| ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 9November 16 2008 at 5:25 PM No score for this post | anonimo (no login) |
| Hola mis nenas, aqui de nuevo betsy. preparense porque este capi viene con sorpresa final. y es que a menudo a paloma se le va la mano a la hora de provocar a franco. je je. ya vereis, lean y comenten. bss mis nenas lindas.
CAPITULO 9
Franco se contempló en el espejo de su tocador de madera que había en su habitación y anudó su elegante y almidonado fular blanco con hábiles movimientos de las manos. Tenía hambre, pero la idea de asistir a la cena formal he interminable le suponía una tortura similar a avanzar por un estrecho tablón suspendido en el aire donde un paso en falso supondría de inmediato una muerte segura.
No debería haber aceptado el reto de Paloma, ni debería haber jugado durante horas a aquel maldito juego. Pero aquella tarde Paloma estaba adorable y mientras jugaban, su atención había estado centrada por completo en él y él no había podido resistir la tentación. Paloma era la mujer más irritante y cautivadora que había conocido nunca. Paloma era como un paquete pequeño pero lleno de tormentas eléctricas y arco iris.
¡Maldición, cuanto deseaba hacer el amor con ella! A Franco le sorprendía que lord Jorge o cualquier otro hombre pudiera actuar de forma razonable cuando ella estaba presente.
Había llegado la hora de asumir el control de la situación. Haría todo lo que fuera necesario para unirla a lord Jorge. Comparado con los otros solteros presentes en la finca, el caballero escocés era la mejor elección. Jorge y Paloma disfrutarían de una vida tranquila y ordenada y, aunque Jorge se descarriara en algún momento, como hacían casi todos los hombres que disfrutaban de la buena vida, Paloma estaría demasiado ocupada con su familia y sus hijos como para darse cuenta. Y si lo hacía, aprendería a desviar la mirada y a refugiarse en sus sueños.
Lord Jorge nunca apreciaría el inconmensurable regalo que suponía que Paloma formara parte de su vida.
Franco bajó taciturno las escaleras y se unió a la elegante multitud que se dirigía en procesión al comedor. Las mujeres llevaban vistosos y elegantes vestidos adornados con diversos collares de cuentas y encajes. Los hombres por su parte vestían un elegante traje negro y camisa blanca, muy sobrio, que contrastaba con el colorido despliegue de las damas.
-¡Franco!- lo llamó Gino Riganti en un tono más que afectuoso-. Venga aquí y cite a estos caballeros los datos de nuestra producción de este año.
Para Gino cualquier momento era bueno para los negocios, incluso una reunión social campestre como aquella. Franco se unió al grupo y pasó a recitar los datos que su jefe le había pedido. Una de sus habilidades más notables consistía en almacenar en su memoria grandes listas de datos. Le encantaban los números.
Sin embargo mientras recitaba los datos, su vista se fue detrás de la figura de Paloma, quien estaba junto a su hermana y amigas, y su mente se bloqueó.
Paloma vestía un ajustado vestido amarillo que realzaba sus pechos y su esbelto talle. Unas cintas de seda amarilla trenzadas formando artísticos cordones, se ataban a los extremos del corpiño realzando su figura. Llevaba el cabello recogido en lo alto pero dejaba unos cuantos rizos que le caían sobre los hombros.
Paloma se veía como una delicada flor o como esos adornos azucarados de las fuentes de postres que se suponen que no deben comerse.
Franco deseaba bajar su corpiño hasta que sus brazos quedaran atrapados por las cintas de seda. Deseaba besarse suave piel hasta llegar a los pechos y hacerla estremecer de placer
-¿De verdad cree que hay suficiente espacio para que el mercado crezca? Recuerde que estamos hablando de las clases bajas y que estas no están muy acostumbradas a lavarse- La voz de aquel hombre alto que volvía a hablar de negocios sacó a Franco de su ensoñación.
Franco se removió inquieto ante aquella observación pero pronto se calmó al ver que no había malicia en ella. Sabía de sobra las ideas erróneas a las que los miembros de clases privilegiadas llegaban sobre ese asunto.
-Los datos indican-contestó Franco- que en cuanto el jabón se fabrique en serie a un precio asequible, el mercado aumentará. Las personas de todas las clases sociales quieren estar limpias, señor Mardling. El problema es que el jabón de calidad siempre ha sido considerado un lujo difícil de conseguir.
