| ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 10November 19 2008 at 6:29 PM No score for this post | anonimo (no login) |
| Hola mis nenas.esta vez no me he olvidado de vosotras y aqui os dejo un nuevo capi muy interesante y emocionante espero que os guste. mil gracias a todas por sus coments.bss lindas.
ESTA ES UNA ADAPTACION DEL LIBRO DE LISA KLEYPAS: ESCANDALO EN PRIMAVERA
CAPITULO 10
Franco descubrió que besarla era el mayor error que había cometido en su vida. Ya que nada podía igualar la perfección de tenerla entre sus brazos y saborear aquellos labios que durante tanto tiempo le habían torturado. ¡Estaba acabado, pero ya no le importaba!
Los labios de Paloma eran suaves y calidos como una hoguera. Paloma jadeó cuando el rozó el labio inferior con la lengua. Poco a poco Paloma fue deslizando sus brazos por el cuerpo de Franco hasta sus hombros. Él sintió entonces los dedos de ella enredarse entre sus cabellos y tirar de él como si no deseara que se apartase. ¡Pero por supuesto que él no pensaba hacerlo!
Franco la tomó de la barbilla con dedos temblorosos. El sabor de la boca de Paloma era tan dulce que amenazaba con enloquecerlo. Siguió profundizando el beso hasta que ella pegó su cuerpo al de él y empezó a emitir largos suspiros.
Franco deslizó su musculoso brazo por la espalda de Paloma haciéndola sentir lo fuerte y musculosos que era. Mientras que separaba las piernas para sujetarla entre sus poderosos muslos.
Paloma llevaba un corsé ceñido y rodeado de encajes que estaba enloqueciendo a Franco que solo deseaba arrancar salvajemente esa puntilla y el tejido acolchado para tocar los suaves pechos que cubrían.
En vez de eso, Franco hundió sus dedos en el cabello de Paloma y tiró de él hasta que la cabeza de Paloma quedó apoyada en su mano y su cuello expuesto a su merced. Franco arrastró sus labios con dulzura por su blanca piel expuesta hasta hacerla temblar de placer. Su piel calida y femenina olía a té y talco. Franco buscó su boca e introdujo su lengua en el interior húmedo y sedoso y aquel sabor tan íntimo lo enloqueció.
Ella debería haberse resistido, pero él solo noto rendición y más dulzura y perdió el control. Franco la besó profundamente mientras acercaba aún más su cuerpo al de ella. Franco notó, a través del vestido de Paloma, que ella separaba las piernas por lo que introdujo uno de sus muslos entre los de ella. Paloma se retorció de deseo mientras su rostro enrojecía. Si Paloma hubiera sospechado lo que Franco deseaba con exactitud en aquellos momentos habría hecho algo más que enrojecer. Se habría desmayado allí mismo.
Franco separó su boca de ella antes y presionó su mandíbula contra la de ella.
-Creo- dijo con la respiración entrecortada- que con esto ya no le quedaran dudas sobre si la considero deseable o no.
Paloma logró girarse y darle la espalda quedando frente a la estantería repleta de libros encuadernados. Sus manos se apoyaron en uno de los estantes mientras intentaba controlar su respiración.
Franco la rodeó con los brazos por detrás y puso sus manos sobre las de ella. Paloma se puso en tensión al notar su cuerpo sobre ella y su boca en el lóbulo de la oreja.
-¡No!- exclamó ella con voz densa mientras apartaba el rostro.
Franco no podía detenerse. Siguió el sendero de su blanco cuello mientras apoyaba una mano en la piel que asomaba por el escote del corpiño de Paloma, justo encima de la elevación de sus pechos. Paloma colocó su mano libre sobre las de él y apretó los dedos como si con aquello pudiera frenar sus desbocados latidos.
