hola!!solo os tengo que avisar una cosa....benja es un cabronazo(con perdon de la palabra),y a lo mejor asta le cogeis mania...porque tiene unas cosas que ole...xau!comentad a ver que os a parecido.(os aviso que cami tiene el pelo bastante largo)
Capitulo 6
¡Capitán! La muchacha de la que le hablé debe estar escondida en la bodega o en uno de los camarotes.
-¡Al diablo, no tenemos mucho tiempo! Busquen en todo el barco, pero rápido.
Camila temblaba de miedo, y deseaba morir.
- ¿Por qué, por qué no nos habrá dado un arma el capitán? -susurró, retorciéndose las manos.
-No esperaba que perdiérarnos la batalla -respondió Florencia en voz baja-. Pero no te preocupes, Camila. Diré al jefe que puede obtener una gran fortuna si te entrega sana y salva al conde de Lambert. El conde seguramente pagará lo que le pidan. Es francés y un hombre honorable.
- ¡Pero son piratas, Flor! -gritó Camila-. ¡Nos matarán!
-No, pequeña. No nos matarán sin razón, y no demuestres que estás asustada cuando nos encuentren. Finge que no sabes inglés. Yo hablaré por ti. Y, por Dios, no pierdas los estribos con estos hombres -advirtió Florencia-, si lo haces, pensarán que no eres una dama bien educada y rica.
-Estoy demasiado asustada corno para enojarme.
-Bien, Ahora debernos rezar porque su voracidad de riqueza sea más poderosa que su lujuria.
-No comprendo, Flor.
-No importa, ma chérie -replicó Florencia, pero su voz traicionaba su preocupación-. Recuerda que no debes decir nada.
La risa y el ruido se hicieron más fuertes cuando los hombres se acercaron a la puerta del camarote.
-No está en la bodega, capitán, y los otros camarotes están vacíos.
-Echen abajo la última puerta replicó una voz profunda muy cerca del camarote, y los golpes comenzaron de imnediato.
-¡Dios mío!
-Ahora, cállate -dijo rápidamente Florencia-. ¡Recuerda que no debes hablar en inglés.
Camila estaba aterrorizada. Estaba segura de que ese día moriría, y Florencia no podría hacer nada por impedirlo. Unos momentos después, la puerta cedió, y Camila gritó al ver a los hombres barbudos y sonrientes.
-¡Dios mío, qué hermosas son las francesitas! -dijo un marinero de baja estatura con un parche sobre un ojo.
-Sí, compañero, hoy daría cualquier cosa por ser el capitán.
-¿Dónde está su Capitán? -Preguntó Florencia.
-Pronto lo verás, mujer -dijo uno de los hombres, conduciéndolas fuera de la cabina.
Camila evitó mirar los cadáveres de la tripulación de "Canción del Viento,, al cruzar la cubierta y pasar al otro barco. Florencia iba junto a ella, rodeándole la cintura con un brazo para protegerla.
El barco pirata era de tres mástiles, y aproximadamente del mismo tamaño que "Canción del Viento", pero los hombres de la tripulación parecían salvajes. Dejaron la tarea que estaban realizando y miraron fijamente a Camila. Algunos no usaban camisa otros sólo camisetas cortas para cubrir el torso desnudo, y todos iban descalzos. Muchos llevaban aros de oro en las orejas, Y todos eran muy barbudos.
-Exijo ver a su capitán -dijo Florencia al hombre que las había llevado al barco pirata.
Otro hombre saltó desde la cubierta de "Canción del Viento' y las saludó.
-De manera que hablas inglés -dijo-. Bien, al menos ahora sabremos quién eres.
Era un hombre muy corpulento, y Camila se sentía pequeña y frágil junto a él. Estaba acostumbrada a ver hombres de su propia estatura o más bajos que ella.
Pero este hombre medía por lo menos un metro ochenta y su pecho era muy amplio. No era grueso, pero sí muy musculoso, y esto se veía claramente en sus brazos desnudos. Su cabello rubio era corto, sólo llegaba a sus hombros. Pero la barba espesa cubría totalmente su rostro y le daba un aspecto siniestro, peligroso. Camila se estremeció.
