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*_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!

April 6 2009 at 8:39 PM
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mary_xiky24  (no login)

 




wenas niñas!! weno me paso rapioo q no engoo muxoo tempo!! muxos gracias x los comentarios y me alegroo mxoo de q os gustee la web!!
muxos ikos



Capítulo 9



Los hombres son criaturas con espíritu de contradicción, sus cabezas y sus corazones nunca guardan concordancia. Y como bien saben todas las mujeres, sus actos normalmente están regidos por otro aspecto completamente diferente.


REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
29 de abril de 1814



O tal vez no.
Justo cuando Pablo empezaba a trazar la mejor trayectoria hasta los labios de Marizza, oyó un sonido del todo espantoso: la voz de su hermano pequeño.
_ ¡Pablo! _ gritó Colin _. Ahí estás.
La señorita Sheffield, muy tranquila, sin darse cuenta de lo cerca que había estado de ser besada hasta perder el sentido, se volvió para observar a Colin que se acercaba hacia ellos.
_Un día de estos _masculló Pablo_ tendré que matarle.
Marizza se volvió otra vez al vizconde.
_ ¿Ha dicho algo, milord?
Pablo no le hizo caso. Sin duda era la mejor opción, ya que hacerle caso tendía a provocarle un deseo desesperado por ella. Y, como bien sabía, aquello era un rápido camino hacia el desastre más absoluto.
Para ser sinceros, quizá debería estarle agradecido a Colin por su inoportuna interrupción. Unos pocos segundos más y habría besado a Marizza Sheffield, y eso habría sido el mayor error de su vida.
Un beso con Marizza tal vez fuera excusable, sobre todo si se tenía en cuenta la manera en que ella le había provocado la otra noche en su estudio. Pero dos... bien, dos, para cualquier hombre honorable, significaría dejar de cortejar a Mia Sheffield.
Y Pablo aún no estaba del todo preparado para renunciar al concepto del honor.
No podía creer lo cerca que había estado de echar por la borda su plan de casarse con Mia. ¿En qué estaba pensando? Era la novia perfecta para sus propósitos. Lo único que sucedía era que su cerebro se confundía cada vez que aparecía la entrometida de su hermana.
_Pablo _repitió Colin cuando estuvo más cerca_, ¡y la señorita Sheffield! _Les miró con curiosidad; estaba al corriente de que no se llevaban bien_. Qué sorpresa.
_Estaba recorriendo los jardines de su madre dijo Marizza y me topé con su hermano.
Pablo se limitó a hacer un gesto de asentimiento.
_Daphne y Simon han llegado _dijo Colin. Pablo se volvió hacia Marizza y le explicó
_Mi hermana y su marido.
_ ¿El duque? _inquirió ella con cortesía.
_En persona _refunfuñó él.
Colin se rió del despecho de su hermano.
_Era contrario a ese matrimonio _le explicó a Marizza_. Detesta que sean felices.
_Oh, por el amor de... dijo el vizconde con brusquedad Estoy muy contento de que mi hermana sea feliz _añadió entre dientes, no sonaba especialmente feliz_. Simplemente creo que tendría que haber tenido más oportunidades de molerle a palos a ese hij... sinvergüenza antes de que se embarcaran en su «vivieron felices y comieron perdices».
Marizza se atragantó de la risa.
_Ya veo _dijo ella, segura de que no había logrado poner 1a expresión seria que pretendía.
Colin le lanzó una mueca antes de volverse a su hermano.
_Daff ha sugerido una partida de palamallo. ¿Qué te parece? Hace siglos que no jugamos. Y, si empezamos pronto, podremos escapar de las señoritas melindrosas que mamá ha invitado para nosotros. _Se volvió de nuevo a Marizza con el tipo de sonrisa que podía conseguir que le perdonaran cualquier cosa_. Excluida la compañía presente, por supuesto.
_Por supuesto _murmuró ella.
Colin se inclinó hacia delante, sus ojos verdes centelleaban de malicia.
_Nadie cometería el error de llamarla a usted señorita melindrosa_añadió.
_ ¿Es un cumplido? _preguntó ella con mordacidad.
_Sin ninguna duda.
_Entonces debería aceptarlo con cortesía y de buena gana.
Colin se rió y le dijo a Pablo:
_Me cae bien.
A Pablo no pareció divertirle.
_ ¿Ha jugado alguna vez al palamallo, señorita Sheffield? _preguntó Colin.
_Me temo que no. Creo que ni siquiera estoy segura de lo que es.
_Es un juego de jardín. La mejor diversión. En Francia es más popular que aquí, aunque lo llaman Paule Maule.
_ ¿Y cómo se juega? _preguntó Marizza .
_Se colocan aros en un recorrido _explicó Colin_, luego se lanzan a través de ellos unas pelotas de madera que se golpean con un mazo.
_Parece bastante simple _respondió con aire meditativo.
_No _añadió él_ si se juega con los Bridgerton.
_ ¿Y eso qué quiere decir?
_Quiere decir _interrumpió Pablo_ que nunca hemos considerado necesario establecer un recorrido reglamentario. Colin, por ejemplo, coloca los aros sobre raíces de árboles...
_Y tú pones los tuyos en pendientes que descienden al lago _añadió Colin_. Nunca hemos vuelto a encontrar la bola roja después de que Daphne la hundiera.
Marizza sabía que no debía comprometerse a pasar una tarde en compañía del vizconde de Bridgerton, pero, qué diantres, el palamallo parecía muy divertido.
_ ¿Hay sitio para un jugador más? _preguntó_. Puesto que ya me han excluido del grupo de las melindrosas...
_ ¡Por supuesto! dijo Colin. Sospecho que se amoldará al resto de nosotros, tramposos e intrigantes.
_Viniendo de usted _dijo Marizza con una risa_, sé que eso ha sido un cumplido.
_ Oh, por supuesto. El honor y la honestidad tienen su momento, pero no en una partida de palamallo.
Pablo les interrumpió con expresión petulante en el rostro:
_Y tendremos que invitar también a su hermana.
_ ¿Mia? _Marizza se atragantó. Caray. Había picado el anzuelo. Después de hacer todo lo posible para mantenerles separados ahora prácticamente les había organizado la tarde. No había manera de excluir a Mia después de haberse autoinvitado prácticamente a la partida.
_ ¿Tiene alguna otra hermana? _preguntó él con amabilidad.
Marizza le frunció el ceño.
_Tal vez no tenga ganas de jugar. Creo que estaba descansando en su habitación.
_Daré instrucciones a la doncella de que llame a su puerta con mucha suavidad _dijo Pablo, aunque era obvio que mentía.
_ ¡Excelente! _ exclamó alegre Colin _. Estaremos igualados entonces. Tres hombres y tres mujeres.
_ ¿Se juega en equipo? _preguntó Marizza.
_No _contestó él_, pero mi madre siempre insiste sobremanera en que hay que estar emparejados en todas las cosas. Le disgustaría bastante que no fuera así.
Marizza no podía imaginar que a la encantadora y graciosa mujer con la que había charlado apenas una hora antes le preocupara una partida de palamallo, pero se imaginó que ella no era quién para hacer comentarios.
_Me ocuparé de que vayan a buscar a la señorita Sheffield _murmuró Pablo, quien tenía un aspecto muy complacido_. Colin ¿por qué no acompañas a esta señorita Sheffield hasta el campo de juego y nos reunimos allí dentro de media hora?
Marizza abrió la boca para protestar por aquellos arreglos que iban a dejar a Mia a solas en compañía del vizconde, aunque fuera sólo durante el breve tiempo que llevaba caminar hasta el campo, pero al final se quedó callada. No había ninguna excusa razonable para impedir aquello, y lo sabía.
Pablo captó sus resoplidos y torció la comisura de su boca del modo más odioso para decir:
_Me complace ver que está de acuerdo conmigo, señorita Sheffield.
Ella se limitó a gruñir. Si hubiera articulado algunas palabras, no abrían sido amables.
_Excelente _repitió Colin_. Entonces nos vemos dentro de un rato.
Luego entrelazó su brazo con el de Marizza y así se alejaron, dejando a Pablo sonriendo tras ellos.



