Camila sintió que la sangre abandonaba su cara.
Entonces es verdad aspiró, sus dedos mordiendo el lustroso satén.
¿Qué soy un asesino? ¿Qué he tomado vidas humanas para poder sobrevivir? Odio echar por tierra la última de las ilusiones infantiles que tenías acerca de mi, cariño, pero en ese respecto no soy diferente de cualquier otro soldado de la Armada de Su Majestad.
Tomó un profundo aliento para afirmar la voz.
No estaba hablando sobre batallas. Estaba hablando acerca de esas mujeres de Charing Cross y Whitechapel.
El brillo de diversión de sus ojos se desvaneció. Frunciendo el ceño preguntó:
¿Qué mujeres?
Las cuatro mujeres que han muerto desde que regresaste a Londres. Las cuatro mujeres a las que un despiadado demonio les drenó hasta la última gota de sangre.
El ceño de Benjamin se hizo más profundo. Se alejó de ella, hacia el hogar de ladrillos.
Exactamente, ¿cuándo tuvieron lugar esos asesinatos?
El primero fue hace una quincena, justo antes de que Felipe tuviera noticias de que tú habías sido visto en Londres. Los siguientes dos le siguieron muy poco tiempo después. Y hace tres noches, una cuarta mujer fue encontrada en un callejón detrás de la Iglesia Blessed Mary, su cuerpo todavía estaba caliente cuando la encontraron.
Miró dentro de la fría chimenea, cruzando sus manos detrás de la espalda.
¿Estás completamente segura que las mató un vampiro?
Sin la menor sombra de duda le informó Camila, su voz temblando por la emoción contenida. Y puedo asegurarte que esas mujeres no estaban ansiosas por entregarse al beso del vampiro, ni deseando convertirse en sus víctimas. Sus manos estaban ensangrentadas, sus uñas rotas. Todas lucharon apasionadamente y con valentía por sus vidas. Aunque sabía que era una locura, parecía que no podía evitar moverse sigilosamente acercándose a él. ¿Fuiste tú, Benjamin? ¿Asesinaste a esas pobres e indefensas criaturas?
Se dio la vuelta y arqueó las cejas en su dirección.
¿Me crees capaz de tal crimen y aún así me buscaste esta noche? ¿Por qué te comportarías de forma tan temeraria?
¿Como podía explicarle su inconmovible fe en él? ¿Su inquebrantable creencia de que no le haría daño? Ni siquiera cuando sabía exactamente de lo que era capaz.
No creí que me hicieras daño.
Ya te hice daño. La mirada de pesados párpados se desvió hacia su garganta, evitando sus ojos. Todavía tienes las cicatrices para probarlo.
Camila se llevó los dedos a las desvaídas marcas para aquietar el hormigueo, deseando no haber renunciado a su gargantilla en la mesa de apuestas. Sin ella, se sentía expuesta, desnuda.
Se forzó a bajar la mano y levantar la barbilla audazmente, para encontrar su mirada.
Vine aquí esta noche para asegurarme que no habías matado a esas mujeres. Yo fui quien te mantuvo con vida en esa cripta hace tantos años. Si tomaste una vida inocente, entonces soy tan responsable de ello como tú.
Él se acercó, su sombra cayó sobre ella. Su voz era una áspera melodía, perfectamente afinada para atraer a una mujer indistintamente al placer o a la condenación.
Pero ¿qué pasa si efectivamente las maté yo? ¿Qué si las aceché en la noche, asustándolas a cada paso, sólo esperando a que ellas dudaran o tropezaran para poder hacerlas mías? Envolviendo las manos alrededor del marco de la ventana detrás de ella, bajó la cabeza, deslizando la mejilla contra la de ella. Su piel debería haber estado fría, pero estaba caliente, ardiendo con una fiebre antinatural que amenazaba con incinerar todas las defensas que poseía. Cuando sus labios abiertos rozaron la tierna piel detrás de la oreja, un escalofrío primario, que tenía poco que ver con el miedo, la recorrió. ¿Qué me detendría de hacer lo mismo contigo?
