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^^** EL DUQUE Y YO**^^_________ CaP 13&14&15 [!!]

March 21 2009 at 2:41 PM
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mary_xiky24  (no login)

 


wolaaa niñass!! q tal x aqi??? sientoo aber tardaoo tentoo xo esq no engo mxoo tiempo libree!! asi q oy os suboo tres cap para cmpensar!! atentas xq estos capitulos son de lo mas interesantes!!




^^** EL DUQUE Y YO**^^



Capitulo 13


¡El duque de Hastings y la señorita Bridgerton se casan!
Esta autora aprovecha la oportunidad para recordarles, queridos lectores, que esta boda ya se predijo en esta columna. Ha quedado demostrado que cuando en esta columna se predice un nuevo noviazgo entre una dama y un caballero, las apuestas de los clubes de hombres cambian en cuestión de horas, y siempre a favor del matrimonio.
Aunque esta autora no tenga permiso para entrar en Whites, tiene motivos para creer que las apuestas oficiales del matrimonio entre el duque y la señorita Bridgerton estaban 2 a 1.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
19 de mayo de 1813



La semana pasó en un abrir y cerrar de ojos. Cami no vio a Benja durante días. Si Anthony no le hubiera dicho que había estado en Hastings House arreglando los detalles del contrato de matrimonio, Cami habría pensado que se había fugado del país.
Para sorpresa de Anthony,Benja no había aceptado ni un penique como dote. Al final, los dos decidieron que Anthony pondría el dinero que su padre había dejado para la boda de Cami en una cuenta aparte de la que él seria el fideicomisario. Ella podría gastarlo o guardarlo para lo que quisiera.
Puedes dárselo a tus hijos dijo Anthony.
Cami sonrió. Era eso o echarse a llorar.
Unos días más tarde, Benja fue a Bridgerton House por la tarde. Faltaban dos días para la boda.
Cami esperó en el salón después de que Humboldt anunciara su visita. Se sentó en el sofá, con la espalda recta y las manos juntas encima de las rodillas. Estaba segura de que parecía el modelo de mujer inglesa.
Notó unas cosquillas nerviosas en el estómago.
Se miró las manos y vio que se estaba clavando las uñas en las palmas y que se estaba dejando señales rojas.
Se rió. Nunca antes había estado nerviosa por ver a Benja. En realidad, posiblemente ése era el aspecto más destacable de su amistad. Incluso cuando lo había visto mirarla con ojos ardientes y estaba segura de que sus ojos reflejaban la misma necesidad, había estado cómoda con él. De acuerdo, el estómago le daba saltos y la piel le ardía, pero aquellas señales eran de deseo no de incomodidad. Primero y más importante, Benja había sido su amigo y Cami sabía que la felicidad que sentía siempre que él estaba cerca no era nada común.
Confiaba que, entre los dos, volvieran a ser los mismos de antes pero, después de la escena en Regents Park, se temía que eso llegaría más tarde que pronto.
Buenos días, Cami.
Benja apareció en la puerta y llenó el salón con su maravillosa presencia. Bueno, igual no era tan maravillosa como siempre. Todavía tenía los ojos morados y el golpe de la mandíbula estaba adquiriendo una impresionante tonalidad verdosa.
Pero eso era mejor que una bala en el corazón.
Benja respondió ella. Me alegro de verte. ¿Qué te trae por Bridgerton House?
Benja la miró sorprendido.
¿No estamos comprometidos?
Ella se sonrojó.
Sí, claro.
Tenía entendido que los hombres tienen que ir a visitar a sus prometidas. Se sentó delante de ella. ¿No dijo nada al respecto lady Whistledown?
No creo dijo Cami. Pero seguro que mi madre sí.
Los dos se rieron y, por un momento, Cami creyó que todo volvería a ser como antes pero, cuando las risas desaparecieron, un incómodo silencio se apoderó de la habitación.
¿Te encuentras mejor de los ojos? preguntó ella. No parecen tan hinchados.
¿De verdad? Benja se acercó a un espejo bastante grande. Yo más bien creo que se han vuelto impresionantemente azules.
Morados.
Él se inclinó y se miró en un espejo que había en la pared.
De acuerdo, morados, aunque supongo que sería discutible.
¿Te duelen?
Benja sonrió.
Sólo cuando alguien me da un puñetazo.
Entonces, intentaré reprimirme dijo ella, con una sonrisa malvada. Será difícil, pero lo intentaré.
Sí dijo él. Ya me han dicho varias veces que provoco esa reacción en las mujeres.
Cami sonrió, aliviada. Si podían reírse de eso, seguro que todo volvería a ser como antes.
Benja se aclaró la garganta.
Tenía un motivo para venir a verte.
Cami lo miró, expectante, y esperó a que continuara.
Él sacó del bolsillo una caja de una joyería.
Esto es para ti.
Se quedó sin respiración cuando cogió la caja de terciopelo.
¿Estás seguro?
Creo que los anillos de compromiso suelen ser habituales en esta situación dijo él.
Oh. Qué tonta. No me di cuenta
¿Que era un anillo de compromiso? ¿Qué pensabas que era?
No pensaba admitió ella.
Benja nunca le había hecho ningún regalo. Se había quedado tan conmovida por el gesto que se había olvidado completamente que le debía un anillo de compromiso.
«Debía». No le gustaba esa palabra, ni siquiera le gustaba pensar en ella. Pero sabía que era lo que debió de pensar Benja al comprarlo.
Aquello la deprimió un poco.
Se obligó a sonreír.

¿Es una antigüedad de tu familia?
¡No! dijo él, con tanta vehemencia que Cami parpadeó.
Oh.
Otro silencio.
Él tosió y dijo:
Pensé que te gustaría tener algo sólo tuyo. Todas las joyas de la familia Hastings se eligieron para otra persona. Esto lo he elegido yo para ti.
Cami pensó que no se deshizo allí mismo de puro milagro.
Eso es muy bonito dijo, melancólica.
Benja se removió en el asiento, cosa que no sorprendió a Cami. A los hombres no les gustaba que se hablara de ellos en ese tono.
¿No vas a abrirlo? dijo él.
Sí, sí, claro. Cami agitó un poco la cabeza mientras volvía a la realidad. Qué tonta.
Tenía los ojos vidriosos y, después de parpadear varias veces para aclararse la vista, deshizo el lazo y abrió la caja.
Y sólo pudo decir:
Dios mío. E, incluso eso, salió entre suspiros.
En la caja había un aro de oro blanco adornado con una esmeralda tallada que tenía, a cada lado, un perfecto diamante. Era la joya más bonita que había visto en su vida; brillante pero elegante, preciosa pero sin ser opulenta.
Es preciosa susurró. Me encanta.
¿Seguro? Benja se quitó los guantes, se inclinó y lo sacó de la caja. Porque es tu anillo. Lo vas a tener que llevar tú y debería ir acorde con tus gustos, no con los míos.
Cami dijo, con la voz un poco temblorosa:
Obviamente, tenemos los mismos gustos.
Benja respiro hondo, relajado, y la cogió de la mano. No se había dado cuenta de lo mucho que significaba para él que a Cami le gustara el anillo hasta ese momento. Odiaba sentirse tan nervioso al estar junto a ella cuando, durante las últimas semanas, habían sido tan buenos amigos. Odiaba que se quedaran callados sin saber qué decir mientras, antes, ella era la única persona con la que nunca había sentido la necesidad de hacer pausas para hablar bien.
Y no es que ahora tuviera ningún problema para hablar. Es que no sabía qué decir.
¿Me permites? le preguntó.
Cami asintió y empezó a quitarse el guante.
Pero Benja la detuvo y empezó a hacerlo él. Dio un ligero tirón en el extremo de cada dedo y luego, lentamente, le quitó el guante. Fue un gesto tremendamente erótico y una versión abreviada de lo que quería hacer col ella: quitarle todas y cada un de las piezas de ropa que la cubrían.
Cami respiró acelerada cuando el extremo del guante le rozó los dedos. Aquel sonido hizo que Benja la deseara todavía más.
Con manos temblorosas, le deslizó el anillo por el dedo hasta su sitio.
Es perfecto dijo ella, moviendo la mano de un lado a otro para ver cómo reflejaba la luz.
Sin embargo, Benja no la soltó. Mientras ella se movía, las dos manos se rozaban, creando un calor muy agradable. Entonces, Benja se acercó la mano de Cami a los labios y depositó un casto beso en los nudillos.
Me alegro dijo. Te queda muy bien.
Los labios de Cami se abrieron y formaron un esbozo de la gran sonrisa que Benja había aprendido a adorar. A lo mejor fue un esbozo de que todo iría bien entre ellos.
¿Cómo supiste que me gustaban las esmeraldas? preguntó ella.
No lo sabía dijo él. Me recordaron a tus ojos.
A mis ladeó la cabeza y la boca dibujó lo que solo podía ser una sonrisa irónica. Benja, yo tengo los ojos marrones.
En gran parte, sí la corrigió.
Cami se giró hasta que pudo verse en el mismo espejo que él había usado antes y parpadeó varias veces.
No dijo, lentamente, como si hablara con alguien de poco intelecto. Son marrones.
Él alargó un brazo y le rozó la parte inferior del ojo con un dedo, frotándole las pestañas como en un beso de mariposa.
Por fuera, no.
Ella lo miró incrédula, aunque un poco esperanzada. Respiró hondo y se levantó.
Voy a mirarlo mejor.
Benja observó divertido cómo se levantaba, se acercaba al espejo y se examinaba los ojos. Parpadeó, abrió los ojos y volvió a parpadear
¡Dios mío! exclamó. ¡Nunca lo había visto!
Benja se levantó y se colocó junto a ella, inclinándose sobre la mesa que había delante del espejo.
Pronto aprenderás que siempre tengo razón.
Ella le lanzó una mirada sarcástica.
¿Cómo lo has visto?
Él se encogió de hombros.
Los he mirado muy de cerca.
Eres decidió no terminar la frase y, en lugar de eso, volvió a mirarse al espejo. ¿Qué te parece? dijo. Tengo los ojos verdes.
Bueno, yo no diría tanto.
Hoy dijo ella, me niego a creer que sean de otro color que no sea verde.
Benja sonrió.
Como quieras.
Ella suspiró.
Colin siempre me ha dado mucha envidia. Unos ojos tan bonitos desperdiciados en un hombre.
Estoy seguro de que las damas que se enamoren de él, no estarán de acuerdo con eso.
Cami le lanzó una sonrisa cómplice.
Sí, pero ellas no importan, ¿no?
Benja reprimió una risa.
Si tú lo dices, no.
Pronto aprenderás dijo ella, que siempre tengo razón.
Esta vez, Benja sí que soltó una carcajada. No pudo evitarlo. Al final, paró y se dio cuenta de que Cami estaba callada. Lo estaba mirando con calidez aunque, al mismo tiempo, tenía una sonrisa nostálgica en los labios.
Ha estado bien dijo ella, colocando su mano encima de la de Benja. Como antes, ¿no te parece?
Él asintió y giró la mano para tomar la de ella y apretarla.
Volverá a ser así, ¿no? dijo ella, con los ojos temerosos. Volveremos a ser como antes, ¿verdad? Todo volverá a ser igual.
Sí dijo él, aunque sabía que no era cierto. A lo mejor serían felices, pero nada volvería a ser lo mismo.
Ella sonrió, cerró los ojos y apoyó la cabeza en su hombro.
Bien.
Benja miró su imagen reflejada en el espejo un rato. Y casi creyó que sería capaz de hacerla feliz.


