holaaaa!!!que tal??espero que bien!!!y espero que os gusten los capis!!!!!a ver si la semana que viene puedo publicar unos cuantos capis mas...weno, que grax por los comentarios...aunque a veces no tengo tiempo para leerlos porque voy como las balas...pero en fin, que gracias!!!!!!xau!!!!bss!!
Capítulo 4
Pequeña perezosa, ¿no sabes que ya son las diez menos cuarto? era la voz de Benjamín en el soñoliento oído de Camila. Olvida el desayuno Camila gimió al darse cuenta de que su despertador no había sonado. Tomaremos algo en Hamilton. Hay un trasbordador que sale dentro de treinta minutos. Te veré en el vestíbulo.
Y cortó la comunicación sin darle oportunidad a replicar. No es que quisiera hacerlo, ya que como no verían al fotógrafo hasta la tarde, Camila deseaba con ansia ver todo lo que pudiera de Las Bermudas, pese a que la invitación de Benjamín pareciera más una orden. Se sintió mejor con su vestido veraniego azul marino. Se hizo un moño y sólo se puso un poco de lápiz labial y rímel para bajar con algunos minutos de sobra.
Estoy impresionado le dijo con aprobación mientras se dirigía al lugar donde él se encontraba.
Esa era la idea había cierto grado de ironía en su voz que logró que esos ojos brillaran con desafío. Y entonces, la tomó del codo y le dijo mientras caminaban:
Vamos, si no nos damos prisa, perderemos el trasbordador.
No lo perdieron. Sentada junto a él en la cubierta, Camila se dio cuenta de que Benjamín atraía todas las miradas femeninas, y pudo apreciar el porqué. Con la camisa azul pálido y los pantalones claros, era la personificación de la masculinidad; esbelto, ágil y en forma, con la brisa del mar agitando su cabello y con la boca casi cincelada; Camila no podía negar lo bien que se sentía en compañía de un hombre como él.
Estaba maravillada con el paisaje. Miró furtivamente las mansiones que asomaban por entre el espeso follaje, las casas en donde los ricos y famosos buscaban aislarse de los curiosos, del mundo fisgón. Una lancha los adelantó, dejando una señal de espuma, mientras en la distancia, un yate rosa lucía sus velas blancas, extendidas por la fuerza del viento.
Me dijiste que navegabas se sobresaltó, el repentino comentario de Benjamín demostraba que conocía sus gustos.
Sí confirmó mientras probaba la sal de la brisa marina en sus labios, y recordó haberle contado en el avión, que había pasado muchos de sus fines de semana, cuando era niña, navegando con sus padres. Papá se jubiló hace poco y compraron una casa cerca del Lago Windermere, así que pueden navegar todos los días.
¿Eres hija única? ella asintió con la cabeza y por debajo de sus pestañas notó que la miraba con severidad.
¿Qué es lo que estás pensando, que con seguridad fui muy mimada? lamentó sus palabras cuando él dijo con un tono cálido, sin rastros de acritud.
No estaba pensando eso.
Se sentía extrañamente irritada y pensó que tal vez se debía a que siempre esperaba que él pensara lo peor de ella.
¿Qué me dices de ti? de pronto sintió una gran curiosidad por saber todo acerca de él, y se dio cuenta de que hasta ese momento él no había dicho mucho de sí mismo. ¿Tienes algún familiar?
Tengo una hermana casada y con dos niños, un brillante profesor universitario por cuñado y un padre viudo de ochenta y dos años.
¡Ochenta y dos años! el asombro cubría su cara cuando lo miró, esperaba ver alguna señal de que estaba bromeando. Aunque él fuera diez años mayor que ella, la brecha generacional con su padre aún sería grande.
Benjamín sonrió.
Era casi treinta años mayor que mi madre le explicó mientras la miraba. Aún así su matrimonio fue bueno. Ella murió joven.
Lo siento podía notar el dolor en la voz y Camila no supo qué más decir. Se dedicó unos momentos a pensar en lo que él había dicho sobre que su cuñado era un profesor universitario. ¿Sería la misma universidad de Sabrina? ¿Fue así como Benjamín la conoció?
Trato de ver a mi padre lo más a menudo que puedo, pero él es muy independiente, así que está determinado a vivir solo. Pasa mucho tiempo jugando golf y en salones de baile.
¡Salones de baile! rió Camila, disfrutaba mucho de esta charla con él. Debe tener mucho carácter.
Lo tiene también era evidente que Benjamín lo encontraba gracioso, meditó Camila, asombrada al darse cuenta de que era un hombre muy familiar. Entonces recordó la pelota que había visto en su jardín; tenía que ser de un sobrino, ¿o tal vez sobrina? Trató de desvanecer la perturbadora imagen de él jugando con los niños, pero su empeño se interrumpió cuando él preguntó:
¿Has leído El Mago de Oz?
¿Qué?
¿Ves esa casa, la que está sobre aquella colina? Camila siguió la dirección de su barbilla, hacia la pálida construcción de una sola planta con una torre redonda de extraña apariencia, donde verdes ventanas se dibujaban contra el sol. Cuentan que algunos personajes de Oz fueron concebidos en esa torre, y cualquiera podría creerlo. En un lugar así, un escritor debe sentirse muy inspirado la miró y Camila se encontró de pronto con la sensualidad de su sonrisa ¿quién sabe qué pudo inspirarle para crear esos personajes? perpleja, se ruborizó mientras se volvía a admirar la torre, que cada vez se hacía más lejana con el balanceo de las olas. ¿Buscas la felicidad, Camila, en tu camino amarillo? su voz se burlaba pero con una suavidad que atrajo una ridícula humedad a sus ojos.
Dorothy no la encontró en El Mago de Oz. ¿Por qué sentía deseos de llorar? ¿Tal vez era la desilusión porque pensó que la había encontrado con Javier, ¿O estaba, por alguna razón absurda, afectada por el fragmento de sensibilidad que había descubierto en Benjamín?
Y esa es Hamilton.
Camila ocultó sus lágrimas mientras el viento agitaba su cabello, para dirigir su atención hacia el otro lado de la embarcación, hacia la capital. Los yates anclados tenían como fondo pequeños hoteles. Se sintió maravillada por el colorido de las construcciones y de la torre gótica de la catedral, que era la única construcción gris en la ciudad del color, adonde, de alguna forma, parecía no pertenecer. Y, en el mismo muelle, la más imponente construcción del país, el banco nacional, una impresionante exposición del prestigio de Las Bermudas como uno de los primeros centros financieros en el mundo.
¡Cielos! fue todo lo que pudo decir al principio, completamente abrumada. ¡Todo es tan limpio! expresó con maravilla, sabía que el blanco deslumbrante de los tejados iba más allá, para lograr ese efecto.
Así es como debe ser. Este es el país más limpio del mundo le comentó Benjamín impasible. ¿Estás contenta por haber venido? indagó con una sonrisa burlona, que no esperaba respuesta. No la necesitaba.
Pasaron la siguiente hora mirando los alrededores de la ciudad, después de que Camila afirmara que no moriría de hambre y que quería ver hasta el último rincón de Hamilton antes de detenerse a comer.
¡Aquí no! y se rió mientras regresaban por una calle y Camila reconocía el familiar letrero verde y dorado de su cadena favorita de tiendas inglesas.
Esta es aún una colonia británica, aunque parece más americana que inglesa. Pero la mayoría de los nativos quieren ser independientes de otros países. Ni siquiera piensan en sí mismos como caribeños y probablemente están a mil kilómetros de cualquier otro territorio vecino, lo que le da a Las Bermudas esa sensación de total unicidad.
Se sentaron en la terraza de un restaurante. Durante un rato, permanecieron silenciosos, observando el vaivén de las palmeras. Las bicicletas pasaban con facilidad entre los taxis. Bajo un balcón, cruzando la calle, un hombre daba paseos en su carreta a los turistas. Los lugareños paseaban o iban a sus ocupaciones.
Ésta es una experiencia que nunca olvidarás se relajó Benjamín, compartía una sonrisa de conspiración con la hermosa camarera que acababa de colocar dos platos calientes. Es la marinada de la pimienta caliente y el jerez lo que lo hace tan especial declaró, al tiempo que una de las chicas colocaba un poco de cada mezcla de las dos vasijas, en el plato de delicioso aroma que Benjamín le recomendó. Y entonces, al probarlo, gimió con el primer bocado que parecía explotarle en la lengua.
¡Diablos!, ¿por qué no me lo advertiste? refunfuñó divertida, su boca ardía por la pimienta y el inesperado sabor del jerez.
¿Y perderme esta maravillosa reacción? se reía con ella, la blanca dentadura contrastaba con el color moreno de su piel. Lo sabes, realmente eres muy hermosa recorrió con la mirada los suaves contornos de su cara y su pelo, alborotado por el viaje en el trasbordador. Es esa apariencia de inocencia lo que pierde a un hombre. Dime Camila, ¿alguna vez has estado realmente enamorada de un hombre, alguien que estuviera en libertad de corresponder ese amor? ¿estaba preguntando sólo porque pensaba que tenía una aventura con Javier, o porque se veía a sí mismo?
No contestó con sinceridad, sin agradarle el rumbo que sus pensamientos siguieron de pronto, y fue incapaz de evitar agregar con franqueza: ¿Y tú? lo dijo justo cuando resonaba el largo y lento silbido de la chimenea de uno de los trasatlánticos.
Es probable que zarpe a las dos Benjamín echó una mirada a su reloj. Y en respuesta a tu pregunta, es difícil llegar a los treinta y cinco sin haber caído en semejante debilidad alguna vez declaró con disgusto antes de concentrarse en la sopa.
Así que consideraba al amor como una debilidad, pensó Camila, mientras le ponía mantequilla al pan y se preguntaba por qué le había dado la impresión de que estaba dolido. Pero él no dijo nada más del tema sino que se puso a hablar de negocios.
Después de comer fueron a su cita con el fotógrafo submarino, para elegir el punto de reunión de la siguiente semana.
Por la noche cenaron con Micaela Vázquez y Jorge Maggio, de la agencia, que habían llegado esa tarde.
