<< Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  

Learning To Breathe (Mini-fic)

March 26 2009 at 4:58 PM
No score for this post

  (Acceso ladymaryna)
Usuario

Bueno, aqui os dejo el mini-fic. No se ni como salio, se me ocurrio un poquitin, y al final.. xD!! y eso que iba a ser un relato. La verdad es que es raro, pero uno de los que mas me gustan! Besos!


[linked image]

[1ª Parte]

Se levanto siendo agitada por una mano. Abrió los ojos, dejando atrás el sueño que estaba teniendo. Y vio a su madre observándola con media sonrisa.

-Cariño, Marizza. Levanta o llegas tarde al instituto le dijo se madre, destapándola.
-Ouh!! Mami, no quiero -se quejo tapándose la cara con el almohadón.

Su madre le comenzó ha hacer cosquillas hasta que ella se levanto. Y fue a asearse y desayunar.

Media hora más tarde llegaba andando lo más rápido que podía al instituto. Pasó rápido por la entrada y subió las escaleras para llegar a clase, cuando alguien llego al lado suyo. Lo vio apagar su cigarrillo en el suelo, y apartar la colilla hasta una esquina.

-No tendrás un chicle ¿no? le pregunto a ella.
-No, y esta prohibido fumar aquí por cierto. ¿Entras? pregunto ella señalando la puerta.
-Que raro llegando tú tarde Marizzita abrió la puerta- después de ti.
-Marizza para ti, Bustamante.

Los dos entraron en clase interrumpiendo a su profesora de matemáticas. Y a todos los demás alumnos que los miraban.

-Perdón profesora, ¿se puede? pregunto Marizza.
-Si, pasar. Pero no volváis a llegar tarde. Marizza ya tienes dos faltas, a la tercera amonestación. Y tú Pablo, ya tienes dos amonestaciones. Después de clase, quiero hablar con los dos nos dijo mirándonos seriamente- bueno volvamos a los sistemas de ecuaciones

Ando entre los pupitres hasta llegar al final de la clase, sentándose al lado de Mía, su mejor amiga. Pablo le siguió por detrás, ya que el se sentaba en uno de los dos pupitres de su derecha; ya que las mesas estaban juntas de dos en dos.
Mía le miro con media sonrisa.

-¿Como es que has llegado con él a clase? le pregunto, agitando su pelo rubio, que hoy llevaba rizado, ya que cada día lo tenia de una forma diferente.
-Me he encontrado con el en las escaleras. Que también llegaba tare. Es que me quede dormida explico, pero su amiga seguía con la misma sonrisa- y no me mires así. Yo con Bustamante, nada. Ni loca ¿vale?
-Pues cualquiera lo diría, después de cómo estuvisteis el sábado.

Se tapo la cara con las dos manos, intentando olvidar su anterior sábado, que si se le permitía añadir, había sido horroroso. No recordaba haber metido más la pata en toda su vida. Y mira que lo decía todo el mundo, y en todos los sitios. El alcohol es malo. Pero a ella no se le ocurría otra cosa que ponerse contentilla y cometer un error.

-Vamos Marizza, tampoco es para tanto le dijo Mía, pasándole una mano por el pelo-. Además te esta mirando.
-Hay Mía -suspiro levantando la cabeza- es el peor de los errores.
-Bueno, tranquila. Solo te liaste con el, como con cualquier otro. No es para tanto.
-Si Mía. Si que es para tanto. Y además es Bustamante dijo en voz a un mas baja.- Y lo peor, es que no fue como si te liaras normal, un par de morreos y ya. ¡Fue peor!
-Bueno, tranquila Hablare con Manu para ver que le ha dicho ¿vale?

Marizza asintió pesadamente con la cabeza. Tiro el bolígrafo al suelo, y así aprovecho para mirarlo de reojo. Mía tenia razón, la estaba mirando. Enseguida giro la cara y se sentó bien, al igual que el.
Vale, no. No se habían liado de una forma normal. Recordaba perfectamente ese sábado. Habían salido las cuatro amigas juntas, cuando habían encontrado a los cuatro chicos -inseparables en el mismo bar que ellas. Se acercaron por que Pilar, y Mía. Se morían de ganas de saludar, y algo más que saludar a sus novios. Ellos cuatro desaparecieron, y solo quedaron Sol y ella, con Francisco y Pablo. Francisco se puso a hablar con una chica que había conocido Pablo hacia un rato; e Inés se fue a la pista de baile persiguiendo a un bombón que había visto. Así que allí quedaron ella y el solos. Pidió un cubata y comenzó a beber, imitándolo. Y uno tras otro, los dos se fueron poniendo contentillos. Una cosa llevo a la otra, y acabaron en el baño de las chicas del bar liándose. Pero no de una forma normal, comenzaron besándose, pero el agarro la pierna de ella levantándola ligeramente. Estampo a Marizza contra la pared, besándose más apasionadamente. Le asió fuertemente del trasero hasta levantarla y hacer que enroscara sus piernas alrededor de el. Pablo se dejo quitar la camiseta por Marizza. Siguieron besándose aun mas calurosamente y acariciándose; pero entonces, el móvil de Marizza sonó. Era Mía, que la buscaba por el bar, pero no la veía. Los dos se arreglaron la ropa, y se peinaron. Y sin decirse nada, salieron del baño como si nada hubiera pasado.

Noto como el color subía a sus mejillas al recordar semejantes imágenes. Y su amiga le miro preocupada.

-Marizza, ¿te encuentras bien? le pregunto- tienes la cara roja.
-Si es que tengo calor.
-Pues que rara hija Vale que estemos ya en Mayo, pero en clase precisamente calor no hace.
-Ya -comento ausente.

Cuando termino la clase, recogió la mochila, y le dijo a Mía, que enseguida iba con ellas. Que la esperaran en el gimnasio, ya que tenía que hablar con la profesora.
Se acerco a la profesora, junto a Pablo.

-Bueno profe. ¿Qué querías decirnos? pregunto Marizza.
-Si. Veréis. Quería comentaros, que si los dos seguís llegando por la mañana tarde, tendré que pasar de las faltas y las amonestaciones, a llamar a vuestras madres, o a la expulsión durante tres días del instituto. Ya se que es injusto, pero son las normas del centro y yo no le puedo hacer nada.
-Esta bien profe. ¿Algo más? dijo Pablo, dejando su mochila en el suelo y sentándose encima de una de las mesas.
-No, nada mas, podéis iros contestó girándose y recogiendo sus libros de la mesa.

Marizza ando hacia la puerta, y se giro para despedirse de la profesora, cuando choco con Pablo, que iba detrás de ella.

-Aparta idiota lo empujo con la mano- ¡hasta mañana profe!
-Hasta mañana chicos. Y no discutáis contestó la profesora riéndose.

Marizza movió la cabeza de un lado a otro y salio por la puerta en dirección al gimnasio.

-Ves, la profesora tiene razón. No tendríamos que pelear, bueno más bien, tú no tendrías que insultarme dijo él a sus espaldas.

Ella se giró y lo miro burlonamente- ¿y esperas sinceramente que ese día llegue? Vas tu bueno -rió.
-¿Te recuerdo lo amable que fuiste el sábado? le pregunto él.

Marizza lo miro con el entrecejo fruncido -¡déjame en paz! y se fue por delante al gimnasio donde la clase ya habría empezado, indignada.



Salía del instituto terminando de ponerse la mochila al hombro cuando Mía la intercepto, por detrás corriendo hasta llegar a alcanzarla.

-¡Marizza! la llamo llegando a su lado- Jo hija, cuando se trata de salir del instituto eres como un lince. Y por las mañanas bien tarde que llegas. Como se nota que es viernes.
-¿Qué quieres Mía? pregunto Marizza directa.
-Bueno, bueno. No te pongas borde, que solo te quería decir que ya había hablado con Manu, pero ya me voy contestó la rubia pasando por su lado.
-¡No! Espera Mía la paró llegando a su lado, ya que la rubia ya iba calle abajo- ¡Mía! Lo siento va perdóname.
-Vale-contestó la rubia sonriente.

Ambas comenzaron a andar calle abajo en dirección a sus casas.

-Bueno, di. ¿Qué te dijo Manuel? le pregunto Marizza, cuando ya llegaban a sus casas.
-Buf... Me dijo que él si que lo sabia, pero que no lo sabia nadie mas. Aparte de tú y yo, claro. Y que Pablo se acordaba de todo perfectamente.
-¿Y nada mas? pregunto sentándose en la acera de enfrente de su casa.
-Creo que no -contesto Mía, sentándose al lado de su amiga e intentando recordar.

Las dos se quedaron en silencio. Marizza pensando en el error que había cometido y las pocas ganas que tenía de recordarlo. Y Mía pensando en que era lo que había dicho Manu en la clase de educación física, ya que sabía que se le escapaba algo, que a su amiga le importaría, pero no lo recordaba.

-¡Ah! ¡Ya lo se! grito Mía eufórica- Manu también me dijo las palabras textuales que le había dicho Pablo.
-Dios que miedo -susurro Marizza- Bueno, ¿y que dijo Bustamante?
-Haber textualmente: que si que se había liado contigo, y que eras una fierecilla, y que le gustaría repetir, y que tal vez Andrade no era lo que el había pensado, pero que eso igual cambiaba.

Tras decirle eso, la castaña se tapo la cara con las manos. Y se maldijo para sus adentros.

-Hay Mía Que asco, ¡que es Bustamante! Hay por dios Ahora solo me faltaría que todo el mundo se enterara de que me he liado con Bustamante Argg que asco -volvió a repetir sacudiendo la cabeza- No sabrás si va al cumple de Manu ¿no? No lo soportaría Además... ¿fierecilla?

Mía afirmo a la pregunta de su amiga riéndose, al principio disimuladamente, y más tarde a bocajarro.

-Esto Marizza, yo me voy ya para casa dijo como pudo entre carcajada y carcajada- te doy mi pésame, y el Oscar al mayor ridículo


Y se alejo riéndose como una loca. Marizza movió la cabeza apenada por la locura que esperaba que no fuera contagiosa- de su amiga, y se giro para irse, también a su casa, pero tras levantarse y girarse se choco contra con cuerpo, que por cierto olía bastante bien. Alzo su cabeza y lo vio ahí parado con una sonrisa.
Lo primero que se le ocurrió pensar, fue en lo que le había dicho su amiga, en lo ultimo que había dicho ella, y en cuanto tiempo llevaría el chico detrás suyo.

-¿Siempre en medio, Bustamante? le pregunto bordemente.
-Pablo, prefiero que me llamen Pablo o Pablo. Por mi apellido solo me llaman los profesores. Marizza contesto con una sonrisa burlona- por cierto, nunca te han dicho que hablas muy mal de la gente No es bueno ir echando pestes por hay de cualquiera.
-¿Y a ti no te han dicho que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación?- pregunto ella.
-No La educación no es mi punto fuerte.
-No lo jures respondió ella alejándose.

Pero el se puso en su camino y la agarro del brazo.

