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seducción a la italiana. Cap. 3

October 8 2007 at 4:16 AM
arecia  (no login)
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Seducción a la italiana. Cap. 3

Entre susurró ella con voz quebrada. Esteban, frunciendo el ceño, debió pensar que estaba mareada.
_ Héctor_ dijo él simplemente, sin andarse con rodeos.
_ ¡No puede despertarle!_ declaró ella con voz trémula.
Los ojos color aceituna se endurecieron.
_ ¡Dios mío!_ pero logró controlarse y apretó los labios_. Dígame dónde está. Arriba, ¿verdad?
Enfurecido, Esteban empezó a andar hacia la gran escalinata. Ella trató de intercederle el paso y la toalla con la que se había cubierto el cabello se le cayó.
Con gotas de agua cayéndole sobre los hombros, María le agarró el brazo. Esteban se detuvo y la miró con expresión de inescrutable.
Era como tocar acero. Alarmada por la ilógica intimidad de lo que estaba haciendo, María apartó la mano. Un cosquilleo le recorrió el brazo. Aquel hombre era eléctrico, pensó ella confusa.
_ ¿Qué?_ inquirió él con una voz ronca que hizo que a María le flaquearan las piernas. María tragó saliva.
_ Tiene que prometérmelo_ dijo ella, aún sin poder controlar su respiración... ni ninguna otra cosa.
El miedo estaba provocando extrañas reacciones en su cuerpo.
_ ¿Prometerle qué?
María se pasó la lengua por los labios para poder hablar otra vez.
_ ¡Que no le va a despertar!
Ya veo que se preocupa por mi hijo observó Esteban mientras contemplaba la expresión angustiada de ella.
_ ¡Sí! Lo adoro, lo adoro con todo mi corazón_ gritó ella con apasionada intensidad.
Los ojos de él se suavizaron durante unos instantes. Los de ella también. Esteban era hipnotizante, María no podía apartar la mirada de él.
_ No le despertaré_ prometió Esteban con solemnidad, mirándola a los ojos_. Es solo que... En fin, supongo que comprende las ganas que tengo de verlo después de tanto tiempo.
_ ¡Pero no se lo lleve!
A eso es a lo que he venido observó Esteban secamente.
María se sintió mareada.
_ ¿Quiere decir que va a sacarlo de la cama para meterlo en su coche y llevárselo? _ gritó ella horrorizada. Esteban parpadeó.
_ ¿Le parezco un bárbaro?_ preguntó él fríamente.
_ No sé, no conozco a muchos bárbaros. Lo que sí sé es que tengo que proteger a Héctor_ contestó ella angustiada_. Tengo su custodia.
Las cejas de Esteban se juntaron de forma alarmante, y ella se dio cuenta de que le había insultado profundamente al sugerir la posibilidad de que fuera un salvaje.
_ ¿Tiene legalmente su custodia? ¿Con papeles, firmas y por mediación de abogados? María quiso mentir, pero no pudo.
_ No.
_ En ese caso, legalmente, no tiene ningún derecho_ declaró Esteban, destruyendo las esperanzas de ella.
_ ¡La ley! ¿Qué tiene que ver la ley con...?
_ ¡Todo!_ la interrumpió Esteban_. Y ahora, escúcheme, María. No voy a seguir aguantando su hostilidad ni sus sospechas. Supongo que Patricia debió darle su versión de los hechos. Bien, pues según mi versión...
_ ¡Sé todo lo que hay que saber sobre usted!_ gritó María.
_ No, no sabe nada sobre mí. Lo único que ha oído son mentiras. ¡Va a escucharme, aunque tenga que atarla para ello!
María dio un paso atrás, asustada por la ira que vio en él. Si se ponía violento, quizá no le quedara más remedio que llamar a la policía. Sin embargo, lo mejor que podía hacer en ese momento era obedecerlo, dejarle ver a Héctor y explicarle la situación.
Lo escucho dijo ella fríamente_. Vamos, adelante.
Esteban se cruzó de brazos y sus ojos oscurecieron. María se dio cuenta de que la sombría expresión de él no tenía nada que ver con ella, sino con el profundo dolor que había albergado en lo más profundo de su ser durante mucho tiempo.
Algo en la expresión comprensiva de ella debió tranquilizarlo porque Esteban, mirándola, asintió y dijo:
_ Gracias.
Después, clavó en ella esa mirada penetrante y comenzó:
