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·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

March 16 2007 at 9:33 PM
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Shasha  (no login)

 
bueno os dejo un combo y 4 capitulos nuevos por la tardanza en publicar. espero ke os gusten. besos para todas y gracias por leer y comentar!

Cartas de amor

Camila Bordonaba siempre había estado convencida de que Benjamín Rojas sólo se había casado con ella porque estaba embarazada.
Y eso quedó confirmado cuando Benjamín se marchó del pueblo para perseguir el sueño de convertirse en piloto de carreras en cuanto ella perdió el niño.
Camila había seguido adelante con su vida desde entonces. Se mudó a la gran ciudad y se convirtió en organizadora de bodas, ayudando a las novias a tener el gran día que ella no pudo tener. Imagina su sorpresa cuando al mirar hacia el pasillo de la iglesia durante una ceremonia se encuentra con los ojos de su marido.
¡Un hombre del que no había vuelto a saber nada en siete años!


Capítulo 1
Camila miró su reloj. Todo iba como esperaba. Con cara de satisfacción, sonrió a la novia que esperaba, nerviosa, mientras le colocaba la falda del vestido para que cayera como debía. La cola estaba bien estirada, el encaje y los bordados brillantes bajo la luz de la lámpara.
El padre de la novia se aclaró la garganta.
-¿Qué hora es? -preguntó.
-Dentro de un momento empezarán a tocar la marcha nupcial, ese será su pie -contestó Camila.
Después de cinco años dirigiendo bodas grandes y pequeñas, estaba segura de que todo iba a salir bien.
Sara estaba radiante y Camila sintió que se le encogía el corazón, como le pasaba en casi todas las bodas al recordar la suya, una ceremonia celebrada a toda prisa en el Ayuntamiento de Bariloche. Siempre había soñado con una boda de lujo, con un vestido hecho especialmente para ese día, media docena de damas de honor y un banquete con parientes y amigos que no terminase hasta el amanecer. No había tenido nada de eso. Por esa razón intentaba que para sus clientes fuera un día perfecto.
El organista empezó a tocar la Marcha Nupcial de Lohengren. Las conocidas notas llenaron el interior de la catedral, resonando con tal fuerza como para ser escuchadas en la calle por los turistas y los vecinos de Buenos Aires. Camila sonrió, contenta.
-Te veré aquí después de la ceremonia, Sara -le aseguró-. Haremos las fotografías en el altar y luego iremos al banquete.
Mientras la novia avanzaba por el pasillo de la vieja catedral, Camila observaba desde la puerta. La iglesia estaba llena hasta los topes. Juan Luis Robles era concejal del Ayuntamiento, patrono de la Opera y uno de los hombres más ricos de Buenos Aires. su unica hija iba a casarse con un hombre que él consideraba adecuado, de modo que había tirado la casa por la ventana.
Camila entonces al novio, que sólo tenía ojos para Sara, y sonrió de nuevo. Aquello iba a ser perfecto. Luego miró a los invitados y se fijó en un hombre, situado en los bancos destinados a los parientes del novio, que era más alto que todos los demás. Cuando volvió la cabeza sus ojos se encontraron y, por un momento, a Camila se le paró el corazón.
No podía ser. Le parecía como si la iglesia diera vueltas...
Era una coincidencia, alguien que se parecía a Benja. No podía estar allí. Estaba en algún otro sitio, arriesgando su vida en su Fórmula Uno, conduciendo a velocidades de vértigo.
Estuvo a punto de acercarse a él, pero el sentido común se lo impidió. Y entonces, guiñándole un ojo, él se volvió hacia el altar.
Camila se olvidó de todos los detalles que había que controlar para que la ceremonia y el banquete fueran un éxito. Estaba sin aliento. ¿Qué podría estar haciendo allí Benja?
Había fantaseado muchas veces con ese encuentro.
En sus fantasías, a veces le daba tal bofetada que le volvía la cara. Otras veces, fingía no saber quién era y luego recordaba por fin, como si fuera alguien sin importancia. De vez en cuando, se atrevía a fantasear que volvía porque no podía vivir sin ella. Pero eso estaba tan lejos de la realidad que no solía dejarse llevar por un sueño tan tonto.
Camila volvió a la antecámara, deseando no haber visto lo que había visto. Era imposible que su marido, el hombre con el que se había casado siete años atrás, el que la había abandonado dos semanas después de la boda, hubiera vuelto de repente.

Capítulo 2

Dos horas después, Camila estaba a punto de ponerse a gritar. Estaba trabajando con la cabeza en dos sitios diferentes: por un lado, era la competente organizadora de bodas, encargándose de que todo fuera exactamente como quería su cliente. Por otro, era una mujer frustrada que no podía dejar de pensar en Benja.
La multitud de invitados que llenaba el club náutico de Buenos Aires hacía imposible que pudiera parar siquiera un momento para buscar a alguien.
Aun así, mientras controlaba el banquete, miraba a todos los hombres morenos que se cruzaban en su camino. Si había ido a la iglesia, también habría acudido al banquete.
Y entonces ocurrió. Durante otro instante interminable, Camila y Benjamín Rojas se miraron a los ojos. Benja, el marido al que no había visto en siete años. Ni lo había visto ni había sabido nada de él. Benja, el marido al que había intentado olvidar.
La actividad, el gentío que había a su alrededor desaparecieron. Era como si Benja y ella estuvieran solos en el universo.
Por fin, Camila volvió al presente cuando su ayudante se acercó.
-Pronto empezará el baile. ¿Crees que deberíamos apresurar a la gente para que terminen de comer?
Roto el hechizo, Camila volvió la cabeza para mirar a Luisana.
-No, cuando empiece la música todos empezarán a levantarse. Después de un par de bailes, la pareja cortará el pastel.
Quería volver a mirar. Quería saber qué estaba haciendo Benja. ¿Iba a hablar con ella o se habría escapado para evitar un enfrentamiento?
-Luego la gente empezará a marcharse, sobre todo los mayores -dijo Lu. Camila asintió, con un nudo en la garganta. No podía dejar de pensar en Benja. Pero no podía pensar en él, tenía que concentrarse en su trabajo.
-Yo diría que te hace falta una copa -oyó una voz familiar.
Benjamín estaba a su lado, con una copa de champán en la mano.
Lu sonrió mientras se alejaba. Cami hubiera querido llamarla, pero no le salía la voz.
Se quedó mirando la copa de champán, como hipnotizada.
-Estoy trabajando y no bebo cuando trabajo -respondió, cortante. No podía mirar esos ojos celestes que le eran tan familiares. Las escenas que había imaginado para su encuentro con Benja se esfumaron. La realidad era que no tenía nada que decirle.
Pero, con el corazón acelerado, los recuerdos se acumulaban. Recuerdos del amor que había sentido por él una vez, de la emoción que sintió porque el chico más popular de Bariloche se había fijado en ella. Las airadas palabras con las que se despidieron.
-¿Qué tal estás, Camila? -preguntó él, tomando un sorbo de champán.
Camila observó sus labios acariciando el borde de la copa. Unos labios que una vez la habían llevado al paraíso. Y que destrozaron su vida cuando le dijo adiós.
-Bien -contestó, mirando alrededor, buscando desesperadamente a alguien que pudiera rescatarla, intentando encontrar fuerza para marcharse.
No quería estar cerca de Benja y sus seductores labios, sus ojos de amante, su abrumador magnetismo sexual. Pero sus pies parecían clavados al suelo.
Habían pasado siete años. ¿No había conseguido olvidarlo en todo ese tiempo? No lo amaba. Ni siquiera le caía bien. Pero no podía marcharse.
Eso era lo que hacía Benja, no ella.
-Ah, por fin te encuentro. Jorge está buscándote -una de las damas de honor tomó a Benja del brazo-. Es una boda preciosa, Camila. Cuando me case quiero que tú seas la organizadora-. Vamos, Benja. Jorge y Sara están a punto de brindar y tú tienes que dar un discurso.
Benja miró a Camila.
-Te llamaré.
-No te molestes.
-No es molestia -replicó él. Y luego, de repente, se inclinó para besarla.