-Y si me permites que te recuerde, no te daba tanto asco hace un par de sábados, fierecilla le espeto el con una sonrisa socarrona.
-No estaba en mis cabales ese día.
-Solo estabas algo achispada, guapa. Como yo, así que estabas en tus cabales perfectamente, fierecilla repitió el inllizcandola.
-Me vuelves a decir fierecilla y te ganas una ostia le amenazo.

El se acerco aun mas a ella, pegándola a su cuerpo.

-Por que me tengo que ir a casa que sino -le dijo el bajando la cabeza- verías, fierecilla y tras decirle eso, le guiño un ojo y se separo.

-Fue una tontería contestó ella.

Y tras alzar la cabeza enfadada, y ando hacia su casa, mientras veía como el también se iba a la suya. Por desgracia de ella, y suerte de él, que se encontraba al lado; ya que eran vecinos.



[2ª Parte]


Se encontraba en su cuarto, haciendo los deberes. Aburrida como una ostra, con la música puesta y leyendo el libro de matemáticas, pero sin hacerle ni caso. Su cabeza todavía se encontraba vagando en las palabras de él porque me tengo que ir a casa que sino verías, fierecilla. Se golpeo la cabeza con la mano, cuando su madre entro en el cuarto.

-Marizza, cariño. Nosotros ya nos vamos ¿vale? le dijo su madre acercándose y mirando por encima de su hija sus apuntes.
-¿Cómo que ya os vais? preguntó ella desconcertada.
-Vaya, veo que haces muy bien los deberes. Me alegro de que seas tan estudiosa comentó su madre cogiendo su cuaderno.
-¡Mama! ¿Qué adonde os vais? le volvió a preguntar.
-¿Cómo que adonde nos vamos? le contestó su madre dejando el cuaderno sobre la mesa- Pues al balneario, ya te lo dijimos antes de ayer. Que nos íbamos a ir tu padre y yo, juntos de fin de semana romántico por nuestro aniversario.

Mierda No se había acordado.

-Bueno, pues eso hija. Tienes nuestros móviles, el de la policía, el de los bomberos, y el de la abuela, apuntados en una hoja abajo en la mesa del salón. ¡Ah! Y también te hemos dejado cincuenta euros por si necesitas comprarte algo ¿vale? le pregunto su madre.
-¿El de los bomberos y la policía? ¡Mama, que tengo dieciséis años, por el amor de Dios! ¿Qué te piensas que voy a hacer mientras no estéis? exclamo Marizza abriendo los ojos como platos.
-No lo se, y prefiero no saberlo. Por eso mismo también los he apuntado. le contestó su madre- Ven aquí anda, que te de un abrazo, y ve a despedirte de tu padre también.

Marizza se acercó a su madre, y el abrazo dejando que su madre le llenara la cara de besos, y aguantando todas sus advertencias típicas que se le dirían a una niña de diez años.

Cuando por fin se hubieron ido, Marizza dio gracias al cielo. Y suspiro, tras lo que cogió el dinero de la mesa del comedor y el papel con los teléfonos apuntados. Ya en la cocina, se metió el billete en el bolsillo, y tiro a la basura el otro papel.

-Por favor.... Solo le faltaba decirme que cuando alguien llamara a la puerta le hiciera pasar el pie por debajo de la puerta se rió sola de su ocurrencia.

Salio de casa, para comprar algo de comida ya que no le quedaba nada en la nevera. Entro al supermercado, dirigiéndose después de comprar un par de pizzas y unas hamburguesas a la sección de helados. Cuando Marizza noto que alguien se le acercó por detrás, pegándose a su espalda, y aspirando su colonia.

-¿Sabes? Que yo sepa, no te lo tomaste como una tontería el sábado. Más bien, yo diría que le echaste mucho ímpetu le dijo Pablo con una sonrisa socarrona en la cara.
Marizza se giro quedándose de frente a el- que yo sepa, a ti tampoco te faltaron ganas le contesto ella también con una sonrisilla- aunque por mi parte eso no volvería a ocurrir.
-¿Segura? le pregunto el acorralándola en uno de los pasillos del supermercado.
-Al completo contesto ella alzando la cabeza orgullosa.

Entonces el aprovecho el gesto de la chica para inclinarse y besarla por sorpresa aunque brevemente. Y enseguida se separo de ella dejándola con la palabra en la boca, y marchándose a la caja, para que le cobraran e irse ya.

Marizza lo observó. Debía de volver del entrenamiento de fútbol, porque iba con el pelo mojado de haberse duchado, y llevaba en la mano un paquete de chicles que seguramente compraría para que sus padres no notaran el aliento del tabaco. En esos momentos, cuando lo veía así era cuando tal vez no se lamentaba de haberse liado con él. Y tenía que reconocer que Lu tenía razón, estaba muy bueno. Con los cuadraditos que tenía, los ojazos, el pelo rubio ahora mojado y despeinado-, lo bien que olía ¡no! ¡Ya bastaba!

Compró todo lo que necesitaba, hamburguesas, pizzas, y por ultimo, y lo que mas necesitaba, muchos paquetes de palomitas, y dos tarrinas de helado de chocolate y vainilla.


Al llegar a casa. Ni si quiera se hizo la pizza. Metió el helado en el congelador, y se hizo un paquete de palomitas directamente, tras poner la película de Moulin Rouge, y coger una caja de pañuelos y una manta para envolverse.


********************************************************


Al día siguiente, se despertó con un terrible dolor de cabeza por haber estado llorando con la entupida película. Y aun peor por sentirse como una entupida. Y es que cada vez que se ponía esa película era porque se sentía deprimida, confusa, o una entupida. Y esta vez eran las tres cosas. Y aun más desde que se había encontrado en el supermercado con Pablo que ya no era Bustamante- y la había besado.
No quería sentir nada por Pablo, porque sabia como era el con las chicas, se liaba con ellas cuatro o cinco veces, y si te he visto no me acuerdo. Aparte de que no le caía nada bien el chico. Todo había que decirlo, estaba como quería, pero aun así le seguía cayendo mal, por ese egocentrismo que tenia, que siempre pensaba que el era lo mejor. Y estaba cansada de tipos así. Pero lo que mas le jodía, es que seguramente él ya había conseguido lo que quería el sábado, liarse con ella. Y lo que mas le jodia, es que el solo la buscaba para repetir. Y para nada más. Justamente ahí residía el problema. Que no la buscaba para nada mas que para eso, y tal vez Marizza, si que buscaba algo mas que para darse un magreo a gusto, ella buscaba algo mas que un Hola, ¿Qué tal nena? y si te he visto no me acuerdo".

Desayuno, se ducho, y tras ponerse unas cómodas mayas, y una camiseta de tirantes, ya que no iba a salir de casa; miro el reloj. Ya eran la dos y media, así que bajo a la cocina y se puso a hacer la comida.

Dejo las hamburguesas en la sartén haciéndose, y se fue ha recoger el correo, que ya lo habría dejado el cartero. Cuando al volver a la cocina vio un montón de humo negro que salía de la sartén. ¿A que hora tiraría el numero de los bomberos a la basura? Al final las madres siempre tenían razón.

Se apresuro a apagar el fuego. Para retirar la sartén, de donde salía un montón de humo. Abrió la ventana, para que se ventilara la cocina, donde no podía ver nada. Hizo unos cuantos aspavientos para ayudar a que el humo se fuera por la ventana. Y luego miro la sartén con las hamburguesas todas quemadas. Iba a tirarlas a la basura cuando sonó el timbre de la casa, y dejo la sartén encima de la mesa y salio de la cocina.

Paso por el salón hasta la entrada, donde volvían a tocar el timbre.

-¡Ya va! grito.

Abrió la puerta, y se encontró a un rubio de ojos azules, parecía esperar ansioso a que le abrieran y también preocupado.

-¿Qué haces aquí? le pregunto Marizza, mirándolo de arriba a bajo.
-¿Cómo que qué hago aquí? Encima de que vengo porque me preocupo. ¿Qué era todo ese humo negro que salía de tu cocina? ¿Se ha incendiado algo? pregunto pasando al interior de la casa.
-¿Pero que dices? ¿Y como tienes el morro de pasar dentro de mi casa así como así? le dijo ella, interceptándole el paso a la cocina, tras cerrar la puerta.

Él solo la aparto ligeramente sin decirle nada, y entro a la cocina, seguido de Marizza.

-¿Pero que has hecho? le pregunto él mirándola.
- Yo nada. ¿Quieres hacer el favor de irte de mi casa? le pregunto ella tratando de empujarlo para que saliera por la puerta, sin que el se moviera tan si quiera un poquito.
- Mi madre, me ha dicho que tu madre le dijo a la mía que ibas a estar sola este fin de semana porque ellos se iban y que si por favor te podía vigilar. Así que mi madre me ha mandado a tu casa para ver si te había pasado algo, al ver todo ese humo negro. le explico él mirando con media sonrisa la sartén y la carne quemada Pero ya veo que lo único que pasa es que no sabes cocinar.
-Jilipollas, ¡claro que se cocinar! Pero se me olvidó el tiempo -se excuso ella.
-Ya -dijo mirándola de arriba a bajo- voy a llamar a mi madre dijo él.

Saco el su teléfono móvil y marcó- Mama si esta bien, no ha sido nada no, que va es que es una negada para la cocina -vio como Marizza fruncía el ceño, mientras recogía toda la cocina- no creo que quiera mamátampoco creo que quiera eso vale, vale, tranquila, ahora se lo dirési mamá, besos si mama, yo también te quiero -colgó y se quedo mirando a Marizza un largo tiempo, sentándose en una silla, observando como ella limpiaba todo el estropicio montado.

Marizza, cansada después de limpiar todo, se giro y cogió la botella de agua mientras miraba a Pablo.

-¿Qué haces aun aquí? Te podrías ir a tu casa le espetó claramente.
-No puedo. Veras, tienes dos opciones según mi madre: opción a, venirte a comer con mi familia a mi casa; u opción b, ir los dos a que te invite a comer una pizza dado que no sabes cocinar expuso él con una sonrisa- ¿y bien?
-Elijo la opción c contestó ella- que es, que tu te vayas de casa, y me dejes tranquila ¿vale?

El se levanto de la silla y se encamino al comedor- esta bien dijo parándose en la puerta de la cocina- te espero en el comedor, no creo que vayas a salir así vestida dijo mirándola de arriba a bajo.

Marizza frunció los labios- no voy a ir contigo se quejó.

-Yo también me alegro de que elijas la opción b. Va a ser un día encantador, estando contigo, ya veras que bien nos lo vamos a pasar dijo él guiñándole un ojo, y mirándola pícaramente- te espero en salón guapa y salió de la cocina tras lanzarle un beso al aire.


*************************************************************


Finalmente, había comido con Pablo, ya que era un cabezota y sabía que no la escucharía. Habían ido a una pizzería donde Marizza nunca había visto a nadie capaz de zamparse una pizza para el solito, pero Pablo había sido capaz. Y luego se habían ido al parque del lago, para descansar al sol y pasear un rato.

Estaban paseando al lado del lago, cuando Pablo se sentó en uno de los bancos y la espero a ella.

-Ven le dijo él señalando el banco.

