<< Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  

EL VAMPIRO QUE ME AMO CAPIS 12 AL 14

August 18 2009 at 8:07 PM
No score for this post

  (Acceso noelia_camila)

 
CAPÍTULO 12


Camila se detuvo en el vestíbulo de la mansión, a la noche siguiente, contemplando su reflejo en el espejo con la misma fascinación horrorizada que a uno le causaría una araña de jardín particularmente bella.
Casi se alegró de que Felipe se hubiera llevado a Luisana y a Mía de vuelta a la casa de la ciudad de Coco y Micaela para ahorrarle a su esposa el tener que mirar a su hermana menor embarcarse en tan peligrosa misión. No estaba segura de querer que algún miembro de su familia fuera testigo de su espantosa transformación.
Había suavizado el rosado natural de sus mejillas bajo una capa de maquillaje color marfil. La impecable máscara hacía que el rojo escarlata de sus labios y el oscuro y gracioso arco de sus cejas fueran más impresionantes. Había instruido a su doncella para que alisara su cabello hacia atrás, lejos de su rostro, con un par de peines de nácar, permitiendo así que los brillantes rizos cayeran libremente por su espalda. El inusual estilo revelaba la insinuación de un pico de viuda y los pómulos esculpidos, que normalmente se encontraban ocultos por un suave mechón de rizos, haciéndola lucir mayor y más sofisticada.
La impresionante blancura de su cara y su pecho empolvado hacía que el flamante satén negro de su vestido pareciera más decadente. Su corpiño, artísticamente decorado, era muy bajo y sin mangas, y rodeaba su cuello con una gracia parecida a la de un cisne, acentuada por su collar de terciopelo negro.
Sus ojos resplandecían con un entusiasmo febril, haciéndola parecer una desconocida incluso para sí misma. Curiosamente, nunca se había mirado o sentido más viva.
La muerte te sienta bien, querida.
Al oír aquel ahumado murmullo masculino, Camila se volvió para encontrar a Benjamin de pie justo tras ella, con un inequívoco destello de apreciación en los ojos. No pudo evitar echar un vistazo atrás al espejo sólo para ser compensada con la inquietante y solitaria imagen de sí misma.
Devolvió su atención a Benjamin, tratando de no tomar en cuenta lo distinguido que lucía con el blanco gélido de su camisa sobresaliendo de las líneas elegantes de su chaleco negro de seda y su chaqueta de corte. Un par de pantalones color marfil envolvían sus delgadas caderas, afilándose abajo hasta sus pulidas Wellingtons de cuero negro que brillaban deslumbrantes.
Le pellizcó la impecablemente atada corbata en un modo que esperaba resultara filial.
¿Supongo que no has estado dándole consejos a Willbury sobre cómo acercarse sigilosamente a la gente y asustarla más allá de lo posible?
No seas ridícula. El desvergonzado y viejo entrometido me ha enseñado todo lo que sé.
¡Escuché eso! La temblorosa voz llegó a oídos de ellos desde una habitación cercana.
Meneando la cabeza, Camila se volvió al espejo de nuevo.
Casi pienso que este estilo me queda bien. Quizás tengo una atracción natural hacia el mal.
Algo que he sospechado durante mucho tiempo dijo, con una inequívoca señal de diversión en la voz.
Ella se enredó un rizo alrededor del dedo.
Únicamente estás celoso porque no puedes contemplar tu propio reflejo. Con una cara tan bonita, estoy segura de que solías pasar horas frente al espejo antes de convertirte en vampiro.
En cuanto te conocí, ya nunca necesité un espejo. Cada vez que miraba en tus ojos, veía todo lo que necesitaba saber sobre mí.
Camila lanzó una mirada asustada a donde debería haber estado su reflejo. Cuando consiguió reunir el valor suficiente para girarse, él metió la mano dentro del bolsillo de su abrigo y sacó una cristalina botella de perfume.
Supongo que no es agua bendita aventuró mientras él retiraba la delicada tapa. Un almizclado olor de orquídeas salvajes atacó su nariz, la fragancia era tan rica y sensual que la hizo sentir ebria con sólo inhalarla.
Esto debería ayudar a enmascarar tu olor. Inclinó la botella para mojar la punta de su dedo índice. Si hay algo que un vampiro puede oler, es a un humano fresco.
¿A qué huelo yo? preguntó ella, genuinamente curiosa.
Él aplicó un poco de colonia en el delicado hueco de su garganta, con las pestañas bajas para velar sus ojos.
Hueles como bollos de zarzamora recién horneados, tan dulces y blandos que no puedes esperar para hundir tus dientes en ellos. Con un toque aún enérgico e impersonal, aplicó otra gota detrás de cada una de sus orejas. Hueles como la luz del sol calentando los pétalos de una rosa en flor. Usó un dedo para untar audazmente la hendidura entre sus pechos, sus fosas nasales llameaban como si ni siquiera el olor predominante de la colonia pudiera enmascarar por completo su esencia. Hueles como una mujer levantó su mirada a la suyaque necesita un hombre.
Lo que Camila necesitaba en ese momento era un modo de hacer entrar aire en sus pulmones repentinamente vacíos. Pero antes de que pudiera notarlo, él se había alejado para tomar su capa a rayas de un lacayo que esperaba. Supuso que era bueno que los sirvientes en la casa de Felipe estuvieran bien pagados por su servicio y su discreción.
Benjamin deslizó la capa sin mangas alrededor de sus hombros, sus manos hábiles sujetaban el broche bajo su mentón como si ella no fuera mayor que Mía.
Si queremos ser convincentes esta noche, tienes que contemplarme con adoración. Su mirada burlona recorrió su cara. Recuerdo que solías ser bastante aficionada a ello.
Supongo que puedo fingir que eres un syllabub particularmente suculento suspiró melancólicamente. Con lo que me gusta una bonita y espesa crema.
¿Significa eso que quizás me des un mordisco antes de que la noche termine?
Ella desnudó sus dientes blancos.
Él los estudió con ojo crítico.
Sé que esto no viene al caso, pero de verdad intenta mantener tu boca cerrada esta noche.
Ella desnudó sus dientes de nuevo, añadiendo un bufido.
Eso fue más convincente. Le ofreció el brazo. ¿Nos vamos, mi dama? Lo primero que un vampiro debe aprender es que nunca hay que desperdiciar un momento de la noche.

