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  • Escuadrilla Madrid-Leningrado... una ida de olla mía
    • (Acceso Fernando_Fresnillo)
      Posted Nov 27, 2009 11:00 AM

      Hola seres humanos, aquí estoy, para variar después de un tiempo de no asomar la nariz; y es que al no tener por ahora Internet en casa me da más tiempo para maquetear, y así estoy teniendo una productividad (para lo que es en mí costumbre) desacostumbrada. Esta vez, ¡oh sorpresa! con una entelequia para intentar dignificar un von Puffen. El caso es que tenía yo por casa una maqueta del Fw190 (todos tenemos algún pecadillo de juventud, y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra de body-putty) y pensaba hacer algo para que no fuera lo de siempre, a saber, el avioncito del Generalfeldwebeluntersturmführer von Dummkopf, que es ya bastante cansino y rancio, sino algo un poco distinto. Y entonces se me ocurrió la historia siguiente...
      Felipe Lotas era un piloto republicano que no pudo huir de España terminada la Guerra Civil y fue capturado, pasando una temporada en prisión. Tras un par de años de estar a la sombra, y no precisamente de los pinos, las autoridades le pusieron en la disyuntiva de unirse a la División Azul o bien dejar de fumar definitivamente por el expeditivo método del fusilamiento. A Felipe Lotas no le convencía demasiado la idea de dejar de proporcionarle beneficios a los estancos así, a las bravas, y no tuvo más remedio que marchar alegremente hacia la Unión Soviética al paso alegre de la paz. Dicho sea de paso, nuestro protagonista ya conocía el país, puesto que había estado en los cursos para aviadores de la República en Kirovabad; sólo que en aquella ocasión, además de estar algo menos coaccionado por las circunstancias, disfrutaba también de la compañía de las bellas jóvenes soviéticas que confraternizaban con los españoles, aprovechando la circunstancia de que la mayoría de los soviéticos, siguiendo sus más ancestrales costumbres, preferían la compañía del vodka hasta caer redondos.
      En esta ocasión, la compañía de que disfrutaba Felipe Lotas no era tan de su agrado como en su anterior visita a la Madre Rusia. Y sus peores sospechas se vieron todavía amplificadas en cuanto conoció al famoso piloto (que ya estuvo en España volando para la Legión Cóndor, y que por ello aunque malamente algo de español hablaba) Rudolf von Puffen, el primo rarito del famoso (y pesado, que todo hay que decirlo) Otto von Puffen, el cual no paraba de darle la paliza con lo mucho que le gustaban los españoles. Al principio Felipe Lotas pensaba inocentemente que dicho gusto se reducía simplemente a una amable simpatía por los ciudadanos nacidos en nuestra piel de toro, pero sus bienintencionados pensamientos se vieron bruscamente interrumpidos por la desagradable experiencia de, en una fiesta de hermanamiento entre alemanes y españoles, ver a von Puffen vestido, supuestamente de gitana pero en realidad con más parecido a una versión cutre salchichera de Carmen de Mairena haciendo de Anne Igartiburu mientras dice Hola corazones, Marina Horror, ¡qué guay!, para cantar en su mal español Él vino en un baaarrcoooo... de nombre extranjeeeerooooo... a la vez que miraba sin recato a nuestro protagonista ante el regocijo y el choteo del resto del personal, con su consiguiente y comprensible malestar.
      Pero la puntilla llegó un par de días después: en una guardia nocturna en la que casualmente ambos coincidieron, Rudolf von Puffen le dijo a nuestro héroe: Mmmmh, ojos negros tienes, tontorrón. ¿Te gustan las pelis de gladiadores?. Ante la aparente incomprensión de Felipe Lotas, al que no le apetecía que ese tipo se le insinuase, como no recibió respuesta continuó von Puffen diciéndole que quería ponerlo mirando pa la Meca. A nuestro protagonista la acepción más literal no le agradaba, ya que le gustaba demasiado el jamón y el vinillo como para tener que abandonarlo para ingresar en la comunidad de fieles del profeta, pero la acepción menos literal y también más guarrindonga de la expresión le hacía todavía menos gracia. Así que, harto de combatir del lado de quienes no quería estar, añorando a las jóvenes y hermosas eslavas y encima, y lo peor de todo, siendo acosado por un aparente predicador de Mahoma con intenciones realmente más aviesas, improvisó en el momento un plan, haciendo honor a la inventiva española: simulando acceder a las invertidas proposiciones de von Puffen, le sugirió empezar por atarle las manos, a lo que el teutón contestó: Sí, sí, qué divertido, para una vez hecho esto arrearle un mamporrazo en la cabeza que lo dejó momentáneamente indispuesto, y terminar huyendo para pasarse del lado de los sóviets mientras gritaba fuera de sí : ¡Anda y que os den, en el caso de que no os guste!.
      La tentativa de fuga de nuestro héroe, al lado de la cual la Odisea de Homero parecía las aventuras de Pocoyó, se vio coronada por el éxito, y es ahora cuando damos un pequeño salto en el tiempo hasta septiembre de 1944, cuando el Ejército Rojo avanzaba hacia el territorio del Reich. Después de resistir el asedio nazi en el sitio de Leningrado, Felipe Lotas y sus compañeros acompañaron en su avance a las fuerzas soviéticas, tomando un aeródromo en Letonia. Y fue allí donde se encontraron, entre otros bélicos despojos, con un perjudicado y bastante hecho un asquete Fw190, al que habían despojado de la hélice y la cubierta de la cabina