Esto susurró ella, presionándole contra el corazón, la afilada punta de una estaca que acababa de sacar.
Se quedó tan quieto como una estatua. Ella esperaba que se alejara bruscamente para poder empezar a pensar en respirar nuevamente. Pero simplemente extendió los brazos rindiéndose, su sonrisa tan letal como un arma, como la estaca que ella tenía en la mano.
Si has venido a terminar conmigo, entonces acabemos con ello, ¿te parece? Mi corazón, como bien sabes, ojos brillantes, siempre ha sido tuyo, simplemente bastaba con pedirlo. O estacarlo.
Tanto como quería creer en él, Camila sospechaba que le había ofrecido ese mismo corazón a una multitud de mujeres, sólo para arrebatárselo de las manos en el mismo instante que ellas se atrevieran a tratar de alcanzarlo o a la mañana siguiente después de que se despertaran en su cama, mareadas por la pérdida de sangre pero satisfechas más allá de las fantasías concebidas en sus sueños más salvajes.
Si hubieras estado tan ansioso por olvidar como quieres hacerme creer replicósimplemente habrías salido a dar un paseo a la luz del sol.
A pesar de su sonrisa torcida, los ojos de Benjamin estaban extrañamente sombríos.
¿Llorarías por mí después de mi muerte? ¿Rechazarías a todos los hombres que trataran de ganar tu corazón y desperdiciarías tu juventud llorando sobre mi tumba?
No replicó ella dulcemente. Pero si uno de mis más ardientes pretendientes me obsequiara un gato alguna vez, tal vez consideraría llamarlo como tú.
Tal vez debería dejarte algo más para que me recuerdes. Ignorando la presión de la estaca contra su vulnerable esternón, se inclinó aún más cerca.
Mientras el seductor aroma a oporto, jabón especiado y tabaco la envolvía, Camila sintió que sus labios se separaban y sus ojos comenzaban a cerrarse en contra de su voluntad. Esa era toda la distracción que necesitaba Benjamin. En un sólo movimiento borroso y aturdidor, estaba sosteniendo la estaca dejándola con las manos vacías.
Mientras se apartaba de ella, llevándose su seductora fragancia con él, Camila se reclinó contra el alfeizar, apartando de un soplido un rizo rebelde de sus ojos.
Eso fue poco deportivo por tu parte, ¿no te parece?
Mirándola sin poder creerlo, sostuvo la estaca en alto.
¿Más poco deportivo que tú amenazándome con empalarme con este palo puntiagudo?
Ella se encogió de hombros, su delicado suspiro poco menos que arrepentido.
Una dama tiene todo el derecho a defenderse a si misma contra avances no deseados. Y contra criaturas de la noche.
Aparentemente, no tenía argumento en contra de esto porque simplemente apoyó la estaca sobre la mesa y empezó a rebuscar dentro del repleto retículo. Su mano emergió con uno de los frascos de delicada esencia que se habían vuelto tan populares entre las jóvenes damas.
Oh, no me molestaría con eso dijo Camila rápidamente mientras retiraba el tapón y levaba el frasco hacia su nariz. Es sólo mi lavanda
Hizo una mueca de dolor cuando el se alejó del contenido del frasco, apretando los dientes en una involuntaria mueca.
Él le colocó apresuradamente el tapón al frasco, disparándole una mirada acusadora.
Nada como una pizca de agua bendita detrás de las orejas para alimentar las fantasías de un joven.
Delicadamente puso el frasco a un lado. Por sus sucesivas incursiones dentro del suave interior, fue recompensado con una estaca en miniatura no más larga que una pluma, una daga enfundada, tres garrotes de cuero de diversos tamaños, y una elegante pistola de chispa con mango perlado apenas lo suficientemente grande como para contener una sola bala.
Estudiando el mini arsenal esparcido sobre la mesa, Benjamin sacudió la cabeza.
¿Preparada para cualquier eventualidad, verdad, querida?
Camila ni siquiera trató de ocultar su sonrisa.
Deberías ver lo que soy capaz de hacer con una aguja de sombrero.
