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EL AMOR DEL PIRATA CAPIS 13, 14 Y 15!!

March 14 2009 at 11:28 AM
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noelia_camila  (no login)

 
Hola!!perdon por el retraso, pero es que en mi casa no hay internet, y el sabado pasado quise publicar pero se me olvido meter los capis en el pen drive....pero bueno...espero que os gusten y que me disculpeis por el retraso!!!!!gracias por los comentarios!!!!

Capitulo 13
La noche era clara y brillaba una luna llena en el tranquilo pueblecito junto al mar. Un muchacho de unos doce años dormía en la casa de sus padres. Su padre no había salido a pescar con los otros hombres del pueblo porque tenía fiebre, de manera que el padre y la madre del muchacho dormían en la gran cama en un rincón de la habitación.
Tres horas después de la partida de los botes pesqueros, llegaron los españoles. No venían en busca de riquezas, porque el pueblo era muy pobre. Venían por diversión, para destruir, violar y matar.
El muchachito rubio fue el primero en despertar cuando se oyeron gritos en las calles. Vio saltar de la cama a su padre, que tomó un cuchillo de la cocina, la única arma que pudo encontrar, y salió corriendo afuera, mientras la madre del muchacho le rogaba que se quedara. Pero el hombre alto con cabello rubio salió y fue uno de los últimos en morir bajo las espadas de los españoles. El muchacho miraba desde la ventana, con su madre a su lado, mientras el español limpiaba de su espada la sangre de su padre.
La madre del muchacho gritó, y de esta manera llamó la atención del español, quien echó a andar hacia su casa. La mujer obligó a su hijo a esconderse bajo la cama del único cuarto de la casa, y le ordenó que no se moviera a pesar de todo lo que pudiera oír o ver. Luego tomó uno de los cuchillos de la cocina, dejando caer los demás en el suelo, y esperó que el asesino de su marido entrara en la casa.
En los minutos siguientes, desde su escondite bajo la cama, el muchacho sólo vio los pies del español que luchaba con su madre. La mujer era alta, y su furia ciega aumentaba su fuerza. Pasó mucho tiempo antes de que el cuchillo cayera al suelo, pero el hombre no pudo doblegarla. Luego uno de los amigos del español llegó hasta la puerta, y le habló en español, llamándolo por su nombre: don Gino de Bastida.
Bastida no había podido doblegar a la madre del muchacho, pero con la ayuda de sus amigos rápidamente la arrojó al suelo. Bastida fue el primero en violarla, mientras cuatro hombres la sostenían y otros permanecían alrededor, mirando y riendo. Cuando don Gino de Bastida terminó con ella se sentó a la mesa y miró a los demás hombres que atacaban a la mujer, riendo todo el tiempo. Lamentablemente, la madre del muchacho era la más hermosa mujer del pueblo, y los hombres que ya la habían violado esperaban nuevamente su turno.
El muchacho miraba todo esto escondido bajo la cama, sin comprender realmente por qué gritaba su madre. Pero recordaba su advertencia de que debía permanecer en silencio, y nunca la había desobedecido. Los gritos cesaron después del cuarto hombre, y la madre se limitó a gemir mientras cinco hombres más la violaban, a la vez que la golpeaban.
Bastida se quedó hasta el final, riendo y alentando hasta el último hombre. Cuando todo terminó, cuando sólo Bastida quedaba en la habitación, la mujer se puso lentamente de pie, medio enloquecida, manando sangre por las heridas de la cara. Con un último comentario, Bastida se volvió para marcharse también, pero la mujer encontró fuerzas para tomar uno de los cuchillos del suelo y lanzarse contra el español.
Entonces el muchacho oyó el último grito de su madre, que cayó al suelo. Bastida escupió sobre el cuerpo sin vida y siguió hacia la puerta y sólo entonces el muchacho salió de su escondite. Corrió tras el español, casi cegado por sus lágrimas silenciosas. Lo atacó con sus puños pero Bastida rió y abrió la mejilla del muchacho con la punta de su espada. Luego le dio un puntapié que lo hizo caer al suelo a pocos centímetros de su padre, y le dijo que no era quien para atacarlo...que no podría...
Benjamin se irguió en la cama, cubierto de sudor. Todo había sido tan real, exactamente como lo sucedido catorce años atrás. Madre de Dios, ¿por qué el pasado lo perseguía en sus sueños? Jamás olvidaría la noche en que los españoles entraron en su pueblo, pero, ¿por qué debía ver el asesinato de sus padres una y otra vez en esas pesadillas? ¿Jamás encontraría paz?