Marizza se acerco y se sentó un poco distante, observando como el sacaba un paquete de tabaco y se encendía un cigarro.

-No te voy a morder, ni ha pegar, ni nada. Puedes sentarte mas cerca, y relajarte le dijo Pablo viéndola tan distante y alerta.
-Ya lo se contestó Marizza relajándose un poco y permitiendo acercarse un poco mas disimulando a la vez que apoyaba la espalda en el banco.
-¿Por qué te caigo tan mal? le pregunto él dándole una calada al cigarro.

A Marizza le pillo desprevenida esa pregunta. En realidad, nunca se la había planteado. Desde la primera vez que lo conoció le había caído mal, pero nunca se había preguntado por que. Igual se estaba equivocando y estaba juzgando precipitadamente.

-No lo se. Es que tampoco se si me caes mal conteste sinceramente.
-¿Entonces? preguntó él.
-Es que -remoloneo, pensándose la respuesta antes de contestar- eres tan prepotente, y creído a veces. Y un borde que no puedo contigo, porque es que además casi siempre te comportas como un gilipollas, y solo piensas en ti mism
-¡Vale! le corto él- Creo que ya entiendo la respuesta, no hace falta que sea tan especifica Pero tampoco soy tan así

Ella lo miró con cara de escepticismo. ¿En serio se lo decía?

-No me mires así. Si fuera tan creído, y solo pensara en mi mismo, y no me preocupara por los demás como tú dices, no habría ido a tu casa para saber si estabas bien le reprochó.
-¡Pero porque te lo dijo tu madre! le chilló, encima tenia un morro.
-¡Se lo dije yo a ella! Niña tonta. Era yo el que me fije en el humo, porque estaba mirando tu casa. Y fui yo quien quiso ir a ver si estabas bien, ¡si salí corriendo de casa! le contestó también gritando.

Marizza yo no sabia ni que pensar. Porque ya le desconcertaba del todo. Es que no podía con él. Primero era un creído, luego se preocupaba por ella, y ahora le chillaba. Miro pacientemente hacia abajo, concentrándose en sus pies, y respirando tranquilamente. Se dio cuenta de que los dos se habían levantado del banco. Él sacaba tranquilo un cigarro de su jersey y se lo encendía, para darle una larga calada y soltar el humo en un pesado suspiro. Ella movió sus pies intranquila y cogió aire para hablar. Abrió la boca tres o cuatro veces pero no dijo nada. A la quinta vez cuando levantó la vista y lo encontró mirándola, el sonido llego hasta su garganta.

-No sabes insultar le dijo, ni siquiera lo había pensado- ¿Niña tonta?

Él la miro primero serio, pero más tarde su boca se curvo en una sonrisa, y por ultimo acabo riendo. Cosa que se le contagio a ella.

-Anda vamos dijo cuando termino ya de reír e intentaba tomar la respiración normalizada a la vez que Marizza.

Le cogió de la mano tiró de ella hacia delante, para que andarán. Finalmente le soltó su mano, ya que se sentía un poco incomoda.



[3ª Parte]


Tras pasar el día con Marizza, Pablo había vuelto a su casa. Se había despedido de ella con dos besos en la mejilla. No había intentado besarla, ni nada por el estilo.

Tras pasar la tarde con ella, la imagen inicial que tenia de ella cambiaba. Al principio al coincidir en la clase no había esperado nada nuevo, otra típica niña tonta, u otra típica empollona. Sencillamente la había catalogado así, como la vecina sabelotodo. Pero conforme había pasado el curso se había ido fijando en ella durante todo el curso descubría pequeñas cosas de ella que no esperaba. Y luego cuando había pasado lo de la fiesta, había colmado el vaso.

Habían estado hablando, cuando se habían levantado del banco, toda la tarde, paseando por el parque, y por la ciudad. Ella intentaba persuadirlo de vez en cuando de que fumar estaba mal, o pequeñas cosas que le hacían esperanzarse de que se fijaba en él. De que por lo menos existía alguien, que no fueran sus amigos, que se fijaba en eso y que se preocupaba.


********************************************************


Era lunes por la mañana y volvía a llegar tarde a clase. Salió de su casa corriendo como una loca, esperando que no le pusieran una falta de nuevo, o si no recibiría una amonestación.
Pero una sonrisa cubrió su cara cuando lo vio a él en la entrada del instituto, la puerta estaba cerrada. Mientras Marizza terminaba de acercarse al instituto los pocos pasos que le quedaban, el rubio ya había sacado su paquete de tabaco y se fuma su cigarro matutino.

-Buenos días la saludo él.
-No no me digas que ya han cerrado dijo Marizza omitiendo el saludo y pasando directamente a su preocupación principal.
-Gracias, yo ayer estupendamente también. Y gracias por saludarme, un buenos días por la mañana un lunes levanta el animo, si señor dijo él irónico.
-¡Pablo! Que no hace gracia, como me pongan una amonestación

El medio sonrió y la miró con sorna preocuparse por eso.

-Anda vamos, que de vez en cuando no esta mal hacer pellas, que es saludable mujer le contestó él empujándole por la espalda para que se fueran alejándose del instituto- luego en el recreo volvemos, que abren la puerta.

Marizza se resigno y permitió que él la guiase a donde quisiera que fuera el lugar al que se dirigían. El cual creyó que era el parque y no se equivocaba. Pablo ya estaba fumando cuando ella alzó la cabeza para mirarlo. No supo a ciencia cierta cuando había dejado de odiarlo y de caerle mal, pero ahora tenia muy claro que esos sentimientos habían desaparecido. En lugar de eso, al mirarlo sentía una alegría, un algo creciente que le invadía todo el cuerpo de calor. Sentía la estúpida necesidad de mirarlo, de observar cada gesto que realizara o cada rasgo suyo. Y no podía evitar sonreír al recodar cualquier cosa que él le hubiera dicho, cualquier escena que hubieran protagonizado los dos, tan solo un pequeñísimo recuerdo de él conseguía hacerle curvar los labios como si de una buena señal se tratara. Y lo era, era una buena señal, que temía que Pablo descubriera y que celosamente trataba de ocultar por miedo a la vergüenza de ser descubierta ante esos sentimientos que nacían en ella.

-¡Hey! Que callada estas comentó Pablo, sentándose en el banco y dejando su mochila en el suelo.

Marizza no dijo nada, se sentó a su lado imitándolo y dejando su mochila también. Se había sumido demasiado en sus pensamientos, creando así miedos incipientes en ella. Miedos a ser descubierta, miedo a lo que sentía.

-No te preocupes que luego entramos, si quieres vamos ahora e intentamos saltar la valla. Seguramente nos pillen o nos matemos pero -dijo él.
-No le cortó Marizza sonriéndole-.Tranquilo no pasa nada.

Pablo la observó y le alegró que le sonriera. Era la primera sonrisa que le regalaba y no era burlona o falsa, ni pretendía serlo. Era una sonrisa sincera y dulce.

-Por cierto, mi madre y la tuya debieron hablar comentó Marizza- y bueno, mi madre me dijo que te dijera lo mucho que te lo agradecía que eras muy buen chico y no se que más.
-Bueno, lo de que soy muy buen chico ya lo sabia contestó él aumentando su ego-. Que maja tu madre.
-Creído mascullo Marizza entre dientes, pero lo suficientemente alto para que Pablo lo oyera.
-No, creído no, Pablo le dijo él tendiéndole la mano- encantado.
-Me gustaría decir lo mismo, pero me parece que no dijo ella dándole la mano-. Estúpido -volvió a mascullar.

Pablo se rió abiertamente- te he oído.

-Mejor, así estas informado.


************************************************************


-así que sigues siendo su fierecilla rió Mía mirando a su amiga divertida.
-¡Mía! Vuelves a decir eso y te mato se quejó Marizza- y no lo soy. Además si llegó a saber de que te ibas a reír de mi fin de semana, no te lo cuento.

Se tumbó en la cama haciéndose un poco la mártir para conseguir darle algo de pena a su amiga. Y miró hacia arriba perdiéndose en el techo blanco del cuarto de la rubia, y en las notas que salían de la minicadena y se deslizaban hasta sus oídos danzando.

-Venga va, que no me río. ¿De acuerdo? se rindió sentándose a su lado.

Marizza asintió con la cabeza silenciosa.

-¿Y cual es el problema ahora? Por te conozco como la palma de mi mano, y estas demasiado callada. Cuando estas callada es que estas pensando. Y debe de ser algo muy preocupante para que pienses dedujo Mía.
-¡Mía, que yo si que puedo pensar! -trató de defenderse Marizza.
-Si, pero solo en el instituto o si es importante-rebatió ella.

Suspiro harta de su amiga y se puso de pie saltando de la cama a la vez que le contestaba oooh, vete a la mierda.

Mía volvió a reírse y también salto de la cama para parar a Marizza que danzaba por su cuarto curioseando todo lo que encontraba a su paso, dando vuelta de un lado a otro nerviosa.

-Esta bien, quieta le ordenó sujetándola por las muñecas, y haciendo que soltara una fotografía de ellas dos cuando eran pequeñas en la piscina.

Ella llevaba un bañador negro con dibujitos blancos y el pelo mojado y revuelto, y se inclinaba al igual que Mía que iba con un bañador rosa y rojo, ambas sacando la lengua.

-Ojala pudiéramos ser de nuevo pequeñas suspiró Marizza.
-Ven, y cuéntame ya que te pasa le dijo Mía guiándola hasta la cama para sentarla-. Seguro que podemos solucionarlo.
-Esta bien, pero lo dudo.

Mía negó con la cabeza enérgicamente- que si, tú confía en mi y cuéntamelo.

-No tienes ni fe-susurro Marizza.
-¡Marizza Andrade, cállate ya y cuéntamelo! le grito exasperada la rubia.

Marizza suspiro una vez más, tomo aire y abrió la boca- Pues veras, creo que esto ya venia de antes, creo que ya lo sentía antes, pero empezó cuando estábamos hablando y por detrás apareció


************************************************************


-¡Mama! gritó Marizza entrando a casa con la mochila colgando del hombro.

Pasó al salón donde se encontró con la familia de Pablo entera y la suya: sus padres, los padres de él, sus dos hermanos pequeños y él.

-Hija por fin llegas, anda vete a cambiar y baja que nos vamos a cenar todos juntos le dijo su madre guiándola arriba.

Entraron las dos en su habitación y solo cuando su madre había cerrado la puerta y se había puesto a buscar entre su ropa, se permitió preguntarle.

-¿Por qué nos vamos a cenar con ellos? Explica mama porque no lo entiendo y deja de revolver mi ropa se quejó Marizza.
-Toma ponte esta falda tus sandalias y la camisetita negra esa que se ata a los lados como los japoneses le dijo su madre haciendo caso omiso de su hija.
-¡Falda no, y aun menos si es minifalda! Además ¡respóndeme!
-A mi no me grites y ponte la falda le exigió Sonia, su madre.

Marizza a regañadientes se puso la falda mientras miraba a su madre. Esperaba una buena respuesta a la pregunta ya formulada, pero Sonia no se la daba y ella empezaba a desesperarse.
Entonces su madre hablo como si le leyera el pensamiento.