_ Hace catorce meses Patricia se llevó a Héctor de mi casa. Sin aviso ninguno. Cuando fui a trabajar, mi hijo estaba en casa, cuando regresé ya no estaba. El vestidor de Patricia estaba vacío y tampoco estaban las ropas de Héctor. No recibí ninguna noticia, nada. Mi hijo había desaparecido de la faz de la tierra. En realidad, ni siquiera sabía si estaba vivo o muerto... hasta esta mañana...
María sintió el sufrimiento de él y se le contrajo el estómago.
_ ¡No puedo creer lo que está diciendo!_ exclamó ella jadeante_. ¿Pensaba que podía estar muerto? ¡Eso es terrible! ¿Cómo ha podido soportarlo? Si lo que dice es verdad...
_ ¿Verdad? ¡Claro que es verdad!_ estalló Esteban_. ¿Por qué iba a mentir? ¿Acaso cree que me gusta atormentarme a mí mismo? Usted no sabe lo que he sufrido por culpa de su hermana adoptiva.
María se sonrojó.
_ No, no lo sé. No sé qué pensar. He oído dos ver¬siones distintas y me siento confusa. Me parece increíblemente cruel que alguien pueda hacer algo así y...
_ Pues ha sido así de cruel. Lo que Patricia hizo fue como clavarme un puñal en el corazón.
Oh María respiró profundamente mientras se preguntaba qué habría pasado entre Esteban y Patricia_. Debía odiarla mucho.
Los ojos de él mostraron dolor.
_ No quiero seguir hablando de ella.
María se dio cuenta de que no debía presionarlo. Sin embargo, Esteban debía haber provocado a Patricia hasta límites insospechados para que esta hubiera recurrido a algo tan drástico.
El temor hizo que los ojos de María se agrandaran. Agarró la barandilla de la escalera en busca de apoyo, cada vez más decidida a no dejar a Héctor en manos de un hombre de tan dudoso carácter.
_ Evidentemente, no estaba enterada de todos los detalles_ María alzó la barbilla con gesto obstinado, sus ojos violeta lanzaron chispas de advertencia. Se prometió a sí misma llegar al fondo de aquel asunto antes de que Esteban pudiera tocar un solo pelo de la cabeza de Héctor_. Pero sigo sin saberlo todo y...
_ María, estoy haciendo un verdadero esfuerzo para no olvidar mis modales, pero se me está agotando la paciencia. No me cuesta mantener el control... siempre y cuando no se trate de algo que me afecta íntimamente, como en este caso. Por última vez, dígame dónde esta mi hijo, o me pondré a buscarlo por toda la casa.
_ ¡Tengo miedo de que se lo lleve!
_ Naturalmente que voy a llevármelo_ le espetó él_, es mi hijo. Desde que me lo arrebataron, no ha pasado ni un solo segundo que no pensara en él.
Sus palabras eran sinceras y la afectaron. Esteban quería a su hijo y tenía derecho a estar con él. Ella, vencida, bajó la cabeza y de sus cabellos cayeron gotas de agua que hicieron marcas en el vestido. Sintió un profundo dolor al pensar en perder a Héctor, un dolor que aumentó al imaginar la angustia del pequeño.
_ ¡Oh, no!_ gimió ella-. No...
Desesperada, le pareció que iba a desmayarse; pero unas fuertes manos la sujetaron, enderezándola como si no pesara nada. Se sentía mareada, pero sabía que debía estar más despierta que nunca y centrada.
_ ¡María!_ murmuró él con preocupación_. ¿Qué le ocurre?
_ ¡Es el miedo!_ contestó ella con lágrimas en los ojos.
_ ¿Qué?_ el perplejo rostro de Esteban estaba muy cerca del de ella_. ¡Explíquese!
Alzando el rostro, María hizo un esfuerzo por no ahogarse en el verdoso de aquellos ojos.
_ Tengo miedo de que se lo lleve ahora. Es prácticamente un bebé, Esteban, y se asustará si se lo lleva_ declaró ella con voz trémula_. ¡No haga nada antes de oír lo que tengo que decirle!_ le rogó ella con desesperación_. ¡Por favor, Esteban! Créame, es por el bien de Héctor.
Esteban, de repente, parecía agotado.
_ ¿Qué quiere decir? ¿Está enfermo? ¿Le ocurre algo a mi hijo?_ preguntó él con fiereza.
_ No, no. Físicamente, está muy bien_ María parpadeó al sentir la fuerte presión de las manos de Esteban_. ¡Por favor, me está haciendo daño!
_ Perdóneme_ el cuerpo de él se relajó_. Le ruego me disculpe. Estoy disgustado y preocupado. Estaba tan angustiado que no sabía lo que hacía.