Benjamin se puso de pie y se mojó la cara con agua fría, y sólo entonces advirtió que estaba solo. Salió del camarote, con el rostro atormentado, y en menos de cinco minutos, comprobó que Camila no estaba en el barco.
-¿Es ésta, capitán?
Camila abrió los ojos y vio al hombre que la había traído la noche anterior. Parpadeó dos veces antes de poder creer que ese hombre alto era Benjamin. Estaban parados dentro de la celda, observándola.
-Sí, ésta es la muchacha. Tendría que dejarla a su cuidado, se lo merecería por todos los problemas que me ha causado -dijo Benjamin con voz dura.
-Eso puede arreglarse, capitán. Podemos acusarla de perturbar la tranquilidad. Al magistrado le gustaría poner sus manos sobre ella.
-Bien, prometí al padre de la muchacha que se la llevaría. De otra manera, me lavaría las manos.
Camila estaba confundida, se puso de pie, envolviéndose en la manta, y señaló a Benjamin con un dedo acusador.
-¡Miente! Es el hombre de quienes les hablé... el pirata. ¡No pueden permitir que me lleve! -¿Realmente prefieres lo que te espera aquí a la comodidad de mi barco, pequeña? -preguntó Benjamin.
¿Qué podría decir ella? Sus opciones eran igualmente espantosas. Siete años de servicio, algunos años con un viejo libidinoso, o una semana en el barco de Benjamin, y luego la libertad. Por suerte, Benjamin no esperó su respuesta.
-Ya ven, es una criatura tan revoltosa que su padre, ha decidido meterla en un convento. A ella no le gusta la idea, hará o dirá cualquier cosa para evitar que la lleven a su casa.
-Es una pena que una muchacha tan bonita entre en la iglesia. La dejo a su cuidado, capitán, pero por favor, cuide que no salga de su barco mientras estén en puerto.
-No les dará más problemas. Tienen mi palabra -replicó fríamente Benjamin.
Abrió la larga capa que llevaba sobre un hombro, y envolvió con ella a Camila. Luego recogió las ropas mojadas que ella había dejado caer al suelo la noche anterior. Al ver su sombrero, la miró con el ceño fruncido, pero no dijo nada; lo recogió y la sacó de la celda.
-Diste un gran espectáculo anoche, mostrando tu cuerpo a la mitad de los hombres que estaban en el muelle -gruñó Benjamin mientras salían a la plaza-. ¿Qué pensabas hacer?
-Yo... yo...
-¡No importa! -interrumpió bruscamente Benjamin, oprimiéndole el brazo aún más fuertemente-. Cualquier cosa es preferible a compartir mi cama, ¿verdad? ¡Incluso el hecho de que te arresten!
-¡Sí, cualquier cosa! -replicó Camila desafiante.
El la obligó a volverse para que lo mirara y sus ojos eran negros de furia. Por un momento Camila temió que la matara allí mismo, en la calle.
-Sólo hay una cosa que me impide arrojarte a la cárcel, y es el placer que tendré en doblegarte -dijo él en un susurro-. Aún tengo que enseñarte algo, muchacha caprichosa. Y sabiendo lo que sientes por mí, no te gustará la lección.
-¿A qué te refieres?
-Todo a su tiempo -respondió -él con crueldad, y echó a andar por la plaza-. Y trata de mantener esa capa bien cerrada, Camila, o te retorceré el cuello.
Ella estaba completamente desnuda bajo la capa, pero ahora tenía ganas de entreabrirla sólo para molestarlo, a pesar de su pudor.
Benjamin estaba furioso. Probablemente tendría que pagar por los daños en la taberna para que liberaran a Camila. Ella se preguntaba qué le haría él. ¿Qué era esa lección que quería darle? Temblaba ligeramente, a pesar del sol ardiente.
Al pasar por la ciudad, el rostro de Camila enrojecía al darse cuenta lo estúpida que había sido. Si al menos hubiera preguntado qué país dominaba la isla, se hubiera ahorrado muchos problemas. Era dominio inglés, y Benjamin había dicho que obedecía a las leyes inglesas. No era extraño que estos hombres se hubiesen reído de ella cuando les dijo que había un barco pirata en el puerto. Para los ingleses, Benjamin no era un pirata.
En menos de una hora, Camila había vuelto al camarote de Benjamin, pero esta vez él cerró la puerta con llave después de empuñarla adentro. No le dijo una palabra más, de manera que ella no sabia qué esperar. Estuvo sola durante el resto del día, y dedicó el tiempo a arreglar nuevamente su vestido. Florencia vino a verla por la noche y pasó más de una hora regañándola por su intento de huir. Pero cuando Florencia se fue, Camila se quedó sola otra vez, hasta que finalmente se durmió.

