Aaah, gracias por los comentarios chicas! Me encantaron

Espero que os guste, Un besiito!
Cp 2: flores para una flor
Cruz se había convertido en el legítimo poseedor de editoriales Pessi©. Legado de su madre, Nora, que tras luchar toda su vida por el negocio había conquistado un éxito sin precursores dado el inmutable deterioro del interés por la lectura que acechaba los tiempos actuales. Pese a lo que pueda parecer Nora estaba vivita y coleando, con especial hincapié en coleando, pues tras recoger la fortuna que habían dejado las siembras de su inquebrantable dedicación a la empresa se había marchado a Aruba, una hermosa isla del Caribe, donde gozaba de paz y lujo sin censura.
Y Cruz a sus escasos 25 años podía presumir de tener la vida solucionada; Un negocio en auge que le pertenecía por completo, con lo que ello conllevaba: dinero. Una belleza arrebatadora y su particular encanto; descarado y sagaz, romántico y conquistador, perspicaz e idealista. Todo ello hacían de el un símil de lo que podría considerarse el hombre ideal. Nada de esto le ayudaba a encontrar un apoyo incondicional y desinteresado en el prójimo más cercano. Consciente de que quienes decían ser sus amigos reían sus chistes y aplaudían sus ideologías para lograr su contento y favor, una gran persona siempre se encontrará asediada de farsantes codiciosos, Cruz no era la excepción. Por todo ello el joven no podía evacuar de su mente las palabras de Marizza: frivolidad personificada, cínico hipócrita, superficial, babuino adiestrado. A pesar de que Cruz no cumpliese con la definición de esas calificaciones no podía evitar sentirse esperanzado ante la idea de que Marizza había declarado todo lo que opinaba de el, sin reparo ni falsedad, la verdad, su verdad. Cruz era plenamente consciente de que eso era lo que necesitaba en su vida: franqueza. La puerta del despacho se abrió tras dos leves golpecitos que avisaban de la irrupción, Marizza, escarmentada tal vez por el incidente sucedido horas previas.
-Aquí tiene los formularios de publicidad Señor Pessi, ¿Desea que efectué alguna corrección antes de marcharme?
Marizza depositó la carpeta en la mesa con la gracia decidida que la caracterizaba.
-No será necesario, confío en tu eficacia. Pero si debo pedirte un favor, ¿Podrías hacer una última llamada?
-por supuesto.
-Necesito que llames a una floristería y encargues un ramo, elígelo a tu gusto, que lo traigan mañana a la oficina, a primera hora.
-Enseguida.
Marizza se dispuso a moverse rumbo a su propio despacho.
-Por favor, hazlo desde aquí, la guía está junto al teléfono- Dijo señalando a la misma.
-Como desee.
Marizza buscó de forma apresurada entre las páginas. Sin pensárselo demasiado marcó el primer número que divisó de todos aquellos que encabezaban la lista en la F de Floristería.
Cruz no puedo evitar observarla embelesado, como el niño que contempla admirado un cargamento de golosinas, sus dedos airoso se deslizaban por los números del aparato, imaginó como sería sentirlos acariciando su nuca, un escalofrío recorrió ese mismo lugar, deparó ahora en sus labios, de los cuales brotaron las primeras palabras.
-Buenas tardes, noches. ¿Sería tan amable de atenderme?
Hablaba deprisa, pero flirteando con cada una de las palabras que esbozaba, Cruz no pudo evitar sonreír, era tan cordial, tan dulce, distaba océanos de la Marizza rabiosa y tajante de hacía unas horas. Cruz no podría determinar cual de las dos Marizzas le fascinaba más.
-¿Qué clase de flores desea?
Cruz abandonó su trance, necesitó unos instantes para ordenar sus ideas.
- Escoge tú.
-Mis preferencias pueden resultar algo extravagantes.- Avisó.
-Sorpréndeme.
-Señorita, ¿Hacen ramos de girasoles? Bien, si, eso sería perfecto, ¿Una nota? Señor Pessi, ¿Desea una nota que acompañe el ramo?
-Si, pero la escribiré yo mismo.