-Nos vamos a cenar con ellos porque a tu padre y Sergio les ha tocado no se que dinero con eso del fútbol entre los dos.
-¡¿Cómo?!
-Hay hija, que tu no te hables mucho con Pablo no significa que nosotros no salgamos con los vecinos.

Atónita. Se había quedado así: atónita. ¿Por qué siempre estaba en su mundo y no se enteraba de nada? Había pasado demasiado tiempo con sus amigas, con sus preocupaciones, sus estudios, y no se había parado a pensar en sus padres.
Su madre se giro antes de salir del cuarto.

-Nosotros llevamos mucho tiempo saliendo con los vecinos. Yo paso muchas tardes con Mora, y tu padre y Sergio viendo el fútbol le informo.
-Claro -susurro para si misma asintiendo.

Y su madre desapareció por la puerta. Se dejó caer sobre la cama mientras esperaba alguna reacción de si misma. Levantó la cabeza puso los ojos en blanco, a saber que cena le esperaba.

-Levanta el culo y haz el favor de no tardar en bajar que estamos todos esperándote le dijo su madre asomando la cabeza por la puerta asuntándola- ¡Ah! Se me olvidaba, el fin de semana también nos vamos con ellos a no se que casita al lado de no se que lago que han alquilado tu padre y Sergio, por lo de premio
-¿¡Como!? exclamo.
-Claro, ¿no pensarías que lo íbamos a gastar todo en una cena no hija? Es mucho dinero

Rectificaba: ¡a saber que fin de semana le esperaba!


***************************************************************


-Que guapa susurro una voz en su oído.

Se giró y era Pablo. Había ido a la cena a regañadientes, y encima odiaba tener que arreglarse y vestirse bien.

Pablo retiro la silla en el restaurante al que habían ido, para que se pudiera sentar, haciendo la interpretación de un perfecto caballero. Cuando quería, podía ser estúpido y aun más si se lo proponía.

-Podrías ponerte más veces esa falda. No entiendo porque escondes esas piernas le dijo él de nuevo con una sonrisa arrebatadora.
-Para que tu no las veas, por eso las escondo le contestó también sonriendo fingidamente.

¡Que nerviosa la ponía!

Su madre hablaba con Mora, sobre algo de una receta que hacía para las tartas de fresa. Su padre con Sergio sobre quien ganaría a no se quien en un partido de tenis, creyó oír. Los hermanos de Pablo, que eran igual que él rubios y con caras de angelitos y ojos azul celeste, peleaban con los tenedores como si fueran espadas; solo tenían diez y seis años, pero eran demonios, demonios que cuando querían podían ser angelitos. Al igual que su hermano mayor, Pablo, que leía la carta tranquilo.

-Marizza la llamó uno de los hermanos de Pablo, Daniel, el más pequeño.
-¿Si? contestó.
-¿Cuándo vayamos al lago me enseñaras a nadar? le pregunto con una mirada de lo más inocente.
-Si tu madre te deja, claro que sí le contestó sonriente al niño.

El le lanzo una sonrisa, esas de los niños que te inunda de ternura para después seguir peleándose que con su hermano, Alberto de diez años.

-¿Y a mí me enseñaras Marizzita? le pregunto Pablo por lo bajo.
-¡Ah! ¿Pero aun no sabes nadar? le pregunto con sorna, burlándose.
-Si, pero quiero que me enseñes tú.
-Que tonto que puedes llegar a ser. Que te enseñe otra.
-Pero esa otra no serás tú le dijo él de nuevo en voz baja.

Sintió que la conversación era suya y solo suya, de ellos. En voz baja para que sus padres no se enteraran, ni los enanos tampoco. Él la miraba con media sonrisa esperando su respuesta a la afirmación que ella no se esperaba. Sintió la mano de él en su pierna, desnuda por la falda, mientras él la movía ligeramente, agitándola, mientras le ponía ojitos de cordero degollado.

-Por fa, Marizzita le pidió con una sonrisa ahora ya entera, usando todo su encanto.

Se puso nerviosa. El contacto de su mano con su piel le había erizarse el bello de los brazos, y de la nuca. Un calambre le recorrió la espalda, y se sintió extraña y enfadada consigo misma.

-Ya veremos contestó seria, tratando de aguantar- si no te ahogas, tal vez.

Espero a que él quitara su mano de la pierna, a lo que dio gracias cuando lo hizo, y luego se arrepintió por haber dicho, lo que había dicho. Maldiciéndose a ella y a su boca, por decir cosas que significaban flirteo puro con él. Y eso era lo que exactamente no quería hacer. Y menos delante de sus padres, o peor, de sus familias.

-¡Mama, mama! chilló Daniel- Marizza me enseñara a nadar en el lago.

Corto su mirada con Pablo, volviéndose hacia el pequeño y hacia Mora.

-Bueno, si te portas bien, ya veremos. Pero creo que si, que además hará buen tiempo y podremos bañarnos todos le dijo Mora a Dani.
-¿Y podremos nadar en lo hondo del lago? preguntó esperanzado Alberto.
-Ni hablar contestó Mora tajante- Solo podréis en la orilla y con Pablo y Marizza cerca.

Genial, tendría que tener al rubio cerca. Lo miro de reojo, y vio que él sonreía a sus hermanos y luego a ella. Puso los ojos en blanco y volvió a la idea principal que llevaba desde que había salido de casa.

¡A saber que fin de semana le esperaba!



[4ª Parte]


-¡Que si Mía! dijo esperando una solución o algo de caridad de su amiga al otro lado del la línea del teléfono.
-Oh, Marizza. No te hagas la mártir que estas deseando ir le contestó la rubia mientras se tumbaba en su cama rosa.
-Si claro, por eso te lo cuento con alegría y emoción ¿no? pregunto irónica.
-Bueno chica. Es que lo dices de una forma que ni que fuera un monstruo.

Marizza se dejo caer en su cama tumbada boca arriba mirando el techo. Pensó en lo tonta que había sido al haber estado flirteando con él. No debería haberlo echo, porque ahora Pablo pensaría que podía volver a liarse con ella cuando quisiera. Y no podía. No podía, porque Marizza quería algo más que lo que Pablo siempre buscaba. Ella no quería un simple lío para pasar el fin de semana. Ella quería algo definitivo, algo que él no le daría.

-¿Marizza? preguntó Mía al otro lado del teléfono.
-¿Si?
-Te estoy hablando y no me escuchas le reprochó.
-Perdón -dijo con voz cansada-. A ver dime que decías.
-Que te preguntaba porque no lo cuentas con alegría y emoción. Alguna razón buena tendrás para que Pablo te caiga tan mal ¿no? argumento Mía.

La castaña suspiro pesadamente, Mía tenía razón.

-En realidad, no -dijo en voz baja.
-Mira, según lo que se sobre Pablo que me ha contado Manu, él no sentara la cabeza hasta que encuentre a la chica adecuada. Bueno, según Manu, la chica que le haga sentar la cabeza y que le quite la idea de ir de lío en lío.

Hubo silencio a la otra línea, hasta que Mía preocupada volvió a hablar.

-¿No te gustaría ser esa chica Marizza?
-Mía, yo nunca podría ser esa chica, Pablo nunca me vería como esa chica.
-O sí Marizza. ¿Por qué no? pregunto segura de si misma.
-No lo se -dijo confusa-.
-Pues entonces no te entiendo.
-Ni yo Mía, ni yo me entiendo.


****************************************************************

Miraba pasar los árboles, uno tras otro, todo el rato igual. Pasaban, y pasaban, y pasaban. Y ella solo se aburría. Giro la cabeza para mirar a sus padres, los cuales hablaban en la parte delantera del coche sobre su abuela, y no se que bingo de la residencia.

No es que a ella le aburrieran sus padres, lo que le aburrían eran los viajes largos en coche. Y según su padre ese era de unas dos horas y pico. Por lo menos hacia buen tiempo, que ya era contrarrestar algo, de todos los puntos negativos que tenían ese viaje, que no eran pocos precisamente.

Cuando llegaron por fin a la casa de campo, Marizza vio mientras salía del coche como Daniel y Alberto salían del suyo corriendo como terremotos hacía el lago que estaba al lado de la casa y como Pablo los seguía cerciorándose de que ellos estaban bien.

-Marizza hija la llamo su madre- ayuda con esto anda dijo señalando con la cabeza el maletero.
-Voy contestó.

Oía los chillidos de los pequeños tras de sí, y la de sus padres y los de Pablo hablando delante de ella entrando a la casa. Miró el maletero y se encontró con lo que mas pesaba: la maleta. Genial. Su madre y su padre habían entrado las bolsas con la comida y su maleta, y a ella le tocaba entrar lo que más pesaba, la maleta de ellos.
La cogió cuando una mano se la quito como si no pesara nada. Se giró y ahí estaba, mirándola con una sonrisa.

-Anda vamos, que ya se que pesa mucho le dijo Pablo.
-Puedo yo sola insistió ella tratando de quitársela de las manos mientras Pablo ponía la maleta tras su espalda.
-No se si serias tu la que puede con la maleta o la maleta contigo rió andando hacia la casa.

Refunfuñando entro también en la casa, maldiciendo a su madre por llevar tanta ropa cuando no tenía casi nada que llevar.

Al entrar en la casa dos torbellinos pasaron a su lado también. Sonrió mirando a Daniel y Alberto y luego se centró en la casa. Era bastante grande y le gustaba mucho, era acogedora. Al entrar tenias el recibidor a la a la derecha estaba la cocina, amplia y bien equipada. A la derecha el salón con televisor, chimenea, dos sofás y dos sillones con una mesita pequeña en el centro y una grande apartada para comer, y las ventanas eran grandes permitiendo bien ver el paisaje. Al fondo del comedor se abría el pasillo por el que a la derecha había dos habitaciones de matrimonio donde se habían instalado ya sus padres y Mora y Sergio, respectivamente; a la izquierda una gran habitación con tres camas, una normal y las otras una litera. Y al final del pasillo un baño, también bastante grande y espacioso de un blanco inmaculado.

Entro en la habitación con tres camas, y tras ella pasaron los dos torbellinos, su madre y Mora.

-Solo hay tres camas, así que he pensado que Dani y Alberto podrían dormir juntos y Marizza en una cama y Pablo en otra explico Mora a Sonia.

¡¿Como?! ¿Iba dormir en la misma habitación que Pablo? No, no, no, no, no y no.

-Me parece bien contestó Sonia afirmando con la cabeza-. Bueno, si queréis podéis ir a dar una vuelta, y aprovechar ahora que hace calor para bañaros que parece que va a llover.
-Eso mismo iba a decir yo dijo Mora-. Poneros los bañadores si queréis e ir con Marizza y Pablo ahora que hace mucho calor.

Justo cuando salían entraba Pablo con su maleta y la de Marizza- toma que si que pesa.

-¡Yo me pido la litera! grito Daniel.
-No, idiota. Nos la pedimos los dos le contestó Alberto.
-Pero yo no quiero dormir contigo, pegas patadas.
-Y tú te mueves mucho, y yo no me quejo.
-Jo, Pablo, yo no quiero dormir con él volvió a reprochar Daniel.

