<< Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  

*_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 3 y 4!!

April 4 2009 at 2:49 PM
No score for this post
Anonimo  (no login)

 





wenas lindas!! muxas gracias por comentar!! e verda q me alegro muxooo de q os este gustandoo... ya q esta es una de las historias mas bonitas de la serie!! Aqi os dejo dos uevos capitulos... intentare terminar la web antes de q acabe la semana santa!!
bsitos niñas!!!





Capítulo 3



Al vizconde de Bridgerton se le vio bailando también con la señorita Marizza Sheffield, la hermana mayor de la rubia Mia. Esto sólo puede significar una cosa, ya que a Esta Autora no le ha pasado por alto que la mayor de las Sheffield ha estado muy solicitada en la pista de baile desde que la hermana pequeña hizo su singular anuncio sin precedentes en la velada musical de los Smythe -Smith de la semana pasada.
¿Quién ha oído que una chica necesitara el permiso de su hermana para escoger marido?
Y otra cuestión que tal vez sea más importante, ¿quién ha decidido que las palabras «Smythe-Smith» y «velada musical» puedan usarse en la misma frase? Esta autora asistió a una de estas reuniones en el pasado y no oyó nada que pudiera calificarse con rigor como «música».

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
22 de abril de 1814



En realidad no podía hacer nada, comprendió Marizza con consternación. Él era un vizconde, ella una mera desconocida de Somerset, y ambos estaban en medio de un salón de baile abarrotado de gente. No importaba el hecho de que él le hubiera disgustado a primera vista. Tenía que bailar con él.
_No hace falta que me arrastre _le dijo entre dientes.
Él aflojó el asimiento con gran ostentación.
Marizza apretó los dientes y se juró a sí misma que este hombre nunca convertiría a su hermana en su esposa. Su actitud era demasiado fría, demasiado superior. También era demasiado guapo, pensó de un modo algo injusto, con aterciopelados ojos marrones que combinaban a la perfección con su pelo. Era alto, sin duda superaba el metro ochenta, aunque probablemente sólo un par de centímetros, y sus labios, aunque eran hermosos desde el punto de vista clásico (Marizza había estudiado arte suficiente tiempo como para considerarse cualificada al emitir tal opinión) estaban tensos en las comisuras, como si no supiera sonreír.
_Y bien _dijo él una vez que los pies empezaron a moverse siguiendo los pasos_, pongamos que me cuenta por qué me odia.
Marizza le pisó un pie. Dios, era un hombre directo.
_Perdón, ¿cómo ha dicho?
_No hace falta que me deje lisiado, señorita Sheffield.
_Ha sido un accidente, se lo aseguro. _Y lo era, aunque en realidad no le importaba este ejemplo concreto de su falta de gracia.
_ ¿Por qué dijo en tono meditativo me resulta difícil creerla?
La franqueza, decidió Marizza con rapidez, sería su mejor estrategia. Si él podía ser directo, pues adelante, ella también.
_Puede ser _respondió con sonrisa maliciosa_ porque sabe que si se me hubiera ocurrido pisarle el pie a propósito, lo habría hecho.
Él arrojó la cabeza hacia atrás y se rió. No era la reacción que ella había esperado ni en la que había confiado. Aunque, si lo pensaba mejor, no tenía ni idea del tipo de reacción que había esperado, pero desde luego que no era eso.
_ ¿Puede dejarlo, milord? _susurró con apremio_. La gente empieza a mirar.
_La gente ha empezado a mirar hace dos minutos _le contestó_. No es frecuente que un hombre como yo baile como una mujer como usted.
Como intercambio de pullas, ésta había sido lanzada con puntería, pero para desgracia de él, también era incorrecta.
_No es cierto _contestó Marizza con desenfado_. En verdad, usted no es el primero de los idiotas locos por mi hermana que intentan congraciarse con ella a través de mí.
Él puso una mueca.
_ ¿No pretendientes sino idiotas?
Marizza encontró su mirada y se quedó sorprendida al ver auténtico regocijo ahí.
_Sin duda no va a ofrecerme un anzuelo tan delicioso como ése, ¿verdad, milord?
_Y no obstante no ha caído en la trampa _contestó él en tono meditativo.
Marizza bajó la vista para ver si había alguna manera de pisarle otra vez de forma discreta.
_Llevo unas botas muy gruesas, señorita Sheffield _le dijo él.
Ella alzó la cabeza con un rápido movimiento.
Un extremo de la boca del vizconde se curvó formando una sonrisa fingida.
_Y también tengo una vista de lince.
_Eso parece. Tendré que tener cuidado dónde piso mientras esté cerca de usted, eso seguro.
_Santo cielo _dijo él arrastrando las palabras_, ¿no habrá sido eso un cumplido? Podría morirme de la impresión.
_Si quiere considerarlo un cumplido, le dejo hacerlo _dijo con ironía_. No hay muchas probabilidades de que reciba más.
_Me hiere, señorita Sheffield.
_ ¿Quiere eso decir que su piel no es tan resistente como sus botas?
_Oh, ni mucho menos.
Marizza notó su propia risa antes incluso de caer en la cuenta de cuanto se estaba divirtiendo.
_Eso es algo que me cuesta creer.
Él esperó a que la sonrisa de ella desapareciera para decir.
_No ha contestado a mi pregunta. ¿Por qué me odia?
Una ráfaga de aire salió entre los labios de Marizza. No había contado con que él repitiera la pregunta. O al menos confiaba en que no lo hiciera.
_No le odio, milord _contestó escogiendo las palabras con sumo cuidado_. Ni siquiera le conozco.
_Conocer a alguien no es un requisito esencial para odiar _dijo él en tono suave, y sus ojos se fijaron en ella con una persistencia letal_. Vamos, señorita Sheffield, no me parece una cobarde. Responda a mi pregunta.
Marizza permaneció callada durante todo un minuto. Era cierto, no estaba predispuesta a que este hombre le cayera bien. Desde luego no iba a dar su bendición para que cortejara a Mia. No creía ni por un momento que los mujeriegos reformados fueran luego los mejores maridos. Para empezar, ni siquiera estaba segura de que un mujeriego pudiera reformarse.
Pero él podría haber sido capaz de vencer las ideas preconcebidas de Marizza. Él podría haber sido encantador y sincero y directo y ser capaz de convencerle de que las historias que aparecían en Confidencia eran una exageración, que no era el mayor golfo que había conocido Londres desde principios de siglo. Podría haberle convencido de que seguía un código de honor, que era un hombre honrado y de principios...
Si no se le hubiera ocurrido compararla con Mia.
Porque no podía haber una mentira más obvia. Marizza sabía que ella no era insoportable; su rostro y su forma eran bastante agradables. Pero de ninguna manera podía comparársela con Mia de este modo y quedar como su igual. Mia era de verdad un diamante de la mejor calidad, ella nunca superaría la media, ni llamaría la atención.
Y si este hombre decía lo contrario, entonces era que tenía algún motivo oculto, porque era obvio que no estaba ciego.
Podría haberle hecho algún otro cumplido vacuo y ella lo habría aceptado como la conversación amable de un caballero. Incluso se habría sentido halagada si sus palabras se hubieran acercado un tanto a la verdad. Pero compararla con Mia...
Marizza adoraba a su hermana. De veras, lo hacía. Y sabía mejor que nadie que el corazón de Mia era tan hermoso y radiante como su rostro. No es que se considerara una persona celosa, pero aún así... la comparación de alguna forma la hería en lo más profundo.
_No le odio _contestó por fin. Tenía los ojos fijos en la barbilla de él pero, puesto que no toleraba la cobardía y menos en ella misma, se obligó a encontrar su mirada para añadir_: Pero encuentro que no puede caerme bien.
Algo en la mirada de él le dijo que apreciaba su sinceridad directa.
_ ¿Y por qué? _preguntó con voz tranquila.
_ ¿Puedo ser franca?
Los labios de Pablo se estiraron.
_Por favor.
_Está bailando ahora mismo conmigo porque quiere cortejar a mi hermana. Eso no me importa _se apresuró a asegurarle_. Estoy muy acostumbrada a recibir atenciones de los pretendientes de Mia.
Estaba claro que no tenía la mente en los pasos de baile. Pablo apartó el pie antes de que sus pies volvieran a lastimarle. Advirtió con interés que volvía a referirse a ellos como pretendientes en vez de cómo idiotas.
_Por favor, continúe _murmuró.
_No es el tipo de hombre con el que querría que se casara mi hermana _dijo lisa y llanamente. Su actitud era directa y sus inteligentes ojos marrones no se apartaron de los de él en ningún momento_. Usted es un mujeriego. Es un vividor. En realidad es famoso por ambas cosas. No permitiría que mi hermana se acercara a tres metros de usted.
_Y no obstante _le dijo él con una sonrisita maliciosa_. He bailado el vals con ella esta noche.
_Un acto que no volverá a repetirse, se lo aseguro.
_ ¿Y le corresponde a usted decidir el destino de Mia?
_Mia confía en mi opinión _contestó remilgada.
_Ya veo _dijo él con lo que esperaba que fuera su actitud más misteriosa_. Eso es muy interesante. Pensaba que _Mia ya era mayor.
_ ¡Mia sólo tiene diecisiete años!
_Y usted es tan mayor, ¿cuántos años, veinte tal vez?
_Veintiuno _soltó con brusquedad.
_Ah, eso la convierte en una verdadera experta en hombres y en que especial en maridos. Sobre todo teniendo en cuenta que estará casada, ¿verdad?
_Sabe muy bien que no lo estoy _dijo apretando los dientes.
Pablo reprimió las ganas de sonreír. Santo Dios, sí que era divertido hacer picar el anzuelo a la mayor de las Sheffield.
_Creo que... _dijo entonces pronunciando las palabras de forma lenta e intencionada _le ha resultado relativamente fácil controlar a la mayoría de hombres que han llamado a la puerta de su hermana. ¿Es eso cierto?
Marizza guardó un silencio sepulcral.
_ ¿Es así?
Finalmente ella consintió un leve gesto de asentimiento.
_Eso pensaba _murmuró_. Parece de ese tipo.
Ella le fulminó con una mirada tan feroz que a él le costó aguantar la risa. Si no estuvieran bailando, lo más probable es que se hubiera acariciado la barbilla, fingiendo una profunda reflexión. Pero puesto que tenía las manos ocupadas en otra cosa, tuvo que contentarse con torcer de forma lenta y pesada la cabeza, algo que combinó con un gesto altivo de sus cejas.
_Pero también creo _añadió_ que comete un grave error al pensar que podrá controlarme a mí.
Los labios de Marizza formaban un línea grave y recta, pero consiguió decir:
_No intento controlarle, lord Bridgerton. Sólo intento mantenerle alejado de mi hermana.
_Lo cual demuestra, señorita Sheffield, lo poco que sabe de los hombres. Al menos de la variedad mujeriega y vividora. _Se inclinó un poco hacia ella y dejó que su aliento caliente le rozara la mejilla.
Marizza se estremeció. Él sabía que iba a estremecerse.
Sonrió con malicia.
_Hay poco que nos deleite más que un desafío.
La música concluyó entonces y les dejó de pie en medio de la pista de baile, uno de cara al otro. Pablo la cogió del brazo, pero antes de llevarla otra vez al perímetro de la sala, acercó mucho los labios al oído de Marizza y susurro:
_Y usted, señorita Sheffield, me ha retado al más delicioso de 1os desafíos.
Marizza le pisó un pie. Con fuerza. Lo suficiente para que él soltara un pequeño chillido, sin duda poco mujeriego y poco libertino.
No obstante, cuando el vizconde le lanzó una mirada hostil, ella se limitó a encogerse de hombros y a decir:
_Era mi única defensa.
La mirada de él se oscureció.
_Usted, señorita Sheffield, es una amenaza.
El vizconde le sujetó el brazo con más fuerza.
_Antes de que regrese a su santuario de acompañantes y solteronas, hay una cosa que tenemos que aclarar.
Marizza contuvo la respiración. No le gustaba el tono duro que detectaba en su voz.
_Voy a cortejar a su hermana. Y si decido que podría ser una lady Bridgerton idónea, la convertiré en mi esposa.
Marizza alzó con brusquedad la cabeza para encararse a él con fuego en los ojos.
_Entonces supongo que piensa que le corresponde a usted decidir el destino de Mia. No lo olvide, milord: aunque usted decida que va a ser una lady Bridgerton _y pronunció con desdén la palabra_ idónea, tal vez ella escoja a otra persona.
Él la miró con la seguridad del varón al que nunca contrarían.
_Si me decido a pedírselo a Mia, no dirá que no.
_ ¿Intenta decirme que ninguna mujer ha sido capaz de resistírsele?
No contestó, sólo alzó una ceja altanera para que ella misma dedujera sus propias conclusiones.
Marizza consiguió soltar su brazo y se fue hacia su madrastra a buen paso, temblando de furia, resentimiento y un poco de miedo incluso.
Porque tenía la horrorosa sensación de que él no mentía. Y si de verdad resultaba ser irresistible...
Marizza se estremeció. Ella y Mia iban a tener graves, graves problemas.



