| ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 4October 22 2008 at 10:58 PM No score for this post | anonimo (no login) |
| Hola aqui betsy de nuevo. me alegra ver que tengo dos lectoras!!algo es algo je je. aqui os dejo otro capi interesante, espero que os guste. bss lindas.
CAPITULO 4
“Me refiero al pacto que ha realizado con mi padre…”
Las palabras de Paloma sonaban una y otra vez en la mente de Franco hasta mucho después de que se separaran. A la primera oportunidad que tuviera, llevaría a Gino Riganti a una parte y le preguntaría qué demonios pasaba. Sin embargo con el ajetreo de los invitados, que no cesaban de llegar, lo más probable era que no dispusiera de una oportunidad hasta la noche.
Franco se preguntó si el viejo Riganti había considerado en serio la posibilidad de casarlo con Paloma. ¡Santo cielo! A lo largo de los años, Franco había tenido muchos pensamientos relacionados con Paloma Riganti, pero ninguno había contemplado el matrimonio. Esta alternativa estaba tan lejos de lo posible que ni siquiera valía la pena tenerla en cuenta. De modo que Franco nunca la había besado, nunca había bailado con ella y ni siquiera había dado un paseo con ella, pues sabía con certeza que los resultados serían desastrosos.
Los secretos de su pasado perseguían su presente y ponían en peligro su futuro. Franco siempre era consciente de que la identidad que había creado para sí mismo podía romperse en mil pedazos en cualquier momento. Lo único que se requería era alguien que atara unos cabos, que alguien reconociera lo que era o quien era en realidad.
Paloma se merecía un marido que fuera íntegro y honesto, no uno que había construido su vida sobre falsedades. Pero esto no impedía que Franco la quisiera. Siempre había querido a Paloma con una intensidad que parecía irradiar de todos los poros de su piel. Paloma era dulce, amable, ingeniosa, excesivamente razonable y, al mismo tiempo, absurdamente romántica. Sus chispeantes ojos oscuros llenaban los sueños de Franco. Paloma tenía momentos ocasionales de torpeza, cuando su mente estaba demasiado ocupada en sus pensamientos y le impedía centrarse en los que estaba haciendo. A menudo, llegaba tarde a cenar porque se había enfrascado demasiado en la lectura. Con frecuencia, perdía dedales, zapatillas y cabos de lápices. Y le encantaba contemplar las estrellas. La inolvidable visión de Paloma reclinada de una forma nostálgica en la barandilla de una terraza admirando el cielo nocturno, habían hecho crecer en Franco el más ardiente deseo de dirigirse a ella y besarla con pasión.
Franco había imaginado, con mucha más frecuencia de la que debería, que se acostaba con ella. Si hubiera ocurrido, él habría sido extremadamente dulce; la habría adorado. Lo habría hecho todo y cualquier cosa para complacerla. Él ansiaba disfrutar de la intimidad del roce de su cabello en sus manos, de la blanda prominencia de sus caderas, de la suave piel de sus hombros en sus labios. Y ansiaba disfrutar del peso dormido de su cuerpo en sus brazos. Él quería todo estoy mucho más.
A Franco le sorprendía que nadie se hubiera dado cuenta de sus sentimientos. Paloma debería haberlo percibido cada vez que lo miraba. Por suerte para él, ella no lo había notado. Paloma siempre lo había ignorado, como a un eslabón más en la maquinaria de la compañía de su padre, y Franco se alegraba de su actitud.
Sin embargo, algo había cambiado. Franco reflexionó acerca de la forma en que Paloma lo había mirado antes, acerca de la sorpresa que había reflejado su expresión. ¿Acaso su aspecto había cambiado tanto?
De una forma distraída, Franco entró en el recinto de Stony Cross Manor. Nunca había pensado en su aspecto, a parte de asegurarse de que llevaba el cabello cortado y el rostro limpio. La rígida educación de Nueva Inglaterra había borrado en él cualquier rastro de vanidad, pues los bostonianos aborrecían el engreimiento y hacían todo lo posible por evitar lo nuevo y lo que estaba de moda.