Colin y Marizza caminaron durante unos ochocientos metros desde la casa hasta una especie de claro desigual delimitado a un lado por un lago.
_El hogar de la roja pelota pródiga, supongo _comentó Marizza mientras indicaba el agua.
Colin se rió y asintió.
_Es una lástima porque contábamos con equipo suficiente para ocho jugadores; nuestra madre insistió en que compráramos un juego que pudiera servirnos a los ocho hermanos.
Marizza no estaba segura de si sonreír o fruncir el ceño.
_Su familia está muy unida, ¿verdad?
_Más que ninguna _respondió Colin con convencimiento mientras se acercaba a un cobertizo próximo.
Marizza siguió sus pasos dándose golpecitos en el muslo de forma
distraída.
_ ¿Sabe qué hora es? _preguntó en voz alta.
Él se detuvo, sacó el reloj de bolsillo y lo abrió con un golpecito.
_Tres y diez.
_Gracias _contestó Marizza, tomando nota mentalmente.
Habían dejado a las tres menos cinco a Pablo, quien había prometido traer a Mia al campo de palamallo en cuestión de media hora de modo que llegarían a eso de las tres y veinticinco.
Como muy tarde a las tres y media. Marizza estaba dispuesta a ser generosa y permitir ciertos retrasos inevitables. Si el vizconde traía a Mia a las tres y media, no pondría pegas.
Colin continuó su recorrido hasta el cobertizo y Marizza observó con interés cómo abría la puerta con cierto esfuerzo.
_Parece oxidada _comentó ella.
_Hace ya un tiempo que no venimos a jugar _explicó.
_ ¿De veras? Si yo tuviera una casa como Aubrey Hall, nunca iría a Londres.
Colin se volvió hacia ella con la mano aún en la puerta medio abierta del cobertizo.
_Se parece mucho a Pablo, ¿lo sabe? Marizza soltó un resuello.
_ Sin duda bromea.
Él sacudió la cabeza con una extraña sonrisa en los labios.
_Tal vez sea porque son los hermanos mayores. Dios sabe que cada día doy gracias por no haber estado en el lugar de Pablo...
_ ¿Qué quiere decir?
Colin se encogió de hombros.
_Pues que no me gustaría cargar con sus responsabilidades, es todo. El título, la familia, la fortuna, es demasiada carga para los hombros de una sola persona.
Marizza no es que deseara especialmente oír lo bien que el vizconde había asumido las responsabilidades del título; no quería oír nada que pudiera cambiar su opinión de él, aunque tenía que confesar que la había impresionado la aparente sinceridad de su disculpa aquella misma tarde.
_ ¿Y qué tiene que ver eso con Aubrey Hall? _preguntó.
Colin la miró sin comprender por un momento, como si hubiera olvidado que la conversación había comenzado con su inocente comentario sobre lo preciosa que era la casa solariega.
_Nada, supongo dijo finalmente. Y también todo. A Pablo le encanta esto.
_Pero pasa todo el tiempo en Londres dijo Marizza . ¿No es cierto?
_Lo sé. _Colin se encogió de hombros_. Qué extraño, ¿no?
Marizza no tenía ninguna respuesta, de modo que se quedó mirando mientras él tiraba de la puerta del cobertizo hasta que consiguió abrirla.
_Ya está. _Del interior sacó una carretilla con ruedas que había construido especialmente para llevar ocho mazos y otras tantas bolas de madera_. Un poco descuidado, pero tampoco está tan mal.
_Excepto por la bola roja perdida _dijo Marizza con una sonrisa.
_Toda la culpa es de Daphne _contestó Colin_. Culpo de todo a Daphne y así mi vida es mucho más fácil.
_ ¡Te he oído!
Marizza se volvió y vio a una atractiva y joven pareja que se acercaba a ellos. El hombre era terriblemente guapo, con pelo oscuro, y ojos oscuros y alegres. La mujer sólo podía ser una Bridgerton, con el mismo pelo castaño que Pablo y Colin. Por no mencionar la misma estructura ósea y aquella misma sonrisa. Marizza había oído decir que todos los Bridgerton se parecían bastante, pero nunca hasta entonces se lo había acabado de creer.
_ ¡Daff! _ exclamó Colin_. Llegas justo a tiempo para ayudarnos a sacar los mazos.
La joven le dedicó una amplia sonrisa.
_ ¿No pensarás que iba a dejarte trazar otra vez el recorrido, eh? _ Se volvió a su marido_. Prefiero no perderle de vista.
_No le preste atención le dijo Colin a Marizza. Es muy fuerte, y apuesto a que es muy capaz de tirarme al lago sin problemas.
Daphne entornó los ojos y se volvió a Marizza.
_Puesto que estoy segura de que el miserable de mi hermano no va
a hacer los honores, me presentaré. Soy Daphne, duquesa de Hastings, y éste es mi esposo Simon.
Marizza hizo una rápida reverencia.
_Excelencia _murmuró, luego se volvió al duque y dijo otra vez _, Excelencia.
Colin hizo un ademán en dirección a Marizza mientras se inclinaba a sacar los mazos de la carretilla de palamallo.
_Os presento a la señorita Sheffield.
Daphne pareció confundida.
_Acabo de cruzarme con Pablo en casa. Creo que me ha dicho que iba a buscar a la señorita Sheffield.
_Mi hermana _explicó Marizza_. Mia. Yo soy Marizza.
_Bien, si es lo bastante valiente como para jugar al palamallo con los Bridgerton, sin duda me gustaría incluirla entre mis amigas dijo Daphne con una amplia sonrisa. Por lo tanto, tiene que llamarme Daphne. Y a mi esposo, Simon. ¿Simon?
_Oh, por supuesto _respondió él, y Marizza tuvo la clara impresión de que diría lo mismo si Daphne declarara que el cielo se había vuelto naranja. No porque él no le prestara atención, sino porque era evidente que estaba loco por ella.
Esto, pensó Marizza, era lo que quería para Mia.
_Déjame coger la mitad _dijo Daphne estirando el brazo para coger los aros que su hermano ya tenía en la mano_. La señorita Sheffield y yo... es decir, Marizza y yo _ dedicó a Marizza una amplia sonrisa llena de afecto_ colocaremos tres de éstos, y tú y Simon podéis colocar el resto.
Antes de que Marizza se atreviera a opinar, Daphne ya la había cogido por el brazo y se la llevaba hacia el lago.
Tenemos que asegurarnos del todo de que la bola de Pablo acaba en el agua masculló Daphne _. Nunca le he perdonado lo de la última vez. Creí que Benedict y Colin iban a morirse de la risa. Y Pablo fue el peor. Estaba allí sonriéndose. ¡Sonriéndose! _ Se volvió a Marizza con la más atribulada de las expresiones_. Nadie se sonríe como mi hermano mayor.
_Lo sé _dijo Marizza en voz baja.
Por suerte, la duquesa no la había oído.
_ Si hubiera podido matarlo en ese momento, juro que lo habría hecho.
_ ¿Y qué sucede una vez que todas las bolas acaban en el agua? Marizza no pudo resistirse a preguntar. Aún no he jugado con la familia al completo, pero todos parecen bastante competitivos, y me da la impresión...