El día siguiente por la noche, la última noche de Cami como señorita Bridgerton, Alma llamó a su puerta.
Cami estaba sentada en su cama, con recuerdos de su infancia repartidos encima de la colcha.
¡Pasa! dijo.
Alma asomó la cabeza, con una extraña sonrisa dibujada en los labios.
Cami dijo, algo preocupada. ¿Tienes un momento?
Cami miró a su madre, inquieta.
Claro.
Se levantó mientras su madre entraba en su habitación. La piel de Alma iba en total consonancia con el color amarillo del vestido.
¿Estás bien, mamá? le preguntó Cami. Pareces mareada.
Estoy bien. Es que Alma se aclaró la garganta y se armó de valor. Ha llegado la hora de que hablemos.
Oh dijo Cami, entre suspiros, con el corazón acelerado.
Llevaba tiempo esperándolo. Todas sus amigas le habían dicho que la noche antes de casarte, tu madre te revelaba todos los secretos del matrimonio. En el último momento, las madres aceptaban a las hijas en el club de las mujeres y les confesaban todas las deliciosas verdades que tan escrupulosamente callaban frente a los oídos de las chicas solteras. Algunas de sus amigas ya se habían casado y Cami y las demás habían intentado que les dijeran lo que nadie más les decía, pero las jóvenes señoras casadas sólo reían y les decían: «Pronto lo descubriréis».
Pronto era ahora, y Cami estaba impaciente.
En cambio, Alma, parecía que fuera a devolver la cena de los últimos días en cualquier momento.
Cami dio unos golpecitos en la cama.
¿Quieres sentarte aquí, mamá?
Alma parpadeó, distraída.
Sí, sí, perfecto. Se sentó, aunque casi en el límite del colchón. No parecía demasiado cómoda.
Cami decidió apiadarse de ella y empezar la conversación.
¿Es sobre el matrimonio? preguntó.
El movimiento de cabeza de Alma fue casi imperceptible.
Cami hizo un esfuerzo para reprimir el tono de fascinación escondido.
¿La noche de bodas?
Esta vez, Alma consiguió mover la barbilla arriba y abajo un par de centímetros.
No sé muy bien cómo decirte esto. Es algo muy indiscreto e íntimo.
Cami intentó tener paciencia. Seguro que, tarde o temprano, su madre iría al grano.
Verás dijo Alma, titubeante, hay cosas que debes saber. Cosas que sucederán mañana por la noche. Cosas tosió, que implican a tu marido.
Cami se inclinó, con los ojos muy abiertos.
Alma se echó hacia atrás, claramente incómoda con el interés de Cami.
Verás, tu marido es decir, Benja, claro porque él va a ser tu marido
Como Alma parecía no ir a ningún sitio, Cami la interrumpió.
Sí, Benja será mi marido.
Alma hizo una mueca; sus ojos azules miraban hacia todas partes menos a su hija.
Esto es muy difícil para mí.
Ya lo veo dijo Cami.
Alma respiró hondo y se sentó mejor, con la espalda recta.
En tu noche de bodas dijo, tu marido esperará que cumplas con tu deber matrimonial.
Aquello no era nada que Cami no supiera antes.
Tendrás que consumar tu matrimonio.
Claro dijo Cami.
Él se acostará contigo.
Cami asintió. Eso también lo sabía.
Y te hará Alma buscaba la palabra agitando las manos en el aire, cosas íntimas.
Cami abrió ligeramente la boca. Por fin la cosa se ponía interesante.
He venido a decirte dijo Alma, con una voz un poco más brusca, que el deber matrimonial no tiene por qué ser doloroso.
Pero ¿qué era?
Alma tenía las mejillas ardiendo.
Sé que a algunas mujeres el, eh, acto les parece algo desagradable, pero
¿De verdad? preguntó Cami, curiosa. Entonces, ¿por qué veo tantas doncellas irse a solas con los lacayos?
Inmediatamente, a Alma le salió la vena de propietaria de una casa.
¿Qué doncellas hacen eso?
No intentes cambiar de tema le advirtió Cami. Llevo toda la semana esperando esto.
Su madre se quedó sin respiración un momento.
¿De verdad?
La mirada de Cami decía: «¿qué esperabas?».
Por supuesto.
Alma suspiró y dijo:
¿Qué estaba diciendo?
Me estabas explicando que a algunas mujeres les parece desagradable realizar el deber matrimonial.
Exacto. Bien.
Cami miró las manos de su madre y vio que casi había destrozado el pañuelo.
Lo que quiero que sepas dijo Alma, muy deprisa, como si quisiera acabar con eso cuanto antes, es que no tiene por qué serlo. Si dos personas se quieren y creo que el duque te quiere mucho
Y yo a él añadió Cami.
Claro. Claro. Bien, verás, como los dos os queréis, posiblemente será un momento muy bonito y especial. Alma empezó a moverse hacia los pies de la cama. Y no debes estar nerviosa. Estoy segura de que el duque será un caballero.
Cami se acordó del beso de Benja y pensó que «caballero» no era la primera palabra que le venía a la cabeza.
Pero
De repente, Alma se levantó.
Muy bien. Buenas noches. Eso es lo que quería decirte.
¿Eso es todo?
Alma se fue hacia la puerta.
Eh, sí parpadeó, sintiéndose culpable. ¿Esperabas algo más?
¡Sí! Cami corrió detrás de su madre y se colocó delante de la puerta para que no pudiera escapar. ¡No puedes irte sin explicarme algo más!
Alma miró a la ventana desesperadamente. Cami agradeció que su habitación estuviera en el segundo piso, si no habría jurado que su madre habría saltado por ella.
Cami dijo Alma, con la voz apagada.
Pero ¿qué hago?
Tu marido lo sabrá dijo Alma.
Mamá, no quiero hacer el ridículo.
Alma hizo una mueca.
No lo harás. Confía en mí. Los hombres son
Cami se agarró con fuerza a esa frase inacabada.
¿Los hombres son qué? ¿Qué, mamá? ¿Qué ibas a decir?
A estas alturas, Alma estaba totalmente colorada y tenía el cuello y las orejas sonrosados.
Los hombres son muy fáciles de complacer dijo. No quedará decepcionado.
Pero
¡Pero ya basta! dijo Alma, firmemente. Ya te he dicho lo que mi madre me dijo a mí. No te pongas nerviosa y haz lo suficiente como para quedarte en estado.
Cami se quedó boquiabierta.
¿Qué?
Alma estaba muy nerviosa.
¿He olvidado esa parte?
¡Mamá!
Está bien. Tu deber matrimonial, eh, la consumación, eh, es cómo se hacen los hijos.
Cami se apoyó en la pared.
O sea, que tú lo hiciste ocho veces.
¡No!
Cami parpadeó, confundida. Las explicaciones de su madre eran muy vagas y todavía seguía sin saber qué era eso del deber matrimonial.
Pero ¿no se supone que, para tener ocho hijos, tendrías que haberlo hecho ocho veces?
Alma empezó a abanicarse con furia.
Sí. ¡No! Cami, esto es muy personal.
Pero ¿cómo pudiste tener ocho hijos si?
Lo hice más de ocho veces dijo Alma, con una cara como si quisiera que la tierra la tragara en ese mismo instante.
Cami miró a su madre, incrédula.
¿De verdad?
A veces dijo Alma, casi sin mover los labios y sin levantar la mirada del suelo, la gente lo hace sólo porque quiere.
Cami abrió los ojos como platos.
¿A sí?
Eh Sí.
¿Cómo cuando un hombre y una mujer se besan?
Sí, exacto dijo Alma, respirando aliviada. Es muy parecido a Entrecerró los ojos y recuperó el tono de voz normal. Cami, ¿has besado al duque?
Cami palideció.
A lo mejor susurró.
Alma agitó el dedo índice delante de su hija.
Cami Bridgerton, no puedo creerme que hayas hecho algo así. ¡Sabes que te advertí que no debías permitir que los hombres se tomaran esas libertades!
Ahora ya no importa. Voy a casarme con él.
Aún así Alma suspiró. No importa. Tienes razón. Vas a casarte, y con un duque nada menos; si te besó, bueno, era de esperar.
Cami se quedó mirando a su madre. Mantener aquel tipo de conversaciones no iba para nada con ella.
Bueno dijo Alma, si ya no tienes más preguntas, te dejaré con tus, eh Miró todas las cosas que Cami tenía encima de la cama. Con lo que estabas haciendo.
¡Pero sí que tengo más preguntas!
Sin embargo, Alma ya estaba en la puerta.
Y Cami, por muchas ganas que tuviera de descubrir los secretos del deber matrimonial, no estaba dispuesta a hacerlo en le pasillo delante de toda la familia y los sirvientes.
Además, la charla con su madre la había dejado algo preocupada. Alma le había dicho que el acto matrimonial era un requisito indispensable para tener hijos. Si Benja no podía tener hijos, ¿querría decir que tampoco podrían realizar las intimidades de las que le había hablado su madre?
Y, maldita sea, ¿en qué consistían esas intimidades? Cami sospechaba que tenían que ver con los besos, porque la sociedad hacía especial hincapié en que las chicas jóvenes guardaran sus labios puros y castos. Y también, pensó, sonrojándose al recordar la noche en el jardín con Benja, debían estar relacionadas con los pechos de una mujer.
Cami hizo una mueca. Su madre prácticamente le había ordenado que no estuviera nerviosa, pero era imposible no estarlo, no cuando iba a firmar ese contrato sin tener ni idea de cómo llevar a cabo sus deberes.
¿Y Benja? Si no podía consumar el matrimonio, ¿sería un matrimonio de verdad?
Aquello era suficiente para hacer de Cami una novia muy inquieta.
Al final, recordó muy pocos detalles del día de la boda. Vio las lágrimas en los ojos de su madre, que le resbalaron por las mejillas, y recordó la voz ronca de Anthony cuando la entregó a Benja. Hyacinth esparció les pétalos de rosa demasiado deprisa y, cuando llegó al altar, ya no le quedaban. Gregory estornudó tres veces antes de pronunciar los votos.
Y recordó la cara de concentración de Benja mientras repetía sus votos. Pronunció cada sílaba lenta y cuidadosamente. Los ojos le ardían y hablaba en voz baja, pero sincera. A Cami le pareció que no había otra cosa más importante que las palabras que Benja pronunció delante del arzobispo.
Se tranquilizó pensando que ningún hombre que pronunciara sus votos tan de corazón podía plantearse el matrimonio como una mera conveniencia.
«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
Cami se estremeció, lo que la obligó a balancearse ligeramente. En unos momentos, pertenecería a ese hombre para siempre.
Benja se giró y la miró fijamente, preguntándole con los ojos: «¿Estás bien?»
Ella asintió, un movimiento de barbilla tan discreto que sólo él lo vio. Cami vio un brillo especial en sus ojos ¿Podía ser alivio?
«Yo os declaro»
Gregory estornudó por cuarta, quinta y sexta vez, obligando al arzobispo a hacer una pausa antes del «marido y mujer». Cami sintió una oleada de felicidad apoderarse de ella. Sin embargo, apretó los labios e intento mantener la compostura. Al fin y al cabo, el matrimonio era una institución solemne y no debía ser tomada a broma.
Miró a Benja y vio que él la estaba mirando de una forma muy extraña. Tenía sus pálidos ojos azules fijos en su boca y la comisura de los labios le temblaba.
Cami sintió que no podría reprimir mucho más esa oleada de felicidad.
«Puedes besar a la novia.»
Benja la cogió con desesperación y la besó con tanto ímpetu que los presentes exclamaron sorprendidos.
Y entonces, los dos pares de labios, los del novio y los de la novia, empezaron a reír, aunque seguían mezclados.
Alma Bridgerton dijo que había sido el beso más extraño que jamás había visto.
Gregory Bridgerton, cuando dejó de estornudar, dijo que había sido asqueroso.
El arzobispo, que ya empezaba a ser mayor, se quedó perplejo.
Sin embargo, Hyacinth Bridgerton que, a los diez años, no debería saber nada de besos parpadeó y dijo:
Creo que ha sido muy bonito. Si ahora se ríen, posiblemente se reirán siempre. Se giró a su madre. Eso es algo bueno, ¿no?
Alma cogió la mano de su hija pequeña y la apretó.
La risa siempre es bonita, Hyacinth. Gracias por recordárnoslo.
Y así empezó a correr el rumor que los nuevos duques de Hastings eran la pareja más feliz y enamorada que se habían casado en años. Después de todo, ¿quién recordaba una boda con tantas risas?


