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*_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________ UltiMoSs CapItUloSs!!

April 12 2009 at 5:01 PM
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mary_xiki24  (no login)

 



wenas niñas!!!
aqi os dejo los dos ultimos capitulos de la web intentare subirles el epilogo esta tarde... espero q os aya gustado tanto cm me gusto a mi!! la semana q viene empezare la proxima!!
bsts lindas




Capítulo 21


Se ha rumoreado que lord y lady Bridgerton se vieron obligados a casarse. Pero aunque eso fuera cierto, Esta Autora se niega a creer que lo suyo sea otra cosa que una boda por amor.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
15 de junio de 1814



Qué extraño era, pensé Marizza mientras miraba la comida del desayuno, dispuesta sobre la mesita auxiliar en el pequeño comedor, sentirse tan famélica y al mismo tiempo no tener apetito. Su estómago hacía ruidos y estaba revuelto, exigía comida ya, y no obstante todo le parecía repugnante, de los huevos a los bollos, de los arenques al cerdo asado.
Con un suspiro de desaliento, alcanzó una solitaria tostada triangular y se hundió en su silla con una taza de té.
Pablo no había vuelto anoche.
Marizza dio un mordisco a la tostada y se obligó a tragar. Había confiado en que al menos él hubiera hecho aparición a tiempo para el desayuno. Había retrasado esta comida todo lo posible _ya eran casi las once de la mañana y normalmente ella desayunaba a las nueve_ pero su marido seguía ausente.
_ ¿Lady Bridgerton?
Marizza alzó la vista y pestañeó. Un lacayo estaba de pie ante ella con un pequeño sobre de color crema en la mano.
_Ha llegado esto hace unos minutos _dijo.
Marizza le dio las gracias con un murmullo de voz y cogió el sobre precintado con esmero con una cantidad de lacre rosa claro. Se lo acercó a los ojos y distinguió las iniciales EOB. ¿Uno de los parientes de Pablo? La E tenía que ser de Eloise, por supuesto. Todos los Bridgerton habían sido bautizados en orden alfabético.
Marizza rompió el sello con cuidado y dejó salir el contenido: un único pedazo de papel, plegado por la mitad con pulcritud.


Marizza,


Pablo está aquí Está hecho una pena. Por supuesto, no es asunto mío, pero he pensado que tal vez te gustaría saberlo.


Eloise


Marizza miró la nota durante unos segundos más, luego echó hacia atrás la silla y se levantó. Era hora de hacer una visita a la mansión Bridgerton.