Benjamín estaba guapísimo con su traje oscuro, pensó Camila, sobre todo en contraste con Jorge. Y estaba claro que Micaela pensaba lo mismo, se dijo poco después, cuando disfrutaban de sus bebidas en la terraza; con los dos hombres sumidos en su conversación, su colega se inclinó de repente y le murmuró, para que los otros no escucharan:
¡Caramba, ahora entiendo por qué viniste un día antes!, ¡y yo que tuve que cargar con Jorge!
¡Por amor del cielo, Micaela!, sólo fue por razones de trabajo Camila rió queda hacia la envidiable morena. Estaba contenta porque se había divertido mucho ese día, y aparte del cínico comentario de Benjamín en el restaurante, durante el almuerzo, él también parecía haberse divertido.
¿Queréis compartir el chiste con nosotros? Benjamín miró a las chicas. Estaba sonriendo y Camila pensó que nunca lo había visto tan guapo.
Camila me estaba diciendo que habéis pasado un día encantador respondió Micaela.
¿Ah, sí?, ¿y qué te ha dicho? aunque evitó deliberadamente mirar a Benjamín, podía sentir la curiosidad burlona en los ojos de él. El encanto del momento se rompió cuando Jorge dijo:
Espero que te haya cuidado bien, ¿o ha estado evadiendo sus responsabilidades?
Al contrario apuntó Camila con voz cálida. Me llevó a Hamilton. Y pasó toda la mañana arrastrándome por todas las tiendas.
Eso no era del todo cierto, porque él también había pateado todas las tiendas buscando unos brazaletes; el trabajo que se tomó en encontrar esos regalos para sus pequeñas sobrinas, la conmovió por su inesperada ternura.
Una típica mujer concedió con amabilidad Jorge y se dirigió a Camila para comentar: ¿Compraste algo especial para Javier?
Era lo peor que podía haber dicho. Camila pudo apreciar cómo brillaban con frialdad los ojos azules de Benjamín. El inocente comentario de Jorge acabó con eficiencia con el poco grado de ternura que él le había mostrado durante el día. Él sabía que no había comprado nada para Javier, pero aún pensaba que era su amante. Camila se sintió muy dolida por la actitud de Benjamín y sin saber muy bien por qué lo hacía, respondió:
No, lo que quiero darle a Javier no lo venden en las tiendas ocultó su mordacidad al sonreír con provocativa deliberación.
¡Vaya tipo con suerte! el comentario de Jorge la habría divertido si no hubiera visto el gesto de furia que se perfiló en el rostro de Benjamín. Decidiendo que lo más sensato era dejar las cosas en ese punto, se levantó para decir:
Bueno, espero que a nadie le importe que me vaya a descansar.
Ya tendría que soportar a Benjamín a la mañana siguiente, decidió aunque esperaba que para entonces ya se hubiera calmado. Sólo que no consideró que podía seguirla y dio un pequeño grito cuando la fuerte mano atrapó su brazo para hacerla volverse.
¿Qué diablos crees que estás haciendo, pavoneandote de tu moralidad barata, en mi cara, y frente a los demás? ¿Saben que él es casado? ¿O acaso todos en Harrison Stone saltan de cama en cama sin que les importen sus parejas? sus dedos la lastimaban y ella gimió al tratar de soltarse.
¡Eres detestable! vociferó.
Jorge no lo sabía, y hasta antes del episodio en el apartamento, tampoco Micaela. Ellos eran sus amigos, y se ahorcaría antes de permitirle que los acusara de inmorales, así que estalló furiosa, sin pensar en nada.
¡Yo no tengo la culpa de que Sol Stone no sea capaz de conservar a su marido! Aunque tal vez no sea ése el problema; ¿qué es lo que en realidad te molesta, Benjamín, que lo prefiera a él en vez de a un hombre como tú? los ojos que ardieron como llamas la hicieron darse cuenta de que se había sobrepasado. En ese momento, un camarero fue hasta donde ellos estaban para anunciarle a Benjamín que una dama joven lo esperaba en el vestíbulo.
Terminaremos esta conversación más tarde prometió antes de alejarse. Seguramente para encontrarse con la modelo, decidió Camila con violencia; y con una momentánea sensación de pérdida, deseó saber a dónde se había ido la frágil armonía que se había establecido entre ellos ese día.
No pudo dormir, aunque lo intentó. Se sentía llena de remordimientos por haber sido lo suficientemente estúpida como para alimentar más las sospechas de Benjamín sobre Javier y ella. Debió poner las cartas sobre la mesa cuando él insistió en que lo acompañara. Y ahora, aquí estaba en Las Bermudas, con un hombre que la despreciaba.
Todo porque había sido muy orgullosa para contarle la verdad desde el principio.
El ventilador en el techo parecía hacer girar a su cerebro, el suave y continuo ritmo de las aspas cortando el calor de la noche. Como no podía dormir se levantó de la cama; se puso una falda ligera y una blusa y salió a la noche.
Cada árbol y arbusto cobraban vida con el sonido, el claro murmullo de los grillos, las ranas croando con suavidad entre la noche. Había farolas que iluminaban los senderos y la estatua de bronce de una ninfa junto a una clara cascada de agua. También estaban iluminadas las paredes rosas del restaurante del hotel, ahora cerrado y silencioso bajo los árboles, con la pálida luz de la luna llena. Como nieve, decidió Camila extasiada.
No había signos de que hubiera alguien más. Probablemente era la única persona que sufría de insomnio en el paraíso.
Se dirigió hacia el pequeño muelle para admirar la vasta negrura del océano. Las luces centellaban entre la oscuridad desde los edificios. Pequeñas embarcaciones se balanceaban en sus amarras; y entonces, una sarcástica voz familiar la sacó de sus ensoñaciones.
Capítulo 5
¿Tanto lo echas de menos? asustada, Camila giró sobre sí; sentía las penetrantes palabras de Benjamín a través de ella como el destello del faro por entre la oscuridad.
Yo no te he oído llegar su pulso se aceleró al verlo surgir de entre las sombras, con la camisa blanca y los pantalones oscuros. No podía dormir fue un error decirlo, se dio cuenta cuando la dureza marcó los rasgos ya severos de Benjamín.
Me imagino por qué se movió por el muelle hacia ella, el tono en que lo dijo la intimidaba. ¿Y ahora de qué se trata? ¿Sólo llevas unos cuantos días sin verlo y ya presentas síntomas de abstinencia? el cinismo impregnaba su voz y hacía que Camila tiritara pese a la noche cálida. Lástima, tendrás que acostumbrarte para cuando él decida que prefiere a su esposa en vez de a su última conquista, como siempre hace, Camila. Entonces, ¿por qué no empiezas a comportarte como un adulto responsable y aceptas que él tiene responsabilidades?
Estuvo a punto de aclararle la verdad de una vez por todas, pero la revelación de que Javier había tenido otras mujeres, ahogó su decisión por un momento. Sin embargo, en silencio, admitió que debió haberlo imaginado. Los hombres como Javier no desaprovechaban las oportunidades. Por fortuna, ella se había liberado de ese hombre y no tenía nada de qué avergonzarse.
¡Vete al diablo Benjamín, crees que lo sabes todo, pero no es así! Y de cualquier forma, ¡puedes contarle a Peter lo que quieras, me importa un rábano lo que hagas!
¿La frustración te pone agresiva? dio un paso hacia ella y dijo con un tono repentinamente aterciopelado. Tal vez yo pueda ayudar.
La tensión creció, traicionera, dentro de ella. Camila humedeció nerviosa sus labios, podía sentir la amenaza de esa poderosa sexualidad, tan tangible como el cálido viento en su piel desnuda. Si pudiera pasar ya se habría ido, pero no había suficiente espacio y él bloqueaba el camino hacia las escaleras.
Trató de aparentar calma, mientras que sentía que el corazón se le salía del cuerpo.
Hay algo que has olvidado, Benjamín ¿realmente era su voz la que sonaba tan calmada?. El día que nos conocimos dijiste que yo no era tu tipo, y ciertamente tú no eres el mío. ¡No saldría contigo aunque vinieras envuelto para regalo con cintas de plata! él se rió suavemente, sus dientes blancos brillaban con la pálida luz de la luna.
Lo dudo un estremecimiento recorrió la espina de Camila, y finas gotas de sudor perlaron su piel.
¿Sólo porque no tuviste éxito con Maria crees que puedes venir aquí y encontrar una complaciente sustituía en mí? dijo Camila con frío desdén. Sin embargo, esa vibrante y salvaje energía, que sentía provenir de él le enviaba poderosas señales.
¿Tú, una sustituta de Maria?, difícilmente sus labios se curvaron con algo de disgusto. Maria es una amiga.
Y más digna de respeto que yo declaró Camila airada. Él se metió las manos en los bolsillos y el movimiento hizo que la mirada de Camila se dirigiera hacia los esbeltos y firmes muslos de Benjamín.
Sí replicó él con brutal honestidad. Pero, no estamos hablando de respeto, ¿no es así? el tono sensual de la voz aumentó sus ya exaltados sentidos y, con cautela, dio un paso atrás, con repentino e inexplicable temor.
¿Y, qué hay acerca de Honey? preguntó con énfasis, para distraer el deseo fiero que ahora veía en él, el deseo de castigarla, de humillarla. Tal vez él no quería recordar a la mujer que había dejado en Inglaterra, meditó Camila. Ya sabes, ¿Sabrina Bianca, el genio británico? ¡La que espera terminar la universidad con honores para fin de año! por un momento pareció decidido a ¿qué?, se preguntó. ¿Estaba sorprendido porque ella nunca se había atrevido a hablar de su vida privada?
No creo que a Sabrina le preocupe que haya otras mujeres en mi vida, ella nunca hace preguntas al respecto. Así que no te preocupes Camila, no estoy comprometido. Pero si lo estuviera su voz se tornó peligrosamente suave ¿te molestaría mucho? Por lo que sé, a ti no te preocupa que tus novios estén comprometidos.
¡Diablos Benjamín, no me fui a la cama con Javier! Te dije que
Saliste con él, ¿no es así?
Sí, pero sólo era
¡Cada vez que él estaba en Londres! Almuerzos, cenas, al teatro.
Sí, pero no terminó la oración. ¡Realmente se había mantenido ocupado desde esa noche que la encontró en su cama!
Y no se te ocurra volver a ir con él a mi apartamento.