Había previsto una docena de rosas, orquídeas, margaritas, lirios, calasTodo menos girasoles.
Marizza continuó su tarea, ignorante de la mirada lasciva que exploraba cada una de las pinceladas que dibujaban su cuerpo, su rostro. Cruz clavó su atención en el cabello de la joven, recogido en una cola de caballo, densa y tirante, fantaseó ante la idea de perderse en esa llama rojiza, ideó el olor y textura de aquella melena ardiente. Se alojó en sus ojos del color del chocolate, se infiltró en ellos, rememoró la mirada feroz que habían derivado momentos atrás. Se estremeció al admirar sus labios pulcramente perfilados, como delineados a manos de un ángel, apetitosos. Su cuerpo incitaba a la lujuria desenfrenada; oculto, esotérico, sugerente. Un tesoro envuelto.
-Si no desea nada más me marcho, mi horario laboral concluyó hace hora y media.
-Oh, Gracias por tu dedicación MariPaz, no era necesario que te quedaras. ¿Qué tal si te invito a cenar por las molestias?- Preguntó con una sonrisa deslumbrante trazada con esmero en su rostro.
- Realmente era necesario, debía acabar el trabajo, y llevo invirtiendo tres horas más de las que exige mi contrato desde el primer día que pisé esta oficina, no requiero gratificación por ello, con respecto a esa cena creí haber sido suficientemente irrefutable anteriormente con mi negativa a cita alguna, si no precisa nada más le deseo una feliz noche. Ah, y mi nombre no es MariPaz, sino Marizza.
Esto último lo dijo con una mirada de reprobación.
-Oh, claro, Marizza, Marizza buenas noches.
El silencio engullo las palabras, Marizza ya no se encontraba presente para escucharlas, se había marchado veloz, como siempre, sin dar cabida a réplicas. No era algo que hiciese de forma intencionada, no al menos en aquella ocasión, esa actitud se había convertido en su escudo, ella era consciente de las taras de su carácter: impulsiva, sátira, mordaz y abultadamente sincera. Había idealizado la vida laboral, algo que le costo caro su primer día de trabajo, aquel en el que se había armado con grandes dosis de optimismo y expectación, aquel que fue, probablemente, una de las experiencias mas traumáticas vividas por el momento. Fue menospreciada y sobre cargada a manos de un jefe hiriente y mezquino. Tuvo que morderse la lengua con fuerza desmesurada, para no gritar su saña celda en palabras punzantes, hirientes, que tendrían como objetivo acertar de pleno en el ego de Cruz. Cinco meses habían pasado desde entonces, y cada nuevo día Marizza debía oprimir con más ímpetu su lengua viperina, impulsora de dardos perniciosos destinados a su jefe.
*+*+*
-Coquito, ya llegué.
Marizza se desplomó en el sofá, exhausta tras una jornada devastadora, como cada noche. Tal vez en aquel edificio nadie era plenamente consciente de la colosal cantidad de trabajo que recaía sobre los delicados hombros de aquella joven.
-¿Como fue el día Mari?
-Horrible, pavoroso, espantoso.
Marizza contrajo su rostro en un puchero infantil, los brazos de Coco no tardaron en abrazarla.
-¿Qué fue hoy?
- por poco me despiden, estallé Coco, grité, insulté, la ira se apodero de mi.
- Demasiado has aguantado cariño, ¿pusiste en su lugar a ese arrogante?
-No sabría decirte, creo que causó el efecto antípoda, me propuso una cita, ese hombre está desequilibrado.
- Jajaja. Es lo más cuerdo que hizo hasta el momento Mari.- La besó en la frente- Descansa, mañana será otro día.
-Gracias Coqui.
*+*+*
Y así fue, otro día, radiante luz naciente del sol avivaba el humor de las almas despiertas.
La brisa parecía más traviesa que de costumbre y el cantar de los pájaros resultaba embriagador. Este era uno de esos días optimistas, palpitantes.
Cruz llegó tan pronto a las oficinas como le fue posible, anhelante.
-Buenos días Marizza, ¿Cómo te encuentras?
-Bien, gracias.