Capítulo 3

Benja observó a Camila darse la vuelta. Apenas recordaba que la hermana de Jorge estaba a su lado. No podía creer que se hubiera encontrado con su mujer y se le encogió el corazón al recordar cómo se despidieron siete años atrás. Entonces era tan arrogante, tan joven, tan idiota... Su mundo había sido como una montaña rusa durante meses... desde que Camila y él se hicieron novios. ¿Cómo iba a saber lo que les deparaba el futuro?
-Oye -sonrió Julia-. No sabía que conocieras a la organizadora. Y muy bien, según parece.
-Nos conocimos en el instituto -contestó él, que no quería contarle sus intimidades a nadie-. Venga, vamos a brindar con los novios.
-Jorge está encantado de que hayas podido venir a Buenos Aires para la boda -dijo Julia, mientras se acercaban a la mesa-. Convenció a Sara para casarse cuando no fuera temporada de carreras, pero sabe que deberías estar entrenando.
-No me lo habría perdido por nada del mundo -sonrió Benja, mirando por encima del hombro.
Camila había desaparecido, pero ahora sabía el nombre de su empresa.se lo había preguntado a Jorge en cuanto la vio y la encontraría sin ningún problema.
Que estuviera allí lo había sorprendido, como lo había sorprendido que tuviera un negocio propio. ¿Desde cuándo vivía en Buenos Aires? No sabía que se hubiera ido de Bariloche... Aunque él no mantenía relaciones con nadie del allí.
Cuando se marchó, no volvió a mirar atrás. Sus padres no le habían perdonado. Y, aparentemente, Camila tampoco.
Y había llegado la hora de arreglar las cosas. Si podían arreglarse.
Pero la boda de su amigo Jorge no era sitio para hacerlo. La buscaría más tarde, la llevaría a cenar. Hablarían del asunto como dos adultos.
Cuando los novios se marcharon, entre mucha fanfarria, un par de horas después, Benja buscó a Camila con la mirada. Pero no podía encontrarla entre tanta gente. Se había escapado. ¿Eso era lo que hacía una esposa?
Seguía siendo su esposa, ¿no? ¿O se habría divorciado durante los últimos siete años? ¿Podía hacer eso sin su consentimiento?
No había vuelto a saber nada de ella. No había contestado a sus cartas. Ni una tarjeta de Navidad, ni una felicitación de cumpleaños... Ninguna demanda de pensión.
Él ingresaba dinero en la cuenta conjunta todos los meses. Y ella nunca dijo si la cantidad le parecía suficiente. Cuando empezó a ganar carreras, empezó a llegar dinero. Y Benja lo compartió con Camila. Seguramente, ella lo había usado para abrir su negocio...
Él no era un romántico. Normalmente, evitaba las bodas como la peste. ¿Por qué se habría metido Camila en ese negocio precisamente? Ellos no habían tenido una boda romántica... En realidad, pensó, su boda había sido casi la firma de un acuerdo amistoso. Recordaba que, mientras firmaban los papeles, él estaba mirando el aparcamiento por la ventana del Ayuntamiento. Sólo sus amigos íntimos, Maite y Aleberto, estuvieron a su lado ese día. Ni parientes ni amigos. Ni tarta. Ni banquete. Una porquería de boda, en realidad.
Pero él había hecho lo que creó que debía hacer.
Camila iba a tener un hijo suyo. Por eso se casó con ella.
Y ahora quería hablar con su mujer. Si pensaba que iba a escaparse no lo conocía bien. Pero iba a conocerlo.

Capítulo 4

Camila sabía que la visita de Benja sería inevitable. Pero verlo en la boda no la había preparado para aquel beso. ¿Por qué la había besado? Esa pregunta había estado dando vueltas en su cabeza desde que los labios de su marido rozaron los suyos. ¿Cómo se atrevía a actuar como si hubiera algo entre ellos? ¿Cómo se atrevía a despertar recuerdos que estaban mejor enterrados? El beso se había quedado grabado en su mente y ella deseaba que no fuera así. ¡No quería saber nada de Benjamin rojas!
Pero desde que lo vio en la ceremonia sabía que querría hablar con ella. Y cuando sonó el teléfono el lunes alrededor de las diez, estaba resignada a lo inevitable.
-Te invito a comer -dijo Benja, sin mas preámbulo.
-Estoy ocupada.
-No lo estás. Intentas evitarme.
-Ah, ¿como me has evitado tú a mí durante los últimos siete años? -preguntó ella, con su voz más dulce. Pero le sudaban las manos de los nervios. Quería gritarle por lo que le había hecho. Pero una parte de ella quería oír lo que Benja tenía que decir, saber qué había sido de su vida. Durante unos días, unos días maravillosos, Stacey había pensado que compartiría esa vida con él.
Pero nunca mas volvería a dejarse engañar por los halagos de un hombre. Tenía los pies en la tierra y jamás volvería a abrirle su corazón a nadie que pudiera rompérselo.
-Tenemos que hablar.
-El momento de hablar pasó hace años. ¿Para qué me llamas? ¿Quieres algo? -preguntó Camila, negándose a pensar en el beso.
-Quiero verte -contestó él, en voz baja, seductora.
Camila recordó cuánto le gustaba su voz cuando era una cría. ¿No había aprendido nada desde entonces?
-No hay ninguna razón para que nos veamos.
-Eres mi mujer, esa es razón suficiente.
Ella respiró profundamente, deseando que su corazón latiese a ritmo normal.
-Muy bien, entonces comeremos juntos. Pero no será una comida larga, tengo muchísimo trabajo. Agosto es un mes importante para las bodas y tengo que coordinar siete más antes de que termine.
-Como invitado, debo decir que la boda de Jorge y Sara me pareció perfecta.
-Mientras los novios piensen lo mismo... eso es lo importante -Camila no pudo evitar sentir cierta punzada de orgullo. Si se quedaba en San Francisco el tiempo suficiente descubriría que su esposa, que entonces era una adolescente, se había convertido en una mujer de negocios muy competente. Una mujer que no lo necesitaba para nada.
¿Saber eso representaría algo? No para su matrimonio, eso había terminado mucho tiempo atrás.
-Iré a buscarte a la una -dijo él, antes de colgar.
Camila se echó hacia atrás en la silla, jugando con el lapicero. Tres horas hasta la una. ¿Podría prepararse en tres horas? Debía mostrarse tranquila, segura de sí misma. Podía hacerlo. Y luego le diría adiós y desaparecería durante otros siete años. O más.
Aquella vez, sabía lo que debía esperar. Benja no era un hombre de palabra, no era capaz de comprometerse con nadie. Benjamín Rojas vivía para sí mismo. Y nadie sabía eso mejor que ella.
Por un segundo decidió fantasear... quizá iba a pedirle que fuera con él al circuito de Fórmula Uno. Camila se echó a reír. Eso no iba a pasar.
Pero, ¿para qué querría verla? ¿Para hablar de los viejos tiempos? ¿O para dar por terminada aquella farsa de matrimonio?