Camila metió las manos más profundamente dentro de su manguito y le echó una mirada furtiva a Benjamin. Su buen humor había desaparecido. Parecía ponerse más distante con cada vuelta de las ruedas del carruaje. Aunque sus rodillas se rozaban cada vez que el vehículo era sacudido por un surco fresco, fácilmente podría haber estado a medio mundo de distancia en vez de estar compartiendo el asiento tapizado del coche con ella. Miraba fijamente por la ventana los campos cubiertos de escarcha que brillaban a la luz de la luna, su perfil oscuro le recordaba que la noche era su dominio y que ella entraba allí bajo su propia responsabilidad.
En el momento en que el carruaje se detuvo finalmente, la tensión entre ellos había aumentado tanto que Camila casi se sintió agradecida cuando uno de los mayordomos apareció para abrir de golpe la puerta del carruaje.
Déjenos ordenó Benjamin, cerrando la puerta en la cara asustada del hombre.
Se volvió hacia ella, la lámpara del carruaje arrojaba una sombra siniestra sobre sus rasgos.
Me temo que no he sido completamente honesto contigo.
¡Seguro que bromeas! exclamó, llevándose una mano al pecho con horror fingido. Bajo la palma, podía sentir su corazón acelerando el ritmo.
Él ignoró su sarcasmo.
Hay algo que deberías saber antes de que entremos. A pesar de que aman infligir el caos sobre los mortales, a los vampiros les encanta adherirse a una muy rígida jerarquía cuando están entre los de su clase. Tomó sus manos entre las suyas, la amplia yema del pulgar acariciaba su sensible palma como si con ello ablandara el impacto de sus palabras. Si les queremos hacer creer que me has entregado tu alma de buen grado, no sólo seré tu amante esta noche. Seré tu amo.
Sus palabras enviaron un temblor inesperado por su espina dorsal. Fue asaltada por una provocativa imagen de sí misma de rodillas a sus pies, jadeando impaciente por rendirse a su voluntad y obedecer cada orden, pues sabía instintivamente que complacerlo sólo le provocaría placeres indecibles a sí misma.
Horrorizada por su desbocada imaginación, dijo:
¿Quieres decir que debo dirigirme a ti como Su Majestad o como el Jefe Más Espléndido de Mi Universo?.
Sus labios se curvaron en contra de su voluntad.
Mi señor debería bastar. Pero me temo que los vampiros requerirán una patente evidencia de tu sumisión. Liberando su mano, alcanzó su abrigo y sacó un gran aro de oro unido a una larga cadena.
Ella frunció el ceño.
Creo que eso es un poco grande para mi dedo.
Es porque fue diseñado para ajustarse a tu cuello.
Parpadeó hacia él con incredulidad.
¿Esperas que me ponga un collar? ¿Como uno de los cachorros del Rey?
Trata de no pensar en él como un collar. Piensa que es un... un...
Ella arqueó una ceja.
¿Una bola y una cadena?
Con su paciencia disminuyendo claramente, estalló:
Si es así no es muy diferente a lo que une a la mayoría de las parejas mortales.
Es agradable saber que tienes tan sentimental opinión sobre el matrimonio.
Él se pasó una mano por el cabello con frustración.
¿Por qué no piensas que es un especie de cinturón de castidad de vampiros? Mientras lo tengas puesto y yo tenga la única llave, ningún otro vampiro puede morderte el cuello.
Seguro que eso es mentira. Dobló los brazos sobre su pecho. ¿No fuiste tú quién me informaste que había otros lugares donde un vampiro puede beber? ¿Qué me dices de la pequeña y jugosa arteria que hay en el muslo de la mujer, justo debajo de...?
Benjamin calló sus labios con dos dedos, su mirada entornada que la animaba a seguir por su cuenta y riesgo. Ella lo miró airadamente un momento, luego levantó las manos y tiró de su collar de terciopelo. Moviéndose con renuencia sobre el asiento, se levantó el cabello para exponer su cuello.
La calma de Benjamin era tan absoluta que por un momento creyó que se había escabullido del carruaje cuando le dio la espalda. Miró sobre su hombro para encontrarlo mirando la curva desnuda de su garganta, su rostro duro, pero sus ojos suavizados por un deseo inexpresable. Comprendió en aquel momento que por penoso que fuera para ella, debía ser doblemente difícil para él.
Cuando apartó el rostro, respirando entrecortadamente, casi esperó sentir el caliente terciopelo de sus labios rozando su piel justo antes de que sus colmillos se hundieran profundamente en su carne sensible. Pero simplemente deslizó el aro de oro sobre su garganta y lo aseguró.
Cuando bajó su cabeza y se volvió, dejaba caer la diminuta llave de oro en el bolsillo de su chaleco.
¿Siempre tienes uno de esos a la mano preguntó ella por si acaso te cruzas con alguna mujer que quisieras esclavizar?
Él le brindo una oscura mirada.
Lo conseguí esta noche tan pronto se puso el sol. Te sorprendería lo que puedes comprarles a los vendedores chinos en el puerto.
Tocó con una mano su nueva pieza de joyería. Aunque el oro hubiera sido golpeado hasta ser tan delgado y delicado como un pedazo de pergamino, lo sintió tan pesado como el hierro. Especialmente cuando Benjamin tomó el final de la cadena y se lo envolvió alrededor de la muñeca.
¿Estás lista? preguntó gentilmente.
Sí, amo replicó ella, lanzándole una mirada malhumorada.
Él observó detenidamente su rostro.
No pareces ni lo más mínimo cariñosa en este momento.
Le agitó las pestañas y puso ojos de cordero.
Ahora luces como si te fueras a enfermar.
Creo que ya lo estoy refunfuñó mientras él abría la puerta del carruaje y le ofrecía su mano.
Deslizó la mano en la suya, sabiendo muy bien que no podría confesar que el collar y la cadena se sentían como la clara evidencia de la invisible cadena que había atado su corazón al de él desde el primer momento en que lo había contemplado citando a Byron en el salón de su hermano. Si bien las fantasías de una jovencita eran avasalladoras, pronto descubrió que los deseos de una mujer podían ser doblemente peligrosos.