Alberto salió del cuarto refunfuñando algo sobre que su hermano era tonto, y que iba al baño.
Pablo se acercó a Daniel y lo cogió en brazos subiéndolo a la litera y mirándole. Marizza que había puesto la maleta sobre la cama donde ella dormiría, y estaba buscando su bikini, pero no pudo evitar mirar de reojo a Pablo hablando con su hermano. Le causaba mucha ternura.

-A ver campeón. Ahora que no esta Alberto te voy a contar un secreto le dijo en tono confidencial.
-¿Cuál? pregunto el niño intrigado.
-Tú hermano, aunque sea más mayor que tú le tiene miedo a la oscuridad, así que vas a tener que dormir con él. Por que sino ¿quien mejor lo protegerá que tu?
-¿Así? pregunto Daniel abriendo mucho los ojos.
-Si. Pero es un secreto, no le digas que te lo he contado o se enfadara mucho conmigo le dijo haciéndole cosquillas en la tripa, mientras Dani reía.
-¡Vale, vale! ¡No le diré nada! grito el niño.
-Además-añadió Pablo- aquí, tú estas mucho más alto que yo. Y si pasa algo, yo estaré durmiendo aquí, y sino tienes a Marizza justo también al bajar, en esa cama. Están las dos cerca, no pasara nada. ¿Verdad Marizza? le preguntó Pablo a ella guiñándole un ojo-. Marizza te defenderá muy bien de cualquier monstruo.
-Si, muy bien le aseguro Marizza sonriéndole.
-Los monstruos no existen aseguro Daniel con rotundidad.
-¿Seguro? Pregunto Pablo-. ¿Y yo que soy pues? Soy el monstruo que te va a comer como no bajes de ahí y te pongas el bañador para irnos a nadar al lago le dijo en una voz más grave mientras le hacía cosquillas.
-¡No! ¡Socorro! ¡Marizza sálvame! Chilló el niño mirando a Marizza mientras se retorcía bajo las cosquillas que le hacía su hermano-. ¡Marizza!

Marizza se acerco por detrás a Pablo, y mientras trataba de agarrar sus brazos y empujarlo cogió a Daniel en brazos, y lo dejo en el suelo.

-¡Mama! ¡Socorro! ¡Pablo no me deja en paz! ¡Mama! se fue corriendo por el pasillo, buscando a Mora gritando.

Pablo se giró y miró a Marizza con media sonrisa.

-No sabes lo que acabas de hacer le dijo él mientras avanzaba hacia ella.

Marizza fue andando hacia atrás, hasta que callo sobre su cama, y Pablo se echo sobre ella haciéndole cosquillas.

-¡No! ¡Pablo, para, por favor! ¡Pablo! gritaba riéndose, mientras él le seguía haciendo cosquillas encima de ella.

-A por el monstruo Pablo. ¡Al ataque! se oyeron las voces de Daniel y Alberto entrando por la puerta.

Minutos más tarde Marizza se encontraba sobre la cama riendo y enterrada bajo tres cuerpos. El primero Pablo que la miraba sonriéndole, el segundo Daniel que le daba a Pablo pequeños puñetazos, tratando de salvar a Marizza, y el tercero Alberto, que estaba ahí por la misma razón que su hermano pequeño.

-Ya les caes bien a mis hermanos, hasta te salvan le dijo Pablo a su oído, tras lo cual le dio un beso en la mejilla.
-Ya ves dijo ella tratando de ocultar su nerviosismo y sonrojo-. Soy genial, para que negarlo.
-Pues si para que negarlo contestó tras darle un breve beso en los labios, del que solo ellos dos se dieron cuenta, nadie más.
-Deja de hacer eso Pablo, lo digo de verdad le dijo estaba vez más seria mientras Daniel y Alberto se levantaban de encima de ellos.
-De acuerdo fierecilla, de acuerdo dijo el con media sonrisa.


*****************************************************************


-¡Dios! Estaba todo riquísimo, de verdad. Mama, Sonia, sois unas cocineras estupendas, la comida estaba deliciosa, y con la cena lo habéis culminado del todo en serio dijo Pablo dejando el tenedor sobre su plato vacío.

Marizza lo miro de reojo al oírlo hablar. Se habían pasado toda la mañana y toda la tarde en el lago nadando, hasta que sus madres les habían dicho que salieran que había unas nubes que se acercaban. Todo el rato que habían estado en el lago, Daniel estaba junto a Marizza para que ella le enseñara a nadar, y Alberto junto a Pablo mientras este le cogía a hombros. No habían parado de jugar y de hacer el tonto. Y se lo había pasado realmente bien. Había encontrado el lado tierno y bueno de Pablo, cuando estaba con sus hermanos era realmente un angelito, y eso le encantaba. Era en esos momentos cuando se preguntaba que debía hacer. ¿Era Pablo un angelito y tierno como con sus hermanos, o un capullo y un picaflor como en el instituto?

-Que buen chico, así da gusto cocinar. No como con estos dos, que les llamas a comer y lo único que hacen es ir dejar los platos vacíos y volver a irse dijo Sonia haciéndose la mártir.

Marizza miró a su padre y se encontró con la mirada de Martín, que significativamente le decía como ella a él: ya estamos otra vez, el pobrecita de Sonia.

-No te creas, estos también lo hacen, el único que lo aprecia es Pablo dijo Mora dándole en los cachetes a su hijo.
-Hay mamá se quejo Pablo, poniendo los ojos en blanco.

Todos se rieron de él, incluida Marizza. Tras lo que se levantaron y empezaron a recoger la mesa.

-Oye, me apetece salir a dar un paseo le dijo Pablo a sus padres-. ¿Puedo no?
-Si claro, pero ¿Por qué no te llevas a tus hermanos? le pregunto Sergio.

Mora y Pablo miraron a Daniel y a Alberto, justo en ese instante el primero bostezaba y el segundo se dejaba caer sobre un sillón encogido.

-Mejor no, están cansados y es tarde, son las once de la noche, no son horas para dos niños pequeños se negó Mora en redondo muy seria-. Que te acompañe Marizza.

Marizza se giró instintivamente al oír su nombre.

-¿Si? pregunto.
-Nada, que mejor acompañes tu a Pablo a salir un rato a dar una vuelta por afuera, que los pequeños están cansados de tanto nadar hoy dijo Mora.
-Si anda, acompáñame le pidió Pablo.
-Pero... intento quejarse Marizza.
-¿A ti que te parece Sonia? le pregunto Mora a Sonia.
-Esta bien, pero ojo no os alejéis mucho. Y no volváis tarde, un paseito y ya.
-¡Vale! grito Pablo que ya estaba arrastrando a Marizza hacia la puerta sin darle tiempo a cogerse ni siquiera un jersey.


****************************************************************


-¡Pablo! se quejo Marizza soltándose de su mano cuando ya estaban un poco más alejados de la casa-. No me has dado ni tiempo a decir si yo quería ir.
-Tranquila fierecilla, que no es para tanto le dijo el con media sonrisa.
-¡Y te he dicho que no me llames así! grito Marizza.
-Lo se contestó él.
-¿Entonces?
-¿Entonces qué? pregunto un poco perdido ya en la conversación.
-Que si sabes que no quiero que me llames fierecilla porque lo sigues haciendo. O por que me sigues besando si te he dicho que no quiero que lo hagas. Si te digo algo Pablo, tendré mis razones, así que cúmplelo dijo ella más seria.

Por primera vez se giro a su alrededor para ver donde estaban. Se habrían alejado bastante de la casa, por lo menos unos veinte o veinticinco minutos andando. Estaban cerca del lago en el que se reflejaba la luna llena a su perfección. Los árboles entre los que estaban eran realmente altos y algo separados entre si. Por el suelo no había demasiados arbustos. Pero empezaba ya a hacer algo de fresco, por lo que ya se empezaba a arrepentir no poder haberse puesto el jersey ni haberlo podido coger.

Pablo se saco de su cazadora que llevaba puesta y que él si que se había cogido, un paquete de tabaco y se encendió un cigarro. Dio una calada, y luego mientras soltaba el humo miró a Marizza para contestarle.

-Porque me gusta contesto él de manera simple-. Soy el único que te llama así y me gusta saberlo

Marizza negó con la cabeza le miró de soslayo. No lo entendía, no entendía para anda a ese chico.

-No deberías fumar, es malo ¿lo sabías? A la larga te podría llegar a pasar algo malo le contestó únicamente ella.

La castaña le dio la espalda y comenzó a andar paseando entre los árboles, y Pablo la siguió de cerca con una sonrisa instalada en su rostro.

-Eres la única persona que se ha preocupado por que fume, mis padres lo saben y ya se han cansado de mí, y a mis amigos les da igual. En cambio, tú eres la primera que se preocupa por mí -le dijo él cuando estaba detrás de ella.
Marizza se giró para mirarlo- No me gusta ver a nadie fumar, mi tío murió por cáncer de pulmón y mi madre lo paso realmente mal, es lo que tiene perder a un hermano imagino, desde entonces nadie en mi familia fuma. Y tú no deberías hacerlo.
-No lo sabía
-Casi nadie lo sabe. Solo la gente más cercana a mi familia y mis amigas.

En ese momento algo se instalo en el interior de Pablo, no supo muy bien que era. Pero le alegraba que Marizza se preocupara por ella, y que confiara en contarle lo de su tío. En momentos como ese, deseaba callarse lo que realmente quería gritar. Le había dicho que le gustaba llamarle fierecilla porque sería el único que la llamaría así, pero también le habría gustado añadir que también le gustaría ser el único que la besara. Y tal vez se lo diría. Eso era lo que deseaba hacer en ese momento, eso y besarla mientras la estrechaba entre sus brazos. Pero era Marizza, y eso le sería imposible sin explicaciones antes.

-Marizza -la llamó él, ya era hora de aclarar las cosas.

Pero sonó un trueno y un rayo los deslumbro a los dos. Comenzaron a caer pequeñas gotas de agua que eran invisibles a la vista, pero que se sentían en la piel, por lo menos en la de Marizza.

-Pablo, será mejor que volvamos, esta empezando a llover dijo comenzando a andar.
-Espera le dijo él agarrándola del brazo y parándola-.
-¿Qué?

Él se quedo en silencio mirándola. Sabía que ella no se lo creería, pero lo diría.

-Te beso porque me gusta hacerlo, me gusta y me encanta. Y me gustaría ser el único que lo pudiera hacer.
-Pablo
-Es verdad Marizza.
-Y aunque lo fuera se quejo ella-. No puedes pretender tener todo. Pablo, yo no soy algo a lo que puedes usar porque te gusta. No puedes querer que yo no bese a nadie más que a ti, pero tú puedas besar a quien quieras.
-Yo
-No Pablo. Lo digo de verdad. No me vengas ahora a replicar ni nada de eso. Lo digo en serio. Además, vas de chica en chica, y no te puedes pasar la vida así.
-Lo se. Pero hay algunas chicas que son exactamente igual dijo él, con el tono más grave.
-Pero no todas lo son. Y eso algún día lo tendrás que aprender le dijo ella mucho más sería-. No creo que seas así por que te guste, o por amor al arte. No sabes nada gruño el rubio.
-No, no lo se. Pero si tu me lo cuentas lo sabré dijo Marizza suavizando la voz-. Yo he confiado en ti, confía tú en mí.