Capítulo 5

Camila estaba delante de su oficina cuando Benja apareció. Por el brillo de sus ojos, se preguntó si había sido un error esperar fuera. El propósito había sido separar su vida presente de su vida pasada en lo posible. No quería que Benja entrase en su oficina.
Pero él no podía pensar que estaba deseando verlo. Si era así, le haría ver que estaba equivocado.
-Camila -murmuró él, inclinándose para besarla.
El primer beso la había pillado por sorpresa. Pero aquella vez, Camila estaba preparada y se apartó.
-Benja -murmuró, en tono de advertencia.
Él sonrió, con esa sonrisa que, años antes, hacía que se le parase el corazón. Y, maldita sea, seguía haciéndolo.
Camila miró el taxi, parado frente a su oficina.
-¿Está esperando?
-Depende de dónde quieras comer.
-Podemos ir al muelle -contestó ella. Le encantaba el pescado. Al menos, comería algo de su gusto.
-Entonces, vamos al muelle.
Una vez dentro del taxi, Camila se pegó a la ventanilla, tan lejos de él como le era posible.
-Estás guapa -dijo Benja, mirando el traje azul pálido que llevaba... y las piernas que dejaba ver la falda corta.
Camila no podía devolver el cumplido. No se atrevía a mirarlo.
Benja levantó una mano para rozar su cara con los dedos y ella se apartó.
-Déjame en paz. No soy una de esas fans, fascinadas por los pilotos de carreras.
-No, pero eres mi mujer.
-¿La boda de Jorge y Sara te ha recordado ese pequeño detalle?
-Lo he sabido siempre. ¿Cuándo te mudaste a Buenos Aires?
-Hace años.
-Pero no me has escrito -dijo él, mirándola a los ojos.
-¿Y tú a mí sí? -replicó Camila, sarcástica.
Benja asintió.
-Muchas veces.
Ella se quedó mirándolo, sorprendida. ¿Le había escrito?
-Nunca he recibido una carta tuya.
-Camila, yo no habría desaparecido sin escribir… a pesar de que esas fueron tus órdenes. Te escribí cada semana cuando empecé en el circuito y como no contestabas, dejé de hacerlo. Dijiste que me fuera y que no volviera nunca más. Y empecé a darme cuenta de que lo habías dicho de verdad. Últimamente, sólo te enviaba una tarjeta por Navidad y otra por tu cumpleaños. Pero estaba claro que tú no querías saber nada de mí.
Camila no podía creerlo.
-No volví a saber de ti. Nunca. Ni siquiera al principio. ¿Tú sabes cuánto me dolió eso? Perdí el niño y tú te fuiste... todo en la misma semana. Me quedé desolada. No sabía qué hacer, no tenía a nadie en quien confiar. Nadie. Incluso me pregunté si podría seguir viviendo. ¡Jamás volví a saber nada de ti, Benja!
Él apretó los dientes.
-Te escribí, Camila. ¿Qué ha pasado con mis cartas?
-No tengo ni idea -Camila se volvió para mirar por la ventanilla mientras se acercaban al muelle-. Pero ya da igual. Nada de lo que pudieras decir habría cambiado las cosas. Te fuiste, yo estaba sola... sola y muerta de pena. Tú conseguiste la vida que querías. ¿Para qué has vuelto?

Capítulo 6

¿Para qué había vuelto? Benja podría darle una razón muy sólida, pero ¿la aceptaría ella? Hasta aquel momento pensaba que su encuentro en la boda había sido pura casualidad. Y lo había sido. Pero la próxima parada estaba cuidadosamente estudiada: Bariloche
Pero ya no podía ir allí. No hasta que las cosas estuviesen claras entre los dos.
Le había sorprendido su revelación, que la había dejado muerta de pena. Pensaba que Camila compartía con él el alivio al perder el niño. ¿No había dicho el médico que un aborto espontáneo era cosa de la naturaleza? No podían hacer nada, no podrían haber salvado la vida de su hijo. Eran demasiado jóvenes para casarse, demasiado jóvenes para ser padres. Ella tenía diecinueve años. Él no había cumplido los veintiuno.
El taxi se detuvo unos minutos después.
Benja pagó al taxista y sujetó la puerta mientras Camila se deslizaba por el asiento, su falda levantándose un poco... Benja tragó saliva.
Camila seguía teniendo una piel de seda y tuvo que apretar los puños, mirando hacia otro lado. Recordaba cada día que había pasado con Camila. Estaban locos el uno por el otro y entonces no podía apartar sus manos de ella. Su piel era tan suave, tan delicada. Su pelo se deslizaba entre sus dedos como si fuera seda. A Camila le gustaba que la tocase tanto como a él.
Mucho tiempo atrás. Una vida entera.
Ahora eran mayores. Se habían separado. ¿Quedaba algo entre ellos?
Le llegaba la brisa del mar, con su olor a sal. Al fondo podía oír los surruso de las olas y el canto de las gaviotas. El sol hacía brillar la bahía como si fuera una joya. Benja respiró profundamente, preguntándose por qué se molestaba en intentarlo.
Camila lo miró.
-El restaurante que me gusta no es un sitio típico. Pero la comida es estupenda.
-Vamos donde tú quieras.
Unos minutos después estaban sentados frente a un enorme ventanal, con una espectacular panorámica de la bahía. Cuando el camarero tomó nota, Benja intentó sonreír.
-Éramos demasiado jóvenes.
-Éramos jóvenes, pero ¿demasiado? ¿Por qué?
-Camila, tú acababas de terminar el bachiller...
-Y tú sólo querías dedicarte a las carreras de coches.
Benja asintió.
-¿Qué querías tú?
Curioso, nunca le había preguntado eso. Sencillamente, pensó que quería lo mismo que él.
-Te quería a ti -rió Camila-. Tienes razón, éramos demasiado jóvenes. ¿Cómo podía pensar que lo único que quería de la vida era a ti? -añadió, con doloroso desdén.
-Tú siempre supiste que quería dedicarme a las carreras. Tenía la oportunidad de hacer algo grande...
-Y la rechazaste cuando nos casamos -dijo Camila
-Hice lo que tenía que hacer. Me casé contigo por el niño.
Al ver su expresión, Benja supo que había cometido un error táctico.
-Gracias por confirmar lo que siempre había sospechado. Si no hubiera estado embarazada, no nos habríamos casado –dijo Camila, mirando por la ventana.
Benja sospechaba que no estaba viendo la bahía, sino Bariloche, años atrás.
-Cuando perdiste el niño, supe que tenía que irme. Era una oportunidad única y tenía que aprovecharla. ¿Querías que me quedara en Bariloche y fuera farmacéutico como mi padre?
-Al menos así habría sabido que estabas vivo -replicó ella, volviéndose para mirarlo.
Benja pensó entonces que quizá había alguna esperanza.
-¿Estabas preocupada por mí?