Con suavidad, Esteban le frotó la parte del brazo en la que había clavado sus dedos.
Me ha puesto muy nervioso confesó Esteban_. Durante un momento, me ha hecho temer lo peor.
_ Por favor, no se preocupe. El niño está perfectamente_ le aseguró ella_. Quizá lo mejor sea que vaya a verlo. Después, déjeme que hable con usted.
Esteban frunció el ceño y luego se encogió de hombros.
_ Está bien. De acuerdo, hablaremos. Pero tendrá que ser breve, tengo que tomar un avión.
María contuvo un gemido. ¡Un avión! No con Héctor, se juró a sí misma. Eso estaba fuera de toda cuestión. Al menos, él había accedido a escucharla. Tenía la oportunidad de persuadirlo, de convencerle de que llevarse a su hijo a Italia sería un grave error.
Gracias susurró ella.
Desgraciadamente, María sintió que las piernas volvían a fallarle y Esteban volvió a sujetarla. Durante un momento, ella apoyó la cabeza en el sólido pecho de él, alegrándose de la protección que le ofrecía. Había habido hombres que la habían abrazado, pero solo porque querían besarla. Nadie la había estrechado en sus brazos para consolarla, Esteban era la primera persona que lo hacía.
Ni siquiera su madre adoptiva lo había hecho.
Que una persona cuidara de ella, aunque brevemente, le produjo una sensación maravillosa. Podía acostumbrarse a ello con gran facilidad. Pero sabía que tenía que apartarse de él.
_ Soy una tonta. Perdone mi debilidad_ murmuró María sin atreverse a mirarlo a los ojos_. Oh, mire cómo le he puesto la camisa, se la he mojado.
_ Ya se secará.
_ Normalmente, soy una persona fuerte y positiva_ se apresuró ella a explicar mientras, sin pensar, le sacó el pañuelo del bolsillo superior de la chaqueta y empezó a secarle con él la camisa... hasta que sintió el calor del pecho de ese hombre en las yemas de los dedos; entonces, se detuvo bruscamente.
Al momento, María dejó el pañuelo en su sitio y añadió sin pensar:
_ Yo... estoy muy preocupada por Héctor. Esteban empequeñeció los ojos.
_ ¿Por qué?
¡Qué había hecho! Quería explicarle la situación de forma racional y con tranquilidad con el fin de no dar la impresión de estar haciendo una montaña de un grano de arena.
_ No sé por dónde empezar. Es una historia muy larga...
_ ¡Cielos! Todas estas insinuaciones, estas advertencias... ¿Dónde está mi hijo? ¡Quiero verlo en este mismo instante!_ ordenó Esteban a punto de estallar una vez más.
María logró recuperar la compostura lo suficiente para pedirle que le siguiera y subir las escaleras hasta el cuarto de Héctor.
_ Ahí está_ dijo ella con voz temblorosa.
Gracias respondió Esteban.
Tras enderezar los hombros, entró en la habitación en penumbra.
Temblando, María lo observó desde el umbral de la puerta. Su cuerpo entero se debilitó al verlo avanzar hacia el niño.
_ Héctor..._ susurró él con una expresión mezcla de angustia y felicidad_. Pequeño mío... Mi niño... ¡Qué precioso eres!
Con movimientos vacilantes, Esteban tocó el lateral de la cuna. Ella podía ver cómo Esteban examinaba a su hijo, con todo el cariño del que era capaz.
Oyó los latidos de su propio corazón. Sabía lo que Esteban estaba haciendo. Ella también había hecho lo mismo muchas noches; sin embargo, para Esteban, era la primera vez desde la desaparición de su hijo... Frunció el ceño. Aquel hombre no había visto a su hijo desde que este tenía tres meses. ¡Qué horrible! Debía haber sido una pesadilla.
Los ojos se le llenaron de lágrimas. Esteban amaba a su hijo. ¿Cómo no iba a hacerlo? Estaba presenciando un momento maravilloso, se dijo a sí misma; el momento de unión entre un padre y un hijo.
Pero una voz procedente de lo más profundo de su ser deseó que a Esteban no le hubiera importado nada su hijo, que nunca hubiera ido allí, que no se hubiera rendido a los encantos del niño más precioso del mundo entero.
Porque no debían separarla de Héctor; al menos, todavía no. El pequeño era muy frágil emocionalmente, necesitaba estabilidad y seguridad, no encontrarse entre desconocidos en un lugar extraño.
