| ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 7November 5 2008 at 1:44 PM No score for this post | anonimo (no login) |
| Hola aqui os dejo el siguiente capitulo. mil gracias a las tres por vuestros comentarios, me hacen mucha ilusion. espero que este capi tb os guste. bss lindas.
ESTA ES UNA ADAPTACION DEL LIBRO DE LISA KLEYPAS: ESCANDALO EN PRIMAVERA
CAPITULO 7
Perpleja y enojada, Paloma se alejó del lago artificial a grandes pasos. No pensaba contarle a nadie lo que había ocurrido allí, aunque le haría encantado divertir y distraer a Allegra con la historia del ganso. Pero no pensaba contarle a nadie que había descubierto un aspecto distinto y atrayente en Franco Fiztwalden y que, durante unos breves instantes, se había permitido a sí misma flirtear con la peligrosa atracción que había experimentado hacia él. Claro que, aquella atracción no había significado nada.
Aunque Paloma aun era virgen, sabía algunas cosas a cerca del sexo y era consciente de que el cuerpo de una mujer podía responder a un hombre sin que el corazón estuviera involucrado. Como le había sucedido una vez con Cruz Rohan. Sin embargo, la desconcertaba ser consciente de que se sentía atraída por Franco Fiztwalden de la misma forma. ¡Aquellos dos hombres eran tan distintos! Uno era romántico y el otro reservado. Uno era un gitano joven y guapo que había avivado su imaginación con historias exóticas e imposibles, mientras que, el otro era un duro hombre de negocios, de mirada penetrante, ambicioso y pragmático.
Paloma había conocido a muchos hombres ambiciosos durante los años que vivió en Nueva York. Aquel tipo de hombres preferían la perfección, querían una esposa que fuera la mejor de las anfitrionas y que organizara las mejores fiestas. Una esposa que vistiera los mejores trajes y tuviera los mejores hijos, quienes jugarían sin hacer ruidos mientras su padre haría negocios en la parte baja de la casa.
Y Franco Fiztwalden, con su potente determinación, el hombre en quien su padre se había fiado por su talento en los negocios, sería el marido más exigente que se pudiera imaginar. Franco querría una esposa cuya vida girara en torno a él, y él la criticaría severamente cuando ella no lograra complacerlo. No había futuro junto a un hombre así.
Pero había un punto a favor de Franco Fiztwalden: había ayudado al ganso.
Paloma entró a hurtadillas en la casa se lavó y se puso un vestido limpio. Mientras tanto, sus amigas y su hermana estaban tomando té y tostadas en la salita. Las tres estaban sentadas junto a una de las mesitas redondas de la sala, cerca de la ventana, y las tres levantaron la vista cuando Paloma entró.
Jazmín sostenía a Luna contra su hombre y le frotaba suavemente su espalda. Varias mesas más de la enorme sala estaban ocupadas por mujeres, aunque también había algunos hombres, entre ellos Lord Diego St. Vincent.
-Buenos días- saludó Paloma alegremente a su hermana.- ¿Cómo has dormido, cariño?
-¡Muy bien!- El aspecto de Allegra era estupendo, sus ojos brillaban y llevaba el cabello recogido en una redecilla rosa de seda-. He dormido con las ventanas abiertas y la brisa que venía del lago era muy refrescante. ¿Has ido a pescar esta mañana?
-No.- Paloma intentó sonar despreocupada-. Solo he ido a dar un paseo.
Laura se inclinó hacia Jazmín para coger a la pequeña.
-Déjame sostenerla-pidió. Laura cogió en brazos a la agitada niña y explicó a Paloma: La pobre esta sacando los dientes.
-Ha lloriqueado toda la mañana- explicó Jazmín.
Paloma observó que los ojos azules de Jazmín parecían cansados, pero aun así realzaba su belleza y suavizaban la perfección de diosa de sus facciones.