Capitulo 14
Una suave presión en los labios despertó a Camila de un sueño profundo. Abrió los ojos y encontró a Benjamin que la besaba. Era un beso tierno... como el que un marido daría a su esposa al despertar. Trató de incorporarse, pero Benjamin no se lo permitió.
-Quiero levantarme, Benjamin.
-Conozco perfectamente tus deseos, Camila, pero lamentablemente, pienso de otra manera.
Hablaba con amargura, y la sonrisa en sus labios no parecía llegar a sus profundos ojos azules. Todavía estaba furioso por lo sucedido el día anterior, y Camila se daba cuenta de ello. Entonces, ¿por qué la había besado con tanta ternura un momento antes?
-¡Déjame levantarme! -exigió-. ¡Sabes que no soporto estar cerca de ti! -Sí, lo sé -dijo él-. Y por eso disfrutaré dándote tu última lección.
-Seguramente no pensarás... -Se interrumpió cuando él metió una mano debajo de su enagua y le acarició los pechos, dándole la respuesta.- ¡Al menos podrías tener la decencia de esperar hasta que llegue la noche antes de torturarme! -gritó.
-¿Torturarte? ¿Así lo llamas? -preguntó, acariciándole los pezones.
-¡Sí! Es una tortura para mí porque te odio.
-Tal vez me odies, zorra francesa pero a tu cuerpo le encantará lo que pienso hacer con él.
Antes de que pudiera protestar, Benjamin le levantó la enagua, se la quitó por encima de la cabeza, y la arrojó al suelo. Le separó las piernas con sus rodillas y comenzó a acariciar la piel entre sus muslos.
-¡No! -gritó ella. Trató desesperadamente de apartar el brazo de él, pero era imposible.
El placer se extendía por todo su cuerpo, y no podía detenerlo. Los dedos de él producían magia, dando vida a su cuerpo contra su voluntad. Hundió la cara en el cuello de Camila, marcando su piel tierna con sus labios y ella supo que estaría perdida si no lo detenía en ese momento. ¡Tenía que detenerlo!
-Tu... tu barba -logró decir finalmente-. Me molesta. Me hace cosquillas.
Él levantó la cabeza para mirarla, pero en sus ojos no había piedad.
-No te quejaste de esto antes.
-Antes fuiste rápido -saltó ella-.Las cosquillas me hacen reír, y tal vez pienses que me río de tus caricias.
-¿Con quién me comparas, Camila, sino has tenido ningún otro hombre antes que yo? -El hecho de que me enfermas es suficiente -replicó ella, pero sus esfuerzos eran inútiles. ¿Cómo podía lograr enojarlo lo suficiente para que la violara con rapidez? -Esta vez nadie prestará atención a tu lengua, Camila. De una vez por todas aprenderás lo que es ser una mujer. -Sus palabras eran deliberadamente frías.
Se tendió sobre ella y cubrió sus labios con los suyos, acallando sus protestas. Entró en ella con lentitud, con suavidad, y esta vez no hubo dolor. Sus actos no coincidían con sus emociones, porque actuaba con ternura, a pesar de que su actitud parecía cruel. Se vengaba de ella con paciencia, y ella no tenía forma de combatirlo.
Penetró en ella profundamente y se quedó quieto mientras cubría su rostro y su cuello con besos. Sus labios encontraron otra vez los de ella, invadiéndole con la pasión de sus besos. Comenzó a moverse dentro de ella, con lentitud al principio, luego más rápido. Una sensación se extendía por el cuerpo de Camila como un fuego líquido. Y pronto Camila se aferró a Benjamin mientras el éxtasis explotaba dentro de ella.
Camila oyó reír profundamente a Benjamin, con triunfo, y se sintió más humillada por esto que por cualquier otra cosa que hubiese sucedido hasta ese momento. De manera que esta era su venganza... darle este maravilloso, este increíble placer, y en la cúspide aferró a él como si no pudiera dejarlo ir.
-¿Ahora me criticas, pequeña?
Ella miró su rostro sonriente, satisfecho, y de pronto se sintió terriblemente enojada con él, porque nunca le permitía olvidar su poder... y consigo misma, por perder el control de su cuerpo, en medio de la pasión.
-¡Maldito seas, Benjamin -gritó, y lo apartó de ella.
Él la miró, divertido, mientras bajaba de la cama y tomaba su enagua del suelo. Ella se la puso rápidamente, y luego se enfrentó a él con las manos en las caderas. Sus largos cabellos sedosos caían sobre sus hombros.
-¡Nada ha cambiado! ¿Me oyes? ¡Nada! Todavía te odio... ¡y Ahora más que nunca! -¿Por qué? ¿Porque hicimos el amor y te gustó? -preguntó Benjamin. Se levantó de la cama y comenzó a vestirse.
-Mi cuerpo puede haberme traicionado, pero sólo porque no podía luchar contra ti. Tus malditas amenazas me detuvieron. Y... -Se interrumpió bruscamente, y sus ojos se agrandaron.
¡Ay, no! ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? ¡El no la azotaría! ¡Sólo fingía amenazarla! Odiaba a los españoles porque azotaban a sus esclavos, eso había dicho, y hasta el momento nunca la había dañado, a pesar de toda la oposición que ella presentaba. ¿Cómo no había comprendido antes su juego?
-Camila, ¿qué te sucede? -preguntó él.
-¡Ojalá te vayas al infierno, Benjamin! -gritó ella.
-¿De dónde has sacado ese lenguaje? No del convento, estoy seguro.
-¡De tu tripulación! No tienen la decencia de cuidar lo que dicen cuando hay señoras a bordo.
-¿Y crees que, ese lenguaje corresponde a una dama? -se burló él.
-Ya no me siento como una dama. ¡Eso me lo has quitado... pero, basta! -¿Y eso qué significa?
-Ah, nada... absolutamente nada.
Ella decidió esperar por su propia conveniencia. De pronto sonrió, y se echó a reír, ante la mirada desconcertada en el rostro de Benjamin. ¡Qué feliz se sentía! Feliz de no tener que someterse más a este gigante, a esta bestia, feliz de no tener que humillarse ante él ni soportar sus caricias. Ahora podía combatirlo. Y si la fuerza de él dominaba la suya, bien, no habría humillación. Al menos caería luchando. Siguió riendo.