¿Qué podía hacer ella?
Sigilosamente, Esteban se arrodilló en el suelo y, con sumo cuidado, acarició la mano de su hijo.
El gesto le destrozó a María el corazón. Ver a Esteban adorando a su hijo era una de las cosas más enternecedoras y, al mismo tiempo, más dolorosas que había presenciado en la vida. No podía soportar seguir presenciando aquello.
En el descansillo, se secó las lágrimas y trató de contener los sollozos.
_ Es... más hermoso de lo que recordaba. Ha crecido tanto...
Esteban también parecía haber perdido el don de la palabra. Consciente de que se vendría abajo si lo miraba, María asintió y, con un gesto con la cabeza, le indicó que la siguiera al piso inferior.
Bajaron despacio y en completo silencio. Pero ella pudo sentir la sobrecogedora tensión que espesaba el aire, sofocándola con su carga eléctrica, destruyendo la poca energía que le quedaba.
_ ¿Una copa?_ preguntó ella en el cuarto de estar.
Whisky respondió él con voz ronca_. Gracias.
María sirvió dos copas y pensó que podía beberse las dos ella sola. Sin mediar palabra, sin mirarlo, le ofreció un vaso con mano temblorosa. Entonces, sorprendida, vio que la de Esteban también temblaba.
Perpleja, alzó la mirada y sintió como si su cuerpo se derritiera en aquel instante. Nunca había visto a un hombre con una expresión de semejante felicidad. Era... irresistible. La sonrisa de él la dejó sin respiración.
Esteban amaba a Héctor desesperadamente. Lo quería más que nunca. Y ella se sintió muy mal al pensar en lo dolorosa que iba a ser la conversación.
_ Por favor, siéntese_ murmuró ella.
Y bebió un buen trago de whisky. En ese momento, Esteban debía sentirse en el paraíso, y ella iba a destruir su ilusión.
Las piernas le temblaron. Ese hombre tenía poder, era dominante. No iba a gustarle nada lo que tenía que decirle.
Esteban se sentó en el sofá con elegancia y cruzó una pierna sobre la otra.
_ Supongo que ha sido usted quien ha estado cuidando a Héctor_ murmuró él.
Ella asintió y él le dedicó una deslumbrante sonrisa.
Le estoy eternamente agradecido añadió Esteban con voz suave_. Le aseguro que le demostraré mi gratitud con una generosidad...
_ ¡No! ¡No quiero dinero! ¡No quiero su gratitud!_ gritó ella con nerviosismo.
Enfadada, María alzó la cabeza y lo miró con desesperación. «Deje a Héctor conmigo», rogó en silencio, pero sabía que era imposible.
Esteban encogió los hombros.
_ Tiene mi gratitud, tanto si la quiere como si no.
_ Eso es porque aún no ha oído lo que tengo que decirle.
Con expresión interrogante, Esteban ladeó la cabeza.
_ Está disgustada.
Ignorando la sonrisa de él y sus labios curvos, ella endureció su corazón.
Asustada le corrigió María.
_ ¿Le doy miedo?_ preguntó él arqueando las cejas.
_ No usted, sino lo que puede hacer.
María tragó saliva y los ojos se le llenaron de lágrimas. Miró a su vaso para que él no viera que estaba llorando como una tonta.
Sabe perfectamente lo que voy a hacer murmuró él.
María alzó la mirada y lo vio sonriendo para sí mismo, como si estuviera imaginando su viaje de vuelta a Italia con Héctor.
Pero Héctor necesitaba una persona con sensibilidad a su lado, requería a una persona que le dedicara todo su tiempo y paciencia... no a alguien entrando y saliendo en su vida solo para presumir de la evidencia de su virilidad delante de los amigos.
_ No puede llevárselo_ declaró ella bruscamente. Los ojos de Esteban empequeñecieron.
_ ¿Por qué no?_ preguntó él con voz queda.
_ ¡Porque no tiene derecho!_ le respondió ella vehementemente, mirándolo a los ojos. Se hizo un profundo y tenso silencio.
_ Ya, comprendo. ¿Qué le contó Patricia de mí?_ preguntó él astutamente.
Que le era infiel dijo ella en tono acusatorio_. ¡Que le fue infiel constantemente! Se despreocupó de Patricia y de Héctor, estaba demasiado ocupado con las otras mujeres que había en su vida; sobre todo con una, con Ana Rosa. ¡Me contó que era un mal padre y peor marido!