Había empezado a llover más fuertemente, casi no lo habían notado por la discusión. Fue entonces cuando Pablo lo noto, se quito la cazadora y se la puso a Marizza para que no cogiera frió. Y la llevo contra un árbol para que el tronco y las hojas los protegieran un poco de la lluvia.

-Cuando estaba saliendo con una chica me puso los cuernos. Ella me gustaba, no la quería, pero si que me gustaba y me dolió mucho. Desde entonces me obligue a creer que todas las chicas no eran iguales explico Pablo.

La abrazo contra el árbol y contra él, tratando de resguardarla del frió y la lluvia todo lo que pudiera. Hasta que la estrecho entre sus brazos.

-Pero no todas las chicas son iguales Pablo. Ya te lo he dicho. Yo, no soy así.
-Lo se contestó él.

Se quedo en silencio mirándola. Hasta que bajo su cabeza lentamente y la beso. Ese beso era completamente diferente. Era bajo la lluvia, era dulce, y era de los dos. No era un beso de los que Pablo le robaba, era un beso que ella también deseaba, en el que ella se encontraba a gusto. Demasiado a gusto, a decir verdad.


[5ª Parte]



Cuando se separaron, fue Marizza la que no quería hablar de nada de eso. Así que tiro de la mano de Pablo y se echo a correr hacia la casa, antes de que él pudiera replicar o preguntar, o hacer cualquier comentario ante el cual Marizza se quedaría en blanco o cedería ante él.

-Shh... le dijo Marizza a Pablo cuando estaban en el porche de la casa-. Deben de estar durmiendo, están las luces apagadas.

Pablo se quedo mirándola, a los dos les caía el pelo pegado por la cara, y la ropa se les pegaba al cuerpo. Se quedo observándola, hasta que Marizza se canso del escrutinio.

-¿Qué pasa?
-Nada contesto el rubio-. Nada

Se acerco hacía ella abrazándola por la cintura y estrechándola contra él. La miro, y la observo. Estaba realmente guapa. Se acerco a besarla mientras Marizza le empujaba para que la soltara, sin conseguir moverle lo más mínimo.

-Pablo, no por fav -intento replicar Marizza, pero le fue imposible.

Los labios de Pablo ya estaban sobre los suyos, callándola. Dejo de intentar apartarlo para agarrarse a su camiseta con las dos manos, hasta que fue deslizando los brazos por detrás del cuello para acercarse mucho más a él. El beso les dejo sin respiración a los dos, que se separaron cogiendo aire. Pablo sonrió a Marizza aun estrechándola en sus brazos.

-Me encanta besarte le susurro Pablo.
-Pablo -le suplico Marizza mirando al suelo y soltándose de él, y de su abrazo-. Ya te he dicho que no quiero que lo hagas. No me beses más, por favor.
-¿Por qué? Si tú también quieres. Me has correspondió el beso le dijo él.
-Pero esa no es la cuestión. Ya te lo he dicho antes, hasta que no sepas que no todas las chicas son como tú crees no Pablo.
-Ya lo se se defendió el rubio-. Se que tu no eres así.
-Demuéstralo, porque te conozco, y no me conformare con palabras. De momento solo me has dicho que te gusta besarme, nada más

Marizza lo dejo ahí con sus palabras, se metió en la casa y se fue directamente al cuarto.

Cuando Pablo entro en la casa, algo descolocado por las palabras de la castaña, se la encontró saliendo del cuarto ya en pijama y yendo hacia el baño. Se quito los pantalones y la camiseta mojados, y los dejo extendidos en la misma silla donde Marizza había dejado su ropa y su cazadora. No pudo evitar esbozar una sonrisa al pensar en que ella había llevado su cazadora.

-Toma le dijo Marizza entrando en el cuarto y lanzándole una toalla para que el también se secara el pelo como ella estaba haciendo.

Marizza se fue a meter a la cama pero justo antes de que lo fuera a hacer Pablo se acerco a ella por detrás.

-Marizza -la llamo él-. Por lo menos, podemos ser amigos ¿no?

Ella miró primero a sus pies y tras pensárselo levanto la vista y fijo sus ojos en los de él afirmando con la cabeza.

-Gracias le contestó dándole un beso en la mejilla para meterse debajo de la litera.

Marizza se metió también a su cama tocándose la mejilla. Estaba confusa, pero no podía dejar que Pablo la enamorara con cuatro besos. No. Ella no era así. Ella tenía claro que era lo que quería. Y si Pablo era un picaflor, tendría que demostrarle que lo iba a dejar de ser.

Llevaba bastante rato dándole vueltas a la idea de que sobre sus sentimientos nadie mandaría. Y que Pablo no la enamoraría así como así, cuando oye como Alberto bajaba de la litera. Se quedo observando en la oscuridad como si estuviera dormida.

Alberto se acerco despacito tras bajar de la litera a su hermano mayor, y lo movió ligeramente.

-Pablo -lo llamo en bajo-. Pablo -dijo un poco más fuerte.
Pablo se giró y miró a su hermano- ¿Qué pasa?
-Tengo algo de miedo por los truenos y los relámpagos le dijo Alberto.

Pablo rió un voz baja y levanto la colcha para que su hermano se metiera con el en la cama, y así ya no tuviera más miedo.

Cinco minutos más tarde, era Daniel el que bajaba esta vez de la litera. También se acerco a Pablo y lo llamo suavemente.

-Pablo, Pablo -le dijo más alto que como lo había llamado Alberto -. Pablo que tengo miedo

Pablo y Alberto levantaron las cabezas con cuidado de no darse en la litera y miraron a Daniel.

-¿Qué pasa? le pregunto Pablo.
-Que tengo miedo
-Pero ya no cabemos más en esta cama le contesto el rubio.
-Pablo, tengo miedo. No me gustan las tormentas.

Pablo suspiro, he hizo lo único que se lo ocurría.

-Marizza-la llamo Pablo-. ¿Estas despierta?

Marizza había estado despierta todo el rato escuchando las conversaciones de los tres hermanos. Y preguntándose como en momentos como ese Pablo podía ser tan tierno, y querer tanto a su hermano como para pedirle ayuda a ella. Aun a sabiendas de que Marizza le había dicho que mejor dejaran distancia, pese a ser amigos.

-Estoy despierta. ¿Qué queréis?
-Que duerma Dani contigo que tiene miedo a la tormenta, y en mi cama ya esta Alberto le explico Pablo.
-Claro que puede. Ven Dani contestó ella.

Daniel se metió con su peluche en la cama de Marizza, y se acurruco junto a ella, al oír otro trueno más fuerte. Marizza lo abrazo.

-Buenas noches dijo Pablo.

Marizza levanto la vista hacia Pablo y se fijo en que él la estaba mirando. Gracias, le dijo Pablo moviendo los labios sin emitir sonido alguno.

De nada, contestó Marizza de igual forma. Buenas noches, Pablo.


*****************************************************************


Cuando se despertó sintió un cuerpecito acurrucado contra ella. Abrió los ojos y observo la habitación, Dani estaba abrazado a ella como un angelito. Levanto la vista y se acordó de lo que había pasado la noche anterior con Pablo al ver a éste mirándola y con Alberto dormido también acurrucado a él.

-Buenos días, dormilona le saludo él.
-Hola
-¿Solo hola?
-¿Qué mas quieres? le contestó ella incorporándose en la cama con cuidado de no despertar a Daniel.
-Un beso de buenos días-sugirió, saliendo de la cama y tapando a Alberto.
-Pablo, hemos hablado de ello.
-Lo se dijo él acercándose a Marizza.

Ella salio de la cama también dirigiéndose al baño, cuando Pablo se puso delante de ella impidiéndole el paso.

-pero dijo él.
-¿Pero?
-No quiero ser solo amigos Marizza. No me conformo con ello, es poco ¿sabes? Es bastante poco, comparado con lo que yo quiero.
-¿Y que quieres Pablo? pregunto ella malhumorada.
-Tampoco lo se, pero se que me gusta besarte y -comenzó él acercándose a ella.
- ¡No! grito Marizza dando un paso hacia atrás-. Eso, lo aclaramos ayer. Hasta que no sepas que es lo que quieres déjame ¿de acuerdo? bordeo a Pablo y fue hasta la puerta, y antes de marcharse volvió a girarse- Y cuando lo sepas demuéstramelo, por favor.

La castaña termino de salir de la habitación cerrando la puerta, dejando a Pablo con sus pensamientos y confusiones cuando alguien lo interrumpió.

-Pablo, ¿ya es hora de levantarnos? le pregunto Daniel adormilado.
-Si peque, ya es hora contestó él aturdido y deprimido por la contestación de Marizza.
-¿Estas triste porque no quiere ser tu novia? le pregunto de nuevo el pequeño.
-No interrumpió Alberto- el que no quiere que sea su novia es él. Y esta así porque no sabe ni lo que quiere, o no lo quiere admitir.
-Díselo si la quieres le dijo Dani con la seguridad y simplicidad de un niño.
-No se atreve contestó Alberto burlándose-, le da miedo.

Pablo los miro a los dos serio y sin hacerles caso comenzó a cambiarse y recoger su ropa. Los próximos días serian otra cosa, diferentes. Entonces pensaría y le preguntaría a Manu que hacer.


*****************************************************************


La semana había pasado como ningún de los dos esperaban. No se habían hablado casi nada, manteniendo siempre una distancia prudencial entre los dos. Mía y Manu los habían interrogado respectivamente: ¿Pero que paso?, mientras ellos solo habían respondido por igual: nada, no paso nada, ni pasara.

Era viernes y Marizza acompañaba a Mía por el centro comercial buscando un regalo para Manu por su cumpleaños ya que al día siguiente lo celebraba. La rubia hablaba sin cesar, pese a que Marizza no le hacía ningún caso, ni se lo iba a hacer en lo que quedaba de camino.

-entonces le dije pues muy bien, idiota. ¡Y el me contestó! Te lo dije, te dije que ese chico era idiota, siempre me calló mal desde el principio. ¿Te lo dije o no? le pregunto la rubia aireada.

Marizza no le hacía ningún caso, andaba sin escucharla, en sus propios pensamientos, hasta que una mano paso delante de su cara y luego la paró en seco agarrándola del brazo.

-¡Marizza! ¿Podrías hacer el favor de dejar de ser un alma en pena y escucharme un momento? le pregunto la rubia.

La castaña solo afirmo con la cabeza en silencio.

-¡Marizza lo digo en serio!
-Está bien -dijo a desgana- ¿Qué pasa ahora Mía?
-Quiero que te olvides de Pablo ¿vale? Desde que volviste del fin de semana ese estas peor. Lo dijiste tu misma, ese tipo no vale la pena.
-¡Yo no estaba pensando en Pablo! se defendió ella.
-Si claro, y yo soy rubia teñida no te digo. Marizza va enserio, olvídate de él.
-Déjame en paz Mía le dijo volviendo a andar.