¡No!, quiero decir sí. Oh, ¿para qué? tenía los hombros caídos en señal de derrota, sabía que él no la escucharía. ¡No tengo por qué soportarte! vociferó con temor por la furia que iluminaba los ojos oscuros. Pero cuando trató de empujarlo para pasar, un brazo se lo impidió y Benjamín la atrajo hacia él.
Suéltame
Pero no pudo hacer nada para apartarse de sus brazos. Una ola de calidez la envolvió y, en lugar de alejarse, Camila se acercó más contra él, lo que alentó a Benjamín. Sus labios se posaron sobre los de ella y la obligó a abrir la boca para paladear con la lengua su suave interior, de un modo abiertamente sugestivo, mientras la apretaba más contra él, haciéndola consciente de la dura realidad de su deseo.
Ella sofocó un pequeño gemido contra la boca. Y de pronto, su resistencia desapareció y se doblegó al beso, lo correspondió e, incapaz de negar por más tiempo que deseaba estar en los brazos de ese hombre, rodeó su cuello con una respuesta hambrienta y urgente.
¡Oh, diablos Camila! la respiración agitada la convenció de la inesperada fuerza del efecto que tenía sobre él, y gimió con placer cuando Benjamín dejó sus labios, para probar la dulzura del tentador satín de su garganta.
Oh, por favor, por favor
Estaba fuera de realidad; sensación con sensación, sus manos se deslizaban sin inhibición por la seda de su camisa, deleitándose con el fuerte estrépito del corazón. Los dedos de Camila encontraban su camino bajo la camisa parcialmente desabotonada para dar con la tibieza de la piel, la áspera textura del vello bajo la firme columna de la garganta. Pese al calor del deseo, Camila sentía la fría brisa en su piel.
Te deseo Camila lo oyó decir por entre la tortura del delicioso éxtasis, ya que él había hecho a un lado la tela de su blusa y le acariciaba los senos con dolorosa suavidad. Estoy atrapado por el recuerdo de tu cuerpo casi desnudo en mi cama. Te quiero de nuevo ahí, Camila; pero no te dejaré como lo hizo Javier, me quedaré hasta que me pidas que me vaya y sólo entonces lo haré. Para cuando termine contigo Javier Peters habrá dejado de existir.
Sus desconcertantes palabras la llevaron de regreso a la tierra y vio con exactitud lo que él trataba de hacer. Sin aliento y despeinada, se alejó con violencia de él. Benjamín seguía mirándola, con los ojos brillantes por el deseo.
¿Y bien, cuál va a ser, tu habitación o la mía?
No se iba a quedar para darle la satisfacción de una respuesta, así que lo empujó para poder pasar y corrió hacia las escaleras con la única intención de alejarse de él, le ardían las mejillas por la humillación. Ahora veía por completo las razones que había tenido para llevarla a Las Bermudas. No sólo para alejarla de Javier, como declaró llanamente, ¡sino para atraerla hacia su propia cama!
¡Bueno, pues no tendría éxito!, decidió Camila mientras derramaba humillantes lágrimas de furia. Percibía una sensación de abatimiento mientras regresaba al hotel, un profundo y doloroso vacío que aún no quería entender.
Los otros ya estaban en la recepción hablando con Benjamín cuando Camila bajó a la mañana siguiente; sintió la fría mirada descansar sobre ella con intenso desconcierto, pero sólo le ofreció los restos de una sonrisa en respuesta al frío saludo.
¿Y bien? dijo ingeniosamente para acabar con el vergonzoso recuerdo de su conducta de la noche anterior, mientras mantenía su atención en Micaela y Jorge, equipado con cámaras y estuches. ¿Estamos listos para partir?
La mañana era hermosa, aunque ya hacía calor cuando salieron del hotel, y mientras cruzaban las escaleras sobre el muelle, las imágenes mentales de lo que pasó la noche anterior, irrumpieron en los sentidos de Camila, el incómodo calor que la envolvió no tenía nada que ver con el sol.
¿Estás preocupada por algo, Camila? Benjamín se puso a su lado, esos ojos perspicaces eran claramente consciente del motivo de su preocupación.
Estaba pensando en el trabajo que nos espera, ¿tú no? él no contestó, pero con un movimiento en los labios, le aseguró en silencio que no lo había engañado.
Aparte de eso, no hizo más referencias al vergonzoso interludio entre ellos, por lo cual Camila se sintió inmensamente aliviada. Tenía un trabajo por hacer, y no podría hacerlo bien si estaba preocupada. Probablemente Benjamín pensaba lo mismo, porque en otras circunstancias se habría reído al verla enfadada. Así que se alegró cuando la lancha que Micaela había alquilado los llevó hacia la bahía, donde el yate de la compañía de Benjamín estaba anclado.
El impecable navío blanco, el Anfitrión, dejó a Micaela y a Jorge completamente embelesados.
Me doy cuenta de que no estás impresionada le dijo Benjamín en voz baja.
Sí que lo estoy las manos de Camila se tensaron sobre el brillante cromo de la barandilla y una inexplicable emoción creció dentro de ella, mientras observaba el impresionante equipo y las velas sin izar, la opulencia del yate era un tributo silencioso al hombre que lo había hecho. ¡Ciertamente lo hiciste muy bien!, ¿qué compañía soñaría con renunciar a una cuenta contigo? Además, eres capaz de hacer cualquier cosa para conservar a tus clientes.
Las personas no son tan inocentes. Si el servicio y la satisfacción no van de la mano, entonces puedes decirle adiós al cliente.
Los continuos negocios de tu compañía con la agencia, son un ejemplo. Es importante que haga bien mi trabajo aquí, para que tú sigas haciendo negocios con nuestra empresa.
De eso estoy seguro. Tu trabajo es muy bueno declaró mientras la estudiaba con sumo interés, lo que provocó que sus nervios se crisparan. ¿Dónde desarrollaste esas habilidades artísticas, Camila?, ¿O son innatas?
En parte, supongo se rió un poco nerviosa. Sin embargo, creo que dos años de curso en el colegio de arte ayudaron.
¡Talento más intuición igual a genialidad! ahora realmente se reía de ella, aunque esa sonrisa aceleraba su respiración. Antes de que pudiera decir algo, él sugirió: ¿Te gustaría ver lo que hay abajo? Camila dudó, preguntándose si los demás bajarían, pero él no dijo nada, y, con un nudo en la garganta, accedió.
Abajo el suave mobiliario aumentaba el lujo del brillante latón y la cálida suntuosidad de la caoba barnizada. Tanto el espacioso salón como la cabina mostraban tal opulencia, sólo costeable para un millonario.
Lo apruebo declaró Camila con voz temblorosa. Tus clientes son muy afortunados No todo el mundo pone un yate así a disposición de la gente que trabaja para él.
Bueno No construí este yate únicamente para conseguir clientes.
Claro, él podría usarlo para su propio placer. Lo imaginó apoyado en la barandilla, con el viento soplando entre el pelo. Un hombre al mando de su propio destino. No un esclavo de la riqueza como Franco Fritzenwalden, porque, a diferencia de Franco, él sabía, Peter se lo había confiado, lo que era nacer en la pobreza. Y, por supuesto, él podía traer a su mujer aquí
Sus ojos se encontraron al mismo tiempo, y de súbito el ambiente pareció cargado de electricidad. Camila deslizó su lengua por los labios; el salón parecía de pronto demasiado limitado y muy íntimo. Y entonces, el zumbido de una lancha y las risas de una mujer anunciaron la llegada de Franco, con hora y media de retraso y cuatro bellezas en bikini, una de las cuales era Maria.
¡Demonio de hombre!, no puede separar los negocios del placer Benjamín echó una mirada por la escotilla. Sin embargo, por lo que había dicho en la fiesta, ella imaginó que normalmente era más indulgente con los defectos de Franco. De alguna manera, ese ataque de furia estaba dirigido contra ella, no contra el millonario.
Hola nena.
Maria sonrió a Benjamín cuando él la ayudó a subir a bordo. Camila pretendió no notar la forma en que la modelo se deslizaba con deliberación entre los brazos masculinos.
¡Una amiga!, pensó al ver lo esbelta y femenina que parecía Maria junto a la intensa masculinidad de Benjamín. Era tan hermosa que Camila no se imaginaba cómo se podía comparar con la mujer que esperaba en Inglaterra.
Perfecto, ¿tal vez podríamos empezar? dijo, tratando de ocultar su impaciencia con un comentario mordaz, que provocó la objeción de Maria.
Dios, ¿es concienzuda, no es así Benjamín?; ¿siempre es tan negrera? indagó mirando a Camila, como si fuera algo surgido de las profundidades.
Benjamín no respondió. Se limitó a presentar a las dos mujeres.
Bienvenida al proyecto, Maria la saludó Camila con cortesía, lo que pareció tomar por sorpresa a la otra chica. Siento mucho que haya que empezar enseguida a trabajar, pero el tiempo, me temo, es dinero, y no me imagino a mi cliente complacido si empiezo gastando su tiempo.
La modelo estaba visiblemente molesta. Iba a decir algo, pero no pudo porque Benjamín se le adelantó:
Haz lo que te dice, Maria la voz masculina impidió cualquier discusión, así que la chica dibujó una sonrisa sutil mientras miraba a Benjamín como si las dos estuvieran solas.
Bueno, si tú lo dices se puso de puntillas y presionó los labios contra la severa mandíbula de Benjamín.
¿Y eso a ella qué le importaba?, se preguntó, mientras surgía inesperadamente la enfermiza sensación de celos.
La mañana transcurrió con lentitud, y Camila empezó a sentir que su posición se debilitaba.
La última gota se derramó durante la ubicación de una toma que captaba a Franco equipado con lo último de ALI en trajes de buzo. El fotógrafo llamó a Benjamín para conocer su opinión antes de hacer las fotos y Camila se puso furiosa al oírle decir:
Ya sé lo que ella quiere, pero es obvio que no va a funcionar y le dio al fotógrafo otras instrucciones que invalidaban las que ella le había dado antes.
¿Si no necesitas mis servicios, por qué no lo dices?
Se encontraban un poco lejos de los demás. Después de todo, él era un cliente importante y no podía desafiarlo frente a los otros.