_... que será inevitable _concluyó Daphne por ella. Puso una mueca_. Probablemente tenga razón. No tenemos espíritu deportivo yo en lo que al palamallo se refiere. Cuando un Bridgerton coge el mazo, nos convertimos en los peores tramposos y mentirosos. De veras, el juego no tiene tanto que ver con ganar sino con asegurarse de que el otro jugador pierde.
Marizza buscó las palabras.
_Suena un poco...
_ ¿Horrible? _preguntó Daphne sonriente_. No lo es. Nunca se habrá divertido tanto, se lo garantizo. Pero al paso que vamos, todas las bolas van a acabar en el lago dentro de poco. Supongo que pediremos a Francia otro juego. _Metió un aro en la tierra_. Parecerá un derroche lo sé, pero merece la pena con tal de humillar a mis hermanos.
Marizza intentó no reírse, pero no lo consiguió.
_ ¿Tiene algún hermano, señorita Sheffield? _inquirió Daphne.
Puesto que la duquesa había olvidado llamarla por su nombre de pila, Marizza consideró mejor volver a las maneras formales.
_No, Excelencia _contestó_. Mia es mi única hermana.
Daphne se protegió los ojos con la mano e inspeccionó la zona en busca de alguna ubicación alevosa. Cuando avistó una _situada justo encima de la raíz de un árbol_ se fue para allá sin dejarle otra opción a Marizza que seguirla.
_Cuatro hermanos _dijo Daphne, metiendo otro aro en la tierra _ te dan una educación maravillosa.
_La de cosas que habrá aprendido _dijo Marizza bastante impresionada_. ¿Sabe dejarle un ojo morado a un hombre? ¿Tumbarle en el suelo de un puñetazo?
Daphne puso una mueca maliciosa.
_Pregúntele a mi esposo.
_ ¿Que me pregunte el qué? _gritó el duque desde el lado opuesto del árbol, donde él y Colin se encontraban colocando un aro sobre una raíz.
_Nada _contestó la duquesa en tono inocente_. También he aprendido _le susurró a Marizza_ que es mejor tener la boca cerrada. Es mucho más fácil manejar a los hombres una vez que entiendes los puntos básicos de su naturaleza.
_ ¿Qué son? _le pinchó Marizza.
Daphne se inclinó hacia delante y le susurró cubriéndose la boca:
_No son tan listos como nosotras, no son tan intuitivos como nosotras y desde luego es mejor que no se enteren del cincuenta por ciento de lo que hacemos. _Miró a su alrededor_. ¿Él no me ha oído, verdad?
Simon salió de detrás del árbol.
_Cada palabra.
Marizza se atragantó de la risa al ver a Daphne dar un brinco.
_Pero es cierto _dijo con arrogancia.
Simon se cruzó de brazos.
_Piensa lo que quieras, querida. _Se volvió a Marizza _. Con los años he aprendido un par o tres de cosas sobre las mujeres.
_ ¿De veras? _Marizza Kate fascinada.
Él asintió y se inclinó, como si fuera a desvelar un serio secreto de Estado.
_Es mucho más fácil manejarlas si se creen que son más listas y más intuitivas que los hombres. Y _añadió con mirada de superioridad a su esposa_ nuestras vidas transcurren con mucha más tranquilidad si fingimos que sólo nos enteramos del cincuenta por ciento lo que hacen.
Colin se acercó balanceando un mazo.
_ ¿Están discutiendo? _le preguntó a Marizza.
_ Sólo deliberamos _ corrigió Daphne.
_Que Dios me libre de tales deliberaciones _masculló Colin Escojamos los colores.
Marizza le siguió de regreso junto a la carretilla de palamallo, tamborileando sobre el muslo con los dedos.
_ ¿Tiene hora? _le preguntó.
Colin sacó su reloj de bolsillo.
_Pasa un poco de las tres y media, ¿por qué?
_Pensaba que Mia y el vizconde deberían estar ya por aquí eso es todo _respondió, intentando no parecer demasiado preocupada.
Colin se encogió de hombros.
_Estarán en camino. _Luego, inconsciente de la inquietud ella, indicó la carretilla de palamallo _. Pues bien. Usted es la invitada. Es la primera en escoger. ¿Qué color quiere?
Sin pensar mucho, Marizza estiró el brazo y cogió un mazo. Cuando lo tuvo en la mano se percató de que era negro.
_El mazo de la muerte _dijo Colin con gesto de aprobación. Sabía que sería una buena jugadora.
_Dejemos el mazo rosa para Pablo _dijo Daphne sacando el mazo verde.
El duque cogió el mazo naranja y, volviéndose a Marizza, dijo:
_Es testigo de que no tengo nada que ver con el mazo rosa de Bridgerton, ¿de acuerdo?
Marizza sonrió con picardía.
_He advertido que no ha escogido el mazo rosa.
_Por supuesto que no _contestó con una mueca aun mas viesa que la de ella_. Mi esposa ya lo ha escogido por él. No podía llevarle la contraria, ¿no cree?
_Para mí el amarillo _dijo Colin_, y el azul para la señorita Mia, ¿no le parece?
_Oh, sí _replicó Marizza _. A Mia le encanta el azul.
Los cuatro se quedaron mirando los dos mazos restantes: el rosa y el púrpura.
_No le va a gustar ninguno de los dos _dijo Daphne.
Colin asintió.
_Pero el rosa aún menos. _Y con aquello, cogió el mazo púrpura y lo arrojó dentro del cobertizo, luego se agachó y tiró la bola púrpura tras él.
_Y digo yo _empezó el duque_, ¿dónde está Pablo?
_Ésa es una buena pregunta _masculló Marizza , tamborileando otra vez con los dedos sobre la falda.
_Supongo que querrá saber qué hora es _apuntó Colin con astucia.
Marizza se sonrojó. Ya le había pedido dos veces que mirara la hora.
_No hace falta _contestó sin encontrar una respuesta más ingeniosa.
_Muy bien, sólo que he tomado nota de que cada vez que empieza mover la mano...
Marizza detuvo la mano.
_ .. .está a punto de preguntarme qué hora es.
_Ha tomado nota de muchas cosas sobre mí en la última hora _ respondió Marizza con sequedad.
Él puso una mueca.
_Soy un tipo observador.
_Es evidente _masculló ella.
_Pero, en caso de que le interese, son las cuatro menos cuarto.
_Tenían que haber llegado hace rato _dijo Marizza.
Colin se inclinó hacia delante y susurró.
_Dudo mucho que mi hermano esté violando a su hermana.
Marizza retrocedió con brusquedad.
_Señor Bridgerton!
_ ¿De qué habláis? _preguntó Daphne.
Colin esbozó una amplia sonrisa.
_La señorita Sheffield está preocupada por que Pablo esté poniendo en una situación comprometida a la otra señorita Sheffield.
_ ¡Colin! _ exclamó Daphne _. Eso no tiene la menor gracia.
_Y desde luego no es cierto _protestó Marizza. Bien, casi no era cierto. No pensaba que el vizconde estuviera poniendo a Mia en una situación comprometida, pero era más que probable que se estuviera esforzando todo lo posible para aturdirla con sus encantos. Y eso en sí mismo ya era peligroso.
Marizza sostuvo el mazo en la mano para comprobar su peso e intentó imaginar la manera de usarlo sobre la cabeza del vizconde y hacer que pasara por un accidente.
El mazo de la muerte, desde luego que sí.