Franco puso en tensión todos sus músculos para dominar su deseo de cogerla en brazos y llevarla hasta el sofá. Quería hacer el amor con ella, quería hundirse en su interior hasta que los recuerdos amargos del pasado se disolvieran en su dulzura. Sin embargo, aquella posibilidad le había sido arrebatada mucho antes de que se conocieran.
Él no tenía nada que ofrecerle. Su vida, su nombre su identidadtodo era una ilusión. Él no era el hombre que ella creía que era. Y solo era cuestión de tiempo que ella o cualquiera lo descubriera.
Franco se dio cuenta de que inconscientemente había cogido la falda del vestido de Paloma como si fuera a levantársela. El tejido de satén le hizo pensar en el enorme placer que sentiría si la desnudara. Y se imaginó que recorría su cuerpo con la boca y los dedos y que con ellos descubría todos sus rincones, hasta el más pequeño.
Franco contempló su propia mano como si no le perteneciera y estiró lo dedos hasta soltar la tela de satén amarillo. Hizo que Paloma se volviera hacia él y contempló la maravilla de sus ojos oscuros.
-Franco- declaró ella con voz ronca de deseo.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre de pila. Él se esforzó por ocultar el placer que le había producido aquel gesto.
-¿Sí?
-Respecto a lo que dijiste antesNo afirmaste que no te casarías conmigo en ningún caso, sino que no podías casarte conmigo. ¿Por qué lo expresaste de aquella manera?
-Como no va a ocurrir, la diferencia es irrelevante.
Paloma arrugó el entrecejo y frunció los labios de tal forma que Franco sintió de nuevo la ardiente necesidad de besarlos de nuevo.
Franco se apartó de ella para dejarla marchar antes de que cometieran una locura mayor. Paloma obedeció y se deslizó por su lado. Sin embargo cuando su brazo rozó el de Franco, él la agarró por la muñeca y la atrajo hacia sus brazos para aplastar su boca contra la de ella una vez más con pasión.
-Esto es lo que siento por ti-le dijo con sus besos salvajes-. Esto es lo que quiero.
Franco se dio cuenta de la excitación de ella y sabía que podría llevarla al clímax allí mismo y solo levantaba la falda de su vestido
!No!, se dijo a si mismo. Aquello ya había ido demasiado lejos y aún no estaba seguro de las consecuencias que traería aquel acto en sí. Franco se dio cuenta de que estaba a punto de perder el control y se separó de Paloma, que exhaló un gemido de frustración, apartándola de su lado lo más posible.
Paloma salió de la biblioteca corriendo mientras Franco inmóvil la seguía con la mirada hasta que desapareció. Ahora ya no estaba seguro de ser capaz de relacionarse con ella con normalidad después de lo ocurrido. Aunque estaba seguro de que utilizaría toda su fuerza para resistirse a ella en el futuro.
Había una tradición en Stony Cross Park que consistía en que la señora de la casa actuara como benefactora de los lugareños y arrendatarios de los terrenos de la finca rural. Debía abastecer de artículos básicos, como comida y ropa, a quienes más lo necesitaban y proporcionarles ayuda y consejo. Hasta entonces, Allegra había realizado aquella tarea de forma voluntariosa, pero su estado actual se lo impedía.
Resultaba impensable pedir a su madre que la reemplazara, pues Marilyn era demasiado brusca e impaciente y no le gustaba estar rodeada de gente enferma. Allegra sabía que su madre provocaba que todo el mundo se sintiera intranquilo y que los bebes llorasen.
Por lo que Paloma constituía la alternativa perfecta para dicha tarea. A Paloma no le molestaba realizar visitas benéficas durante todo el día. Le gustaba salir sola en la carreta, entregar vasijas y paquetes, leer para aquellos que no podían hacerlo y saber escuchar a las personas que le contaban como les iba la vida. Además, gracias a la naturaleza informal de su misión, No tenía que vestirse con elegancia ni seguir estrictas normas de protocolo que odiaba.