La tarde siguiente fue como cualquier tarde tras un gran baile. El salón de casa de la familia Sheffield se llenó a reventar de ramos de flores, cada uno acompañado de una escueta tarjeta blanca con el nombre Mia Seffield.
Un simple «Señorita Sheffield» habría sido suficiente, pensó Marizza con una mueca, pero supuso que en realidad no se podía culpar a los pretendientes de Mia por querer asegurarse de que las flores llegaban a la señorita Sheffield correcta.
No es que fuera probable que alguien fuera a cometer el error de equivocarse. Las flores eran por regla general para Mia. Y realmente, de regla general no había nada ya que todos los ramos que habían llegado a la residencia Sheffield durante el último mes eran para Mia. Todos.
A Marizza le gustaba pensar que, de todos modos, ella se reía la última. La mayoría de las flores le provocaban estornudos a Mia, asíque los ramos solían acabar en el dormitorio de Marizza.
_Oh, preciosidad _dijo mientras rozaba con ternura una hermosa orquídea_. Creo que tu sitio está sobre la cabecera de mi cama. Y vosotras _se inclinó hacia delante y olisqueó un ramo de perfectas rosas blancas_, vosotras estaréis imponentes sobre mi tocador.
_ ¿Siempre le habla a las flores?
Marizza se giró en redondo al oír el sonido de una profunda voz masculina. Santo cielo, era lord Bridgerton con un aspecto pecaminosamente apuesto con su chaqué azul de mañana. ¿Qué diantres estaba haciendo aquí?
No tenía sentido quedarse callada sin hacer preguntas.
_ ¿Qué dian... _Se contuvo justo a tiempo. No permitiría que este hombre la rebajara a maldecir en voz alta, por mucho que lo hiciera para sus adentros_. ¿Qué hace aquí?
El vizconde alzó una ceja mientras retocaba el gran ramo que llevaba debajo del brazo. Rosas rosas, advirtió ella. Eran preciosas. Sencillas y elegantes. Exactamente el tipo de cosa que elegiría para sí misma.
_Creo que la costumbre es que los pretendientes visiten a las jovencitas, ¿no es cierto? _murmuró_. ¿O he confundido el libro de protocolo?
_Quería decir _masculló Marizza_, ¿cómo ha entrado? Nadie me ha avisado de su llegada.
Indicó el vestíbulo con una inclinación de cabeza.
_El sistema habitual. He llamado a la puerta.
La mirada de irritación de Marizza al advertir su sarcasmo no impidió que él continuara:
_Aunque parezca asombroso, su mayordomo contestó. Luego le di mi tarjeta, le dio una mirada y me acompañó hasta el salón. Aunque me encantaría reivindicar algún tipo de taimado y turbio subterfugio__ continuó sin dejar un tono extraordinariamente altanero_, lo cierto es que ha sido del todo sencillo, sin tapujos.
_Mayordomo infernal _farfulló Marizza_. Se supone que tiene que cerciorarse de que «estamos en casa» antes de dejar pasar a alguien.
_Tal vez tenga instrucciones previas de que «estarán en casa» para mí bajo cualquier circunstancia.
Marizza se irritó.
_Yo no le he dado instrucciones de ese tipo.
_No _respondió lord Bridgerton con una risita_, nunca lo habría pensado.
_Y sé que Mia no lo la hecho.
Él sonrió.
_ ¿Tal vez su madre?
Por supuesto.
_Mary _gruñó ella, un mundo de acusaciones en aquella única palabra.
_ ¿La llama por su nombre de pila? _preguntó él con amabilidad. Marizza asintió.
_En realidad es mi madrastra. Aunque es la única madre que he conocido. Se casó con mi padre cuando yo sólo tenía tres años. No sé por qué sigo llamándola Mary. _Sacudió un poco la cabeza al tiempo que alzaba los hombros y los encogía con gesto de perplejidad_. Pero lo hago.
Los ojos marrones del vizconde continuaban fijos en el rostro de ella. Marizza cayó de pronto en la cuenta: acababa de permitir que este hombre _su Némesis, en realidad_ accediera a un pequeño rincón de su vida. Notó que las palabras «lo siento» borbotaban en su lengua; un reflejo, pensó, por haber hablado más de la cuenta. Pero no quería pedir disculpas a este hombre por nada, así que dijo:
_Me temo que Mia ha salido, de modo que su visita ha sido para nada.
_Oh, no lo creo _contestó. Cogió el ramo de flores que había tenido bajo el brazo derecho con la otra mano y, cuando lo sacó, Marizza vio que no se trataba de un ramo enorme sino de tres más pequeños.
_Éste _dijo, mientras dejaba uno sobre una mesita auxiliar_ es para Mia. Y éste hizo lo mismo con el segundo es para su madre.
Le quedaba un solo ramo. Marizza se quedó paralizada de impresión, incapaz de apartar los ojos de los perfectos capullos rosas. Sabía qué se traía él entre manos, que el motivo de incluirla en aquel detalle era presionar a Mia, pero, maldición, nadie le había traído flores antes, y hasta ese momento preciso no se había dado cuenta de cuánto deseaba que alguien lo hiciera.
_Éstas _finalizó él mientras sostenía el último arreglo floral de rosas_ son para usted.
_Gracias _dijo con vacilación cogiéndolas entre sus brazos_. Son preciosas. _Se inclinó hacia delante para olerlas y suspiró de placer con su intenso aroma. Cuando volvió a alzar la vista añadió_: Ha sido muy considerado de su parte pensar en Mary y en mi.
Él hizo una gentil inclinación con la cabeza.
_Ha sido un placer para mí. Tengo que confesar que, en una ocasión, un pretendiente de mi hermana hizo lo mismo con mi madre, y creo que nunca la he visto tan encantada.
_ ¿A su madre o a su hermana?
Él sonrió con su descarada pregunta.
_A las dos.
_ ¿Y qué sucedió con el pretendiente? _preguntó Marizza.
La mueca de Pablo se volvió maliciosa en extremo.
_Se casó con mi hermana.
_Mmmf. No piense en la probabilidad de que la historia se repita. Pero... _Marizza tosió pues no tenía especial interés en ser franca con aquel hombre, aunque se sentía por completo incapaz de hacer otra cosa_. Pero las flores son de verdad preciosas, y... y ha sido un detalle encantador por su parte. _Tragó saliva. Esto no le resultaba fácil_. Y se lo agradezco.
Él hizo una ligera inclinación hacia delante. Sus ojos marrones estaban claramente conmovidos.
_Una frase muy amable dijo pensativo. Y más teniendo en cuenta que iba dirigida a mí. Vaya, no ha sido tan difícil, ¿verdad que no?
En un instante, Marizza pasó de estar inclinada con gesto encantador sobre las flores a adoptar una rigidez incómoda.
_Parece tener una habilidad especial para decir exactamente lo indebido.
_Sólo cuando tiene que ver con usted, mi querida señorita Sheffield. Le aseguro que otras mujeres confían en cada una de mis palabras.
_Eso he leído _musitó ella.
Los ojos de él se iluminaron.
_ ¿Es de ahí de donde ha sacado sus opiniones sobre mí? ¡Por supuesto! La estimable lady Confidencia. Debería haberlo sabido. Caray, me encantaría estrangular a esa mujer.
_A mí me parece bastante inteligente y muy acertada _replicó Marizza de modo escueto.
_Cómo no _respondió él.
_Lord Bridgerton dijo Marizza entre dientes. Estoy segura de que no ha venido de visita para insultarme. ¿Quiere que deje un mensaje para Mia de su parte?
_Creo que no. No tengo mucha confianza en que llegue a sus manos sin manipular.
Eso ya era demasiado.