Estás llena de sorpresas, ¿no es así, cachorra? Su perpleja mirada hizo un lánguido viaje desde el ajustado cuerpo de su vestido hasta los pequeños y delicados botines. ¿Sólo dime que otras armas tienes escondidas allí debajo?
Mantén la distancia y no tendrás que averiguarlo.
¿Tengo que asumir que mi hermano te ha reclutado para su cruzada de cazar vampiros?
Ella bajó los ojos.
No exactamente. Bueno, al menos no todavía se corrigió. Pero creo que es sólo cuestión de tiempo antes de que se de cuenta de que sería una excelente adquisición .
La estudió con renuente admiración.
Y pensar que estaba preocupado por lo que podrían hacerte esos granujas en el garito de apuestas. Debería haber estado preocupado por lo que tú podrías haberles hecho a ellos. Pasó la mano a lo largo de la estaca. O acerca de lo que podrías hacerme a mí.
Camila apartó la mirada de los largos y elegantes dedos que envolvían la suave vara de madera, sonrojándose hasta la raíz del cabello. Si esta noche hubiera venido a clavarte una estaca, ya serías polvo.
O yo tendría la cena para acompañar el vino. Dado el brillo burlón en sus ojos, se le hizo imposible decidir si le estaba haciendo una broma o si la estaba amenazando.
Le dedicó una alegre sonrisa.
Si estás hambriento, estaré más que contenta de correr hasta la carnicería más cercana a traerte algún roast beef crudo o un lindo pastel de riñones.
Tengo algo un poquito más fresco en mente. Su mirada flirteó con la garganta de ella nuevamente. Algo más dulce.
La sonrisa de ella se desvaneció.
¿Era eso lo que estabas buscando cuando asesinaste a esas mujeres?
¿Es eso lo que crees?
No lo sé confesó, dándose vuelta hacia la ventana apartando el borde del crepón para escapar de su penetrante mirada.
Un solitario hombre estaba apareciendo entre las sombras que envolvían el callejón.
Oh, no inspiró. No puede ser él. Me juró que no vendría hasta mañana por la mañana.
¿Qué pasa? Instantáneamente alerta, Benjamin se deslizó detrás de ella, haciendo que los pequeños cabellos de su nuca se erizaran.
Miró por encima de su cabeza, ambos colgándose de la ventana sólo lo suficiente, para permanecer invisibles desde el callejón. Los imponentes hombros que se distinguían debajo de la capa que llevaba sobre el abrigo el intruso, eran tan distintivos como el bastón que sostenía en su poderosa mano. Un bastón que podía transformarse en una mortal estaca simplemente con un diestro giro de la muñeca.
Mi hermano no es otra cosa que predecible murmuró Benjamin, su embriagadora voz muy cerca del oído. Sospechaba que sólo era cuestión de tiempo antes de que me hiciera una visita.
Puede que esta no sea una visita social aventuró Camila al tiempo que a Felipe se le unía la larga, desgarbada y condenadamente familiar sombra de un segundo hombre.
Jorge Coco era un antiguo guardia que había sido el mejor amigo de Felipe en Oxford. Los dos hombres habían estado separados durante años y cuando Luisana entró en sus vidas los reunió otra vez para que causaran estragos mientras se cobraban venganza de Javier Duvalier, el vampiro que no sólo había robado el alma de Benjamin sino que había asesinado al primer amor de Felipe, Mía Markham. Coco también era el socio de Felipe en su esfuerzo de cazar vampiros y el otro cuñado de Camila, el amoroso padre de sus sobrinos mellizos.
Mientras los dos hombres hablaban brevemente, y proseguían hacia el edificio, sus sombras todavía colgaban abrazadas de la pared, Camila se dio la vuelta para enfrentar a Benjamin, posando una mano contra su pecho.
¡No hay tiempo que perder, Tenemos que sacarte de aquí, ahora!
Cubrió la mano con la suya, completamente perplejo por su urgencia.
Tu preocupación me conmueve, querida, pero realmente no hay necesidad de tanto drama. ¿Qué puede hacer Felipe? ¿Darme un severo sermón por no escribir? Sabe perfectamente que siempre fui un pésimo corresponsal.