No obstante, durante los dos últimos años, Gino Riganti había insistido en que Franco acudiera a su sastre de Park Avenue y a su peluquero en lugar de su barbero y que, de vez en cuando se hiciera la manicura, como correspondía a un caballero de su posición. También, a insistencia de Riganti, Franco había contratado a una cocinera y a un ama de llaves, lo que significaba que, últimamente comía mejor. Esto unido a la pérdida de los últimos vestigios de juventud le había proporcionado un aspecto de madurez. Franco se preguntó si esto atraería a Paloma y enseguida se maldijo a sí mismo por preguntárselo.
Pero la forma en que ella lo había mirado antes…, como si lo viera por primera vez en su vida, como si se diera cuenta de que existía.
Paloma nunca lo había mirado de aquel modo en ninguna de las ocasiones en las que él había visitado la casa de su familia en la Quinta Avenida. Franco recordó la primera vez que vio a Paloma, durante una cena privada en la que solo asistía la familia. Todo era resplandeciente desde las paredes al techo.
Durante la cena estuvieron presentes dos de los hijos varones, jóvenes y robustos que debían ser el doble que Franco. Marilyn y Gino se sentaron en los extremos de la mesa. Las dos hijas, Allegra y Paloma, se sentaron en uno de los dos lados muy próximas entre sí.
Gino Riganti tenía una relación conflictiva con sus dos hijas a las que ignoraba o las sometía a duras críticas según el día. Allegra, la mayor, le respondía con una ruda insolencia. Sin embargo, Paloma, quien entonces tenía quince años, trataba a su padre de una forma especulativa y más bien alegre que parecía molestarlo más allá de lo que él podía soportar.
Paloma hizo que Franco sintiera deseos de sonreír. Con su piel luminosa, sus exóticos ojos color canela y sus ideas impredecibles, Paloma Riganti parecía proceder de un bosque encantado lleno de criaturas míticas.
Franco enseguida se dio cuenta de que cualquier conversación en la que Paloma tomaba parte solía derivar hacia temas maravillosos e insospechados. Franco se divirtió en secreto cuando Gino Riganti reprendió a Paloma delante de todos por su última diablura. Recientemente en casa de los Riganti había multitud de ratones ya que las trampas que se colocaban habitualmente no funcionaban. Sin embargo uno de los sirvientes descubrió que era Paloma quien, merodeando por la noche hacía saltar todas las trampas para evitar que los ratones murieran.
-¿Es cierto hija?- gruñó Gino mientras la miraba fijamente enojado.
-Es posible- reconoció ella-. Pero existe otra explicación.
-¿Y cuál es esa otra explicación?- preguntó su padre con aspereza.
Paloma habló como si le diera la enhorabuena.
-¡Creo que hospedamos a los ratones más inteligentes de Nueva York!
A partir de aquel día, Franco nunca rechazó una invitación a la mansión Riganti, no solo por complacer al dueño, sino porque tenía la oportunidad de ver a Paloma. Franco guardó tantas miradas robadas de Paloma como pudo, pues sabía que era todo lo que obtendría de ella. Y a pesar de la fría amabilidad de ella, los momentos que había pasado en su compañía eran los únicos de su vida en los que había estado cerca de la felicidad.
Franco apartó aquellos agitados pensamientos de su mente y continuó avanzando hacia la casa. Nunca había estado en el extranjero antes, pero era así como había imaginado Inglaterra: jardines cuidados, verdes colinas en la lejanía y un pueblo rústico a los pies de una finca esplendorosa como aquella. La casa y los muebles eran antiguos y algo desgastados por el borde, pero en todos los rincones había jarrones o esculturas de incalculable valor.
Cuando Gino Riganti, o mejor dicho, su secretaria le escribió comunicándole que se requería su presencia en Inglaterra para que supervisara el establecimiento de una delegación de la compañía jabonera en aquel país, el impulso inicial de Franco fue negarse. Y esto era debido a la presencia de Paloma Riganti. Su presencia lo traspasaba como flechas que prometían un futuro de deseo eternamente insatisfecho.
Sin embargo las últimas frases de la carta en las que se le informaba de la situación de la familia, captaron la atención de Franco.
“Se duda que la joven señorita Riganti tenga éxito en la búsqueda de un caballero apropiado con el que casarse. Por consiguiente, y en caso de que no se haya prometido hacia finales de la primavera, el señor Riganti la enviará de regreso a Nueva York.”
