorgullecería mucho…

      Todos se reúnen cerca del retrato contemplado con curiosidad a la mujer rubia que posa con las joyas familiares. Paulina, aprovechándose de que nadie la observa, se dirige disimulando hacia la puerta, y abandona la habitación.

      - Esto significa que eres nuestra hermana… Anastasia –dice Liza, mirando a Anna con simpatía.
      - No puedo creerlo… -dice Anna confusa, se vuelve a Sychiba insegura- ¿Puedes explicarnos lo que ocurrió?
      - Ha llegado el momento… -sonríe Sychiba- Ahora os contaré la verdad sobre Anastasia…


      Paulina sale al pasillo y da algunos pasos, cuando aparece Modestovych, que la detiene cogiéndola por el hombro. Al sentir su tacto, ella levanta orgullosamente la cabeza, pero el tono de Modestovych es zaheridor.

      - ¿A dónde vas con tanta prisa? ¿No quieres conocer el final de la historia?
      - ¡Sé cuál es el final! –responde Paulina- Como es habitual, Anna recibirá todo y yo nada… Qué pena que Zabaluev sea tan tonto, no consiguió deshacerse de ella.
      - ¡Humm! –dice Modestovych arrugando el entrecejo- De todos nosotros eres la más feroz…
      - Yo pensaba que eso te gustaba… -coquetea ella.
      - Eres una tonta, Paulina. No sé qué vi en ti.
      - Pues me juraste amor, Karl Modestovych –dice ella, que de repente parece cansada.
      - ¿Qué vas a hacer ahora? –pregunta él con interés.
      - Me voy a San Petersburgo –dice Paulina descuidadamente- Ahora tengo suficiente dinero.
      - ¿Y qué vas a hacer? –pregunta Modestovych burlón- ¿Aún quieres ser actriz?
      - ¿Por qué no? –dice Paulina con soberbia- He conseguido representar a una hija amorosa así que… ¡Recuérdame! Te enviaré un billete… para mi primera actuación.

      Paulina sonríe y besa impetuosamente a Modestovych en la mejilla. Éste de repente la atrae hacia sí y la besa apasionadamente en los labios. Paulina no lo rechaza y su beso se hace aún más intenso… Después ella se aparta con desgana evidente, y sale orgullosa. Modestovych se relame y la sigue con la mirada…


      En la sala todos están en silencio esperando a que Sychiba hable.

      - Sychiba –suplica Tania emocionada- dime qué ocurrirá con mi hijo, ¿qué era lo que decías de la maldición?
      - No tengas miedo, no tengas miedo… Ahora la maldición no te tocará.
      - ¿Qué maldición? –pregunta Liza inquieta- Ya no me asombro de nada…

      Sychiba empieza a recordar…

      - Todo comenzó con la abuela y el abuelo de Pedro Mihailovych… -comienza Sychiba. El príncipe la mira fijamente.
      - Recuerdo que la emperatriz me contó que los padres de mi padre habían muerto y él había sido educado por sus abuelos –la interrumpe Liza.
      - Eran gente mala… -susurra Dolgorukaya de repente- Malvados… Cínicos…
      - Es cierto –confirma Sychiba- Ellos eran malvados. En el día de su boda ofendieron cruelmente a un viejo mendigo que había ido a la iglesia a pedir limosna. La novia se rió de sus mutilaciones y el novio lo golpeó con su bastón. Y entonces el viejo los maldijo: sus hijos y los hijos de sus hijos nunca serían felices… Ellos amarían, pero nunca podrían reunirse con el ser amado…

      La habitación está en completo silencio…

      - En la casa de los Dolgoruky –continúa Sychiba- había una sierva llamada Anastasia. El padre de Pedro se enamoró de ella, pero sus padres no bendijeron esa unión y los dos fueron obligados a irse de la hacienda… Vivían en un pueblo en medio de una gran miseria, y cuando nació Pedro, hubo una epidemia de cólera en aquel lugar. Sus padres murieron, y sus abuelos recogieron al chiquitín…
      - ¡Cuánto horror…! –dice Liza, bajando la cabeza. Misha la abraza por los hombros.
      - Tienes razón –reconoce Dolgoruky- No sabía realmente qué había pasado con mis padres y todo lo que había quedado eran las cartas de mi padre a mi madre, el anillo con la inscripción de Anastasia, el collar y el retrato…

      - No puedo comprenderlo –le reprocha Vladimir a Sychiba con las manos cruzadas en el pecho- ¿Por qué robaste a Anna a Marfa?
      - Yo no robé el niño a Marfa –dice Sychiba- Se lo robó el barón Korf…

      Todos se asombran y gesticulan. “Sychiba recuerda la iglesia vacía y ella entrando con el niño arropado en la almohada para bautizarlo…”.

      - Llevé el niño a bautizar –explica- Pero el padre Gueorgui había partido a Dolgoruky porque en aquellos días había nacido Liza antes de plazo... Había una ventisca terrible, tenía miedo de perderme con el niño por el camino… y yo lo bauticé.

      “Sychiba recuerda la grabación que hacía en el libro… Cuando escribía la última palabra, una mano masculina la había parado...”

      - El barón sabía que la unión de Pedro con Marfa traería un tormento enorme a su familia, y trataba de que el matrimonio de sus amigos no se destruyese… Por eso me ordenó decir a Marfa que su hija había muerto. Él se encargaría de dejar a la niña con una buena familia para que la educasen bien.