Pablo miró la hora en el reloj de la repisa de su estudio. Casi las tres y media. Iban a llegar tarde.
Puso una mueca. Oh, bien, no podía hacer nada.
Normalmente insistía mucho en la puntualidad, pero si el retraso tenía como resultado la tortura de Marizza Sheffield, no le importaba demasiado llegar tarde.
Y Marizza Sheffield sin duda se estaría retorciendo de agonía para entonces, horrorizada sólo con la idea de que su preciosa hermana pequeña estuviera en sus malignas garras.
PAblo bajó la vista a sus malignas garras _sus manos, se recordó a sí mismo_ y esbozó otra amplia sonrisa. Hacía siglos que no se había divertido tanto, y lo único que hacía era perder el tiempo en su despacho, imaginándose a Marizza Sheffield con la mandíbula apretada mientras le salía humo por las orejas.
Era una imagen de lo más graciosa.
Por supuesto, aquello no era culpa suya. Él habría salido con puntualidad de no haber tenido que esperar a Mia. La joven había mandado aviso con la doncella de que se reuniría con él en diez minutos. De eso hacía veinte minutos. Él no podía hacer nada si ella se retrasaba.
Pablo tuvo una visión repentina de cómo transcurriría el resto de su vida: esperando a Mia. ¿Era el tipo de mujer que se retrasaba por sistema? Aquello podía acabar resultando irritante al cabo un tiempo.
Como si le hubiera dado pie, oyó unas pisadas en el vestíbulo y cuando alzó a vista, la forma exquisita de Mia quedó enmarcada en el umbral.
Era una visión, pensó de manera desapasionada. Era absolutamente encantadora en todos los sentidos. Su rostro era la perfección, su postura la personificación de la gracia, y tenía unos ojos del azul más radiante, tan intensos que uno no podía evitar sorprenderse de aquella tonalidad cada vez que parpadeaba.
Pablo esperó a que se produjera algún tipo de reacción dentro de él. No cabía duda de que ningún hombre permanecería inmune a su belleza.
Nada. Ni siquiera la menor necesidad de besarla. Casi parecía un crimen contra la naturaleza.
Pero tal vez era algo bueno. Al fin y al cabo no quería una esposa de la que pudiera enamorarse. El deseo era algo agradable, pero el deseo podía ser peligroso. Con certeza, el deseo podía transformarse en amor con más facilidad que el desinterés.
_Siento enormemente llegar tarde milord _dijo Mia con su encanto particular.
_No es ningún problema, en absoluto _contestó él. Se sintió un poco animado por las recientes racionalizaciones de la espera. Nada había cambiado, ella sería una buena esposa. No hacía falta buscar más _. Pero tenemos que salir ya. Los otros ya habrán preparado el
recorrido de la partida.
La cogió por el brazo y salieron caminando de la casa. Él hizo un comentario sobre el tiempo. Ella hizo un comentario sobre el tiempo. Él hizo un comentario sobre el tiempo del día anterior. Ella estuvo conforme en todo lo que él dijo (ni siquiera recordaba el qué un minuto después).
Tras agotar todos los temas relacionados con la climatología, se quedaron callados, y luego, tras tres minutos sin que ninguno de los dos tuviera algo que decir, Mia soltó:
_ ¿Qué estudió en la universidad?
Pablo la miró con extrañeza. No recordaba que ninguna jovencita le hubiera hecho antes esta pregunta.
_Oh, lo habitual _respondió.
_Pero _insistió ella, con un aspecto impaciente poco característico _ ¿qué es lo habitual?
_Historia, sobre todo. Un poco de literatura.
_Oh. _Consideró eso durante un momento_. Me encanta leer.
_ ¿Ah, sí? _La miró con renovado interés. Nunca se le habría ocurrido tomarla por una estudiosa_. ¿Qué le gusta leer?
Pareció relajarse mientras contestaba a la pregunta.
_Novelas si me siento imaginativa. Filosofía si busco el desarrollo personal.
_Filosofía ¿eh? _ inquirió PAblo _. Nunca la he digerido demasiado bien.
Mia soltó una de sus encantadoras risas musicales.
_ Marizza es igual. Siempre me está diciendo que es muy capaz vivir su vida y que no le hace falta que un hombre ya muerto le dé instrucciones.
Pablo pensó en sus experiencias cuando leía a Aristóteles, Bentham y Descartes en la universidad. Luego pensó en sus experiencias intentando no leer a Aristóteles, Bentham y Descartes en universidad.
_Creo _murmuró_ que tendré que mostrar mi conformidad con su hermana.
Mia esbozó una amplia sonrisa.
_ ¿Usted conforme con mi hermana? Creo que tendría que buscar una libreta para apuntar este momento. Sin duda es la primera vez.
Él le lanzó una mirada de soslayo para poder evaluarla mejor.
_Es más impertinente de lo que deja entrever, ¿verdad que sí?
_Pero ni la mitad que Marizza.
_Eso nunca lo he dudado.
Pablo le oyó una risita pero, cuando la miró de reojo, parecía que ella intentaba con gran esfuerzo mantener el rostro serio. Doblaron el último recodo antes del campo de juego, y cuando llegaron a alto de la elevación, encontraron al resto del grupo de jugadores de palamallo esperándoles, balanceando distraídamente sus mazos mientras aguardaban.
_Oh, maldita sea _juró Pablo, olvidando por completo que se encontraba en compañía de la mujer a la que planeaba convertir en su esposa_. Tiene el mazo de la muerte.