-¿No es muy pronto para que este sacando los dientes?-preguntó Paloma.
-Es una Hunt-contestó Jazmín con sequedad-. Y los Hunt son vigorosos. Según mi marido, todos en su familia nacieron con dientes.-Jazmín miró a su hija preocupada.- Creo que debería llevármela a la habitación, esta haciendo mucho ruido.-dijo mirando alrededor.
Varias miradas reprobadoras se dirigían hacia ellas. No se consideraba que los niños, y aun meno los bebes, permanecieran en la misma sala que los adultos salvo para mostrarlos con vestidos de volantes blancos para recibir la aprobación general, y luego devolverlos rápidamente con sus nodrizas a su habitación.
-¡Tonterías!-exclamó Allegra enseguida sin preocuparle en levantar la voz-. Luna no molesta a nadie y apenas llora. Solo esta un poco inquieta. Creo que todos deberían ser más tolerantes.
-Probemos otra vez con la cuchara- murmuró Jazmín cogiendo una cucharilla de plata de u cuenco de helo picado y le explicó a Paloma-: Mi madre me sugirió que le pusiera una cuchara helada en las encías, por lo visto siempre funcionó con mi hermano Mauro.
Paloma se sentó al lado de Laura mientras contemplaba como Luna mordía la cucharilla pero seguía llorando desesperadamente y Ploma la miaba con compasión.
-Necesita dormir una siesta- explicó Jazmín- pero el dolor le impide conciliar el sueño.
-¡Pobrecita!
Mientras Laura intentaba tranquilizar a Luna, se oyó un leve revelo que procedía del otro lado de la sala. La llegada de una persona había despertado una oleada de interés. Curiosa, Paloma se volvió hacia allí y vio la atractiva y alta figura de Franco Fiztwalden.
¡De modo que no había regresado al río!. Debía de haber esperado a que Paloma se alejara para volver a casa evitando así tener que acompañarla.
A igual que su padre, Franco sentía poco interés por ella. Paloma se dijo a sí misma que aquello no debía molestarla, pero lo hacía.
Franco llevaba una chaqueta gris oscuro impecablemente planchada, un chaleco gris perla y un pañuelo anudado en el cuello de forma conservadora. Su cabello corto al estilo norteamericano contrastaba con el modelo europeo de patillas largas y cabello suelto y ondulado. Franco Fiztwalden iba impecablemente afeitado y llevaba el resplandeciente cabello pegado a los lados de la cabeza y a la nuca, lo que le daba un atractivo aire infantil.
Paloma lo contempló con disimulo mientras otro hombre lo presentaba a los invitados de la sala. Paloma advirtió gesto de placer en el rostro de los caballeros de cierta edad cuando Franco hablaba con ellos, celos en los más jóvenes y un interés seductor en las mujeres.
-¡Santo cielo!-murmuró Jazmín.- ¿Quién es ese?
-El señor Fiztwalden- gruñó Allegra malhumorada.
Jazmín y Laura la miraron sorprendidas.
-¿El mismo señor Fiztwalden que describiste como un saco de huesos?- preguntó Laura
-¿El mismo que dijiste que era tan excitante como un plato de espinacas mustias?-añadió Jazmín.
Allegra desvió su atención de Franco y removió con energía su té al que añadió tres terrones de azúcar.
-Supongo que no es tan terrible como lo describí-aceptó de mala gana-, pero no permitáis que su apariencia os engañe. Cuando lo conozcáis a fondo vuestra impresión exterior cambiará.
-Yo cre-creo que hay algunas damas a las que no les importaría conocer cualquier pare de él-observó Laura provocando que Jazmín soltara un risita con la que casi se atraganta con el té.
Paloma lanzó una rápida mirada sobre su hombro y comprobó que lo que u amiga decía era cierto. La damas de la sala se agitaban en sus asientos cuando el asaba cerca, reían tontamente y le tendían sus pálidas y suaves manos para que él se las besara.