_Nunca osaría interferir en la correspondencia de otra persona_consiguió decir Marizza. Todo su cuerpo temblaba de rabia, y si hubiera sido una mujer menos controlada sin duda se habría lanzado a su cuello_. ¿Cómo se atreve a insinuar lo contrario?
_Si he de ser sincero, señorita Sheffield _dijo con una calma fastidiosa_, la verdad es que no la conozco demasiado bien. La única certeza es su ferviente declaración de que nunca me encontraré a tres metros de la presencia angelical de su hermana. Dígame usted, ¿si fuera yo, dejaría una nota con tranquilidad?
_Si intenta obtener la aceptación de mi hermana a través de mí un _contestó Marizza en tono gélido_ no lo está haciendo demasiado bien.
_Soy consciente de ello _dijo él_. Desde luego que no debería provocarla. No está bien por mi parte, ¿verdad que no? Pero me temo que no puedo evitarlo. _Puso una mueca desvergonzada y estiró las manos con gesto de impotencia_. ¿Qué puedo decir? Usted tiene ese efecto sobre mí, señorita Sheffield.
Marizza tuvo que reconocer con consternación que aquella sonrisa era una verdadera fuerza a tener en cuenta. De pronto sintió que le flaqueaban las fuerzas. Un asiento, sí, lo que le hacía falta era sentarse.
_Por favor, siéntese _dijo Marizza indicando con un ademán el sofá de damasco azul mientras ella cruzaba con dificultad la habitación para ocupar una silla. No es que deseara especialmente que él se entretuviera por aquí, pero resultaría complicado sentarse ella sin ofrecer asiento a su vez, y notaba que las piernas le temblaban de un modo atroz.
Tal vez al vizconde le pareciera peculiar aquel repentino acceso de amabilidad, pero no dijo nada. En vez de ello, retiró un largo estuche negro que se encontraba sobre el sofá y lo colocó encima de la mesa; luego ocupó su asiento.
_ ¿Es esto un instrumento musical? _preguntó indicando el estuche.
Marizza asintió con la cabeza.
_Una flauta.
_ ¿Toca?
Ella negó con la cabeza, pero luego la ladeó un poco y asintió.
_Intento aprender. He empezado este mismo año.
El vizconde hizo un gesto afirmativo como respuesta. Parecía que aquello ponía fin al tema ya que luego preguntó con amabilidad:
_ ¿Cuándo espera que regrese Mia?
_Al menos tardará una hora, creo yo. El señor Berbrooke la ha llevado a dar un paseo en su carrocín.
_ ¿Javier Berbrooke? _Casi se le atraganta aquel nombre.
_Sí, ¿por qué?
_Ese hombre sólo tiene pelo en la cabeza.
_Y eso que se está quedando calvo. _Marizza no pudo evitar el comentario.
Él puso una mueca divertida.
_Pues si eso no apoya mi tesis, ya no sé que decir.
Marizza había llegado a la misma conclusión sobre la inteligencia del señor Berbrooke, o más bien su carencia, pero preguntó.
_ ¿No se considera maleducado insultar a los pretendientes rivales?
Pablo dejó ir un pequeño resoplido.
_No ha sido un insulto. Es la verdad. El año pasado cortejó a mi hermana. O lo intentó. Daphne hizo todo lo que pudo para disuadirle. Es bastante buen tipo, lo reconozco, pero no me gustaría que me construyera un barco si estuviera perdido en una isla desierta.
Marizza tuvo una extraña e inoportuna visión del vizconde perdido en una isla desierta, con la ropa echa jirones, la piel bañada por el sol. Le dejó una sensación incómoda de calor.
Pablo ladeó la cabeza y la observó con mirada socarrona.
_Perdone, señorita Sheffield, ¿se encuentra bien?
_ ¡Muy bien! Su respuesta fue casi un ladrido. Nunca me había encontrado mejor. ¿Qué estaba diciendo?
_Parece un poco acalorada. _Se inclinó para mirarla de cerca. La verdad, no tenía buen aspecto.
Marizza se abanicó.
_Aquí hace un poco de calor, ¿no le parece? Pablo sacudió la cabeza con parsimonia.
_En absoluto.
Marizza miró con anhelo la puerta abierta.
_Me pregunto dónde está Mary.
_ ¿La espera?
_No es habitual en ella dejarme sin acompañante durante tanto tiempo_explicó.
¿Sin acompañante? Las ramificaciones de aquel comentario eran alarmantes. Pablo de pronto tuvo la visión de verse obligado a casarse con la mayor de las señoritas Sheffield, lo cual le provocó un inmediato sudor frío. Marizza era tan diferente a cualquier debutante que él hubiera conocido que había olvidado por completo que incluso necesitaban una acompañante.
_Tal vez no esté enterada de que me encuentro aquí _se apresuró a comentar.
_Sí, seguro que se trata de eso. _Marizza se puso en pie como movida por un resorte y cruzó la habitación hasta el tirador de la campanilla. Con un fuerte tirón, dijo:
_Llamaré para que alguien la avise. Estoy segura de que no quiere dejar de saludarle.
_Bien. Tal vez pueda hacernos compañía mientras esperamos a que regrese su hermana _comentó él.
Marizza se paralizó cuando aún se encontraba a medio camino de la silla.
_ ¿Tiene planeado esperar a Mia?
Él se encogió de hombros y disfrutó del desasosiego de ella.
_No tengo más planes para esta tarde.
_Pero puede tardar horas!
_Como mucho una hora, estoy seguro, y aparte... _Se detuvo al advertir la llegada de una doncella al umbral de la puerta.
_ ¿Ha llamado, señorita? _preguntó la doncella.
_Sí, gracias, Annie _contestó Marizza_. ¿Harás el favor de informar a la señora Sheffield de que tenemos un invitado?
La doncella hizo una inclinación y se marchó.
_Estoy segura de que Mary bajará en cualquier momento _dijo Marizza, totalmente incapaz de dejar de dar golpecitos con el pie_. En cualquier momento, estoy segura.
Él sonrió de aquel modo tan fastidioso, con aire terriblemente relajado y muy cómodo en el sofá.
Se hizo un silencio embarazoso en la habitación. Marizza le dedicó una sonrisa tensa. Él se limitó a alzar una ceja como respuesta.
_Estoy segura de que vendrá...
_En cualquier minuto _concluyó él, quien parecía disfrutar de lo lindo.
Marizza se hundió en su asiento e intentó no hacer una mueca. No lo consiguió.
Justo en ese instante, se armó un pequeño revuelo en el vestíbulo. Unos cuantos ladridos caninos decididos, a los que siguieron un agudo chillido:
_Newton! ¡Newton! ¡Para ahora mismo!
_ ¿Newton? _ inquirió el vizconde.
Mi perro explicó Marizza con un suspiro al tiempo que se ponía en pie_. No se...
_ ¡NEWTON!
_...no se lleva demasiado bien con Mary, me temo. Marizza se fue hasta la puerta. ¿Mary? ¿Mary?
Pablo se levantó detrás de Marizza y dio un respingo cuando el perro soltó tres estridentes ladridos más a los que de inmediato siguió otro chillido aterrorizado de Mary.
_ ¿Qué es? _masculló él_. ¿Un mastín? _Tenía que ser un mastín. La mayor de las Sheffield parecía justo el tipo de persona que tiene un mastín devorador de humanos a su entera disposición.
_No _respondió Marizza mientras se apresuraba a salir al vestíbulo mientras Mary soltaba otro chillido_. Es un...
Pero Pablo no escuchó sus palabras. De cualquier modo, no importaba demasiado, ya que un segundo después entró trotando el corgi de aspecto más benigno que había visto en su vida, con un espeso pelaje color caramelo y una barriga que casi arrastraba por el suelo.
Pablo se quedó paralizado a causa de la sorpresa. ¿Ésta era la temible criatura del vestíbulo?
_Buenos días, perro _dijo con firmeza. El perro se detuvo en seco, se sentó y...
¿sonrió?