Fin del capitulo 13.




Capitulo 14


Nos han dicho que la boda del duque de Hastings con la antigua señorita Bridgerton, aunque fue íntima, fue muy festiva. La señorita Hyacinth Bridgerton (de diez años) le confesó a la señorita Felicity Featherington (también de diez años) que el novio y la novia no dejaron de reír en toda la ceremonia. La señorita Felicity se lo dijo a su madre y ésta, a todo el mundo.
Esta autora confiará en la palabra de la señorita Hyacinth, ya que no recibió una invitación para acudir al feliz acontecimiento.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
24 de mayo de 1813




No habría viaje de novios. Después de todo, no habían tenido demasiado tiempo para preparar la boda. En lugar de eso, Benja lo había arreglado todo para que pasaran algunas semanas en Clyvedon Castle, el feudo ancestral de los Basset. A Cami le pareció bien porque se moría de ganas de escaparse de Londres y de los escrutiñadores ojos y oídos de la sociedad inglesa.
Además, tenía mucha curiosidad por conocer el lugar donde se había criado Benja.
Se lo imaginó de pequeño. ¿Había sido tan irrefrenable como era con ella? ¿O había sido un niño tranquilo y reservado como se mostraba delante de los demás?
El nuevo matrimonio salió de Bridgerton House entre vítores y abrazos, y Benja ayudó a Cami a subir al carruaje. A pesar de que era verano, el aire era fresco y Benja le cubrió las piernas con una manta. Cami se rió.
¿No te parece excesivo? dijo. No creo que coja frío. Hasta tu casa hay muy poco trayecto.
Él la miró, extrañado.
Nos vamos a Clyvedon.
¿Esta noche?
Cami no pudo ocultar su sorpresa. Creía que partirían al día siguiente. Clyvedon estaba cerca de Hastings, en la costa sureste de Inglaterra. Además, ya era bien entrada la tarde y eso quería decir que llegarían al castillo de madrugada.
No era la noche de bodas que Cami había imaginado.
¿No sería mejor pasar esta noche en Londres y viajar mañana a Clyvedon? preguntó.
Ya está todo arreglado dijo él.
Ah está bien dijo Cami, haciendo esfuerzos para esconder su decepción. Estuvo callada durante un buen rato, mientras el carruaje se ponía en movimiento. Cuando llegaron a la esquina de Park Lane, preguntó. ¿Pararemos en alguna posada?
Claro respondió Benja. Tendremos que cenar. No estaría bien hacerte pasar hambre en nuestro primer día de casados, ¿no crees?
¿Y pasaremos la noche en la posada? insistió ella.
No, iremos Benja cerró la boca y luego relajó la expresión. Se giró hacia ella y la miró con una cara muy tierna. Soy un bruto, ¿verdad?
Ella se sonrojó. Siempre que la miraba así, se sonrojaba.
No, no, es que me sorprendió que
No, tienes razón. Pasaremos la noche en la posada. Conozco una que está bastante bien y nos queda a medio camino. Tienen comida caliente y las camas están limpias. Le tocó la barbilla. No abusaré de ti obligándote a hacer todo el viaje hasta Clyvedon en un día.
No es que no pueda aguantarlo dijo, sonrojándose todavía más por las palabras que iba a pronunciar. Es que nos acabamos de casar y, si no nos paramos en una posada, tendremos que pasar la noche en el carruaje, y
No digas más dijo él, colocándole un dedo sobre los labios.
Cami asintió, agradecida. No le apetecía hablar de su noche de bodas así. Además, parecía que lo propio era que fuera el hombre el que sacara el tema. Después de todo, de los dos,Benja era el experto.
Ella no podía ser más inexperta en ese tema. Su madre, entre todo el rollo del hilo y la aguja, no le había dicho nada. Bueno, excepto lo de engendrar a los hijos, y en eso tampoco entró en detalles. Sin embargo, por otro lado, quizás
Cami contuvo la respiración. ¿Y si Benja no podía o si no quería?
No, decidió, Benja quería. Es más, la quería a ella. No se había imaginado el fuego en sus ojos y los latidos acelerados de su corazón aquella noche en el jardín.
Miró por la ventana, observando cómo Londres se difuminaba entre el paisaje. Una mujer podría volverse loca si se obsesionaba con esas cosas. Iba a sacárselo de la cabeza. Nunca más pensaría en eso.
Bueno, al menos hasta la noche.
Su noche de bodas.
Esa idea la hizo estremecer.
Benja miró a Cami, su mujer, se recordó, aunque todavía le costaba creérselo. Nunca había planeado tener una mujer. En realidad, había planeado no tener ninguna. Pero allí estaba, con Cami Bridgerton no, Cami Basset. Era la duquesa de Hastings, eso es lo que era.
Posiblemente, eso era lo más raro de todo. Su ducado no había tenido nunca una duquesa. Y el título sonaba extraño, viejo.
Benja suspiró y se deleitó observando el perfil de Cami. Entonces, frunció el ceño.
¿Tienes frío? preguntó.
Estaba temblando.
Cami tenía los labios separados, así que Benja vio cómo la lengua subía hasta el paladar para pronunciar una N, pero rectificó y dijo:
Sí. Bueno, sólo un poco. No tienes que
Benja la arropó con la manta un poco más, preguntándose por qué iba a mentirle en algo tan trivial como eso.
Benja la arropó con la manta un poco más, preguntándose por qué iba a mentirle en algo tan trivial como eso.
Ha sido un día muy largo dijo, y no porque lo sintiera aunque, cuando se paró a pensarlo, sí que había sido un día muy largo, sino porque le pareció lo más adecuado en ese momento.
Había estado pensando mucho en lo más apropiado en cada momento. Intentaría ser un buen marido. Era lo mínimo que ella se merecía. Había muchas cosas que, desgraciadamente, no podría darle como, por ejemplo, una felicidad plena, pero haría lo posible para que estuviera segura, protegida y fuera relativamente feliz.
Lo había elegido a él, se recordó. Incluso después de saber que no podría darle hijos, lo había elegido. Lo menos que podía hacer por ella era ser un buen marido.
Lo he disfrutado dijo ella, suavemente.
Benja parpadeó y la miró, sorprendido.
¿Cómo dices?
Ella esbozó una sonrisa. Una sonrisa que Benja quisiera contemplar eternamente, cálida y divertida pero con cierta picardía. Hizo que la entrepierna de Benja ardiera de deseo, y lo único que podía hacer para concentrarse en sus palabras era contemplarla.
Has dicho que había sido un día muy largo. Y yo he dicho que lo he disfrutado.
Él la miró sin decir nada.
La cara de Cami se torció con una frustración tan encantadora que Benja notó una sonrisa a punto de aparecer en sus labios.
Tú has dicho que había sido un día muy largo repitió ella. Y yo he dicho que lo he disfrutado. Cuando él siguió sin decir nada, ella resopló y añadió: A lo mejor lo entiendes mejor si te digo que las palabras «Sí» y «Pero» estaban implícitas. Síiiiii, pero lo he disfrutado.
Entiendo dijo él, con toda la solemnidad que pudo.
Me temo que entiendes muchas cosas dijo ella, pero que ignoras la mitad, como mínimo.
Él arqueó una ceja, lo que hizo que ella mostrara su descontento, lo que hizo que él quisiera besarla.
Cualquier cosa hacía que quisiera besarla.
En realidad, empezaba a ser bastante doloroso.
Deberíamos estar en la posada cuando anochezca dijo él, muy resuelto, como si estuviera hablando de negocios y aquello pudiera relajar la tensión.
Obviamente, no fue así. Lo único que consiguió fue recordarle que había retrasado la noche de bodas un día. Un día de deseo, de necesidad, de tener que soportar que su cuerpo la pidiera a gritos. Pero estaría loco si la hiciera suya en una pensión de carretera, por muy limpia y aseada que estuviera.
Cami se merecía algo mejor. Sería su primera y única noche de bodas, y él quería que fuera perfecta.
Ella lo miró, sorprendida por el repentino cambio de tema.
Me alegro.
Las carreteras no son muy seguras de noche añadió él, intentando pasar por alto que era él el que pretendía hacer todo el camino hasta Clyvedon de noche.
No dijo ella.
Y tendremos hambre.
Sí dijo ella, algo desconcertada por la obsesión de Benja con la parada en la posada.
Benja no podía culparla, pero discutía hasta la saciedad sobre la parada o la cogía y la tomaba allí mismo.
Y aquello no era una opción.
Así que dijo:
La comida es muy buena.
Ella parpadeó y dijo:
Ya lo has dicho.
Cierto dijo él, y tosió. Creo que voy a dormir un rato.
Ella abrió los ojos y, en realidad, adelantó toda la cara cuando preguntó:
¿Ahora?
Benja asintió.
Parece que me repito pero ya te he dicho, como tú muy bien me has recordado, que ha sido un día muy largo.
Es verdad. Lo observó, curiosa, cómo intentaba encontrar la mejor postura. Y al final le preguntó: ¿Estás seguro de que vas a poder dormir con el carruaje en marcha? ¿No te molesta el traqueteo?
Él se encogió de hombros.
Soy capaz de dormirme donde sea. Es algo que aprendí en mis viajes.
Pues es una suerte murmuró ella.
Y que lo digas asintió él.
Entonces, cerró los ojos y, durante casi tres horas, hizo ver que dormía.
Cami lo miraba. Fijamente. No estaba durmiendo. Con siete hermanos, se sabía de memoria todos los trucos y Benja no estaba dormido.
Respiraba muy tranquilo y emitía los sonidos exactos de cuando uno duerme.
Pero Csmi se la sabía larga.
Cada vez que se movía, hacía un ruido inesperado o respiraba demasiado fuerte, Benja movía la barbilla. Era casi imperceptible, pero lo hacía. Y cuando bostezaba y respiraba, veía cómo Benja movía las pupilas debajo de los párpados cerrados.
Sin embargo, era de admirar porque había conseguido mantener la farsa más de dos horas.
Ella no duraba más de veinte minutos.
Cami pensó que si quería hacerse el dormido, ella no iba a molestarlo; Dios la libre de interrumpir tan maravillosa interpretación.
Con un último y sonoro bostezo, solo para verlo mover las pupilas, se giró hacia la ventana y descorrió la cortina de terciopelo para poder ver el paisaje. El sol estaba rojizo sobre el horizonte, con un tercio todavía asomándose a la tierra.
Si Benja había acertado en la estimación del tiempo hasta la posada, y tenía la sensación de que así era, ya que a los que les gustaban las matemáticas siempre acertaban en esas cosas, deberían estar a mitad de camino de Clyvedon y bastante cerca de la posada.
Cerca de su noche de bodas.
Por el amor de Dios, tendría que dejar de pensar en esos términos tan melodramáticos. Aquello era ridículo.
¿Benja?
Él no se movió. Eso la irritó.
¿Benja? repitió un poco más alto.
Vio cómo torcía la comisura de los labios, pero no se movió. Camiestaba segura de que estaba decidiendo si lo había dicho lo suficientemente fuerte como para terminar con la farsa.
¡Benja! le dio un golpe, bastante fuerte, justo donde el brazo se une al pecho.
Seguro que estaría de acuerdo con ella en que nadie seguiría durmiendo después de eso.
Abrió los ojos e hizo un sonido bastante curioso, una respiración profunda como si se acabara de despertar.
Era muy bueno, pensó Cami, admirada.
Benja bostezó.
¿Cami?
Cami no se andó con rodeos.
¿Hemos llegado?
Él intentó desperezarse de la inexistente pereza.
¿Qué?
¿Si hemos llegado?