Capítulo 10



Las reuniones campestres son acontecimientos muy peligrosos. Las personas casadas a menudo se encuentran disfrutando junto a invitados que no son sus cónyuges, y las personas solteras regresan a menudo a la ciudad como personas das en matrimonio con cierto apresuramiento.
De hecho, los compromisos más sorprendentes se anuncian inmediatamente después de estas jornadas de vida rústica.


REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
2 de mayol de 1814



_Sí que se lo han tomado con calma _comentó Colin en cuanto Pablo y Mia alcanzaron al grupo_. Bueno, ya estamos listos para empezar. Mia, usted juega con el azul. _ Le tendió el mazo_. PAblo, eres el rosa.
_ ¿Yo soy rosa y ella _indicó con un dedo a Marizza_ se queda con e1 mazo de la muerte?
_Le dejé escoger la primera dijo Colin. Al fin y al cabo es nuestra invitada.
_Pablo suele jugar con el negro _explicó Daphne_. De hecho, él dio el nombre al mazo.
_No debería jugar con el rosa le dijo Mia a PAblo. No le pega lo más mínimo. Tenga. _Le tendió el mazo_. ¿Por qué no cambiamos?
_No sea tonta _interrumpió Colin_. Todos estuvimos conformes con que usted jugara con el azul. Hace juego con sus ojos.
A Marizza le pareció oír gruñir a Pablo.
_Seré el rosa _anunció PAblo mientras cogía el ofensivo mazo con bastante energía de la mano de Colin_ y ganaré de todos modos. Empecemos, ¿de acuerdo?
En cuanto se hicieron las presentaciones necesarias entre el duque, la duquesa y Mia, todos dejaron caer sus pesadas bolas de madera cerca del punto de salida y se prepararon para jugar.
_ ¿Cómo jugamos? ¿Empieza el más joven? _sugirió Colin con una galante inclinación en dirección a Mia.
Ella negó con la cabeza.
_Yo preferiría ser la última, para así tener la posibilidad de observar el juego de quienes tienen más experiencia que yo.
_Una mujer sabia _murmuró Colin_. Entonces empieza el mayor. Pablo creo que eres el más anciano entre nosotros.
_ Lo siento, querido hermano, pero Hastings me lleva unos pocos meses.
_ ¿Por qué tengo la sensación _le susurró Mia a Marizza_ que me estoy metiendo en una pelea familiar?
_Creo que los Bidgerton se toman el palamallo muy en serio -explicó Marizza al oído. Los tres hermanos Bridgerton habían adoptado expresiones de bulldogs y todos ellos parecían bastante resueltos a ganar.
_ ¡Eh, eh, eh! _ les regañó Colin agitando un dedo en su dirección _. No se permite ninguna connivencia.
_Ni siquiera sabemos qué pactar _comentó Marizza_ ya que nadie se ha dignado a explicarnos las reglas del juego.
_Aprenderán sobre la marcha _dijo Daphne con energía_. Se lo imaginarán a medida que avancemos.
_Creo _susurró Marizza a Mia_ que el objeto es hundir bolas de los oponentes en el lago.
_ ¿De veras?
_No. Pero creo que así es como lo ven los Bridgerton.
_No dejan de susurrarse! _les gritó Colin sin tan siquiera dedicarles una mirada. Luego se volvió al duque_. Hastings, golpea la maldita bola. No tenemos todo el día.
_Colin _interrumpió Daphne_, no hace falta que maldigas. Hay damas presentes.
_Tú no cuentas.
_Pero hay damas presentes aparte de mí _replicó entre dientes.
Colin pestañeó, luego se volvió a las hermanas Sheffield.
_ ¿Les importa?
_En absoluto _respondió Marizza completamente fascinada. Mia se limitó a sacudir la cabeza.
_Bien. _Colin se volvió otra vez al duque_. Hastings, empecemos ya.
El duque colocó su bola un poco por delante de las del resto.
_ ¿Se dan cuenta dijo a nadie en particular de que nunca he jugado al palamallo?
_Limítate a darle un buen batacazo a la bola en esa dirección, cariño _le explicó Daphne al tiempo que indicaba el primer aro.
_ ¿No es ése el último aro? _preguntó Pablo.
_Es el primero.
_Tendría que ser el último.
Daphne alzó la barbilla.
_Yo he preparado el recorrido, es el primero.
_Creo que aquí va a haber sangre _le susurró Mia a Marizza.
El duque se volvió a Pablo y le dedicó una sonrisa falsa.
_Creo que creeré en la palabra de Daphne en esta cuestión.
_Es ella la que preparó el recorrido _comentó Marizza.
Pablo, Colin, Simon y Daphne la miraron con consternación, como si no pudieran creer del todo que tuviera el valor de meterse en la conversación.
_Bien, así fue _añadió Marizza.
Daphne entrelazó su brazo con el de ella.
_Creo que la adoro, Marizza Sheffield _manifestó.
_Dios me ayude _masculló PAblo.
Hastings echó hacia atrás el mazo, golpeó y la bola naranja se precipitó enseguida por el césped.
_Bien hecho, Simon! _gritó Daphne.
Colin se volvió y miró a su hermana con desdén.
En el juego del palamallo nunca se ovaciona a los contrincantes le dijo con arrogancia.
Nunca antes ha jugado respondió_. No es probable que gane.
_No importa.
Daphne se volvió hacia Marizza y Mia y les explicó:
_Me temo que la falta de deportividad es un requisito en el palamallo Bridgerton.
_Eso había deducido _dijo Marizza con sequedad.
_Me toca _ladró Pablo. Echó una mirada desdeñosa a la bola rosa y luego le arreó un buen porrazo. Surcó de forma espléndida la hierba, pero dio contra un árbol y se detuvo como una piedra sobre el suelo.
_ ¡Fantástico! _exclamó Colin, quien empezó a preparar su turno.
Pablo balbuceó unas cuantas cosas en voz baja, ninguna de ellas apropiada para oídos delicados.
Colin envió la bola amarilla en dirección al primer aro y a continuación se colocó a un lado para dejar que Marizza lo intentara.
_ ¿Puedo hacer una tirada de prueba? _preguntó.
_No. _Fue un «no» bastante sonoro, ya que eran tres las bocas que lo pronunciaron.
_Muy bien dijo entre dientes. Retrocedan todos. No seré responsable si lesiono a alguien la primera vez. _Echó hacia atrás el mazo con todas sus fuerzas y sacudió la bola. Salió volando por el aire formando un arco bastante impresionante, luego chocó con el mismo árbol que había frustrado la tirada de Pablo y cayó pesadamente al suelo, al lado de la bola rosa.
_Oh, cielos _dijo Daphne mientras se disponía a apuntar. Echó hacia atrás el brazo varias veces antes de darle a la bola.
_ ¿Por qué ese «cielos»? _preguntó Marizza con preocupación. La débil sonrisa de lástima de la duquesa no la tranquilizó.
_Ya verá. _Daphne tiró y luego se fue siguiendo la dirección había trazado su bola.
Marizza miró a Pablo. Parecía muy, muy complacido con la situación actual de las cosas.
_ ¿Qué me va a hacer? _preguntó ella.
El vizconde se inclinó hacia delante con aire muy malicioso.
_Una pregunta más apropiada sería qué no voy a hacerle.
_Creo que me toca _dijo Mia y se adelantó hasta el punto de inicio. Dio a su bola un golpe anémico y luego gimió al ver que no había avanzado ni la tercera parte que los demás.
_ Aplique un poco más de fuerza la próxima vez _dijo Pablo antes de irse hacia su bola.
_De acuerdo _masculló Mia a su espalda_. Nunca me lo habría imaginado.
_ ¡Hastings! _ aulló Pablo _. Es tu turno.
Mientras el duque daba un golpecito a la bola para acercarla al siguiente aro, Pablo se apoyó en el árbol con los brazos cruzados y su ridículo mazo rosa colgándole de una mano. Esperó a Marizza.
_Oh, señorita Sheffield dijo finalmente en voz alta. ¡Las normas del juego establecen que cada uno siga su propia bola!
La observó acercarse poco a poco a su lado.
_Ya está _refunfuñó_. ¿Y ahora qué?
_Debería de tratarme con más respeto _continuó él mientras le dedicaba una sonrisa perezosa y astuta.
_ ¿Después de que se entretuviera con Mia? _le respondió con brusquedad_. Lo que tendría que hacer es descuartizarle.
_Qué mozuela tan sanguinaria _reflexionó él_. Le irá bien en el palamallo... finalmente.
El vizconde observó muy divertido que a Marizza se le ponía el rostro primero muy rojo, y luego blanco.
_ ¿Qué quiere decir? _preguntó ella.
_Por el amor de Dios, Pablo _gritó Colin_. Tira de una vez.
PAblo miró hacia donde se hallaban las dos bolas pegadas sobre la hierba, la negra de ella y la de él, de un rosa terrible.
_De acuerdo _murmuró_. No quiero hacer esperar al querido y dulce Colin. _Y con eso, puso un pie sobre su bola y echó el mazo hacia atrás...
_ ¿Qué está haciendo? _chilló Marizza.
...y lo lanzó. La bola de Pablo permaneció firme en su sitio, debajo de su bota. La de Marizza salió colina abajo recorriendo lo que parecían millas.
Desalmado rezongó.
_Todo vale en el amor y en la guerra _bromeó.
_Voy a matarle.
_Puede intentarlo _le tomó el pelo_ pero tendrá que alcanzarme primero.
Marizza sopesó el mazo de la muerte, luego observó el pie de él.
_Ni se le ocurra _advirtió el vizconde.
_Es una tentación _dijo entre dientes.
Él se inclinó con gesto amenazador hacia ella.
_Tenemos testigos.
_Y eso es lo único que le salva la vida en este momento.
Él se limitó a sonreír.
_Creo que su bola se ha ido colina abajo, señorita Sheffield. Estoy convencido de que volveremos a verla dentro de una media hora cuando consiga alcanzarnos.
Justo entonces Daphne pasó junto a ellos a buen paso, siguiendo su bola que les había adelantado sin que se dieran cuenta.
_Por eso dije «Oh, cielos» _comentó sin que fuera, en opinión de Marizza, dar más explicaciones.
_Pagará por esto _prometió Marizza entre dientes.
La sonrisita de él decía más que cualquier palabra.
Y entonces ella se fue colina abajo. Soltó una sonora maldición, decididamente poco femenina, cuando se percató de que su bola había quedado alojada debajo de un seto.



