Hola! Bueno, aqui os dejo la ultima parte del minfic, espero que os haya gustado. Y nada, os dejo tambien la ultima parte con momento cancion, y sorpresita (epilogo) La cancion, os dejo el link, y avisare en el capi.
Y nada, Besitos! Y por favor comentar por fi, que siempre se agradece, y es lo que siempre ayuda a continuar, porque, sino fuera por vosotras, ¿para quien escribiria? Siempre cuesta poco pasarse, y ayuda mucho un pequeño comentario. Besitos!!
[6ª Parte]
http://www.megaupload.com/es/?d=9P528MFE (Learning To Breathe)
¡Ding, dong! ¡Ding, dong! ¡Ding, dong!
¡Ya va!
La puerta se abrió dejando pasar a una Marizza vestida realmente guapa, aunque simple. Con una camiseta negra de escote circular y unos pantalones anchas típicos suyos. Con una bolsa en sus manos que tendría el regalo de Manu.
-¡Marizza! No te has puesto la ropa que fuimos a comprar para hoy –le reprocho su amiga Mía al otro lado de la puerta-. No se que voy a hacer contigo, anda pasa.
-Hay Miita, yo si que no se que voy a hacer contigo –exclamo Marizza imitándola.
Las dos rieron y pasaron dentro de la casa, donde la fiesta ya estaba montada. La música sonaba alto, y la gente bailaba por el salón y la cocina, con algunas bebidas en la mano.
-¡Manu! –grito Marizza al verlo pasar.
Él cumpleañero se detuvo junto a ellas y saludo a Marizza con dos besos mientras cogía la bolsa que esta traía.
-Espero que te guste –le dijo Marizza- me ha costado encontrarlo, pero sabía que te encantaría.
Manu saco el regalo y lo desenvolvió.
-¡Dios! Es de las primeras ediciones del primer disco de los Beatles en vinilo. ¡Marizza te quiero! –dijo su Manu abrazando a su amiga con fuerza.
-Vaya, muy bonito –le dijo Mía frunciendo el ceño.
-No cariño, a ti te quiero más. Pero es que lo suyo es un tesoro, y lo tuyo una indirecta de que soy un tardón… -le dijo Manu a Mía dándole un pequeño beso.
-¿Qué le has regalado al final? –le pregunto Marizza a Mía.
-Un reloj con alarma incorporada, para que no llegue tarde como siempre cuando quedamos –dijo ella riéndose.
Las dos se rieron, mientras Manu se alejaba a guardar su gran tesoro.
-No se como le pueden gustar los Beatles… ¡en fin! Anda vamos para la cocina a coger algo de beber, y luego te presento a un amigo mío –dijo andando ya hacia el lugar citado.
-¡No! –le advirtió Marizza dándole alcance como podía, pasando entre la gente que bailaba ya algo feliz debido a la bebida que sostenían en sus manos-. Mía, no quiero que me presentes a ningún tío ni a nadie.
Las dos llegaron a la cocina y mientras se servían ellas mismas un cubata y apartando las botellas vacías, siguieron hablando.
-¿Por qué no? –pregunto la rubia quitándole una botella de peche a una chica que pasaba por ahí ya bastante ebria.
-Mía, a mi no me líes, sin tíos hoy ¿vale? –le pregunto quitándole la botella-. ¿Me lo prometes?
-Está bien –le dijo ella recogiendo su botella-. ¿Ni si quiera si fuera Pablo?
-Aun menos si es Pablo –contestó tajante.
Mía se encogió de hombros, y se giro para marcharse a bailar, mientras, Marizza abrió la nevera buscando coca-cola fresca, cuando una mano toco en su hombro. Se giro y vio a la ultima persona de la fiesta que no deseaba ver.
-Pablo… -susurro, más bien para si.
-En persona –dijo el a modo de chiste.
-Que suerte –dijo ella irónicamente-. Vete –dijo seria.
-Dejame pensarlo… no –contestó apoyándose en la mesa mientras la miraba.
-¿Vas a estar aquí molestando?
-Por supuesto –dijo contesto él de inmediato sonriéndole.
-Entonces soy yo la que se va –contestó dejando una botella en la mesa y pasándole por al lado para marcharse a bailar.
Pablo giró la cabeza mientras la seguía hacia la pista baile.
-¿Ron? –le preguntó de nuevo Pablo a la castaña sin dejarla en paz-. ¿Un poco fuerte no?
-Me gustan las bebidas fuertes, si me conocieras, lo sabrías –contestó ella.
-La cuestión, es que quiero conocerte.