Ahhh Miró el carruaje, aunque ella no sabía qué buscaba. ¿No estamos en marcha todavía?
Sí, pero podríamos estar cerca.
Benja suspiró y miró por la ventana. Su ventana estaba orientada hacia el este, así que estaba mucho más oscuro que de lo que veía Cami desde la suya.
Oh dijo, sorprendido. En realidad, está allí arriba.
Cami se esforzó en no sonreír.
El carruaje se detuvo y Benja salió. Intercambió algunas palabras con el cochero, seguramente para informarlo de que habían cambiado de planes y que se quedarían a pasar la noche aquí. Después, volvió hasta la puerta de Cami y le ofreció la mano para ayudarla a bajar.
¿Tiene tu aprobación? le preguntó, señalando la posada.
Cami no sabía cómo iba a aprobarla si no la veía por dentro pero, en cualquier caso, dijo que sí. Benja la llevó hasta dentro y la dejó junto a la puerta mientras él fue a hablar con el dueño.
Cami se quedó mirando los que iban y venían. Primero pasó un matrimonio joven, que parecía de la pequeña nobleza, al que acompañaron a un comedor privado. También había una madre subiendo la escalera con sus cuatro hijos; Benja estaba discutiendo con el dueño de la posada y había un caballero alto y desgarbado apoyado en una
Cami se giró hacia su marido. ¿Benja estaba discutiendo con el dueño de la posada? Estiró el cuello. Los dos hablaban en voz baja pero estaba claro que Benja estaba enfadado. Parecía que el dueño iba a fundirse de vergüenza de no poder satisfacer al duque de Hastings.
Cami frunció el ceño. Aquello no pintaba bien.
¿Debería intervenir?
Los observó discutir un poco más y luego decidió que sí, que debía intervenir.
Con pasos que no eran dubitativos pero que tampoco se podrían definir como determinados, se acercó a su marido.
¿Hay algún problema? preguntó.
Benja la miró brevemente.
Creía que estabas esperando en la puerta.
Así era sonrió. Pero me he movido.
Benja hizo una mueca y se volvió a girar hacia el dueño.
Cami tosió un poco, sólo para comprobar si Benja le hacía caso. No fue así. Ella frunció el ceño. No le gustaba que la ignoraran.
¿Benja? dijo, dándole unos golpecitos en la espalda. ¿Benja?
Él se giró, lentamente, y la miró con cara de pocos amigos.
Cami volvió a sonreír, todo inocencia.
¿Cuál es el problema?
El dueño levantó las manos pidiendo perdón y habló antes de que Benja pudiera dar ninguna explicación.
Solo me queda una habitación libre dijo, en tono suplicante. No sabía que el duque iba a honrarnos con su presencia esta noche. Si lo hubiera sabido, no le habría dado la habitación a la señora Weatherby y sus hijos. Le aseguro se inclinó y miró a Cami arrepentido, que los habría mandado a otra pensión.
La última frase fue acompañada de un despectivo gesto con las manos que a Cami no le gustó nada.
¿La señora Weatherby es la que acaba de entrar con cuatro niños?
El dueño asintió.
Si no fuera por los niños
Cami lo interrumpió porque no quería oír el resto de una frase que, indudablemente, implicaba echar a la calle a una mujer sola en plena noche.
No veo ninguna razón por la que no podamos arreglarnos con una habitación. Tampoco somos tan importantes.
A su lado, Benja apretó la mandíbula hasta que Cami le oyó rechinar los dientes.
¿Quería habitaciones separadas? La sola idea valía para que una recién casada se sintiera suficientemente despreciada.
El dueño miró a Benja y esperó su aprobación. Benja asintió y el dueño juntó las manos encantado, y también aliviado porque no había nada peor para un negocio que un duque descontento con el servicio. Cogió la llave y salió de detrás del mostrador.
Si hacen el favor de seguirme
Benja dejó que Cami pasara primero, así que ella subió la escalera detrás del dueño. Después de girar un par de esquinas, llegaron a una habitación amplia, muy bien amueblada y con vistas al pueblo.
Bueno dijo Cami , cuando el dueño se fue. A mí me parece perfecta.
La respuesta de Benja fue un gruñido.
¡Qué elocuente! murmuró Cami, y después desapareció detrás del biombo.
Benja la miró un rato hasta que fue consciente de dónde se había metido.
¿Cami? dijo, con voz ahogada. ¿Te estás cambiando de ropa?
Ella asomó la cabeza.
No. Sólo estaba echando un vistazo.
Benja sintió los latidos del corazón fuerte como tambores.
Mejor dijo. Tendremos que bajar a cenar temprano.
Claro dijo ella, sonriendo; una sonrisa bastante segura y confiada, según Benja . ¿Tienes hambre?
Mucha.
La sonrisa de Cami vaciló un poco ante esa cortante respuesta. Benja se recriminó su actitud en silencio. Que estuviera enfadado consigo mismo no quería decir que tuviera que pagarlo con ella. Ella no había hecho nada malo.
¿Y tú? preguntó, más suave.
Salió de detrás del biombo y se sentó a los pies de la cama.
Un poco dijo. Tragó saliva, muy nerviosa. Aunque no sé si podré comer algo.
La última vez que vine la comida era excelente. Te aseguro que
No me preocupa la comida lo interrumpió, sino mis nervios.
Benja la miró sin entender nada.
Benja dijo ella, intentando esconder su impaciencia, aunque según Benja , no lo consiguió, nos hemos casado hoy.
Por fin todo tuvo sentido.
Camidijo él, amablemente. No tienes que preocuparte.
Cami parpadeó.
¿No?
Benja respiró hondo. Ser un marido amable y cuidadoso no era tan fácil como parecía.
No consumaremos nuestro matrimonio hasta que lleguemos a Clyvedon.
¿No?
Benja abrió los ojos, sorprendido. ¿Eran imaginaciones suyas o Cami parecía decepcionada?
No voy a acostarme contigo en una posada de carretera dijo. Te respeto más que eso.
¿No? ¿Sí?
Benja contuvo la respiración. Estaba decepcionada.
Mmm, no.
Ella se inclinó.
¿Y por qué no?
Benja la miró unos instantes, se sentó en la cama y la miró. Ella lo miraba con los ojos marrones como platos, unos ojos llenos de ternura, curiosidad y algo de duda. Se pasó la lengua por los labios, seguramente por los nervios, pero el frustrado cuerpo de Benja reaccionó al seductor movimiento con una rigidez inmediata.
Ella sonrió, vergonzosa, y sin mirarlo a los ojos, dijo:
No me importaría.
Benja se quedó helado y su cuerpo le gritó: «¡Cógela! ¡Llévatela a la cama! ¡Haz algo, pero ponla debajo de ti!».
Y entonces, justo cuando la urgencia empezaba a ganarle terreno al honor, ella pegó un grito, se puso de pie, se tapó la boca con la mano y se puso de espaldas a él.
Benja , que justo había alargado un brazo y se había inclinado para abrazarla, cayó de cara encima de la cama.
¿Cami? Con la boca pegada al colchón.
Debería haberlo sabido dijo ella, lloriqueando. Lo siento mucho.
¿Lo sentía? Benja se sentó derecho. ¿Estaba lloriqueando? ¿Qué estaba pasando? Cami nunca lloriqueaba.
Ella se giró y lo miró con ojos temblorosos. Benja se hubiera preocupado más, pero es que no tenía ni idea de qué le pasaba a Cami. Y como no tenía ni idea, dio por sentado que no sería nada serio.
Una actitud muy arrogante, pero cierta.
Camidijo, con dulzura, ¿qué te pasa?
Cami se sentó a su lado y le acarició la mejilla.
Soy tan insensible susurró. Debería haberlo sabido. No tendría que haber dicho nada.
¿Qué deberías haber sabido? dijo él.
Cami apartó la mano.
Que no puedes Que no podrías
¿Qué no puedo qué?
Ella bajó la mirada y la fijó en las manos que tenía encima de las rodillas.
Por favor, no me hagas decirlo dijo.
Ésta debe ser la razón murmuró Benja , por la que los hombres evitan el matrimonio.
Aquellas palabras eran para él pero, desafortunadamente, Cami las escuchó y se echó a llorar.
¿Qué diablos te pasa? preguntó él, más serio, al final.
Que no puedes consumar el matrimonio susurró ella.
Fue un milagro que su erección no se derrumbara en ese mismo momento. Honestamente, no sabía ni cómo se las había arreglado pera decir:
¿Perdón?
Ella dejó caer la cabeza.
Igualmente seré una buena esposa. No se lo diré a nadie, te lo juro.
Desde que era pequeño, cuando tartamudeaba a cada palabra, no se había vuelto a encontrar en una situación en la que no pudiera articular una palabra, como ahora.
¿Dulce creía que era impotente?
¿Por-por-por qué? ¿Otro tartamudeo? ¿O simplemente la sorpresa? Sería la sorpresa. Su cerebro no podía pensar en otra palabra que no fuera esa.
Ya sé que los hombres sois muy sensibles con ese tema dijo ella, despacio.
¡Sobre todo cuando no es verdad! exclamó él.
Cami levantó la cabeza.
¿No lo es?
Benja entrecerró los ojos.
¿Te lo dijo tu hermano?
¡No! Ella apartó la mirada de su cara. Mi madre.
¿Tu madre? Benja se quedó boquiabierto. Seguro que ningún hombre había tenido que soportar aquello en su noche de bodas. ¿Tu madre te dijo que era impotente?
¿Es ésa la palabra? preguntó ella, curiosa. Sin embargo, ante la penetrante mirada de Benja , se apresuró a añadir: No, no, no lo dijo con esas mismas palabras.
¿Y qué fue preguntó Benja , recalcando cada palabra lo que dijo, exactamente?
Bueno, no demasiado admitió Cami. En realidad, fue muy raro, pero me dijo que el acto matrimonial
¿Lo llamó acto?
¿No es así como todo el mundo lo llama?
Benja agitó la mano en el aire y dijo:
¿Qué más te dijo?
Me dijo que el, eh, como quieras llamarlo
A Benja le pareció encantador que, en tales circunstancias, todavía echara mano del sarcasmo.
está, de alguna manera, relacionado con la procreación y
¿De alguna manera? interrumpió Benja.
Bueno, sí. Cami frunció el ceño. La verdad es que no me dio demasiados detalles.
Ya lo veo.
Hizo lo que pudo dijo Cami, que pensó que lo mínimo que podía hacer era salir en defensa de su madre. Para ella fue muy difícil.
Cualquiera diría que, después de ocho hijos, ya lo tendría más que superado.
No creo dijo ella, agitando la cabeza. Además, cuando le pregunté si había participado en ese lo miró un poco desesperada, no sé de qué otra manera llamarlo si no es acto.
Sigue dijo él, con la voz ahogada.
¿Estás bien?
Sí dijo él.
No lo pareces.
Benja agitó una mano en el aire para que continuara.
Bueno dijo ella, lentamente. Le pregunté si eso quería decir que ella había participado en ese acto ocho veces y se puso muy colorada y
¿Le preguntaste eso? estalló Benja, sin poder reprimirse.
Sí. Cami entrecerró los ojos. ¿Te estás riendo?
No dijo él, entrecortadamente.
Cami hizo una mueca.
Pues parece que te estés riendo.
Benja agitó la cabeza.
Está bien continuó Cami, claramente contrariada. A mí me pareció que la pregunta tenía sentido, porque tiene ocho hijos. Pero entonces me dijo que
Benja agitó la cabeza y levantó una mano, con una expresión que ni siquiera él sabía si era de reír o llorar.
No me lo digas. Te lo ruego.
Oh. Cami no supo qué decir, así que se limitó a quedarse con las manos juntas sobre el regazo y a cerrar la boca.
Al final, escuchó que Benja respiraba hondo y le decía:
Sé que voy a arrepentirme de preguntártelo. De hecho, ya me estoy arrepintiendo, pero ¿por qué pensabas que era se estremeció, incapaz de consumar nuestro matrimonio?
Bueno, dijiste que no podías tener hijos.