Para gran sorpresa de Marizza, cuando llamó a la puerta de la mansión no fue el mayordomo quien abrió la puerta al instante sino la propia Eloise, quien dijo de inmediato:
_ ¡Sí que te has dado prisa!
Marizza miré por el vestíbulo, medio esperando que algún otro hermano Bridgerton saliera a su encuentro.
_ ¿Me esperabas?
Eloise respondió con un gesto afirmativo.
_Y no tienes que llamar a la puerta, ¿sabes? La mansión Bridgerton es propiedad de Pablo al fin y al cabo. Tú eres su esposa.
Marizza esbozó una débil sonrisa. No es que se sintiera una esposa aquella mañana.
_Espero que no pienses que soy una entrometida incorregible_continuó Eloise al tiempo que la cogía del brazo y la guiaba por el pasillo_, pero Pablo tiene un aspecto espantoso, y tuve la leve sospecha de que tú no sabías que se encontraba aquí.
_ ¿Y por qué ibas a pensar eso? _no pudo evitar preguntar Marizza.
_Bien _explicó Eloise_ tampoco se molestó en contarnos a ninguno de nosotros que estaba aquí.
Marizza miró a su cuñada con desconfianza.
_ ¿Lo cual quiere decir...?
Eloise tuvo la discreción de sonrojarse con un débil rubor.
_ Lo cual quiere decir, ah, que el único motivo de que yo sepa que está aquí es por haberle espiado. No creo que ni tan siquiera mi madre esté enterada de que se encuentra en la mansión.
_ ¿Nos has estado espiando? _La propia Marizza se dio cuenta de que pestañeaba con rapidez.
_ No, por supuesto que no. Pero dio la casualidad de que me levanté bastante temprano esta mañana y oí que alguien entraba, de modo que fui a investigar y vi que había luz tras la puerta de su estudio.
_ ¿Cómo sabes, entonces, que tiene un aspecto espantoso?
Eloise se encogió de hombros.
_ Imaginé que tendría que salir en algún momento, para comer algo u orinar, de modo que esperé en los escalones una hora más o menos...
_ ¿Más o menos? _repitió Marizza.
_O tres _admitió Eloise_. No se hace tan largo cuando de verdad te interesa el tema, y aparte, tenía un libro conmigo para pasar el rato.
Marizza meneó la cabeza con admiración a su pesar.
_ ¿A qué hora llegó anoche?
_Hacia las cuatro más o menos.
_ ¿Qué hacías levantada tan tarde?
Eloise volvió a encogerse de hombros.
_No podía dormir. A menudo me cuesta. Había bajado a buscar un libro de la biblioteca para leer. Al final, a eso de las siete... bien, supongo que era un poco antes de las siete, o sea, que tampoco estuve tres horas esperando...
Marizza empezó a sentirse mareada.
_ ... antes de las siete salió. No se encaminó al comedor a desayunar, de modo que salió por otro motivo. Tras un minuto o dos, volvio a aparecer y se metió otra vez en el estudio. Donde _concluyó Eloise con una floritura_ ha permanecido desde entonces.
Marizza se la quedó mirando durante unos buenos diez minutos.
_ ¿Alguna vez has considerado ofrecer tus servicios al Departamento de Guerra?
Eloise esbozó una amplia sonrisa, tan parecida a la de Pablo que Marizza casi grita.
_ ¿Como espía? _preguntó.
Marizza asintió con la cabeza.
_Sería muy buena, ¿no crees?
_ Magnífica.
Eloise dio un abrazo espontáneo a Marizza.
_Qué contenta estoy de que te casaras con mi hermano. Ahora vete a ver qué pasa.
Marizza hizo un gesto de asentimiento, enderezó los hombros y dio un paso para dirigirse al estudio de Pablo. Pero entonces se dio media vuelta y señaló a Eloise con el dedo.
_No escuches tras la puerta.
_Ni se me ocurriría _contestó Eloise.
_ ¡Lo digo en serio, Eloise!
Eloise dio un suspiro.
_Ya es hora de que me vaya a la cama de todas formas. Me irá bien echar un sueñecito después de estar levantada toda la noche.
Marizza esperó a que la muchacha hubiera desaparecido por la escalera y entonces se encaminó hacia la puerta del estudio de Pablo. Puso la mano en el pomo y susurró para sí:
_Que no esté cerrada. _Rogó mientras lo hacía girar. Para su alivio extremo, se movió y la puerta se abrió de par en par.
_ ¿Pablo? _llamó. Su voz sonaba suave y vacilante; se percató de que no le gustaba aquel sonido. No estaba acostumbrada a ser suave y vacilante.
No hubo respuesta, de modo que Marizza dio otro paso. Las cortinas estaba bien corridas y el tupido terciopelo admitía poca luz. Marizza inspeccionó la habitación hasta que sus ojos repararon en la figura de su esposo, repantingado sobre el escritorio, profundamente dormido.
Marizza atravesó en silencio la habitación hasta las ventanas y descorrió un poco las cortinas. No quería cegar a Pablo cuando se despertara, pero al mismo tiempo no iba a mantener una conversación tan importante en la oscuridad. Luego regresó hasta el escritorio y le sacudió el hombro con delicadeza.
_ ¿Pablo? _susurró_. ¿Pablo?
Su respuesta sonó más como un ronquido que cualquier otra cosa.
Marizza frunció el ceño con impaciencia y le sacudió con un poco más de fuerza.
_ ¿Pablo? dijo en voz baja. Pabl...
_ ¿Qqqueccoouuhhnn...? _Se despertó con un movimiento repentino, una ráfaga de palabras incoherentes surgió de sus labios mientras enderezaba el torso de forma brusca.
Marizza le observó pestañear intentando encontrar un poco de coherencia. Luego se fijaba en ella.
_Marizza _dijo con voz áspera y ronca por el sueño y algo más, tal vez alcohol_. ¿Qué haces aquí?
_ ¿Qué haces tú aquí? _replicó ella_. La última vez que me fijé, vivíamos casi a una milla de distancia.
_No quería molestarte _masculló.
Marizza no se lo creyó ni por un segundo, pero decidió que no iba a discutir aquella cuestión. En vez de eso, optó por el planteamiento directo y preguntó:
_ ¿Por qué te fuiste anoche?
Al prolongado silencio le siguió un suspiro cansino, fatigado. Pablo dijo finalmente:
_Es complicado.
Marizza contuvo el impulso de cruzarse de brazos.
_ Soy una mujer inteligente dijo procurando no alterar en nada su voz. Por lo general soy capaz de entender conceptos complejos.
A Pablo no pareció gustarle su sarcasmo.
_No quiero hablar de esto ahora.
_ ¿Cuándo quieres hablar de esto?
_ Vete a casa, Marizza_dijo con voz suave.
_ ¿Tienes planeado venir conmigo?
PAblo soltó un pequeño gemido y se pasó la mano por el pelo. Cristo, parecía un perro con un hueso. Le estallaba la cabeza, su boca sabía a estropajo, lo único que de verdad quería era refrescarse la cara con agua y lavarse los dientes, y ahí estaba su mujer que no dejaba de interrogarle...
_ ¿Pablo? _ insistió.
Eso era suficiente. Se levantó de forma tan repentina que la silla cayó al suelo con un resonante estruendo.
_Vas a dejar las preguntas al instante _soltó con brusquedad.
La boca de Marizza formó una línea recta y enojada. Pero los ojos... Pablo tragó saliva para contrarrestar el ácido sabor de la culpabilidad que le llenó la boca.
Porque los ojos de Marizza estaban inundados de dolor.
Y la angustia en el corazón de Pablo se multiplicó por diez.
No estaba preparado. Aún no. No sabía qué hacer con ella. No sabía qué hacer consigo mismo. Toda su vida _o al menos desde que su padre había muerto _ había sabido que ciertas cosas eran verdaderas, que ciertas cosas tenían que ser verdaderas. Y ahora Marizza iba y ponía su mundo patas arriba.
No había querido amarla. Diablos, no había querido amar a nadie. Era la cosa _la única cosa_ que le hacía temer su propia mortalidad. ¿Y qué pasaba con Marizza? Había prometido quererla y protegerla. ¿Cómo podía hacerlo y saber en todo momento que tendría que dejarla? Sin duda no podía contarle sus peculiares convicciones. Aparte del hecho de que lo más probable fuera que le tomara por un loco, lo único que conseguiría sería someterla al mismo dolor y temor que le atormentaba. Mejor que siguiera ignorándolo todo.
¿Y no sería todavía mejor que ella ni tan siquiera le amara?
Pablo desconocía la respuesta, así de sencillo. Y necesitaba más tiempo. Y no podía pensar si ella estaba ahí, de pie delante de él, con aquellos ojos llenos de dolor, estudiando su rostro. Y...
_Vete _soltó con voz entrecortada_. Simplemente, vete.
_No _dijo ella con una determinación tranquila que hizo que la quisiera aún más_. No hasta que me cuentes qué es lo que te tiene trastornado.
Pablo salió de detrás del escritorio y la cogió por el brazo.
_No puedo estar contigo en este momento _dijo con aspereza, evitando sus ojos_. Mañana. Te veré mañana. O al día siguiente.
_ Pablo...
_Necesito tiempo para pensar.
_ ¿Sobre qué? _chilló ella.
_No me lo pongas más difícil...
_ ¿Cómo puede ser todavía más difícil? _preguntó ella_. Ni siquiera sé de lo que estás hablando.
_Sólo necesito unos pocos días _dijo, y le sonó como un eco. Unos pocos días para pensar. Para adivinar qué iba a hacer, cómo iba a vivir su vida.
Pero ella se dio la vuelta para mirarle de frente, le puso la mano en la mejilla y le tocó con una ternura que hizo que a él le doliera el corazón.
_Pablo _susurró_, por favor...
Él era incapaz de articular palabra, de proferir sonido alguno. Marizza deslizó la mano hasta su nuca, y luego se fue aproximando... más... y más... y él no pudo resistirse. La deseaba tanto, deseaba sentir su cuerpo apretado contra el suyo, saborear la suave sal de su piel. Quería olerla, tocarla, oír el sonido áspero de su respiración en su oído.
Los labios de ella le tocaron, suaves, buscándole, y su lengua le hizo un cosquilleo en la comisura de la boca. Sería tan fácil perderse en ella, tumbarse sobre la alfombra y...
_ ¡No! _La palabra surgió desgarrada de su garganta y, por Dios, no tenía idea de que fuera a pronunciarla.
_No _repitió y la apartó_. Ahora no.
_Pero...
No se la merecía. No ahora. Aún no. No hasta que entendiera cómo iba a vivir el resto de la vida. Y si ello suponía el negarse la única cosa que podría salvarle, pues que así fuera.
_Vete _ordenó con una voz que sonó un poco más dura de lo que era su intención_. Vete ahora. Te veré más tarde.
Y esta vez ella se marchó.
Se fue sin volver la vista atrás.
Y Pablo, que acababa de aprender lo que era amar, aprendió lo que era morirse por dentro.