Enseguida la rubia la volvió a alcanzar, situándose a su lado.

-Si señor, un argumento muy convincente pero -dijo parándola otra vez del brazo-, no funciona conmigo, lo sabes muy bien.
-Es que ¡no lo entiendo! Bueno ¡si! grito confusa-. Dijo que no sabía lo que quería, pero que quería besarme y ser el único que me besara, pero no se aclara. Porque el puede estar con mil chicas pero yo solo con él ¿no? ¡Pues no! ¡Las cosas no son así! Hasta le di la opción de demostrarme que era lo que quería. ¡Y aun no lo ha hecho!
-Dale tiempo -le pidió Mía por Pablo, cambiando su opinión respecto a él.
-¡¿Qué le de tiempo?!
-Vamos Marizza, no seas así de dura, seguro que el chico esta confuso también, y te tiene algo de miedo le dijo poniéndole ojitos-. Anda ¿si? pregunto sonriendo.
-De acuerdo -dijo al final cediendo- un día más. Si no, pasare de él.

La rubia asintió de nuevo sonriente. Tendría que llamar a Manu en poco, para contarle las nuevas noticias, seguro que él estaría con Pablo.


**************************************************************


-entonces lo que hay que hacer es que Pablo se lance con Marizza mañana, y todo arreglado dijo una voz al otro lado del teléfono.
-Claro Mía, cariño. Tu siempre ves las cosas taaan sencillas.

-¡Manuu! ¡¿Nos vamos ya o que?! grito una voz de fondo, desde la salida del campo de fútbol.
-¡Ya estoy yendo! contestó él.

-Mía tengo que colgar que Pablo y yo ya nos vamos.
-Está bien. Pero ya sabes que es lo que tienes que hacer volvió a insistir Mía.
-Te he dicho que es imposible Mía.
-Inténtalo por lo menos ¿si? O quieres también a tu amigo sin hacerte caso todo el día le refutó la rubia.
-No.
-Pues entonces ya sabes
-Vale. Adiós cariño.
-Besitos cielo se despidió la rubia colgando también.

Manu se guardo el teléfono en el bolsillo del pantalón y salio de los vestuarios yendo hacia Pablo que ya estaba en la esquina del campo esperándolo. Se echo la bolsa de deporte al hombro y comenzó a pensar en que podía decirle. Él nunca había estado hecho para ese tipo de cosas, lo de hacer de celestina siempre había sido cosa de Mía. El prefería pinchar o picar a sus amigos, no ayudarlos en los asuntos de amor como decía su novia. Pero bueno, si quería a un Pablo bromista de nuevo en vez de malhumorado, no le quedaba más remedio. Igual y todo podía quitar de en medio al rompecorazones que había dentro de él.

-Tío, tardas más que las tías le dijo Pablo cuando llego a su lado-. ¿Qué hacías?
-Me había llamado Mía contestó echando a andar junto a él.
-¡Novias! exclamo el rubio, siguiéndole-. Que pesadas -susurro.
-¿Por eso no le dices nada a Marizza? pregunto Manu.
-¿Cómo?
-Lo que has oído.
-Que no pero ¿que dices tío? termino por decir Pablo.
-Lo que oyes. Ella te gusta. Pero nunca le vas a decir nada. ¿O me vas a negar que te gusta? le pregunto Manu.
-Yo no no no lo voy a negar. Pero yo
-¡Oh! Venga Pablo. ¿Ahora te quedas sin palabras? ¿Sabes?, no se que concepto tendrás de tener novia, pero seguro que es el equivocado, porque sino, no tardarías tanto en pedírselo a Marizza o en decirle que la quieres le dijo Manu serio parándose ya que había llegado ya a su casa.
-Manu, tío. No, es que
-¿Es que, qué?
-No lo se. Me dijo que si quería algo más con ella se lo demostrara. Pero, no estoy seguro de querer algo con ella. O de si, si. Yo desde lo de Paula, nunca estoy seguro.
-Las cosas, al final se tiene que afrontar, y tu Pablo no eres una excepción. Y sabes que no te lo digo a malas, eres mi amigo, y solo lo hago para ayudarte, en serio. Te conozco, y se que eso es lo que tendrías que hacer, decírselo.
-No no lo se, aun.
-Pues lo tendrás que saber pronto tío. Sino, mal vas

Y tras esas palabras se marcho a su casa, dejando a Pablo sumido en sus pensamientos. Sin que supiera que tenía que hacer. Solo quería olvidarse de cualquier chica y pasárselo bien. Se fue a casa pensando en que mañana sería otro día y era el cumpleaños de su amigo, donde habría muchas chicas para seguir olvidando.


[6ª Parte]

http://www.megaupload.com/es/?d=9P528MFE (Learning To Breathe)


¡Ding, dong! ¡Ding, dong! ¡Ding, dong!


¡Ya va!

La puerta se abrió dejando pasar a una Marizza vestida realmente guapa, aunque simple. Con una camiseta negra de escote circular y unos pantalones anchas típicos suyos. Con una bolsa en sus manos que tendría el regalo de Manu.

-¡Marizza! No te has puesto la ropa que fuimos a comprar para hoy le reprocho su amiga Mía al otro lado de la puerta-. No se que voy a hacer contigo, anda pasa.
-Hay Miita, yo si que no se que voy a hacer contigo exclamo Marizza imitándola.

Las dos rieron y pasaron dentro de la casa, donde la fiesta ya estaba montada. La música sonaba alto, y la gente bailaba por el salón y la cocina, con algunas bebidas en la mano.

-¡Manu! grito Marizza al verlo pasar.

Él cumpleañero se detuvo junto a ellas y saludo a Marizza con dos besos mientras cogía la bolsa que esta traía.

-Espero que te guste le dijo Marizza- me ha costado encontrarlo, pero sabía que te encantaría.

Manu saco el regalo y lo desenvolvió.

-¡Dios! Es de las primeras ediciones del primer disco de los Beatles en vinilo. ¡Marizza te quiero! dijo su Manu abrazando a su amiga con fuerza.
-Vaya, muy bonito le dijo Mía frunciendo el ceño.
-No cariño, a ti te quiero más. Pero es que lo suyo es un tesoro, y lo tuyo una indirecta de que soy un tardón -le dijo Manu a Mía dándole un pequeño beso.
-¿Qué le has regalado al final? le pregunto Marizza a Mía.
-Un reloj con alarma incorporada, para que no llegue tarde como siempre cuando quedamos dijo ella riéndose.

Las dos se rieron, mientras Manu se alejaba a guardar su gran tesoro.

-No se como le pueden gustar los Beatles ¡en fin! Anda vamos para la cocina a coger algo de beber, y luego te presento a un amigo mío dijo andando ya hacia el lugar citado.
-¡No! le advirtió Marizza dándole alcance como podía, pasando entre la gente que bailaba ya algo feliz debido a la bebida que sostenían en sus manos-. Mía, no quiero que me presentes a ningún tío ni a nadie.

Las dos llegaron a la cocina y mientras se servían ellas mismas un cubata y apartando las botellas vacías, siguieron hablando.

-¿Por qué no? pregunto la rubia quitándole una botella de peche a una chica que pasaba por ahí ya bastante ebria.
-Mía, a mi no me líes, sin tíos hoy ¿vale? le pregunto quitándole la botella-. ¿Me lo prometes?
-Está bien le dijo ella recogiendo su botella-. ¿Ni si quiera si fuera Pablo?
-Aun menos si es Pablo contestó tajante.

Mía se encogió de hombros, y se giro para marcharse a bailar, mientras, Marizza abrió la nevera buscando coca-cola fresca, cuando una mano toco en su hombro. Se giro y vio a la ultima persona de la fiesta que no deseaba ver.

-Pablo -susurro, más bien para si.
-En persona dijo el a modo de chiste.
-Que suerte dijo ella irónicamente-. Vete dijo seria.
-Dejame pensarlo no contestó apoyándose en la mesa mientras la miraba.
-¿Vas a estar aquí molestando?
-Por supuesto dijo contesto él de inmediato sonriéndole.
-Entonces soy yo la que se va contestó dejando una botella en la mesa y pasándole por al lado para marcharse a bailar.

Pablo giró la cabeza mientras la seguía hacia la pista baile.

-¿Ron? le preguntó de nuevo Pablo a la castaña sin dejarla en paz-. ¿Un poco fuerte no?
-Me gustan las bebidas fuertes, si me conocieras, lo sabrías contestó ella.
-La cuestión, es que quiero conocerte.

Marizza, no supo que contestar ante eso. Tal vez lo que le había dicho lo había convencido. Tal vez estaba cumpliendo lo que ella había dicho que se lo demostrara.

-¡Pablo! grito una voz detrás suyo.

Elsa apareció corriendo mostrando sus piernas bajo un pequeño y corto vestido granate.

-Me prometiste un baile le dijo la chica cogiéndolo del brazo- ¿vamos?

Marizza lo miro una última vez, y Pablo a ella. Pero en seguida se fue a saludar a Joaquín, dejando atrás a Pablo y Elsa.

La fiesta siguió transcurriendo normal. Bailaba con todos los chicos robándoselos de vez en cuando también a sus amigas. Aunque Pilar casi no dejara acercarse a ninguna chica a Tomas. Al igual que Sol hacia con Fran.
Se sentía cada vez más feliz, con adrenalina en el cuerpo, olvidándose de todo. Bailaba y reía con sus amigas.

Pablo de lejos la observaba, bailaba con Elsa, alejado de Marizza, pero observándola. Viendo como bailaba con todos, pero no con él. Y tampoco sabía como podría acercarse a ella. Tenia claro que no se sentía como siempre al mirarla, al verla sonreír, todo era distinto.

-Pablo -le llamo Elsa para que la mirara.
-¿Si? pregunto él saliendo de sus pensamientos.
-¿Me acompañas un momento a coger algo de beber? pregunto con una sonrisa mientras tiraba de la mano de él alejándose del resto de la gente.


Marizza bailaba con Manuel, ya que le había prometido un baile por su cumpleaños. Cuando se termino la canción, se acerco a sus amigas.

-Voy a por algo más de beber, ahora vengo chicas se excuso, mirando su vaso vacío.

Todas afirmaron con la cabeza mientras seguían bailando y bebiendo.

-¡Espera! le grito Mía que salio tras ella hacia la cocina-. Te acompaño.
-Claro.
-Bueno, ¿y que has hablado antes con Pablo? le pregunto la rubia.
-Nada Mía -contestó Marizza soltando un suspiro-. Aunque dijo que me quería conocer confeso mientras se quedaba pensando.
-Tal vez sea verdad, ¿no? medito la rubia-. Ya sabes que baila con Elsa por no decirle que no. Igual te esta demostrando o lo intenta por lo menos, que es lo que quiere.

Pero al entrar en la cocina, Marizza ya no lo creía así. Todo lo que podía haber llegado a pensar a favor, había desaparecido. Se quedo quieta, observando lo que sin duda le daba la razón en lo que hacía mucho tiempo atrás pensaba. En lo que había tenido una mínima esperanza, algo que había albergado se había esfumado en dos segundos.