      “Sychiba recuerda la discusión con el barón, y como él se había marchado de la iglesia con el niño”.

      - ¿Pero entonces por qué me crió él después de la muerte de mis padres adoptivos? –pregunta Anna emocionada.
      - Él… Toda la vida se sintió culpable por lo ocurrido, por su comportamiento con Marfa. Cuando tus padres adoptivos murieron quiso que fueses a vivir con él y educarte como su propia hija…

      Anna se vuelve hacia Dolgoruky y le mira con ojos grandes y expresivos. Dolgoruky la mira…

      - Debí… -dice el príncipe con voz suave- comprender hace mucho tiempo que tú eras mi hija… ¿Me perdonas? –Se vuelve hacia los demás- ¿Me perdonan ustedes por todo lo que…?

      Sonia lo coge de la mano y se la acaricia con ternura…

      - Para mi ya no existe el perdón –interviene María Aleekseva llorando.
      - Dios te perdonará –le dice Sychiba – Su misericordia es infinita.
      - Me iré a un monasterio… -susurra Dolgorukaya- A rezar… -coge a Vladimir por la mano- Usted… rece por mí –mira a Liza- Tenéis que preocuparos del hijo de Andrey…

      Dolgorukaya sale de la habitación lentamente.

      - ¡Sychiba! –interviene Rada- Prometiste que el asesino de mi hermano sería castigado.
      - Él está en la cárcel –le explica Vladimir- Por orden del heredero.
      - Recibirá su castigo –añade Misha.

      - Aquí no han quedado más misterios –dice Sychiba serenamente -¡Se ha terminado la maldición Dolgoruky!

      Vladimir coge a Anna, se inclina hacia ella y aprieta su mejilla contra su pelo. Anna cierra los ojos y sonríe… Liza inclina la cabeza hacia el pecho de Misha y él la abraza…


      Suena “A mí no zhal…” mientras transcurren varias escenas:


      En la frontera se detiene un carruaje que parte de Rusia… Olga Kalinovskaya se asoma y ve el indicador hacia Varsovia. La barrera se levanta y el carruaje prosigue su camino…


      En la celda de un monasterio está sentada una mujer inmóvil, vestida con ropas negras… Es María Aleekseva Dolgorukaya... Su mirada está fija en la lejanía…


      Sobre la tierra caen pantalones, camisas, zapatos… En el zaguán está toda la servidumbre de la casa Dolgoruky satisfechos mirando a Modestovych que se va por el camino. Él, sin recoger sus cosas, mira hacia atrás y se va, con las manos a la espalda… (genio y figura hasta la sepultura este Modestovych!!).


      En un teatro, Paulina barre diligentemente con su escoba…


      En la cárcel, una rata corretea encima de la mesa de una celda. Zabaluev, en mangas de camisa, agarra la escudilla y la cuchara y comienza desesperadamente a golpear con ellas, intentando asustar al animal, que no reacciona… Con mirada de loco, coge de la mesa una medalla y trata de ponérsela en el pecho... La expresión de su rostro se hace orgullosa e importante… Pero la medalla se desprende en el acto, y él la busca con avidez…


      NIkita se echa la alforja al hombro, mira con lástima hacia la casa, y se marcha a emprender una nueva vida…


      La puerta de una celda se abre… En ella está sentada a la mesa Marfa, que observa intensamente a la persona que entra… Anna se para en el umbral y la mira con ternura… Marfa está feliz, y entrega a Anna el anillo… Las dos lloran de alegría y se abrazan…


      Alexander escribe varios papeles en su gabinete… Unas manos femeninas enguantadas le tapan los ojos… Él da un salto y se vuelve… Es María, que le sonríe… Sasha, feliz, le besa la mano… Después los dos se miran el uno al otro y se dan un tierno beso…


      Sonia dibuja a Tania, que teje sentada en el sofá. Tiene una barriga enorme. Cerca de ella lee Dolgoruky. Tania le mira, deja de tejer y sonríe… Él vuelve a ella la cabeza y sonríe también.


      En la Iglesia… tiene lugar una boda. Primero vemos a Misha… después a Liza… tras ella Vladimir… y finalmente Anna.

      Liza y Misha se miran y sonríen... Sonia les mira… Tras ella, Natasha llora…

      Bárbara se inclina hacia Sychiba.

      - Siempre dijiste que Liza se casaría con Vladimir –susurra la cocinera. Sychiba sonríe.
      - Veo las imágenes del futuro… Pero a veces ellas juegan conmigo… Y bien, mira, ¿tú qué dirías? Los dos están juntos ante el altar… ¡y son felices!

      En ese momento Vladimir y Liza se miran el uno al otro y sonríen… Vova le hace con los ojos el signo de que todo está bien…


      Más tarde, en la puerta de la Iglesia aparecen Misha y Liza, que saludan felices. Todos les echan arroz… Tania sonríe alegremente… Los padres de Misha se abrazan contentos…

      Salen Anna y Vova… Vladimir mira a Anna, que ríe feliz…

      Abajo, Misha y Liza cogen dos palomas blancas y las echan hacia arriba a la vez… Las palomas remontan el vuelo sobre la cúpula…

      Vladimir coge a Anna en brazos y comienza a besarla…

      La luz se apaga…y FIN (de la primera parte, según dice nuestra amiga rusa)
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    Muchas gracias por poner tu adelanto!!!