A la mañana siguiente, Pablo estaba borracho. Por la tarde, tenía resaca.
La cabeza le estallaba, le zumbaban los oídos, y sus hermanos, a quienes les había sorprendido descubrirle en tal estado en su club, hablaban demasiado y demasiado alto.
Pablo se tapó las orejas con las manos y gruñó. Todo el mundo hablaba demasiado alto.
_ ¿Le ha echado Marizza de casa? _preguntó Colin mientras cogía una nuez de la gran fuente de peltre situada en medio de la mesa.
La cascó con un resonante crujido.
Pablo levantó la cabeza lo justo para fulminarle con la mirada.
Benedict observaba a su hermano con las cejas levantadas y un vago atisbo de sonrisita.
_Decididamente, le ha echado de casa le dijo a Colin. Pásame una de esas nueces, ¿quieres?
Colin se la arrojó por encima de la mesa.
_ ¿También quieres el cascanueces?
Benedict negó con la cabeza y puso una mueca mientras sostenía un libro voluminoso, encuadernado en cuero.
_Es mucho más satisfactorio machacarlas.
_Ni se te ocurra _ladró Pablo mientras sacaba veloz la mano para agarrar el libro.
_Tienes un poco sensibles los oídos esta tarde, ¿verdad?
Si Pablo hubiera tenido una pistola, les habría disparado a los dos, y al cuerno el ruido.
_Si me permites que te dé un consejo... _dijo Colin masticando su nuez.
_No te lo permito _replicó Pablo. Alzó la vista. Colin estaba mascando con la boca abierta. Había sido algo prohibido en su casa mientras crecían, por lo tanto Pablo tuvo que deducir que Colin estaba exhibiendo aquellos malos modales sólo para hacer más ruido_. Cierra tu maldita boca _masculló.
Colin tragó, se relamió los labios y dio un sorbo al té para empujar el bocado.
_Hicieras lo que hicieras, pide disculpas por ello. Te conozco, y voy conociendo a Marizza poco a poco, y puesto que sé lo que sé...
_ ¿De qué diablos está hablando? _refunfuñó Pablo.
_Creo _explicó Benedict inclinándose hacia atrás en la silla_ que está diciendo que eres un imbécil.
_ ¡Eso mismo! _exclamó Colin.
Pablo sacudió la cabeza con gesto cansino.
_Es más complicado de lo que pensáis.
_Siempre lo es _dijo Benedict con una sinceridad tan falsa que casi consigue sonar sincero.
_Cuando vosotros dos encontréis mujeres lo bastante crédulas como para casarse con vosotros _soltó Pablo con desprecio_, entonces podréis atreveros a ofrecerme consejo. Pero hasta entonces... callad la boca.
Colin miró a Benedict.
_ ¿ Crees que está enfadado?
Benedict movió una ceja.
_O eso o está borracho.
Colin sacudió la cabeza.
_No, borracho no. Ya no, al menos. Está claro que tiene resaca.
_Lo cual explicaría _dijo Benedict con un filosófico gesto de asentimiento_ por qué está tan enfadado.
Pablo se pasó una mano por el rostro y se apretó con fuerza las sienes con el pulgar y el corazón.
_Dios de los cielos _balbució_, ¿qué hará falta para que estos dos me dejen en paz?
_Que te vayas a casa, Pablo _dijo Benedict con voz sorprendentemente amable.
Pablo cerró los ojos y soltó un largo suspiro. Nada deseaba más, pero no estaba seguro de qué podía decirle a Marizza, y todavía más importante: no tenía ni idea de cómo se sentiría una vez llegara allí.
_Sí _corroboró Colin_. Vete a casa y dile que la quieres. ¿Qué puede haber más sencillo que eso?
Y de pronto fue sencillo. Tenía que decirle a Marizza que la amaba. Ahora. En ese preciso día. Tenía que asegurarse de que lo sabía, y juró pasar cada uno de los últimos minutos de su miserablemente corta vida demostrándoselo a ella.
Era demasiado tarde para cambiar el destino de su corazón. Había intentado no enamorarse, y no lo había conseguido. Puesto que no era probable que pudiera dar marcha atrás en su enamoramiento, también podía intentar que la situación saliera lo mejor posible. La premonición de su propia muerte seguiría obsesionándole tanto si Marizza sabía que la amaba como si no. ¿Acaso esos últimos años no serían más felices si los pasaba amándola con sinceridad y sin tapujos?
Estaba bastante seguro de que Marizza también se había enamorado de él; seguro que le alegraría oír que sentía lo mismo por ella. Y cuando un hombre amaba a una mujer, cuando la amaba de verdad, desde lo más profundo de su alma hasta la punta de los pies, ¿no era su obligación divina intentar hacerla feliz?
De todos modos, no iba a explicarle sus premoniciones. ¿Qué sentido tendría? Ella sufriría si supiera que su tiempo juntos iba a verse interrumpido, pero ¿por qué iba a saberlo? Mejor que la sorprendiera el dolor repentino y agudo de su muerte que padecer la anticipación de todo ello por adelantado.
Iba a morir. Todo el mundo moría, se recordó. Él simplemente iba a tener que morir más pronto de lo normal. Pero, por Dios, iba a disfrutar de cada instante en sus últimos años. Tal vez hubiera sido más conveniente no enamorarse, pero ahora que había sucedido, no iba a esconderlo.
Era sencillo. Su mundo era Marizza. Si lo negaba, tal vez dejara de respirar en aquel mismo momento.
_Tengo que marcharme _espetó al mismo tiempo que se ponía en pie de forma tan repentina que se dio con los muslos en el borde de la mesa, con lo cual las cáscaras de nuez salieron impulsadas por encima del tablero.
_Eso me parecía a mí _murmuró Colin.
Benedict sonrió y dijo:
_Vete.
Sus hermanos, se percató Pablo, eran un poco más listos de lo que dejaban entrever.
_Ya volveremos a hablar, ¿la semana que viene tal vez? _preguntó Colin.
Pablo tuvo que sonreír. Sus hermanos se habían reunido con él a diario en el club durante la última quincena. La pregunta tan inocente de Colin sólo podía implicar una cosa: era obvio que Pablo había perdido completamente la cabeza por su esposa y que planeaba pasar al menos los siguientes siete días demostrándoselo. Y que la familia que ahora estaba creando resultaba tan importante como la familia en la que había nacido.
_Dos semanas _contestó Anthony, echándose la levita_. Tal vez tres.
Sus hermanos se limitaron a sonreír.



Pero cuando Pablo cruzó el umbral de la puerta de su hogar, algo sofocado después de subir de tres en tres los escalones de la entrada, descubrió que Marizza no estaba en casa.
_ ¿A dónde ha ido? _preguntó al mayordomo. Era estúpido por su parte, pero en ningún momento había considerado que pudiera no estar en casa.
_Ha salido a dar un paseo por el parque _contestó el mayordomo_ con su hermana y un tal señor Bagwell.
_El pretendiente de Mia _murmuró para sí. Maldición. Se suponía que tenía que alegrarse por su cuñada, pero aquella visita inoportuna era de lo más molesta. Acababa de tomar una decisión que alteraba toda su vida; hubiera sido agradable que su esposa se encontrara en casa.
_El animal también iba con ellos _dijo el mayordomo con un estremecimiento. Nunca había podido tolerar lo que consideraba una invasión de su hogar por parte del corgi.
_Se ha llevado a Newton, ¿eh? _murmuró de nuevo Pablo.
_Imagino que regresarán dentro de una hora o dos.
Pablo golpeó con la punta de la bota el mármol del suelo. No quería esperar una hora. Demonios, no quería esperar ni un minuto.
_Ya les encontraré dijo con impaciencia. No puede ser tan difícil.
El mayordomo hizo un ademán con la cabeza e indicó a través de la puerta abierta de la calle el pequeño carruaje en el que Pablo había llegado a casa.
_ ¿Va a necesitar otro carruaje?
Pablo negó una vez con la cabeza.
_Iré a caballo. Es más rápido.
_Muy bien. _El mayordomo se inclinó con una pequeña reverencia.
_Pediré que le traigan una montura.
Pablo observó que el mayordomo se dirigía con sus andares lentos y reposados hacia la parte posterior de la casa durante dos segundos, pero la impaciencia pudo más.
_Yo mismo me ocuparé _ladró.
Y lo siguiente que supo era que salía como una flecha de la casa.



