Hola!! Como he tenido un poco de tiempo y eso, pues e puesto el primer capitulo, espero que os guste y que comenteis y bueno espero poder poneros mañana el proximo si os gusta claro esta. Un beso y gracias por querer que lo publique muchos besos!!
PRiMeR LaTiDo
Justo cuando tropezó, él apareció a su lado.
Fue algo fortuito e inesperado, casi ridículo, porque primero dio un traspiés y luego dos pasos intentando mantener el equilibrio. Además, se asustó. Eso fue lo que hizo que perdiera la verticalidad y, para no caerse de bruces, apoyó una mano en el suelo y acabó cayéndose de espaldas. O sea, que quedó sentada en el suelo, mitad sorprendida, mitad avergonzada.
Lo segundo, evidentemente, por él.
- ¿Te has hecho daño?
- No
- Dame la mano
¿Qué podía hacer? Se la dio y él tiró de ella con fuerza, devolviéndola al mundo normal. Una vez de pie, ante todo, comprobó su aspecto. Pero de reojo siguió examinándolo. Era un poco más alto que ella, de complexión bastante atlética; la camiseta permitía ver sus brazos y la extensión de sus hombros. El cabello, muy negro, daba la impresión de ser a la vez muy suave. Pero sin duda lo que más fascinaba eran sus ojos, la nariz y los labios, que formaban una simetría perfecta. Y esos ojos la miraban de una forma muy directa, especial; se dio cuenta en seguida.
En otras circunstancias le habría parecido atractivo.
- ¿Estas bien?
- Sí, sí, no ha sido más que el susto.
- Ibas distraída.
- Pensaba en mis cosas.
- Ya, ya lo vi.
Se enfrentó a su mirada, y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que él estaba pálido, casi tan asustado como lo había estado ella en el momento de descubrir que iba a caerse. Sus ojos traslucían miedo, y eso confería a su rostro un extraño efecto que la desconcertó aún más.
- No me ha pasado nada, en serio se vio en la obligación de tranquilizarlo.
- Bueno, pues.. vaciló él, como si no supiese que hacer.
- Gracias
- Vale
- Adiós, hasta luego se despidió ella, dando por terminado aquel diálogo para besugos presidido por los nervios.
Pero mientras se alejaba de él, dejándolo allí quieto, en mitad de la acera, supo que seguía mirándola, y que en sus ojos permanecía aquella luz curiosa, expectante, tan distinta a todas las miradas, incluso tratándose de lo más natural: un admirador:
Una luz llena d sensaciones.
Logró continuar andando sin girar la cabeza. Le costó, pero lo hizo, con un ejército de hormigas recorriendo su espina dorsal y un frío vació en la boca del estómago.
Después se metió en la panadería, una docena de metros más allá, y suspiró aliviada al sentirse a salvo, aunque no sabía de qué.
Escuchó la voz de Lu, su mejor, su única amiga verdadera, justo a doblar la esquina que conducía a la calle en la que estaba su casa, oculta desde allí por los árboles del jardín y el pequeño muro.
- ¡Camila!
Se detuvo y, al verla, dejó las dos bolsas en el suelo. Hacía mucho calor, muchísimo, lo que auguraba un verano que se haría insoportable a medida que avanzara más. La urbanización en la que vivían, aunque cercana al pueblo, tenía muchos desniveles y cuestas, así que aprovechó la parada para descansar y agradeció no hacerlo al sol. Las ramas de uno de los frondosos pinos de los señores Maggio la protegieron mientras Lu trotaba en su dirección. Le envidió su top y su minifalda. Ella llevaba una camiseta cerrada desde el cuello y unos vaqueros ajustado. Todavía le costaba aceptar que nunca podría llevar un escote, un biquini, ni siquiera un trabaje de baño escotado.
Nunca más.
- ¡Caray, tía! resopló Lu al llegar junto a ella -. No sabes las ganas que tengo de motorizarme, aunque sólo sea para venir a tu casa.
- ¿No dices siempre que esto es mucho más tranquilo que el centro del pueblo?
- Sí, ya, pero
- ¿Vienes a bañarte? le preguntó Cami, dudosa, al ver que su amiga no llevaba la bolsa con el bañador.
- No, no puedo. Te he visto de lejos y sólo quería preguntarte qué haremos esta noche.
- Vamos al Casino, ¿no?
- Bueno accedió Lu
- Oye no esperó ni un momento más; quería contárselo -. ¿Recuerdas al chico del sábado?
- ¿El que no paraba de mirarte, con cara de querer comerte?
- Si
- Claro que lo recuerdo, ya te dije que era muy mono.
- Pues acabo de verlo.
- ¿ Ah si? se quedó en suspenso Lu -. ¿Y?
- Hemos hablado.
- ¿Qué? la cara de su amiga cambió -. Cuenta, cuenta.
- Nada, que iba por la calle, he tropezado, me he caído
- ¿Qué te has caído? Se alarmo Lu.
- Una buena culada.
- ¡Oh, Dios, qué vergüenza! Y cerro los ojos -. No me digas que él
- Estaba allí le confirmo sus sospechas Cami -. Pero es que además ha aparecido como por arte de magia. ¿entiendes?
- Y te ha ayudado a levantarte.
- Sí.
- ¡Lo sabía, lo sabía! Cantó Lu. Ya te lo dije. ¿Qué tal?
- Nada
- ¿Cómo que nada? ¿Como se llama? ¿Quién es? ¿Habéis quedado?
- Eh, eh , para. La detuvo Cami-. Me he caído, estaba allí, me ha ayudado y eso ha sido todo.
-¿ Le has dejado escapar?
- ¿Qué querías que hiciera? Por Dios! Mira que eres
- Oye, rica, ¿tu crees en las casualidades?
- No sé
- Pues yo no, Lo dejaste colgado el sábado estaba esperando su oportunidad.
- La ha tenido y no me ha dicho nada.
- Porque es tímido, ya se le notaba. ¿A que estaba nervioso?
- Bastante reconoció Cami-. Se ha asustado casi más que yo al verme en el suelo.
- Normal. ¿Qué quieres? Si le gustas, montas el número, tú no le das bola, y él es tímido
- Luisana
- Yo no digo nada se defendió ella-, pero sabes lo que pienso: que necesitas un poco de marcha después de lo de Javier.
- Bueno, vale ya, ¿no? se quejó con amargura Cami.
- Lu bajó la cabeza. En su rostro, enmarcado por una abundante melena Rubia, apareció una sombra de culpabilidad. Su amiga la vio morderse el labio inferior; se había dado cuenta de que acababa de meter la pata, algo por otra parte habitual en ella.
- Vale, lo siento dijo Lu -. Te juro que no volveré a mentarlo.
- No es eso manifestó con cansancio Camila -. Es que- no encontró palabras para explicar lo que sentía, así que acabó suspirando antes de agregar -. Bah, déjalo, no me hagas caso. Todavía sigo sensibilizada.
- A veces hablas tan fino, ¿Por qué no dices simplemente que estás cabreada además de dolida?
Logro hacerla reír, algo bastante difícil en las últimas semanas.
- Bueno, ¿Te vienes o no?
- Te ayudaré a llegar a casa con esto se ofreció Lu cogiendo las bolsas del suelo -, pero tengo que largarme a toda prisa.
- Eh, dame una protesto Cami.
- Da igual, vamos.
Se resignó. Lu ya le habia sacado cinco metros de ventaja calle arriba
Le molestaba que todos siguieran tratándola como a una enferma. Ya no lo era.
¿O sí?
Por lo que no se dice pero se siente...