-Bien, ¿qué has descubierto, Franco?
El que había hablado era el hombre de voz profunda, que parecía estar al mando de los demás. Saltó a cubierta tras ellos.
-Hablan inglés, Benjamin; al menos la vieja.
Benjamin se había situado detrás de Camila, y ella se volvió para mirarlo. Lo que vio la asustó, porque este hombre era aún más alto que el otro, ¡Era realmente un gigante! Estaba a pocos centímetros de ella y Camila tenía que levantar la cabeza para ver su rostro. Sus ojos eran de un increíble azul pálido, y una larga y delgada cicatriz comenzaba en la mitad de la mejilla derecha y llegaba hasta su barba.
Camila miró unos momentos la cicatriz, y los músculos se pusieron tensos y sus ojos helados. La tomó por un brazo, causándole dolor, y la obligó a caminar por la cubierta.
-¡Monsieur, espere -gritó Florencia-. ¿Dónde la lleva?
El hombre se volvió y sonrió frente,
-A mi camarote, madame, para hablar con ella. ¿Tiene algo que objetar?
-¡Por supuesto!
-¡Bien, no me interesa! -dijo el hombre brevemente, y siguió arrastrando a Camila.
-Monsicur, ella no habla inglés -gritó Florencia.
Esto provocó risas en la tripulación, y el hombre volvió a detenerse.
-¿Cómo hará para decirle lo que debe hacer, capitán?
-Para lo que piensa hacer el capitán, no se necesitan palabras.
Hubo más risas, que obviamente molestaron al capitán, porque apretó todavía más el brazo de Camila. Ella gritó de dolor, y él la soltó de imnediato.
-¡Malditos sean! -gritó a su tripulación-. Ya se han divertido bastante por hoy. Vuelvan a sus obligaciones y sigamos adelante. -Luego se volvió hacia Camila-. Lamento si la he lastimado, niademoiselle.
Ella no había esperado una disculpa de este capitán pirata. ¿Sería tan peligroso como parecía? Lo miró con curiosidad, pero no habló.
- ¡Al diablo! -dijo él, furioso, y se volvió hacia el otro hombre corpulento-. Franco, trae a esa mujer aquí.
Florencia se acercó a ellos sin ayuda, muy asustada.
-¡No le haga daño, capitán!
El capitán miro sorprendido a Florencia, y luego, de pronto, estalló en una carcajada.
- ¿Me está dando órdenes, madame?
-No puedo permitir que la lastime, monsieur.
Franco volvió a reír, pero el capitán le dedicó una mirada asesina, y luego volvió a centrar su atención en Florencia.
-¿Es usted su madre?
-No, pero fui su niñera, y también la niñera de su madre. También cuidaré a sus hijos -replicó Florencia orguilosamente.
-¿Espera un hijo ahora?
-¡Monsicur! No puede usted preguntar...
-¡Al diablo, respóndeme, mujer! -dijo el capitán interrumpiéndola bruscamente.
-No, no espera un hijo.
La preocupación del capitán pareció disminuir con esta respuesta.
-Ahora, dime, ¿Por qué hablas inglés y ella no?
-yo... nací en Inglaterra. Fui a Francia cuando era niña con mis Padres -respondió Florencia sinceramente.
- ¿,Ella no habla inglés en absoluto?
-Ño, capitán.
El hombre suspiró y observó a Camila, que los miraba todo el tiempo.
-¿Quién es ella?
-Mademoiselle Camila Verlaine.
-¿Y dónde la llevaban?
-Á Saint Martin, a casarse con el conde de Lambert _replicó rápidamente Florencia.
-Y la fortuna que hemos encontrado en su navío...
¿era su dote?
-Sí.
El capitán sonrió perezosamente, mostrando sus blancos dientes
-Su familia debe ser muy rica. ¿Y su prometido es también un hombre muy rico?