Capítulo 7

Camila se encogió de hombros. Pero Benja insistió:
-O sea, que estabas preocupada por mí.
-Más bien, muerta de miedo. Veía todas las carreras de Fórmula Uno en televisión, esperando saber algo de ti. Hasta que vi cómo moría un corredor en una explosión... Después de eso no pude seguir viéndolas. Temía que fueras tú cualquier día.
El miedo que había sentido se notaba en su voz.
-Es raro que alguien muera en un circuito de carreras -dijo Benja, sabiendo que esa era la preocupación de todas las familias de los pilotos.
-Quizá, pero ocurre. Así que dejé de ver las carreras y seguí adelante con mi vida.
-Ya, dejaste Bariloche y te viniste a Buenos Aires. Yo pensaba ir a casa después de la boda, ¿sabes?
Benja se preguntó qué habría hecho si hubiera llegado allí y no la hubiese encontrado.
-¿Por qué?
Él respiró profundamente. No sabía qué contestar y se alegró de que llegara el camarero con los platos. Pero esperó hasta que se quedaron solos antes de hablar.
-Pensé que había llegado el momento de hacer las paces.
-Han pasado siete años. ¿Por qué crees que alguno de los dos quiere hacer las paces?
Debería haber sabido que no sería tan fácil. ¿Cómo reaccionarían sus padres? ¿No habrían recibido sus cartas? Tampoco ellos le habían escrito.
Benja intentó tomar su mano, pero Camila la apartó.
-Yo no quería hacerte daño, Camila. Pero quería aprovechar mi oportunidad. ¿Nunca has querido algo de tal forma que habrías hecho lo que fuera por conseguirlo?
Ella no se movió, pero Benja sabía lo que estaba pensando. ¿En él?
-Debería haber vuelto a casa, lo sé. Te pregunté más de una vez en mis cartas si querías ir a verme. Como no contestaste, pensé que eso era un no. Te escribía a menudo, pero nunca contestabas...
-Las famosas cartas -murmuró ella, incrédula.
-Camila Bordonaba, Apartado de Correos 73, Bariloche -recitó Benja.
-Yo nunca he usado ese apartado de correos. Te fuiste y yo volví a casa de mis padres... aunque a ellos no les hizo ninguna gracia que me casara contigo. Supongo que después de un año, cuando no se renovó la suscripción deberían habértelas devuelto.
-Es que no puse remite. Viajaba mucho, nunca sabía dónde iba a estar. En una de las cartas te daba mi número de móvil y la dirección de la oficina de mi patrocinador. Ellos me mandan el correo donde esté.
-¿No tienes una casa en alguna parte?
Benja negó con la cabeza.
-Tengo entrenamientos, estrategias y carreras por todo el mundo. Ya te he dicho que viajo mucho.
-Pero todo el mundo tiene una casa.
-Yo pensé que la mía estaba en Bariloche. Ahora veo que no.
-¿Creías que iba a esperar en ese apartamento diminuto hasta que tú te dignaras a volver? ¿Durante siete años? Benja, tú estas loco.
Por alguna razón, Benja había creído exactamente eso. En su mente, Camila se había quedado en aquel sitio, sin moverse. Sin dejar de adorarlo. Pero eso había sido una fantasía. Cuando ella no contestó a ninguna de sus cartas supo que su matrimonio estaba roto.
Pero quería una oportunidad para cambiar las cosas.
-Pensé que me esperarías.
Sonaba absurdo al decirlo en voz alta. Ella era una chica demasiado vital, demasiado activa. Había sido ridículo pensar que iba a esperarlo.
-En cuanto pude reunir algo de dinero me vine a Buenos Aires. Al menos aquí nadie sabía que mi marido me había abandonado dos semanas después de la boda.
-¿Cuando pudiste reunir algo de dinero? ¿Cuánto dinero necesitabas? ¿Y el dinero que yo te mandaba?