Capítulo 4



Lamentablemente, Esta Autora ha sido incapaz de determinar todos los detalles, pero el pasado jueves hubo un considerable revuelo cerca de The Serpentine en Hyde Park en el que estuvieron implicados el vizconde de Bridgerton, el señor Javier Berbrooke, las dos señoritas Sheffield y un perro no identificado de raza indeterminada.
Esta Autora no fue testigo presencial, pero todas las versiones parecen apuntar a que el perro no identificado se alzó como vencedor.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
25 de abril de 1814



Marizza regresó a trompicones al salón cogida del brazo de Mary, ambas se apretujaron a través de la puerta al mismo tiempo. Newton estaba feliz, sentado en medio de la sala, echando pelo sobre la alfombra azul y blanca mientras sonreía al vizconde.
_Creo que le cae bien _dijo Mary con un tono en cierto modo acusador.
_Tú también le caes bien, Mary _explicó Marizza_. El problema es que él no te cae bien a ti.
_Me caería mejor si no intentara importunarme cada vez que cruzo el vestíbulo.
_Pensaba que había dicho que la señora Sheffield y el perro no se llevaban bien _comentó lord Bridgerton.
_Así es _respondió Marizza_. Bueno, sí se llevan bien. Bueno, no y si...
_Eso aclara las cosas infinitamente _murmuró Bridgerton.
Marizza hizo caso omiso de su tranquilo sarcasmo.
_Newton adora a Mary _explicó_, pero Mary no adora a Marizza.
_Yo le adoraría un poco más _interrumpió Mary_ si él me adorara un poco menos.
_De modo que _continuó Marizza con decisión_ el pobre Newton considera a Mary una especie de rival. Por eso cada vez que la ve..._Se encogió de hombros con gesto de impotencia_. Bien, me temo que simplemente la adora más.
Como si le hubieran dado pie, el perro se quedó mirando a Mary y se fue directo a colocarse a sus pies.
_ ¡Marizza! _exclamó la buena mujer.
Marizza se apresuró a ponerse al lado de su madrastra, justo cuando Newton se incorporaba sobre las patas traseras y plantaba las delanteras sobre las rodillas de Mary.
_ ¡Newton, abajo! _le reprendió_. Perro malo. Perro malo.
El perro se sentó otra vez con un pequeño gemido.
_Marizza_dijo Mary con voz extremadamente firme_, hay que sacar a este perro a pasear. Ahora.
_Es lo que planeaba hacer cuando llegó el vizconde _replicó Marizza al tiempo que hacía una indicación al hombre que se encontraba al otro lado de la habitación. La verdad, era extraordinario el número de cosas de las que podía culpar a ese hombre insufrible si se paraba a pensar.
_ ¡Oh! dijo Mary con un grito . Le ruego me disculpe, milord. Qué descortés por mi parte no haberle saludado.
_No se preocupe dijo con tranquilidad. Estaba un poco absorta al llegar.
_Sí _rezongó Mary_, esa bestia de perro... Oh, pero ¿qué modales son estos? ¿Puedo ofrecerle un té? ¿Algo de comer? Qué amable que haya venido a visitarnos.
_No, gracias. He estado disfrutando de la estimulante compañía de su hija mientras espero la llegada de la señorita Mia.
_Ah, sí _respondió Mary_. Mia ha salido con el señor Berbrooke creo. ¿No es así, Marizza?
Marizza asintió con gesto impávido, no estaba segura de si le gustaba que la llamaran «estimulante».
_ ¿Conoce al señor Berbrooke, lord Bridgerton? _preguntó Mary.
_Ah, sí _contestó él con lo que a Marizza le pareció una reticencia bastante sorprendente_. Sí que le conozco.
_No estaba segura de si debía permitir que Mia saliera con él a dar un paseo. Esos carrocines son terriblemente difíciles de manejar, ¿no es cierto?
_Creo que el señor Berbrooke tiene mano firme para los caballos_contestó Pablo.
_Oh, bien _respondió Mary, y dejó ir un suspiro de gran alivio _. Sin duda me deja más tranquila.
Newton soltó un ladrido entrecortado, más bien para recordar su presencia a todo el mundo.
_Mejor busco su correa y lo llevo a andar un poco _se apresuró a decir Marizza. Sin duda le sentaría bien un poco de aire fresco. Y también se alegraría de escapar por fin de la endiablada compañía del vizconde.
_Si me disculpan...
_ ¡Pero, Marizza, espera! _llamó su madre_. No puedes dejar a que lord Bridgerton aquí conmigo. Estoy segura de que se morirá de aburrimiento.
Marizza se volvió muy despacio, temerosa de oír las siguientes palabras de Mary.
_Usted nunca podría aburrirme _dijo el vizconde como el mujeriego desenvuelto que era.
_Oh, sí que puedo _le aseguró Mary_. Nunca se ha visto atrapado en una conversación conmigo durante una hora. Que es lo que Mia tardará en regresar.
Marizza se quedó mirando a su madrastra, del todo boquiabierta a causa del asombro. ¿Qué diablos estaba haciendo?
_ ¿Por qué no va con Marizza a sacar a Newton a pasear? _sugirió Mary.
_ Oh, pero nunca podría pedir a lord Bridgerton que me acompañe a cumplir con una de mis tareas dijo Marizza enseguida. Sería muy descortés y, al fin y al cabo, es un estimado invitado.
_No seas tonta _respondió Mary antes de que el vizconde tan siquiera pudiera mediar palabra_. Estoy segura de que no se lo tomará como una tarea. ¿O sí, milord?
_Por supuesto que no _murmuró con aspecto por completo sincero. Pero, la verdad, ¿que otra cosa podía decir?
_Ya está. Esto lo deja claro _dijo Mary, quien sonaba demasiado complacida consigo misma_. ¿Quién sabe? Es posible que se topen con Mia durante el paseo. ¿No estaría bien?
_Desde luego _dijo Marizza en voz baja. Sería fantástico librarse del vizconde, pero lo último que quería era dejar que su hermana cayera en sus garras. Ella aún era joven e impresionable. ¿Y si no era capaz de resistirse a sus sonrisas? ¿O a su palabrería?
Incluso Marizza estaba dispuesta a admitir que lord Bridgerton destilaba un encanto considerable, ¡y eso que a ella le caía mal! Mia, con su naturaleza menos recelosa, sin duda se sentiría abrumada por él.
Se volvió al vizconde.
_No debe sentirse obligado a acompañarme a sacar a Newton de paseo, milord.
_Será un placer _repuso él con sonrisa maligna, y Marizza tuvo la clara impresión de que él accedía a acompañarla con el único propósito de sacarla de quicio_. Aparte _continuó_, como ha dicho su madre, podríamos ver a Mia, ¿y no sería una coincidencia deliciosa?
_Deliciosa _contestó Marizza con tono cansino_. Sencillamente deliciosa.
_ ¡Excelente! _ dijo Mary dando unas palmadas de alegría _. Veo la correa de Newton encima de la mesa del vestíbulo. Un momento, yo te la traigo.
Pablo observó salir a Mary y luego se volvió a Marizza para decirle:
_Eso le ha quedado muy bien.
_Ya ve usted... _masculló Marizza.
_ ¿Cree _susurró él inclinándose hacia Marizza_ que intenta emparejarme con Mia o con usted?
_ ¿Conmigo? _ replicó Marizza casi con un graznido _. Seguro que está de broma.
Pablo se frotó el mentón con aire pensativo mientras observaba la puerta por la que Mary acababa de salir.
_No estoy seguro _dijo con tono meditabundo_, pero... _Cerró la boca al oír las pisadas de Mary acercándose de nuevo.
_Aquí tienes _dijo la madrastra al tiempo que le tendía la correa a Kate. Newton ladró con entusiasmo y retrocedió como si se preparara para embestir contra Mary, sin duda para colmarla de todo tipo de muestras de su amor difícil de aceptar, pero Marizza lo sujetó con firmeza por el collar.
_Aquí tiene _corrigió Mary con rapidez, y tendió la correa a Pablo en vez de a Marizza _. ¿Por qué no le da esto a Marizza? Yo mejor no me acerco mucho.
Newton ladró y miró con anhelo a Mary quien se apartaba cuanto podía.
_Vamos a ver dijo con contundencia Pablo al perro. Siéntate y estáte quieto.
Para gran sorpresa de Marizza, Newton obedeció y posó su trasero regordete sobre la alfombra con una presteza casi cómica.
_Así _dijo Pablo, quien sonaba bastante complacido consigo mismo. Le tendió la correa a Marizza.
_ ¿Hace los honores o me encargo yo?
_Oh, prosiga _contestó ella_. Parece tener afinidad con los sucanes.
_Es evidente _replicó cortante, aunque mantuvo el tono bajo para que Mary no pudiera oírle_ que no se diferencian tanto de las mujeres. Ambas razas confían en todo lo que digo.
Marizza le pisó la mano cuando él se arrodilló para ajustar la correa al collar del perro.
_ ¡Ay! dijo ella con poca sinceridad . Cuánto lo siento.
_Su tierna preocupación me amedrenta de veras _le contestó mientras volvía a levantarse _. Podría echarme a llorar.
Mary desplazaba la mirada de Marizza a Pablo. No podía oír lo que decían pero era evidente que estaba fascinada.
_ ¿Sucede algo? _preguntó.