Aquella información hizo reflexionar a Franco. Si Paloma regresaba a Nueva York, él estaría encantado de ir a Inglaterra. Además si aceptaba el puesto que le ofrecían en Bristol y esperaba para ver si Paloma conseguía un marido, se cubriría las espaldas. Si Paloma conseguía un candidato, Franco podría encontrar a alguien que lo reemplazara y regresar a Nueva York. Mientras que hubiera un océano entre ellos todo iría bien.
Cuando entró en el vestíbulo Franco vio a Lord Colombo. El conde estaba acompañado por un hombre moreno y corpulento. Franco supuso que se trataba de Marcos Hunt, el socio de Colombo y, según se decía, su mejor amigo. Aunque Marcos Hunt gozaba de éxito financiero, el cual, por lo que se decía era considerable, era hijo de un carpintero y no tenía ningún lazo sanguíneo con la aristocracia.
-Señor Fiztwalden- Lo llamó Felipe de una forma amigable cuando se encontraron a los pies de la escalinata del vestíbulo-, ha regresado pronto de su paseo. Espero que el paisaje resultara de su gusto.
-Las vistas eran magníficas, milord-contestó Franco-. Espero poder realizar muchos más paseos como este por la finca. He regresado pronto porque por el camino me encontré con la señorita Riganti.
-¡Ah!-comentó Colombo con rostro impasible-. Sin duda, verlo habrá constituido una sorpresa para la señorita Riganti.
“Y no muy agradable”, daban a entender sus palabras.
Franco miró directamente al conde. Una de sus habilidades más útiles consistía en captar las mínimas alteraciones en la expresión y la postura de los demás, las cuales delataban sus pensamientos. Sin embargo, Colombo era un hombre de un autocontrol excepcional y Franco admiraba esa característica.
-Como creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que ésta ha sido una de las múltiples sorpresas que la señorita Riganti ha recibido recientemente-contestó Franco en un intento deliberado por descubrir si Colombo sabía algo acerca del posible acuerdo de matrimonio entre Paloma y él.
El conde respondió con un levísimo arqueamiento de cejas, como si considerara su comentario interesante pero no digno de una respuesta. “! Maldición!”, pensó Franco con creciente admiración.
Felipe se volvió hacia el hombre de cabello moreno que estaba a su lado.
-Marcos, me gustaría presentarte a Franco Fiztwalden, el norteamericano de quien te hablé antes. Fiztwalden, le presento al señor Marcos Hunt.
Franco y Marcos se estrecharon la mano con firmeza. Marcos era entre cinco y diez años mayor que Franco y, por su aspecto parecía que podía ser muy duro en una pelea. Se trataba de un hombre directo y seguro de sí mismo a quien, según se contaba, le encantaba mortificar a los pretenciosos y pedantes de la alta sociedad.
-He oído hablar de sus logros con la compañía Consolidated Locomotive Works-declaró Franco-. Su fusión de los conocimientos profesionales de los inglese con los métodos productivos de los norteamericanos ha despertado un gran interés en Nueva York.
Marcos sonrió con sarcasmo.
-Aunque me gustaría quedarme con todo el mérito, la modestia me obliga a revelar que Colombo ha tenido que ver en dicho éxito. Él y su cuñado son socios míos.
-Resulta evidente que esta combinación es muy exitosa- convino Franco.
Marcos se volvió hacia Felipe.
-Dispone de un gran talento para la adulación-señaló-. ¿Lo contratamos?
Felipe sonrió divertido.
-Me temo que mi suegro se opondría. Los talentos del señor Fiztwalden son necesarios para construir una fábrica.
Franco decidió derivar la conversación hacia otra dirección.
-He leído que, recientemente, el gobierno esta realizando gestiones para nacionalizar la industria ferroviaria británica- le comentó a Colombo-. Me interesaría conocer su opinión al respecto, milord.
-¡Santo cielo, no le pregunto acerca de esto.-exclamó Marcos Hunt.
Aquel tema hizo que Colombo frunciera el ceño.
-Lo último que necesita la gente es que el gobierno asuma el control de la industria. El gobierno lo gestionaría como hace todo lo demás. Además, el monopolio arruinaría la capacidad competitiva de la industria, con lo que aumentarían los impuestos, por no mencionar…
-Por no mencionar- interrumpió Marcos con malicia- el hecho de que Felipe y yo no queremos que el gobierno recorte nuestros futuros beneficios.
Felipe le lanzó una mirada severa.