Pero esta vez había un aliciente más por el cual Paloma se alegraba de ir al pueblo. Aquello la mantendría ocupada y lejos de la casa por lo que podría pensar en otra cosa que no fuera Franco Fiztwalden. Y de paso, no se lo encontraba en persona.
Habían pasado tres días desde que aquel horrible juego de salón había terminado por llevarla directamente a los brazos de Franco Fiztwalden. Desde entonces, Franco se comportaba con ella con una fría cortesía, como si entre ellos jamás hubiera ocurrido ningún acercamiento.
Paloma tenía la sensación de que todo había sido un sueño, pero cuando él estaba cerca su corazón saltaba y su estomago parecía como si estuviera lleno de ranas saltarinas.
Paloma deseaba contárselo a alguien, pero le resultaba humillante y además sentiría como si estuviera traicionando a alguien aunque no sabía a quien. De lo único que estaba segura es de que algo no iba bien. Le costaba dormirse por lo que se levantaba agotada y descentrada.
Paloma creyó que podría estar enferma y acudió al ama de llaves que después de oír sus síntomas le dio una cucharada de aceite de castor que sabía a rayos. Pero que tampoco la ayudó.
Lo peor de todo era que no podía concentrarse en la lectura como lo hacía antes, y a veces leía una y otra vez la misma pagina sin que despertase en ella el menor interés.
Paloma no sabía que hacer para volver a ser ella misma otra vez por lo que decidió que en vez de seguir pensando en ella misma era mejor pensar en los demás.
Aquel día por la mañana, Paloma salió de la finca en una carreta descubierta tirada por un caballo llamado Coco. La carreta iba cargada con recipientes de porcelana llenos de comida y botellas de vino.
En general las visitas eran muy agradables ya que los aldeanos parecían disfrutar de la alegre presencia de Paloma. Los aldeanos le contaban anécdotas sobre la difunta madre de lord Colombo. La antigua condesa solía entregar los regalos a regañadientes y cuando no hacían profundas reverencias en su presencia les preguntaba sin tenían alguna dolencia. La condesa esperaba que los aldeanos la consultaran hasta el nombre que pondrían a sus hijos y les indicaba que tipo de higiene debían usar y que religión profesar. Y lo que era aun peor para Paloma era el hecho de que la antigua condesa solía mezclar la comida en un mismo recipiente: carne, verduras y dulces.
-¡Santo cielo!- exclamó Paloma mientras dejaba sobre la mesa la comida y los rollos de tela y escuchaba a los aldeanos contar aquellas historias.- Menuda bruja era. Igual que en los cuentos.
Una vez repartida toda su carga, Paloma leía a los pequeños algunos cuentos mientras la miraban complacidos.
Al final del día, Paloma había llenado una lista con las peticiones de los aldeanos: un medico para revisar la vista, un medicamento para los problemas digestivos
Paloma prometió a los aldeanos que le haría llegar a lord y lady Colombo todas sus peticiones. Después subió de nuevo a su carreta, ya vacía, y emprendió su regreso a Stony Cross Park.
Pronto anochecería en aquellos bosques aún vírgenes de aquella zona de Inglaterra. Los senderos discurrían casi ocultos por las frondosas ramas de los árboles. En las zonas más umbrías, los árboles parecían estar rodeados de vapor y misterio, como si fueran centinelas de un mundo dominado por magos, hechiceros y unicornios. Un búho pardo comenzó su canto en la rama de un árbol.
La tarde era silenciosa. Tan solo se oía los ruidos del bosque y el traqueteo de la carreta y las herraduras de Coco. El caballo aceleró el paso y Paloma sujetó con fuerzas las bridas. Coco parecía nervioso y miraba a su alrededor constantemente.
-¡Tranquilo Coco!- dijo Paloma tirando de las bridas para reducir la marcha-. No te gusta el bosque ¿verdad? No tienes de que preocuparte pronto saldremos de él y estaremos en el prado.