Capítulo 8
-¿Qué dinero? –preguntó Camila.
Aquella conversación era una sorpresa detrás de otra.
-Te enviaba dinero siempre que podía. Estuve trabajando como mecánico hasta que pude pilotar un coche de carreras. Cuando empecé a ganar dinero, te lo enviaba...
Camila sacudió la cabeza.
-No sé de qué estás hablando. ¿Al mismo apartado de correos?
-No, ingresaba el dinero en el banco… en nuestra cuenta corriente.
Camila sintió que todo empezaba a dar vueltas.
-Yo nunca volví a tocar esa cuenta. Pensé que no quedaba nada cuando te fuiste. Seguía teniendo la mía y esa fue la que usé hasta que me vine a Buenos Aires. ¿No viste en los extractos del banco que no había tocado el dinero?
-Mi dirección seguía siendo el apartado de correos, Camila. Nunca vi los extractos del banco. ¿Por qué dejaste de usar la cuenta?
-Porque no había cambiado mi apellido. Te fuiste antes de que pudiera hacerlo -se encogió ella de hombros-. Y cuando te fuiste, no me molesté.
-Entonces, ¿sigues siendo Camila Bordonaba?
Ella asintió. No había razón par sentirse culpable. Una mujer que sólo había estado casada durante dos semanas no tenía por qué cambiar su apellido.
Benja apartó su plato.
-No has terminado -comentó Camila, esperando que él no dijera lo mismo.
-Ahora entiendo que me odies. Si pensabas que te había abandonado, que no había querido saber nada de ti durante todos estos años...
-No te odio -dijo ella. Y era verdad. Para odiar era necesario sentir algo. Y Camila había dejado de sentir siete años atrás. No quería estar con él, no quería recordar el pasado, no quería arriesgarse otra vez.
Pero no lo odiaba.
-Pero tampoco me quieres -dijo Benja
-Ni tú a mí. Tú mismo lo has dicho, no te habrías casado conmigo si no hubiera estado embarazada.
-Entonces no.
-Ni entonces ni ahora. Mira, si has terminado, tengo que volver a la oficina. Gracias por el almuerzo y por la información.
Quería pensar en todo lo que Benja le había contado. Quizá no era la criatura sin corazón que había imaginado todos esos años. Pero, ¿cambiaba eso algo?
-¿De verdad hay dinero en la cuenta? ¿No habría intentado el banco ponerse en contacto con alguno de los dos si la cuenta siguiera activa?
-No lo sé, Camila.
-No me fui de Bariloche hasta siete meses después de que tú te fueras. Deberían haber intentado localizarme, ¿no? Bariloche no es un sitio grande.
-Ven conmigo a Bariloche y averiguaremos qué ha pasado.
Camila estaba a punto de decir que no. No quería volver. Sus padres no estaban contentos con ella. Sus suegros nunca le habían caído bien.
Sabía los rumores que habían corrido por el allí cuando Benja se marchó. ¿Cómo iba a enfrentarse a eso otra vez?
Sin embargo, ¿sabía él algo de eso?
Camila ya no era la desolada adolescente que había huido buscando santuario en la gran ciudad. Se había demostrado a sí misma que podía conseguir lo que quería. ¿Qué más importaba?
Por un momento, pensó en el niño. Había hecho todo lo posible para que su hijo, de haber nacido, hubiera estado orgulloso de ella.
¿Habría estado el niño orgulloso de Benja? Al fin y al cabo, era un hombre que siempre que se proponía una meta la conseguía.
-¿Eres feliz? -preguntó Camila entonces-. ¿Ha merecido la pena, Benja? ¿Has hecho realidad tus sueños?


Capítulo 9

-Vámonos de aquí -dijo Benja, llamando al camarero-. Podemos pasear por el embarcadero mientras charlamos.
Camila negó con la cabeza
-Tengo que volver a la oficina. Es un mes con muchas bodas y no puedo dejárselo todo a mi ayudante.
No quería explorar por qué la oferta le parecía tan tentadora.
Benja pagó la cuenta y la acompañó a la puerta.
-Cena conmigo -dijo entonces, sin molestarse en parar un taxi.
-No, mejor no -debía tener cuidado, se dijo, o empezaría a creer su historia y empezaría a ablandarse. Tenía que recordar que la había dejado. No quería que volviera a romperle el corazón.
-Los sueños cambian -dijo él, mirando el mar. La brisa jugaba con el pelo de Camila y ella levantó una mano para apartarlo, pero Benja se adelantó-. Quiero pedirte disculpas por dejarte sola tanto tiempo. Por dejarte sola para lidiar con la pérdida del niño. Las carreras me mantenían ocupado, me ayudaron a olvidar el dolor. De verdad pensé que te reunirías conmigo.
-No volviste nunca, Benja.
-Sí lo he hecho. Estoy aquí.
-Siete años después. Eso es mucho tiempo... toda una vida. Ya no soy la chica que conociste.
-Y yo no soy el joven que se marchó de Bariloche. Dame una oportunidad, Cami. Quiero que me conozcas ahora, que sepas quién soy antes de juzgarme.
El corazón de Camila latía a toda velocidad. ¿Por qué le pedía eso?
-¿Para qué? Yo tengo mi vida, tú tienes la tuya. Tú no vas a dejar las carreras y yo no voy a dejar mi trabajo. He luchado mucho para conseguir lo que tengo.
Por no hablar de su tranquilidad, de la paz que tanto le había costado conseguir. A veces se sentía sola, pero eso era mejor que el dolor del pasado.
-¿No podemos llegar a un compromiso? Yo no tengo carreras todas las semanas, tú no tienes que organizar bodas todos los días. Tómate unos días de descanso, ven conmigo. Quiero que sepas cómo es mi mundo.
-¿Estás dispuesto a conocer tú el mío? -preguntó ella.
Pero las imágenes que esa oferta había evocado eran tentadoras. ¿Cómo sería estar en las gradas, rodeada de fans, viendo aquellos coches exóticos en su carrera contra el tiempo y contra los demás? ¿Oír los gritos de ánimo, oler a gasolina, sentir el miedo en cada curva, cada vez que un piloto intentaba pasar a otro?
-No se me dan bien las bodas -contestó Benja.
-Y a mí no se me da bien ver cómo un hombre desafía a la muerte.
Un momento de silencio.
-Entonces, ven conmigo a Bariloche. Vamos a aclararlo todo. Luego, si quieres seguir tu camino, no te detendré. Quiero ver a mis padres, hacer las paces con ellos. Ver los sitios a los que iba antes, a mis viejos amigos.
-¿Es una especie de peregrinación o algo así? -preguntó ella. Era evidente que sentía nostalgia. ¿Por qué? Siete años atrás, lo último que Benja deseaba era estar en Bariloche.
-Algo así. ¿Vendrás conmigo?
-No entiendo nada. ¿Qué es lo que quieres, Benja?
Él tomó su cara entre las manos, inclinándose para mirarla a los ojos.
-Eres mi mujer. Te quiero a ti.


Capítulo 10

Las palabras de Benja se repetían en su cabeza una y otra vez mientras entraba en el taxi para volver a la oficina. Por fuera parecía estar mirando el paisaje, pero pensaba en el pasado.
Había estado loca por Benja. Estaban locos el uno por el otro. Empezaron a salir en cuanto ella terminó el bachiller. Entonces Benja trabajaba para el señor Linares, el mejor mecánico del pueblo. Su gran amor eran los coches.
Y Camila había pensado que su otro gran amor era ella.
Ese verano había sido mágico. Estaban todo el día juntos. Nadaban en el río, a veces con amigos, pero casi siempre solos, en una zona escondida. Iban juntos a las fiestas, al cine de verano. Hacían el amor bajo las estrellas.
Camila se puso colorada al pensar en cómo sus labios habían despertado en ella sentimientos desconocidos. Cómo la acariciaba, el deseo de llegar al final que los empujaba a hacer el amor sin pensar en las consecuencias. A veces las noches parecían interminables, como si estuviera flotando, como si estuviera en el cielo. Otras veces, todo iba muy deprisa. Aquel verano pasó muy deprisa.
Y entonces supo que estaba embarazada.
-Ya hemos llegado -dijo el taxista.
Camila pagó la carrera y entró en su oficina. Tenía cosas que hacer y no podía perder el tiempo pensando en un hombre que decía unas cosas y hacía otras. Un hombre cuyos actos demostraban algo con toda claridad: que no era para ella.