Marizza, no supo que contestar ante eso. Tal vez lo que le había dicho lo había convencido. Tal vez estaba cumpliendo lo que ella había dicho que se lo demostrara.
-¡Pablo! –grito una voz detrás suyo.
Elsa apareció corriendo mostrando sus piernas bajo un pequeño y corto vestido granate.
-Me prometiste un baile –le dijo la chica cogiéndolo del brazo- ¿vamos?
Marizza lo miro una última vez, y Pablo a ella. Pero en seguida se fue a saludar a Joaquín, dejando atrás a Pablo y Elsa.
La fiesta siguió transcurriendo normal. Bailaba con todos los chicos robándoselos de vez en cuando también a sus amigas. Aunque Pilar casi no dejara acercarse a ninguna chica a Tomas. Al igual que Sol hacia con Fran.
Se sentía cada vez más feliz, con adrenalina en el cuerpo, olvidándose de todo. Bailaba y reía con sus amigas.
Pablo de lejos la observaba, bailaba con Elsa, alejado de Marizza, pero observándola. Viendo como bailaba con todos, pero no con él. Y tampoco sabía como podría acercarse a ella. Tenia claro que no se sentía como siempre al mirarla, al verla sonreír, todo era distinto.
-Pablo… -le llamo Elsa para que la mirara.
-¿Si? –pregunto él saliendo de sus pensamientos.
-¿Me acompañas un momento a coger algo de beber? –pregunto con una sonrisa mientras tiraba de la mano de él alejándose del resto de la gente.
Marizza bailaba con Manuel, ya que le había prometido un baile por su cumpleaños. Cuando se termino la canción, se acerco a sus amigas.
-Voy a por algo más de beber, ahora vengo chicas –se excuso, mirando su vaso vacío.
Todas afirmaron con la cabeza mientras seguían bailando y bebiendo.
-¡Espera! –le grito Mía que salio tras ella hacia la cocina-. Te acompaño.
-Claro.
-Bueno, ¿y que has hablado antes con Pablo? –le pregunto la rubia.
-Nada Mía… -contestó Marizza soltando un suspiro-. Aunque… dijo que me quería conocer –confeso mientras se quedaba pensando.
-Tal vez sea verdad, ¿no? –medito la rubia-. Ya sabes que baila con Elsa por no decirle que no. Igual te esta demostrando o lo intenta por lo menos, que es lo que quiere.
Pero al entrar en la cocina, Marizza ya no lo creía así. Todo lo que podía haber llegado a pensar a favor, había desaparecido. Se quedo quieta, observando lo que sin duda le daba la razón en lo que hacía mucho tiempo atrás pensaba. En lo que había tenido una mínima esperanza, algo que había albergado se había esfumado en dos segundos.
-Pues se lo estará demostrando a Elsa, porque lo que es a mí no –susurro Marizza a Mía mientras salía sin mirar atrás de la habitación.
Comenzó a andar todavía más deprisa dejando la imagen de Elsa y Pablo besándose atrás. Preguntándose como podía haber sido tan estúpida de pensar que Pablo y ella podrían haber tenido algo. Esquivo a toda la gente que bailaba en el salón, sin decir nada a sus amigos. Ya no tenía ganas de bailar, de beber, ni de nada. Cogió su chaqueta de la entrada y salió de la casa dejando atrás una de las escenas que más le habían dolido en su vida.
Pablo separo a Elsa de sí rápidamente, preguntándose que se le había pasado por la cabeza a esa chica para creer que el querría besarla a ella. Pero no le dio tiempo ni tan si quiera a reprocharle nada, porque la chica a la que si que habría querido besar en ese momento y mil veces más se marchaba de la habitación y de la casa a paso ligero. Giro la cara un poco y vio a Mía mirándolo.
-¿Lo ha visto? –le pregunto a Mía desesperado-. Por favor dime que no.
-Si, os ha visto –contesto la rubia en un susurro.
-¡Mierda! –exclamo él saliendo de la habitación corriendo para ir tras ella.
Corrió a través del salón, y cerro de un portazo la puerta principal de la casa, para buscarla. Estaba tan solo a unos metros de él, así que echo a correr hacia ella.
-¡Marizza! ¡Espera Marizza, por favor! –grito alcanzándola.
La castaña ni lo miro, siguió andando ignorándole hasta que Pablo harto la paro de un brazo.
-Por favor, Marizza. Te juro que se me lanzó. Yo no quería, me aparte de ella –le aseguro, mirándola a los ojos que ella mantenía fríos y serenos-. Me dijiste que te demostrara lo que quería y eso estoy haciendo.