El ánimo de Pablo era alegre para cuando llegó a Hyde Park. Estaba ansioso por encontrar a su esposa, estrecharla en sus brazos y observar su rostro mientras le decía que la amaba. Rogó para que le respondiera con palabras que correspondiesen a aquel sentimiento. Pensaba que sería así; había visto su corazón en sus ojos en más de una ocasión. Tal vez ella estuviera esperando a que fuera él quien dijera algo primero. No podía culparla si fuera así; justo antes de la boda, él había dado mucho la lata con lo de que su matrimonio no sería por amor.
Qué idiota había sido.
Una vez que entró en el parque, tomó la decisión de encaminarse con su montura hacia Rotten Row. El concurrido paseo parecía el destino más probable del trío; sin duda Marizza no tenía motivos para sugerir una ruta más íntima.
Empujó un poco al caballo para que adoptara un trote todo lo rápido que permitiera el circular dentro de los confines del parque, e intentó hacer caso omiso de las llamadas y gestos de saludo que le hacían otros jinetes y paseantes.
Entonces, justo cuando pensaba que había conseguido que nadie le entretuviera, oyó una voz anciana, femenina y muy imperiosa que le llamaba por su nombre.
_ ¡Bridgerton! ¡Eh, Bridgerton! Deténgase de inmediato. ¡Le estoy hablando!
Soltó un gruñido y se dio media vuelta. Lady Danbury, el ogro de la aristocracia. No había manera de continuar sin hacerle caso. No tenía ni idea de cuántos años tenía. ¿Sesenta? ¿Setenta? Fueran los que fuesen, era una fuerza de la naturaleza, y nadie se atrevía a no hacerle caso.
_Lady Danbury dijo intentando no sonar resignado al frenar el caballo. Qué placer verla.
_Pardiez, muchacho _ladró_. Suena como si acabara de tomarse una horrible medicina. ¡Anímese!
PAblo sonrió con debilidad.
_ ¿Dónde está su esposa?
_La estoy buscando en este mismo momento _contestó_ o al menos estaba buscándola.
Lady Danbury era demasiado perspicaz como para que se le pasara por alto la directa insinuación, por lo tanto Pablo dedujo que no le hizo caso a propósito.
_Me cae bien su esposa.
_A mí también.
_Nunca pude entender por qué ponía tanto empeño en cortejar a su hermana. Una muchacha encantadora, pero está claro que no era para usted. _Entornó los ojos y soltó un resoplido indignado_. El mundo sería un lugar mucho más feliz si la gente me escuchara antes de coger y casarse _añadió_. Podría dejar decididas todas las parejas del Mercado Matrimonial en tan sólo una semana.
_Estoy seguro de ello.
La dama entrecerró los ojos.
_ ¿No me estará tratando con condescendencia?
_Nunca se me ocurriría _dijo Pablo con total sinceridad.
_Bien. Siempre me había parecido un tipo sensato. Yo... _Se quedó boquiabierta_. ¿Qué diablos es eso?
PAblo siguió la mirada horrorizada de lady Danbury hasta que sus ojos repararon en un carruaje descubierto que doblaba un recodo sobre dos ruedas, avanzando sin control y a toda velocidad. Aún estaba demasiado lejos para ver los rostros de los ocupantes, pero entonces oyó un chillido, y luego el ladrido aterrorizado de un perro.
A PAblo se le heló la sangre en las venas.
Su esposa estaba en ese carruaje.
Sin una sola palabra a lady Danbury, dio un puntapié al caballo y se lanzó a todo galope en pos del carruaje. No estaba seguro de lo que iba a hacer una vez lo alcanzara. Tal vez le arrebatara las riendas al desafortunado conductor. Tal vez consiguiera poner a alguien a salvo. Pero sabía que no podía quedarse quieto observando mientras el vehículo se estrellaba ante sus ojos.
Y no obstante, eso fue exactamente lo que sucedió.
PAblo se encontraba a medio camino del desbocado carruaje cuando éste hizo un viraje que le sacó del camino y continuó hasta darse contra una gran roca, que lo desestabilizó, dejándolo tumbado de lado.
Y PAblo no pudo hacer otra cosa que observar con horror cómo moría su esposa ante sus ojos.


Capítulo 22

Contrariamente a la opinión popular, Esta Autora es consciente de que se la considera una especie de cínica.
Pero, Querido Lector, eso no podría estar más lejos de la verdad. Pocas cosas gustan más a Esta Autora que un final feliz. Y si eso la convierte en una tonta romántica, pues bienvenido sea.

REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
15 de junio de 1814



Para cuando Pablo alcanzó el carruaje volcado, Mia había conseguido salir arrastrándose de los restos del vehículo y estiraba un trozo destrozado de madera en un intento de abrir un hueco en el otro lado del carruaje. Tenía rota la manga del vestido y el dobladillo raído y sucio, pero no parecía darse cuenta de ello mientras tiraba desesperadamente de la puerta atascada. Newton saltaba y se revolvía a sus pies con ladridos agudos y frenéticos.
_ ¿Qué ha sucedido? _preguntó Pablo con voz cortante y nerviosa mientras descendía del caballo.
_No sé _contestó Mia entre jadeos, secándose las lágrimas que surcaban su rostro_. El señor Bagwell no es un conductor demasiado experimentado, creo, y luego Newton se soltó y entonces... yo ya no sé qué sucedió. Estábamos circulando y a continuación...
_ ¿Dónde está el señor Bagwell?
Ella indicó el otro lado del carruaje.
_Salió disparado. Se dio en la cabeza. Pero se pondrá bien. Pero Marizza...
_ ¿Qué sucede con Marizza? _Pablo se puso de rodillas para intentar ver entre los restos. Todo el vehículo se había volcado y el lado derecho se había aplastado mientras seguía rodando_. ¿Dónde está?
Mia tragó saliva con nerviosismo y su voz prácticamente no pasó del susurro:
_Creo que está atrapada dentro del carruaje.
En ese momento Pablo saboreó la muerte. Sabía amarga en su garganta, metálica y dura. Le arañaba la carne como un cuchillo, le atragantaba y comprimía, se llevaba el aire de sus pulmones.
Pablo zarandeó con brutalidad el carruaje, en un intento de abrir un hueco de mayor tamaño. La situación no era tan atroz como le había parecido durante el accidente, pero aquello no sirvió demasiado para calmar su corazón acelerado.
_ ¡Marizza! _aulló, aunque intentaba sonar calmado, poco preocapado_. Marizza, ¿puedes oírme?
El único sonido que oyó como respuesta, no obstante, fue el relincho de los caballos. Maldición. Tendría que librarles de los arneses y soltarlos antes de que se pusieran nerviosos y empezaran a estirar de los restos del vehículo.
_ ¿Mia? _llamé Pablo bruscamente por encima del hombro.
Ella se apresuró a acercarse a su lado retorciéndose las manos.
_ ¿Sabes quitar los arreos a los caballos?
Hizo un gesto afirmativo.
_No soy demasiado rápida, pero puedo hacerlo.
Pablo indicó con la cabeza a los mirones que se acercaban corriendo.
_ Intenta que alguien te ayude.
Ella volvió a asentir y se puso rápidamente a trabajar.
_ ¿Marizza_gritó de nuevo Pablo. No veía nada, un banco desplazado bloqueaba la entrada_. ¿Puedes oírme?
Ninguna respuesta.
_ Intentémoslo por el otro lado _ se oyó la voz frenética de Mia_. La abertura no está tan aplastada.
Pablo se puso de pie y dio corriendo la vuelta a la parte posterior del carruaje. La puerta ya se había salido de las bisagras y dejaba un agujero lo bastante grande como para que pudiera meter el tronco por él.
_ ¿Marizza? _llamó intentando no prestar atención al tono de pánico de su voz. Cada respiración que daba parecía demasiado sonora, reverberaba en el comprimido espacio y le recordaba que él no oía los mismos sonidos de Marizza.
Y entonces, mientras apartaba un cojín que se había volcado, la vio. Estaba terriblemente quieta, pero no parecía encontrarse en una postura poco natural, y no vio sangre.
Eso tenía que ser buena señal. No sabía demasiado de medicina, pero se aferró a aquella idea como si fuera un milagro.
_No puedes morirte, Marizza_dijo mientras apartaba con dedos aterrorizados los restos de madera, desesperado por abrir una abertura que fuera lo bastante ancha para sacarla_. ¿Me oyes? ¡No puedes morirte!
Un trozo punzante de madera le cortó el dorso de la mano, pero Pablo no advirtió la sangre que corrió por su piel mientras tiraba de otro madero roto_. Mejor que sigas respirando _advirtió con voz temblorosa, peligrosamente próxima a un sollozo_. No tenías que ser tú. Nunca se ha supuesto que fueras a ser tú. No te toca. ¿Me entiendes?
Retiró otro trozo de madera rota y se estiró a través del hueco abierto para cogerle la mano. Le encontró el pulso con los dedos, que a él le pareció bastante constante, pero seguía siendo imposible distinguir si sangraba o si se había roto la espalda o si se había dado en la cabeza o si...
Su corazón se estremeció. Había tantas maneras de morir. Si una abeja podía acabar con un hombre en la flor de la vida, sin duda un accidente de carruaje podría llevarse la vida de una pequeña mujer.
Pablo agarró el último trozo de madera que se interponía en su camino e intentó levantarlo, pero no se movió.
_No me hagas esto _musitó_. Ahora, no. No te toca todavía. ¿Me oyes? ¡A ella no le toca! Sintió algo húmedo en sus mejillas y comprendió débilmente que eran lágrimas. _ Se suponía que me tocaba a mí _dijo atragantándose_. Siempre se había supuesto que me tocaba a mí.
Y entonces, justo mientras se preparaba para dar otro tirón desesperado a la madera, los dedos de Marizza le rodearon con fuerza la muñeca. La mirada de Pablo voló al rostro de ella, justo a tiempo de ver sus ojos abiertos, claros, sin apenas pestañear.
_ ¿De qué diablos estás hablando? _preguntó con voz sumamente lúcida y despierta del todo.
Un gran alivio invadió su pecho con tal rapidez que casi le duele.
_ ¿Estás bien? _preguntó, su voz temblaba con cada sílaba.
Ella puso una sonrisa, luego dijo:
_Estaré bien.
Pablo hizo una pausa apenas unos segundos para considerar qué palabras elegir.
_Pero ¿te encuentras bien ahora?
Marizza soltó una pequeña tos, y Pablo se la imaginó retorciéndose de dolor.
_Me he hecho algo en la pierna _admitió_. Pero no creo que esté sangrando.
_ ¿Te sientes débil? ¿Mareada? ¿Desfallecida?
Marizza negó con la cabeza.
_Es sólo un dolor. ¿Y tú qué haces aquí?
Él sonrió entre lágrimas.
_Vine a buscarte.
_ ¿Ah sí? _susurró.
Pablo asintio.
_Vine a... es decir, comprendí que... _Tragó saliva con nerviosismo. Nunca había soñado que llegaría el día en que diría estas palabras a una mujer; se habían hecho tan grandes en su corazón que costó un gran esfuerzo empujarlas afuera_: Te quiero, Marizza_dijo con voz entrecortada_. He tardado un poco en entenderlo, pero así es, y tenía que decírtelo. Hoy.
Los labios de Marizza formaron temblorosos una sonrisa mientras indicaba con la barbilla el resto de su cuerpo.
_Pues eres oportuno de verdad.
Por asombroso que pareciera, Pablo se encontró devolviéndole la sonrisa.
_Casi te alegras de que tardara tanto, ¿eh? Si te lo hubiera dicho la semana pasada, hoy no te habría seguido al parque.
Ella le sacó la lengua, algo que, teniendo en cuenta las circunstancias, hizo que la quisiera aun más.
_Tú sácame de aquí _dijo.
_Entonces ¿me dirás que me quieres? _bromeó.
Marizza sonrió, con nostalgia y ternura, e hizo un gesto de asentimiento.
Por supuesto, aquello valía como declaración, y pese a estar arrastrándose entre los restos del carruaje volcado y pese a encontrarse Marizza atrapada en el maldito carruaje, muy posiblemente con una pierna rota, de pronto le invadió una abrumadora sensación de satisfacción y paz.
Y comprendió que no se había sentido así durante casi doce años, desde la tarde fatídica en que había entrado en el dormitorio de sus padres para ver a su padre muerto en la cama, frío e inmóvil.
_Ahora voy a tirar de ti para sacarte _explicó metiéndole los brazos por debajo de la espalda_. Te hará daño en la pierna, me temo, pero no podemos evitarlo.
_Ya me duele la pierna _dijo ella sonriendo con valentía_. Sólo quiero salir de aquí.
Pablo le dedicó un único ademán serio, luego la rodeó con las manos y comenzó a tirar.
_ ¿Qué tal va? _preguntó, el corazón se le detenía cada vez que ella hacía un gesto de dolor.
_Bien _contestó con un resuello, pero Pablo podía distinguir que le echaba valor.
_Voy a tener que darte un poco la vuelta _dijo al advertir un trozo de madera rota y punzante que amenazaba desde arriba. Iba a ser difícil maniobrar para esquivarlo. No le importaba lo más mínimo rasgarle la ropa. ¡Cuernos!, le compraría un centenar de vestidos nuevos si ella prometía no volver a montarse en un carruaje conducido por otra persona que no fuera él, pero no podía soportar la idea de arañarle la piel ni un solo centímetro. Ya había sufrido bastante. No necesitaba más.
_Tengo que sacarte primero por la cabeza _le explicó_. ¿Crees que puedes volverte poco a poco tú misma? Justo lo suficiente para que yo pueda sujetarte por debajo de los brazos.
Ella asintió y, apretando los dientes, se fue meneando concienzudamente, centímetro a centímetro, incorporada sobre las manos mientras desplazaba las caderas siguiendo el sentido de las manecillas del reloj.
_Así _le dijo Pablo dándole ánimo_. Ahora voy a...
_Haz lo que tengas que hacer dijo Marizza entre dientes. No hace falta que me lo expliques.
_Muy bien _respondió él mientras empezaba a retroceder hacia atrás hasta que sus rodillas se agarraron a algo en la hierba. Tras contar mentalmente hasta tres, apretó los dientes y empezó a tirar de ella.
Y se detuvo un segundo después, cuando Marizza soltó un chillido ensordecedor. Si no hubiera estado tan convencido de que iba a morirse en los próximos nueve años, habría jurado que ella acababa de quitarle diez.
_ ¿Estás bien? _le preguntó con apremio.
_Estoy bien _insistió. Pero respiraba con dificultad, resoplando entre sus labios fruncidos, con el rostro tenso de dolor.
_ ¿Qué ha sucedido? _ Se oyó una voz desde el exterior del carruaje. Era Mia, que ya había acabado con los caballos y sonaba frenética. He oído gritar a Marizza .
_ ¿Mia? _preguntó Kate torciendo el cuello para intentar ver el exterior_. ¿Estás bien? _Tiró de la manga de Pablo_. ¿Se encuentra bien Mia? ¿Ha sufrido algún daño? ¿Necesita un médico?
_ Mia está bien _ contestó_. La que necesita un médico eres tú.
_ ¿Y el señor Bagwell?
_ ¿Cómo está el señor Bagwell? _preguntó Pablo a Mia, con voz cortante mientras se concentraba en desplazar trabajosamente a Marizza entre los restos.
_Se ha dado un golpe en la cabeza, pero ya se ha puesto en pie.
_No es nada. ¿Puedo ayudar? _Se oyó una voz masculina preocupada.
Pablo tenía la sensación de que el accidente había sido tanto culpa de Newton como de Bagwell, pero de todos modos el joven era quien llevaba el control de las riendas. Pablo no se sentía inclinado a ser caritativo con él justo en aquel momento.
_Ya le avisaré _dijo cortante antes de volverse a Marizza y decir_: Bagwell se encuentra bien.
_No puedo creer que me haya olvidado de preguntar por ellos.
_Estoy seguro de que perdonarán tu lapsus, dadas las circunstancias _dijo Pablo retrocediendo aún más hasta que se encontró casi fuera por completo del carruaje. Ahora Marizza estaba colocada en la abertura; sólo haría falta un tirón más, bastante largo y casi seguro doloroso, para sacarla.
_ ¿Mia? ¿Mia? _llamó Marizza_. ¿Estás segura de que no estás herida?
Mia metió la cara por la abertura.
_Estoy bien dijo tranquilizadora. El señor Bagwell salió despedido y yo pude...
PAblo la apartó de un codazo.
_Aprieta los dientes, Marizza_ordenó.
_ ¿Qué? Me dic... ¡Aaaayyyy!
Con un solo estirón, la sacó por completo del amasijo y los dos aterrizaron en el suelo, respirando con dificultad. Pero mientras la hiperventilación de Pablo era consecuencia del esfuerzo, era evidente que la de Marizza respondía a un dolor intenso.
_ ¡Santo cielo! _Mia casi gritó_. ¡Mira su pierna!
Pablo echó un vistazo a Marizza y sintió que el estómago se le revolvía. Su pantorrilla estaba torcida y doblada, y era más que obvio que se la había roto. Tragó saliva con nerviosismo en un intento de que no se notara tanto su inquietud. Una pierna se podía componer, cierto, pero también había oído casos de hombres que habían perdido sus extremidades a causa de infecciones y malas atenciones de los médicos.
_ ¿Qué le pasa a mi pierna? _preguntó Marizza_. Duele, pero... ¡Oh Dios mío!
_Mejor que no mires _dijo Pablo intentando ladear su barbilla en otra dirección.
La respiración de Marizza, que ya era rápida por el esfuerzo de intentar controlar el dolor, se volvió desigual y nerviosa.
_Oh, Dios mío dijo con un resuello. Me duele. No me había percatado de cómo duele hasta que he visto...
_No mires _ordenó Pablo.
_Oh, Dios mío. Oh, Dios mío.
_ ¿Marizza? _Mia se interesó con voz preocupada y se inclinó hacia delante_. ¿Te encuentras bien?
_ ¡Mira mi pierna! casi chilla Marizza. ¿Qué aspecto tiene?
_En realidad me refería a tu cara. Estás un poco verde.
Pero Marizza no pudo responder. Su respiración cada vez era más desigual. Y entonces, con PAblo, Mia, el señor Bagwell y Newton mirándola fijamente, entornó los ojos, tiró hacia atrás la cabeza y se desmayó.