_No, en absoluto _contestó Pablo al mismo tiempo que Marizza pronunciaba un firme «No».
_Bien _dijo Mary con energía_. Entonces les acompañaré a la puerta. _Y ante el ladrido entusiasta de Newton, añadió_: Pues, igual que antes, tal vez mejor que no. No quiero acercarme a tres metros de ese perro. Pero me despediré desde aquí.
_ ¿Qué haría yo le dijo Marizza a Mary al pasar a su lado si te tuviera a ti para despedirme?
Mary sonrió con gesto astuto.
_Sin duda, yo no lo sé, Marizza, sin duda no lo sé.
Lo cual dejó a Marizza con una sensación revuelta en el estómago y la vaga sospecha de que tal vez lord Bridgerton tuviera razón. Quizá Mary esta vez estuviera haciendo de casamentera con alguien más que con Mia.
Era una idea horripilante.
Con Mary de pie en el vestíbulo, Marizza y Pablo salieron por la puerta de entrada y se encaminaron en dirección oeste por Milner Street.
_Normalmente me quedo por las calles pequeñas y voy paseando hacia Brompton Road _explicó Marizza, pensando que tal vez él no estuviera familiarizado con esta zona de la ciudad_, luego sigo la calle hasta Hyde Park. Pero podemos caminar directamente por Sloane Street, si lo prefiere.
_Decida lo que decida _no quiso poner reparos_, yo seguiré en esa dirección.
_Muy bien _contestó Marizza y marchó con decisión por Milner Street en dirección a Lenox Gardens. Tal vez si mantenía la vista al frente y se movía a paso vigoroso, él desistiría de conversar. Se suponía que los paseos diarios con Newton eran su tiempo de reflexión personal. No le hacía gracia tener que llevarle a él.
Su estrategia funcionó bastante bien durante varios minutos. Caminaron en silencio durante todo el trayecto hasta la esquina de Hans Crescent y Brompton Road, y luego, sin más preámbulos, él dijo:
_Mi hermano nos tomó el pelo ayer por la noche.
Aquello hizo que Marizza se detuviera en seco.
_Perdón, ¿cómo ha dicho?
_ ¿Sabe qué me había estado contando antes de que nos presentara?
Marizza dio un traspiés antes de negar con la cabeza. No, Newton no se había parado, por supuesto, y tiraba de la correa como un loco.
_Me dijo que usted y él habían mantenido algunas palabras sobre mi.
_Bueeeeno _exclamó Marizza, conteniéndose_-. Por decirlo con cierta educación, eso no es del todo cierto.
_Mi hermano quiso dar a entender que usted sólo tenía buenas palabras para conmigo.
Marizza no debería haber sonreído.
_Eso no es cierto.
Probablemente él tampoco debería haber sonreído, pero Marizza se alegró.
_Yo no pensé eso _contestó él.
Tomaron Brompton Road en dirección a Knightsbridge y Hyde Park, y Marizza preguntó:
_ ¿Por qué iba a hacer su hermano algo así?
Pablo le dedicó una mirada de soslayo.
_ ¿No tiene ningún hermano, verdad?
_No, sólo Mia, me temo, y ella es decididamente femenina.
_Mi hermano lo hizo _continuó él_ con el único objetivo de torturarme.
_Un objetivo noble _dijo Marizza bajando la voz.
_La he oído.
_Esperaba que lo hiciera _añadió ella.
_Y también supongo que quería torturarla a usted.
_ ¿A mí? _ exclamó _ ¿Y por qué? ¿Qué podría haberle hecho yo a él?
_Podría haberle provocado en cierto sentido al denigrar a su querido hermano _ sugirió.
Arqueó las cejas.
_ ¿Querido?
_ ¿Admirado? _intentó él.
Marizza sacudió la cabeza.
_Tampoco cuela.
PAblo puso una mueca. La mayor de las señoritas Sheffield, pese a sus molestos hábitos mandones, tenía un ingenio admirable. Habían llegado a Knightsbridge, de modo que él la cogió del brazo para cruzar la carretera y tomar uno de los pequeños senderos que llevaban al paseo de South Carriage Road, ya dentro de Hyde Park. Newton, que era en el fondo un perro de campo, aceleró el paso de forma considerable nada más entraron en un entorno más verde, aunque era difícil imaginarse al corpulento can moviéndose a un paso al que calificar como rápido sin incurrir en error.
De todos modos, el perro parecía bastante alegre y estaba claro que se interesaba por cada flor, animalillo o transeúnte que se cruzaba en su camino. El aire primaveral era fresco, pero el sol calentaba y el cielo era de un sorprendente azul claro después de tantos días de lluvia típicamente londinense. Y aunque la mujer que llevaba Pablo del brazo no era con la que tenía planeado casarse _en realidad era una mujer con la que no tenía nada planeado_, Pablo notó que le invadía una grata sensación de satisfacción.
_ ¿Le parece que crucemos hasta Rotten Row? _le preguntó a Marizza.
_ ¡Humm? _Fue su respuesta distraída. Tenía el rostro inclinado hacia arriba, al sol, y disfrutaba de su calor. Y durante un momento de extremo desconcierto, Pablo sintió una penetrante punzada de... algo.
¿Algo? Sacudió un poco la cabeza. No era posible que fuera deseo. No por esa mujer.
_ ¿Ha dicho algo? _murmuró ella.
Se aclaró la garganta y respiró hondo con la esperanza de aclarar su cabeza. En vez de ello, lo que percibió fue el olorcillo embriagador de su aroma, que era una combinación peculiar de lirios exóticos y práctico jabón.
_Parece que está disfrutando del sol _comentó Pablo.
Ella sonrió y se volvió hacia él con la mirada clara.
_Sé que no es eso lo que ha dicho, pero sí, disfruto. Ha hecho un tiempo tan lluvioso últimamente...
_Pensaba que las damas jóvenes no debían permitir que el sol les diera en el rostro _bromeó él.
Ella se encogió de hombros, sin el menor indicio de vergüenza al responder.
_Pues no. Es decir, se supone que no debemos permitirlo, pero es una delicia. _Dejó ir un pequeño suspiro, y su rostro reflejó un gesto de anhelo tan intenso que Pablo suspiró por ella_. Ojalá pudiera quitarme el sombrero _comentó anhelante.
Pablo hizo un gesto de asentimiento pues él tenía ganas de hacer algo parecido con su sombrero.
_Creo que podría empujarlo un poquito hacia atrás sin que nadie se dé cuenta _sugirió.
_ ¿Cree que sí? _Todo su rostro se iluminó ante aquella perspectiva. Aquella extraña punzada de algo perforó de nuevo las entrañas de Pablo.
_Por supuesto _murmuró y alzó una mano para ajustarle el ala del sombrero. Era uno de esos extraños tocados que parecían gustar a las mujeres, todo cintas y encajes, atados de tal manera que ningún hombre razonable podría encontrarle algún sentido.
_Así, permanezca quieta un momento. Lo ajustaré.
Marizza no se movió, tal y como él le había ordenado con amabilidad, pero cuando le rozó la piel de la sien sin querer, ella incluso dejó de respirar. Estaba tan cerca, había algo peculiar en aquello. Marizza podía sentir el calor de su cuerpo, el aroma limpio, enjabonado de Pa lo.
Y aquella sensación propagó de inmediato por todo su cuerpo un hormigueo que la puso alerta.
Le odiaba, o al menos le provocaba un profundo desagrado y reprobación. No obstante, sintió una absurda disposición a inclinarse un poco hacia delante, hasta que el espacio entre sus cuerpos se vio comprimido a nada y...
Tragó saliva con fuerza y se obligó a sí misma a retrasarse. Santo cielo, ¿qué se había apoderado de ella?
_Aguante un momento _le dijo él_, aún no he acabado.
Marizza alzó también las manos para ajustarse el sombrero.
_Estoy segura de que está bien. No tiene que... que molestarse.
_ ¿Puede disfrutar del sol un poco mejor? _preguntó él.
Ella asintió, pese a que estaba tan trastornada que ni tan siquiera estaba segura de que fuera cierto.
_Sí, gracias. Qué detalle. Yo... ¡oh!
Newton soltó una sonora sucesión de ladridos y tiró de la correa. Con fuerza.
_ ¡Newton! _llamó Marizza mientras la correa la propulsaba hacia delante. Pero el perro ya tenía algo en su mira. Ella no tenía ni idea del qué, y avanzaba con entusiasmo tirando de Marizza, quien se encontró dando un traspiés con el cuerpo impelido en una línea diagonal, los hombros claramente por delante del resto del cuerpo_. ¡Newton!_ volvió a llamarle con impotencia_. ¡Newton! ¡Para!
Pablo observó divertido que el perro salía disparado como un bólido, moviéndose hacia delante con más velocidad de la que hubiera imaginado que podrían permitirle sus cortas y rechonchas patas.
Marizza procuraba con valentía mantener agarrada la correa, pero Newton ahora ladraba como un loco y corría con igual vigor.
_Señorita Sheffield, permítame coger la correa _se ofreció él con voz de trueno al tiempo que se adelantaba para ayudarla. No era la manera más seductora de hacer de héroe, pero cualquier cosa servía cuando uno intentaba impresionar a la hermana de su futura esposa.