-Todo este jaleo se debe a que es norteamericano y por tanto una novedad en la sociedad inglesa- refunfuñó Allegra de nuevo.- Todo sería muy distinto si alguno de mis hermanos hubiera venido. El señor Fiztwalden ni siquiera existiría para ellas.
Aunque a Paloma le hubiese gustado estar de acuerdo con su hermana, ella estaba lo bastante segura para saber que sus hermanos nunca podrían ejercer el mismo efecto que Franco. Aunque eran los herederos de una inmensa fortuna, los hermanos Riganti no tenían el refinamiento social del señor Fiztwalden.
-Esta mirando hacia aquí-advirtió Jazmín.- Esta frunciendo el ceño como todos. Luna esta haciendo demasiado jaleo. Me la llevaré afuera y
-¡No te la lleves a ninguna parte!- ordenó Allegra-. Esta es mi casa y tú eres mi amiga y todas las personas a las que les molesten los ruidos de la pequeña pueden marcharse de inmediato.
-¡Viene hacia aquí!-susurró Laura-. ¡Callaos!
Paloma miraba fijamente su taza de té mientras sentía como todos sus músculos se ponían más y más tensos.
Franco se acercó a la esa y se inclinó con cortesía para saludar a las damas.
-Milady- saludó a Allegra-, que placer volver a verla. ¿Puedo felicitarla de nuevo por su matrimonio con lord Colombo? Y- Franco titubeó, pues aunque resultaba evidente que Allegra estaba embarazada, no era correcto referirse a su estado-. Y tiene usted muy buen aspecto.
-Tengo el tamaño de una cochera-declaró Allegra con rotundidad y sin una pizca de humor mientras acababa con la buena diplomacia del señor Fiztwalden.
Franco intentó a duras penas contener una sonrisa.
-En absoluto.-respondió con gentileza.
A continuación se giró hacia Jazmín y Laura que estaban esperando a que Allegra hiciera las debidas presentaciones. Ella, por su parte, lo hizo a regañadientes.
-Os presento al señor Fiztwalden- murmuró mientras dejaba caer la mano en el aire en dirección a él.-Jazmín Hunt, la señora de Marcos Hunt y Lady Laura St. Vincent, la esposa de lord Diego St. Vincent.
Franco se inclinó con agilidad para besar la mano de Jazmín y habría hecho lo mismo con Laura, pero en aquel momento ella sostenía a la pequeña Luna, cuyos gemidos y lloriqueos iban en aumento y pronto se convertirían en alaridos si alguien no lo evitaba.
-Esta es mi hija Luna- Le presentó Jazmín en tono de disculpa-. Esta sacando los dientes.-le informó.
-Esto le hará huir a la velocidad del rayo-pensó Paloma. A los hombres parecían aterrorizarles los bebes que lloraban.
-¡Ah!-exclamó él.
Franco introdujo sus manos en uno de sus bolsillos de la chaqueta y hurgó entre una colección de artículos que tintinearon al chocar entre ellos. Paloma se sintió intrigada ¿Qué demonios tenía allí dentro? Y no dejó de observarle mientras sacaba la navaja, un trozo de sedal y un pañuelo blanco y limpio.
-¿Qué va a hacer, señor Fiztwalden?- preguntó Laura con una sonrisa inquisitiva.
-Voy a improvisar algo.
Franco colocó un poco de hielo picado en el centro del pañuelo, juntó los extremos apretando el tejido alrededor del hielo y los ató con un trozo de sedal. Después de introducir la navaja en su bolsillo, alargó los brazos para coger a la pequeña Luna sin ninguna timidez, casi como si para él fuera algo cotidiano.
Laura, con los ojos abiertos de par en par, le entregó a Luna. Las cuatro mujeres le miraron sorprendidas mientras él apoyaba a Luna contra su hombro con soltura. Franco introdujo el hielo envuelto en el pañuelo en la boquita de Luna y ella lo mordió con ansia, aunque no dejó de llorar.