Tres horas después, Marizza se encontraba instalada en su cama, estaba claro que poco cómoda pero al menos sin tantos dolores gracias al láudano que PAblo le había obligado a tragar en cuanto llegaron a casa. Los tres cirujanos que Pablo había llamado habían compuesto su pierna (como habían indicado los tres cirujanos, no hacía falta más de uno para encajar un hueso, pero Pablo se había cruzado de brazos con gesto implacable y se había quedado mirándoles hasta que se callaron), y otro doctor se había acercado para dejar varias recetas que juró que acelerarían el proceso de recuperación y la soldadura.
Pablo la había mimado como si fuera una gallina clueca, cuestionaba cualquier movimiento de los doctores hasta que uno de ellos tuvo la audacia de preguntarle cuándo había obtenido el diploma del Real Colegio de Médicos.
A PAblo no le había hecho gracia.
Pero después de mucha arenga, la pierna de Marizza estuvo entablillada, y a ella le informaron que contara con pasar el menos un mes en cama.
_ ¿Un mes? _gimió Marizza a Pablo en cuanto el último de los cirujanos se marchó_. ¿Cómo podré aguantar tanto tiempo?
_Podrás dedicarte de nuevo a la lectura _sugirió él.
Marizza soltó una exhalación impaciente por la nariz; era difícil respirar por la boca mientras apretaba los dientes.
_No era consciente de que tenía lectura atrasada.
Probablemente Pablo sintió la tentación de echarse a reír, pero consiguió contenerse:
_ Tal vez puedas dedicarte a la costura _sugirió.
Marizza le lanzó una mirada iracunda. Como si la perspectiva de la costura fuera a hacer que se sintiera mejor.
Pablo se sentó con cautela sobre el borde de la cama y le dio unas palmaditas en el dorso de la mano.
_ Te haré compañía dijo con una sonrisa alentadora. Ya había decidido rebajar las horas que paso en el club.
Marizza suspiró. Estaba cansada, malhumorada y dolorida, y se la tomaba con su marido, algo que no era justo. Volvió la mano hacia arriba para juntar su palma con la de él y luego se entrelazaron los dedos.
_Te quiero, lo sabes _dijo con voz suave.
Él le dio un apretón e hizo un gesto de asentimiento, el cariño en su mirada al mirarla decía más que cualquier palabra.
_Me dijiste que no te quisiera _continuó Marizza.
_Fui un burro.
Marizza no le contradijo. Un movimiento de los labios de Pablo le comunicó que había tomado nota de que por una vez no le había llevado la contraria. Tras un momento de silencio, ella dijo:
_En el parque hablabas de cosas muy raras.
Pablo no retiró la mano, pero su cuerpo retrocedió un poco.
_No sé a qué te refieres _contestó.
_Creo que sí lo sabes _le dijo con dulzura.
PAblo cerró los ojos durante un momento, luego se levantó y sus dedos fueron descendiendo por la mano de ella hasta que finalmente no se tocaron. Hacía muchos años que guardaba celosamente sus peculiares convicciones para sí. Parecía lo mejor. La gente podía creerle, y por consiguiente preocuparse, o no hacerlo y pensar que estaba loco.
Ninguna opción resultaba especialmente atractiva.
Pero este día, en el calor de un momento de terror, se lo había soltado a su esposa. Ni siquiera recordaba con exactitud lo que había dicho, pero había sido lo suficiente para que ella sintiera curiosidad. Y Marizza no era el tipo de persona que no satisfaciera su curiosidad. Podía intentar evitarla todo lo que quisiera, pero al final se lo sacaría. Nunca había habido una mujer más cabezota.
Se fue hasta la ventana y se apoyé en el alféizar, mirando hacia delante como si de verdad pudiera ver el paisaje urbano a través de los pesados cortinajes borgoñas que hacía rato había cerrado.
_Hay algo que deberías saber de mí _susurró.
Marizza no dijo nada, pero él sabía que le había oído. Tal vez fuera el sonido que hizo al cambiar de posición en la cama, tal vez fuera la electricidad que llenaba el aire. Pero lo supo de algún modo.
Se volvió. Habría sido más fácil hablarle a las cortinas, pero ella se merecía algo mejor. Marizza estaba sentada en la cama con la pierna reposando sobre almohadones y los ojos muy abiertos, llenos de una mezcla desgarradora de curiosidad y preocupación.
_No sé cómo contarte esto sin que suene ridículo.
_A veces lo más fácil es decirlo y ya está _murmuró ella. Dio una palmada sobre un punto vacío de la cama_. ¿Quieres sentarte a mi lado?
Él negó con la cabeza. La proximidad sólo serviría para dificultar todo aún más.
_Algo me sucedió cuando mi padre murió _comenzó.
_Estabas muy unido a él, ¿no es cierto?
Él asintió.
_Más unido de lo que haya estado a cualquiera, hasta que te conocí.
Los ojos de ella brillaron.
_ ¿Qué sucedió?
_Fue muy inesperado _explicó. Su voz era uniforme, como si estuviera relatando una oscura noticia en vez del suceso más inquietante de su vida_. Una abeja, te lo conté.
Marizza asintió.
_ ¿Quién iba a pensar que una abeja fuera a matar a un hombre?_dijo Pablo con risa cáustica_. Habría sido gracioso de no ser tan trágico.
Ella no dijo nada, sólo le miró con un afecto que le rompió el corazon.
_Permanecí a su lado durante toda la noche _continuó, y se volvió ligeramente para no tener que mirarle a los ojos_. Estaba muerto, por supuesto, pero me hacía falta un poco más de tiempo. Me limité a quedarme sentado a su lado y observar su rostro. _De sus labios se escapó otra breve carcajada enojada_. Dios, que necio era. Creo que medio esperaba que abriera los ojos en cualquier momento.
_A mí eso no me parece ninguna necedad dijo Marizza con voz suave. Yo también he visto muertos. Cuesta creer que alguien haya fallecido cuando su aspecto es tan normal y se le ve tan sereno, en paz.
_No sé cuando sucedió _explicó PAblo_ pero por la mañana yo ya estaba convencido.
_ ¿De que estaba muerto? _preguntó ella.
_No _dijo con brusquedad_, de que yo también moriría.
Pablo esperó a que ella hiciera algún comentario, esperó a que gritara, a que hiciera cualquier cosa, pero Marizza continuó allí sentada mirándole sin ningún cambio perceptible en su expresión, hasta que finalmente él tuvo que decir:
_No soy tan gran hombre como mi padre.
_Tal vez él no estuviera de acuerdo _dijo ella con calma.
_Bien, él no está aquí para explicarlo, ¿cierto? _soltó Pablo.
De nuevo, Marizza no dijo nada. De nuevo, él se sintió fatal.
Maldijo en voz baja y se apretó las sienes con los dedos. Su cabeza parecía querer estallar. Empezaba a sentirse mareado, y se percató en ese momento de que no se acordaba de cuándo había comido por última vez.
_Yo puedo opinar dijo en voz baja. Tú no le conociste.
Se hundió contra la pared con una exhalación larga, cansina, y continuó:
_Déjame explicártelo. No hables, no interrumpas, no opines. Me cuesta mucho ya de por sí contarlo. ¿Puedes hacer eso por mí?
Ella asintió.
Pablo tomó aliento con respiración temblorosa.
_Mi padre era el mejor hombre que he conocido. No pasa un día sin que me dé cuenta de que no estoy a su altura. Yo sabía que él era todo a lo que yo podía aspirar. Seguramente no pueda igualar su grandeza, pero si al menos pudiera aproximarme a él, me sentiría satisfecho. Eso es lo único que quiero. Sólo aproximarme.
Miró a Marizza. No estaba seguro de por qué. Tal vez en busca de ánimo, tal vez comprensión. Tal vez sólo para verle el rostro.
_Si una cosa sabía _susurró, encontrando de algún modo el valor para mantener su vista fija en la de ella_ era que nunca le superaría, ni siquiera en edad.
_ ¿Qué intentas decirme? _murmuró ella.
Pablo se encogió de hombros con impotencia.
_Sé que no tiene sentido. Sé que no puedo ofrecer una explicación racional. Pero desde la noche en que estuve sentado junto al cadáver de mi padre, he sabido que era imposible que viviera más que él.
_Ya veo _dijo ella con calma.
_ ¿Ah sí? _Y entonces, como si una presa hubiera reventado, las palabras escaparon a borbotones, todo salió de él: por qué se había mostrado tan opuesto a casarse por amor, los celos que había sentido al percatarse de que ella se había enfrentado a sus demonios y que los había vencido.
Observó a Marizza que se llevaba una mano a la boca y se mordía el extremo del pulgar. Le había visto hacer eso antes, advirtió: cada vez que algo la inquietaba o cuando meditaba profundamente.
_ ¿Cuántos años tenía tu padre cuando murió? _preguntó.
_Treinta y ocho.
_ ¿Cuántos años tienes tú ahora?
La miró con curiosidad, ella sabía su edad. Pero de todos modos la dijo:
_ Veintinueve.
_ O sea, que según tus cálculos nos quedan nueve años.
_Como mucho.
_Y tú lo crees de veras.
Él hizo un gesto afirmativo.
Marizza apretó los labios y soltó una larga exhalación por la nariz. Por fin, después de lo que pareció un silencio eterno, volvió a mirarle con ojos claros y directos y dijo:
_Bien, estás equivocado.
Por extraño que fuera, el tono rotundo de su voz fue bastante tranquilizador. PAblo notó que incluso un extremo de su boca se elevaba formando la más débil de las sonrisas.
_ ¿Crees que no soy consciente de lo ridículo que suena todo esto?