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      Lo primero que hicieron las tropas soviéticas fue borrarle las ignominiosas insignias nazis

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      Para a continuación camuflarlo con un esquema invernal, ya que se acercaba el gélido invierno ruso. Pero, en cuanto los españoles inspeccionaron el aeroplano capturado, algo inesperado pasó: los compañeros de Felipe Lotas salían de la cabina riéndose y mirándole de reojo. Nuestro protagonista, un tanto mosqueado por tan misterioso cachondeíto, preguntó a sus compañeros el motivo de tanta chanza y, al no recibir respuesta, decidió entrar en la cabina para comprobarlo él mismo. Y cuál no fue su sorpresa, al ver que en el interior de la cabina había fotos suyas, muchas de ellas modificadas en cutres fotomontajes (por ejemplo, aparecía su cabeza pegada sobre el cuerpo de un culturista o de un marinerito del más puro estilo Village People), además de letreritos por toda la cabina en los que se leía Rudolf y Felipe dentro de un corazoncito. Al grito de: ¡Me cagüen mi puta calavera, me cagüen mi estampa cochina, me cagüen Chichiputi!¿Pero es que ni aquí me va a dejar ese degenerado en paz? y entre las ya irreprimibles carcajadas de sus compañeros, Felipe Lotas dedujo dos cosas: que aquél era el avión de Rudolf von Puffen, y que era muy necesaria una venganza en condiciones.
      Mientras tanto, en Moscú, el Padrecito Stalin estaba muy cabreado: las cifras de purgados en los últimos días no hacían más que descender, probablemente porque ya quedaba cada vez menos gente que purgar. Sabedor del peligro del mal humor del tovarish Koba, un Mariscal del Aire al que le gustaba empinar el codo con delirio le propuso tomarse unos vodkas para espantar los malos humos. Y así fue que, unas tres botellas de vodka después, como quien no quiere la cosa, de una etílica propuesta para ver qué narices se hacía con los pilotos republicanos españoles que no dejaban de pedir que les dejaran volar, surgió la Escuadrilla Madrid-Leningrado, que era la equivalente a la Normandie-Niemen pero en versión celtibérica.
      Aprovechando la oportunidad, Felipe Lotas decidió que su venganza sería pilotar el mismo Fw190 de Rudolf von Puffen: ya que su caso había pasado al terreno de lo personal, parecía lo más justo. Él mismo se encargó de que se instalaran lo antes posible la hélice y la cubierta de la cabina en el antaño aparato de su enemigo y admirador, para entrar cuanto antes en combate. Y, de esta guisa, fue como nuestro héroe fue el piloto español más condecorado de la URSS, pilotando su famoso Dora-9 capturado con las marcas de la Madrid-Leningrado. A saber, a mayores de las insignias soviéticas portaba la tricolor en la deriva, yendo el buje de la hélice y las puntas de los planos en rojo. Siendo las fuerzas aéreas soviéticas poco amigas de las bandas en el fuselaje, éstas no aparecían en los aviones de la Escuadrilla, pero lo que sí aparecía eran los emblemas de antiguas escuadrillas republicanas, como en el caso de Felipe Lotas, que portaba el trébol de cuatro hojas del Grupo nº 13

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      Bueno, pues aquí termina la historia de Felipe Lotas, héroe por accidente o más bien por un cabreo de narices, bastante comprensible por otro lado. Y ya sabéis, si alguien quiere unirse a la Escuadrilla Madrid-Leningrado, el mismo Felipe Lotas le dará la bienvenida. Saludos y abrazotes desde Ferrol


      Fernando, el Windows del modelismo (recorta, pega y colorea)


      ¡Planta de gas fuera de la ría de Ferrol!
      Reganosa = ilegal + peligrosa
      http://es.youtube.com/watch?v=IvjwhA1X8og
      http://es.youtube.com/watch?v=xFTzfTwFCr0
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