La mansión llamada acertadamente Chillingsworth surgió en la noche, un deteriorado montón de pizarra y piedra. A juzgar por el aire de descomposición que pendía sobre su estado antes imponente, la fortuna de la familia había estado colapsándose mucho antes de que un primo imprudente perdiera la casa en una ebria apuesta con un vampiro.
Un velo andrajoso de nubes rotas era atravesado por la luz de la luna, separándose justo el tiempo suficiente para revelar una fila de chimeneas que se perfilaban contra el cielo nocturno como los dientes torcidos de un anciano. Cada ventana de la casa, incluso las agrietadas, había sido cubierta con gasa negra, dando la sensación de que la casa misma se lamentara por su perdido esplendor y reprochara a los que habían sido lo bastante tontos como para derrocharlo. Parecía la simple prueba de que este sitio había sido abandonado por los vivos y reclamado por los no-muertos.
Mientras Benjamin escoltaba a Camila por el sendero, el dobladillo de su capa se atoró en la hierba congelada que habían permitido crecer a través de las baldosas.
Debo advertirte dijo él, que los vampiros no siempre se comunican en la misma forma que los humanos. Gruñir, silbar y pellizcar son formas perfectamente aceptables de expresar afecto a un compañero.
Qué dulce murmuró ella, apretándole aún más el brazo. Un simple montón de balbuceos de bebé.
Estaba casi en la puerta cuando la detuvo de súbito.
Desde este punto sugirió, tal vez sería mejor si caminaras unos cuantos pasos detrás de mí.
Lo miró fijamente durante unos segundos antes de entonar con dulzura:
Como desees, mi señor.
Una burlona sonrisa diabólica curvó la comisura de su boca.
Me podría acostumbrar a esto.
No lo hagas advirtió.
Dio unos pasos, pero ella se mantuvo inmóvil en el lugar hasta que le dio un tirón gentil a la cadena. Suspirando, empezó a caminar detrás de él.
La puerta principal de la casa crujió al abrirse bajo el impulso de su mano. Como el interior oscuro lo tragó todo, ella se apresuró a seguirlo, omitiendo a conciencia la imponente presencia a su lado. Acompañándolo paso a paso, contempló a través de las sombras, esperando que sus ojos se habituaran a la penumbra.
Casi gritó cuando un tipo de ojos vacíos salió de la nada para tomar su capa y su manguito.
No sabía que los vampiros tuvieran lacayos murmuró ella mientras el hombre se llevaba sus accesorios, sus pálidas manos acariciaban su manguito como si fuera un gato querido.
No tienen susurró Benjamin como respuesta.
Camila abrió su boca para rebatirle pero el muchacho ya había colocado su capa alrededor de sus hombros huesudos, escapado por la puerta y desaparecido en la noche.
Mientras Benjamin la condujo dentro de una cúpula y un largo y profundo pasillo, que debía haber servido alguna vez como salón de baile de la mansión, se rodeó con los brazos rezando porque la débil luz ocultara la muy humana carne de gallina que cubría sus brazos.
Se movió más cerca de Benjamin, susurrando:
Para ser criaturas que pueden ser destruidas con fuego, los vampiros parecen extraordinariamente aficionados a las velas.
Las velas de cera de abeja ardían por toda la lúgubre habitación en todo tipo de barras y se derramaban de los candelabros. Sus llamas danzaban en formas invisibles y moldeaban un parpadeante manto de luz y sombra sobre las casi tres docenas de ocupantes del salón de baile. Camila se sorprendió al ver que la mayoría de los vampiros simplemente estaban allí de pie charlando o reunidos alrededor de mesas jugando a las cartas. Muchos de ellos parecían más bien aburridos tanto de la noche como de ellos mismos. En el lejano límite del salón de baile, un juego de amplias escaleras de mármol giraba hacia arriba camino a la galería del segundo piso que rodeaba la cámara.
Un cuarteto desigual de vampiros se tumbaba sobre sillas en un rincón, entonando sus instrumentos irregularmente, mientras un tipo particularmente pálido con una nariz aquilina, de cabello graciosamente rizado y un hoyuelo en el mentón, apoyaba atrevidamente un pie sobre el polvoriento hogar de mármol, entreteniendo a sus compañeros con una especie de oratoria.
Su voz sonora llegaba a todos los rincones del salón de baile.
Aunque la noche fue hecha para amar,
y el día regresa demasiado pronto,
no iremos nunca más a pasear
a la luz de la luna.
Camila tropezó directamente con la espalda de Benjamin.
Pero, ¿no es ése Lord B...B...B?
Hola, Georgie saludó Benjamin.
Cuando el vampiro devolvió el saludo con un movimiento ligeramente afeminado de sus dedos, los ojos de Camila se ensancharon.
¿Quieres decir que los rumores eran ciertos? ¿Lord Byron realmente es un v...v...v...?.
¿...vago insípido narcisista? Sí, eso me temo. Y aunque lo hubiera creído imposible, es aún más aburrido en la muerte de lo que fue en vida. Intenta imaginar la tortura de tener que escucharlo desvariar de esa forma por toda la eternidad. Es suficiente para hacerle a uno desear encajarse una estaca en el corazón. O en el de él
Sacudiendo la cabeza con desagrado, Benjamin se abrió paso a través de la audiencia absorta de Byron. Camila se quedó de pie contemplando al legendario poeta hasta que Benjamin le dio un firme tirón a la cadena.
Apresurándose para alcanzarlo, murmuró:
Tengo que confesar que esta reunión no es en absoluto lo que esperaba. Me imaginaba como una tertulia bacanal de libertinaje con vírgenes y gatitos sacrificados en algún altar bañado de sangre.
Él se giró para afrontarla, su voz baja pero teñida de emoción.
No hay necesidad de sonar tan decepcionada. Los vampiros apenas tienen lugar en el mal, ¿sabes? Si quieres ver actos realmente meritorios de condenación eterna, deberías unirte al ejército de Su Majestad o visitar uno de los clubes infernales en Pall Mall donde frecuentemente vírgenes sollozantes son sacrificadas a la lujuria de nobles sin escrúpulos con demasiado dinero y muy poca piedad. Los vampiros sólo destruyen y matan para poder sobrevivir. Los mortales lo hacen por el violento y salvaje placer.
Ella dio un cauteloso paso hacia atrás, perdiendo el equilibrio por la fuerza de su pasión.
¿Pelea de amantes? La voz melódica se derramó sobre ellos como seda líquida.
Un vampiro se había materializado entre las sombras. Iba vestido con el estilo de un siglo atrás, con un calzón corto y un hábito azul oscuro à la française, con prendedores de cuello, botones botón de oro brillante y una falda acampanada. Torrentes extravagantes de encajes caían del cuello y los puños del elegante abrigo. Aunque no llevaba una peluca empolvada, su largo y liso cabello dorado había sido atado en su nuca en una coleta de terciopelo. Sus rasgos angelicales y sus brillantes ojos azules se habrían visto adecuados en el techo de alguna catedral florentina.
Benjamin ejecutó una profunda reverencia.
Querida, este es Guido, nuestro anfitrión de la noche. Fue lo suficientemente amable como para brindarme su hospitalidad cuando regresé recientemente del Continente.
Encantador lugar tiene usted aquí murmuró ella torpemente, tratando de no mirar directamente a Guido o a las desconchadas cintas de seda que colgaban de las paredes, las cascadas de cera derretida que goteaban de los candelabros, las telarañas que adornabas las arañas de cristal, las hojas secas que se deslizaban por el piso, los gorriones que volaban entre los grietas expuestas del techo, o los espejos deformantes que colgaban entre cada ventana.