-Sí, pagará bien si ustedes la llevan a Saint Martin sana y salva... sin daños.
El rió al oír esta última frase.
-Estoy seguro, pero tendré que pensarlo. -Se volvió hacia Franco.- Lleva a la niñera a tu camarote Y enciérrala allí. La mademoiselle vendrá conmigo.
Se llevaron a Florencia arrastrándola; ella gritaba y daba puntapiés para liberarse, y de pronto Camila tuvo un miedo horrible. No podía dejar de pensar en las historias que había oído en el convento. ¿No sería preferible una muerte rápida? Miró la barandilla del barco. No estaba tan lejos, y podría arrojarse a las frías aguas azules...
-Ah, no, Camila Verlaine, todavía no, de ninguna manera _dijo el capitán, como si leyera sus pensamientos.
La tomó de un brazo y la llevó a su camarote. En la pequeña habitación desordenada, el capitán obligó a Camila a sentarse en una silla junto a una larga mesa. Llenó dos vasos con un vino tinto seco, le entregó uno, y se sentó también. Obviamente la larga mesa servía de escritorio, porque estaba cubierta de cartas e instrumentos náuticos.
Se apoyó en el respaldo de su asiento y la miró en silencio. Ella miraba nerviosamente los ojos celestes de él, y sentía que sus mejillas enrojecían bajo su mirada.
-Mis hombres piensan que eres una belleza, Camila -dijo él distraídamente-. Pero no entiendo cómo se dan cuenta con todo ese polvo negro que cubre tu cara.
Instintivamente Camila trató de limpiarse la cara. Pero al ver su mano limpia, se dio cuenta de que había caído en una trampa.
-De manera que entiendes inglés. Eso pensaba. ¿Por qué mintió tu criada?
Camila vaciló antes de contestar.
-Ella... no quería que yo hablara con usted. Creo que tenía miedo de que yo me enfadara.
- ¿Y te enfadarás?
-No veo razones para ello.
El capitán rió.
-¿También mentía la vieja con respecto a tu matrimonio?
-No.
-¿Entonces realmente el conde de Lambert es un hombre rico?
-Sí, muy rico, capitán -replicó Camila, que ahora se sentía un poco más tranquila.
Ese hombre no parecía un peligroso como ella pensaba. Tenía que admitir que era apuesto, y parecía joven, aunque su barba dorada le hacía aparentar más edad.
-Se hará usted rico si me lleva a mi prometido -dijo Camila.
-No tengo duda -replicó él de inmediato-. Pero su dote por sí sola me ha convertido en un hombre rico, y no me gusta llevar mujeres en mi barco.
-Entonces, ¿qué hará usted conmigo, monsieur, arrojarme al mar... después de violarme? -preguntó sarcásticamente Camila.
-Exactamente.
Ella lo miró, estupefacta. Esperaba una negativa, pero, ahora ¿qué podía decir?
- ¿Es... es esa su intención? -preguntó con temor.
El miró su vaso de vino por un momento, como si considerara la pregunta. Luego la miró, con expresión divertida.
-Quítate la ropa.
- ¿Qué? -susurró Camila.
Quiero hacer el amor contigo, Camila Verlaine, y luego te llevaré a tu prometido. De manera que quítate la ropa. No me gustaría tener que violarte y podría lastimarte en el acto.
- Non, monsieur, no! ¡El conde de Lambert no me aceptará si estoy deshonrada.
-Le aseguro que sí, niademoiselle, la aceptará, Y pagará un alto precio por ello. El la ha visto, ¿verdad?
-Sí, pero...
-Entonces no hay nada más que decir. Tu falta de virginidad no le importará mucho.
- ¡No! -replicó Camila-. No iré a él deshonrada. Avergonzaría a mi familia. ¡No lo haré!
-Creo que no tienes opción- Pero estoy seguro de que el conde ocultará el hecho de que no eres virgen en tu noche de bodas -comentó el capitán con calma.
- ¡No, no puede hacerme esto! -gritó Camila, con sus ojos marrones llenos de miedo.