Pero justo cuando Pablo llegó a su altura, Newton dio un fiero tirón de la correa, que se escapó del asimiento de Marizza y salió volando por los aires. Con un chillido, su dueña se lanzó hacia delante, pero el perro ya se había ido corriendo con la correa saltando sobre la hierba tras él.
Pablo no sabía si reírse o gruñir. Estaba claro que Newton no tenía ninguna intención de dejarse atrapar.
Marizza se quedó paralizada durante un instante, tapándose la boca con la mano. Luego encontró la mirada de Pablo, y él tuvo una intuición clara de que sabía lo que pretendía...
_Señorita Sheffield dijo a toda prisa. Estoy seguro de que... Pero ella ya había salido corriendo y chillando « ¡Newton! » con indiscutible falta de decoro. Pablo dejó ir un suspiro cansino y empezó a correr tras ella. No podía dejarla perseguir sola al perro y pretender a la vez seguir llamándose caballero.
Pero Marizza llevaba de todos modos un poco de ventaja, y cuando PAblo la alcanzó al doblar un recodo ya se había detenido. Respiraba con dificultad e inspeccionaba los alrededores con los brazos en jarras.
_ ¿A dónde habrá ido? _preguntó Pablo intentando olvidar que había algo bastante excitante en una mujer jadeante.
_No lo sé. Se detuvo para coger aliento. Supongo que estará cazando algún conejo.
_Oh, vaya, pues bien, así será fácil atraparlo dijo puesto que los conejos se mantienen siempre cerca de los caminos más transitados.
Marizza frunció el ceño al oír su sarcasmo.
_ ¿Qué podemos hacer?
Su mente no estaba lo bastante clara como para responder en ese momento. «Volver a casa y agenciarse un perro de verdad», pensó, pero ella tenía un aspecto tan preocupado que se mordió la lengua. En sí, observándola mejor, tenía un aspecto más irritado que preocupado, pero estaba claro que había un poco de preocupación en la mezcla.
De modo que optó por decir:
_Propongo que esperemos hasta que oigamos chillar a alguien. En cualquier momento tiene que meterse corriendo entre los pies de alguna damisela y darle un susto de muerte.
_ ¿Eso cree? _no parecía convencida_. Porque no es un perro que dé mucho miedo. Él se lo cree, y en realidad es un cielo, pero la verdad es que...
_ ¡Iiiiiiieeeeeak!
_Creo que tenemos la respuesta _dijo Pablo secamente, y entonces salió corriendo en dirección al grito de la dama anónima.
Marizza se apresuró tras él, atajando a través del césped en dirección a Rotten Row. El vizconde corría delante, y lo único en lo que Marizza pudo pensar fue en que él debía de desear de veras casarse con Mia: pese a quedar claro que era un atleta espléndido, no daba una imagen demasiado digna corriendo a lo loco por el parque tras un corgi rechoncho. Aún peor, iban a tener que correr justo por en medio de Rotten Row, la vía favorita de la aristocracia para cabalgar y pasear en carruaje por Hyde Park.
Todo el mundo iba a verles. Un hombre menos decidido se habría rendido hacía rato.
Marizza continuó corriendo tras ellos, pero cada vez le sacaban más ventaja. No es que hubiera vestido pantalones muchas veces, pero con toda certeza era más fácil correr con esa prenda que con faldas. En especial cuando te encontrabas en público y no podías levantártelas por encima de los tobillos.
Atravesó Rotten Row a toda velocidad, negándose a mirar a los ojos de ninguna dama o caballero elegante de los que se encontraban allí paseando con sus caballos. Siempre existía la posibilidad de que no la identificaran con la muchacha marimacho que corría por el parque como si alguien le pisara los talones. Sólo era una posibilidad remota, pero estaba ahí.
Cuando volvió a entrar en el césped, tropezó por un instante y tuvo que detenerse para tomar aliento un par de veces. Entonces comprendió con horror que estaban casi a la altura del estanque Serpenune.
Oh, no.
Había pocas cosas que a Newton le gustaran más que saltar al interior de un lago. Y el sol calentaba lo bastante como para que pudiera apetecer, y más si daba la casualidad de que eras un animal cubierto de espeso y pesado pelaje, un animal que llevaba cinco minutos corriendo a una velocidad vertiginosa. Bueno, vertiginosa para un corgi con exceso de peso.
Pero suficiente, advirtió Marizza con cierto interés, como para mantener a raya a un vizconde de metro ochenta y pico.
Marizza se levantó las faldas una pulgada más o menos _al cuerno los mirones, no podía andarse ahora con remilgos _y echó a correr otra vez. No había manera de alcanzar a Newton, pero tal vez pudiera alcanzar a lord Bridgerton antes de que matara al perro.
Porque él tenía que tener en mente matarlo, aquel hombre tenía que ser un santo si no quisiera asesinar a Newton.
Y si sólo el uno por ciento de lo que se decía de él en Confidencia era cierto, desde luego no era un santo.
Marizza tragó saliva.
_ ¡Lord Bridgerton! _llamó en un intento de pedirle que detuviera la persecución. Esperaría sencillamente a que el perro se agotara. Con sus patas de diez centímetros, eso tenía que suceder más tarde o más temprano_. ¡Lord Bridgerton! Podemos...
Marizza se detuvo en seco. ¿No era ésa Mia, allí al lado del Serpentine? Miró entrecerrando los ojos. Era Mia, de pie con suma gracia con las manos entrelazadas delante del cuerpo. Y parecía que un desventurado señor Berbrooke estaba realizando algún tipo de reparación en su carrocín.
Newton se detuvo en seco durante un momento y descubrió a Mia en el mismo momento que Marizza , y cambió de repente su trayectoria, ladrando con alegría mientras corría en dirección a su querida ama.
_ ¡Lord Bridgerton! _ gritó Marizza otra vez _. ¡Mire, mire! Ahí está...
Pablo se dio media vuelta al oír su voz, luego siguió su dedo con la mirada en dirección a Mia. De modo que por eso se había girado el maldito perro y había cambiado su trayectoria en noventa grados. Marizza estuvo a punto de resbalar con el barro y caer sobre su trasero en el intento de maniobrar después de aquel giro tan cerrado.
Iba a matar a ese perro.
No, iba a matar a Marizza Sheffield.
No, tal vez...
Los alegres pensamientos de venganza de Pablo se interrumpieron con el repentino chillido de Mia.
_ ¡Newton!
A Pablo le gustaba pensar en sí mismo como un hombre de acción decidida, pero cuando vio que el perro se lanzaba en el aire y se precipitaba hacia Mia, simplemente se quedó helado de conmoción. Ni el propio Shakespeare podría haber ideado un final más apropiado para esta farsa, y todo estaba representándose ante los ojos de PAblo como si se sucediera a cámara lenta.
Y no había nada que pudiera hacer.
El perro iba a chocar directamente contra el pecho de Mia, que iba a perder el equilibrio, cayendo hacia atrás.
Directamente al Serpentine.
_ ¡Nooooooo! _gritó abalanzándose hacia delante pese a que sabía que todos los intentos heroicos por su parte eran del todo inútiles...
¡Splash!
_ ¡Santo cielo! _exclamó Berbrooke_. ¡Está toda mojada!
_Pues no se quede ahí parado _solté Pablo aproximándose a la escena del accidente y abalanzándose dentro del agua_. ¡Haga algo para ayudar!
Estaba claro que Berbrooke no entendía del todo qué quería decir eso ya que se quedó allí, de pie, con los ojos saliéndose de sus órbitas mientras Pablo se agachaba, cogía a Mia de la mano y tiraba de ella para levantarla.
_ ¿Está bien? _preguntó con brusquedad.
Ella asintió. Balbuceaba y estornudaba con demasiada fuerza como para responder.
_Señorita Sheffield _bramó Bridgerton al ver que Marizza se detenía de golpe en la orilla_. No, usted no _añadió cuando sintió que Mia pegaba una sacudida a su lado_, su hermana.
_ ¿Marizza? _ preguntó Mia pestañeando para expulsar la asquerosa agua de sus ojos_. ¿Dónde está Marizza?
_Del todo seca en la orilla _masculló él, y a continuación pegó un grito en su dirección_: ¡Sujete la correa de su maldito perro!
Newton había salido alegre del Serpentine entre salpicones y ahora estaba sentado con la lengua fuera con gesto de felicidad. Marizza se fue disparada a su lado y agarró la correa. Pablo advirtió que no ofreció ni una sucinta respuesta a su orden dada a gritos. Bien, pensó con malicia. No había pensado que aquella maldita mujer fuera tan sensata como para mantener la boca cerrada.
Se volvió de nuevo a Mia, quien, por sorprendente que fuera se las arreglaba para estar encantadora aunque chorreara agua de un estanque.
_Permítame que la saque de aquí _dijo con brusquedad, y antes de que ella tuviera ocasión de reaccionar la cogió en sus brazos y la llevó a tierra firme.