Entiendo dijo él en voz baja y sin acalorarse.
Esteban no negó las acusaciones, como ella había supuesto que haría. Esperó a que le diera una explicación, una excusa, cualquier cosa. Pero no fue así.
_ Y es por eso por lo que no me considera apto para cuidar de mi hijo, ¿verdad?_ continuó él.
_ ¡Sí! Pero no es solo por eso...
_ Mmmm. Creo que será mejor que dejemos claras las cosas. Para empezar, me gustaría que me dijera qué le pasó a Patricia. ¿Cómo murió?
¿Acaso le importaba eso a aquel hombre?, se preguntó María con amargura. Aún no había expresado ninguna muestra de dolor ni pesar por la muerte de ella.
Con desprecio, ella le sostuvo la penetrante mirada, segura de que había sido la infidelidad de Esteban lo que había forzado a Patricia a cometer la locura que había cometido. Se podía decir que, prácticamente, había sido él la causa de su muerte y la desgracia de su hijo.
Su muerte fue muy desagradable declaró ella.
_ Cuénteme cómo pasó. María respiró profundamente.
_ Ocurrió en mi piso, al otro extremo de Madrid_ dijo ella con voz fría_. La policía me llamó al encontrar mi nombre en el diario de Patricia, que estaba en su bolso aquel día. Su nombre no aparecía.
Eso no me sorprende dijo él_. Continúe.
_ Me dijeron que mi hermana había muerto de una sobredosis_ susurró ella.
Esteban fue a decir algo, su rostro mostraba horror. Después, bajó la cabeza. María se preguntó si le avergonzaba sentirse responsable por el estado mental de Patricia. Lo vio cubrirse el rostro con las manos y le oyó lanzar un gruñido.
_ ¡Patricia!_ gimió él con voz ronca.
María sintió una súbita compasión por él y estuvo a punto de extender el brazo para tocarlo. Pero se contuvo.
Esteban tenía que darse cuenta del daño que había causado su infidelidad. Tenía que reconocer que su egoísmo había hecho mucho mal. Debía aprender a no jugar con los sentimientos de las personas y a no considerar el matrimonio con semejante ligereza.
_ Patricia dejó una nota_ dijo ella, la voz le tembló ligeramente.
Esteban alzó el rostro y ella parpadeó al ver dolor en sus ojos.
_ ¿Qué decía la nota?_ preguntó Esteban.
_ No mucho. Solo que yo debía cuidar de Héctor... y que ella ya no podía continuar. Esteban murmuró algo en italiano.
_ ¡No puedo creerlo!_ exclamó con voz cortante_. ¿Cómo se atrevió a abandonar a su hijo?
_ No lo sé_ respondió María con honestidad_. Debía estar pasando por una crisis nerviosa. No solo estaba muy deprimida por el horrible comportamiento de usted, sino...
_ ¡Por mi comportamiento!_ exclamó él con enfado_. Dejemos esto claro: ella me abandonó hace algo más de un año y después se suicidó. Yo no soy responsable de su muerte. En cuyo caso, ¿qué motivos podía tener para querer acabar con su vida? Tengo la impresión de que usted ha sugerido que había algo que la tenía preocupada.
A María no le gustó la forma como ese hombre se estaba lavando las manos respecto a aquel asunto. Lo decente habría sido que le hubiera pasado a Patricia dinero para vivir.
_ Sé que Patricia tenía muchas deudas_ dijo ella_. Supongo que le resultaba difícil vivir sin ninguna ayuda económica. En su escritorio encontré montones de recibos sin pagar; he tenido que examinarlos y he visto que faltan meses de pago de la hipoteca de esta casa, además de recibos no pagados a masajistas, al salón de belleza, al profesor de gimnasia... y también están las tarjetas de crédito.
María se mordió los labios y añadió:
_ Era todo un desastre... una vida basada en dinero prestado. Pobre Patricia, debía estar pasando por verdaderas dificultades económicas.
_ Podía haber recurrido a mí_ Esteban frunció el ceño_. Sin embargo, de haberlo hecho, tendría que haberme permitido ver a mi hijo a cambio de la ayuda económica, ¿no?
Ese hombre era imposible. ¡Él era la causa de que Patricia se hubiera escapado con Héctor! ¡Él era el respon¬sable de que su esposa y su hijo hubieran pasado calamidades!
_ Es usted un sinvergüenza. No es posible que no se sienta culpable...