Aún más encantador ahora que usted lo agració con su presencia, mi señora. Guido capturó su mano y se la llevó hasta la boca. En lugar de besar sus nudillos, sus labios húmedos rozaron la sensible piel del interior de su muñeca. Con el rabillo del ojo, Camila miró la boca de Benjamin apretarse con disgusto.
Bueno, gracias replicó ella cortantemente, exhibiendo una sonrisa de labios finos. Al sentir que uno de sus colmillos tocó su carne, liberó la mano de su apretón, aterrorizada de que sintiera su pulso acelerado.
Él contempló su rostro, una mueca de preocupación suavizaba el corte sensual de sus labios.
Luce un poco pálida, querida. ¿Puedo ofrecerle algo de comer?
Ella tragó, pero antes de que pudiera dar una respuesta, Benjamin resbaló su brazo alrededor de su cintura.
Eso no será necesario. Cenamos antes de venir.
Guido todavía la miraba fijamente, sus ojos entreabiertos un poco menos amables que antes.
Nunca olvido una cara bella, ¿sabe?, y casi juraría que he visto la suya antes.
Benjamin echó un vistazo alrededor como si quisiera asegurarse de que nadie escuchaba disimuladamente su conversación, entonces se inclinó y murmuró algo al oído de Guido.
¡No! exclamó el vampiro, sus ojos se agrandaron en dos sobresaltados pozos azules.
De verdad dijo Benjamin con una voz lo bastante estridente como para atraer a los vampiros que holgazaneaban alrededor de las mesas de juego en el rincón. Y puedes imaginar el enojo de mi hermano cuando ella me rindió voluntariamente su cuerpo y su alma.
Guido palmeó las manos bellamente maricuradas, riéndose con placer.
Te la robaste justo debajo de la nariz del cazavampiros, ¿cierto? ¡Qué asombroso golpe! ¡Bueno, puedes estar seguro de que serás la comidilla en cada posada de Inglaterra!
Benjamin meneó la cabeza modestamente.
La mirada de Guido se demoró sobre los cremosos montículos de los pechos de Camila que se divisaban por el décolletage de corte bajo de su vestido.
Considerando su historia, ¿cómo puedes estar seguro de que ella no esconde todavía una estaca o un crucifijo ahí adentro?
Oh, puedo prometerte que ha sido revisada a fondo. Seré el único que realice estocadas esta noche. Cuando Benjamin le acarició la nuca justo por encima del collar, Camila esperaba que la pesada capa de polvo pudiera disimular su abrasador rubor.
Guido sonrió y la tomó del mentón como si fuera un cachorro particularmente encantador.
Es muy callada, ¿no? Me encanta una mujer que sabe cómo mantener su boca cerrada y sus piernas abiertas.
Camila lo atacó, sus dientes agresivos casi le mordieron los dedos. Él retrocedió con sorpresa.
Ciñéndose la cadena alrededor del puño, Benjamin tiró de ella hasta que estuvieron nariz con nariz.
Cuida tus modales masculló, desnudando sus propios colmillos. Odiaría tener que disciplinarte en frente de los demás.
Camila había olvidado que se encontraban a merced de toda esa gente tan poderosa. Antes de poder contenerlo, un gruñido se le escapó de los labios. Algo más primitivo que un relámpago formaba un círculo alrededor de ellos, sacudiendo su cuerpo palpitante a la vida con cada latido. De pronto, era como si fueran las dos únicas criaturas en la habitación, quizás en el mundo entero.
No sabía qué podría haber ocurrido si los músicos no hubieran elegido ese preciso momento para empezar a tocar sus instrumentos.
Cuando varias parejas se acercaron a la pista con impaciencia, Benjamin aflojó lentamente la tensión de la cadena.
¿Bailamos?
Como desees, mi señor replicó ella, bajando sus pestañas para velar su rebelde expresión.
Extendiendo su mano en la estrechez de su cintura, la condujo lejos de Guido y dentro del vals, dejando a su anfitrión y cada uno de los presentes mirándoles atentamente con boquiabierta fascinación.
Mientras giraban alrededor de la pista al ritmo de los altos tonos de una de las piezas más alegres de Mozart, Camila se mantuvo todo lo tiesa que su posesivo abrazo le permitía.
¿Cómo dejaste que me dijera cosas tan horribles?
¿Qué esperabas que hiciera? ¿Desafiarlo a un duelo a muerte?
¿Cómo pudiste tú decir cosas tan horribles? No había pensado que interpretarías tu papel de villano con tanta convicción.
¿Yo? ¿Qué me dices de ti? Yo sí soy un villano. Tú apenas has estado fingiendo ser uno por unos cuantos minutos y ya estás ladrando y gruñendo como una especie de carcayú rabioso.
Sacudió la cabeza, haciendo que su melena de rizos ondulara a su espalda.
Pensé que a los vampiros les gustaba eso en una mujer.
La estrechó más cerca, tan cerca que no había escapatoria a la dura y hambrienta presión de sus caderas contra las suyas, antes de gruñirle al oído.
Nos gusta.
La hizo girar, sin dejarle más opción que someterse a su mando. La misma noche que Duvalier la había secuestrado, había soñado con bailar entre sus brazos exactamente como ahora. En su inocencia, había creído que el baile tal vez los conduciría a un intercambio susurrante de palabras cariñosas o tal vez a un beso casto en un jardín iluminado por la luna. Jamás habría previsto este abandono salvaje que corría por sus venas, esta irresistible tentación de sucumbir a un baile aún más peligroso, uno que había llevado a las mujeres al éxtasis y a la ruina desde el principio de los tiempos.
Levantó la barbilla y encontró su mirada con valentía, ganando confianza en cada paso. Quizás eran más parecidos de lo que a ninguno de los dos les gustaría admitir. Vivían para la emoción del juego, la prisa estimulante que acudía cuando la frágil espera de sus destinos era peligrosamente balanceada entre sus manos.
No deberíamos quedarnos por mucho tiempo murmuró quedamente al oído. Guido es un chismoso desvergonzado sin una onza de discreción. Se dice que fue quien informó a Enrique VIII que Ana Bolena salía con cuatro amantes que conspiraban para derrocarlo. No era verdad, por supuesto, pero aún así el rumor le costó la cabeza a la pobre Ana.
Cuando se enderezó, Camila siguió la dirección de su mirada. Su anfitrión caminaba entre varios grupos, relatando lo que acababa de atestiguar con un deleite que dejó a los hombres sonriendo de satisfacción y a las mujeres murmurando detrás de sus abanicos. Al parecer, los vampiros amaban un jugoso bocado de escándalo tanto como los mortales. Pronto, cada mirada del salón de baile se posó sobre ellos. Camila no necesitó un espejo para saber que debían formar una pareja insólita.
Los ojos de Benjamin brillaron con triunfo.
Creo que nuestra misión ha sido un éxito total. Presiento que antes de que el sol salga mañana, Maria se habrá enterado de todo sobre nuestra pequeña y falsa unión.
Una ráfaga de viento irrumpió súbitamente en el salón de baile, arrastrando con ello un montón de temblorosas ojos secas. Camila levantó la vista por encima del hombro de Benjamin, agradeciendo que el espeso polvo sobre sus mejillas también ocultara el modo en que la sangre abandonó su rostro.
Algo me dice que quizás no tengas que esperar tanto.
Al tiempo que los músicos y los bailarines se detuvieron de pronto, Benjamin se volvió para descubrir a su antigua amante de pie en lo alto de las escaleras.