* *

Camila había esperado su llamada, pero no que estuviera en la puerta de su casa cuando salió de trabajar. Estaba apoyado en la pared, al lado del portal. Era un edifico seguro, no podía entrar sin llave o sin que alguno de los vecinos le hubiese abierto.
-¿Ahora qué? -preguntó cuando él se acercó.
Tenía los hombros muy anchos, unos hombros en los que una mujer podía apoyarse... Su torso también había ensanchado con los años. Ya no era un crío, sino un hombre adulto. Su pelo rubio volaba con la brisa. ¿Se movería así cuando iba conduciendo un coche de carreras? No, cuando pilotaba llevaba un casco, pensó tontamente.
Se había cambiado de ropa. Llevaba unos pantalones de sport y un polo de diseño. El reloj de oro que llevaba en la muñeca debía ser caro, como el ramo de flores que tenía en la mano. Nunca le había enviado flores. Entonces no tenían dinero. Por su ropa y aquel caro reloj, sabía que eso ya no era un problema para Benja.
Quería ser firme, decirle que la dejara en paz, pero las flores… Camila sonrió, mientras acariciaba los pétalos.
-Son preciosas.
-No tanto como tú -dijo él.
-Eso está un poquito pasado, ¿no?
-Pero es verdad -sonrió Benja.
-Gracias.
Cuando lo miró le pareció detectar un brillo de deseo en sus ojos. O de desesperación. Él apartó la mirada enseguida. Debía haberlo imaginado. Pero por un momento, sintió un escalofrío.
-Me gustaría invitarte a cenar.
Camila recordó lo que había dicho antes, que la quería a ella.
-¿Sólo a cenar?


Capítulo 11

-Sólo a cenar -contestó Benja-. ¿Dónde quieres ir?
-Arriba. Tengo que cambiarme de ropa, así que podemos cenar en casa. Tengo pasta y verduras... algo podré hacer -contestó, sacando la llave para abrir el portal.
Benja sujetó la pesada puerta y la siguió hasta el ascensor.
Cuando entraron en el apartamento unos minutos después, Camila intentó verlo con sus ojos. No era elegante. Tenía unos muebles normales, algunas fotos y dos cuadros en la pared. Poco más. La ventana daba a la calle y se veía casi todo el centro de Buenos Aires, que era espectacular por la noche, con las luces encendidas.
Benja estudió el salón. Ella esperaba... ¿qué? ¿Algún halago? ¿Algún comentario que la hiciera sentirse cómoda en su propia casa?
Suspirando, dejó el bolso en el sofá y fue a la cocina.
-Voy a poner las flores en agua.
Benja la siguió, mirando alrededor. Había una mesita, una silla...
-Bonito apartamento.
-A mí me gusta.
¿Pensaría que la solitaria silla era patética? ¿Se daría cuenta de que nunca iba nadie a su casa? También podría pensar que organizaba fiestas para pocos amigos...
¿Por que le importaba tanto?
Camila metió las flores en un jarrón y lo llenó de agua. El delicioso aroma llenaba la cocina y no pudo evitar una sonrisa.
-Voy a cambiarme. Vuelvo enseguida.
Necesitaba un poco de espacio, un poco de tiempo. Una vez en su habitación se quitó el traje de chaqueta y buscó algo que ponerse en el armario. Algo que no fuera muy elegante, eso daría una impresión equivocada. Tampoco debía ser algo muy informal, no quería que pensara lo que no era.
Por fin, percatándose de que pasaba el tiempo, decidió ponerse unos pantalones cortos y una camiseta que dejaba el ombligo al aire. Cuando se miró al espejo, pensó que era demasiado... o más, bien, demasiado poco.
Daba igual. Que se muriese de rabia por lo que se había perdido. Camila se cepilló el pelo y salió de la habitación con la cabeza bien alta.
Benja estaba estudiando el collage de fotografías que colgaba en una de las paredes del salón y se volvió, mirándola de arriba abajo. Camila no podía averiguar lo que estaba pensando, pero se sentía acariciada por su mirada.
-No hay ninguna mía -dijo, señalando las fotografías.
-No -cuando iba hacia la cocina vio que Benja había puesto el jarrón con las flores frente a la ventana. Los colores brillaban con los últimos rayos del sol...
Cuando pasó a su lado, él la tomó del brazo, acariciándola suavemente con el pulgar.
-Lo que dije esta mañana es verdad. La vida es demasiado corta como para perder un solo minuto. Te quiero, Camila.
Ella se soltó de un tirón.
-¿Qué es lo que quieres exactamente, Benja? ¿Otra oportunidad para nuestra relación? ¿Incluye eso compartir casa, tener niños y hacernos viejos juntos? ¿O quieres otro verano de amor loco antes de volver al circuito de carreras? ¿Y por qué yo? Seguro que has estado con muchas otras mujeres. ¿Esperas que crea que ibas a Bariloche para recuperar a una esposa a la que no habías visto en siete años? ¿Y por qué ahora? ¿Por que ahora y no antes?