_ ¡No!_ gritó Esteban con furia reflejada en sus ojos_. ¡Yo no tengo culpa de nada!
_ Al menos, ahora están las cosas claras_ le espetó María_. Es evidente que no piensa cambiar su comportamiento.
_ No veo por qué iba a tener que hacerlo.
Bien María cruzó los brazos con actitud beligerante_. Lo que nos lleva a Héctor...
_ ¡Exacto! ¿Dónde estaba mi hijo cuando Patricia tomó la sobredosis?_ preguntó Esteban en tono exigente_. ¿Estaba solo? ¿Estaba abandonado?
_ No, había alguien con él_ se apresuró a responder ella_. Patricia había salido. La encontraron inconsciente en el servicio de un club de la zona donde vivía. Pero había una niñera con Héctor, una chica del vecindario. No ha pensado que a Patricia se le ocurriría dejar a Héctor solo, ¿verdad?_ preguntó María indignada.
_ Ya lo había hecho en el pasado. Viniendo de ella, no me sorprendería_ murmuró Esteban.
_ Está empeñado en adjudicarle a Patricia el papel de la mala de la película, ¿verdad?_ le espetó ella.
_ Limítese a informarme sobre la situación.
Los ojos de María echaron chispas. Después, alzó la barbilla con gesto retador y le sostuvo la cínica mirada sin parpadear.
_ Cuando la policía me llamó para informarme de lo ocurrido, estaba aquí, en la casa. Por el teléfono, podía oír el llanto de un niño; me di cuenta de que era Héctor y vine inmediatamente. Me llevó horas tranquilizarlo; desde entonces, no se ha separado de mí ni un momento.
Tiene que volver conmigo a Italia ya dijo Esteban con el ceño fruncido_. Tengo que alejarlo de este lugar que le recuerda a su madre. Mi hijo necesita empezar una nueva vida.
_ ¡No!_ gritó ella. La idea la aterraba_. ¡No puede llevárselo así, sin más! ¡No se lo permitiré!
Esteban se quedó inmóvil. Después, la clavó en el sitio con la mirada, desafiándola a negarle lo que quería. Y ella pensó que había estado en lo cierto: bajo un aparente encanto, ese hombre era de piedra.
Esteban se puso en pie.
_ ¿Que no puedo? ¡Va a ver como sí puedo!
El miedo impidió a María moverse. Con horror, le vio avanzar hacia la puerta mientras ella se sentía incapaz de hacer nada para detenerlo.
De repente, una subida de adrenalina la puso en acción y logró llegar a la puerta antes que él.
_ ¡Tiene que escucharme!_ le rogó ella desesperadamente_ ¡Tiene que enterarse de por qué Héctor debe permanecer aquí!
Los ojos de Esteban se convirtieron en hielo negro.
_ No quiero hacerle daño, María_ dijo él en tono amenazante_. Apártese de la puerta o aténgase a las consecuencias. Llevo demasiado tiempo esperando este momento. He sufrido demasiado, hasta el punto en el que creía que iba a volverme loco. Mi madre y mis amigos me ayudaron a salir de un estado de desesperación absoluto y me hicieron darme cuenta de que tenía que estar preparado para el día que encontrara a Héctor... si es que se daba el caso.
María no pudo evitar que aquellas palabras y el tono de voz ronco con que Esteban las estaba pronunciando le llegaran al corazón.
No puede imaginarse el infierno que ha sido todo este tiempo continuó él con voz quebrada_. Desde el momento en que Héctor nació, se convirtió en lo más importante del mundo para mí. Así que ni usted ni nadie va a separarme de él.
Esteban le agarró los brazos para apartarla de la puerta; pero ella, inmediatamente, le sujetó las solapas de la chaqueta para unirse a él físicamente. Esteban le lanzó una mirada de advertencia y el calor del pecho de él le quemó la piel. Sin embargo, estaba dispuesta a pegarse a él hasta hacerle que la escuchara.
_ ¡Si tanto lo quiere, escuchará lo que tengo que decirle! ¡Se lo he dicho en varias ocasiones, Héctor no está bien!_ gritó María.
Esas palabras consiguieron atraer la atención de Esteban.
_ Me había dicho que no estaba enfermo_ observó él con voz gélida.
_ No..., físicamente. El problema es emocional. Sufre algo que se puede describir como... angustia producida por la separación. Y se trata de algo serio.