Cami , hay muchas, muchas otras razones por las que una pareja no puede tener hijos.
Cami tuvo que obligarse a dejar de rechinar los dientes.
Detesto lo estúpida que me siento en este momento dijo.
Él se inclinó y la tomó de las manos.
Cami dijo, suavemente, masajeándole los dedos, ¿tienes alguna idea de lo que pasa entre un hombre y una mujer?
No dijo, sinceramente. Creerías que, con tres hermanos mayores, sabría algo y por fin creía que iba a saberlo anoche cuando mi madre me dijo que
No digas nada más dijo él, con una voz muy extraña. Ni una palabra más. No lo soportaría.
Pero
Benja hundió la cara entre las manos y, por un momento, Cami creyó que estaba llorando. Sin embargo, mientras ella estaba allí sentada castigándose a sí misma por haber hecho llorar a su marido en su noche de bodas, se dio cuenta de que se estaba riendo.
El muy desconsiderado.
¿Te estás riendo de mí?
Benjq agitó la cabeza, sin levantarla.
Entonces, ¿de qué te ríes?
Oh, Cami dijo. Tienes tanto que aprender.
Nunca dije lo contrario gruñó ella.
Si la gente no se preocupara tanto por mantener a las chicas jóvenes tan ignorantes respecto a las realidades del matrimonio, se evitarían escenas como ésta.
Él se inclinó, apoyó los codos en las rodillas y la miró profundamente.
Puedo enseñarte susurró.
A Cami le dio un vuelco el estómago.
Sin apartar la mirada de sus ojos, Benja le cogió una mano y se la acercó a los labios.
Te aseguro dijo, recorriéndole un dedo con la lengua, que soy perfectamente capaz de satisfacerte en la cama.
De repente, a Cami le costaba respirar. ¿Y desde cuándo hacía tanto calor en esa habitación?
No-no sé muy bien lo que quieres decir.
Él la atrajo contra su cuerpo.
Ya lo sabrás.



Fin del capitulo 14



Capitulo 15



Londres ha estado de lo más tranquilo esta semana, ahora que nuestro duque favorito y la duquesa favorita del duque se han ido a la costa. Esta autora les puede explicar que vieron al señor Javier Berbrooke invitando a bailar a la señorita Penelope Featherington o que la señorita Featherington, a pesar de la alegre mirada de su madre casi forzándola a aceptar y su aceptación posterior, no parecía excesivamente alegre.
Pero ¿quién quiere oír hablar del señor Berbrooke o la señorita Penelope? No nos engañemos. Todos estamos ansiosos por saber algo del duque y la duquesa.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
28 de mayo de 1813