Media hora después, Marizza aún iba dos aros por detrás del penúltimo jugador. Pablo iba ganando, lo cual le fastidiaba muchísimo. La única cosa favorable era que estaba tan rezagada que no tenía que su rostro de regodeo.
Luego, mientras esperaba su turno haciendo girar los pulgares, (poco más podía hacer, ya que ningún otro jugador quedaba ni remotamente cerca de ella), oyó que Pablo soltaba un grito ofendido.
Esto atrajo de inmediato su atención.
Sonriendo ante la expectativa de que hubiera sucedido alguna desgracia, miró a su alrededor con ansia hasta que avistó la bola rosa volando sobre la hierba directamente hacia ella.
_ ¡Uh! _gorjeó Marizza. Dio un salto y se apartó con rapidez a un lado para no perder un dedo del pie.
Cuando volvió a alzar la vista, vio a Colin brincando en el aire y su mazo elevándose hacia arriba mientras gritaba exultante:
_ ¡Yuhu!
Pablo puso cara de querer destripar a su hermano allí mismo.
Kate también habría ejecutado la danza de la victoria. Ya que no podía ganar, lo mejor era saber que Pablo tampoco podría vencer, sólo que ahora él volvía a quedarse retrasado junto a ella durante varios turnos. Y aunque su soledad no era la cosa más entretenida del mundo, era mejor que tener que conversar con él.
De todos modos fue difícil no mostrar un poco de petulancia cuando Pablo se acercó hacia ella pisoteando la hierba, con el ceño fruncido como si una nube de tormenta acabara de instalarse en su cerebro.
_Ha sido mala suerte, milord _murmuró Marizza.
La fulminó con la mirada.
Ella suspiró, sólo para dar efecto, por supuesto.
_Estoy segura de que aún conseguirá situarse en segundo o tercer lugar.
Él se inclinó hacia delante con gesto amenazador y profirió un sonido que se parecía demasiado a un bufido.
_ ¡Señorita Sheffield! _El chillido impaciente de Colin llegó desde lo alto de la colina_. ¡Es su turno!
_Sí, claro _dijo mientras analizaba los posibles disparos. Podía apuntar al siguiente aro o podía intentar a su vez sabotear a Pablo.
Por desgracia, la bola de él no tocaba la suya, de modo que no podía intentar la maniobra de pisar la bola, empleada antes por Pablo con ella. Era mejor para ella, con la suerte que tenía, acabaría fallando del todo y en vez de dar a la bola se rompería el pie o algo así.
_Decisiones, decisiones _murmuró Marizza.
El vizconde se cruzó de brazos.
_La única manera que tiene de arruinarme la partida es arruinar la suya también.
_Cierto _admitió ella. Si quería enviar la bola de él al quinto pino, tenía que renunciar también a la suya, pues no le quedaba otro remedio que golpear primero la suya con todas sus fuerzas para conseguir que la de Pablo se moviera. Sólo el cielo sabía dónde acabaría.
_Pero _alzó la vista para mirarle y sonrió con gesto inocente_ de cualquier modo, en realidad no tengo ninguna posibilidad de ganar esta partida.
_Podría acabar segunda o tercera _intentó él.
Marizza sacudió la cabeza.
_Poco probable, ¿no le parece? Estoy tan retrasada, de hecho, y ya casi nos acercamos al final...
_No querrá hacer eso, señorita Sheffield _le advirtió.
_Oh dijo con gran sentimiento. Sí quiero, de verdad, quiero. _Y en ese momento, con la sonrisa más maligna que habían esbozado sus labios en la vida, echó hacia atrás el mazo y propinó un porrazo a su bola con cada gramo de emoción que había dentro ella. Ésta dio a la bola de Pablo con una fuerza sorprendente y la mandó volando colina abajo.
Y más abajo...
Y más...
Directamente dentro del lago.
Boquiabierta de deleite, Marizza se quedó mirando durante un momento cómo se hundía la bola rosa en el lago. Luego algo se propagó por su interior, una emoción extraña y primitiva, y antes de que supiera qué le sucedía, estaba saltando como una loca al tiempo que gritaba:
_ ¡Sí! ¡Sí! ¡He ganado!
_No ha ganado _soltó Pablo con brusquedad.
_ Oh, pero es como si ganara _se regodeó ella.
Colin y Daphne, que habían bajado corriendo por la colina, se detuvieron en seco delante de ellos.
_ ¡Bien hecho, señorita Sheffield! _ exclamó Colin _. Sabía que se merecía el mazo de la muerte.
_ ¡Genial! _ reconoció Daphne _. Totalmente genial.
A Pablo, por supuesto, no le quedó otra opción que cruzarse de brazos y fruncir el ceño con furia.
Colin le dio a Marizza una palmada simpática en la espalda.
_ ¿Está segura de que no es una Bridgerton disfrazada? Ha estado de verdad a la altura del espíritu del juego.
_No podría haberlo hecho sin su ayuda _le dijo Marizza muy cortés_. Si no hubiera enviado su bola colina abajo...
_Tenía la esperanza de que recogiera las riendas de su destrucción _ explicó Colin.
El duque finalmente se aproximó acompañado de Mia.
_Un final de partida realmente asombroso _comentó.
_Aún no ha acabado _recalcó Daphne.
Su marido le dedicó una mirada divertida.
_Seguir jugando parece ahora bastante decepcionante, ¿no creen?
Por sorprendente que fuera, incluso Colin se mostró conforme.
_Desde luego no puedo imaginar nada que lo supere.
Marizza sonrió radiante.
El duque echó una mirada al cielo y comentó:
_Es más, está empezando a taparse. Quiero llevar a Daphne de vuelta a la casa antes de que empiece a llover. En su estado delicado, ya saben.
Marizza miró llena de sorpresa a Daphne, quien había empezado a sonrojarse. No presentaba síntomas de estar embarazada.
_Muy bien dijo Colin. Propongo que pongamos fin a la partida y declaremos vencedora a la señorita Sheffield.
_Iba dos aros por detrás de todos los demás _objetó Marizza.
_De cualquier modo _añadió Colin_, cualquier verdadero aficionado al palamallo Bridgerton entiende que enviar al lago la bola de Pablo es mucho más importante que meter la bola a través de los aros. Lo cual la convierte en nuestra campeona, señorita Sheffield. _ Miró a su alrededor y luego directamente a Pablo_. ¿Alguien discrepa?
Nadie lo hizo, aunque Pablo parecía estar a punto de recurrir a la violencia.
_Excelente dijo Colin. En tal caso, la señorita Sheffield es nuestra ganadora, y Pablo, tú eres el perdedor.
Un extraño sonido amortiguado surgió de la boca de Marizza, medio risa medio atragantamiento.
_Bien, alguien tenía que perder dijo Colin con una mueca. Es la tradición.
_Cierto _aprobó Daphne_. Somos una familia sanguinaria, pero nos gusta seguir la tradición.
_Estáis todos locos de remate, eso es lo que pasa dijo en tono afable el duque. Y dicho esto, Daphne y yo debemos despedirnos. Quiero que regrese antes de que empiece a llover. Confío en que a nadie le importará que nos vayamos sin ayudar a recoger las cosas.
Por supuesto, a nadie le importaba, y pronto el duque y la duquesa emprendieron el regreso en dirección a Aubrey Hall.
Mia, que había permanecido callada durante la conversación (aunque observaba a los diversos Bridgerton como si hubieran escapado directamente de un manicomio) de pronto se aclaró la garganta.
_ ¿Creen que debemos intentar recuperar la bola? _preguntó mirando colina abajo con ojos entrecerrados.
El resto del grupo contempló las aguas calmadas como si nunca hubieran considerado aquella noción tan singular.
_No parece que haya aterrizado en medio del lago _añadió_ Bajó rodando, nada más. Es probable que se halle junto a la orilla.
Colin se rascó la cabeza. Pablo continuó con el ceño fruncido.
_Sin duda no querrán perder otra bola _insistió Mia. Al ver que nadie se dignaba a responder, arrojó su mazo y levantó los brazos al aire diciendo_: ¡De acuerdo! Iré yo a buscar la estúpida bola.
Aquello por fin sacó a los hombres de su estupor, y los dos saltaron en su ayuda.
_No sea tonta señorita Sheffield _dijo Colin cortés, al tiempo que empezaba a caminar colina abajo_. Yo la cogeré.