Me temo que no vino hasta aquí solo para darte un sermón le informó con tono grave.
Entonces, ¿qué es lo que viene a hacer repudiarme? ¿Privarme de mi herencia? ¿Puedes verlo entrando aquí muy indignado para anunciar, ¡Ya no eres mi hermano! ¡Estás muerto para mí!?
Cuando Camila ni siquiera se dignó a dejar ver una sonrisa ante su broma, se quedó muy quieto. Aunque su sonrisa socarrona persistió, ya no llegaba a la brillante oscuridad de sus ojos.
Así que el sentido común de mi hermano finalmente superó a su sentimental devoción por el deber de hermanos. Levantó un hombro mostrando desinterés. Apenas puedo culparlo, sabes. Debería haber atravesado una estaca en mi negro corazón años atrás, la primera vez que Duvalier robó mi alma. Nos habría evitado un montón de molestias a los dos.
Camila lo agarró por el brazo y trató de alejarlo de la ventana.
¿No te das cuenta? ¡Tenemos que irnos! ¡Antes de que sea demasiado tarde!
Parecía que estaba a punto de pellizcarle la nariz.
Ya es demasiado tarde para mi, dulzura. Así que ¿Por qué no huyes antes de que Felipe te dedique un sermón, también a ti? No hay necesidad de que te inquietes por mí. Difícilmente sea esta la primera vez que me enfrento a una muchedumbre acarreando antorchas.
Escuchando un nuevo jaleo, Camila volvió a la ventana y levantó el crepón otra vez.
Sospecho que esa sería la muchedumbre acarreando antorchas dijo, apuntando hacia el otro extremo del callejón.
Un hombre alto de nariz delgada y con el labio superior perpetuamente curvado en una mueca desdeñosa, había entrado a zancadas en el callejón, seguido al menos por media docena de desarreglados secuaces, algunos de ellos, efectivamente, llevando antorchas.
¡Wallingford! exclamó Benjamin, añadiendo un juramento cuando vio que su hermano y Coco se movían para interceptar a los recién llegados. Tenía esperanzas de que el bastardo me permitiría al menos una noche más de libertad antes de hacer que me metieran en la prisión de deudores.
Ella le dio otro vivo tirón en el brazo.
Quizás si no te hubiera pescado haciéndole el amor a su prometida en la cena de compromiso, habría estado en un estado de ánimo más caritativo.
Benjamin levantó su acusadora mirada hacia ella.
Estabas en el parque esta mañana, ¿no es así? Sabía que te había olido. Tiró de uno de los tirabuzones de la masa de rizos apilados sobre su cabeza y lo atrajo hacia su nariz. Sus fosas nasales oscilaron como si otra vez estuviera bebiendo de una fragancia evasiva.El perfume de su presa.
Gritos amortiguados se alzaron del callejón mientras los hombres de abajo dejaban de lado toda pretensión de sigilo. Para su asombro, Benjamin caminó hacia un sillón orejero y se hundió en él cruzando las largas piernas a la altura de los tobillos como si no tuviera intención de moverse de allí por el próximo siglo o así.
¿Qué piensas hacer? demandó . ¿Sólo quedarte ahí sentado y esperar a que Felipe entre aquí arriba y te clave una estaca?
Le sacó brillo a sus uñas contra el puño de su camisa.
Si eso le hace feliz.
¿Y si Wallingford llega hasta ti primero?
La prisión de deudores no puede ser tan mala dijo alegremente. Siempre está oscuro y debería de haber suficiente comida.
La frustración de Camila finalmente se derramó convirtiéndose en enojo.
¿Para esto regresaste a Londres? ¿Porque estabas cansado de provocar a hombres que no podían matarte para que te retaran a duelo? ¿Porque sabías que Felipe finalmente te encontraría y haría lo que tú no has tenido el valor de hacer?.
En respuesta, simplemente la miró, sin parpadear igual que una lechuza o algún otro depredador nocturno aún más peligroso.
¿Has pensado en lo que me pasará a mí si te quedas? le preguntó. Tú serás destruido pero yo también estaré arruinada.