-Te repito, Camila, que haré el amor contigo. Nada te salvará de eso. Pero no quiero forzarte. No me gustan las violaciones.
-¡pero es una violación, monsieur, porque yo no deseo hacer el amor con usted!
-Llámalo como quieras, siempre que no te pelees conmigo.
-Usted... ¡debe estar loco! No puede esperar que me someta, que le permita ... ¡no! -gritó Camila, sintiendo que su miedo era reemplazado por la furia-. Lucharé con todas mis fuerzas.
-Lleguemos a un acuerdo, mademoiselle. Además de ti y de tu criada, hemos traído algunos otros prisioneros a bordo, incluido el capitán del barco francés.
-¿Para divertirse?
-Mis hombres son despiadados. Les complace matar lentamente a un hombre. Primero le cortan las orejas, luego los dedos, luego los pies... ¿Es necesario que continúe?
Camila se sentía enferma.
-Y usted... ¿Usted lo permite?
-¿Por qué no?
Camila palideció ante esta respuesta. Seguramente él también participaba del juego. ¡Mon Dieu!
-Usted habló... de... un trato -dijo débilmente Camila.
Que te sometas para salvar las vidas de esos hombres. Serás mia te opongas a ello o no. No aceptaré que te niegues. Pero perdonaré las vidas a los prisioneros y los liberaré en el próximo puerto con una condición: que no te resistas. -Hizo una pausa y sonrió-. Ya has perdido, Camila, porque serás mía independientemente de lo que decidas. Pero los prisioneros pueden ganar. Vivirán y no serán dañados si aceptas. Quiero tu respuesta ahora.
-¡Usted no tiene piedad! -jadeó Camila-. ¿Por qué quiere violarme?
-Me sorprendes. Eres un premio que vale la pena ganar, y te deseo -dijo.
-¡Pero yo no lo deseo a usted!
-Te diré, Camila, que eres la única razón por la que capturé tu barco. Generalmente sólo ataco los navíos españoles. Mi vigía te vio en cubierta y me describió tu belleza. Deberías estar agradecida, ya que no pienso compartirte con mi tripulación. Pero, basta, ¡quiero tu respuesta!
-Usted no me deja opción -replicó lentamente Camila, sintiéndose completamente desvalida por primera vez en su vida-. Debo salvar las vidas de esos hombres.
- ¿No ofrecerás resistencia?
-No, monsieur, no me resistiré.
-Bien. Has tomado una buena decisión. Estoy seguro de que los prisioneros te estarán muy agradecidos. Diré a los hombres que no los molesten. Entretanto, quiero que te quites la ropa y esperes en mi cama.
Salió y cerró la puerta tras él. No había escapatoria. Camila ya no podía hacer nada, y ni siquiera tendría la satisfacción de luchar contra él.
Sin ganas, y muy lentamente, Camila comenzó a desvestirse. Finalmente sabría qué era hacer el amor... o qué era una violación, en todo caso. Bien al menos al someterse salvaría las vidas de algunos franceses. Pensaba eso para ayudarse a soportar lo que vendría.
Cuando el capitán volvió al camarote, Camila aún tenía puestas sus prendas interiores. El cerró la puerta, y la miró con el ceño fruncido.
-No has cambiado de idea, ¿verdad? -preguntó bruscamente.
-No, ¿y usted?
Entonces él rió, y atravesó la cabina para pararse ante ella. Ella se sentía pequeña y desvalida ante ese hombre tan corpulento.
-No, pequeña. Nada puede hacerme cambiar de idea. -Tomó la masa de los cabellos de la muchacha en sus manos y los acarició, sintiendo su textura suave y sedosa. Luego dejó caer los cabellos sobre los hombros de Camila.
-Quítate la ropa, Camila. No puedo esperar mucho.
-Le odio, monsieur -dijo ella con los dientes apretados.
El volvió a reír.
-Aunque la palabra monsieur suena hermosa en tus labios, preferiría que me llamaras Benjamin. Ahora, termina tu vino, Camila, porque eso puede ayudar.