_Por el amor de Dios _masculló Pablo_. Yo sacaré la maldita bola. _ Se puso a descender la colina a zancadas y alcanzó enseguida a su hermano. Pese a toda su ira, en realidad no podía culpar a Marizza de su acción. Él habría hecho lo mismo, aunque habría golpeado la bola con suficiente fuerza para hundirla directamente en medio del lago.
De todos modos, era de lo más humillante que le venciera una mujer, y en especial ella.
Llegó al borde del lago y lo inspeccionó. La bola rosa era tan chillona que tenía que verse a través del agua, contando con que hubiera caído en un fondo no demasiado profundo.
_ ¿La ves? _preguntó Colin, quien se detuvo entonces a su lado. Pablo sacudió la cabeza.
_Es un color estúpido de todos modos. Nadie quiere jugar nunca con el rosa.
Colin expresó su conformidad con un ademán afirmativo.
_Incluso el púrpura era mejor _continuó Pablo mientras se desplazaba unos pasos hacia la derecha para inspeccionar otra franja de la orilla. De pronto alzó la vista y fulminó con la mirada a su hermano_. Y, veamos, ¿qué diantres ha sucedido con el mazo púrpura?
Colin se encogió de hombros.
_Y yo qué sé.
_Lo que yo sí sé _masculló Pablo_ es que reaparecerá de forma milagrosa mañana por la noche entre los demás mazos de palamallo.
_Es probable que tengas razón _respondió Colin animado. Se movió un poco más allá de Pablo sin dejar de mirar al agua todo el rato_. Tal vez incluso esta tarde, si tenemos suerte.
_Un día de estos dijo Pablo como si tal cosa voy a matarte.
_De eso no tengo duda. _Colin inspeccionó el agua, luego de pronto indicó con su dedo índice_. ¡Mira! Ahí está.
En efecto, la bola rosa se había quedado dentro del agua poco profunda, a poco más de medio metro del borde del lago. Parecía no haber más de unos treinta centímetros de profundidad. Pablo maldijo en voz baja. Tendría que sacarse las botas y meterse en el agua. Daba la impresión de que Marizza Sheffield siempre le obligaba a sacarse las botas y adentrarse en alguna masa de agua.
No, pensó cansinamente, cuando irrumpió en el Serpentine para var a Mia, no tuvo tiempo de sacarse las botas. La piel se había quedado hecha una ruina. Su asistente casi se desmaya de horror al verlas.
Con un gemido se sentó en una roca y se sacó el calzado. Supuso que salvar a Mia bien merecía un par de buenas botas. Salvar una estúpida bola rosa de palamallo... con franqueza, aquello ni siquiera merecía mojarse los pies.
_Parece que ya la tienes controlada dijo Colin de modo que me voy a ayudar a la señorita Sheffield a sacar los aros.
Anthony se limitó a sacudir la cabeza con resignación y se adentró Pablo el agua.
_ ¿Está fría? _Oyó una voz femenina.
Santo Dios, era ella. Se dio media vuelta. Marizza Sheffield estaba de pie en la orilla.
_Pensaba que estaba recogiendo los aros _dijo con cierta irritación.
_Ésa es Mia.
_Demasiadas señoritas Sheffield, desde luego _masculló en voz baja. Tenía que existir una ley que prohibiera que las hermanas se presentaran en sociedad durante una misma temporada.
_Perdón, ¿cómo ha dicho? _preguntó ella inclinado la cabeza a un lado.
_He dicho que está helada _mintió él.
_Oh, cuánto lo siento.
Eso atrajo la atención del vizconde.
_No, no lo siente _afirmó finalmente.
_Bueno, no _admitió_. No que haya perdido, eso no. Pero no era mi intención que se le helaran las puntas de los pies.
De repente Pablo se sintió dominado por el deseo demencial de ver las puntas de los pies de ella. Era un pensamiento horrible. No tenía ningún sentido desear a esa mujer. Ni siquiera le gustaba.
Suspiró. No era cierto. Supuso que le gustaba de alguna forma peculiar, paradójica. Y pensó, por extraño que pareciera, que tal vez él también le estuviera empezando a gustar de un modo paradójico.
_Habría hecho lo mismo en mi caso _continuó Marizza.
Pablo no dijo nada, se limitó a seguir avanzando con cuidado.
_ ¡Lo habría hecho! _insistió ella.
Él se inclinó hacia abajo y sacó la bola, mojándose también la manga. Maldición.
_Lo sé _contestó entonces.
_Oh _dijo Marizza. Sonaba sorprendida, como si no esperara que él lo admitiera.
Pablo retrocedió por el agua para salir, agradecido de que la tierra de la orilla estuviera firme y apretada, y por lo tanto no se pegara a sus pies.
_Aquí tiene _dijo Marizza mientras le tendía lo que parecía una manta_. Estaba en el cobertizo. Me paré a cogerla al bajar. Pensé que tal vez le hiciera falta algo para secarse los pies.
Pablo abrió la boca pero, por extraño que pareciera, no surgió ningún sonido. Por fin consiguió decir:
_Gracias. _Y cogió la manta de sus manos.
_No soy una persona tan terrible, ¿sabe? _le dijo Marizza con una sonrisa.
_Yo tampoco.
_Tal vez _reconoció ella_, pero no debería haberse entretenido tanto con Mia. Sé que lo hizo sólo para sacarme de quicio.
Él alzó una ceja mientras se sentaba en la roca para secarse 1os pies. Dejó la bola en el suelo a su lado.
_ ¿No ha pensado que mi retraso tuviera algo que ver con el deseo de pasar un rato con la mujer a la que estoy considerando convertir en mi esposa?
Marizza se ruborizó un poco, pero luego masculló:
_Tal vez sea lo más ególatra que he dicho en mi vida pero, no, creo que sólo quería irritarme a mi.
Tenía razón, por supuesto, pero él no iba a decírselo.
_Pues da la casualidad _explicó él_ que fue Mia quien se retrasó. Por qué, no lo sé. Consideré poco educado ir a buscarla a su habitación y exigirle que se diera prisa, de modo que esperé en mi despacho hasta que estuvo lista.
Se produjo un largo momento de silencio, luego Marizza dijo:
_Gracias por explicármelo.
Él sonrió con gesto irónico.
_No soy una persona tan terrible, ¿sabe?
Ella suspiró.
_Lo sé.
Algo en su expresión de resignación hizo que Pablo sonriera.
_Pero ¿tal vez un poco terrible? _bromeó.
Ella se animó, era obvio que volver a las frivolidades hacía que le resultara más cómodo conversar con él.
_ Oh, desde luego.
_Bien. Detesto ser aburrido.
Marizza sonrió y le observó mientras se ponía los calcetines y las medias. Se acercó y cogió la bola rosa.
_Mejor llevo esto al cobertizo.
_ ¿Por si acaso siento una necesidad incontrolable de arrojarla de nuevo al lago?
Ella asintió.
_Algo así.
_Muy bien. _Se levantó_. Entonces yo llevaré la manta.
_Un trato justo. _Se volvió para ascender por la ladera y entonces atisbó a Colin y Mia desapareciendo en la distancia_. ¡Oh!
Pablo también se volvió con celeridad.
_ ¿Qué pasa? Oh, ya veo. Parece que su hermana y mi hermano han decidido regresar sin nosotros.
Marizza miró con un ceño a los hermanos errantes, luego encogió los hombros con resignación mientras empezaban a ascender con esfuerzo por la colina.
_Supongo que puedo tolerar su compañía durante unos minutos más si usted puede tolerar la mía.
PAblo no dijo nada y aquello sorprendió a Marizza. Parecía el tipo de comentario para el que tendría una contestación ingeniosa y tal vez incluso mordaz. Le miró y luego apartó la vista con una leve sorpresa. Él la miraba del modo más extraño...
_ ¿Todo... está todo bien, milord? _preguntó con vacilación.
Él asintió.
_Bien. _Pero sonaba bastante distraído.
El resto del trayecto hasta el cobertizo lo cubrieron en silencio. Marizza dejó la bola rosa en su lugar en la carretilla de palamallo y advirtió que Colin y Edwina habían retirado todos los aros del recorrido y lo habían recogido todo, incluido el mazo púrpura y la bola a juego. Echó una mirada furtiva a Pablo y tuvo que sonreír. Era obvio por su ceño atribulado que él también se había dado cuenta.
_La manta va aquí, milord _le dijo con una mueca mal disimulada y se apartó de su camino.
Pablo se encogió de hombros.
_ La llevaré a la casa. Hace falta lavarla bien.
Ella expresó su conformidad, cerraron la puerta y se fueron.