Capítulo 12

Benja no sabía qué contestar. Debía decir la verdad, por supuesto. Pero, ¿cuál era la verdad? ¿Que estaba cansado de estar solo? ¿Que estaba cansado de ser un paria? ¿Que quería tener a alguien a su lado, alguien con quien compartir lo bueno y lo malo? ¿O debía decirle que la muerte de Guido lo había cambiado todo? Ya no daba nada por sentado. Sabía que la vida era algo frágil, algo que podía perderse en un segundo.
Guido Lasen era de su edad y había muerto en el circuito unas semanas antes. Los pilotos de carreras no se mataban a menudo, pero a veces pasaba. Había muerto un buen hombre. Su familia estaba de luto. Sus amigos estaban de luto... repasando sus propias vidas.
¿Querría Camila oír eso?
-Olvídalo -dijo ella entonces, entrando en la cocina.
Benja miró los retratos familiares que colgaban en la pared. Su madre y su padre, hace años, como él los recordaba. Estaban en el jardín de su casa, sentados frente a la vieja mesa de plástico que solían sacar para cenar o comer durante el verano. Parecían felices.
Benja miró la siguiente fotografía, la mejor amiga de Camila, Jazmín. ¿Qué había sido de ella? La siguiente era de Jazmín y Camila, en el río. Camila estaba muy delgada y parecía tan joven...
Eso no había cambiado. Y su ropa... Un traje de chaqueta para trabajar, unos pantalones cortos y una camiseta que apenas le tapaba el ombligo en casa. Qué contraste.
Benja tuvo que apretar los puños para contener el abrumador deseo de pasar los dedos por ese retazo de piel tan tentador. Para ver si era tan suave como antes. Quería tocarla por todas partes, sentir su calor, oír los suaves murmullos que hacía cuando estaba excitada. Saborearla y olvidar el pasado, el presente y el futuro entre sus brazos.
¿Decirle para qué había vuelto lo ayudaría o sería una rémora? ¿Qué quería, seguir con ella para siempre o dar por concluido lo que habían empezado siete años antes?
Pensó que tendría tiempo para decidirlo. Pero se había encontrado con ella en Buenos Aires. No tenía tiempo para preparar una respuesta.
Y ella no parecía dispuesta a ceder. Tenía que tomar una decisión y arriesgarse, como había hecho siempre.
¿Podría convencerla de que debía confiar en él? ¿Podría creer Camila que si le daba otra oportunidad no volvería a decepcionarla?
No parecía que ella fuese a darle otra oportunidad… al menos por el momento.
Decidido, entró en la cocina. Las jornadas más largas empezaban con un simple paso. Quizá en el camino encontraría las respuestas. Y, con un poco de suerte, las palabras que convencerían a Camila.
-¿Te gusta la pasta? -preguntó ella.
-Me gusta la carne.
-Pondré un poco de pollo en la ensalada. Si quieres ayudar, saca lechuga, tomates y zanahorias de la nevera.
Benja había cocinado bastante durante esos años. Aunque no tenía casa propia solía alojarse en hoteles con cocina porque le gustaba más la comida casera que la de los restaurantes.
Juntos formaban un buen equipo. Él preparó una ensalada mientras ella hacía el segunda plato. De vez en cuando se chocaban. Benja la miraba mientras trabajaba, intentando averiguar si el contacto era a propósito. Sospechaba que no.
Siete años antes, él se había marchado. Ahora se daba cuenta de todo lo que había dejado atrás. ¿Podría probarle a Camila que era un hombre con el que debía arriesgarse de nuevo?

Capítulo 13
Camila supo antes de que terminasen de cenar que aquello había sido un error. No debería haberse quitado el traje de chaqueta. O deberían haber cenado en algún restaurante lleno de gente. En cualquier sitio menos en su casa.
Preparar la cena juntos había sido un momento agridulce. Recordaba otras cenas que habían hecho después de casarse. La mayoría de las veces durante aquellos catorce días habían terminado en la cama antes de cenar.
Rozarse con Benja la ponía nerviosa. Camila sabía que corría el peligro de volver a enamorarse, pero su cuerpo había estado dormido durante demasiado tiempo... Deseaba que la tocase y tuvo que hacer un esfuerzo para comer, intentando no pensar.
La charla durante la cena fue agradable, impersonal. Era como si los dos supieran que se avecinaba una tormenta y quisieran disfrutar mientras era posible.
Él le preguntó si le gustaba Buenos Aires. Ella le preguntó cómo era París en primavera. En algún momento estuvo a punto de soltar una carcajada por lo serios y formales que sonaban cuando, en realidad, la tensión casi podría cortarse con un cuchillo.
Por fin, él soltó el tenedor y se apoyó en el respaldo del sofá. Camila se levantó para llevar los platos a la cocina.
-Puedo ayudarte a fregar -se ofreció él.
-No hace falta, acabo enseguida. ¿Quieres un café?
-No tomo café, gracias.
-¿No?
Eso era nuevo
-No puedo tomar cafeína, por los nervios. Cuando tengo una carrera, debo estar completamente concentrado en el circuito.
Ella tragó saliva, debatiéndose entre el deseo de verlo pilotar un coche de carreras y el miedo que le daba.
-Vuelvo enseguida.
No era una huida, pero lo parecía. Por un momento se sintió a salvo, como si pudiera evitar la tormenta. Como si las cosas pudieran volver a ser como la semana anterior, antes de que la llegada de Benja hubiera puesto su mundo patas arriba por segunda vez en su vida.
Estuvo en la cocina el mayor tiempo posible. Pero cuando guardó el último plato, no tuvo más remedio que volver al salón, con su invitado.
Benja estaba de pie frente a la ventana. Debería haberlo imaginado. Benja nunca estaba mucho tiempo sentado... a menos que estuviera viendo una película. Incluso entonces, su atención parecía dividida entre la película y ella.
¿Podría enamorarse de otro hombre?, se preguntó. Benja había sido tan importante para ella... Cada momento que pasaron juntos era un tesoro. ¿Lo habría colocado en un pedestal al que nunca podrían llegar otros hombres?
Pero Benja era una estatua con pies de barro. Quizá por eso su partida fue tan dolorosa. Lo habría echado de menos en cualquier caso, pero que pudiera marcharse cuando para Camila el sol salía y se ponía por él había sido imperdonable.
Él se volvió al oír sus pasos. Camila sintió una atracción, un deseo de acercarse que era casi más fuerte que ella. Pero no. Era inmune a aquel hombre. Sabía que no era para ella. Todas sus plegarias, todos sus rezos durante los últimos siete años no habían servido de nada, de modo que...
-¿Quieres que acabemos con esto? -preguntó.
-¿Que acabemos con qué?
-Con esta discusión. Así tú podrás marcharte yo podré seguir adelante con mi vida.
-Antes hablaba en serio. Te quiero en mi vida, Camila. Ven a ver cómo es mi mundo. Dentro de dos semanas tengo una carrera en Spa... Ven conmigo a Bélgica.