Era como volver a estar en el jardín de lady Trowbridge, pensó Cami, aunque esta vez no habría interrupciones, ni hermanos mayores, ni temor de ser descubiertos; sólo un marido y una mujer y una promesa de pasión desbordada.
Los labios de Benja encontraron los suyos, suaves pero penetrantes. Con cada caricia, cada movimiento de lengua, Cami sentía escalofríos por todo el cuerpo y pequeños espasmos de deseo que cada vez eran más frecuentes.
¿Te he dicho alguna vez le susurró Benja , lo enamorado que estoy de la comisura de tus labios?
N-no dijo Cami temblorosa, sorprendida de que Benja se hubiera fijado en eso alguna vez.
La adoro murmuró él y, a continuación, empezó a demostrárselo.
Le mordisqueó el labio inferior hasta que, con la lengua, le recorrió la línea de la comisura.
Le hacía cosquillas y Cami abrió la boca y se rió.
¡Para! dijo, riéndose.
Jamás dijo él. Se retiró y le tomó la cara entre las manos. Tienes la sonrisa más bonita que he visto en mi vida.
La reacción inicial de Cami fue decir: «No seas tonto», pero luego se lo pensó mejor, ¿por qué arruinar un momento así?, y dijo:
¿De verdad?
Sí. Benja depositó un beso en la nariz de su mujer. Cuando sonríes, te ocupa la mitad de la cara.
¡Benja! exclamó ella. Eso suena horrible.
Es encantador.
Deforme.
Deseable.
Cami se puso seria pero, al mismo tiempo, no podía dejar de sonreír.
Obviamente, no tienes ni idea de los cánones de belleza femeninos.
Benja arqueó una ceja.
En lo relativo a ti, a partir de ahora sólo importan mis cánones.
Por un momento, Cami no supo qué decir y luego estalló a reír.
Oh, Benja dijo, parecías tan feroz. Tan maravillosa, perfecta y absurdamente feroz.
¿Absurdo? repitió él. ¿Me estás llamando absurdo?
Cami apretó los labios para reprimir otra risa, pero no lo consiguió.
Es casi tan malo como que te llamen impotente gruñó.
Cami se puso seria inmediatamente.
Benja , sabes que yo no... no insistió más y dijo: Lo siento mucho.
No lo sientas dijo él, agitando la mano en el aire para restarle importancia. A quien tendría que matar es a tu madre, pero tú no tienes que excusarte por nada.
Cami soltó una risita.
Mamá hizo lo que pudo y si yo no hubiera estado tan confundida por lo que dijiste...
Encima, ¿es culpa mía? dijo él, en tono burlón. Pero luego, su rostro adquirió una expresión más seductora. Se acercó a ella, se inclinó sobre ella para que Cami tuviera que echarse hacia atrás. Supongo que tendré que esforzarme el doble para demostrarte mis capacidades.
La rodeó con una mano y la sujetó mientras la tendía en la cama. Cami sintió que se quedaba sin respiración cuando se perdió en sus ojos azules. Cuando uno estaba tendido, el mundo parecía distinto. Más oscuro y peligroso. Y muy emocionante porque Benja estaba encima de ella, acaparando toda su visión.
Y, en ese momento, cuando él redujo la distancia entre ellos, se convirtió en todo su mundo.
Esta vez el beso no fue tierno. No le hizo cosquillas, la devoró; no tanteó, poseyó.
Bajó las manos y le cubrió las nalgas, apretándola contra su erección.
Esta noche susurró, con la voz ronca y cálida junto a la oreja de Cami, serás mía.
Cami empezó a respirar más deprisa, cada sonido más inapreciable. Benja estaba tan cerca, cada centímetro de su cuerpo cubriéndola. Había imaginado esta noche miles de veces desde que él aceptó casarse con ella en Regents Park, pero nunca pensó que el peso de su cuerpo sobre el suyo fuera tan excitante. Benja era grande y estaba muy musculado; era imposible escapar de ese ataque seductor, ni que Cami hubiera querido.
Era muy extraño sentir tanta felicidad por tener tan poco poder. Podía hacer con ella lo que quisiera, y ella se dejaría.
Sin embargo, cuando el cuerpo de Benja se estremeció y abrió la boca para pronunciar su nombre y lo único que pudo decir fue «C-C- Cam...», ella se dio cuenta de que también tenía un poder. Benja la quería tanto que no podía ni respirar, la deseaba tanto que apenas podía articular palabra.
Y, sin saber cómo, al ser consciente de ese poder, descubrió que su cuerpo sabía qué tenía que hacer. Levantó las caderas en busca de él y, mientras las manos de Benja le subían la falda hasta la cintura, ella lo rodeó con las piernas para acercarlo más al centro de su feminidad.
Dios mío, Camidijo Benja , entrecortadamente, levantándose un poco y apoyándose sobre los codos. Quiero... No puedo...
Cami lo rodeó por la espalda, intentando acercarlo otra vez.
Hacía frío en el vacío que su cuerpo había dejado.
No puedo ir despacio gruñó.
No me importa.
A mí sí la pasión se reflejaba en su ardientes ojos. Estamos perdiendo la cabeza.
Cami lo miró, intentando recuperar el aliento. Benja se había sentado en la cama y sus ojos le estaban recorriendo el cuerpo entero mientras una mano le recorría la pierna hasta la rodilla.
Antes que nada murmuró, tenemos que hacer algo con tu ropa.
Cami resopló sorprendida mientras Benja se levantaba y la hacía ponerse de pie. Le temblaban las piernas y era incapaz de mantener el equilibrio, pero Benja la sostuvo, arremangándole la falda con las dos manos. Le susurró al oído:
Es más difícil desnudarte si estás tumbada en la cama.
Con una mano le cubrió la nalga y empezó a masajearla con movimientos circulares.
La cuestión es dijo él, divertido, ¿te saco el vestido por arriba o por abajo?
Cami rezó para que no esperara que se lo dijera ella, porque era incapaz de articular palabra.
O dijo Benja , lentamente, metiendo un dedo debajo del corsé, ¿las dos cosas?
Y entonces, antes que ella pudiera reaccionar, le dejó caer la parte del vestido de modo que quedó atrapada en la cintura. Si no fuera por la fina camisola de seda, estaría totalmente desnuda.
Vaya, vaya. Esto sí que es una sorpresa dijo Benja , acariciándole un pecho por encima de la seda. No es que sea una mala sorpresa, por supuesto. La seda nunca es tan suave como la piel, pero tiene sus ventajas.
Cami contuvo la respiración mientras observaba cómo Benja movía la camisola de lado a lado, provocando que la fricción le endureciera los pezones.
No tenía ni idea suspiró Cami, acalorada, Benja empezó a acariciarle el otro pezón.
¿Ni idea de qué?
De que eras tan malvado.
Benja sonrió, lenta y ampliamente. Sus labios se acercaron a sus oídos y susurraron:
Eras la hermana de mi mejor amigo. Totalmente prohibida. ¿Qué querías que hiciera?
Cami se estremeció de deseo. La respiración de Benja le acariciaba el oído, pero la sensación le recorría todo el cuerpo.
No podía hacer nada continuó él, apartando un tirante de la camisola. Excepto imaginarte.
¿Pensabas en mí? suspiró Cami, emocionándose con la idea. ¿Te imaginaste esto?
Le apretó con más fuerza la mano contra la cadera.
Cada noche. Cada momento antes de dormirme, hasta que me ardía la piel y mi cuerpo me pedía que lo liberara.
Cami sintió que le desfallecían las piernas, pero Benja la sujetó con fuerza.
Y cuando estaba dormido se acercó al cuello, y Cami no supo si la estaba acariciando o besando, entonces sí que lo pasaba mal.
Cami soltó un gemido, incoherente y lleno de deseo.
El segundo tirante cayó mientras los labios de Benja se acercaron al hueco entre los pechos.
Pero esta noche... susurró, apartando la seda hasta descubrir un pecho, y luego el otro. Esta noche todos mis sueños se harán realidad.
Cami apenas tuvo tiempo de resoplar antes de que la boca de Benja encontró su pecho y empezó a lamerle el pezón endurecido.
Esto es lo que quería hacer en el jardín de lady Trowbridge dijo. ¿Lo sabías?
Ella agitó con fuerza la cabeza, apoyándose en sus hombros. Se balanceaba de lado a lado, y apenas podía mantener la cabeza erguida. Espasmos de puro deseo le recorrían el cuerpo haciéndole perder la respiración, el equilibrio y hasta el juicio.
Claro que no lo sabías dijo él. Eres tan inocente.
Con sus hábiles dedos. Benja le sacó el resto de la ropa hasta que Cai quedó desnuda en sus brazos. Con suavidad, porque sabía que debía estar tan nerviosa como excitada, la dejó en la cama.
Cuando empezó a desnudarse, sus movimientos fueron más torpes. Tenía la piel ardiendo y el cuerpo agitado de deseo. Ella estaba en la cama, una tentación como no había visto otra. Su piel brillaba sonrosada a la luz de las velas y el pelo, que hacía mucho que había perdido la forma, le caía alrededor de la cara.
Los mismos dedos que la habían desnudado con tanta presteza, ahora parecían atontados a la hora de desabotonar sus propios botones.
Cuando se disponía a quitarse los pantalones, vio que Cami se estaba tapando con las sábanas.
No dijo Benja , con una voz irreconocible.
Los ojos de Cami encontraron los suyos y él dijo:
Yo seré tu manta.
Se quitó toda la ropa y, sin darle tiempo a decir nada, se tendió en la cama, cubriéndola con su cuerpo. Oyó que ella resoplaba por la sorpresa, pero luego su cuerpo se relajó.
Shh. La meció, acariciándole el cuello mientras, con una mano, hacía movimientos circulares sobre el muslo. Confía en mí.
Confío en ti dijo ella, temblorosa. Es que...
La mano de Benja subió hasta la cadera.
¿Es que qué?
Benja se imaginó la mueca de Cami mientras decía:
Es que me gustaría no ser tan ignorante en este momento.
Benja empezó a reírse.
Para exclamó ella, golpeándolo en el hombro.
No me río de ti insistió Benja .
Te estás riendo dijo ella, y no me digas que te ríes conmigo porque esa excusa no funciona.
Me reía dijo él, suavemente, apoyándose en los codos para mirarla a la cara, porque estaba pensando en lo mucho que me alegro de que seas tan ignorante. Se acercó a ella y le dio un tierno beso. Es un honor ser el único hombre que te ha tocado así.
Los ojos de Cami brillaron con tanta pureza que Benja se rindió a sus pies.
¿De verdad? susurró ella.
Sírespondió él, sorprendido de lo grave que sonaba su voz.Aunque honor es sólo la mitad de lo que siento.
Ella no dijo nada, pero sus ojos eran terriblemente curiosos.
Mataré al próximo hombre que se atreva a mirarte de reojo dijo él.
Para su sorpresa, Cami se echó a reír.
Oh, Benja resopló. Es maravilloso ser el objeto de esos celos irracionales. Gracias.
Ya me darás las gracias luego dijo él.
Y, a lo mejor murmuró ella, con unos ojos insoportablemente seductores, tú también me las darás a mí.
Benja notó que separaba los muslos cuando volvió a dejarse caer sobre ella, su erección dura contra ella.
Ya lo hago dijo, difuminando las palabras en su piel mientras le besaba el hueco del hombro. Créeme, ya lo hago.
Nunca había estado tan agradecido por el control de su cuerpo que tanto le había costado aprender. Todo su cuerpo pedía hundirse en ella y hacerla suya, pero él sabía que esta noche, su noche de bodas, era para Cami, no para él.
Era su primera vez. Él era su primer amante, su único amante, pensó con una ferocidad poco habitual en él, y era responsabilidad suya asegurarse de que Cami sólo sintiera un placer exquisito.
Sabía que lo deseaba. Tenía la respiración entrecortada y lo miraba con pasión. Benja no podía soportar mirarla a la cara porque, cada vez que veía sus labios medio abiertos, crecía la necesidad de penetrarla y hacerla suya.
Así que, en lugar de eso, la besó. La besó por todas partes e ignoró los fuertes latidos de su corazón cada vez que la oía resoplar o gemir de deseo. Y entonces, por fin, cuando ella se estremeció y se retorció debajo de él, y él supo que estaba loca por él, escurrió la mano entre sus piernas y la tocó.
Lo único que salía de la boca de Benja era el nombre de su mujer e, incluso eso, salía entre resoplidos. Cami estaba más que preparada para él, más caliente y húmeda de lo que Benja jamás hubiera imaginado. Sin embargo, para asegurarse, o sencillamente porque no podía resistir el perverso impulso de torturarse, metió un dedo dentro de su cuerpo, comprobando su calidez, acariciándola por dentro.
¡Benja ! exclamó ella, retorciéndose bajo su cuerpo.
Ya tenía los músculos tensos y Benja supo que ya estaba lista. Apartó la mano de golpe, ignorando las quejas de Cami.
Se sirvió de sus muslos para separar los de ella y, con un gemido, se colocó en posición para penetrarla.
P-Puede que te duela un poco susurró, agitadamente, pero te p-prometo que...
Hazlo dijo, meneando la cabeza de lado a lado.
Y así lo hizo. Con un poderoso movimiento, la penetró. Sintió cómo se abrían sus músculos, pero ella no dio ninguna señal de dolor.
¿Estás bien? dijo, tensando todos sus músculos para no moverse dentro de ella.
Cami asintió, soltando el aire despacio.
Es muy extraño admitió.
Pero ¿no te duele? preguntó él, casi avergonzado por la desesperación de sus palabras.
Ella agitó la cabeza, con una pequeña y femenina sonrisa en la cara.
No me duele dijo. Pero antes... cuando has... con el dedo...
Incluso a la luz de las velas. Benja apreció que se había sonrojado.
¿Es esto lo que quieres? dijo, retirándose hasta que sólo estaba dentro de ella a medias.
¡No! gritó ella.
Entonces, a lo mejor es esto dijo él, volviendo a penetrarla del todo.
Ella resopló.
Sí. No. Las dos cosas.
Benja empezó a moverse dentro de ella, con un ritmo deliberadamente lento. Con cada empujón, ella soltaba un gemido y él se volvía loco.
Y entonces los gemidos se convirtieron en gritos y los resoplos en respiraciones entrecortadas, y Benja supo que estaba cerca del éxtasis. Se movió más deprisa, rechinando los dientes mientras luchaba por mantener el control sobre su cuerpo mientras ella caía en una espiral de pasión.
Cami pronunció su nombre, luego lo gritó y, al final, toda ella se tensó debajo de él. Se agarró a sus hombros y levantó las caderas de la cama con una fuerza que Benja casi no podía creer. Al final, con un último y poderoso empujón, ella alcanzó el orgasmo y se dejó llevar por el poder de su propia liberación.
En contra de su buen juicio, Benja la penetró una última vez, hundiéndose en ella hasta el fondo y saboreando la dulzura de su cuerpo.
Después, dándole un beso terriblemente apasionado, se apartó y se derramó en las sábanas, junto a ella.
Esa fue la primera de muchas noches de pasión. Los recién casados fueron a Clyvedon y allí, para mayor vergüenza de Cami, se encerraron en la habitación de matrimonio durante más de una semana.
Por supuesto, la vergüenza no fue tanta porque Cami sólo hizo un intento desganado por, realmente, salir de la habitación.
Cuando salieron de su reclusión de luna de miel, a Cami le enseñaron Clyvedon, y lo necesitaba porque, el día que llegaron, lo único que pudo ver fue el camino de la puerta principal al dormitorio ducal. También se pasó varias horas presentándose a los sirvientes de más rango. Obviamente, la habían presentado oficialmente al llegar pero a Cami le pareció mejor conocer de manera más individualizada a los miembros más importantes del servicio.
Como Benja sólo había pasado allí su niñez, muchos de los sirvientes que se habían incorporado más tarde no lo conocían, pero los que ya estaban en Clyvedon cuando era pequeño parecía, a los ojos de Cami , que sentían una auténtica devoción por él. Mientras paseaba por el jardín con Br
Benja se rió de eso y, de repente, empezó a sentirse el blanco de una mirada totalmente cortante.
Viví aquí hasta que fui a Eton fue todo lo que dijo Benja , como si aquello bastara como explicación.
Cami se sintió muy incómoda por el tono imperturbable que había utilizado Benja.
¿Nunca viajabas a Londres? Cuando éramos pequeños, nosotros...
Viví aquí, exclusivamente.
Su tono indicaba que deseaba, no, requería, que la conversación terminara ahí; sin embargo, haciendo caso omiso a la advertencia, decidió seguir con el tema.
Debiste ser un niño muy cariñoso dijo, con una voz descaradamente risueña. O, quizás, un niño de lo más travieso para haber despertado esa devoción eterna en el servicio.