-¿Has perdido la razón? -preguntó Benjamin.
De pronto temió haber ido demasiado lejos.
Se acercó a ella y la sacudió por los hombros hasta que ella dejó de reír. Pero seguía sonriéndole. Y entonces él se mostró aún más confundido mientras miraba los ojos de Camila.
-¿De qué color son tus ojos, Camila? -preguntó él asombrado.
Ella dejó de sonreír y se apartó de él.
-Has visto mis ojos muchas veces, de manera que debes saber de qué color son -respondió, volviéndole la espalda.
-Tus ojos eran marrones hace un momento, marrones como el chocolate. Sin embargo antes eran negros.
-No seas absurdo. Los ojos no cambian de color.Seguramente ha sido la luz.
-¡Mírame ahora! -ordenó él. Y como ella se negó, la obligó a darse la vuelta, y descubrió que sus ojos eran negros nuevamente.
-Te dije que era sólo la luz -dijo ella. Pero se apartó de él rápidamente porque la confusión en su rostro la hizo reír otra vez.
Benjamin tenía la incómoda sensación de que Camila se burlaba de él. No era la luz. Estaba seguro de lo que había visto. Sus ojos habían tornado un color marron como el chocolate. ¿Sus ojos cambiaban de color según su estado de ánimo? ¿Eran negros cuando estaba enojada o asustada, y marrones cuando se sentía feliz? Había sido feliz por un momento. Pero, ¿por qué? ¿Qué podía hacerla feliz en su situación presente? Bien, estaba seguro de que le costaría averiguarlo, y ahora no tenía tiempo.
-¿Cómo se llama tu barco? ¿La Dama Alegre? -preguntó ella.
-¿Qué? Ah, sí -dijo él, y le sonrió.-El nombre, te queda bien, ¿verdad? -¿Te parece? -preguntó ella con coquetería-. No me has permitido estar muy alegre. ¿Y tu estallido de hace unos momentos? ¿Te lastimó mucho, capitán? No veo tus heridas -se burló ella.
El sonrió y cambió de tema porque obviamente ella jugaba con él.
-Veré si hay tela en la bodega. Si hay, podrás hacerte algunos vestidos más frescos. Y de esa manera tendrás alguna ocupación.
-Gracias.
El la miró enigmáticamente, porque no esperaba su gratitud. Ella había cambiado con él, y se sentía desconcertado. Pronto averiguaría qué se proponía. Con esa idea, salió del camarote.
Poco después de haberse ido el capitán, Florencia entró en la cabina con una bandeja de comida, y ella y Camila comieron juntas. Inmediatamente advirtió la alegría de Camila, pero pensó que finalmente había decidido aceptar las cosas como eran.
Habían salido de Tórtola en la madrugada, pero Camila no lo supo hasta que Flor se lo comunicó. Le molestó que el capitán pudiera ponerla fuera de sí hasta el punto de que no percibiera nada aparte de él.
Benjamin volvió antes del mediodía con dos piezas de seda de tono pastel. Las dejó sobre la mesa, junto con una pieza de puntilla e hilos, y tomó un par de tijeras de oro que llevaba en el cinturón. Pero vaciló antes de colocar estas cosas junto con las demás.
-¿Puedo confiar en que no usarás estas tijeras como arma? -preguntó con dureza.
-He dicho que no volveré a tratar de matarte -replicó Camila, mientras se levantaba para examinar las telas-. Cumpliré con mi palabra, aunque tú no cumplas con la tuya.
El sonrió, pero todavía tenía reparos en entregarle la posible arma.
-Si no confías en mí, Flor puede llevarse las tijeras cuando se vaya, y devolvértelas. ¿Eso será satisfactorio? -Como él seguía indeciso, Camila rió suavemente-. Te facilitaré las cosas, capitán. No necesitas admitir que me temes. Flor te llevará las tijeras cuando se vaya.¿Cómo se explica, Benjamin, que tengas esta tela, si dices que sólo atacas a los barcos que llevan oro?
Ahora él sonrió, advirtiendo que los ojos de Camila estaban marrones.
-La tela estaba en uno de esos barcos, con muchos otros bienes que debían ser entregados a una condesa española. Si estos colores no te van bien, tienes otros para elegir.
-¿Entonces no te importará si Flor hace trajes para ella también? -aventuró con dulzura.
-La tela podría venderse en Tortuga por una buena suma.Es suficiente que la ponga a tu disposición.
-¡No es suficiente! ¿Necesito recordarte que fuiste tú quien decidió dejar nuestros baúles en el otro barco, de manera que sólo nos quedó la ropa que llevábamos puesta?
-¡Muy bien! -replicó Benjamin con dureza-. ¿Qué más puedo hacer por usted, señora? -No volver a poner los ojos en mí -respondió ella, con una media sonrisa en sus labios rosados.
-Me temo que no pueda garantizar eso.
Con estas palabras, Benjamin dio media vuelta y salió del camarote.
Camila suspiró y se volvió para mirar a su criada que estaba un poco pálida.
-Camila, debes tener cuidado con lo que dices al capitán-. ¡No debes enojarlo! -suplicó Florencia.
-Y tú no debes preocuparse -replicó Camila-. El capitán no nos hará daño.
-Pero tú dices que te azotará si te resistes.
-Sí, pero yo no me resisto. Sólo jugaba. Como puedes ver, no me ha hecho nada -dijo Camila.
-¿Pero por qué te burlabas de él? Me parecía que tratabas de hacerle perder la paciencia, sólo hace cuatro días que conoces a este hombre. Es imposible saber cómo reaccionará ante tus pullas.
Camila decidió no decir a Florencia lo que planeaba hacer esta misma noche, porque se alarmaría.
-No te preocupes. Sé actuar con Benjamin. Ahora, ven, comencemos -dijo Camila, eligiendo una seda de color verde claro.
Florencia sacudió la cabeza con una débil sonrisa.
-Pediré al capitán algún algodón simple. Jamás en mi vida he llevado vestidos de seda, y no pienso comenzar a usarlos ahora.