-Pues estas muy lejos de llegar a demostrar nada, me parece a mí –contestó volviendo a andar.
-Marizza, te lo juro –insistió agarrándola del brazo para pararla de nuevo.
-¡No me toques! –grito Marizza soltándose y alejándose de él un par de pasos de él-. ¿Sabes?, el fin de semana pasado, llegue a creer que no eras como inicialmente yo pensaba, y pensé que querías como los demás. Que podías llegar a demostrar que eras una buena persona. Ahora ya veo que no, y solo espero que tus hermanos no aprendan eso de ti.
Volvió a alejarse andando de él por mitad de la calle hacia su casa, con todo en lo que creía destruido. Pero aun se volvió una vez más hacia Pablo. Una vez más en la que él vio un rallo de esperanza, que se perdería a los dos segundos.
-Creo que esta demás decir que no me vuelvas a hablar en tu vida.
Y con eso se fue calle abajo. Mientras el rubio la veía andar y marcharse, habiendo jodido la oportunidad que él esperaba tener. Demostrarle lo que ella pedía, pero que ya no era posible.
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(Momento canción – Learning To Breathe)
Se levanto cansada de la insistencia del timbre de la casa, que no dejaba de sonar. Sus padres se habían vuelto a ir de fin de semana romántico, y la habían vuelto a dejar tirada. Cosa que siempre pasaba y que nunca podría remediar, en ocasiones no sabia quien tenía y quien no la cabeza donde correspondía. Empezaba a pensar que ella era mucho más responsable que sus padres, que en cuanto podían se iban juntos, y la dejaban los fines de semana sola a su suerte.
Abrió la puerta con pesadez y vio a quien justamente no quería ver. Podría a ver podido soportar la visita de Pilar o de Mía, aunque estuvieran demasiado pesadas esos días, y tratar de controlar su mal humor. Teniendo a Pablo delante, eso sería imposible.
-¿Qué haces aquí? –le espetó sin siquiera darle la oportunidad a hablar, o explicarse-. Te dije que no te quería ver nunca más.
-Lo veo un poco difícil siendo que somos vecinos, vamos a la misma clase y tenemos los mismos amigos –se burlo él apoyándose en el marco de la puerta.
Marizza se cruzo de brazos y lo miró con el ceño fruncido y los labios torcidos, mientras aguantaba dentro de ella el mal genio que amenazaba con salir.
-Me da igual, vete.
Pero Pablo pasando olímpicamente de su orden se adentro en la casa y miró a Marizza con una creciente sonrisa.
-¿Estas sordo? Yo te digo que te vayas y tu te quedas ahí plantado mirándome. ¡Fuera!
-No me eches como si fuera un perro porque no lo soy Marizza. He venido aquí porque tengo un par de cosas que hablar contigo, y lo vamos a hacer civilizadamente –concluyo él con decisión-, si tu lo permites, claro.
Marizza omitió el último comentario y arremetió contra él en la primera oportunidad que tenía.
-No…, tú no eres un perro. Peor, lo que tú eres es un cerd… -pero no pudo seguir hablando porque Pablo le había tapado la boca con la mano.
-Ojito con lo que vas a decir. No seamos mal hablados –le advirtió el riendo.
Marizza quito la mano que le tapaba la boca de un golpe y lo miró cabreada –aun más si era posible-.
-Yo no tengo nada que hablar contigo –le contestó tajante la castaña.
-Pero yo contigo si, ya que ayer no quisiste –dijo él sentándose en un sofá esta vez más serio.
Ella lo miro sin fiarse de él, pero se sentó en un sillón frente a él.
-Tienes cinco minutos, y mi imagen sobre ti, no cambiará –le advirtió la castaña mirando su reloj de pulsera-. Así que ya estas tardando.
Pablo la miró con una sonrisa, y le importaba poco el tiempo. Porque aun así ella no le dejara, seguiría toda la vida tras de ella. No necesitaba ni dos minutos para convencerla. Había estado pensando que era lo que le iba a decir, y ahora al tenerla delante las palabras cambiaban, y no estaba nervioso. No era el mismo chico que se había pasado toda la noche anterior en vela mirando la ventana de la casa de al lado, para ver con suerte a la chica que le robaba el sueño.
-Se lo que quiero, lo se. Y me da igual lo que me cueste convencerte de que es verdad y demostrártelo, Marizza –comenzó a decir Pablo mientras las palabras salían de él sin pensarlas, solo sintiéndolas.
-Cuatro minutos… -cantó ella que seguía mirando el reloj tratando de ausentarse de las palabras del rubio-. Y van para tres… ¡ahora!