Si no recuerdo mal, sólo estoy aquí porque tú me obligaste. Yo no quería venir le recordó. Sin embargo, si crees que puedes hacer mi trabajo mejor que yo, entonces tal vez sería mejor que me marchara.
Esperaba que pudiéramos trabajar juntos indicó impaciente.
Bueno, pues es obvio que no podemos Benjamín la miró fijamente antes de decir con calma:
Crece Camila y se alejó de ella con aspecto taciturno.
Se sentía castigada por completo. ¿Acaso estaba siendo infantil?, se preguntó. Ella no pensaba eso, tal vez no debió ponerse a la defensiva sólo por algunas sugerencias.
En ese momento, la modelo bajó, quejándose bastante sin necesidad. Camila pensó que había tomado demasiado sol y se sentía agotada, así que agradeció la invitación de Franco para unírsele a nadar.
Cuando se quitó el traje de buzo, vio que tenía la piel tersa y bronceada, y silbó cuando Camila se quitó la blusa y los pantalones cortos.
¡Eso es un traje de baño, dulzura! la ceñida prenda negra exponía más de lo que ella recordaba, y de pronto se sintió extremadamente cohibida, no por el apreciativo escrutinio de Franco, sino porque Benjamín acababa de subir y se detuvo inerte, la profunda mirada parecía arrancarle hasta el último hilo del escaso traje de baño.
Bueno, sabía que me encontraría contigo lo dijo lo suficientemente fuerte para que Benjamín lo oyera, aunque sabía que no era justo animar a Franco. Pero estaba resuelta a que Benjamín se diera cuenta de que no estaba interesada en él, que no le importaba que él hubiera pasado un rato abajo con Maria. No obstante, sintió un estremecimiento cuando se zambulló en el mar después de Franco.
¿No hay posibilidades de encontrarnos con tiburones, verdad?
No te preocupes, estás completamente a salvo. Los arrecifes de coral que rodean estas islas alejan a esas criaturas.
Si has tenido algún encuentro cercano con alguno de esos animales, creo que en este momento, preferiría no tener que saberlo, gracias.
Siento desilusionarte Franco flotó sin dificultad sobre su espalda al tiempo que otro sonido le advertía a Camila que alguien más se había zambullido. Sin embargo, decidió no mirar. Los únicos momentos de peligro que he vivido fueron a causa de un fallo en mi equipo de oxígeno cuando buceaba hace algunos años. Afortunadamente, Benjamín estaba ese día conmigo y vino al rescate. Cuando regresamos al bote lo primero que dijo fue que eso no habría sucedido si hubiera usado el equipo de ALI.
Típico observó Camila, mientras ignoraba el absurdo temblor de admiración hacia Benjamín, por tener la suficiente experiencia como buzo, para ser capaz de ayudar a un profesional como Franco Fritzenwalden.
Ese es Benjamín dijo Franco. Siempre al mando. Nunca corre riesgos, a no ser que calcule un noventa y nueve por ciento de posibilidades de éxito. Lo conocí en un equipo de buceo, en Estados Unidos, hace diez años. Y ya se veía que estaba destinado para grandes cosas.
¿Venerando a los héroes, Franco? él intentó atraparla, juguetón, pero Camila era demasiado rápida y desapareció bajo el agua rumbo a la costa, con la destreza adquirida de su padre, que la había enseñado a nadar cuando aún ni siquiera andaba.
Dejó que su piel tocara el fondo frío y arenoso, mientras el agua se plegaba gentil sobre sus senos. Frente a ella, los manglares formaban un muro verde, había personas paseando por la playa y cuerpos bronceados bañados en aceite. Estaba a punto de dirigirse hacia la playa cuando miró el agua y captó algo que congeló en su garganta un grito de horror.
Capítulo 6
Unos metros más allá, la masa azul gelatinosa del llamado buque de guerra portugués, la peor especie de medusa, se agitaba en la superficie. Camila sabía que los tentáculos eran letales, que podían causar una herida peligrosa, y hasta mortal.
Su boca se secó, y al retroceder con cautela, por el miedo, olvidó que estaba a punto de dejar de tocar el fondo y se tambaleó, el agua la cubría y tuvo que forcejear unos segundos para salir a la superficie con un pequeño grito de alarma.
De pronto, unos poderosos brazos la llevaron fuera del agua en poco tiempo, y reconoció el agradable contacto del vello de ese cuerpo contra el suyo, antes de que la depositara con cuidado en la arena entibiada por el sol.
¡Por Dios Camila, di algo! la voz de Benjamín sonaba apremiante y preocupada.
No, yo temblaba, pero más por haber sido rescatada por esos expertos brazos, que por cualquier posible encuentro con la medusa. No, creo que no declaró mientras se sentaba y retiraba el pelo húmedo de su cara.
¿Qué quieres decir con eso? ¿había alivio en la voz?, se preguntó mientras observaba el agua que caía del pelo y se deslizaba a través del vello oscuro que bajaba en una fina línea hasta desaparecer bajo el bañador rojo. Si estás herida quiero saberlo le aseguró casi furioso, no vuelvas a asustarme nunca de ese modo.
Así que se había asustado
No sabía que estuvieras tan preocupado por mí suspiró, incapaz de contener el júbilo imprudente que le producía saberlo.
El apretó con fuerza los labios y se tumbó a su lado apoyándose en los codos.
¡Por supuesto que estaba muy preocupado! aseguró, tenía el abdomen tenso por la emoción contenida. Me siento responsable de ti ¿bueno, qué otra cosa podría ser?, meditó extrañamente decepcionada, debí prevenirte de que había medusas antes de que te lanzaras al agua como si estuvieras en una piscina, y Franco debió tener más sentido común para impedir que lo hicieras.
No fue culpa suya señaló, debí ser más precavida. ¿Es normal encontrarse con esas cosas por aquí? preguntó con un temblor involuntario.
Benjamín sonrió a medias.
No, lo creas o no, es muy raro. Sólo es común que salgan a la superficie después de una tormenta. Has tenido muy mala suerte.
¿Mala suerte? ¡Habría sido terrible si él no hubiera aparecido! Así que murmuró, agradecida:
Gracias por rescatarme toda su emoción desapareció como por ensalmo cuando lo oyó decir:
Parece que es un hábito tuyo, ¿no es así? estaba sentado con los brazos sobre las rodillas, mientras la miraba con censura, por lo que Camila humedeció sus labios y apartó la mirada. No te basta con arruinar el matrimonio de Javier, ¿verdad? Aún te quedan ganas para perder el tiempo con otros hombres
Se refería a su comportamiento con Franco, y con él mismo la noche anterior, pensó humillada.
¡Difícilmente llamaría perder el tiempo a nadar con alguien!, no como otra persona que podría mencionar que pasa la mitad de la mañana practicando sus modales con mi personal.
Difícilmente la mitad de la mañana señaló Benjamín en respuesta a su acalorada exageración, y aunque así fuera su voz denotaba fría autoridad creo que tú no tienes derecho a protestar, ¿no crees, Camila? por que él era el jefe, se dijo Camila. Él mandaba y los demás obedecían. ¿Qué pasa querida, celos? se mofó con delicadeza con la sonrisa fríamente perceptiva, porque, ¡que el cielo la ayudara, estaba celosa!
¡Claro que no! le aseguró mientras rezaba para que no lo adivinara.
En el pequeño camino cerca de la playa, una mujer de mediana edad tosió, estaba con un hombre y se mojaban los pies en el agua; de pronto, Camila contuvo el aliento al sentir la mano de Benjamín sobre su hombro.
Te estás quemando indicó con frío tono. ¿No crees que sería mejor que estuvieras a la sombra? sabía que él tenía razón, pero el tibio contacto de los dedos la tenía inmóvil, por lo que murmuró:
No, estoy bien y se alejó del perturbador contacto.
Eso parece observó él secamente. Camila podía sentir los ojos que estudiaban su perfil tenso. Anoche no parecías muy preocupada por evitar mi contacto el recuerdo enrojeció las mejillas de Camila.
Anoche había bebido mucho mintió, y se incorporó, sólo para ser detenida por unos dominantes dedos alrededor de su muñeca.
¡Al diablo! por encima del golpeteo de su corazón, Camila captó la risa sutil y el sensual roce del vello contra su piel. No es característico en ti, sin embargo, parece que te has acostumbrado a mantener tu consumo de alcohol al mínimo desde que llegaste aquí, y anoche no fue la excepción. Tu respuesta no tuvo nada que ver con el alcohol, Camila, y lo sabes declaró tajante, ella se estremeció al darse cuenta de que la miraba fijamente. ¿Entonces, por qué mentir? Deseabas mis besos casi tanto como ahora; y sólo Dios sabe cuánto deseo dártelos, pequeña sirena.
Cuando la atrajo con fuerza hacia él, no tuvo valor ni deseos de negarse; su cabeza se apoyó en el musculoso brazo y sus labios se entreabrieron. Camila saboreaba la sal del mar en esa boca, su nariz se impregnó con la esencia del cálido cuerpo húmedo y su brazo se enredó alrededor de la nuca para acercarlo más, dirigida por la necesidad de él contra cada parte de sí misma.
Había personas observándolos, pero no le importó y con un susurro aceptó que Benjamín la depositara sobre la suave arena.
Las manos de Benjamín se deslizaron con sensualidad por su espalda; el efecto que esa exploración ejercía sobre él, fue evidente para Camila cuando lo oyó contener el aliento. Sus manos se deslizaron provocativamente por su espalda hasta los tensos músculos de la cintura.
Si estuviéramos a solas murmuró sobre su garganta. La ternura y la promesa eran muy diferentes a la noche anterior. Y una serie de sensaciones excitantes fluyeron en su interior cuando los labios de él saborearon su hombro. Las tensas cumbres de sus senos se presionaron contra la tela de su traje de baño, doloridas por las caricias.
Si estuvieran solos, él le haría el amor, y ella no tendría fuerza para detenerlo, pensó. Era imperativo que supiera la verdad sobre Javier y ella, que confiara en ella.