Nunca he estado antes con una virgen, pero dicen que la primera vez es doloroso.
-Se necesitarían dos barriles de vino para que usted va a hacer, monsieur Benjamin.
-¡Llámarne Benjamin, nada más! Y no juegues con mi paciencia, Camila. Esto sucederá de todas maneras, pero aún puedo cambiar de idea con respecto a los prisioneros. Bebe el vino y luego quítate toda la ropa sin hacer más comentarios.
Camila ya no podía seguir demorándose. Bebió el vino, le volvió la espalda, y se quitó lentamente la ropa que aún le quedaba puesta. Cubrió su cuerpo con sus cabellos rojizos que le llegaban hasta las rodillas, y se volvió para mirarlo.
Benjamin no tomó el gesto como un desafío, sólo como una manifestación de modestia, pero ni siquiera permitió eso. Separó los cabellos y se regocijó mirando el cuerpo esbelto durante un rato. Luego tomó el rostro de la muchacha en sus manos y la besó tiernamente.
Camila no esperaba esto. ¿Por qué la besaba? ¿Por qué no terminaba de una vez?
Los labios de él separaron los de ella, buscando, exigiendo una respuesta. Ella quería apartarse , pero a él no le gustaría esa resistencia. Camila tenía que pensar en los pobres cautivos y nada más. Tenía que permitirle que hiciera con ella lo que quisiese.
Los brazos de él la rodearon y apretaron su cuerpo desnudo contra él, y su boca se volvió más exigente, más dura, aunque sin lastimarla. Y de pronto Camila sintió una sensación extraña, algo que nunca había experimentado antes. Era una sensación rara, como si realmente sintiera fluir la sangre en sus venas. Era una sensación excitante, y la hizo relajarse contra él y aceptar de buena gana sus besos, y olvidar que estaba desnuda en los brazos de un desconocido.
Luego él dejó de besarla y la levantó en sus poderosos brazos. Ella se endureció mientras él la llevaba a la cama y la colocaba allí con suavidad. El se quitó las ropas con lenta deliberación, sin apartar sus ojos de ella en ningún momento. Ella a su vez no podía dejar de mirarlo, aunque lo deseaba. Cuando por fin él quedó desnudo, Camila miró con asombro su cuerpo delgado y musculoso; los hombros anchos y las caderas estrechas, las piernas largas y firmes.
Benjamin se acercó a ella y se acostó a su lado en la estrecha cama. La miró a la cara durante largo rato y luego acarició sus pechos. Esperaba la reacción de la muchacha, que llegó de inmediato, mientras sus ojos se agrandaban por la confusión.
Rió suavemente y cerró una mano sobre uno de los pechos, oprimiéndole suavemente.
-¿Esperabas que lo hiciera rápidamente?
-Sí. Ay, por favor, Benjamin, no me hagas esto. Te lo pido una vez más, ¡por favor ahórrame esta vergüenza! -rogó ella inútilmente.
-No, pequeña, es demasiado tarde para eso.
-¡Entonces que sea rápido! -exclamó ella.
Los ojos de él se entrecerraron con furia. Entonces se colocó sobre ella, y su gran peso la aplastó en el suave colchón. Penetró en ella con rapidez, provocándole un intenso dolor. Ella gritó y hundió sus uñas en la espalda de él, pero el dolor desapareció tan rápido como había venido.
El se movía dentro de ella, con lentitud al principio, luego más rápido, mucho más rápido, y en realidad a Camila le gustaba. Se relajó y disfrutó con vergüenza la sensación de sentirlo dentro de ella. Pero luego él se movió por última vez y se desplomó completamente aplastándola con su cuerpo gigantesco.
Camila no sabía qué hacer. ¿Eso era todo? Admitía que había sido placentero después del dolor inicial, pero si hacer el amor era simplemente eso, podía prescindir de ello. ¿Dónde estaba el placer extremo que podía hacer que un hombre se arriesgara a morir? Tal vez sólo el hombre experimentaba placer al hacer el amor.