Capitulo 15
-Llevé a la vieja a la bodega.
Camila se estremeció al oír las palabras de Benjamin, porque estaba tan ocupada trabajando en su nuevo vestido, que no lo había oído entrar en la habitación.
-¿Qué?
-A tu criada. La llevé a la bodega para darle el algodón que pedía, y cuando vio esto, dijo que tú lo necesitarías -replicó Benjamin, colocando el peine de plata sobre la mesa frente a Camila-. ¿Estás satisfecha ahora?
-¿Satisfecha? Yo no te pedí la tela capitán, tú me la ofreciste. Yo sólo sugerí que hicieras lo mismo para mí criada. Ya te lo he agradecido... no volveré a hacerlo. En cuanto al peine, realmente es hermoso, pero yo tenía un peine, Benjamin. No era tan bonito como éste, y era de madera pero yo lo quería mucho porque era un regalo de mi madre. El peine es necesario, pero no reemplaza al que yo tenía.
-¿Quieres hacerme volver para recuperar tus baúles? -preguntó Benjamin con sarcasmo.
-Sí.
Él suspiró, porque debía haber imaginado la respuesta.
-La tripulación de Canción del Viento ya debe haberse recuperado de sus heridas. Significaría otra batalla.
-Olvidaba que eres un cobarde -replicó Camila.
-Jamás he escapado a una batalla... ya te lo he dicho.
-No, tú sólo tienes miedo de pelear con las mujeres.
-De nada te serviría pelear contra mí, Camila. Aunque piensas que me harías daño, no lo conseguirías. No quiero herirte en el forcejeo, eso es todo.
-Pero a mí me encantaría herirte, Benjamin... verte sufrir por lo que me has hecho.
-Bien, sangrienta criatura, no lo conseguirás.
Camila sonrió y no dijo nada más, continuó con su costura mientras Benjamin se servía un ron.
-¿Has comido? -Preguntó, apoyándose en el respaldo de la silla para observarla.
-Sí -replicó Camila-. Un muchacho me trajo comida hace un rato, comenzaba a tener esperanzas de que no volvieras esta noche... porque ya es muy tarde. ¿Flor te ha devuelto las tijeras?
-¿A qué jugabas esta mañana, Camila? -preguntó él, ignorando su pregunta -. ¿Por qué ha cambiado tu actitud tan repentinamente?
-Mi actitud no ha cambiado -replicó ella con suavidad-. Todavía te odio, Benjamin.
Con los cabellos sueltos sobre los hombros, y la cabeza inclinada sobre el vestido que estaba cosiendo, la expresión de Camila quedaba oculta a los ojos de Benjamin. Lo que él quería ver eran sus ojos. ¿Estarían de color marron o de negro? El tono de voz de Camila no revelaba nada del odio del que hablaba; sin embargo él sabía que decía la verdad. No había duda de que ella lo odiaba, pero ¿dónde estaban el fuego y el hielo del día anterior? ¿Dónde estaba el temperamento febril de esa misma mañana antes de que sobreviniera este cambio?
-¿Tienes ganas de dar un paseo antes de que nos acostemos? -preguntó Benjamin.
-No si piensas besarme a la luz de la luna otra vez.
-Confieso que tenía esa intención. De manera que si quieres ser terca, nos acostaremos ahora.
-Saldré a caminar sola -aventuró ella.
-¡No, no lo harás!
-Entonces puedes acostarte.
-Tú también, pequeña -replicó Benjamin. Se puso de pie y vació lo que quedaba del ron.
-No hasta que te hayas quitado esa barba.
-¿Qué? -exclamó él, seguro de que no había oído bien.
-Te cortarás esa barba... hasta que tu rostro quede suave. No bromeaba cuando dije que tu barba me molesta. ¡Elimínala! -exigió Camila, mirándolo con ojos como esmeraldas.
-¡No haré nada de eso, mujer!
Cualquier demora valía la pena, aunque no tuviera sentido, pensó Camila. La barba realmente no le molestaba, pero valía la pena discutir sólo para ver si podía ganar.
-Insisto en que la afeites, Benjamin. No me moveré de esta silla hasta que lo hagas.
-No estás en posición de insistir sobre nada -gruñó él.
-¿Quieres que me resista por semejante tontería? -preguntó Camila, con burla en la voz-. ¿Por qué no haces esta cosa tan pequeña por mí?
-¡Me gusta mi cara tal como está!.
-¡Bien, a mí no! ¿Tienes miedo de quitarte la barba porque entonces se te notaría más la cicatriz? Otra vez eres un cobarde, ¿eh, capitán?
El cuerpo de él se puso rígido al oír mencionar la cicatriz, y sus ojos fríos miraron con furia.
-¡Vas demasiado lejos, Camila!
Ella sintió que así era, obviamente él era muy sensible a las referencias de su cicatriz.Camila recordó que realmente no conocía a este hombre, que no estaba en condiciones de juzgar sus reacciones. Pero ahora no podía volverse atrás.
-¿Por qué ocultas la cicatriz? Muchos hombres las aprecian. No es nada de qué avergonzarse.