Benjamín
Shh la voz la acariciaba y un dedo descansó con gentileza en sus labios. Ahora no querida. No eches a perder el momento ordenó suavemente y algo en la voz la obligó a mirarlo, el deseo era evidente en sus ojos, pero la vulnerabilidad en sus gestos, usualmente controlados, la emocionó y, sin pensarlo, le acarició el rostro con ternura antes de que él volviera a besarla. Y todo desapareció, excepto el suave éxtasis de los labios y la cálida desnudez presionándola.
Los sonidos surgieron de pronto, la brisa entre los manglares, el golpeteo del agua, y unas pisadas corriendo repentinamente, seguidas por un inesperado puñado de arena en su cara.
Pequeño Benjamín se enderezó, tenía sólo un propósito en la curva de los labios. ¡Voy a enseñarte algo, pequeño pícaro!
Con un ágil movimiento se levantó para seguir al travieso niño y Camila se rió cuando al fin lo atrapó. El pequeño no tenía más de seis años y Benjamín lo cogió en brazos y corrió con él hacia la orilla, con la intención de lanzarlo al agua. Era obvio que el niño disfrutaba del juego, mientras se reía a carcajadas, y aún reía cuando Benjamín lo arrojó sobre un castillo de arena y le puso la bandera en el pelo.
Camila se rió cuando Benjamín volvió a su lado. No podía apartar sus ojos de él. Cómo era posible que un hombre pudiera poseer semejante atracción física, el poder para controlar grandes empresas y ser divertido con los niños. Camila estaba asombrada.
De pie frente a ella, con las manos en la cadera, parecía un pirata que acabara de tomar por sorpresa un poblado, y estuviera saboreando la victoria.
Pareces un pirata Camila no pudo evitar decirlo. Sus ojos brillaban con agrado. ¿Acaso el Anfitrión es el barco con el que realizas los secuestros y el pillaje? con burla, él curvó lentamente los labios.
Nunca he tenido el placer de raptar a nadie se puso en cuclillas y su mirada quedó frente a la de ella; con una voz impregnada de sensualidad le dijo: Por lo general, ellas solas caen en mis manos.
¡Tal y como había hecho ella! captó Camila, y se reprendió a sí misma por haberse rendido tan fácilmente ante él, después de prometerse la noche anterior que no lo haría. Todo lo que él quería era conquistarla; Camila pensaba en algo que decir para salvar su orgullo, pero lo olvidó con la inesperada llegada de Maria a la playa. Los celos se deslizaban por ella como el agua por su bikini, mientras contemplaba a Camila.
Si no vas a necesitarme de nuevo, me marcho y haciendo pucheros, continuó: Te he estado esperando, querido. Me prometiste que irías ¡no quería escuchar eso!, pensó Camila.
Está bien Maria, ya voy lo dijo casi molesto, y logró que Maria se dirigiera malhumorada hacia el agua.
¿Qué pasa, se supone que no debe vernos juntos? se burló Camila. Creí que habías dicho que sólo era una amiga. ¿O temes que se lo diga a los demás y llegue a oídos de alguien, que según tú no tiene derecho sobre ti? le preguntó antes de alejarse; pero él la siguió; las pisadas dejaban furiosas huellas en la arena.
Juzgas a los demás por tu propia moral. ¿Siempre estás preparada para acusar a cualquier hombre de jugar tu propio juego?
¡No, sólo a ti! gritó su corazón. Ya estaba harta del continuo desprecio de Benjamín hacia ella. No volvería a darle la oportunidad de herirla.
Afortunadamente, en los siguientes días la presión del trabajo y la presencia de los demás fue suficiente para evitar cualquier roce entre ellos. También afortunadamente, no necesitaron a Maria el día que hicieron las tomas submarinas. Camila se dijo que sólo se sentía aliviada porque simplemente no congeniaba con la modelo. Pero sabía que esa no era la verdadera razón.
Trabajaron en los arrecifes de la costa sur, usando como fondo un barco hundido que Franco había explorado previamente. En la lancha con Micaela, mientras ayudaba a Franco y al fotógrafo de Hamilton con sus tanques de oxígeno, Camila contempló a Benjamín, fascinada por la forma en que el traje negro se adhería a su cuerpo.
Ten cuidado Benjamín lo dijo antes de que pudiera evitarlo, mientras Franco y el fotógrafo se zambullían simultáneamente por un costado. Y cuando él la miró interrogante, ella agregó: Después de todo, eres nuestro mejor cliente, ¡si algo te pasara, la agencia perdería muchísimo en una cuenta!
Claro, ¿qué otra cosa podría ser? aceptó secamente y giró para dejarse caer en el agua azul.
Transcurrió una eternidad antes de que alguno emergiera; Benjamín salió el primero y, cuando lo vieron, las dos chicas se acercaron ansiosas para ayudarlo con su tanque de oxígeno.
No os preocupéis les dijo sonriente. Los tres estamos muy bien y hemos hecho unas tomas perfectas luego se dirigió sólo a Camila. Consigue un esnórquel y unas gafas, y ven conmigo.
No necesitó que se lo dijera dos veces. Llevaba puesto el traje de baño bajo el vestido ligero y sólo tuvo que ponerse las gafas y el esnórquel antes de zambullirse detrás de Benjamín.
El mundo marino presentaba un espectáculo de colorido que quitaba el aliento por su belleza. Un pequeño pez amarillo y negro se lanzaba hacia dentro y fuera del coral. En otro sitio, un banco de peces giró delicadamente, dejando hilos de plata donde los rayos del sol penetraban en el agua cristalina. Entonces vio el azul llamativo de un pez que se metía en las grietas, donde otros especimenes iridiscentes buscaban comida entre el vivo esplendor del arrecife.
¡Es precioso! jadeó con la cara fuera del agua de nuevo y se quitó las gafas y la boquilla para poder hablar. Me gustaría llevarme a casa algunos de esos pequeños especimenes para mi pecera. ¿Crees que podría llevarlos en el avión? bromeó.
No veo por qué no, siempre y cuando sus pasaportes estén en regla arrastró las palabras con una inclinación maliciosa, y sin previo aviso, ella lo salpicó con fuerza justo en la cara, para luego alejarse veloz entre risas antes de que él pudiera atraparla.
Cuando se volvió no lo vio por ningún lado. Sólo estaba la lancha, algo retirada, con las cuerdas salvavidas colgando sobre un lado y, ocasionalmente, se escuchaba el tono apagado de Micaela y del capitán mientras hablaba.
Todo parecía silencioso, como la calma antes de la tempestad. Y entonces, gritó cuando una mano la asió por el tobillo hundiéndola. Benjamín la rodeó con el brazo y la apretó contra él para salir con ella a la superficie. Se reía mientras Camila tosía y lo golpeaba con una protesta amigable.
Sabía que era mi atención lo que querías, ¿no es eso lo que todas las chicas quieren?
¡Sí, y él sabía cómo tratarlas!, pensó Camila. Podía sentir la contracción de los músculos bajo la suave textura del traje de buzo, y el poder de los músculos que se enredaban con los de ella.
¡Aunque no eres muy listo! se reía nerviosa mientras bromeaba traviesa, porque él necesitaba el otro brazo y sus piernas para mantener a los dos a flote. Y, aunque divertida, le preguntó en serio: ¿En realidad hay un tesoro, como Franco me ha dicho, hundido bajo estas aguas?
No estaba segura de por qué el cuerpo de Benjamín pareció tensarse bajo el tibio balanceo del agua.
Depende de lo que signifique para ti un tesoro señaló bruscamente y la soltó para sumergir el largo y musculoso cuerpo. Camila se sintió triste de repente.
Tenía una toalla sobre sus hombros cuando él subió a la lancha, sin darse cuenta de que lo observaba mientras se quitaba el traje de buzo. Cuando terminó de quitarse el traje, Benjamín se volvió y le dedicó una sonrisa burlona que la hizo sonrojar.
Ten señaló el objeto húmedo y frío que depositó en su mano. Tal vez Franco no esté totalmente de acuerdo conmigo, pero éste es uno de los verdaderos tesoros de las profundidades. Camila observaba la pequeña pieza de coral y la giró entre sus manos, mientras admiraba sus laberintos como si fuera una joya invaluable. ¿La había conseguido especialmente para ella?, se preguntó y alzó la vista para darle las gracias, pero él ya se alejaba hacia la cabina para hablar con el capitán.
Por un momento, Camila pensó que la actitud de Benjamín hacia ella había cambiado, pero pronto se dio cuenta de que no era así porque su relación de trabajo siguió siendo muy tensa. Por la tarde hicieron más fotos de la nueva lancha de motor, diseñada por la filial americana de ALI, que ocuparía una página completa en el nuevo folleto. Maria posaba en el timón, muy hermosa aunque poco profesional, pensó Camila y se reprendió velozmente por su cruel especulación.
Desde el muelle se estaban tomando las fotografías de la nave en acción, con las escenas de esquí acuático. Camila estaba contenta por la forma en que estaban saliendo las cosas, pero expresó un gemido exasperado cuando Benjamín le dio una orden a su fotógrafo.
¡Sostenla unos minutos, Jorge!
Tú eres el jefe.
La respuesta sumisa del otro hombre la enfureció, pero se mordió la lengua; sin embargo, su silenciosa indignación no pasó desapercibida.
Yo no permitiría que Camila escuchara eso si fuera tú la estaba probando, podía verlo en los ojos. Era un comentario deliberado, que la hizo responder.
¡No, está bien! Hazte tú cargo de todo si
No quiero hacerme cargo de nada interrumpió con una súbita aspereza al asegurar. Simplemente expresaba una sugerencia. Echa un vistazo a estos planos.
Con aspereza, y sin importarle que los demás observaran, la puso frente a la cámara e, impaciente empezó a explicarle lo que quería hacer. Cuando terminó, dijo:
Si trabajaras conmigo y no contra mí, para variar, todo saldría mucho mejor Camila lo miraba pensativa, estaba considerando su sugerencia, mientras trataba de ignorar la cercanía y la tibia fragancia que emanaba de él.
Benjamín tenía razón, pensó Camila mientras ajustaba el lente, pero faltaba algo más.
Bien Maria, pero vas a tener que hacerlo de nuevo dijo Camila mientras la lancha se detenía a un costado, junto al muelle, quiero que tomes el timón y lo gires suavemente continuó, sin darse cuenta de que Benjamín la observaba con una fría sonrisa. Y entonces, mientras la lancha se alejaba, Camila empezó a decirle a Jorge cómo quería que se captara la fotografía. ¡Bien!, ahora, ¡toma la foto!
