AQUÍ ESTÁ!!! mi querido y añorado ''PEPE MARTIN!!!!

by Marta Romantica

 

AUN DICEN QUE SOY EL AUTENTICO CONDE

Por Pepe Martín

A las órdenes de Pedro Amalio López, este actor dio vida en 1969 al conde de Montecristo en una serie de television. El éxito fue tal que, según sus palabras, hoy aún se le reconoce como el "legítimo" Conde.

Cuando leí que Gérard Depardieu iba a ser El Conde de Montecristo para la TV francesa me hizo gracia. Lo primero que se me ocurrió es algo que ya sabía: es una historia apasionante, un papel que han hecho siempre grandes actores. ¡Un subidón de autoestima! Luego pensé en mi Conde, en ese "éxito que sorprende a la propia empresa" que fue la emisión de la serie. Era la más larga que se pasaba por TVE (canal y medio entonces), pero era "una novela más". Eso sí, tuvo su mínima ración de exteriores. Como presumo de buen nadador, pude llegar exhausto a una auténtica playa después de la fuga de la cárcel, con mi barba superpostiza en la mano. Hubo que repetir la toma, claro.

Ésta fue una de las tantas anécdotas de la grabación. Pero quizá la más sabrosa es que la censura (¿recuerdan?) prohibió la palabra venganza y cada vez que Edmundo reconvertido en mundano Conde decidía vengarse, hablaba de derecho, de obligación. Bastante más fuerte, ¿no? Pues así era, lo juro. Bueno, jurar tampoco se podía. Como tampoco se podía hablar de amante. La princesa Haydée era una compañera ¿sentimental? Las acotaciones del guión decían: "Se besan, pero no en la boca". Yo, disciplinado, seguía la indicación al pie de la letra. Insisto: bastante más fuerte, ¿no?

Escribo esto y yo mismo me siento "el monstruo de tiempos remotos". La vengeance est un plat qui se mange froid (la venganza es un plato que se come frío), se dice en Francia. Y es cierto que yo gocé eliminando, poniendo fuera de juego fríamente, con premeditación y alevosía, a todo el que me había hecho la puñeta. Recuerdo esta sensación como el más fuerte de mis sentimientos al interpretar el personaje. Me sentía, como describe el autor, muy byroniano, con una cierta melancolía en la ejecución de mis planes, sólo sensible a la sombra del amor que fue, frío por fuera y ardiente por dentro. Tenía en aquel momento le physique du rôle, encarnaba el ideal de Dumas. O así me dijeron. Lo que a estas alturas de mi vida me ha reconciliado definitivamente con mi Conde, después de haber huido de él tantos años, es que aún se me reconoce (otro subidón de autoestima). Aún me dicen por la calle, después de tantas versiones que ha pasado la tele, que yo soy "el auténtico, el legítimo". A ver si ahora Depardieu me quita el título... Sería una buena venganza.






Escrito desde Aug 15, 2006, 1:55 PM
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