_No creo que suene ridículo en absoluto. En sí parece una reacción perfectamente normal, sobre todo si se considera cuánto adorabas a tu padre. _Se encogió de hombros como si supiera de qué hablaba y ladeó un poco la cabeza_. Pero de cualquier modo te equivocas.
PAblo no dijo nada.
_La muerte de tu padre fue un accidente dijo Marizza. Un accidente. Una de esas terribles y horribles vueltas que da la vida y que nadie pudo haber presagiado.
Pablo se encogió de hombros con gesto fatalista.
_Probablemente a mí me sucederá lo mismo.
_Oh, por el amor de... _Marizza consiguió morderse la lengua una milésima de segundo antes de blasfemar_. Pablo, yo también podría morirme mañana. Podría haber muerto hoy mismo cuando el carruaje se volcó encima mío.
Él palideció.
_No me recuerdes eso.
_Mi madre murió cuando tenía mi edad _le recordó Marizza con dureza_. ¿Alguna vez has pensado en eso? Según tus reglas, yo debería morir por mi próximo cumpleaños.
_No seas...
_ ¿Tonta? _concluyó ella por él.
Se hizo un silencio durante todo un minuto.
Por fin Pablo dijo, con voz apenas más audible que un susurro:
_No sé si podré superarlo.
_No tienes que superarlo _dijo Marizza. Se mordió el labio inferior, que le había empezado a temblar, y luego puso la mano sobre el punto vacío de la cama_. ¿Puedes acercarte aquí para que pueda cogerte la mano?
PAblo se acercó al instante; el calor de su contacto le invadió y se extendió por su cuerpo hasta acariciar su mismísima alma. Y en ese momento esto era más que amor. Esta mujer le hacía sentirse mejor persona. Había sido bueno y fuerte y bondadoso siempre, pero con ella a su lado era algo más.
Y juntos podrían hacer cualquier cosa.
Casi le hizo pensar que cuarenta años tal vez no fuera un sueño tan imposible.
_No tienes que superarlo _repitió ella y sus palabras flotaron con suavidad entre ellos_. Para ser sincera, no sé cómo podrás superarlo del todo hasta que tengas treinta y nueve años. Pero lo que puedes hacer _le dio un apretón en la mano, y Pablo se sintió aún más fuerte que momentos antes _ es negarte a permitir que domine tu vida.
_Comprendí eso esta mañana _susurró él_ cuando supe que tenía que decirte que te quería. Pero, de algún modo, ahora... ahora lo sé.
Ella asintió y él vio cómo se llenaban sus ojos de lágrimas.
_Tienes que vivir cada hora como si fuera la última dijo Marizza y cada día como si fueras inmortal. Cuando mi padre se puso enfermo, lamenté tantas cosas. Había tantas cosas que deseaba haber hecho, eso me contó. Siempre suponía que contaba con más tiempo. Eso es algo que siempre he llevado conmigo. ¿Por qué diantres crees que decidí tocar la flauta a una edad tan avanzada? Todo el mundo me decía que era demasiado mayor, que para conseguir hacerlo bien de verdad tenía que haber empezado de niña. Pero en realidad ésa no es la cuestión. No me hace falta ser tan buena. Sólo necesito disfrutar por mí misa. Y necesito saber que lo he intentado.
Pablo sonrió. Era una flautista terrible. Ni Newton podía soportar escucharla.
_Pero lo contrario también es cierto _añadió Marizza con ternura_. No puedes rehuir retos nuevos o evitar el amor porque pienses que tal vez no vayas a estar aquí para cumplir tus sueños. Al final, lamentarás tantas cosas como mi padre.
_Yo no quería amarte _susurró Pablo_. Era la cosa que mas miedo me daba, por encima de todas. Había acabado por acostumbrarme bastante a mi extraña visión de la vida. En realidad casi me sentía cómodo. Pero el amor... _Su voz se entrecortó; el sonido sofocado sonó poco viril, le volvió vulnerable. Pero no le importó porque estaba con Kate.
Y no le importaba que ella conociera sus temores más profundos, porque sabía que le quería pese a todo. Era una sublime sensación de liberación.
_He visto el amor verdadero _continuó_. No he sido el granuja cínico que la sociedad ha querido retratar. Sabía que existía el amor. Mi madre, mi padre... _Se detuvo para tomar aliento de forma irregular. Era lo más duro que había hecho en su vida, y no obstante sabía que tenía que pronunciar aquellas palabras. Por difícil que fuera soltarlas, sabía que al final su corazón renacería_. Estaba tan seguro de que lo único que podría... hacer... que... en realidad no sé cómo llamarlo.., este conocimiento de mi propia mortalidad... _Se pasó la mano por el pelo buscando con afán las palabras_. El amor era la única cosa que lo hacía de verdad insoportable. ¿Cómo podía amar a alguien, sincera y profundamente, y saber que estábamos sentenciados?
_Pero no estamos sentenciados _dijo Marizza apretando su mano.
_Lo sé. Me enamoré de ti y entonces lo supe. Aunque esté en lo cierto, aunque mi destino sea vivir sólo hasta la edad de mi padre, no estoy condenado. _Se inclinó hacia delante y rozó los labios de Marizza con un beso liviano_. Te tengo _susurró_ y no voy a malgastar ni un solo momento que tengamos juntos.
Los labios de Marizza formaron una sonrisa.
_ ¿Qué quiere decir eso?
_Significa que el amor no tiene que ver con tener miedo a que te lo arrebaten. El amor tiene que ver con encontrar a la persona que te llene el corazón, que te hace ser una persona mejor de lo que nunca soñaste ser. Tiene que ver con mirar a tu mujer a los ojos y estar convencido hasta lo más hondo de que ella es sencillamente la mejor persona que has conocido.
_Oh, Pablo _susurró Marizza con lágrimas surcando sus mejillas _. Eso es lo que siento por ti.
_Cuando pensaba que te habías muerto...
_No digas eso dijo con voz entrecortada. No tienes que revivir eso.
_No, pero tengo que explicártelo. Fue la primera vez, incluso después de todos estos últimos años esperando mi propia muerte, que de verdad supe qué significaba morir. Porque si tú hubieras fallecido... no me quedaría nada por lo que vivir. No sé cómo lo consiguió mi madre.
_Tenía a sus hijos dijo Marizza. No podía dejaros.
_Lo sé _susurró_, pero cuánto debió de sufrir...
_Creo que el corazón humano es más fuerte de lo que nosotros nos imaginamos.
Pablo se quedó mirándola durante un largo instante, sus miradas se unieron hasta que él se sintió como si fueran la misma persona. Luego, con mano temblorosa, la cogió por la nuca y se inclinó para besarla. La adoró con sus labios, le ofreció cada gramo de amor, devoción, veneración y oración que sentía en su alma.
_Te amo, Marizza_susurró, soplando contra su boca aquellas palabras_. Te quiero tanto.
Ella asintió, pues no podía hacer sonido alguno.
_Y justo ahora, deseo... deseo...
Y entonces sucedió la cosa más extraña. Se le escapó una carcajaa. Le invadió la pura dicha del momento, y tuvo que contenerse para no levantar a Marizza y lanzarla en volandas por el aire.
_ ¿Pablo? _preguntó, sonaba confundida y divertida a partes iguales.
_ ¿Sabes qué más significa amor? _murmuró al tiempo que plantaba sus manos a ambos lados del cuerpo de Marizza y dejaba que su nariz se apoyara en la de ella.
Marizza negó con la cabeza.
_No podría ni aventurar una respuesta.
_Significa _refunfuñó_ que estoy empezando a encontrar esta pierna rota un puñetero fastidio.
_Ni la mitad que yo, milord _dijo dedicando un mirada compungida a su pierna rota.
Pablo frunció el ceño.
_Dos meses sin hacer ejercicio, ¿eh?
_Al menos.
Puso una mueca, y en ese momento su aspecto era exactamente el del mujeriego del que en una ocasión ella le había acusado ser.
_Está claro _murmuró_ que tendré que ser muy, pero que muy delicado.
_ ¿Está noche? _preguntó con voz ronca. Él negó con la cabeza.
_Ni siquiera yo tengo el talento para expresarme con un toque tan ligero.
Marizza soltó una risita. No podía evitarlo. Quería a este hombre y él la quería a ella y, tanto si él lo sabía como si no, iban a hacerse viejos, muy viejos, juntos. Y eso era suficiente para volver tarambana a cualquier chica; incluso a una chica con la pierna rota.
_ ¿Te estás riendo de mí? _preguntó con una de sus cejas arqueada con gesto arrogante mientras colocaba su cuerpo justo al lado de ella.
_Ni lo soñaría.
_Bien. Porque tengo algunas cosas importantes que decirte.
_ ¿De veras?
Él asintió con semblante grave.
_Tal vez no sea capaz de enseñarte esta noche cuánto te amo, pero te lo puedo contar.
_Nunca me cansaré de oírlo _murmuró ella.
_Bien. Porque cuando acabe de explicártelo, te voy a contar cómo me gustaría demostrártelo.
_ ¡Pablo! _chilló.
_Creo que empezaré por el lóbulo de tu oreja _musitó_. Sí, está decidido, el lóbulo de la oreja. Lo besaré, luego lo mordisquearé y, luego...
Marizza soltó un jadeo. Y después sintió un escalofrío. Y después se enamoró de él una vez más.
Y mientras él le susurraba dulces tonterías al oído, tuvo la más extraña de las sensaciones, casi como si pudiera vislumbrar todo su futuro ante ella. Cada día era más valioso y pleno que el anterior, y cada día se enamoraba y se enamoraba...
¿Era posible enamorarse del mismo hombre una y otra vez, cada día que pasaba?
Marizza suspiró mientras se acomodaba entre las almohadas, dejándose llevar por sus palabras maliciosas.
Por Dios, iba a intentarlo.