-¡Yo no la oculto! ¿Te parecería bien que anduviera sin barba cuando mí tripulación la usa? -Sí. Te dije que tu barba me molesta. Elimínala y me probarás que no eres un cobarde.
-¡No!
-Entonces vete solo a la cama, Benjamin. No cederé en este punto.
-¡Maldita seas, mujer! -gritó él, pero Camila conservó la calma y volvió a su costura.
Pensaba mantenerse firme, y él lo percibía. Y él no quería perder el poder que sus amenazas tenían sobre ella. ¡Las mujeres y sus caprichos!
-Volveré en seguida, y cuando vuelva quiero que estés en la cama, desnuda. ¿Comprendes? ¡Sin ropa y esperándome!
Benjamin dio media vuelta y salió de la habitación. No estaba lejos del camarote que Franco compartía con Coco Martel y, al ver luz bajo la puerta, Benjamin golpeó fuertemente. Un momento después, se abrió la puerta y apareció Franco, con una expresión divertida en su rostro.
-Tenía la impresión de que te habías acostado a descansar -comentó Franco.
-Sí, pero necesito tu ayuda.
-¿No puedes esperar a mañana, Benjamin?
-¡No! -gritó Benjamin-. Necesito que me afeites la barba... ¡ahora!
¿Qué clase de broma es ésta? ¿Por qué demonios quieres afeitarte, y por qué ahora? -¡Demonios, Franco! No hagas tantas preguntas... ¡Simplemente haz lo que te digo! Si tuviera un espejo, lo haría yo mismo.
Franco se echó a reír, volvió la cabeza y miró a Coco, que estaba sentado a la mesa.
-Parece que la mademoiselle de genio rápido ha ganado una pelea a mi amigo -comentó Franco a Coco, y luego se volvió hacia Benjamin-. Esto es idea suya, ¿verdad? ¿Desde cuando haces lo que te pide una muchacha? ¿Qué ha sudedido con tu lógica?
-De nada serviría en este asunto, de manera que haz lo que se digo -gruñó Benjamin.
Más tarde, cuando volvió a su camarote, Benjamin se sentía tonto. Aún oía risa de Franco y sus palabras irónicas: Ahora pareces el muchacho que eres. Y en realidad parecía incluso más joven de lo que era. ¡Diablos! Ninguna otra mujer se había quejado nunca de su barba, y la mayoría de los hombres la usaban. Camila se había quejado sólo para molestarle... ahora estaba seguro. Bien, la barba no tardaría en volver a crecer. Y con esa idea, Benjamin abrió la puerta de su camarote y entró.
Camila había estado paseándose, temiendo el momento en que Benjamin volvería y la batalla comenzaría. Pero ahora estaba estupefacta por lo que veía.
La espesa barba dorada de Benjamin ocultaba mucho y sin ella se veía qué apuesto y joven era. Camila no podía apartar los ojos de su cara, y permanecía inmóvil en medio de la habitación.
Tuvo la idea fugaz de que podría enamorarse de este hombre si no lo odiara tanto. Pero la idea era absurda.
-¡Cuando doy una orden espero que me obedezcan dijo duramente Benjamin.
Pero Camila no prestó atención a su tono de voz. Sin la barba, ya no parecía el pirata peligroso y no podía tenerle miedo. Seguía siendo un gigante comparado con ella, pero con ese rostro tan apuesto, Camila no podía tomar en serio su dureza.
-Ya no obedezco tus órdenes dijo finalmente.
La mandíbula de Benjamin se endureció.
-¿Qué diablos quiere decir eso?
-Quiero decir, Benjamin, que no soy propiedad tuya y no eres mi marido. Por lo tanto, no te obedeceré.
Benjamin cruzó la corta distancia que había entre los dos y se detuvo ante ella. Alzó suavemente el rostro de la muchacha hacia el suyo, pero ella evitó mirarlo a los ojos.
-¿Has olvidado que estás en mi barco... que estás en mi poder? -le recordó Benjamin, ahora sin dureza en la voz.
-Tal vez esté en tu barco, pero no es por elección mía. ¿Y en tu poder? Quizá. Pero, como te dije, Benjamin, no soy de tu propiedad. No soy tu esclava.
-Eres mi prisionera.
-Ah, sí, por supuesto -dijo ella secamente. -Y los prisioneros que no obedecen órdenes son azotados. ¿No es verdad, capitán?
-¿Es eso lo que quieres?
Camila dio un paso atrás y lo miró extrañamente, como si estuviera pensando en una respuesta a su pregunta. Y luego, inesperadamente, levantó el brazo y lo golpeó en la mejilla, haciéndole perder el equilibrio.
El primer impulso de Benjamin fue devolver el golpe, y levantó la mano, Pero se detuvo al encontrarse con el frío desafío de Camila. Ella no se movía y se limitaba a frotar su puño dolorido con la otra mano, esperando el golpe de él. Como ese golpe no llegó, rió con amargura.
-¿Dónde está tu látigo, Benjamin? Tráelo y cumple con tus amenazas. Creo que eran diez latigazos por cada golpe. ¿No es verdad? ¿O tal vez prefieres esperar a que la cuenta crezca? Estoy segura de que eso sucederá antes de que termine la noche.