Desafortunadamente el primer intento falló porque otra lancha apareció inesperadamente en su campo de visión, y hubo que empezar de nuevo. Cuando por fin se logró tomar la última fotografía, Camila miró a Benjamín.
¡Perfecto! su cara rebosaba de satisfacción y agradecimiento, gracias murmuró, esperando que él hiciera algún comentario irónico, pero él sólo asintió con la cabeza y agregó:
De nada.
Este hecho en particular hizo disminuir en algo la tensión en su relación profesional, y a partir de eso, trabajar con él resultó verdaderamente divertido. Sin embargo, esa nueva relación de trabajo sólo sirvió para aumentar la ya devastadora tensión sexual que existía entre ellos, así que cuando Benjamín la invitó a navegar con él una tarde, se negó.
Lo siento, pero ya tengo un compromiso.
¿No puedes cancelarlo? sonrió mientras se acercaba a donde ella estaba parada cerca de la cama; el toque gentil de las manos sobre sus hombros y su cercanía provocaron que sus nervios se crisparan con salvaje excitación.
No puedo respondió lacónica. Deseó haber rechazado la invitación de Franco, pero ya no podía volverse atrás. Además le daba miedo salir con Benjamín. Con Franco se sentía segura, con Benjamín no.
Yo le prometí a Franco
Debí suponerlo. Javier, yo, ahora Franco ¿No importa de quién se trate, mientras use pantalones, verdad? habló lentamente y su boca se curvó con su acostumbrada frialdad. ¿Tal vez prefieras que tome lo que pareces tan dispuesta a ofrecer a cualquier hombre que se te acerque menos de un metro? ¿Quizá te gustaría pasar la tarde aquí, conmigo; ¿no es así, Camila? ¿Es así como sueles hacerlo?
No la estaba empujando hacia la cama y sólo su frenética negación lo detuvo. ¡Sé lo que parece, pero no es así! estaba tensa, sólo iba a ir al museo con Franco. El sabía que ella aún no lo había visitado y la había invitado. Camila no supo cómo negarse, y tampoco vio razón para ello en ese momento. Yo no
No tienes que explicarme nada. ¡Me importa un rábano lo que hagas con tu amigo!, pero déjame decirte algo; estamos invitados a los Breakers esta noche, todo el equipo, incluyéndote a ti. Williams es un cliente muy valioso, así que, por el buen nombre de mi compañía, serás amable con él y cenarás en su hotel como todos los demás, ¿está claro?
¿Y si me niego? lo retó Camila furiosa, para molestarlo deliberadamente, ya que su educación no le permitiría negarse a la amable invitación del dueño del hotel.
Asiste a esa cena le dijo antes de cerrar de un golpe la puerta, y la dejó preguntándose cuál habría sido el resultado si se hubiera atrevido a seguir desafiándolo.
Fue entonces cuando comenzó a dolerle la cabeza y el dolor fue en aumento durante la tarde, de modo que su cita con Franco fue más un castigo que una diversión. Cuando por fin estuvieron de regreso en el hotel, Camila sentía que la cabeza le iba a estallar.
Eres una chica muy hermosa estaban en el estacionamiento, frente al paisaje que la combinación del rosa con el dorado ofrecían en la bahía, que estaba desierta. La cabeza le palpitó a Camila dolorosamente cuando notó que Franco le pasaba el brazo por los hombros. Tan hermosa e inteligente y con los ojos más cautivadores que he visto nunca.
¡Oh, Franco! se rió tensa, estaba abrumada con los efusivos halagos y la mirada que descansaba sobre el pálido azul de su vestido.
¡Como gemas ambarinas! continuó alabándola, mientras se escuchaba el ruido del metal de algo que sacó de la guantera.
Era una piedra color ámbar con una cadena de oro, el tipo de joyería que ella solía evitar porque le parecía demasiado llamativa y de apariencia artificial, sólo que ésta, obviamente, era uno de sus afortunados hallazgos, muy antiguo, muy genuino y, ciertamente, cualquier otra cosa menos barato.
¡No Franco! y antes de que pudiera detenerlo, lo colocó alrededor de su cuello. No Franco, por favor, yo el collar descansaba frío y pesado sobre su piel, y sus manos subieron para quitárselo, pero no pudo desabrocharlo.
Así está mejor declaró, y la miró con satisfacción. Me temo que el broche no funciona muy bien y continuó con un tono diferente. Mira casi no te conozco Camila deseó no estar ahí cuando él sonrió y se acercó más. Así que creo que vamos a tener que remediar ese fallo, ¿no es así? se puso tensa cuando la cabeza rubia le obstruyó de pronto el paisaje. ¡Realmente no se sentía como para poder manejar una situación como ésta!
Su beso fue gentil; pero los rasgos del hombre, que afloraron antes de que cerrara los ojos, eran tan oscuros como claros eran los del que la estaba besando. La imagen traicionera acabó con su pasividad y sólo volvió a la realidad cuando sintió que los brazos de Franco la rodeaban con fuerza.
¡No Franco, no!, no quiero esto avergonzada se separó de él. La respiración de él era pesada en comparación con el sonido de las olas. ¿Acaso Franco pensaba que ella se sentía atraída hacia él?. Siento haberte dado una impresión equivocada buscaba desesperada una excusa para su comportamiento, mientras lo empujaba para impedir que la besara de nuevo. No estaba pensando
¿No? una ceja rubia se elevó. No parecías estar haciéndolo muy mal. ¿En qué estabas pensando exactamente? el tono de voz se elevó con escepticismo. ¿Tal vez en Benjamín Rojas? y dirigió una mirada perspicaz hacia ella. ¿Por eso has salido conmigo, para ponerlo celoso?
¡No! Claro que no, ¿o sí?. He salido contigo bueno, porque me agradas intentó explicarle, sabía que no era totalmente honesta con Franco, ni consigo misma. Tú querías llevarme al museo y pensé que sería agradable visitarlo, como aún no lo había visto
Pero tú hubieras preferido quedarte en la cama con él.
¡No!
¡Oh, vamos! Todo lo que tiene que hacer es mirarte y bueno, tú sabes lo que quiero decir.
No, no lo sé, Franco afirmó calmada, aunque su corazón golpeteaba como un martillo en su cabeza. Sólo tenemos una relación de trabajo, nada más le aclaró ella, y se asombró cuando él habló pausado, con desconfianza.
Cuéntale ese cuento a otro, dulzura lo oyó decir con los ojos fijos en el extremo puntiagudo de un arbusto. A menos que sólo te guste engañar a los hombres. Pero creo conocer lo suficiente a las mujeres para saber que tú no eres así.
¿No?, se preguntó a sí misma, mientras pensaba en su comportamiento con Javier. ¿Le había permitido pensar que era una chica fácil? No, ni por un momento, se aseguró a si misma. Sólo fue la acusación de Benjamín lo que provocó que se sintiera culpable, que cuestionara su propia conducta moral. No tenía nada que reprocharse.
Tienes pocas oportunidades con él, lo sabes vio a Franco observándola, mientras se acomodaba en el asiento. Estuvo muy enamorado de una dama que huyó con otro hombre, un hombre casado que le dijo que iba a divorciarse. Cuando él lo hizo, la chica ya no quiso continuar, porque quería regresar con Benjamín, pero me temo que Benjamín no es tan estúpido. Así que terminaron definitivamente, y desde entonces Benjamín ha sido muy cauteloso. Ni siquiera Maria lo ha atrapado, ¡y el cielo sabe cuánto lo ha intentado! No creo que vuelva a confiar en las mujeres.
Eso explicaba muchas cosas, pensó Camila al comprenderlo todo de pronto. Esa era la razón de que él odiara a las mujeres que salían con hombres casados.
Te equivocas, con respecto a Benjamín y a mí mintió, mientras se sentía increíblemente desanimada. Pero, ¿por qué? Ella sólo le gustaba a Benjamín en un sentido físico. De cualquier forma, has sido muy amable ofreciéndome el collar, pero realmente no puedo aceptarlo hizo otro intento por desabrocharlo, pero sin resultado alguno. ¿Podrías quitármelo, por favor?
No, consérvalo. Cuando te vayas de Las Bermudas puedes devolvérmelo si quieres, pero quédatelo hasta entonces lo dijo mirándola extrañamente, como un hombre que ha jugado todas sus cartas y ha perdido. Además, te queda mejor que a mí.
Así era Franco, decidió Camila. Había muy pocos hombres que pudieran desprenderse de algo tan valioso, y menos regalándoselo a una chica que apenas conocía. Pero se lo devolvería, estaba decidida.
Capítulo 7
El dolor de cabeza de Camila ya era insoportable cuando Franco la dejó en su hotel, y al pasar por la puerta principal vio a Jorge salir vestido para jugar al tenis.
¿Quieres jugar con nosotros? la invitó cordialmente mientras mostraba su raqueta.
¿Con este calor?, ¡debes estar bromeando! se rió Camila, porque, aunque ya era tarde, aún hacía demasiado calor. Sería agradable, pero no creo que sea conveniente para mi jaqueca.
Le aseguró al fotógrafo que no se sentía tan mal, y que se sentiría mejor después de una siesta, antes de ir a la fiesta a la que estaban invitados.
Y así fue. Se levantó mucho mejor y trató en vano de quitarse la ostentosa pieza de joyería que había puesto Franco en su cuello. Su mirada descansó en el coral con el que Benjamín la sorprendiera el otro día. Lo tocó con gentileza, su superficie estaba llena de laberintos y sintió que algo crecía con intensidad dentro de ella.
Que extraño, consideró, ¿cómo podía ser que algo sin valor monetario la afectara tanto, mientras que lo otro?
Fue a la habitación de Micaela para preguntarle si podía ayudarla a quitarse el collar, pero nadie contestó. Así que tuvo que ducharse con el collar puesto. Después intentó de nuevo hablar con Micaela; pero dedujo que probablemente se estaba duchando la primera vez, y que esta vez ya debería estar abajo esperando un taxi, porque tampoco hubo respuesta. Así que no tenía alternativa, pensó abatida, ¡tendría que llevar puesta esa cosa!