-Marizza –la llamo él cogiéndole de la mano para que le mirara a él, cosa que funcionó.
Los dos se quedaron en silencio, mirándose atentamente, como si fuera lo más importante que pudieran hacer, o quisieran hacer.
-Créeme, por favor. Se que he sido uno de los tíos más estúpidos que pueda haber, pero quiero remediarlo. Quiero que me escuches y me creas, cuando te digo que soy diferente, que se lo que quiero –trato de hacerla entrar en razón el rubio.
-Dime entonces, ¿que es lo que quieres? –preguntó Marizza harta de él-. Porque de momento, no me lo has demostrado muy bien.
-A ti, Marizza. Te quiero a ti –contestó el acercándose más a ella y acariciándole la mano.
-Palabras en vano, y te queda un minuto –dijo ella en un susurro volviendo a mirar el reloj.
-Me sobra tiempo.
Pablo se acerco la poca distancia que los separaba, para besarla. Junto sus labios con los de ella de una manera dulce y sutil, permitiéndole apararlo, pero no fue así. Se quedo quieta, rígida. Y Pablo trato de incitarla, hasta que la levanto sentándola encima de él y Marizza comenzó a responder al beso. Que tan solo era dulce y delicado, con mucho cariño. Tratándola con ternura. Cuando se les acabo el aire, se separaron mientras Pablo apoyaba la frente sobre la de ella respirando profundamente con los ojos cerrados, al igual que Marizza.
-Se te ha acabado el tiempo –dijo Marizza muy bajito tomando aire-. Y todavía no has conseguido convence…
-¡Oh! ¡Venga ya! –le cortó Pablo volviendo a besarla.
[Epílogo]
Era verano ya, principios. Estaban los dos en un parque, dando una vuelta. O más bien corriendo. Marizza corría todo lo que podía huyendo de Pablo, hasta que él la había alcanzado y la había cogido en brazos.
-Hay, no es justo. Siempre haces lo mismo –se quejo ella.
-Lo se, pero es que tu siempre corres muy poco –se burlo el rubio.
Marizza se echo a reír y se soltó, para que la bajara al suelo.
-Buf, que calor hace –suspiro la chica.
-Por mi quítate la camiseta, que no hay problema.
-Idiota –le insulto pegándole un manotazo.
Pablo se rió y la cogió de la mano, para tirar de ella y que se sentara en la hierba con él. Tras lo que sacó un cigarrillo del paquete de su bolsillo y se lo fue a encender cuando Marizza se lo quitó de la boca.
-Yo me quitare la camiseta –le dijo ella-. El día que tu dejes el tabaco.
-¡Lo estoy dejando! –se quejo, intentando coger el cigarro que ella tenia en la mano.
-¿Si? Pues no lo parece… -contraatacó estirando el brazo.
-Además, se que cuando te beso te gusta el aroma.
-¿Así?
-Si –contestó él acercándose a la castaña.
-Demuéstralo –lo provoco.
Pablo se acerco del todo a ella y la termino de besar, mientras Marizza se recostaba sobre él en la hierba.
-Mentira –susurro separándose de él-.
-Verdad.
-Aun así, no me gusta que fumes –dijo levantándose de encima de él.
Pablo recostado en la hierba, la miró levantarse y limpiarse los pantalones. Le encantaban esos pequeños detalles de ella al preocuparse de él, le habían gustado desde el principio, y ahora le encantaba tenerla cerca de él.
-Ven aquí –dijo tirando de la mano de Marizza para tirarla sobre é.
-¡Hay! Pablo… que brutito eres a veces.
-¿Yo? Siempre que tu estas cerca –le contestó sonriéndole de medio lado.
Marizza se echo a reír inevitablemente. Siempre que él le miraba así, no podía evitarlo y reía.
-Me gusta como ríes –le susurro Pablo a la oreja.
Marizza giro la cara lentamente hacia él. Le miró con una sonrisa en los labios, y comenzó a besarle suavemente. Mientras se recostaban los dos en la hierba. ¿Quién habría pensado que habrían acabado así? Pero, así eran las cosas. Nunca esta demás de vez en cuando confiar, conocer a la gente y relajarse. Lo que Pablo sabía hacer, y a lo que Marizza estaba aprendiendo.
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•.•.•…El decía la memoria es traicionera y tenia razón…•.•.•
•.•.•…esta es la mía, la historia que yo elegí recordar, con la memoria y el corazón…•.•.•
•.•.•...y aunque la memoria sea traicionera; esta es la manera en que yo elegí contar mi historia…•.•.•