Un rastro de inquietud asomó a sus ojos.
¿De qué estás hablando?
Si me encuentran aquí en esta habitación alquilada contigo le respondió, arriesgándose a darle una mirada provocativa a la cama desordenada. Mi reputación nunca sobreviviría.
Los ojos de él se estrecharon.
No parecía que te importara un comino tu reputación cuando hace sólo un momento entraste en ese garito de apuestas.
Allí nadie me conocía. Pero el Marqués de Wallingford es un hombre muy poderoso e influyente. Una vez que haga correr la voz de que la cuñada del Vizconde Trevelyan ha estado envuelta con el propio hermano del Vizconde, un desvergonzado vago irresponsable y notorio libertino
Te olvidas de demonio chupador de sangre interpuso él.
Continuó como si no hubiera hablado.
...No va a haber ningún rico Vizconde o Conde haciendo fila para pedir mi mano. Ni ninguna media docena de bebés para que me mantengan ocupada en la guardería. suspiró, adoptando el mismo aire de trágica resignación que una vez había usado para coaccionar a Luisana para que le comprara un hermoso trozo de cinta que realmente no podían permitirse. Supongo que no me quedará otra opción que ofrecerme como amante de algún hombre parecido a Wallingford. Estoy segura que sería un amo cruel y exigente, pero tal vez con el tiempo, pueda aprender a complacerle.
Benjamin cruzó la habitación a una velocidad sorprendente, agarrándole la mano. Mientras tiraba de ella hacia la puerta, le lanzó una mirada furiosa por encima del hombro.
Estoy totalmente dispuesto a responder ante Dios por mis pecados, pero que me condenen si permito que seas castigada esta noche por un crimen que no tuve el placer de cometer.
Mientras Benjamin se precipitaba por las oscuras escaleras, manteniendo el implacable apretón a su mano, Camila luchó para mantenerle el paso. Antes de que pudieran llegar al primer descanso, un fuerte golpe sonó abajo. Se detuvo, estirándose hacia atrás para que ella se equilibrara antes de que chocara contra él. Por el sonido de su áspera respiración a causa del pánico, pudo oír el inconfundible ruido de botas sobre las escaleras. Se habían demorado demasiado. Les habían cortado su única vía de escape.
Benjamin giró, arrastrándola hacia arriba por la estrecha y zigzagueante escalera, pasando la puerta de su habitación alquilada. Hacia arriba, arriba, arriba fueron hasta que finalmente irrumpieron, a través de una combada puerta de madera, en el tejado.
Un golpe de aire helado azotó los pesados rizos del cabello de Camila sacándolos fuera de sus horquillas, recordándole que se había dejado el sombrero, la pelliza y todas sus armas en la habitación de Benjamin, quedándose a merced de los elementos y de él. Aún así en vez de miedo, un extraño arrebato de alegría corría a través de sus venas.
Una fina manta de nieve colgaba de las chimeneas y los techos inclinados. Brillantes copos danzaban a la intermitente luz de la luna, llevados de un lado a otro por los caprichos del viento. Aunque le había jurado que había abandonado todas sus fantasías infantiles, Camila no podía evitar sentir que se había tropezado con un reino de hadas encantado, que era a la vez hermoso y peligroso.
Cuando era niña, había creído que ese reino estaría gobernado por un príncipe de cabello dorado que la rescataría de cualquier amenaza. Sin embargo aquí estaba corriendo a través de la noche de la mano de un príncipe oscuro que era muy probable que llevara tanto destrucción como liberación.
Se detuvieron tropezando en el mismo borde del tejado. Con la nieve formando una capa que cubría la mugre y el hollín, la ciudad se extendía delante de ellos como los helados parapetos de un vasto castillo, el próximo tejado estaba a la distancia de un salto imposible.
Los furiosos gritos y los truenos de las pisadas se intensificaron. En apenas unos segundos, los perseguidores de Benjamin estarían sobre ellos.
Tiritando en sus brazos en el borde de ese profundo precipicio, una nerviosa risita burbujeo en la garganta de Camila.