_Nunca había visto algo así _dijo Berbrooke sacudiendo la cabeza.
Pablo no respondió. No pensaba que fuera capaz de decir algo sin arrojar a aquel idiota al agua. ¿Qué estaría pensando, de pie ahí mientras mia acababa sumergida por culpa de aquella cosa que no merecía ni llamarse perro?
_ ¿Mia? _ preguntó Marizza adelantándose todo lo que le permitía la correa de Newton _. ¿Estás bien?
_Creo que ya ha hecho bastante _ladró Pablo, quien avanzó hacia ella hasta que se encontraron apenas a treinta centímetros.
_ ¿Yo? _preguntó boquiabierta.
_Mírela _respondió él con brusquedad, indicando con el dedo en dirección a Mia pese a tener toda la atención centrada en Marizza_. ¡No tiene más que mirarla!
_ ¡Pero ha sido un accidente!
_ ¡De verdad, estoy bien! _ dijo Mia alzando la voz, y sonó un poco asustada por el nivel de enfado que hervía entre su hermana y el vizconde _. ¡Tengo frío, pero estoy bien!
_ ¿Lo ve? _ replicó Marizza y tragó saliva repetidamente mientras se fijaba en el aspecto despeinado de su hermana _. Ha sido un accidente.
Pablo se limitó a cruzarse de brazos y arquear una ceja.
_No me cree dijo Marizza entre dientes. No puedo creer que no me crea.
El vizconde no dijo nada. Era inconcebible para él que Marizza Sheffield, pese a todo su ingenio e inteligencia, no estuviera celosa de su hermana. Y aunque no pudiera haber hecho nada para evitar este percance, sin duda debería de encontrar un poco de placer en el hecho de que ella estuviera seca y cómoda mientras Mia parecía una rata empapada. Una rata atractiva, eso sí, pero empapada de todas formas.
Estaba claro que Marizza no había dado por concluida la conversación.
_Aparte del hecho de que dijo con desprecio nunca jamás haría algo para perjudicar a Mia... ¿cómo explica que consiguiera esta extraordinaria proeza? _Se dio en la mejilla con la mano que le quedaba libre, fingiendo con expresión burlona caer entonces en la cuenta_. Oh, sí, conozco el idioma secreto de los corgis. Ordené al perro que tirara de la correa hasta soltarse y luego, puesto que tengo el don de la clarividencia, sabía que Mia estaba justo aquí al lado del Serpentine, de modo que le dije al perro, gracias a nuestra comunicación mental, ya que a estas alturas estaba demasiado lejos para oír mi voz, le dije que cambiara de dirección, que se fuera hacia Mia y la derribara para que cayera dentro del lago.
_El sarcasmo no le sienta nada bien, señorita Sheffield.
_A usted nada le sienta bien, lord Bridgerton.
Pablo se inclinó hacia delante, su mandíbula sobresalía con gesto amenazador.
_Las mujeres no deberían llevar animales si no son capaces de controlarlos.
_Y los hombres no deberían llevar a pasear por el parque a mujeres con animales si tampoco son capaces de controlarlas _replicó con furia.
Pablo notó que de hecho se le estaban poniendo coloradas las puntas de las orejas a causa de la ira difícil de contener.
_Usted, señora, es una amenaza para la sociedad.
Marizza abrió la boca como si fuera a devolverle el insulto, pero en su lugar le dedicó simplemente una sonrisa maliciosa casi aterrorizadora. Se volvió al perro y dijo:
_Sacúdete, Newton.
Newton miró el dedo de Marizza que indicaba directamente a Pablo y troté obediente unos pocos pasos para acercarse a él antes de permitirse una sacudida corporal que roció agua del estanque por todas partes.
Pablo se lanzó a por su garganta.
_Voy... voy a... ¡a matarla! _rugió.
Marizza se apartó con agilidad y se colocó con rapidez al lado de Mia.
_Vaya, vaya, lord Bridgerton _bromeó buscando seguridad detrás de la figura empapada de su hermana_. No le ayudará perder los nervios delante de la buena Mia.
_ ¿Marizza? _susurró Mia en tono apremiante_. ¿Qué sucede? ¿Por qué estás siendo tan cruel con él?
_ ¿Por qué está siendo él tan cruel conmigo? _Marizza le devolvió el susurro.
_Pues bien _dijo de pronto el señor Berbrooke_, ese perro me ha mojado.
_Nos ha mojado a todos _respondió Marizza. Incluida ella. Pero había merecido la pena. Oh, había merecido mucho la pena por ver la mirada de sorpresa y rabia en el rostro de aquel pomposo aristócrata.
_ ¡Usted! _ dijo a gritos Pablo, apuntando con un dedo furioso a Marizza_. Mejor se está calladita.
Marizza guardó silencio. No era tan necia como para provocarle más. Parecía que a él la cabeza le fuera a explotar en cualquier momento. Lo cierto era que Pablo había perdido toda la dignidad que tenía al comenzar el día. Su manga derecha goteaba agua de cuando había sacado a Mia del estanque, sus botas parecían estropeadas para siempre y el resto de él estaba salpicado de agua, gracias a la experta destreza de Newton para secarse.
_Les diré lo que tenemos que hacer _continué en voz baja y muy grave.
_Lo que tengo que hacer _dijo el señor Berbrooke con jovialidad, sin ser consciente de que era probable que lord Bridgerton asesinara a la primera persona que abriera la boca _ es acabar de arreglar el carrocín. Luego puedo llevar a casa a la señorita Sheffield. _ Indicó a Mia por si acaso alguien no entendía a qué señorita Sheffield se refería.
_Señor Berbrooke _dijo Pablo entre dientes_, ¿sabe cómo arreglar un carrocín?
El señor Berbrooke pestañeó unas pocas veces.
_ ¿Sabe siquiera qué problema tiene su carrocín?
Berbrooke abrió y cerró la boca unas veces más y luego dijo:
_Tengo algunas ideas. No me llevará tanto rato deducir cuál es el problema concreto.
Marizza miró a Pablo con fijeza, fascinada por la vena que sobresalía en su garganta. Nunca antes había visto a un hombre tan claramente al límite de su paciencia. Puesto que sentía un poco de inquietud por la inminente explosión, dio un prudente medio paso para situarse detrás de Mia.
No le gustaba considerarse una cobarde, pero el instinto de supervivencia era algo por completo diferente.
El vizconde consiguió controlarse de todos modos, su voz sonó con un tono regular aterrador cuando dijo:
_Esto es lo que vamos a hacer.
Tres pares de ojos se abrieron llenos de expectación.
_Voy a caminar hasta ahí _señaló a una dama y un caballero situados a unos veinte metros, quienes intentaban sin éxito no mirarles fijamente_ y preguntaré a Montrose si puedo tomar prestado su carruaje durante unos minutos.
_Pero, vaya _dijo Berbrooke estirando el cuello_, ¿es ése Geoffrey Montrose? Hace siglos que no le veo.
Una segunda vena empezó a saltar esta vez en la sien de Pablo. Marizza cogió a Mia de la mano en busca de apoyo moral y se agarró con fuerza.
Pero Bridgerton, hay que reconocérselo, pasó por alto los comentarios excesivamente inapropiados de Berbrooke y continuó:
_Puesto que dirá que sí...
_ ¿Está seguro? _soltó Marizza.
De alguna manera, los ojos marrones del vizconde parecieron carámbanos.
_ ¿Que si estoy seguro de qué? _respondió con desagrado.
_Nada _musitó ella, reprendiéndose por haber abierto la boca_. Por favor, continúe.
_Como decía, puesto que, como amigo y caballero _fulminó con la mirada a Marizza_, dirá que sí, llevaré a la señorita Sheffield a su casa, luego regresaré a la mía y haré que uno de mis hombres devuelva el carruaje a Montrose.
Nadie se molestó en preguntar a qué señorita Sheffield se refería.
_ ¿Y qué hay de Marizza? _preguntó Mia. Al fin y al cabo, el carruaje sólo tenía dos asientos.
Marizza le apretó la mano. Querida y dulce MIa.
Pablo miró a Mia de frente.
_El señor Bebrooke acompañará a su hermana a casa.
_Pero no puedo dijo Berbrooke. Tengo que acabar de arreglar el carrocín, bien lo sabe.
_ ¿Dónde vive? _preguntó con rudeza Pablo.
Berbrooke pestañeó con sorpresa pero le dio su dirección.
_Pararé en su casa y les enviaré a un sirviente para que espere junto a su vehículo mientras usted acompaña a la señorita Sheffield a su casa. ¿Está claro? _Se detuvo y miró a todo el mundo, incluido al perro, con expresión bastante dura. Excepto a Mia, por supuesto, quien era la única persona presente que no había provocado su mal genio.
_ ¿Está claro? _repitió.
Todo el mundo asintió, y su plan se puso en marcha. Minutos después, Marizza se encontró observando a lord Bridgerton y a su hermana partir hacia el horizonte, justo las dos personas que se había jurado que nunca deberían estar juntas ni tan siquiera en la misma habitación.
Aún peor, la dejaron a solas con el señor Berbrooke y Newton.
Y tan sólo hicieron falta dos minutos para discernir que de los dos, Newton era el mejor conversador.