-Lo siento, Camila. No queria ser tan rápido, pero hablas demasiado. La próxima vez, será mejor para ti.
-¡La próxima vez! -gritó ella-. Pero... Yo Pensaba que...
-No, pequeña -interrumpió él con una sonrisa divertida-. Saint Martin está muy lejos. Y como compartirás el camarote conmigo, haré el amor contigo cuando lo desee. Será un viaje muy placentero.
Cuando se levantó y comenzó a vestirse, Camila se cubrió rápidamente con las mantas. ¿Qué haría ahora? Acostarse con él era bastante malo, pero no había tenido opción y podía vivir con esa vergüenza. Pero someterse a él una y otra vez, no poder luchar contra él... !y ser su amante! ¿Cómo podría vivir así?
Benjamin la contemplaba en silencio. Se inclinó sobre ella y rozó suavemente sus labios con los de Camila.
-Ahora debo dejarte, para ver a mi tripulación y cambiar el curso hacia Saint Martin. No quiero que salgas de esta cabina bajo ningún pretexto.
-Pero quiero ver a Flor. Quiero ver a los prisioneros y decirles que no tienen nada que temer.
-No -respondió él de inmediato-. Tu criada puede ver a los prisioneros, y tú la verás a ella más tarde... ahora no.
Con esto salió de la cabina. Camila pensó en cerrar la puerta con llave. Pero él la echaría abajo, y ella tendría que sufrir su ira. Se estremeció al pensar cómo sería. Hasta ese momento, Benjamin había estado de buen talante y sólo había mostrado un lado de su carácter, y sin embargo la había tomado contra su voluntad. No deseaba ver su aspecto violento.
¡Estaba a merced de un pirata despiadado! El podía matarla si lo deseaba. Estaba totalmente en sus manos y no sabía qué hacer.
Bajó de la cama y miró estúpidamente la sangre en las sábanas... Su propia sangre. Te odio, capitán Benjamin, pensó con amargura. Me has arruinado, me has avergonzado, ¡me has deshonrado! Dio un puntapié de furia contra el suelo.
Poco a poco se fue calmando. No tenía sentido alterarse tanto, ya que no podía demostrárselo a él. ¡Pero lo deseaba... cómo lo deseaba!
Junto a la cama había un pequeño recipiente con agua en un lavabo, y Camila se lavó lo mejor que pudo. Se vistió apresuradamente, luego, con rebeldía, sirvió más vino en un vaso. Se sentó y comenzó a beber, y entonces oyó unos golpes en la puerta. Un segundo más tarde la puerta se abrió y Florencia entró corriendo y cerró la puerta tras ella.
-Ay, Camila, ¿estás bien? El... él no... él...
-Nos llevará a Saint Martin, pero...
-¡Entonces no te ha hecho nada... gracias a Dios! Temía por ti, Camila. ¡Mon Dieu! No sabía qué pensar cuando me encerró con llave. El capitán es un hombre bueno... temía que te hubiese hecho daño.
-No me perdonó -dijo Camila con tranquilidad-. Estaba decidido a tomarme, y lo hizo.
-¡Camila... no! -jadeó Florencia. Se echó a llorar.
-Está bien -dijo Camila, rodeando con un brazo los hombros de su vieja niñera-. Al menos aún estamos vivas. Y me ha prometido llevarnos a Saint Martin.
-¡Dios mío, Camila! No debía haberle violado. ¡Ese hombre no tiene honor!
-Traté de disuadirle, pero él me deseaba. Dijo que me tendría a pesar de todo. Ahora ya está hecho, y yo no puedo hacer nada al respecto. Pero al menos pude salvar a los prisioneros.
-¿Qué prisioneros?
-¿,Aún no los has visto? -preguntó Camila.
-No sabía que los hubiera -replicó Florencia-. Ese grandote llamado Franco me dejó salir de su cabina y me dijo que fuera a ayudar en la cocina. El cocinero del barco murió en la última batalla que libraron. Pero vine aquí primero.