-No me gusta la expresión de fabricación en serie- reflexionó Mardling- Da la sensación de querer igualar las clases altas y las bajas.
Franco miró a su alrededor y vio que el señor Riganti se estaba enfureciendo por aquellos comentarios y que Colombo no decía palabra alguna.
-De eso se trata-dijo Franco con gravedad-. La fabricación en serie de jabones y ropa permitirá a los más desfavorecidos tener la oportunidad de vivir en condiciones de salud y dignidad igual a nosotros.
-¿Pero como podremos distinguirlos entonces?- protestó de nuevo el señor Mardling
-Me temo que no le entiendo- respondió Franco.
Lord Jorge intervino en la conversación.
-Creo que su pregunta es cómo podremos diferenciar a una dama de una simple dependienta o criada si ambas visten limpias y de forma similar. Y si no se las distingue por su apariencia ¿Cómo se sabe de qué forma hay que tratarlas?
Asombrado por el esnobismo que mostraban aquellos dos caballeros, Franco reflexionó antes de dar una respuesta.
-Siempre he pensado que una mujer ha de ser tratada con respeto sea cual sea su condición social.
-Bien dicho- Afirmó Felipe con brusquedad a la vez que lord Jorge se disponía a replicar.
Nadie se atrevía a contradecir al conde, pero Mardling insistió en el tema.
-Colombo, ¿no se opone a animar a los pobres a mejorar su posición social? ¿En permitirles creer que no hay diferencias con nosotros?
-Lo único malo que veo- respondió Felipe lo más calmado que pudo- consiste en desanimar a las personas que quieren mejorar solo por miedo a perder nuestra supuesta superioridad.
Franco empezó a sentir gran admiración por el conde tras aquella afirmación. Sin embargo tanto el señor Mardling como lord Jorge siguieron con el tema. Sus opiniones sobre las diferencias entre una dama y una sirvienta resultaban hirientes a los oídos de Franco.
-Una dependienta vestida de dama-dijo Mardling- y hablando el lenguaje de la calle es lo más vulgar y antinatural que existe.
-Sí- confirmó lord Jorge- ¡como comparar un estilizado cisne con una vulgar paloma!
Era obvio que Lord Jorge había realizado aquel desafortunado comentario sin darse cuenta. En el grupo se hizo un silencio atronador mientras Lord Jorge se daba cuenta de que sin querer había insultado el nombre de la hija de Riganti allí presente, el cual empezaba a enrojecer de furia.
-Siempre he pensado- comentó Franco rompiendo el incómodo silencio- que la paloma es una de las aves más hermosas que existen por su blancura y sencillez. Además es el símbolo de la pureza y la paz. Y uno de los nombres de mujer más elegantes que existen.
Una serie de murmullos de aprobación se elevó en el grupo.
-Si claro.
-Por supuesto.
Lord Colombo lanzó una mirada de aprobación y agradecimiento a Franco, y Riganti le miró con orgullo.
Mas tarde, y sin saber si había habido una planificación previa o por un cambio de última hora, Franco se asombró al saber que en la mesa principal lo habían sentado a la izquierda de Colombo. La mayoría de los invitados se mostraron sorprendidos por la elección ya que Franco era el único que no tenía una posición social distinguida.
Franco ocultó su propia sorpresa y vio que Gino Riganti le sonreía a su vez con orgullo de padre. Pero no todas eran buenas vibraciones ya que Allegra lanzaba a su esposo unas miradas que habrían aterrorizado el corazón de hombres con un carácter más débil que el de Franco.
Después de una cena sin incidentes, los invitados se dispersaron formando pequeños grupos. Algunos salieron a fumar a la terraza, otros se quedaron dentro a tomar una copa de licor mientras charlaban de negocios, mientras que las mujeres se iban a un salón a charlar. Otros invitados prefirieron participar en diversos juegos en otro salón.
Franco se dirigía a la terraza cuando alguien llamó su atención. Al bajar la vista vio a María Leighton que la miraba con ojos pícaros y una sonrisa algo engañosa. María era una mujer llena de vida cuya habilidad principal consistía en atraer la atención de todo el mundo sobre su persona.