Franco, ajeno a todas las miradas fascinadas de los presentes en la sala, se dirigió a la ventana mientras murmuraba algo en el oído de Luna. Parecía que le estaba contando una historia. Después de unos minutos, la niña se calmó milagrosamente.
Cuando Franco regresó a la mesa de las señoras, Luna suspiraba medio dormida entre sus brazos mientras mantenía la improvisada bolsa de hielo fuertemente apretada entre las encías.
-¡OH señor Fiztwalden!- exclamó Jazmín agradecida mientras cogía a Luna entre sus brazos-. ¡Que inteligente es usted! ¡Gracias!
-¿Qué le ha contado?- preguntó Allegra
Él la miró y respondió sin darle importancia:
-Quería distraerla hasta que el hielo insensibilizara las encías, de modo que le he relatado una versión detallada del acuerdo de Buttonwood de 1792.
Paloma intrigada se dirigió a él por primera vez desde que se acercara a la mesa.
-¿Y en que consiste este acuerdo?
Franco la miró con una expresión suave y amable en el rostro y, durante un segundo, Paloma casi creyó que había soñado los sucesos de la mañana. Sin embargo, su piel y sus nervios todavía conservaban la sensación y la sólida huella del cuerpo de Franco.
-El acuerdo de Buttonwood posibilitó la agencia de Cambio y Bolsa de Nueva York- explicó él-. Creo que mi relato era bastante instructivo, pero ella pareció perder el interés cuando le expuse más detalladamente los términos de dicho acuerdo.
-Comprendo-contestó Paloma-. Ha aburrido a la pobre niña hasta dormirla.
-Debería usted oír mi discurso sobre el desequilibrio de las fuerzas del mercado que condujo a la crisis del 37-replicó Franco.- Según me han contado es mejor que el láudano.
Paloma contempló sus brillantes ojos azules y, a su pesar, se echó a reír. Él le regaló otra de sus breves y maravillosas sonrisas y, sin saber por qué Paloma se ruborizó.
La atención de Franco permaneció fija en Paloma unos instantes más de lo necesario, como si se sintiera fascinado por algo que veía en los ojos de ella. De repente, Franco separó la mirada de la de ella y se inclinó hacia el resto de los miembros de la mesa.
-Ahora las dejaré para que sigan disfrutando del té. Ha sido un placer señoras.- Franco miró a Jazmín y añadió con seriedad-: Tiene usted una hija encantadora, madame. Pasaré por alto su falta de aprecio hacia mi charla informativa.
-Es usted muy amable, señor- replicó Jazmín con ojos chispeantes.
Franco regresó al otro extremo de la sala mientras las jóvenes con las que se cruzó simulaban estar ocupadas añadiendo innecesarios terrones de azúcar al té o aliando la servilleta sobre su regazo.
Laura fue la primera en hablar.
-Tenías razón- le dijo a Allegra-, es absolutamente horrible.- E intentó permanecer seria.
-Sí- añadió Jazmín con énfasis-. Cuando lo miras, las primeras palabras que se te vienen a la mente son espinacas mustias
-¡Oh, callaos las dos!-exclamó Allegra en respuesta a su sarcasmo mientras mordía con ímpetu una tostada.
Por la tarde, Allegra insistió en arrastrar a Paloma al exterior de la casa, hasta el terreno cubierto de hierba que estaba situado en la zona este y en el que la mayoría de los jóvenes jugaban, en aquellos momentos, a las bochas.
En cualquier otro momento, a Paloma no le hubiera importado complacer a su exigente hermana, pero en aquel momento estaba en la parte mas emocionante de una novela donde una joven se encontraba con el fantasma de un viejo amor y le preguntaba quien era.