-Bien, ve a buscar a los prisioneros. El capitán Marivaux es uno de ellos. Diles que no se preocupen por su destino, que los liberarán en el próximo puerto. Y si hay algún herido, cuídalo, y luego ven y dime como está. El capitán no me permite salir de la cabina.
-¿Puedo hacer algo por ti, ahora? -preguntó Florencia, con sus ojos marrones llenos de preocupación-. No me gusta dejarte después de lo que has sufrido.
-No, estoy bien, Flor. Pensé que sería una experiencia horrible, pero no fue tan mala -dijo Camila-. El fue suave conmigo, y es joven y agradable. Lo único que me dolió es que no me dio opción... no le importaron mis sentimientos.
-Me alegro que lo hayas tomado tan bien.
-No puedo hacer otra cosa -dijo Camila.
Florencia salió, pero volvió pocos minutos después.
-No hay prisioneros, Camila. Pregunté a uno de los hombres de la tripulación si podía llevarme hasta ellos, pero dijo que no había nadie a bordo excepto tú y yo. Pregunté a otro, y me dijo lo mismo.
Camila se endureció. cada nervio, cada fibra de su cuerpo se crispaba de furia.
-¡Me mintió! Me mintió... ¡Me hizo caer en una trampa! ¡Maldito sea!
-¡Camila! -jadeó Florencia-. ¿Qué te sucede?
-¡Me... me mintió! Me dijo que había prisioneros, que les perdonaría la vida si... Si yo no me resistía -gritó Camila, con intensa furia en sus ojos marrones.
-¡Ay, Camila!
-Entonces me sometí. Dios sabe que quería luchar, pero no lo hice. Lo soporté porque pensaba que salvaba la vida de esos hombres. ¡Mon Dieu! ¡Lo mataré!
-No, Camila, ¡no debes hablar así! Lo que sucedió ya no puede cambiarse. Y dijiste que no había sido tan malo -dijo Florencia.
-¡Eso no, importa! El me engañó. Este capitán Benjamin se enterará de lo que pienso del engaño. Lamentará haberme traído a este barco. ¡Me vengaré! Lo juro...
¡Benjamin pagará por esto!
-Por Dios, Camila, ¡sé sensata! Sólo lograrás que nos maten.
Pero Florencia podría haberse ahorrado estas palabras, porque Camila se paseaba furiosamente, y la advertencia de su vieja criada no interrumpía sus pensamientos asesinos.
:O sin palabras!! madre mia..uff.. esta muy muy muy interesante y mas ahora q camila se ha enterado de q no hay tripulantes vivos.. no me quiero ni imaginar lo que puede llegar a hacer cuadno benjamin llegue a su camarote jajajaja..espero q la continues prontito muxos bss!!
cierto, benjamin es un cabron!! pero yo creo q ha sido bastante bueno con camila... y si ella se hubiera estado calladita, habria sido aun mejor. miedo em da como lo va a recibir ahora!!! por cierto, no la pueden cortar un poquito el pelo?? por las rodillas? q fuerte!
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Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPITULO 6
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January 30 2009, 10:23 PM
Dios,,qe interesante lo as dejado!Si qe Benjamin a sido un cabron,pero seguro qe la opinion de Cami,al largo de la novela,cambiarà.Publica cuabto antes,,te està qedando de muerte nena!
La dejaste muy interesante, por favor, publica pronto el siguiente capitulo
gracias
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mª jesus (no login)
el amor del pirata capitulo 6
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February 1 2009, 12:03 PM
bueno,bueno vaya con benjamin,como
la ha engañado;pero a fin de cuentas
es un pirata no???ya con eso lo dice
todo.....hunnn pero un pirata muuuuuy lindo
siguela pronto esta genial....besosssss
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Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPITULO 6
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February 8 2009, 7:15 PM
hoooolaa!! la dejaaste mui intereesante a ver ke ace aoraa camii =] siguelaa proonto
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Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPITULO 6
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February 8 2009, 7:33 PM
yo creo k cabron es poko para describir a benjamin, la pobre cami se sacrifico para nada. siguela pronto esta genial.besos