Capítulo 14

¿Ir con Benja a Bélgica? Lo había dicho como si le pidiera a un amigo que fuera con él a Mendoza. Pero Europa no era Mendoza. Y Benja no era un amigo.
Camila no sabía qué era exactamente. La mera presencia de Benja en su vida lo cambiaba todo. Y sus revelaciones la habían hecho pensar y repensar todo su pasado.
Abrió la boca para contestar, pero él puso un dedo sobre sus labios.
-No, no me contestes. Piénsatelo. Volveré a preguntarte en otro momento. Pero hasta entonces piénsalo, ¿de acuerdo?
Ella asintió con la cabeza.
Benja bajó la mano para entrelazar sus dedos.
-Háblame de Camila Bordonaba. ¿Quiénes son sus amigos, qué hace cuando no está trabajando? ¿Dónde va de vacaciones? ¿Con quién pasa las navidades?
-Hablar no puede compensar los años perdidos, Benja. ¿Qué quieres, una reunión de antiguos alumnos, de esas en las que todo suena perfecto, como si nunca hubiera habido ningún problema?
Él negó con la cabeza.
-El pasado es el pasado. Yo fui el causante de nuestra separación. Pero no olvides que tú me dijiste que me fuera y no volviese nunca. Esas fueron las palabras que dijiste esa noche.
-Cuando tú dijiste que aún tenías una oportunidad de entrar en el circuito. Yo estaba rota por la pérdida del niño y tú estabas encantado con la idea de dejarlo todo atrás para ser piloto de Fórmula Uno. Yo tenía miedo, Benja. No quería que te fueras.
-¿Y por qué no me dijiste eso?
Ella levantó los ojos al cielo, intentando apartar la mano. Pero Benja no la soltó. Camila no quiso examinar por qué no lo había intentado con más fuerza. No quería admitir que le gustaba tocarlo, pero así era.
-No lo decía de verdad. No decía de verdad muchas de las cosas que dije esa noche. Estaba destrozada. Esperaba que te quedases conmigo, que llorases conmigo. No sé lo que quería, pero desde luego no era que te fueras.
-Nunca entenderé a las mujeres -suspiró Benja-. ¿Por qué no podéis decir lo que queréis de verdad?
-Ah, pobrecito, ¿las mujeres te lo han hecho pasar mal? -replicó ella, irónica. Podía imaginar lo que pasaba tras cada carrera... montones de mujeres guapas colgadas del brazo del ganador. Consiguiendo la atención que no podían conseguir por ellas mismas. Pasando un tiempo con él que debería haber sido suyo. Disfrutando de la emoción de las carreras y rapiñando la recompensa después. Camila sintió celos. Pero aquella vez sí soltó su mano de un tirón.
-No diría que todas -contestó él, burlón.
Camila apartó la mirada, enfadada porque no se estaba tomando en serio la conversación.
-La mayoría entonces.
Recordaba la frustración, el miedo, la rabia de aquella noche tanto tiempo atrás. ¿Acabarían diciendo cosas que no sentían?
-No, sólo tú -dijo Benja.
-¿Y las demás mujeres?
-¿Qué mujeres?
-¿Vas a decirme que no has salido con ninguna otra mujer en siete años? -preguntó ella, incrédula. Imposible. Benja era demasiado viril, demasiado dinámico. Podía hacer que a una mujer se le acelerase el corazón sólo con entrar en una habitación.
-¿Y tú? -preguntó él.

Capítulo 15

Benja esperó que Cami contestara a su pregunta. Que riera y dijera que había tenido docenas de amantes en los últimos siete años. Pero pasaban los segundos y ella no decía nada. Su expresión era indescifrable. Y la respuesta no llegó nunca.
Benja se sintió enfermo. ¿No había salido con ningún otro hombre en siete años?
-¿Por qué, Camila? -preguntó en voz baja.
Sus ojos se habían llenado de lágrimas y él sintió como si lo hubieran golpeado en el estómago. No quería hacerla llorar, no quería hacerle daño. ¿Cómo se había torcido todo de tal forma? Por su culpa. Debería haber llamado, debería haber vuelto a Bariloche para pedirle que fuera con él después de su primer éxito. Antes de eso no tenía nada que ofrecerle. Pero dos años después de marcharse sí tenía algo que ofrecer. Entonces debería haber vuelto a Bariloche.
-¿Cami?
-Ya conoces el dicho, “perro mojado del agua huye”. No he encontrado a un hombre con el que quisiera arriesgarme. Además –Camila lo miró con rabia- sigo casada, no sé si te acuerdas. Tendría que divorciarme para mantener una relación seria con alguien.
Él asintió. Como debería haber hecho él. Había metido la pata más de lo que le gustaría admitir. ¿Habría cambiado algo si Guido no hubiera muerto? ¿Habría cambiado él o habría seguido haciendo lo que hacía hasta hacerse viejo, hasta que ya no lo quisiera nadie?
-¿Quieres el divorcio? -preguntó.
Quizá sería mejor terminar de una vez. Así podría seguir adelante con su vida. Ella podría encontrar un hombre... tener la familia de la que hablaba siete años atrás.
-¿Hay alguna razón para que no nos divorciemos?
A Benja no se le ocurría una sola razón, excepto que no quería hacerlo. Por primera vez en muchos años, las carreras no eran lo más importante en su vida. Quería algo más.
-Pensé que podríamos intentarlo… para ver lo que pasa. A lo mejor no podríamos ser un matrimonio como los demás, pero ¿deberíamos rendirnos sin hacer ningún esfuerzo?
-La mayoría de los matrimonios que conozco viven juntos, comparten los días, las noches, los fines de semana. Tú ya estás hablando de irte a Bélgica.
-Ya no somos niños, Cami. Nuestro matrimonio puede ser como nos convenga a los dos. Yo tengo carreras de marzo a octubre. Y tengo que entrenar casi continuamente para mantener los reflejos, para probar los coches, los motores, las ruedas... Pero puedo entrenar en La Plata. En general, sólo hay un par de carreras al mes. Puedo estar aquí el resto del tiempo.
-¿Ah, sí? Más bien tu cuerpo estaría aquí, pero tu mente estaría en otro sitio, en alguna carrera a miles de kilómetros de distancia.
-¿Y eso te importaría?
-Sí, mucho. Compartir tu vida con alguien es algo más que compartir apartamento.
-Podrías darme una oportunidad. Una semana, hasta el miércoles. La semana que viene tengo que irme a Bélgica. Y espero que vengas conmigo. ¿Qué dices?
Ella negó con la cabeza.
Benjamín había esperado convencerla para que le diese otra oportunidad. ¿Que tendría que hacer para conseguirlo?

 
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marichu
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 16 2007, 10:49 PM 

buenisima siguela pronto ya la hechaba de menos, un besote

 
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 16 2007, 10:52 PM 

ta genial, d verdad, siguela pronto!!!!

 
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anonimo
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cartas de amor

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March 16 2007, 11:10 PM 

esta genial. espero q benjamin la convenza y ella se deje. seguro q a los dos les vendría muy bien pasar un tiempo juntos para conocerse mejor y afianzar su matrimonio. espero camila se vaya con él. siguela pronto bss linda

 
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claudinha
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 17 2007, 12:38 AM 

muy bueno el capitulo gracias!!

 
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Anonymous
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 17 2007, 2:02 AM 

ME ENCNATA SEGUILA PRONTO

 
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andrea
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 17 2007, 9:06 PM 

siguela pliss

 
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Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 19 2007, 11:29 PM 

esta genialial de 10 que benja se aguante por haberle hecho eso en el pasado siguela pronto que esta super bien besos guapa

 
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(Acceso Irenerebelde)

Re: ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos

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March 20 2007, 1:15 AM 

Gracias

 
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Current Topic - ·Cartas de amor· combo y cap 12, 13 14 y 15 nuevos  Respond to this message   
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