Esteban se la quedó mirando fijamente y, poco a poco, asimiló la verdad de sus palabras porque, de repente, un profundo dolor se reflejó en su rostro.
_ Explíquese_ ordenó él, con voz áspera.
«Gracias a Dios», pensó María. Y cerró los ojos brevemente mientras deslizaba las manos por las solapas de la chaqueta de Esteban. Iba a escucharla, pensó ella con alivio al tiempo que Esteban daba un paso atrás. Y porque quería a su hijo, haría lo que fuera necesario para evitarle sufrimiento.
_ ¿Le parece que nos sentemos?_ sugirió ella con voz débil_. Estoy tan cansada que casi no me tengo en pie. Lo comprenderá cuando le explique la situación.
De acuerdo respondió Esteban.
Él bajó la mano hasta el codo de María. Con gentileza, él la condujo hasta el sofá y la ayudó a sentarse; después, se sentó a su lado.
María alargó el brazo para agarrar su vaso, bebió un sorbo de whisky y empezó:
_ No sé qué pasaba aquí antes de que Patricia muriese. Es posible que Héctor fuera un niño normal mientras ella vivía, aunque quizá no. No he encontrado a nadie que pueda decirme cómo era...
_ ¿Y la niñera?_ sugirió él con expresión preocu¬pada.
María sacudió la cabeza.
_ La noche en que Patricia murió, la niñera que había era la primera vez que venía a esta casa... y me dijo que, cuando llegó, Héctor ya estaba dormido. Al margen de cómo era antes, Héctor tiene problemas ahora. Esteban, lo que es importante es que entienda que Héctor se ha unido a mí emocionalmente y no se aparta de mi lado en ningún momento. La mayor parte del tiempo, no soporta despegarse de mí. Si se siente seguro, se atreve a jugar a una corta distancia de donde yo estoy, pero siempre necesita tenerme a la vista. Los desconocidos le ponen nervioso y yo no puedo alejarme sin que él eche a correr detrás de mí.
_ ¿Qué pasa cuando no la ve?
Se pone a gritar respondió ella.
_ ¿Eso es todo?_ inquirió Esteban. Luego, sacudió la cabeza como si cuestionara los métodos educativos de ella_. Cuando un niño tiene una rabieta, lo mejor es ignorarlo, no reafirmar su comportamiento cediendo.
_ ¡No se trata de rabietas!_ gritó ella exasperada_. Cuando lo oiga, se dará cuenta de que lo que siente es puro terror. Le llega a uno al corazón. Sé que no debe gustarle oír esto y siento mucho destrozarle sus ilusiones, pero estoy convencida de que Héctor se volvería loco si yo desapareciese... igual que su madre. Piénselo. Un día, su madre estaba aquí y, cuando se despertó, se encontró rodeado de desconocidos y sin su madre.
_ Y hace poco más de un año, un día, su padre estaba con él; pero, de repente, Héctor se encontró en otra casa y en otro país_ observó Esteban amargamente.
_ Lo sé_ dijo ella_. Es un niño que no ha tenido una vida fácil. Pero cuando Patricia murió, debió sentirse abandonado por la única persona a la que realmente conocía.
Esteban se mordió el labio inferior.
_ Pobre hijo mío_ murmuró Esteban_. Qué desastre. María suspiró pesadamente.
_ Sí, lo es. Pero, de momento, soy la única persona con la que Héctor se siente seguro_ insistió ella_. No puede privarle de esa seguridad, ¿verdad? Lo importante es Héctor, no nosotros. Lo que nosotros queramos carece de importancia, él es lo primero. No sé qué podemos hacer, pero esta es la situación. Le ruego que respete las necesidades del niño. ¡No puede llevárselo mientras esté así, sería una crueldad!
Con perplejidad e irritación, vio sonreír a Esteban.
_ María, me parece que no sabe que los niños... se encuentran muy a gusto conmigo_ dijo él con voz queda.
_ ¡No en este caso!_ declaró ella, disgustada de que él no se diera cuenta de la seriedad de la situación en lo referente a Héctor.
_ María, me gustan mucho los niños_ dijo él sonriente_. Y, como puede imaginarse, adoro a mi hijo. Estoy seguro de que, después de un par de horas conmigo, mi hijo se encontrará perfectamente. No se preocupe por él, estoy seguro de que podré arreglármelas.
María lanzó un gruñido de exasperación y se puso en pie.