dejen coment!!

 
Scoring_Disabled_MsgRespond to this message   
AutorReply
anonimo
(no login)

el vizconde que me amo

No score for this post
April 4 2009, 4:25 PM 

hola soy betsy. me han encantado. pablo esta empeñado de veras en conquistar a mia aunque eso le haga pasar mas tiempo del necesario con marizza y su encantador perro. lo de las flores ha sido un detalle pero pablo es demasiado cruel con la pobre marizza q nunca recibe atenciones de nadie. lo del paseo con el perro ha sido muy divertido pero al final marizza no ha conseguido su proposito de alejarlo de mia. sin embargo me ha dado la sensacion de q mia no parece muy interesada en pablo, y esto podria ser un contratiempo para él. en fin veremos q mas ocurre. siguela pronto. bss linda.

 
Scoring_Disabled_Msg
Anonimo
(no login)

Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 3 y 4!!

No score for this post
April 4 2009, 6:53 PM 

vaya aventura han vivido estos dos en el parque con el perro jejeje
yo creo q la madrastra quiere emparejar a pablo y mariza
me encanta siguela
xao wapa.

 
Scoring_Disabled_Msg
mª jesus
(no login)

Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 3 y 4!!

No score for this post
April 5 2009, 2:10 AM 

ohh esta genial,cada vez me gusta mas
aunque me da pena mariza siempre esta
a la sombra de mia,deberia salirle un
pretendiente,siguela prontito besossss

 
Scoring_Disabled_Msg
Claudinha
(no login)

Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 3 y 4!!

No score for this post
April 5 2009, 4:16 AM 

Esta genial!!!!!
gracias por poner capitulos dobles...
me gusta mucho......

 
Scoring_Disabled_Msg
Current Topic - *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 3 y 4!!  Respond to this message   
  << Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  
Find more forums on AnimationCreate your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement  
Esperemos que hayan disfrutado y ¡Entren mas a amenudo!