Benja no dijo nada.
Cami insistió.
A Colin también le pasa. Cuando era pequeño, era como un diablillo pero tan insoportablemente encantador que los sirvientes lo adoraban. Un día...
Se calló y se quedó con la boca abierta. No tenía demasiado sentido continuar porque Benja se había dado la vuelta y se había marchado.
Las rosas no le interesaban lo más mínimo. Y tampoco nunca había reflexionado sobre las violetas, pero ahora Benja estaba apoyado en una baranda de madera admirando los famosos jardines florales de Clyvedon como si se planteara seriamente una carrera de horticultor.
Y todo porque no podía soportar las preguntas de Cami sobre su infancia.
Sin embargo, la verdad era que odiaba los recuerdos. Despreciaba todo y todos los que le recordaban a aquella época. La única razón por la que había traído aquí a Cami era porque era la única de sus residencias que estaba a dos días de viaje desde Londres y estaba lista para vivir en ella.
Los recuerdos hacían renacer los sentimientos. Y Benja no quería volver a sentirse como aquel niño pequeño. No quería recordar las muchas veces que le había enviado cartas a su padre y había esperado en vano una respuesta. No quería recordar las amables sonrisas de los sirvientes; sonrisas que siempre iban acompañadas de ojos de lástima. Lo querían, sí, pero también lo compadecían.
Y, bueno, el hecho de que ellos también odiaran a su padre por lo que le estaba haciendo nunca fue gran consuelo. Nunca había sido, y sinceramente seguía sin ser, tan noble que no le satisficiera un poco la poca popularidad de su padre entre el servicio, pero eso nunca borró el bochorno o la incomodidad.
O la vergüenza.
Quería que lo admiraran, no que lo compadecieran. Y no fue hasta que viajó por el mundo sin título nobiliario que consiguió empezar a saborear el éxito.
Había hecho un viaje muy largo; había ido hasta el mismo infierno antes de volver a ser el de siempre.
Aunque, claro, Cami no tenía la culpa de esto. Benja sabía que ella no tenía ningún motivo oculto para interrogarlo sobre su infancia. ¿Cómo iba a tenerlo? No sabía nada de sus ocasionales dificultades en el habla. Se había esforzado mucho para que ella no se diera cuenta.
No, pensó, no se había tenido que esforzar demasiado. Siempre se había sentido muy cómodo con ella, se sentía libre. Desde que la conocía, casi no había tartamudeado, excepto durante algún episodio de rabia y enfurecimiento.
Y cuando estaba con Cami, la vida era cualquier cosa menos rabia y enfurecimiento.
Se apoyó todavía más en la barandilla, curvando la espalda por el peso de la culpabilidad. Había sido muy maleducado con ella. Al parecer, estaba destinado a hacerlo una y otra vez.
¿Benja ?
Había notado su presencia incluso antes de que dijera su nombre. Camise acercó por detrás de él, caminando suave y silenciosamente por la hierba, pero Benja sabía que estaba ahí. Pudo oler su fragancia y escuchar el viento enredado en su pelo.
Estas rosas son muy bonitas dijo ella.
Benja sabía que aquella era su manera de intentar suavizar su mal carácter de antes. Sabía que Cami se moría por seguir haciéndole preguntas. Sin embargo, y a pesar de su edad, era muy lista y, aunque a él le gustaba burlarse de ella por eso, sabía mucho sobre los hombres y sus cambios de humor. Cammi no le preguntaría nada más. Al menos por hoy.
Dicen que las plantó mi madre respondió él.
Esas palabras salieron de su boca con más brusquedad de la deseada, pero él esperaba que Cami sabría apreciar su verdadera intención. Cuando ella no dijo nada. Benja añadió, a modo de explicación:
Murió al dar a luz.
Ella asintió.
Lo había oído. Lo siento.
Benja se encogió de hombros.
No la conocí.
Eso no quiere decir que no fuera una pérdida importante.
Benja se acordó de su niñez. No había ningún modo de saber si su madre habría entendido mejor que su padre sus dificultades al hablar, pero supuso que tampoco se habría portado peor que su padre.
Sídijo. Supongo que lo fue.
Un poco más tarde, mientras Benja se encargaba de los asuntos de las propiedades con el contable, Cami decidió que podría ir a conocer mejor a la señora Alicia, el ama de llaves. Aunque todavía no había hablado con Benja de dónde iban a fijar su residencia, Cami creyó que, en algún momento, siempre volverían a Clyvedon y si había aprendido algo de su madre era que una señora debía tener una buena relación laboral con el ama de llaves.
Y no es que Cami tuviera miedo de no llevarse bien con la señora Alicia. La había conocido brevemente cuando Benja le había presentado al servicio y, en esos pocos instantes, le había dado la sensación de ser una persona muy amable y habladora.
Se presentó en la puerta del despacho de la señora Alicia, una pequeña habitación junto a la cocina, un poco antes de la hora del té. El ama de llaves, una señora bastante guapa de unos cincuenta años, estaba en el escritorio elaborando los menús de la semana.
Cami golpeó la puerta abierta.
¿Señora Alicia?
El ama de llaves levantó la cabeza e, inmediatamente, se puso en pie.
Señora dijo, haciendo una pequeña reverencia. Debería haberme llamado.
Cami sonrió, incómoda, porque todavía no se acostumbraba al cambio de trato de mera señorita a duquesa.
Pasaba por aquí dijo, para explicar su poca ortodoxa aparición en los dominios de los sirvientes. Pero, si tiene un momento, me gustaría que pudiéramos conocernos mejor. Usted ha vivido aquí muchos años y yo espero hacerlo en un futuro.
La señora Alicia respondió con una sonrisa al cálido tono de Cami.Por supuesto, señora. ¿Hay algo en particular que le apetecería saber?
No. Pero, si quiero llevar esta casa como es debido, aún tengo que aprender muchas cosas. ¿Le parece bien si vamos a tomar el té al salón amarillo? Me gusta mucho la decoración. Además, toca el sol. Esperaba poder convertirlo en mi salón personal.
La señora Alicia la miró de una manera un tanto extraña.
A la difunta duquesa también le gustaba mucho.
Oh dijo Cami, sin saber si aquello debería hacerla sentirse incómoda.
Me he encargado personalmente de ese salón todos estos años continuó la señora Alicia. Cambié la tapicería hace tres años dijo, levantando la barbilla, satisfecha. Fui a Londres a buscar la misma tela.
Entiendo dijo Cami, saliendo del despacho. El difunto duque debió de querer mucho a su mujer para ordenar un mantenimiento tan detallado de su salón favorito.
La señora Alicia le respondió sin mirarla a los ojos.
Fue decisión mía dijo, pausadamente. El duque siempre me daba un presupuesto para el mantenimiento de la casa y a mí me pareció un buen uso del dinero.
Cami se esperó mientras el ama de llaves llamaba a una doncella y le daba instrucciones para el té.
Es una habitación preciosa dijo Cami, cuando empezaron a caminar juntas. Y, aunque el actual duque no llegó a conocer a su madre, estoy segura de que le gustará mucho que usted haya tomado esa decisión.
Es lo mínimo que podía hacer dijo la señora Alicia, a medida que avanzaban por el pasillo. Después de todo, yo no siempre serví a la familia Basset.
¿No? preguntó Cami, curiosa.
Los sirvientes de alto rango solían ser muy leales y servían a una misma familia durante generaciones.
No, yo era la doncella personal de la duquesa dijo, deteniéndose en la puerta del salón amarillo para que Cami pasara primero. Y, antes de eso, su dama de compañía. Mi madre fue su niñera. La familia de la duquesa era tan buena que incluso me dejó compartir las clases que ella tomaba.
Debían de quererse mucho dijo Cami.
La señora Alicia asintió.
Cuando murió, ocupé varios puestos hasta convertirme en ama de llaves.
Cami le sonrió y se sentó en el sofá.
Siéntese, por favor dijo, señalando la silla que había delante de ella.
La señora Alicia se mostró dubitativa ante tanta familiaridad, pero acabó tomando asiento.
Cuando murió lo sentí muchísimo dijo. Miró a Cami temerosa. Espero que no le importe que le explique esto.
Claro que no dijo Cami , inmediatamente. Se moría de ganas de saber más cosas sobre la infancia de Benja. Él decía muy poco pero ella sentía que significaba mucho para él. Por favor, continúe. Me encantaría escuchar más cosas de la difunta duquesa.
A la señora Alicia se le humedecieron los ojos.
Era la persona más buena que ha habido. Ella y el duque, bueno, no fue un matrimonio por amor, pero se apreciaban. A su manera, eran amigos. Miró a Cami . Los dos conocían perfectamente cuáles eran sus obligaciones como duques y se tomaron sus responsabilidades muy en serio.
Cami asintió.
Ella estaba decidida a darle un hijo. Siguió intentándolo incluso después de que los médicos le dijeran que no lo hiciera. Cada mes, cuando veía que no estaba en estado, lloraba desconsolada en mis brazos.
Cami volvió a asentir, deseando que el movimiento ocultara su expresión tensa. Le costaba escuchar historias sobre una mujer que no podía tener hijos sin que le afectaran. Pero se dijo que tendría que ir acostumbrándose. Sería mucho peor tener que responder a las preguntas que llegarían.
Porque llegarían, indudablemente. Preguntas lastimosamente educadas y dolorosamente compasivas.
Sin embargo, afortunadamente, la señora Alicia no se percató del gesto de Cami . Se sorbió la nariz antes de continuar.
Siempre decía que cómo iba a ser una buena duquesa si no podía engendrar un heredero. Aquello me rompía el corazón. Cada mes igual.
Cami se preguntó si su corazón también se rompería cada mes.
Posiblemente no. Ella, al menos, ya sabía de antemano que no iba a tener hijos. La madre de Benja veía sus esperanzas truncadas cada cuatro semanas.
Y, claro continuó el ama de llaves, todo el mundo hablaba como si fuera culpa de ella. ¿Cómo podían saberlo, dígame? No siempre es por impedimento de la mujer. A veces es el hombre el que no puede procrear.
Cami no dijo nada.
Yo siempre se lo decía, pero ella seguía sintiéndose culpable. Yo le dije... El ama de llaves se sonrojó ligeramente. ¿Puedo hablarle con franqueza?
Por favor.
La señora Alicia asintió.
Bueno, le dije lo que me había dicho mi madre: «Un útero no crecerá sin una semilla fuerte y sana».
Cami permaneció inexpresiva.
Pero entonces, por fin, nació el señorito Benja. La señora Alicia soltó un suspiro maternal y miró a Cami , avergonzada. Le ruego que me disculpe. No debería llamarlo así. Ahora es el duque.
No se preocupe por mí dijo Cami , contenta de tener algo de lo que reírse.
Es difícil cambiar de costumbres a mi edad dijo, suspirando. Y me temo que una parte de mí siempre lo recordará como aquel pobre niño. Miró a Cami y agitó la cabeza. No lo habría pasado tan mal si la duquesa no hubiera muerto.
¿Pasado mal? dijo Cami , deseando que eso sirviera de empujón para que la señora Alicia siguiera explicándole cosas.
El duque nunca lo comprendió dijo el ama de llaves, con energía. Se enfadaba con él y lo llamaba estúpido y...
Cami levantó la cabeza.
¿El duque pensaba que Benja era estúpido? la interrumpió.
Aquello era absurdo. Benja era una de las personas más inteligentes que conocía. Una vez le había preguntado cosas sobre sus estudios en Oxford y se había quedado asombrada de que en su clase de matemáticas ni siquiera utilizaran números.
El difunto duque no veía más allá de su nariz dijo la señora Alicia, con un resoplido. Nunca le dio una oportunidad al chico.
Cami notaba que se inclinaba hacia delante, como si no quisiera perderse ni una de las palabras del ama de llaves. ¿Qué le había hecho el duque a Benja? ¿Era por eso que siempre se ponía de mal humor cuando alguien mencionaba a su padre?
La señora Alicia sacó un pañuelo y se secó los ojos.
Debería haber visto lo duro que trabajaba ese niño para mejorar. Se me rompía el alma al verlo.
Cami tenía las uñas clavadas en el sofá. La señora Alicia daba rodeos y no iba a ningún sitio.
Pero nada de lo que hiciera era suficientemente bueno para el duque. Es mi opinión, claro, pero...
Justo en ese momento, se abrió la puerta y apareció la doncella con el té. Cami estuvo a punto de gritar de frustración. Entre que dejaron la bandeja en la mesa y sirvieron el té, pasaron unos dos minutos, y mientras tanto la señora Alicia le preguntó cuántas pastas quería y si las quería normales o con cobertura de azúcar.
Cami tuvo que apartar las manos del sofá porque estaba destrozando la tapicería que la señora Alicia había cuidado con tanto esmero. Al final, cuando la doncella se fue, la señora Alicia bebió un sorbo de té y dijo:
Bueno, ¿qué le estaba diciendo?
Me estaba hablando del difunto duque dijo Cami, rápidamente. Que nada de lo que hiciera mi marido era suficientemente bueno para él y que en su opinión...
Dios mío, me estaba escuchando atentamente dijo la señora Alicia. Me alaba.
Pero ¿decía...?
Sí, claro. Sólo iba a decir que, durante mucho tiempo, he creído que el duque no le perdonó a su hijo que no fuera perfecto.
Pero, señora Alicia dijo Cami , nadie es perfecto.
Claro que no, pero... Los ojos del ama de llaves miraron al vacío un momento con una expresión de total desprecio hacia el difunto duque. Si lo hubiera conocido, lo entendería. Había esperado tanto tiempo un hijo. Y, en su opinión, el nombre de los Basset era sinónimo de perfección.
¿Y mi marido no era el hijo que quería? preguntó Cami .
No quería un hijo. Quería una pequeña y perfecta réplica suya.
Cami no pudo contener más su curiosidad.
Pero ¿por qué el duque repudiaba tanto a Benja? ¿Qué había hecho?
La señora Alicia abrió los ojos y se colocó una mano encima del pecho.
¿No lo sabe? dijo. Claro, ¿cómo iba a saberlo?
¿El qué?
Que no podía hablar.
Cami se quedó boquiabierta.
¿Cómo dice?
No podía hablar. No dijo una palabra hasta los cuatro años y, entonces, todo fueron tartamudeos. Cada vez que abría la boca me moría de la pena. Sabía que, en su interior, se escondía un niño brillante. Lo único es que no podía decir bien las palabras.
Pero si ahora habla muy bien dijo Cami, sorprendida por el tono defensivo que había utilizado. Nunca lo he oído tartamudear. O, si lo he hecho, n-n-nunca me he dado cuenta. ¿Ve? Yo misma acabo de hacerlo. Cuando estamos alterados, todos tartamudeamos un poco.
Se esforzó mucho por mejorar. Siete años, lo recuerdo. Durante siete años, no hizo otra cosa que practicar con su niñera. La señora Alicia se puso pensativa. ¿Cómo se llamaba? Ah sí, la niñera Lola. Era una santa. Se dedicó en cuerpo y alma a ese niño como si fuera suyo. En aquella época, yo era la ayudante del ama de llaves, pero me solía dejar entrar y ayudarla con las clases.
¿Y le costaba? susurró Cami.
Algunos días, pensaba que explotaría de la frustración. Pero era muy testarudo. Sí señor, era un chico muy testarudo. Nunca he visto a nadie tan entregado a una tarea. La señora Alicia agitó la cabeza con tristeza. Y su padre seguía rechazándolo. Se me...
Rompía el corazón dijo Cami , terminando la frase por ella. A mí me habría pasado lo mismo.
La señora Alicia bebió un sorbo de té durante el largo e incómodo silencio que se produjo.
Muchas gracias por permitirme tomar el té con usted, señora dijo, malinterpretando el silencio de Cami . Ha sido muy poco habitual por su parte invitarme, pero muy...
Cami la miró mientras el ama de llaves buscaba la palabra adecuada.
Amable dijo, la señora Alicia, al final. Ha sido muy amable.
Gracias murmuró Cami , distraída.
Pero no le he dicho nada de Clyvedon dijo, de repente, la señora Alicia.
Cami agitó la cabeza.
Otro día, quizás dijo.
Ahora tenía muchas cosas en las que pensar.
La señora Alicia, consciente de que Cami deseaba estar sola, se levantó, hizo una reverencia y, sigilosamente, se marchó.