CAPÍTULO 13


¡Maldita sea! soltó Benjamin, mientras Maria bajaba las escaleras luciendo como un ángel, con su cabello rubio platino recogido en un peinado alto sobre su cabeza y el ras de su vestido blanco nieve flotando detrás de ella.
Bueno, deseábamos encontrarla, ¿no? susurró Camila débilmente.
No, cuando nos exceden en número y estamos en su territorio echó un vistazo detrás de ellos, midiendo el número de pasos hasta la puerta. Tengo que sacarte de aquí.
La regia presencia de Maria apartó a los otros bailarines como si fuera un témpano de hielo del ártico. Camila había intentado olvidarse de lo pasmosamente hermosa que era, pero mientras se acercaba deslizándose hacia ellos, con sus zapatillas con joyas incrustadas apenas rozando el suelo de mármol, Camila podía sentir que se encogía hasta convertirse en un pequeño y feo duende.
Maria se detuvo directamente delante de ellos, su fija mirada felina pasando por la cadena al collar.
¿Qué es esto, mon cher? preguntó ella, su despectiva mirada recorriendo a Camila. ¿Una ofrenda de paz? ¿Te has aburrido con los encantos de la gatita y has decido dejarme tenerla después de todo?
Me temo que no respondió Benjamin, enrollando la cadena alrededor de su puño y tirando de Camila hacia su lado. Por el contrario, he decidido guardarla para mí.
Maria frunció sus exuberantes labios rojos en un principio de puchero.
No necesitas ser tan codicioso. Si yo capturara una mascota tan bonita, la compartiría contigo.
Él bufo.
Si tú capturaras una mascota tan bonita, no quedaría nada para compartir una vez que hubieses terminado con ella.
La ondulación suave de la risa de Maria le puso la piel de gallina en la nuca a Camila.
Me conoces demasiado bien, ¿verdad, cariño? Entonces, ¿por qué has venido aquí esta noche? ¿Para suplicar mi perdón por comportarte tan abominablemente la ultima vez que nos vimos?
Para ser perfectamente honesto, no esperaba encontrarte aquí. Creía que siempre te habías considerado por encima de todo esto. El elegante encogimiento de hombros de Benjamin de alguna manera consiguió abarcar a Guido y a su grupo variopinto de invitados, la mayoría de los cuales estaban observando su intercambio con una inquietante combinación de malevolencia y deleite.
Ella suspiró.
Si tienes que saberlo, las noches han sido muy largas y he estado muy aburrida y sola sin ti. Guido mantiene un par de jóvenes y robustos siervos encadenados escaleras arriba quienes han estado demasiado felices de aliviar mi aburrimiento por algunas horas.
Camila no pudo resistir echar un vistazo a la cara de Benjamin, pero seguía estando tan impasible como una pieza de escultura de mármol.
Si tú quieres continúo Maria, ellos pueden mantener ocupada a tu gatita por el resto de la noche mientras tú y yo nos ponemos al día.
Camila se acercó aún más cerca de Benjamin, que la miró de reojo recordándole que tuviera la boca cerrada.
Mi gatita tiene nombre. ¿O lo has olvidado?
Maria se golpeó los labios con un pálido y delgado dedo índice.
Déjame ver ¿era Paloma? ¿Karina? ¿Marizza?
¿Por qué no intentas con Camila? incito Benjamin gentilmente.
Ah sí Camila. Su labio superior se curvó en una sonrisa de desprecio. Su nombre es Camila. Y ella es una reliquia sentimental de tu juventud desperdiciada. Deseo que ya hayas tomado lo que necesitabas de la pequeña molestia. Juzgando por su palidez, estás en peligro de beber de la pobre criatura hasta dejarla seca. Se acercó y le dio a Camila una palmadita como de hermana en el brazo. Tienes mi sentida simpatía, querida mía. Estoy al tanto de lo insaciables que pueden ser los apetitos de Benjamin. Todos sus apetitos.
Igual que sus punzantes palabras pulsaron un nervio sensible, Camila se mordió el labio tan fuerte que temió que iba a arruinar su ardid al hacerlo sangrar.
Benjamin sólo reía.
No tienes que preocuparte por ella. Te puedo asegurar que ahora comparte esos apetitos. Todos ellos.
Era el turno de Maria de parecer horrorizada.
Seguramente tu no No querrás decir que ella es
Así es. Su sonrisa era tan fría que Camila no se habría sorprendido de ver hielo formándose sobre sus labios. Ella es uno de los nuestros ahora. Envolvió un brazo posesivo alrededor de su cintura, atrayéndola hacia sus brazos. Y es toda mía.
No estaba preparada para la primitiva emoción que corrió a través de su alma al escucharlo reclamarla tan atrevidamente. Por un peligroso momento, fue demasiado fácil creer que estaba hablando con el corazón.
Maria sacudió la cabeza, sencillamente horrorizada.
¿Por qué harías una cosa tan absurda? Ni siquiera mataste a un humano antes, mucho menos robar un alma.
Benjamin alargó la mano para recorrer con el revés de los dedos la mejilla de Camila con la caricia de un amante.
Quizás nunca encontré antes una digna de robar. Una tan audaz, tierna e irresistiblemente dulce. ¿Qué hombre o vampiro no querría pasar una eternidad en sus brazos? Hizo su cabello a un lado y presiono sus labios contra el punto exquisitamente sensible justo detrás de su oreja, enviando un estremecimiento de ablandante placer profundamente a su vientre. No tuvo que fingir su jadeo de placer. ¿O en su cama?
Maria comenzó a farfullar, abandonada por completo su empalagosa compostura. Por un breve momento, Camila casi sintió compasión por ella. Cuando finalmente recuperó la voz, esta tenía un feo siseo que no había estado allí antes.