Fin del cApituloo


 
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!

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April 6 2009, 9:45 PM 

Qe guay!Cada vez esta mas interesante i cada vez me gusta mas!!Porfas pon los proximos en un plis!!

Besos =D

 
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Anonimo
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!

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April 6 2009, 11:42 PM 

lo sigo diciendo! ME ENCANTA! y cada vez mas! lo tiene todo, divertida, intrigante,... siguela proto porfiitaaa! happy.gif Un besoo

 
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mª jesus
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!

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April 7 2009, 12:27 AM 

me encanta esta genial,siguela
pronto ahhh.....y tambien me gusta
mucho colin es muy divertido...besosssss

 
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anonimo
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el vizconde que me amó

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April 7 2009, 12:33 AM 

hola soy betsy. me han encantado. al final volvieron a ser interrumpidos, y esta vez por colin. este chico me encanta. sin duda se ha fijado en q marizza seria una mejor pareja para su hermano pablo q mia. pero pablo sigue empeñado en no quererse dar cuenta. aunque el hecho de hacerla enfadar yendo a buscar a mia y retrasandose (aunque la culpa fuera de mia)hace pensar q a pablo le interesa marizza bastante mas de lo que quiere admitir. ademas mia tb se ha dado cuenta de ello y parece como si quisiera alentar la relacion de su hermana con el vizconde.
por otro lado me ha encantado ver a los duques de hastings, q siguen igual de enamorados q siempre, y daphne manejando a su marido a su antojo je je. el juego de la pelota ha estado interesante. marizza sin saberlo eligió el mazo de pablo. y menudo enfado se llevó. por otro lado pablo esta sintiendo muchas cosas por marizza pero ninguna por mia y pronto ya no le serviran de nada las excusas q él mismo se pone para evitar esto. en fin, espero q puedas seguirla pronto. bss linda.

 
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Claudinha
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!

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April 7 2009, 3:53 AM 

Geniales, gracias..dos capitulos ya!!
me encantaron, no nos dejes asi y siguela pronto please

 
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Current Topic - *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________CapItUlOOo 9 y 10!!  Respond to this message   
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