-Pues se lo estará demostrando a Elsa, porque lo que es a mí no susurro Marizza a Mía mientras salía sin mirar atrás de la habitación.

Comenzó a andar todavía más deprisa dejando la imagen de Elsa y Pablo besándose atrás. Preguntándose como podía haber sido tan estúpida de pensar que Pablo y ella podrían haber tenido algo. Esquivo a toda la gente que bailaba en el salón, sin decir nada a sus amigos. Ya no tenía ganas de bailar, de beber, ni de nada. Cogió su chaqueta de la entrada y salió de la casa dejando atrás una de las escenas que más le habían dolido en su vida.


Pablo separo a Elsa de sí rápidamente, preguntándose que se le había pasado por la cabeza a esa chica para creer que el querría besarla a ella. Pero no le dio tiempo ni tan si quiera a reprocharle nada, porque la chica a la que si que habría querido besar en ese momento y mil veces más se marchaba de la habitación y de la casa a paso ligero. Giro la cara un poco y vio a Mía mirándolo.

-¿Lo ha visto? le pregunto a Mía desesperado-. Por favor dime que no.
-Si, os ha visto contesto la rubia en un susurro.
-¡Mierda! exclamo él saliendo de la habitación corriendo para ir tras ella.

Corrió a través del salón, y cerro de un portazo la puerta principal de la casa, para buscarla. Estaba tan solo a unos metros de él, así que echo a correr hacia ella.

-¡Marizza! ¡Espera Marizza, por favor! grito alcanzándola.

La castaña ni lo miro, siguió andando ignorándole hasta que Pablo harto la paro de un brazo.

-Por favor, Marizza. Te juro que se me lanzó. Yo no quería, me aparte de ella le aseguro, mirándola a los ojos que ella mantenía fríos y serenos-. Me dijiste que te demostrara lo que quería y eso estoy haciendo.
-Pues estas muy lejos de llegar a demostrar nada, me parece a mí contestó volviendo a andar.
-Marizza, te lo juro insistió agarrándola del brazo para pararla de nuevo.
-¡No me toques! grito Marizza soltándose y alejándose de él un par de pasos de él-. ¿Sabes?, el fin de semana pasado, llegue a creer que no eras como inicialmente yo pensaba, y pensé que querías como los demás. Que podías llegar a demostrar que eras una buena persona. Ahora ya veo que no, y solo espero que tus hermanos no aprendan eso de ti.

Volvió a alejarse andando de él por mitad de la calle hacia su casa, con todo en lo que creía destruido. Pero aun se volvió una vez más hacia Pablo. Una vez más en la que él vio un rallo de esperanza, que se perdería a los dos segundos.

-Creo que esta demás decir que no me vuelvas a hablar en tu vida.

Y con eso se fue calle abajo. Mientras el rubio la veía andar y marcharse, habiendo jodido la oportunidad que él esperaba tener. Demostrarle lo que ella pedía, pero que ya no era posible.


*************************************************************
(Momento canción Learning To Breathe)

Se levanto cansada de la insistencia del timbre de la casa, que no dejaba de sonar. Sus padres se habían vuelto a ir de fin de semana romántico, y la habían vuelto a dejar tirada. Cosa que siempre pasaba y que nunca podría remediar, en ocasiones no sabia quien tenía y quien no la cabeza donde correspondía. Empezaba a pensar que ella era mucho más responsable que sus padres, que en cuanto podían se iban juntos, y la dejaban los fines de semana sola a su suerte.


Abrió la puerta con pesadez y vio a quien justamente no quería ver. Podría a ver podido soportar la visita de Pilar o de Mía, aunque estuvieran demasiado pesadas esos días, y tratar de controlar su mal humor. Teniendo a Pablo delante, eso sería imposible.

-¿Qué haces aquí? le espetó sin siquiera darle la oportunidad a hablar, o explicarse-. Te dije que no te quería ver nunca más.
-Lo veo un poco difícil siendo que somos vecinos, vamos a la misma clase y tenemos los mismos amigos se burlo él apoyándose en el marco de la puerta.

Marizza se cruzo de brazos y lo miró con el ceño fruncido y los labios torcidos, mientras aguantaba dentro de ella el mal genio que amenazaba con salir.

-Me da igual, vete.

Pero Pablo pasando olímpicamente de su orden se adentro en la casa y miró a Marizza con una creciente sonrisa.

-¿Estas sordo? Yo te digo que te vayas y tu te quedas ahí plantado mirándome. ¡Fuera!
-No me eches como si fuera un perro porque no lo soy Marizza. He venido aquí porque tengo un par de cosas que hablar contigo, y lo vamos a hacer civilizadamente concluyo él con decisión-, si tu lo permites, claro.

Marizza omitió el último comentario y arremetió contra él en la primera oportunidad que tenía.

-No, tú no eres un perro. Peor, lo que tú eres es un cerd -pero no pudo seguir hablando porque Pablo le había tapado la boca con la mano.
-Ojito con lo que vas a decir. No seamos mal hablados le advirtió el riendo.

Marizza quito la mano que le tapaba la boca de un golpe y lo miró cabreada aun más si era posible-.

-Yo no tengo nada que hablar contigo le contestó tajante la castaña.
-Pero yo contigo si, ya que ayer no quisiste dijo él sentándose en un sofá esta vez más serio.

Ella lo miro sin fiarse de él, pero se sentó en un sillón frente a él.

-Tienes cinco minutos, y mi imagen sobre ti, no cambiará le advirtió la castaña mirando su reloj de pulsera-. Así que ya estas tardando.

Pablo la miró con una sonrisa, y le importaba poco el tiempo. Porque aun así ella no le dejara, seguiría toda la vida tras de ella. No necesitaba ni dos minutos para convencerla. Había estado pensando que era lo que le iba a decir, y ahora al tenerla delante las palabras cambiaban, y no estaba nervioso. No era el mismo chico que se había pasado toda la noche anterior en vela mirando la ventana de la casa de al lado, para ver con suerte a la chica que le robaba el sueño.

-Se lo que quiero, lo se. Y me da igual lo que me cueste convencerte de que es verdad y demostrártelo, Marizza comenzó a decir Pablo mientras las palabras salían de él sin pensarlas, solo sintiéndolas.
-Cuatro minutos -cantó ella que seguía mirando el reloj tratando de ausentarse de las palabras del rubio-. Y van para tres ¡ahora!
-Marizza la llamo él cogiéndole de la mano para que le mirara a él, cosa que funcionó.

Los dos se quedaron en silencio, mirándose atentamente, como si fuera lo más importante que pudieran hacer, o quisieran hacer.

-Créeme, por favor. Se que he sido uno de los tíos más estúpidos que pueda haber, pero quiero remediarlo. Quiero que me escuches y me creas, cuando te digo que soy diferente, que se lo que quiero trato de hacerla entrar en razón el rubio.
-Dime entonces, ¿que es lo que quieres? preguntó Marizza harta de él-. Porque de momento, no me lo has demostrado muy bien.
-A ti, Marizza. Te quiero a ti contestó el acercándose más a ella y acariciándole la mano.
-Palabras en vano, y te queda un minuto dijo ella en un susurro volviendo a mirar el reloj.
-Me sobra tiempo.

Pablo se acerco la poca distancia que los separaba, para besarla. Junto sus labios con los de ella de una manera dulce y sutil, permitiéndole apararlo, pero no fue así. Se quedo quieta, rígida. Y Pablo trato de incitarla, hasta que la levanto sentándola encima de él y Marizza comenzó a responder al beso. Que tan solo era dulce y delicado, con mucho cariño. Tratándola con ternura. Cuando se les acabo el aire, se separaron mientras Pablo apoyaba la frente sobre la de ella respirando profundamente con los ojos cerrados, al igual que Marizza.

-Se te ha acabado el tiempo dijo Marizza muy bajito tomando aire-. Y todavía no has conseguido convence

-¡Oh! ¡Venga ya! le cortó Pablo volviendo a besarla.




[Epílogo]


Era verano ya, principios. Estaban los dos en un parque, dando una vuelta. O más bien corriendo. Marizza corría todo lo que podía huyendo de Pablo, hasta que él la había alcanzado y la había cogido en brazos.

-Hay, no es justo. Siempre haces lo mismo se quejo ella.
-Lo se, pero es que tu siempre corres muy poco se burlo el rubio.

Marizza se echo a reír y se soltó, para que la bajara al suelo.

-Buf, que calor hace suspiro la chica.
-Por mi quítate la camiseta, que no hay problema.
-Idiota le insulto pegándole un manotazo.

Pablo se rió y la cogió de la mano, para tirar de ella y que se sentara en la hierba con él. Tras lo que sacó un cigarrillo del paquete de su bolsillo y se lo fue a encender cuando Marizza se lo quitó de la boca.

-Yo me quitare la camiseta le dijo ella-. El día que tu dejes el tabaco.
-¡Lo estoy dejando! se quejo, intentando coger el cigarro que ella tenia en la mano.
-¿Si? Pues no lo parece -contraatacó estirando el brazo.
-Además, se que cuando te beso te gusta el aroma.
-¿Así?
-Si contestó él acercándose a la castaña.
-Demuéstralo lo provoco.

Pablo se acerco del todo a ella y la termino de besar, mientras Marizza se recostaba sobre él en la hierba.

-Mentira susurro separándose de él-.
-Verdad.
-Aun así, no me gusta que fumes dijo levantándose de encima de él.

Pablo recostado en la hierba, la miró levantarse y limpiarse los pantalones. Le encantaban esos pequeños detalles de ella al preocuparse de él, le habían gustado desde el principio, y ahora le encantaba tenerla cerca de él.

-Ven aquí dijo tirando de la mano de Marizza para tirarla sobre él.
-¡Hay! Pablo que brutito eres a veces.
-¿Yo? Siempre que tu estas cerca le contestó sonriéndole de medio lado.

Marizza se echo a reír inevitablemente. Siempre que él le miraba así, no podía evitarlo y reía.

-Me gusta como ríes le susurro Pablo a la oreja.

Marizza giro la cara lentamente hacia él. Le miró con una sonrisa en los labios, y comenzó a besarle suavemente. Mientras se recostaban los dos en la hierba. ¿Quién habría pensado que habrían acabado así? Pero, así eran las cosas. Nunca esta demás de vez en cuando confiar, conocer a la gente y relajarse. Lo que Pablo sabía hacer, y a lo que Marizza estaba aprendiendo.


oO---------------- Fin ----------------Oo.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
..El decía la memoria es traicionera y tenia razón..
[linked image]
..esta es la mía, la historia que yo elegí recordar, con la memoria y el corazón..
[linked image]
.....y aunque la memoria sea traicionera; esta es la manera en que yo elegí contar mi historia..

 

Scoring_Disabled_MsgRespond to this message   
Current Topic - Learning To Breathe (Mini-fic)  Respond to this message   
  << Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  
Find more forums on AnimationCreate your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement  
Esperemos que hayan disfrutado y ¡Entren mas a amenudo!