Sin embargo el caballo seguía inquieto hasta que dejaron atrás los árboles y el estrecho sendero. Salieron al prado y siguieron el camino flanqueado a un lado por el bosque y al otro por un campo.
-¡Ya esta Coco! No hay de que preocuparse ¿lo ves?- declaró Paloma alegremente.
Sin embargo no bien había dicho eso cuando Paloma oyó unos crujidos que procedían del bosque. Coco relinchó con aprensión mientras miraba receloso hacia el bosque. El fuerte gruñido de un animal erizó el vello de Paloma.
¡Santo cielo! ¿Qué era aquello?
De repente, una enorme figura salió del bosque y cargó contra la carreta.
Todo sucedió tan deprisa que Paloma apenas se dio cuenta de lo que ocurría. Sujetó las bridas con firmeza mientras Coco relinchaba de miedo, levantaba las patas traseras y se propulsaba sin control hacia delante. La carreta se movía bruscamente como si fuera un juguete.
Paloma intentó en vano mantenerse en el asiento pero las ruedas tropezaron con una roca y un badén y salió despedida del vehiculo. El caballo siguió su frenética carrera sin darse cuenta de que había perdido a su pasajera.
Paloma aterrizó con fuerza en la dura tierra y se le cortó la respiración mientras tosía y resoplaba. Entonces percibió la figura de una criatura enorme que corría hacia ella.
En ese instante, el sonido de un disparo rasgó el aire y resonó con fuerza en los oídos de Paloma que también percibió el chillido del animal. Y luego el silencio.
Paloma intentó levantarse pero la respiración se le cortaba de nuevo y cayó sin fuerzas sobre el costado. Sentía un dolor en el pecho y deseos de vomitar pero se contuvo. Al cabo de unos segundos percibió el ruido de cascos de caballo que hacían vibrar el suelo bajo su mejilla. Uno de los jinetes saltó al suelo antes de detener su caballo y llegó hasta Paloma en dos zancadas enormes.
Ella parpadeó sorprendida mientras él se arrodillaba a su lado y la ayudaba a incorporarse. La cabeza de Paloma quedó apoyada en el brazo del hombre y así pudo ver el rostro de Franco Fiztwalden.
-Paloma- ella nunca le había oído hablar en aquel tono de preocupación. Mientras la sujetaba con un brazo, Franco deslizó la mano que tenía libre por el cuerpo de Paloma en busca de posibles heridas-. ¿Te has hecho daño?
Paloma intentó explicarle que se le había cortado la respiración y él pareció comprenderla.
-Esta bien- declaró él-. No intentes hablar, respira despacio.- Franco notó que ella se movía y la acomodó mejor en sus brazos-. Reclínate en mí.- Le acarició el cabello y se lo apartó de la cara. Ella se estremeció y él la acercó más a su cuerpo-. Despacio, cariño. Con calma. Ahora estas a salvo.
Paloma cerró los ojos para ocultar la sorpresa al escuchar a Franco Fiztwalden susurrarle palabras dulces mientras la sostenía entre sus fuertes y musculosos brazos. Paloma sintió que sus huesos se derretían.
Tras años de juegos bruscos con sus hermanos, Paloma había aprendido a recuperarse con rapidez de una caída. En otras circunstancias, ya se habría puesto en pie, pero en aquel momento todas las células de su cuerpo estaban saturadas de placer y quería prolongar aquel momento al máximo.
Franco le acarició la mejilla con suavidad.
-Mírame, cariño, dime donde te duele.
Paloma abrió los ojos y vio que el rostro de él estaba muy cerca. Quedó atrapada en aquellos extraordinarios ojos azules que la hacían sentir como si estuviera flotando.
-Tienes unos dientes muy bonitos-declaró Paloma aun aturdida-, pero ¿sabes una cosa?, tus ojos son aún más bonitos.
Franco frunció el ceño y la acarició la mejilla haciéndola sonrojar.
-¿Puedes decirme como te llamas?
Paloma parpadeó confusa.