Por años Felipe ha estado oyendo rumores sobre vampiros que poseen la concentración suficiente para transformarse en murciélagos. Es una pena que tú no seas uno de ellos.
Mientras un impotente estremecimiento la sacudía, Benjamin la atrajo hacia sus brazos, usando su cuerpo para protegerla del viento. Le apartó el cabello de los ojos, mirándola fieramente.
Diles que viniste a buscarme, pero que ya me había ido. Que dejé Londres para evitar la furia de Wallingford y que no les molestaré más. Diles que viniste para tratar de convencerme para volver a casa. Porque sabías que mi distanciamiento de Felipe estaba afectando a tu hermana y al resto de la familia. No serás capaz de engañar a Felipe, pero Wallingford te creerá. Puedes ser una pequeña actriz muy convincente cuando quieres.
Camila abrió la boca para protestar, luego la volvió a cerrar, dándose cuenta de que no iba a servir de nada.
Pero ¿A dónde irás? ¿Cómo? Retrocedió, haciendo señas hacia la estrellada extensión del cielo nocturno.
Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba en una sonrisa compungida.
Antes de que Felipe lo destruyera, Duvalier me dio un importante consejo. Me dijo que sería un tonto sino abrazaba mis oscuros dones.
Como para compartir el más oscuro y precioso de esos dones, inclinó la cabeza hacia la de ella. Allí, con la nieve y la luz de las estrellas envolviéndolos, con la presencia del desastre cayendo sobre ellos calzando botas, la besó.
No fue un intento seductor arteramente diseñado para maximizar su placer. Esta vez tomó lo que quiso, lo que ansiaba. Su lengua barrió a través de su boca, reclamándola, reclamándola a toda ella, con una pasión y un poder que amenazaba con arrancarle el alma. Aunque hubiera tenido una estaca en una mano y una pistola en la otra, no podría haberse defendido contra tal avalancha de pasión. Tampoco hubiera querido hacerlo.
Benjamin gimió y ella se colgó de la parte delantera de su abrigo, respondiendo a ese canto de sirenas con un profundo gemido, con una voz que no reconoció como la propia. Ese gemido se convirtió en indefensa consternación cuando él arrancó su boca de la de ella y la apartó gentilmente.
Sus ojos parpadearon hasta abrirse, justo a tiempo para verlo darse la vuelta y zambullirse directamente a un costado del tejado. Antes de que brotara el grito que tenía atrapado en la garganta, él había desaparecido. Una oscura forma se elevó sobrepasando el tejado, precipitándose hacia el cielo nocturno. Camila se quedó allí parada con la boca abierta, mirando como volaba en un gracioso círculo, para después alejarse aleteando hacia la forma de delgada hoz de la luna en cuarto creciente.
Temblando por la impresión, puso sus manos alrededor de la boca y gritó:
¡No te comas a nadie!
Pudo haber sido nada más que un truco del viento pero casi podría haber jurado que escuchó la rica voz de barítono de Benjamin flotar de regreso con una nota rebosante de risa.
No me des la lata.
Después, la puerta detrás de ella se abrió con estruendo y no hubo nada más que pudiera hacer aparte de darse la vuelta y enfrentar a la muchedumbre que acarreaba antorchas y al tormentoso ceño de su cuñado.
felipe menos ceño q le habias dado una noche de plazo!!! y q fuerte, benjamin puede convertirse en murcielago! no creo q el matara a esas mujeres, de hecho parecia bastante preocupado... puede haber sido el vampiro q convirtio a javier?? me encanto el capitulo!
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rossy (no login)
Re: el vampiro que me amo capitulo 4!!
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June 13 2009, 4:34 PM
me gustó muxo, sobre todo el final cuando besa a camila.. no crei q iba a hacerlo, y muy bueno lo de poder convertirse en murciélago xDxD espero q la sigas pronto bss!!
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mª jesus (no login)
Re: el vampiro que me amo capitulo 4!!
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June 14 2009, 12:40 PM
buenisima siguela pronto
esta fantastica...besoss
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Current Topic - el vampiro que me amo capitulo 4!!