_ No lo comprende, ¿verdad? Lo que le ocurre a Héctor no es algo sin importancia. Su hijo está traumatizado. ¡Usted está equivocado!_ protestó ella desesperadamente.
_ ¡No, quien está equivocada es usted!_ exclamó él con enfado_. Ahora, será mejor que me escuche usted a mí. Héctor es mi hijo y lo adoro. No hay más que hablar. Y debido a lo que me ha dicho, voy a ceder y no me lo voy a llevar ahora mismo; esperaré a mañana por la mañana, hasta que él y yo nos hayamos hecho amigos...
_ ¡Pero...!
_ Sin embargo, pasaré aquí la noche. No voy a correr el riesgo de que se vuelvan a escapar con mi hijo...
_ ¡Yo jamás haría eso!_ exclamó ella indignada.
_ ¿No? Pues parece decidida a evitar que recupere a mi hijo_ dijo él mirándola con aprensión.
_ ¡Recupérelo si puede!_ le espetó María, consciente de que no podría_. Está bien, si quiere, puede quedarse a dormir aquí.
_ ¿Que puedo? Por si no lo sabe, esta es mi casa_ observó Esteban_; al menos, la deuda lo es. Es usted quien puede quedarse si quiere, usted es la invitada. Y por la mañana, va a hacer el equipaje de Héctor, y me va a dar los recibos pendientes y los papeles de Patricia; después, cuando mi hijo y yo hayamos jugado juntos un rato, tomaremos el avión y nos iremos a Italia.
_ ¿Y si se niega a jugar con usted?
_ Nos iremos de todos modos. Ella lo miró horrorizada.
_ ¡No..., no puede hacer eso! ¡Y a Italia! ¡Jamás... volvería a verlo!_ exclamó María, sin poder creer que Esteban hubiera ignorado todo lo que le había dicho.
Estaría lejos de Héctor y el niño se sentiría completamente perdido.
_ Italia no está tan lejos de aquí, podrá venir a visitarlo_ dijo Esteban en voz queda, reconociendo el afecto que ella le había tomado al pequeño_. Usted es su tía y, por lo tanto, será siempre bien recibida. A mi madre le gustará conocerla. Y, diga lo que diga, recibirá el agradecimiento debido. Mañana podrá volver a su vida normal, que supongo que ha suspendido desde hace dos meses.
María no podía hablar. De repente, las lágrimas empezaron a aflorar a sus ojos y no logró seguir defendiendo su postura.
_ Por favor, no llore_ dijo él con ternura.
_ ¡No estoy llorando!_ gritó ella furiosa.
_ Comprendo que esto es muy difícil para usted_ murmuró Esteban en un intento por tranquilizarla_. Ha estado cuidando a mi hijo durante dos meses y le ha tomado cariño...
_ Cariño no es la palabra adecuada_ murmuró ella_. Hemos pasado dos meses como si nos hubieran pegado con goma.
_ Los dos sabemos que Héctor tiene que regresar a Italia conmigo_ continuó Esteban_. Mañana.
_ ¡No...!
_ Perdone, pero quiero ir por el equipaje, que está en el coche_ la interrumpió Esteban secamente_. Estoy cansado y necesito acostarme ya.
Esteban salió del cuarto de estar y, poco a poco, María dejó de oír sus pasos.
Sintiendo una increíble angustia, María se echó a llorar amargamente. Lloraba por Héctor y por sí misma.
Al cabo de unas horas, Héctor desaparecería de su vida...
_ ¡No!_ exclamó ella para sí.
Tenía que impedir que Esteban se llevara al niño. No sabía cómo, pero sí sabía que debía hacerlo... por el bien de Héctor, por el bien de su salud mental y su bienestar emocional.

Continuará...
Besos.

 
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AutorReply
MARIA
(no login)
83.39.50.160

Re: seducción a la italiana. Cap. 3

October 8 2007, 7:54 AM 

ESPERO POR EL BIEN DEL NIÑO QUE ESTOS DOS SE LLEVEN BIEN
SIGUELA LOCA
SALUDOS

 
 
MARLY
(no login)
200.128.3.151

Re: seducción a la italiana. Cap. 3

October 8 2007, 8:35 AM 

QUE COSAAAAAAAAA ESPERO QUE ESTE DOS SI ENTIENDAN!!
SIGUELAAAA
=D

 
 
CARITTO
(no login)
201.244.210.216

Que se la lleve

October 8 2007, 9:18 AM 

y asunto arreglado jejej
esta fabulosa
gracias, me encanta

 
 
josy
(no login)
201.240.232.94

Re: seducción a la italiana. Cap. 3

October 8 2007, 3:19 PM 

ayy pobre de el si se lleva a hector jejeje continuala que pasara ah? continuala esta genial

 
 
 
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