Ella podrá ser tierna y dulce pero nunca te complacerá como yo lo hice. ¿Ha sido amante de Emperadores y Reyes? ¿Paso un año de su vida en el harem de un sultán, estudiando miles de diferentes técnicas para darle placer a un hombre?
Yo soy el único hombre al que tendrá que darle placer. Y te puedo asegurar que está más que preparada para la tarea. Le dio un gentil tirón a la cadena, alejándola de Maria. Ven cariño. Abandonemos este lugar mientras la noche es aún joven.
Estaban en la mitad del camino hacia la puerta cuando un terrible chillido retumbó a través del salón de baile.
Ella no puede tenerte. Yo fui quien te rescató de la estaca en Paris. ¡Me perteneces!
Camila se detuvo, dándose la vuelta tan rápidamente que arrebató el extremo de la cadena de la mano de Benjamin. Antes de que consiguiera alcanzarla, ella se lanzó dando zancadas de regreso a través de salón de baile, arrastrando el largo de la cadena detrás de ella. Mientras ella se detenía frente a Maria, varios de los vampiros que miraban boquiabiertos empezaron a alejarse de ellas.
Sabe, Mademoiselle Cardew dijo ella. Realmente no me importa a cuantos sultanes ha servido o de que reyes ha sido prostituta. Tal vez conozca un millar de técnicas diferentes para dar placer a un hombre, pero yo aún puedo darle a Benjamin algo que usted nunca podrá.
Maria sonrió con desprecio bajando su nariz aristocrática hacia ella.
¿Y que podrá ser eso?
Camila hizo una respiración profunda.
Mi amor. Usted lo habrá salvado de la estaca, pero fue mi amor lo que lo mantuvo vivo cuando Duvalier intentó destruirlo hace tantos años. Eso significa que él fue mío primero. Y sigue siendo mío. Usted bien podrá poseer su alma. Se inclinó más cerca, arrojando las palabras de la mujer de regreso a su lívida cara. Pero yo siempre tendré su corazón.
Aunque Camila habría creído imposible que la piel de alabastro de Maria se pusiera más blanca, lo hizo. Con un aullido de rabia, tomó de un tirón una pequeña botella de cristal de su cinto. Arrancó el tapón con sus uñas carmesí y arrojó el contenido a la cara de Camila.
Camila gritó y se palmeó la cara. Por los gritos de horrorizado asombro y fuertes lamentos que surgieron de los vampiros, hubiera esperado que su carne se empezara a quemar y derretir hasta los huesos. Pero cuando no sintió mucho más que un escozor, empezó a bajar lentamente las manos, pestañeando para quitarse la cosa de sus ojos.
Le dirigió a Maria una mirada de incredulidad, su alivio tan real que no pudo evitar el inicio de un estallido de risa.
No sé por qué están haciendo todos tanto alboroto. ¡Es sólo agua!
Cuando Camila se dio cuenta de lo que había hecho, la frase silencio de muerte nunca había parecido más adecuada. Robó una mirada a su alrededor y todo lo que pudo ver fueron ojos entrecerrándose hasta rendijas hostiles y labios divididos para revelar el destello mortal de colmillos. Dirigió a Guido una mirada suplicante, pero la única respuesta de su hasta ahora amigable anfitrión fue un siseo serpentino.
Entonces el verdadero clamor comenzó.
Él nos engañó.
Ella es una mortal.
Creí que había olido algo dulce.
Apenas puedo esperar a hundir mis dientes en eso.
Tendrás que esperar tu turno como el resto de nosotros.
Los vampiros se cerraron a su alrededor, formando un circulo que ni Benjamin podría penetrar. Y a la cabeza estaba Maria, sus ojos verdes brillando y sus labios rubí exuberantes curvados en una sonrisa triunfante.
¡Camila! ¡El agua!
La voz profunda de Benjamin contenía una nota de mandato que era imposible de ignorar. Echó un vistazo a sus goteantes manos con desconcierto. Después le llegó la inspiración y se sacudió como si fuera un perro mojado, arrojado gotas de agua bendita a todas partes.
Maria y los otros vampiros chillaron y retrocedieron, protegiendo sus ojos y rostros con sus manos. El hedor de carne ardiendo llenó el aire.
Esa era toda la distracción que Benjamin necesitaba. Pasó a los agitados vampiros con un solo salto, alzando a Camila de sus pies hasta tenerla en sus brazos. Ella chilló y enlazó por instinto los brazos alrededor de su cuello mientras él flexionaba las rodillas y saltaba, mandándolos volando hacia la galería.
Aterrizó en cuclillas sobre sus pies, absorbiendo el impacto del choque antes de que pudiera correr a través de ella. Gritos furiosos sonaron a través del salón de baile, abajo.
Benjamin se retorció sobre sus pies, su frenética mirada buscando cualquier vía de escape.
Siguiendo la dirección de su mirada hacia la ventana de cristal entintado en el extremo lejano de la galería, la boca de Camila se abrió.
Seguramente no intentaras se giró para mirarlo. ¿Sabes que no puedo convertirme en un murciélago, verdad?
Estoy deseando que no tengas que hacerlo dijo severamente. Sólo sostente de mí como si tu vida dependiera de ello. Porque muy bien podría estarlo.
Dándole muy poca opción al respecto, arrancó en una carrera de muerte. Salieron disparados hacia la ventana, sus largas zancadas comiéndose el largo de la galería. Con su gimoteo creciendo hasta ser un lamento, Camila apretó los ojos y enterró la cara contra su garganta en el preciso momento en que saltó y la ventana explotó en un arco iris colorido de cristal hecho añicos.