-Da la casualidad de que yo tengo en mente el interés público.
-¡Que suerte que, en este caso, lo que es mejor para el público también sea mejor para ti!-comentó Marcos.
Franco contuvo una sonrisa. Colombo puso los ojos en blanco y le dijo a Franco:
-Como puede ver, el señor Hunt no pierde oportunidad para burlarse de mí.
-Yo me burlo de todo el mundo- replicó Marcos-. Tú solo eres el blanco que tengo más a mano.
Colombo se giró hacia Franco.
-Marcos y yo nos dirigíamos a la terraza para fumar un cigarro. ¿Se une a nosotros?
Franco negó con la cabeza.
-Lo siento pero no fumo.
-Yo tampoco-contestó Felipe compungido-. Tenía por costumbre hacerlo de vez en cuando, pero, por desgracia, el humo no es bueno para la condesa en estas circunstancias.
Franco tardó unos instantes en darse cuenta de que la condesa era Allegra Riganti. Le resultaba extraño que la divertida y luchadora Allegra fuera ahora lady Colombo.
-Usted y yo charlaremos mientras Hunt fuma su cigarro- le indicó Felipe-. Venga con nosotros.
La invitación no parecía admitir negativa, pero Franco lo intentó de todos modos.
-Gracias milord, pero hay cierta cuestión que deseo discutir con alguien y yo…
-Supongo que ese alguien es el señor Riganti.
-“Demonios-pensó Franco- lo sabe”. Aunque nunca lo hubiera adivinado por sus palabras, lo habría hecho por la forma en que lo miraba. Así pues, Colombo conocía la intención de Riganti de casarlo con Paloma y como es lógico, tenía una opinión al respecto.
-Primero discutirá esa cuestión conmigo-dijo Felipe.
Franco miró receloso a Marcos Hunt, quien le devolvió una mirada inexpresiva.
-Estoy convencido-contestó Franco-de que el señor Hunt no querrá aburrirse oyendo hablar de los asuntos privados de otra persona…
-En absoluto-replicó Marcos en tono divertido-. Me encanta oír hablar de los asuntos de otras personas. Sobre todo si son privados.
Los tres fueron a la terraza sobre los hermosos jardines. Una brisa densa, cargada con aroma floral, recorría los jardines. Al fondo se oía correr el agua de un río cercano y el susurro del viento en las hojas de los árboles.
Franco se sentó a la mesa e intentó relajarse. Él y Colombo contemplaron como Marcos Hunt cortaba el extremo de su cigarro. Franco permaneció en silencio y esperó pacientemente a que Felipe iniciara la conversación.
-¿Cuánto tiempo hace que conoce el plan de Riganti de que usted y Paloma se casen?- preguntó Colombo de repente.
Franco contestó sin titubear.
-Mas o menos una hora y quince minutos.
-Entonces, ¿no fue idea suya?
-En absoluto-aseguró Franco.
El conde se reclinó en su asiento y observó a Franco con los ojos entornados.
-Usted tiene mucho que ganar con ese trato.
-Milord- contestó Franco impasible-, si dispongo de un talento en esta vida, éste consiste en hacer dinero. No necesito casarme para conseguirlo.
-Me alegra oírlo- replicó el conde-. Deseo formularle otra pregunta, pero antes quiero dejar claro mi postura. Siento un gran afecto por mi cuñada y considero que se encuentra bajo mi protección. Usted conoce bien a Riganti y, sin duda, es consciente de la estrecha relación que existe entre la condesa y su hermana. Si algo causara infelicidad a Paloma, mi esposa también sufriría. Y yo no lo permitiré.
-Comprendido-respondió Franco seriamente.
Había una aguda ironía en el hecho de que estaba siendo advertido para que se alejara de Paloma cuando él ya había decidido hacer todo lo que estuviera en su mano para evitar casarse con ella. Franco sintió la tentación de enviar a Colombo al infierno, pero mantuvo la boca cerrada y la serenidad.
-Paloma dispone de una personalidad única-dijo Felipe- , de una naturaleza cálida y romántica. Si se la obliga a contraer un matrimonio sin amor, se sentirá desolada. Ella merece un marido que la valore por todo lo que es y que la proteja de las duras realidades del mundo, un marido que le permita soñar.
Resultaba sorprendente oír a Colombo expresar estos sentimientos, pues el conde era conocido por ser un hombre pragmático y equilibrado.