Justo cuando Paloma iba a leer la respuesta del caballero fantasma, Allegra le quitó el libro de las manos con decisión y la empujó fuera de la biblioteca con el ceño fruncido, como si estuviera enfadada.
-¡Maldita sea!- se quejó Paloma-. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!... ¡Allegra, acababa de llegar a la mejor parte!
-Mientras hablamos inútilmente, hay al menos media docena de posibles pretendientes jugando en el jardín a las bochas y que seguramente están deseando conocerte.- contestó Allegra con determinación-. Y jugar con ellos resultara mucho más productivo que leer a solas.
-Yo no sé nada del juego de las bochas.- protestó Paloma
Allegra sonrió perversamente.
-Estupendo. Pídeles entonces que te enseñen a jugar. Si hay algo que les gusta de verdad a los hombres, es enseñar a una mujer cómo tiene que hacer algo.
Juntas se encaminaron al campo de juego, donde había a un lado unas sillas para los espectadores. Los jugadores hacían rodar las bolas de madera por las pistas de hierba y reían cuando la bola de un rival caía en el estrecho canal cavado a un lado de la pista.
-¡Mmm!- masculló Allegra mientras contemplaba a los jugadores-. Tenemos competencia.- Paloma reconoció a las tres mujeres a las que se refería su hermana: la señorita Maria Leighton, lady Victoria Dowden y Paula Higginson-. Habría referido no invitar a ninguna mujer soltera a Hampshire-explicó Allegra-, Pero Felipe me dijo que nuestro plan resultaría demasiado obvio. Por fortuna, Tú eres más guapa que cualquiera de ellas. Aunque eres baja.
-Yo no soy baja.-Protestó Paloma.
-Chiquita entonces.
-Ese término me gusta todavía menos. Me hace parecer trivial.
-Pues es mejor que raquítica.- Replicó enfadada su hermana-, que es la otra única palabra que se me ocurre para describir tu escasa estatura.- Allegra sonrió al ver que Paloma fruncía el ceño-. No hagas muecas cariño que salen arrugas. Piénsalo de esta manera, te estoy llevando a un buffet de solteros para que elijas el que quieras. ¡Oh, demonios!- dijo contrariada.
-¿Qué? ¿Qué?
-Él esta jugando.
No había necesidad de preguntar a quien se estaba refiriendo, el fastidio de su voz reflejaba claramente su identidad.
Paloma observó al grupo y vio en el otro extremo del campo a Franco Fiztwalden, quien, junto con otros jóvenes, contemplaba como alguien media la distancia que había entre las bolas. Igual que los otros jóvenes, Franco iba vestido con unos pantalones de color claro, una camisa blanca, y un chaleco. Se notaba que estaba en forma y su postura relajada despedía seguridad en su propio físico.
Franco estaba muy atento al juego y parecía tomárselo muy en serio. Franco Fiztwalden siempre tenía que esforzarse al máximo, aunque solo se tratara de un juego de entretenimiento.
Paloma estaba segura de que él competía por algo todos los días de su vida. Y esta característica no coincidía con lo que ella sabía sobre los jóvenes ricos del viejo Boston o Nueva York, de los mimados hijos de familias ricas que sabían que no tenían que trabajar si no lo deseaban. Paloma se preguntó si Franco alguna vez hacía algo solo por placer.
-Están intentando determinar quien ha ganado el punto- explicó Allegra-. O sea, quien ha conseguido acercar más sus bolas a la bola blanca del extremo.
-¿Cómo sabes tanto de este juego? - preguntó Paloma.
Allegra sonrió con ironía.
-Felipe me enseñó a jugar. Él es tan bueno que siempre gana, de modo que en general, solo se sienta a mirar.
Las dos hermanas se sentaron en las sillas, donde Felipe estaba sentado con Laura, lord Diego st Vincent y los Craddock, un teniente retirado y su esposa. Paloma se dispuso a sentarse en una en las sillas cuando su hermana la empujó hacia el campo de juego.