Fin del capitulo 15.



dejen coment!! bsits

antes se me olvidoo el tituloo xdxd

 
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Re: ^^** EL DUQUE Y YO**^^_________ CaP 13&14&15 [!!]

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March 21 2009, 4:14 PM 

Realmente fantastica!!Me a gustado muchiisimo qe uvieses puesto 3 capis de golpe,,me los e leido todos i son perfectos!!Me a ncantado,,de veras!!No la dejes aora i pon el proximo capi!!!

Besos =D

 
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anonnimo
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el duque y yo

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March 21 2009, 8:43 PM 

hola nena soy betsy, que capitulos mas maravillosos: boda, noche de bodas y al fin cami descubre el secreto de benja: su pasado.
lo de la madre de cami contandole, o mejor, no contandole sobre la noche de bodas ha sido divertido. al final asustó a la pobre de su hija je je. pero fue divertido cd cami al fin le confiesa a benja sus temores y él decide ser su maestro en el amor. interesante la casa familiar de benja. cami se queda impresionada por la devocion que todos los sirvientes le tienen a benja. aunque él sigue sin soltar prenda de su historia pasada. menos mal que el ama de llaves le ha contado toda la terrible historia. ahora cami podrá ayudar a benja. ademas como ella ha dicho, todo el mundo tiene un momento en el que tartamudea. como ya dije, estoy segura de que cami le ayudará a superarlo. por cierto, aun sigo pensando q benja si puede tener hijos. en fin veremos que mas ocurre. mil gracias por los capis. siguela pronto. bss linda.

 
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