Benjamin suspiró y se apartó de ella. Se dejó caer en la silla mirando a Camila y extendió las piernas.
-De manera que a esto hemos llegado -dijo con voz tranquila-. ¿Por esto ha cambiado tu estado de ánimo, porque piensas que no llevaré a cabo mis amenazas?
-¡Sólo actúas con engaños!Eres un mentiroso, y jamás volveré a creerte una palabra -replicó Camila acaloradamente.
-¿Qué te hace creer que mentía?
-Tus Propias Palabras. El haber dicho que odias a los españoles porque castigan a sus esclavos. Tú no harías lo mismo -dijo Camila triunfante
-Esas no fueron mis palabras exactas, Camila. No odio a los españoles porque castiguen a sus esclavos, sino por otra razón mucho más profunda.
Camila vaciló. La repentina furia en sus ojos al oírla mencionar a los españoles la hizo temblar ligeramente.
-Si me azotaras no podrías... no podrías...
-¿Hacer el amor contigo? -dijo Benjamin, terminando la frase-. ¿Por qué? Por cierto sería penoso para ti, pero, ¿por qué habría de detenerme a mí?
La furia de Camila creció.
-¡No podrías! -gritó.
-¿Por qué no? a mí no me causaría ninguna incomodidad. Tu razonamiento sólo corresponde a tu punto de vista, no al mío.
-No podrías devolverme a mi prometido si mi cuerpo estuviera estropeado.
-Me asombras Camila. Según tu lógica yo te habría devuelto desnuda. Puedo asegurarte que estarás vestida. No habrá ninguna evidencia a la vista.
-¡Puedo hablar, Benjamin!
-Estarás amordazada -dijo él con tono práctico-. El intercambio tendrá lugar en el Dama Alegre, y el conde de Lambert será traído aquí por mis hombres. Yo estaré en alta mar antes de que el conde pueda alcanzarme.
Camila se sintió mal. Había hecho su juego y había perdido. Había llegado a pensar que éste no era un pirata de sangre fría, engañada por su apuesto rostro. Pero, ¿qué esperaba él? ¿Por qué no la había- golpeado al recibir su agresión?
-¿Qué... qué piensas hacer? -preguntó ella, con los ojos oscuros por el miedo.
-Nada.
-Pero yo...
-Tenías razón, eso es todo -dijo él.
Ella volvió a mirarlo, azorada.
-Entonces, ¿por qué negaste lo que yo decía?
-Porque tu razonamiento no es el mío.
-Pero no comprendo -replicó Camila.
Benjamin se inclinó hacia adelante y apoyó las manos en sus rodillas. En su expresión no había enojo, ni tampoco compasión.
-No tengas duda de que usaré el látigo si tengo que hacerlo, Camila. De manera que en el futuro no me subestimes. Pero no te azotaría simplemente porque desees luchar más bien que someterte a mi. Tienes derecho a eso.
Los ojos de Camila se llenaron de furia.
-¿Por qué me engañaste si eso es lo que sientes? ¿Por qué no me dejaste luchar por mi honor al principio?
-Comprende esto, Camila. Tú no significas nada para mí, excepto un placer en mi cama. Admito que eres la mujer más hermosa que he conocido, pero en mi vida no hay lugar para ti ni para ninguna otra mujer. Quise disfrutar de ti y evitar los conflictos si era posible... No importaban los medios. Pero como estás decidida a combatirme, Camila, así sea. Es tu derecho, y no te azotaré por ello.
-¡Ah! -Camila se volvió para no tener que mirar ese rostro arrogante. Más que nada, quería matarlo. Pero no podía. Había jurado esperar hasta que ella y Florencia estuvieran a salvo. Pero entonces... entonces...
-Sin embargo no necesitas combatirme, Camila -dijo Benjamin, interrumpiendo los pensamientos asesinos de ella-. El daño se ha hecho, y nada ganarías con la frustración.
-¡Obtendrías satisfacción! -Camila lo miró nuevamente, preparada para lo que vendría.
-¿Entonces tendré que violarte?
-¡Siempre me has violado! -saltó ella
-No te gustará, Camila
-¡A ti tampoco!
-¿Otra vez la prueba de fuerza, eh? Bien, al menos probaré de una vez por todas que tu fuerza no puede contra la mía
Se puso de pie, y Camila corrió hacia la puerta. Pero antes de que pudiera abrirla, Benjamin la levantó sobre su hombro. Ella trataba de darle puntapiés, pero no llegaba a él. Le golpeó la espalda con su puño, pero era como golpear una roca. Cuando Benjamin llegó a la cama, la arrojó allí, dejándola inmóvil por un momento. Camila luchó por apartar sus propios cabellos que la envolvían, mientras Benjamin rápidamente se quitaba los pantalones y la túnica.
Cuando finalmente lo miró, estaba parado ante ella, desnudo y dispuesto, con una sonrisa demoníaca en sus labios firmes.
-Esto será más fácil de lo que esperaba -rió él.