CAPÍTULO 14


Camila abrió los ojos y encontró a un divino coro de querubines que cantaban debajo de ella. Estos se encaramaban en las suaves y blancas nubes de un celestial firmamento. Sus dedos pequeños y rechonchos tocaban las cuerdas de doradas liras.
¡Oh, amado Dios! susurró. ¡Estoy muerta!
Se llevó una mano a la boca. Tal vez no era el momento más oportuno para comenzar a blasfemar.
Debajo de ella, los querubines sonreían satisfechos, profundizando los hoyuelos de sus sonrosadas mejillas.
Su espíritu podía residir en una nube, en una luminosa y pequeña esquina del paraíso; pero, probablemente, su cuerpo estaba convertido en una maraña de miembros rotos y retorcidos en algún olvidado patio del señorío de Chillingsworth.
Por lo menos Benjamin no estaba sujeto al sombrío final de morir, pensó con un pequeño y melancólico suspiro. Después de enviarla al encuentro con la muerte, probablemente había saltado sobre un pie, sacudido el polvo de su capa y regresado a Londres a por una nueva botella de oporto y a otro juego de farol.
Inexplicablemente, se molestó con el buen humor de los querubines, y apartó la mirada bruscamente, lejos de ellos.
¡Oh, amado Dios! dijo de nuevo, esta vez con un tono totalmente diferente.
Sus ojos le regalaron una imagen totalmente pagana. Una criatura muy extraña, mitad hombre y mitad cisne, parecía estar forcejeando con una joven y voluptuosa mujer, casi desnuda, en algún tipo de romántico avance. A pesar de que la doncella abrochaba los restos de su arruinada túnica a la altura de sus senos, sus labios sonreían deslumbrantes en una señal nada delicada de que realmente disfrutaba de la voraz atención.
¡Oh, mi Dios! murmuró Camila, obligándose a voltear la cabeza para absorber la impresión de su acto amoroso. El calor inundó sus mejillas y otras partes menos respetables de su cuerpo, deseando lo que no tenía.
El calor pareció quemar los últimos vestigios de su mente en espirales de denso humo. En ese momento, se percató de que su primera percepción era errónea, no flotaba sobre una nube en el firmamento, sino que observaba un descolorido mural, pintado en un techo abovedado por algún artista muerto, seguramente hacia mucho tiempo.
Los inocentes querubines estaban ubicados al lado de varios personajes de la mitología griega, incluyendo a Zeus, el astuto dios que se transformó en cisne para seducir a la confiada pero poca dispuesta Leda.
Camila se sentó hundiéndose en la cama, asombrada al darse cuenta, de repente, que vestía únicamente su ropa interior de fina seda. Al inclinarse, el escote del camisón reveló una alarmante porción de senos y hombros cremosos. Su mano voló a su cuello para encontrar que el collar de oro también había desaparecido. Al parecer había sido liberada de sus ropas y de las cadenas.
Alguien, también, había soltado su cabellera de las peinetas y había limpiado los polvos de maquillaje de su cara. Extrañamente, se estremeció más al imaginar las manos de Benjamin limpiar tiernamente el polvo de sus mejillas antes de que desatara las ballenas del corsé de su traje.
Un candelabro estaba al pie de la cama, su oscilante luz aclaraba poco la penumbra de la habitación. Aunque las velas estaban elaboradas de la más fragante cera de abejas en vez de simple sebo, la mayoría de ellas eran poco más que desechos. Una telaraña cubría el deslustrado metal del candelabro, como un encaje deshilachado que flotaba ante el aliento de un ser oculto. La plateada luz de la luna atravesaba furtivamente los barrotes de una ventana ubicada en el rincón más alejado del cuarto, debajo de los aleros.
Se sobresaltó cuando la puerta se abrió y Benjamin entró al aposento llevando una manta de lana sobre su brazo.
Supongo que responderás a cada una de mis preguntas dijo, asegurando fuertemente el escote de su camisón. Definitivamente no estoy en el cielo o tú no estaría aquí.
El Príncipe de las Tinieblas a su servicio, milady dijo mientras barría el suelo al realizar una exagerada reverencia
El viento meció su cabello y sus brillantes ojos azules hicieron que representara demasiado bien el papel adoptado. El pícaro duendecillo que había robado su traje también parecía haber hecho lo mismo con la capa, chaleco y botas de Benjamin, ya que sólo vestía una camisa de lino y pantalones color marfil. Su pañuelo colgaba flojamente alrededor de su cuello.
Él sacudió la manta con un despreocupado encogimiento de hombros.
Encendería un fuego en la chimenea pero estoy seguro que no es uno de mis mejores talentos.
Camila entendía muy bien eso. Especialmente cuando una sola chispa podía incinerarlo.
Envolvió la manta alrededor de sus hombros mientras él se sentaba en una dorada y mullida silla ubicada a los pies de la cama. Si el lustre del asiento no estuviera desconchándose o el relleno desbordándose por los brazos, este hubiera podido pasar por un trono apropiado.
¿Dónde estamos? preguntó nerviosa, observando las oscuras esquinas de la habitación.