-¿Y que pregunta desea formularme, milord?- Preguntó Franco.
-¿Me da su palabra de caballero de que no se casará con mi cuñada?
Franco sostuvo la fría y oscura mirada del conde. No era sensato contrariar a un hombre como Colombo, quien no estaba acostumbrado a recibir negativas. Sin embargo, Franco había soportado las broncas y bramidos de Gino Riganti durante años y le había plantado cara cuando otros hombres habrían huido temerosos de ira. Aunque Riganti podía ser un bravucón mordaz y despiadado, no había nada que respetara más que un hombre que estuviera a su altura. De modo, que Franco pronto asumió su papel dentro de la empresa, de comunicarle las malas noticias y las duras verdades que los demás no se atrevían a hacer.
Este era el entrenamiento de Franco y la razón de que el intento de Felipe de dominarlo no tuviera efecto en él.
-Me temo que no, milord-contestó Franco con tono amable.
A Marcos Hunt se le cayó el cigarro al suelo al oírlo.
-¿No me da usted su palabra?- preguntó Colombo incrédulo.
-No.
Franco se inclinó con agilidad para recoger el cigarro de Marcos y se lo devolvió. Marcos, por su parte intentó con la mirada prevenirlo de su locura al haberse negado al conde.
-¿Y por qué no?-preguntó Colombo-. ¿Por qué no quiere perder su puesto en la compañía de Riganti?
-No. En estos momentos, Riganti no puede permitirse prescindir de mi.- Franco sonrió ligeramente en un intento de borrar la arrogancia de sus palabras-. Yo sé más de producción, administración y comercialización que ningún otro en la empresa Riganti. Además, me he ganado la confianza del señor Riganti, de modo que no me despedirá aunque rehúse casarme con su hija.
-Entonces le resultará muy fácil poner punto y final a este asunto-replicó el conde-. Quiero que me dé su palabra, Fiztwalden ¡ahora!
Cualquier hombre con un carácter más débil se habría sentido intimidado ante dicha orden, pero Franco no.
-Podría considerar esta opción-replicó Franco con frialdad-, si usted me ofreciera el incentivo adecuado, por ejemplo si avalara mi nombramiento como jefe supremo de la delegación y garantizara mi permanencia en el puesto unos tres años.
Felipe lo miró con incredulidad.
El tenso silencio que se produjo entre ellos terminó con una escandalosa carcajada de Marcos Hunt.
-¡Santo cielo, tiene unos cojones de oro!- exclamó Hunt-. Acuérdate de mis palabras, Colombo: lo contrataré para Consolidated.
-No soy barato- declaró Franco.
Y sus palabras hicieron reír a Marcos con tanta intensidad que casi se le cae otra vez el cigarro.
Incluso Felipe sonrió, aunque a desgana.
-¡Maldición!- murmuró Felipe-. No voy a avalarlo con tanta facilidad. No cuando hay tanto en juego. No hasta que esté convencido de que es usted el hombre adecuado para el puesto.
-Entonces, yo diría que nos encontramos en un punto muerto.-Franco adoptó una expresión amistosa-. De momento.
Los otros dos hombres intercambiaron una mirada con la que acordaron, de forma tácita, analizar aquella cuestión más tarde, cuando Fiztwalden no los oyera.
Franco sintió una punzada de curiosidad, pero mentalmente, se encogió de hombros, pues sabía que no podía controlarlo todo. Al menos, había dejado claro que no era posible intimidarlo y que dejaba sus opciones abiertas.
Además no podía darse palabra respecto al matrimonio cuando Riganti ni siquiera le había comentado aquella cuestión.
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| | Autor | Reply |  Denisse (Acceso _Denisse_) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 4No score for this post | October 23 2008, 5:43 AM |
Me Encanta Franquito!! Jajajajajaja
"Que Cojones de Oro!!"
Jajajajajajaja!!!!
Pero qu romantico que es!!!!
y que las estrellas,
y que los sueños,
y que las maravillas,
wau!!
es un soñador!!
Me encanta la novelita wapa!!!!!
siguela pronto!!!!
Besos!!!! |
| noelia_camila (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 4No score for this post | October 27 2008, 6:25 PM |
hola!!!me encanta betsy!!!!!!!!!!esta genial!!!! | |
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