-Señor Fiztwalden-declaró María-, insisto en que se una a nosotros a la sala. No permitiré que se niegue a venir. Lady Victoria y yo hemos planeado unos juegos y pensamos que serán de su agrado- dijo guiñándole un ojo con malicia-. Hemos estado maquinando ¿sabe?
-Maquinando-repitió Franco con recelo.
-Oh si- dijo riendo- Hemos decidido ser un poco malvadas esta noche.
A Franco nunca le habían gustado los juegos de salón para los que se necesitaba ser una persona muy frívola, algo que él no era. Además sabía que en aquellos juegos se solían pagar prendas cuando se perdía y estas consistían en malas pasadas y bromas de dudoso gusto o actos muy escandalosos. Y él no tenía intención de caer en ninguno.
Sin embargo cuando estaba a punto de negarse a ello, un destello amarillo le atrajo la atención. Era Paloma. Su mano descansaba en el brazo de lord Jorge y ambos se dirigían a la sala donde se estaban efectuando dichos juegos.
La parte lógica del cerebro de Franco le indicó que si Paloma iba a actuar de un modo escandaloso con lord Jorge era asunto de ella. Sin embargo una parte más profunda de él reaccionó con una posesividad que impulsó a sus pies a avanzar en aquella dirección.
-Oh! Estupendo- declaró María- nos lo pasaremos muy bien.- y se colgó de su brazo.
Ambos entraron en el salón y Franco observó como sir Jorge se apoyaba en el sillón donde Paloma estaba sentada.
-El primer juego será el de los animales- declaró lady Victoria sonriendo mientras una oleada de risitas se produjo en el salón- Para los que no lo conozcan, el juego consiste en que los caballeros deberán imitar al animal que se les asigne. Las damas saldrán de la habitación y volverán a entrar con los ojos vendados para intentar encontrar a su compañero que las ayudaran emitiendo el sonido del animal que les haya tocado. La última que encuentre a su pareja tendrá que pagar una prenda.
Franco refunfuñó en silencio. Odiaba estos juegos cuyo único propósito era hacer el ridículo. Se giró para observar a Paloma y vio que era la única mujer de la sala que no reía tontamente sino que su rostro reflejaba determinación, sin embargo hacia notables esfuerzos por comportarse como las mujeres superficiales que había a su alrededor. No era extraño que se hubiera convertido en una de las Floreros.
-Usted es mi compañero, señor Fiztwalden- declaró María
-Será un privilegio- respondió Franco intentando aparentar amabilidad.
A continuación se pasó un sobrero con trozos de papel donde se asignaban los animales correspondientes.
-Una vaca- dijo María riéndose tontamente.
Sintiéndose estupido vio como las damas abandonaban la habitación.
Los hombres se repartieron por la habitación de forma estratégica y rieron de satisfacción al pensar que sería muy divertido ver a tantas mujeres con los ojos vendados y buscando a tientas al hombre correcto.
A continuación se produjeron sonidos de todo tipo: mugidos, graznidos, maullidos, ladridosCuando entraron las jóvenes aquello parecía un zoológico.
Franco rogó para que ni Colombo, ni Hunt, ni Riganti entraran de casualidad en la sala y lo vieran en aquella situación junto a Paloma. Si ocurriera así jamás volverían a tratarlo en serio.
Su dignidad moral se fue al suelo al oír la voz de su compañera.
-¿Dónde esta el señor vaca?- dijo María
Franco suspiró antes de revelar su posición.
-¡Mu!- exclamó con voz grave.
María se rió tontamente antes de volver a gritar.
-¡Eh señor vacaaa!, necesito un poco más de ayuda.
Franco resopló exasperado.
-¡Mu!
-¡Otra vez!- chilló ella.
María Leighton tuvo suerte de no ver la mirada asesina que había en el rostro de Franco porque si las miradas matasen se habría producido allí mismo un asesinato.
-¡Mu!- dijo por última vez más fuerte. Estaba deseando que acabase aquel jueguecito.
Las risas a su alrededor se sucedieron mientras María se aproximaba a Franco con los brazos abiertos. Cuando tropezó al fin con él, sus manos recorrieron su cintura y se deslizaron hacia abajo hasta que Franco la detuvo sujetándola por las muñecas y tiró de ella hacia arriba con fuerza.