-¿Lo has olvidado?
-No, quiero saber si tú lo has hecho.- Dijo Franco con mirada preocupada.
-Sería absurdo que olvidara mi propio nombre ¿no? Me llamo Paloma Riganti- replicó.
-¿Y cuando es tu cumpleaños?
Paloma esbozó una sonrisa.
-Si te dijera una fecha equivocada no lo sabrías.
-Tu cumpleaños- insistió él.
-El cinco de marzo.
El alzó unas cejas y la miró divertido.
-No juegues conmigo, diablilla.
-Esta bien, el doce de septiembre. ¿Cómo sabes eso?
Pero Franco no contestó sino que se dio la vuelta y miró a sus compañeros que estaban a su alrededor.
-Sus pupilas están bien y no tiene huesos rotos- explicó.
-¡Gracias a dios!- exclamó Felipe, quien al ver a Paloma en el suelo se llevó un buen susto. Si le hubiera sucedido algo grave, Allegra jamás se lo habría perdonado.
Paloma miró por encima del hombro de Franco y vio a su cuñado, el señor Mardling y lord Jorge que la miraban con reocupación.
Felipe que sostenía una escopeta se acercó y se agachó junto a Paloma.
-Volvíamos a casa después de cazar toda la tarde- explicó el conde-. Es una suerte que te encontráramos justo cuando el animal te atacaba.
-Juraría que era un jabalí-dijo Paloma
-¡No puede ser!- exclamó Lord Jorge sonriendo-. Su imaginación le ha jugado una mala pasada, señorita Riganti. Hace años que no hay jabalíes salvajes en Inglaterra.
-Pero yo he visto- se defendió Paloma
-Esta bien- murmuró Franco mientras sujetaba a Paloma firmemente-. Yo también lo he visto.
-La señorita Riganti no va mal encaminada- explicó Felipe a lord Jorge.- Hemos tenido algunos problemas con algunos cerdos que se escaparon y tuvieron crías salvajes. Ya atacaron el mes pasado a una mujer.
-¿Quiere decir que he sido atacada por un simple cerdo enfadado?- preguntó Paloma mientras se sentaba.
Sin apartar el brazo que la sostenía, Franco la acercó más hacia su calido cuerpo.
-No esta enfadado- explicó Felipe- Es montaraz y peligroso. Además es de gran tamaño.
Franco ayudó a Paloma a levantarse mientras la mantenía cerca de su vigoroso cuerpo.
-Despacio-murmuró Franco mientras la sujetaba-. ¿Te encuentras bien? ¿Estas mareada?
Paloma se encontraba muy bien, demasiado diría y puesto que le estaba resultando muy agradable estar allí junto a él contestó con voz entrecortada:
-Un poco, tal vez.
Franco deslizó su mano hasta su cabeza y la acercó con suavidad hasta su hombro para que descansara en él. Al sentir su abrazo protector y la calidez de su cuerpo, Paloma le subió la temperatura. Y su extrañeza se elevó un grado al darse cuenta de que todos aquellos gestos cariñosos procedían del hombre menos romántico que jamás hubiera conocido.
Para Paloma, aquella visita al pueblo estaba resultando de lo más sorprendente, en todos los sentidos.
-Te acompañaré de regreso a casa- declaró Franco cerca de su oído y ella sintió un escalofrío de placer-. ¿Crees que podrás cabalgar delante de mí?
Paloma pensó que se había vuelto loca cuando se dio cuenta de que aquella propuesta la llenaba de emoción. Podría apoyarse en él mientras la llevaba en su caballo y permitirse en secreto una o dos fantasías donde ambos serían los protagonistas absolutos. Imaginaría que era una doncella secuestrada por un apuesto villano
Pero entonces el sueño de Paloma explotó cuando oyó una voz a su espalda.