-¡No! -gritó ella, y trató de bajar de la cama, pero en un segundo él estuvo sobre ella.
-¿Serás sensata, o quieres remendar tu vestido por tercera vez mañana? -preguntó él.
-¡Vete al demonio! -gritó ella furiosamente.
Camila comenzó a luchar, pero las manos de Benjamin inmovilizaron sus muñecas. Las levantó por encima de su cabeza, dejándola indefensa excepto las piernas, que estaban trabadas por sus faldas. El peso de él la paralizó, y de pronto Camila se sintió sofocada. Siguió jadeando por liberarse, pero oía reír a Benjamin.
-¡Ríete!
Entonces Camila gritó, con un aullido ensordecedor de furia, pero Benjamin cubrió su boca con la suya. Cuando Camila hizo a un lado la cabeza para evitar los labios de él, él soltó sus manos y retuvo su rostro, lastimando los labios con un beso brutal, sin embargo, apartó sus labios de los de ella y gritó de dolor cuando ella hundió sus uñas en su espalda.
-¡Vete al diablo, maldita gata! -gruñó. Retuvo sus muñecas con una mano y le arrancó el vestido hasta la cintura con la otra. Mirándola fríamente, observó la expresión llena de terror de la muchacha mientras terminaba de rasgar su vestido. Luego rompió la suave tela de su enagua hasta que la desnudez de la muchacha apareció a la vista. Benjamin levantó las piernas de la muchacha sobre sus hombros y las sostuvo así con sus fuertes brazos. Penetró en ella cruelmente y violó su cuerpo con furia.
Cuando terminó, su enojo disminuyó. La dejó libre y se acostó a su lado sin importarle que ella recomenzara sus ataques. Pero ella se quedó allí tendida mirando el techo. Ni siquiera se movió cuando él la cubrió con la manta.
-Camila, ¿por qué insistes en sufrir? Esta mañana tuviste el máximo placer, y yo con gusto volvería a dártelo otra vez.
-¡No tienes derecho a darme placer! -gritó ella cobrando vida nuevamente y sorprendiéndolo con su rápida respuesta. -Sólo mi marido tendrá ese derecho. ¡Y tú no eres mi marido!
-¿Y te entregarás libremente a ese conde cuando te cases con él? -Por supuesto.
-Pero es un hombre que no has visto nunca. ¿Y si lo odias tanto como me odias a mí? ¿Qué harás entonces, Camila?
-Eso no te importa. De pronto Camila recordó la conversación que había tenido con su madre sobre su próximo matrimonio, y el deseo de su madre de que ella encontrara la felicidad a toda costa. ¿Y si el conde de Lambert era un hombre cruel... un hombre como Benjamin?
¡No! Ella no debía odiar a su futuro marido. Lo necesito para llevar a cabo su venganza contra Benjamin.
-Como de todas maneras volveré a tomarte, ¿por qué no lo disfrutas, Camila? -preguntó Benjamin con voz tranquila-. Nadie tiene por qué saber que te abandonaste a mí.
-¡Yo lo sabría! -gritó ella con indignación-. ¡Ahora, déjame! Camila le volvió la espalda y dejó que las lágrimas silenciosas corrieran por sus mejillas. Pasó mucho tiempo hasta que pudo dormirse. Pero Benjamin estaba igualmente torturado y, más tarde, salió en silencio del camarote.

 
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maria jesus
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Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPIS 13, 14 Y 15!!

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March 16 2009, 3:51 PM 

genial esta estupenda como siempre
espero que la sigas pronto.....besotessss

 
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rossy
(no login)

Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPIS 13, 14 Y 15!!

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March 17 2009, 9:04 PM 

sin palabras!! y encima 3 capis!!! increible de veras.. me ha encantado y cada vez esta mas interesante, sobre todo xq cami va dejando atras su etapa de niñita ignorante y se va dando cuenta de lo q pasa.. jaja me encanta el pike q tiene con benja happy.gif jajaja y q decir, q estoy deseando q publiques ya jajaja xDxD muxos bss!! y siguela wapa!!

 
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Anonimo
(no login)

Re: EL AMOR DEL PIRATA CAPIS 13, 14 Y 15!!

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March 17 2009, 11:02 PM 

Guaaaaaaaau!Tres capis a la vez!Q mas se puede pedir??LOL
Bueno nena,,qe esta muy bien me an ncantado los 3;estoy muuy nganchada a tu novela,MOLA!

Besos =D

 
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Current Topic - EL AMOR DEL PIRATA CAPIS 13, 14 Y 15!!  Respond to this message   
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