El hotel ocupaba el lugar más alto en el acantilado, con una hermosa isla hacia el mar.
Franco bajaba de su automóvil cuando su taxi llegó, así que se acercó hasta ellos y sonrió con aprobación a Camila al ver que aún llevaba su regalo.
Benjamín ya está aquí le comentó sobre el ruido sordo del océano.
Camila sabía que Benjamín tenía algunos negocios que discutir con el dueño del hotel antes de la cena. También sabía que Maria, como parte del equipo, estaba invitada; pero aún así no podía controlar la ansiedad mientras Franco la conducía hacia el salón del bar. La otra chica ya había llegado y Camila no pudo controlar por más tiempo las náuseas al ver a Benjamín allí parado, tal elegante con su traje negro, compartiendo una bebida y divirtiéndose con la adorable modelo.
Franco Camila inclinó la oscura cabeza aún sonriendo. De pronto, su sonrisa se desvaneció y fue sustituida por una mueca de censura. Camila no tuvo que pensar mucho para descubrir la razón de su cambio. ¡El collar! Llevaba un vestido azul sin tirantes y el pelo recogido, así que la joya sobresalía muchísimo. Si las miradas mataran, pensó con un temblor involuntario, ella ya no se encontraría entre los vivos. Sin embargo, sabía que Benjamín tendría el suficiente tacto para no discutir frente a los demás.
Afortunadamente, la charla durante la cena se limitó a los progresos del proyecto, y después alguien sugirió que tomaran sus licores afuera, en la terraza.
La noche ya había caído y los focos iluminaban las paredes rosas del hotel. Las pequeñas residencias de campo parecían colgar sobre la colina, a lo largo de la balaustrada sobre la cual Camila se movió para inclinarse y poder ver las olas que rompían abajo. La oscuridad del mar se mezclaba con la del cielo.
¡Es increíble! su voz era apenas un susurro, casi perdido entre el sonido del océano y el murmullo de los animales en el follaje alrededor de la terraza.
¿No te gusta? la ironía de las palabras la hizo volverse para darse cuenta de que era Benjamín quien estaba detrás de ella, y no Franco como había pensado. Su piel se heló cuando notó la forma en que observaba el collar, los ojos tan duros y fríos como la ostentosa piedra ambarina. Veo que has tenido una tarde bastante provechosa ese tono desdeñoso sólo sirvió para provocar que el color de la furia subiera desde la garganta hasta las mejillas de Camila.
Ya estoy harta de tus insultos, Benjamín se puso frente a él con desafío. Yo no quería este collar. No lo pedí, y tampoco lo gané, ¡como tan desagradablemente insinúas! Y sólo lo estoy usando ahora porque no me lo pude quitar. Si tanto te disgusto, ¿por qué diablos no te consigues otro director de arte?
Camila estaba furiosa. ¿Qué poder tenía Benjamín sobre ella para que sus comentarios la lastimaran tanto? Sabía que ahora estaba en su derecho si llamaba a Peter Stone y la retiraba inmediatamente del proyecto, pero ya no le importaba.
Benjamín parecía confuso. Iba a decir algo cuando el propietario del hotel, un hombre pequeño y regordete con un rostro rudo, se acercó a ellos para preguntarles si se estaban divirtiendo. La confusión de Benjamín se transformó en absoluta seguridad cuando saludó al otro hombre.
Con qué facilidad podía manejar sus sentimientos, pensó Camila con envidia, mientras los dos hombres intercambiaban frases de cortesía.
¿Prefieren estar a solas o cualquiera se les puede unir? el propietario del hotel se alejó sólo para ser reemplazado por una pareja de americanos. Camila los reconoció, eran la pareja que había visto en la playa, en la Bahía de Mongrove, el día que se topó con la medusa, así que les devolvió las inquisitivas sonrisas.
Le dije a Williams, cuando te vi el otro día, que tenías que estar de luna de miel; sin embargo, ahora no sé la mujer dirigió una mirada de curiosidad a Franco, que bromeaba con Micaela y Jorge a unos metros. Probablemente la habían visto llegar con él mientras que Benjamín ya estaba en el bar con la modelo, supuso Camila.
A mi esposa le gusta la variedad dijo Benjamín. En otras circunstancias Camila lo habría encontrado divertido, pero entonces se quedó helada. Todavía no he sido capaz de convencerla de las ventajas de serle fiel a un solo hombre, pero creedme, estoy trabajando en ello.
Camila no podía creer que él estuviera diciendo eso. Los otros dos se alejaron murmurando algo, evidentemente abochornados.
¡Eso no era necesario! declaró.
¿Qué pasa, querida? Pensé que tenías sentido del humor. ¿O sólo lo reservas para los hombres con los que sales?
Camila hizo un verdadero esfuerzo para no responderle, mientras veía a los demás que se dirigían hacia ellos.
¿Se te ha pasado el dolor de cabeza? le preguntó Micaela con una sonrisa.
Estoy mejor gracias respondió Camila, y aunque, no estaba mirando a Benjamín, podía sentir que era el objeto de sus pensamientos.
Así que a eso se debe tu debilidad de esta noche sorprendentemente había disminuido la severidad en el rostro. ¿Lo pasas muy mal cuando te dan las jaquecas?
Fue como si estuvieran solos; la censura oculta tras el primer comentario produjo una enorme tensión entre ellos. Camila respondió, esperando que Micaela no hiciera más comentarios.
En realidad no.
¡Oh, vamos! insistió la atractiva morena, para incomodidad de Camila. Y de Benjamín. ¡Camila padece unas jaquecas espantosas!
Estoy segura de que nadie está interesado en los detalles aburridos de mi salud, Micaela se rió Camila, avergonzada, pero Micaela no captó la indirecta.
Sólo porque prefieres ser una mártir y sufrir en silencio ¡Y es que a Camila le pasan unas cosas! La última vez que tuvo una migraña realmente fuerte
¡Micaela! estaba preocupada, tenía los dedos doloridos alrededor de su copa de vino y trató de detener el monólogo, pero su amiga no hizo caso.
estaba en el apartamento de un amigo y se sentía tan mal que tuvo que acostarse; y cuando el dueño del lugar llegó a medianoche, la acusó de haber bebido mucho, pese a que ella no había tomado ni una gota.
La risa de todos desapareció cuando sus ojos se toparon con los de Benjamín. Se había sentido tan mal, que le confió a Micaela lo del incidente cuando no sabía quien era él. Cuando lo descubrió le dio vergüenza decirle a su amiga que se trataba de su cliente más importante. En ese momento, los ojos de Benjamín la quemaban con espantosa claridad, mientras escuchaba el comentario de Jorge.
¡Que descaro!, espero que le dieras un puñetazo.
Había una palidez extrema en los rasgos de Camila, mientras le sostenía la mirada interrogante a Benjamín.
No, pero me quedé con las ganas de hacerlo podía sentir la intensidad del coraje de Benjamín. También se dio cuenta de que todos podían sentir el ambiente cargado de electricidad por el repentino silencio que se hizo en el grupo; y entonces, la embarazosa conclusión de Micaela.
¡Oh, Dios! Lo siento
Camila colocó mecánicamente su copa en la mesa y se alejó del pequeño círculo. Se sentía avergonzada por la sorpresa en el rostro de sus colegas.
¡Camila!
Oyó la voz de Benjamín. Ahora sus amigos empezarían a hacer especulaciones Sus pasos acelerados, la llevaron hasta la parada de taxis en la puerta del hotel, llena de personas que entraban y salían. Lo único que quería era estar a solas, así que bajó unos escalones y entró a un patio, donde la tenue luz iluminaba las hojas de los geranios que bordeaban el óvalo azul de la piscina.
¡Camila! soltó un gemido de frustración, mientras Benjamín la sujetaba para hacerla volverse. ¿Por qué diablos no lo dijiste? le reclamó.
¿Por qué diablos tenía que hacerlo? la furia brillaba en sus ojos, sus rizos castaños caían sobre su cara con el aire de la noche. Decidiste pensar lo peor de mí, sin brindarme la oportunidad de explicarme. Y de cualquier forma, me sentía tan enferma en ese momento que no habría podido decir mucho, aunque hubiera querido.
Camila trató de alejarse, pero él la detuvo.
Te sentías tan mal porque habías tenido una riña con tu amante aún seguía pensando que mantenía una aventura con Javier.
Sí y entonces vio que sus ojos se oscurecían y sintió cómo aumentaba la presión de los dedos en su suave piel, así que agregó deprisa: pero no por la razón que crees la soltó de pronto y esperó a que continuara. Javier y yo éramos amigos, eso era todo. Colegas en los negocios y amigos. Yo pensé que era genial y confié en él dijo con énfasis; la herida que le causó la deslealtad de Javier, y la decepción se reflejaban con dolor en su cara. Luego le contó cómo llegó a su apartamento, cómo se enteró de que Javier era casado y cuáles eran sus verdaderas intenciones. Creo que me dijo la verdad porque sabía que iba a trabajar con su suegro -conjeturó Camila con desaliento, pero el disgusto cubrió sus siguientes palabras. Probablemente piensas que estaba lo suficientemente encaprichada como para aceptar sus proposiciones, pero no lo estaba y miró desafiante a Benjamín, está en contra de mis principios.
Benjamín parecía enfadado. No había rastro de gentileza cuando la tomó del brazo y la arrastró entre los edificios hasta que las voces de la terraza fueron un sonido distante.
¿Por qué no me dijiste todo esto desde el principio? él no parecía calmado, pensó Camila con un ligero temblor y decidió que eran las acusaciones que él mismo había lanzado las que lo molestaban; había quedado como un tonto porque ella no había hecho nada malo. Está bien, no estabas en condiciones de explicarlo cuando llegué esa noche aceptó mientras la miraba como si fuera un niño. Pero estabas en mejores condiciones la mañana siguiente, o cualquier momento después, cuando te enteraste de que trabajaríamos juntos.