-Me temo que no es una buena idea- interrumpió lord Jorge mientras se reía-, si tenemos en cuenta la relación que hay entre ustedes dos
Paloma palideció al pensar que se refería a los tórridos momentos que Franco y ella habían protagonizado en la biblioteca. Pero lord Jorge no podía saber nada de ello ya que ella no se lo había contado a nadie y Franco era una tumba en todo lo relacionado a su vida personal. No, lord Jorge debía referirse a su rivalidad en el juego de las bochas.
-Será mejor que sea yo quien acompañe a la señorita Riganti a la casa- continuó lord Jorge-. Así se evita cualquier tipo de enfrentamiento.
Paloma miró al sonriente lord Jorge y deseó que éste no hubiese dicho palabra alguna. Estaba a punto de protestar por dicha decisión cuando Franco se le adelantó.
-Quizás tenga usted razón, milord.- Y se separó de Paloma que sintió un repentino frío al ser alejada de su cuerpo.
Felipe contempló el suelo ceñudo.
-Tengo que encontrar al animal y rematarlo.
-Espero que no lo haga por mi- replicó Paloma asustada.
-Hay sangre en el suelo-contestó Felipe-. El animal debe estar herido y es más compasivo matarlo que dejarlo así.
El señor Mardling cogió su escopeta y declaró al conde entusiasmado:
-Yo iré con usted, milord.
Mientras tanto, lord Jorge ya estaba sobre su montura esperando que ayudaran a Paloma a subir.
-Ayúdela a subir- le indicó a Franco-. Yo la llevaré a casa sana y salva.
Franco levantó la barbilla de Paloma y sacó un pañuelo blanco y empezó a limpiarle el rostro.
-Si todavía te sientes mareada cuando lleguemos a casa enviaré a buscar un medico ¿de acuerdo?
A pesar de su actitud autoritaria, Paloma vio en su mirada una ternura tal que la hizo desear deslizarse en el interior de su chaqueta y acurrucarse junto a su corazón.
-¿Regresa usted con nosotros o ayudará a lord Colombo en su búsqueda?- preguntó aparentando normalidad.
-Los seguiré a ustedes de cerca.- Franco guardó el pañuelo y la levantó en vilo con facilidad-. Sujétese a mí.
Paloma le rodeó el cuello con los brazos y sintió corrientes de placer en las muñecas donde contactaban con su cuello y los sedosos mechones de su cabello. Él la transportó como si no pesara nada. Su torso era sólido como una roca y Paloma sintió su suave aliento en la mejilla. La piel de Franco olía a fresco aire libre y Paloma no pudo resistirla tentación de acurrucarse junto a su cuello.
Desconcertada por la intensidad de la atracción que sentía hacia él, Paloma no pronunció ninguna palabra mientras se acomodaba en el caballo junto a Lord Jorge.
Lord Jorge era un hombre guapo, elegante, de cabello oscuro y agradable pero la sensación que le producía a Paloma el estar entre sus brazos, su pecho magro, su olor, de alguna forma no la hacía sentirse bien como le ocurría con Franco. Incluso el sentir su mano en su cintura le resultaba molesto.
Paloma casi lloró de frustración mientras se preguntaba porque no podía enamorarse de alguien agradable como lord Jorge y no de un hombre que no la convenía.
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| | Autor | Reply | noelia_camila (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 10No score for this post | November 19 2008, 7:17 PM |
hola!!!!!!!el capi esta.....ESTUPENDOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! |
| Anonimo (no login) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 10No score for this post | November 19 2008, 9:48 PM |
Me ncanta!!Siguela qe ya me e vuelto adicta a ella!!
Besos =D |
|  Denisse (Acceso _Denisse_) | Re: ESCANDALO EN PRIMAVERA CAP 10No score for this post | November 23 2008, 4:02 AM |
ay me ha encantado!!!
que bello ha estado!!!!!
Ay por fin empieza a gustarle Franco a Paloma!!!!
si es que un Diviss!!!!!!
Jajajaja
siguela wapisima!!!!!!
xau!! | |
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