-¿He encontrado al señor vaca?- preguntó ella tontamente apoyándose en él.
-Si
-¡Viva por mí!- gritó mientras se apartaba la venda de los ojos.
El resto de parejas se fueron encontrando mutuamente hasta que solo quedó un sonido. Era el de un insecto pero no estaba del todo claro de que tipo.
Franco estiró el cuello para ver quienes eran y una voz llegó a él antes de ver la escena.
-Ese no es el sonido de los grillos- protestó Paloma enfadada y ruborizada-. ¡Parecía que se estuviera aclarando la garganta!
-No sabía hacerlo mejor-respondió impotente Lord Jorge.
-oh dios, tenía que ser Paloma- pensó Franco cerrando los ojos.
Por su parte María Leighton parecía muy complacida con el resultado del juego.
-Mala suerte pequeña.-exclamó
-Nada de peleas- declaró lady Victoria al ver la mirada que Paloma le dirigía tanto a sir Jorge como a María.- Te toca a ti pagar la prenda, Paloma querida.
Paloma empezó a palidecer.
-¿En que consiste la prenda?
-Se llama hacer de florero- explicó lady Victoria- Tienes que quedarte contra la pared y sacar el nombre de un caballero que ha de besarte. Si él rehusa seguirás sacando nombres hasta que alguien acepte besarte.-y sonrió con malicia.
Paloma mantuvo la sonrisa pero seguía pálida excepto por los dos rosetones de sus mejillas.
Maldita sea-pensó Franco furioso. Se encontraba en un grave problema ya que aquel incidente podía llegar a crear un escándalo. Pero él no lo permitiría, ni por la familia de Paloma ni por ella misma. Ni tampoco por él a pesar de que no quería volver a pensar en ese asunto.
Sin pensarlo, Franco se dirigió hacia Paloma pero María le detuvo.
-Nada de interferir. Quien juega ha de pagar las consecuencias.
María sonreía, pero sus ojos reflejaban una crueldad que a Franco no le gustó un pelo. Ella estaba disfrutando con la caída de Paloma. Las mujeres eran unas criaturas muy peligrosas.
Franco miró a su alrededor y vio por sus rostros que ninguno de los hombres allí presentes iba a desaprovechar la oportunidad de besar a Paloma Riganti. Franco deseó matar a más de uno y sacar a Paloma de allí. Pero solo pudo ver como Paloma introducía su mano temblorosa en el sombrero y sacaba un trozo de papel.
Paloma frunció el ceño al leerlo y todo el mundo contuvo la respiración antes de que ella con voz baja y solemne anunciara al ganador.
-¡Señor Fiztwalden!
Paloma volvió a dejar el papel en el sombrero para que nadie verificara el nombre ya que si no se metería en un buen lío.
Franco sintió los fuertes latidos en su pecho sin saber si aquel final había mejorado o empeorado su situación.
-¡Es imposible!-susurró María.- No puede ser usted.
-¿Por qué no?- dijo Franco
- Porque yo no he puesto su nombre en el sombrero..-y se calló al ver que se había delatado en su juego.
Franco la miró seriamente.
-Esta claro que alguien lo hizo- y liberándose de ella se acercó a Paloma con paso firme.
Al llegar junto a ella la notó temblorosa y frágil. Y deseó ser capaz de besar esos tentadores labios. No sabía por qué ella lo había elegido pero en cuanto aquello acabara lo descubriría.
-Lo he oído durante el juego. Parecía una vaca con problemas digestivos- dijo en voz baja Paloma
-Al menos lo mío si era una vaca, lo de sir Jorge no era un grillo del todo.
-No desde luego-sonrió- parecía como si se estuviera aclarando la garganta.
Franco estuvo a punto de soltar una carcajada y estuvo a punto de abrazarla pero en lugar de eso dijo:
-Acabemos con este odioso juego ¿si?
Todos a su alrededor se mantuvieron en silencio mientras Franco se inclinaba sobre Paloma. Franco deseó que no se sonrojara tanto porque empezaba a resultar muy incómodo. Sus cuerpos se tocaron y Paloma cerró involuntariamente los ojos y frunció los labios. Pero Franco le cogió la mano y le besó castamente en el dorso.