Creo que esto es los mejor que tenemos para guarecernos por algunas horas. El Señorío de Chillingsworth, afortunadamente, no es la única casa abandonada en esta parroquia. Juzgando por las sábanas que cubren los muebles, los inquilinos de esta casa pueden planear volver algún día. Espero eso pero con seguridad no esta noche.
¿Cómo logramos entrar?
A través de una ventana rota. Sonrió al ver su expresión. No pongas esa cara de miedo. Puedo asegurarte que entrar furtivamente en una casa abandonada es el menor de mis pecados.
Bien, ciertamente no discutiré esa afirmación. Sus ojos se encontraron por un largo momento pero fue Camila quien apartó primero la mirada.
¿Suponía que los vampiros no podían entrar en una casa sin una invitación? Él levantó sus cejas. Eso es sólo cuando hay alguien en el lugar.
Ella frunció el ceño.
¿Por qué no recuerdo haber entrado en esta casa?
Si no recuerdas cuando robamos un caballo de los establos de Guido y audazmente eludimos a nuestros perseguidores, es porque te llevaba sobre mi regazo como un saco de patatas. Te desmayaste.
Ella gimió.
¡Qué embarazoso! He representado una buena cantidad de desmayos en mi vida, pero nunca había sucumbido a uno genuino. Espió bajo la manta para observar su poco convencional ropaje. Es muy extraño pero tampoco puedo recordar el cambio de traje. ¿Es que acaso sucedió en algún momento mientras galopábamos a través del baldío?
No, pero estas fueron rociadas con agua bendita y me cansé de ser quemado cada vez que me rozaban tiró hacia arriba los puños de su camisa revelando oscuras marcas de quemaduras a lo largo de sus musculosos antebrazos.
¡Oh! exclamó Camila, con genuina consternación. Tuvo que luchar con el absurdo deseo de ir a él, de presionar sus labios contra su piel herida como una forma de calmar el dolor.
Él se encogió de hombros.
Curarán. Tal vez no tan rápidamente como una herida de bala, por supuesto, pero con el tiempo lo harán. Mientras se inclinaba hacia atrás y cruzaba las largas piernas a la altura de los tobillos, preguntó: Cuando te percataste de que tu ropa había desaparecido, ¿temiste que mis intenciones fueran poco honorables?
Camila imitó el tono de su voz.
Generalmente cuando un hombre rapta a una mujer es por algún motivo infame.
Trataba de salvar tu vida, no obligarte a que te fugaras conmigo a Gretna Green.
Ella inclinó su cabeza, estudiándolo por debajo de sus pestañas.
Pensé que quizás habías decidido asentar tu hogar conmigo como tu gatito.
Si deseara una mascota, conseguiría un perro. Sus garras no son tan afiladas y su afecto es más fácil de conseguir.
Esa burla fue muy injusta, ¿no crees? Especialmente cuando tuve que pasar la anterior parte de nuestra huida pegada a tus talones como un perrito ansioso. Llevó la mano a su cuello. Quizás si tomaras el collar y la cadena tendrías una forma de tenerme en tus manos.
No creas que la idea no me tentó. Por un instante consideré decirte que perdí la llave durante nuestra arriesgada carrera por la libertad.
Bien, apenas hubiera podido regañarte por tu descuido cuando me burlé en todo momento en la madriguera de unos coléricos y asesinos vampiros.
La quijada de Benjamin crujió.
Si querías ocasionar una distracción, tu plan fue un éxito total. Deseé, por un breve momento, asesinarte yo mismo.
Camila bajó los ojos. No recordaba todos los detalles de su espectacular escapada, pero a su mente vino el recuerdo del preciso instante en que atravesó ese salón de baile para enfrentarse con la anterior amante de Benjamin.
¿Qué fue lo que la verdadera Maria lanzó junto con el agua bendita, o no lo era?
Capturarla no debe ser ahora un gran desafío. Ella, probablemente, me esperará en el umbral de Felipe cuando consigamos llegar a casa. Esta noche, estuviste absolutamente magnífica agregó Benjamin suavemente. Eres la mejor actriz que haya conocido. Si no fuera tan cínico, hubiera creído cada palabra que le dijiste.
Ella levantó la cabeza para mirarlo de frente a los ojos.
Quizás es porque cada una de ellas era cierta.

 
Scoring_Disabled_MsgRespond to this message   
AutorReply

(Acceso candelitas)

Re: EL VAMPIRO QUE ME AMO CAPIS 12 AL 14

No score for this post
August 18 2009, 11:46 PM 

toma ya! a ver como responde ahora benjamin! y parece q benjamin no es capaz de matar a maria pq ella le salvo la "vida"?

 
Scoring_Disabled_Msg
mª jesus
(no login)

Re: EL VAMPIRO QUE ME AMO CAPIS 12 AL 14

No score for this post
August 19 2009, 11:47 AM 

buena contestacion si señor
a ver que dice ahora benjamin
y esa maria me tiene hasta las
narices ya,a ver si la quitan del
medio pronto....siguela esta genial
besossss

 
Scoring_Disabled_Msg
mari
(no login)

Re: EL VAMPIRO QUE ME AMO CAPIS 12 AL 14

No score for this post
August 19 2009, 5:52 PM 

a ver q dice ahora benjamin xq camila le
dijo a maria una gran verdad q ella tenia su
corazon.me encanta siguela prontito.xao wapa.

 
Scoring_Disabled_Msg
Current Topic - EL VAMPIRO QUE ME AMO CAPIS 12 AL 14  Respond to this message   
  << Previous Topic | Next Topic >>Volver al foro  
Find more forums on AnimationCreate your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement  
Esperemos que hayan disfrutado y ¡Entren mas a amenudo!