-¡Ve a jugar!- la ordenó Allegra en tono tajante.
Paloma suspiró dedicando un último pensamiento a su novela inacabada y se dirigió arrastrando los pies hacia la pista de hierba. Conocía al menos a dos caballeros de los que estaban jugando. En realidad ninguno de ellos se podía considerar un mal candidato a ser su pretendiente. Uno era un hombre de aspecto agradable, de treinta y tantos años y atractivo, aunque un poco rechoncho. El otro de constitución más atlética, cabello rubio y espeso y ojos negros tampoco estaba mal pero no despertaban en ella ninguna sensación de ningún tipo.
En el campo de juego había también otro hombre al que Paloma jamás había visto. Era lord Jorge Llandrindon, un caballero guapo de cabello oscuro casi negro y ojos verdes. Era de estatura media lo que hacía que no fuera excesivamente alto para Paloma.
En cuanto Paloma se acercó un poco más a ellos, Lord Jorge se acercó a ella de inmediato y se ofreció a explicarle las reglas del juego. Paloma intentó no mirar por encima del hombro hacia el señor Fiztwalden, quien en aquel momento estaba rodeado de mujeres que reían, flirteaban y le pedían consejo sobre como sujetar la bola y cuantos pasos debían de dar antes de lanzarla por la pista de hierba.
Franco no parecía haberse dado cuenta de la presencia de Paloma, pero cuando ella se volvió para recoger una bola de madera del montón que había en el suelo, sintió un cosquilleo en la nuca y supo que él la estaba mirando.
En aquel momento, Paloma se arrepentía de haberle pedido que la ayudara a liberar al pobre ganso. Aquel encuentro había despertado en ella algo que estaba fuera de su control, una inquietante consciencia que no lograba desterrar de su mente. Basta ya de tanta tontería y ponte a jugar se dijo así misma. Paloma se obligó a escuchar con atención los consejos que le daba lord Jorge acerca de la estrategia que debía adoptar en el juego.
Felipe observó lo que ocurría en el campo y le comentó a su esposa en voz baja.
-Por lo visto, Paloma se lleva bien con Jorge Llandrindon. Él es uno de los candidatos más prometedores, tiene la edad adecuada, un temperamento agradable y es culto.
Allegra contempló la lejana figura de lord Jorge de forma inmediata. Incluso su estatura era conveniente, pues a Paloma le molestaban los hombres que eran mucho más altos que ella.
-Tiene un nombre raro-reflexionó Allegra en voz alta-. Me pregunto de dónde es.
-De Thurso- contestó Diego St Vincent que estaba sentado al lado de su esposa Laura.
Entre Allegra y Diego se había establecido una tregua precaria después de los múltiples conflictos que habían surgido entre ellos en el pasado. Allegra había decidido, sin mucho entusiasmo, que aunque Diego St Vincent nunca le gustaría de verdad, debía tolerarlo, pues hacía años que era intimo amigo de Felipe.
Allegra sabía que si le pedía a su esposo que diera por finalizada esa amistad, él lo haría por ella, pero Allegra lo amaba demasiado para pedirle algo así. Además, Diego ejercía una influencia positiva para Felipe. Con su ingenio y perceptividad, Diego aportaba equilibrio a la sobrecargada vida de Felipe. Felipe era uno de los hombres más poderosos de Inglaterra y necesitaba con desesperación rodearse de personas que no lo tomaran demasiado en serio.
El otro aspecto a favor de Diego St Vincent consistía en que por lo visto era un buen marido para Laura. De hecho parecía idolatrarla. Uno nunca hubiera pensado que pudieran llevarse bien cuando claramente eran polos opuestos: Laura era la tímida Florero y Diego el vividor implacable. Sin embargo tenían una singular relación.