Paloma abrió de golpe los ojos atónita mientras que a su alrededor se oían las risas.
Después de hablar con algunos caballeros, Franco se volvió a Paloma y declaró en tono firme y amable:
-Señorita Riganti, antes me mencionó que quería pasar a ver a su hermana a esta hora ¿puedo acompañarla?
-¡Usted no puede irse- exclamó María muy enfadada- Aún no hemos terminado de jugar.
-No, gracias- dijo Paloma-. Estoy segura que mi hermana se encuentra bien y puede prescindir de mí.
Sin embargo Franco le lanzó una mirada de advertencia tan penetrante que Paloma comprendió que la estaba reclamando. Franco le estaba exigiendo el favor que le debía por lo del ganso y su mirada de salga ahora mismo conmigo sin discutir la dejaba sin opciones. Ya que una deuda era una deuda.
-Por otro lado-Paloma casi se atraganta con sus palabras- Le prometí a Allegra que la acompañaría con el té.
Franco le ofreció rápidamente su brazo.
-A su servicio señorita Riganti.
La gente a sus espaldas protestó débilmente por su partida pero pronto se olvidaron de ellos y comenzaron un nuevo juego.
En cuanto salieron al pasillo, Paloma se apartó de Franco y caminaron uno junto al otro hasta la desierta biblioteca. Entraron y Franco cerró la puerta tras él Aquello no era apropiado pero no quería discutir con ella en el pasillo.
-¿Por qué lo ha hecho?- preguntó ella enfadada
-¿El sacarla de esa sala?- dijo en tono de censura- Usted no debería haber ido allí. Y lo sabe.
La furia de Paloma se reflejaba en sus ojos embelleciéndolos aún más.
- ¿Y donde se supone que debería estar, señor Fiztwalden? ¿Sola aquí en la biblioteca?
-Eso habría sido mejor que formar un escándalo.
-No no sería mejor. Yo estaba donde quería estar. Y estaba haciendo lo mismo que los demás, divertirme. ¡Y usted lo arruinó todo!
-¿Yo?- Franco no podía creer lo que estaba escuchando.- ¿Yo le he arruinado la noche?
-Así es.
-¿Y como lo he hecho según usted?
-No besándome- lo acusó ella furiosa.
-Yo- Paloma lo había desconcertado-. Yo la he besado.
-En la mano- respondió Paloma con desdén-, lo cual no significa nada.
Franco no sabía como había pasado de héroe a villano en tan poco tiempo.
-Debería sentirse agradecida.
-¿Por qué?
-¿No le resulta evidente? He salvado su reputación
-Si me hubiera besado-replicó Paloma- lo que habría hecho sería mejorarla. Pero usted me ha rechazado en público delante de todos, Lord Jorge, el señor Mardlingy ahora deben pensar que hay algo malo en mí.
-Yo no la he rechazado.
-Desde luego que lo ha hecho, canalla.
-Yo no soy un canalla. Si la hubiera besado en público si lo sería.- Franco se detuvo y añadió perplejo e irritado-: Y no hay nada de malo en usted ¿por qué cree que si?
-Porque soy una de las Floreros y nadie quiere besarme.
Aquello era demasiado para Franco. ¿Es que ella no había notado las miradas de todos los hombres de aquella sala? Además Paloma estaba enfadada porque él se había negado a hacer lo que hacía años que ansiaba. Él se había comportado de forma honorable y ella se había enfadado con él en vez de agradecérselo.
-¿Acaso soy tan poco deseable?- despotricaba ella-. ¿Tan desagradable habría sido besarme?
¡Hacía tanto tiempo que él la deseaba! Mil y una veces se había recordado a si mismos los motivos por los que no podía tenerla. Y aquella situación había sido soportable sabiendo que ella le detestaba y que no tenía esperanzas. Pero ahorala posibilidad de que Paloma hubiera cambiado su opinión de él lo asustaba.
Un minuto más así y perdería el control.
-No se que hay que hacer para atraer a un hombre-protestaba Paloma- Y cuando por fin tengo la oportunidad de adquirir algo de experiencia, usted- ella se interrumpió al ver su rostro.- ¿Por qué pone esa cara?
-¿Qué cara?
-De sufrimiento.