Cruz sonrió, había madrugado más de lo que creía posible, no obstante ella ya estaba allí.
-¿Sabes? He pensado que sería mejor que te instalaras en mi despacho, debe de ser demoledor tener que desplazarte de aquí para allá constantemente, ¿No crees?
-No, así está bien, no supone ninguna molestia para mi recorrer un par de metros.
-Insisto, llamaré a mantenimiento para que trasladen tus cosas. ¿De acuerdo?
-¿Existe alternativa?
-No, es una decisión zanjada.
-En ese caso- Dijo con evidente fastidio.
La mañana trascurrió lenta, torpe. Menos estimulante de lo que Cruz había supuesto, tal vez imaginó un acercamiento, una palpable aproximación. Nada, Marizza trabajó tozudamente, obsesionada ante la idea de estar siendo sometida a una prueba de validez.
-¿Vienes a comer?
-No, todavía no he terminado.
-Vamos Marizza, tienes tiempo, y no se trata de una labor vital, puede ser pospuesto, ¿no crees?
-No, bajaré más tarde, no me gusta dejar nada a medias.
-Como quieras, Te guardo un sitio.
-No, prefiero comer sola, gracias.
- ¿Siempre eres tan difícil? Vamos, dame una tregua.
-Que aproveche señor Pessi.- Por toda respuesta.
Esas fueron las últimas palabras que intercambiaron en toda la jornada. Cruz no había desistido, pero estimaba que lo más sensato en esa situación sería no oprimirla demasiado.
-Me marcho señor Pessi, buenas noches.
-Un momento, te acompaño. Además tengo algo para ti.
-No quiero nada suyo señor.
-Vamos, creo que te gustará, no puedes reprocharme querer establecer una relación afable entre nosotros.
Marizza pareció por primera conforme, sin ánimo de discrepar. Cruz caminó ansioso, desapareció del campo de visión de Marizza, ella barajó la posibilidad de seguirlo, pero decidió esperar, obediente. El no tardó en presentarse eufórico, con un prodigioso ramo de girasoles, Cruz se mostraba radiante, realmente confiaba en poder estrechar la distancia entre ambos.
-Esto es tuyo.
-Oh, gracias, supongo.- Marizza, impasible. Ni una pizca de afecto o gratitud en su voz.
-Lee la nota- Cruz no quiso percibir esa indiferencia, seguía tan vivaracho y esperanzado como antes.
-Flores para una flor- Leyó Marizza en voz alta- Que original- indudable sarcasmo.
-¿Te gusta?
-No.
Cruz borró su sonrisa bobalicona.
-Pero se supone que te gustaban los girasoles.
-Y me gustan, pero no si provienen de usted.
-No entiendo.
-No quiero regalos, voy a comenzar a considerar la idea de estar siendo sometida a acoso señor Pessi, SU acoso.
-Por favor, no, es solo un detalle, ¿no cree que es algo habitual ofrecer regalos a los compañeros de trabajo?, ¿para optimizar las relaciones? ¿El ambiente?
-En absoluto señor Pessi, y menos si los detalles provienen de Usted.
-Te equivocas Marizza, para mi es algo perfectamente habitual- Mintió.
-¿Consideraría corriente que mañana yo le entregase un obsequio señor?- Se trataba de una pregunta retórica, Marizza sabía que la respuesta válida era no.
-Por supuesto, es más, deberías hacerlo.
-Engreído- susurró al tiempo que abandonaba la habitación, demasiado flojo para llegar a oídos de Cruz. Cargaba con el aparatoso ramo, dando pasos firmes y contundentes, los cuales cesaron al encontrarse de frente a su amigo.
Coco decidió recoger a Marizza ese día, dedujo que a ella le vendría bien airearse un poco, olvidarse del estrés cotidiano, cenar en un restaurante y pasear por la zona, respirar aire fresco.
-¡Coco! Que sorpresa. ¿Qué haces aquí?
-Obvio, vine a por ti. ¿Qué es eso?
-Girasoles.
-Lo se, pero ¿Qué haces tu con ellos?
- Eso me gustaría saber.