Diego era sofisticado y seguro de sí mismo y poseía una belleza masculina tan deslumbrante que a algunas mujeres se les cortaba la respiración cuando lo miraban. Sin embargo, Laura solo tenía que pronunciar una palabra y él acudía a su lado de inmediato. Aunque su relación era más tranquila y menos demostrativa que la de Jazmín y Marcos o la de Allegra y Felipe, una energía misteriosa y apasionada fluía entre ambos.
Y mientras Laura fuera feliz, Allegra se mostraría amable y cordial con Diego.
-Thurso- repitió Allegra mientras miraba a su esposo y a lord Diego incrédula-. Este nombre no parece inglés.
-De hecho esta en Escocia- contestó Felipe sin alterarse.
Allegra entrecerró los ojos, pensativa.
-¿Jorge Llandrindon es escocés? Pues no tiene acento.
-Realizó la mayor parte de sus estudios en colegios ingleses y después asistió a Oxford- explicó Diego St Vincent
-Mmm- los conocimientos de Allegra sobre Escocia eran escasos- ¿Y donde esta Thurso con exactitud? ¿Justo al otro lado de la frontera?
Felipe miró hacia otro lado antes de responder pues sabía que su respuesta alteraría a su bella esposa.
-En algún lugar más al norte. Cerca de las islas Orkney.
-¿En el extremo norte del país?- Allegra casi no podía dar crédito a lo que escuchaba y le costó mucho contener su ira y seguir hablando en voz baja-. ¿Por qué no nos ahorramos tiempo y desterramos a Paloma directamente a Siberia? ¡Es probable que allí haga menos frío que en Thurso! ¡Santo cielo! ¿Cómo habéis podido escoger a Llandrindon como candidato?
- No tuve más remedio- se disculpó Diego.- Posee tres fincas extensas y una cuadra entera de caballos de pura sangre. Cada vez que viene al club mis ganancias superan las cinco mil libras.
- Entonces es un derrochador- acusó Allegra con voz grave.
-Esta característica todavía lo hace más apropiado para Paloma-replicó Diego-. Algún día necesitará del dinero de tu familia.
-No me importa lo apropiado que sea, el objetivo es mantener a mi hermana en este país. ¿Con cuanta frecuencia podré ver a Paloma si vive en el otro extremo de Escocia?
- En cualquier caso, Thurso esta más cerca que Norteamérica- señaló Felipe quitándole importancia al asunto.
Allegra se volvió a Laura con la esperanza de obtener apoyo.
-¡Laura di algo!
-No importa de dónde proceda el señor Llandrindon- dijo Laura al tiempo que le apartaba un mechón de cabello a Allegra que se le había enredado en la oreja-. Paloma no se casará con él.
-¿Cómo lo sabes?- preguntó Allegra con curiosidad.
Laura sonrió misteriosamente sin dejar de observar a dos personas que jugaban en aquel momento en extremos opuesto del campo.
-Oh, no es más que una sensación.
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| | Autor | Reply | noelia_camila (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 7No score for this post | November 5 2008, 5:03 PM |
| Anonimo (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 7No score for this post | November 5 2008, 10:17 PM |
Me ncanta!!Estoy super nganchadissima a tu novela i nunca me la pierdo!!!Nose si voy a poder comentarte mas,,ya qe tngo un monton de examenes y voy a tener qe estar todo los dias estudiando,,pero cuando tenga un momento me paso y si as publicado te comento.
Siguela qe es geniall!!
Besos =D |
|  Denisse (Acceso _Denisse_) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 7No score for this post | November 6 2008, 2:29 AM |
No si es que la atraccion de Paloma y Franco... Se Nota a Leguasss!!!!!
ay pero que bello Franco!!!! Me estaba muriendo cuando hizo eso de la bebe!!! Que la agarro, le conto la historia y la durmio!!!!
Dios Mio... Ese Hombre es perfecto!!!!!
Ay que bonito... siguela pliss....
Besos..!!! | |
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