Sí, un sufrimiento atroz. Aquel que sufre un hombre que durante años ha amado a una mujer y que ahora que esta a solas con ella debe escuchar sus quejas porque él no la ha besado cuando lo único que quiere es arrastrarla a la primera cama que encuentre.
¿Quería experiencia? Franco estaba dispuesto a darle la experiencia de su vida. Su miembro estaba tan duro que el simple roce le producía dolor. Franco se esforzó en controlar su respiración pero solo consiguió excitarse más. Hasta que la pasión lo cegó.
Franco no fue consciente de cómo sus brazos se aproximaban a la cintura de ella donde el calor del cuerpo de Paloma atravesaba la fina tela de su vestido. El cuerpo de Paloma era ligero y flexible como un gato. Franco podría levantarla fácilmenteapoyarla en la pared
Paloma abrió los ojos asustada.
-¿Qué esta haciendo?
-Quiero que responda a una pregunta ¿Por qué anunció mi nombre en la sala?
Paloma se sonrojó al recordar lo que había hecho. Al verse en aquella situación decidió sin saber decir el nombre de Franco al de cualquier otro. Pero no iba a reconocerlo fácilmente.
-No se a que se refiere. Su nombre estaba en el papel
-Miente- declaró Franco al ver que ella se negaba-. Mi nombre no estaba allí. Pero usted lo anunció de todos modos ¿por qué?- repitió.
Los dos sabían que solo había una respuesta posible. Franco cerró los ojos sintiendo el intenso latido de su corazón. Entonces oyó a Paloma titubear:
-Solo quería saber quécómo, solo quería
Aquello era la mayor tentación para Franco. Intentó alejarse de ella pero sus manos se negaban a separarse de la esbelta cintura de Paloma. Resultaba demasiado agradable al tacto y su boca pedí a gritos un beso. Pero sabía que si empezaba no sería capaz de parar.
-Paloma-Franco intentó encontrar las palabras adecuadas para suavizar la tensión del momento pero le resultaba difícil hablar-. Le diré a su padrea la primera oportunidadque no puedo casarme con usted de ninguna manera.
-¿Por qué no se lo ha dicho ya?- dijo sin mirarlo.
Porque quería que ella se fijara en él aunque solo fuera durante poco tiempo, algo con lo que había soñado desde hacía años.
-Porque quería molestarla-respondió él
-¡Pues bien, lo ha conseguido!
-Pero nunca pensé en serio en la posibilidad de casarme con usted. Nunca podría hacerlo.
-Porque soy una de las Floreros- declaró ella enfadada.
-No, eso no
-Porque no me desea.
-Paloma quiere parar de
-¿No me merezco ni un beso chiquitín?
-¡Esta bien!- soltó Franco perdiendo el poco control que le quedaba-. ¡Maldita sea, usted gana! La besaré.
-¿Por qué?
-Porque si no lo hago tendré que escuchar sus quejas el resto de mi vida.
-¡Demasiado tarde! Debería haberlo hecho en aquella sala. Pero no lo hizo como debía. Y ahora ha echado a perder cualquier posibilidad de que me bese otro hombre. No voy a consolarme con su beso, un premio de consolación de poca monta.
-¿De poca monta?- Rugió Franco.
Paloma se dio cuenta de su error demasiado tarde y acababa de sellar su destino.
-Quequería decir poco apasionado- rectificó ella entrecortadamente aunque aquello no hizo sino empeorar su situación.- Es evidente que no quería besarme, por lo tanto
-¡Ha dicho de poca monta!- Él tiró de ella con brusquedad-. Esto significa que ahora tengo que demostrarle algo.
-¡No!-exclamó un poco asustada.- De verdad, no tiene que demostrarme nada.
Paloma dio un gritito pero el le colocó una mano en la nuca y la acercó a él hasta chocar sus labios y silenciar sus protestas.
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| | Autor | Reply | noelia_camila (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 9No score for this post | November 16 2008, 5:56 PM |
me encanta!!!!!!!sobre todo el final!!!!!!!!! |
| Anonimo (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 9No score for this post | November 17 2008, 10:34 PM |
Oohhhh!!Qe bunic!!Tienes qe seguirla ya qe siempre espero a los findes para ver si as publicado y ...ME NCANTA!!Siguela cuanto antes mejor!!
Me a molado el final
Besos =D | |
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