FIN!!


Dejen comentarios

 
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anonimo
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el vizconde que me amó

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April 12 2009, 10:34 PM 

hola soy betsy de nuevo. casi no tengo palabras para expresar cuanto me ha gustado. al fin pablo abrió los ojos y se dio cuenta de que la amaba, aunque para ello haya necesitado de la sabiduria de sus hermanos. eso y el q una vez q se da cuenta de que la ama, casi la pierde. menos mal q solo fue la pierna. aún asi, marizza al fin obtuvo lo q deseaba, el amor de su marido. y ademas le ayudó a superar sus miedos. al igual q él hizo con ella.me ha encantado el final y el ver q juntos han encontrado la felicidad.
en fin estoy deseando leer más. bss linda.

 
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Anonimo
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________ UltiMoSs CapItUloSs!!

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April 13 2009, 12:05 AM 

solo una palabra:fabuloso
ha sido un final estupendo me encantado
ahora voy a terminar d leer el epilogo
xao wapa.bss.

 
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Claudinha
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Re: *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________ UltiMoSs CapItUloSs!!

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April 13 2009, 5:49 AM 

Al fin!! Pablo finalmente se dio cuenta que amaba a marizza y que valia la pena que ella lo supiera!!
gracias por ambos capitulos estan geniales...y ahora mismo leere el epilogo...

 
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Current Topic - *_* El ViZcNdE Q mE aMoO*_*_____________ UltiMoSs CapItUloSs!!  Respond to this message   
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