¿Por qué? lo miró beligerante, mientras que su cuello y sus hombros parecían bañados en oro, por la luz de los focos que colgaban en la pared. ¿Para evitar que parecieras un idiota? él no respondió, pero los labios de Benjamín semejaban a una línea; Camila no sabía si estaba molesto con ella o consigo mismo, pero sí sabía que sería una imprudencia insistir: El hecho era que no creía que realmente fuera de tu incumbencia; además te portaste como un cerdo de primera clase esa mañana en tu apartamento, pensando lo peor de mí, así que decidí que no merecía la pena explicarte nada. Cuando descubrí quién eras, ese día que Peter me llevó a almorzar, traté de explicártelo, pero no me escuchaste. Pensaste que sólo lo decía para salvar mi trabajo en la agencia.
Benjamín parecía más controlado cuando contestó:
Una suposición muy obvia, ¿no crees? estaba en lo cierto, pero Camila no quería admitirlo. En ese momento estaba más alterada que él.
Nunca juzgues a las personas sin conocer los hechos, Benjamín su respuesta provocó que la firme boca se curvara con la más odiosa sonrisa.
Supongo que tú nunca lo haces, ¿verdad?
A veces lo hago. Pero nunca actuó en base a suposiciones, como tú, que llegas a las conclusiones equivocadas sin escuchar la versión de la otra persona.
¿No? arqueó una ceja.
No afirmó Camila inflexible. Sus padres le enseñaron que nunca debía juzgar a las personas sin conocer primero todos los hechos. Y a ella le gustaba pensar que siempre actuaba conforme a esa enseñanza.
La boca de Benjamín se crispó. Parecía que quería seguir discutiendo, pero sólo dijo:
¿Por qué diablos estamos discutiendo? Nuestro mutuo desacuerdo ya nos ha hecho gastar más energía de la necesaria, sin contar con que casi me ha hecho perder al mejor director de arte que jamás he tenido.
Un cálido rubor empezó a envolver a Camila por ese último comentario, pero más por el profundo reconocimiento sexual. Camila trató de encontrar algo que decir, pero no pudo expresar nada, mientras lo veía sonreír, consciente del conflicto interior de ella.
Él levantó una mano hacia su mejilla y la acarició con tanta suavidad que los latidos de su corazón se detuvieron.
Lo sabes. Camila, fuiste una tonta por no decírmelo ella escuchó la voz cálida por entre una vertiginosa emoción. Y tal vez lo seas aún más por confesarlo ahora.
Su corazón redobló sus latidos cuando él alzó las manos para estrechar su cuello por la nuca, arrebatándole el último fragmento de sensatez. Cuando Benjamín le quitó la pesada joya con facilidad, ella se sintió desnuda, expuesta, y en las garras de una ardiente excitación. Benjamín tenía razón, pensó; al contarle la verdad había destruido las barreras que existían entre ellos, se dijo mientras lo veía guardar la joya en el bolsillo, como si no tuviera valor. Y con seguridad sabía que no sentía nada por Franco. Ahora ya no había barreras entre ellos.
La boca de Benjamín descendió hacia la suya, mientras que los brazos la presionaban contra el cuerpo largo y fuerte, en una inequívoca afirmación de posesión.
Camila quiso oponerse para mostrarle que aún estaba enfadada por su comportamiento anterior y que no bastaba con besarla y aparentar que todo estaba bien. Pero no había forma de evitarlo, y respondió, abandonándose a sus caricias, devolviéndole los besos con ardor. Ningún otro hombre había despertado en ella el deseo y los sentimientos que Benjamín le inspiraba.
Tal vez debamos bajar a la playa la voz se escuchaba entrecortada por la necesidad, lo que hizo que su pulso se acelerara. Su propio deseo era un fuego intenso, que ella luchaba por controlar. ¡Después de todo, él sólo estaba sugiriendo un paseo! Sin embargo, su corazón continuó latiendo con violencia cuando él la tomó de la mano para conducirla cuesta abajo hacia el mar.
Podía olerlo desde donde estaba, fresco y tangible. Y también escucharlo, aunque estuviera oculto a la vista por los edificios del hotel; el estruendoso rugido del mar estaba atenuado por el suave silbido de las olas deslizándose en la arena. Pero fue el ruido que hacían los animalitos entre la arena, lo que hizo que Camila se apartara de los tibios dedos, intrigada por un murmullo que sonaba muy cerca.
¿Buscas la rana? se rió él por su entusiasmo infantil para encontrar al pequeño animal.
Tengo que ver una le respondió entre risas, era incapaz de agregar que necesitaba esos momentos para calmar el martilleo de su sangre. Entonces, Camila alzó la mirada cuando una puerta se cerró y alguien salió de una de las cabañas.
Será afortunada era un hombre americano que les sonrió mientras pasaba, es la quinta vez que paso mis vacaciones aquí y nunca he podido sorprender a una.
Porque no sabes cómo le sonrió Benjamín con conspiración, cuando el hombre se alejó. Es fácil hacerlo, sólo hay que localizar el sonido se inclinó hacia donde provenía el murmullo. Ahora busca el brillo. Es fácil verlo con esta luz.
Y de pronto, ahí estaba. Una pequeña y perfecta rana que colgaba de unas ramas con esas patas oscuras brillantes.
¡Es increíble! Camila habló en voz muy baja para evitar que huyera, y vio, asombrada, cómo la criatura inflaba un saco que tenía bajo la barbilla, para luego soltar el aire y emitir ese sonido tan peculiar. Así que de esta forma es como lo hace. ¡Ahora puedo decir a todo el mundo que he visto una rana de verdad!
¿Y eso te hace tan feliz? pareció sorprendido de que ella disfrutara con algo tan simple. Quédate aquí sonó como una suave orden. Quiero recordarte así.
Los ojos se deleitaron con su juvenil rostro y acariciaron su pelo. Seguramente él no imaginaba que podía haber algo profundo entre los dos, se dijo burlona. De todos modos, debía tener cuidado y no esperar mucho de Benjamín, sobre todo después de lo que Franco le había contado.
Eres muy hermosa su sentido común se evaporó cuando él la tocó, cuando las manos acariciaron con gentileza sus hombros. ¡No me asombra que Javier arriesgara su matrimonio por la oportunidad de llevarte a la cama! el comentario la hizo temblar. ¿Todavía pensaba que de alguna forma ella había alentado a Javier? Oh, no es culpa tuya le aclaró, parecía como si hubiera leído su pensamiento. Tienes algo que atrae a los hombres, pero no voy a explicarte qué es. No tienes que ruborizarte dijo divertido. Pensé que eras más mundana y de pronto, inesperadamente. ¿A cuántos hombres has conocido, Camila? Ya sé que es una pregunta muy personal, no tienes que contestarme si no quieres
El pequeño suspiro de Camila se perdió entre el ruido de las olas. ¿Qué podía decirle?, ¡aún soy virgen! Probablemente no le creería o, peor aún, prescindiría de ella cuando se diera cuenta de que no poseía, de ninguna forma, el nivel de su propia experiencia. De modo que ignoró la pregunta y respondió con otra.
¿Qué es esto? el sendero los había llevado hasta una piedra vertical en círculo, un arco que enmarcaba los escalones hacia la playa iluminada con focos. He visto muchas de estas en los jardines de la isla. ¿Tienen algún significado en particular? preguntó, y dio gracias por la distracción.
Los llaman puertas de luna le contestó sonriendo. Cuando una pareja los cruza debe pedir un deseo la mano que tomó la suya le envió oleadas de excitación. ¿Crees que debamos? la invitó mientras miraba la puerta de los amantes.
Era una extraña costumbre. ¿Habría hecho lo mismo con Maria, con Sabrina? ¡Oh, cielos, esperaba que no! Y se preguntó por qué eso era tan importante para ella mientras bajaba los escalones junto a él; se quitó los zapatos para sentir la suavidad de la arena fría entre sus dedos.
Y bien, ¿has pedido un deseo? ¿lo había hecho?, pensó, y, al darse cuenta, lo recordó con una sonrisa.
¿Debe decirse? ¿Y tú, lo has pedido? él contestó sin palabras. Bajó la cabeza y la besó con una ternura increíble.
Ya me ha sido concedido murmuró y la besó de nuevo, esta vez con más urgencia.
«Profundamente enamorados», pensó Camila. Eso diría cualquiera que los viera desde la terraza. Nadie podría imaginar que hasta esa noche Benjamín la despreciaba por completo. A nadie le importaba más que a ella su respuesta abandonada a las cálidas manos que se deslizaban por su cuerpo, moldeándolo a él, mientras que sus sentidos estaban seducidos por la fragancia de la noche y de esos labios que de pronto encontraron la curva desnuda de sus hombros, haciéndola evocar una necesidad tan primitiva y peligrosa como el arrecife.
Benjamín
Bajo la tela de su traje, ella podía sentir la fuerza de su respuesta, y se arqueó contra él. Sabía que Benjamín desconfiaba de las mujeres, pero aún así lo deseaba, tanto que pensó que no podría resistirlo. Pero de pronto, el conocido dolor, martilleó su sien, lo suficiente para volverla a la realidad y murmuró con voz temblorosa por la emoción.
¿Qué hay entre Maria y tú?
Contra su voluntad, Benjamín la apartó para poder mirarla, y la falta de su calor le provocó un vacío.
Ya te lo dije, sólo es una amiga pero algo murió en el corazón de Camila cuando replicó.
¡Pues debe de ser una muy especial cuando te hace correr para encontrarte con ella un minuto después de bajar del avión! él frunció el ceño y luego, lentamente dibujó una sonrisa.
¡Querida, que imaginación tienes! Ese día no fui a encontrarme con ella. Vine aquí, a ver a William y tú pensaste la frase incompleta terminó con un suspiro. Realmente no soy el único que salta a hacer conclusiones, ¿no es así? Debí adivinarlo cuando prácticamente me acusaste de desear estar en la cama con ella la primera mañana en el Anfitrión.
No me digas que no era una tentación. Ella misma dijo que le prometiste bajar
Para revisar la cafetera lo escuchó justificarse amenazante. Estaba estropeada y le dije que trataría de arreglarla y la atrajo nuevamente al exquisito placer de sus brazos. ¿Me habría reunido contigo en el agua si pensara pasar luego unas horas pecando con ella? había suavidad y ternura en sus palabras. ¿Qué crees que soy, querida, un obseso sexual?
Un pequeño suspiro de placer brotó de los labios de Camila. ¡Maria no era rival alguna! ¿Y Sabrina? No podía preguntárselo. Además, se dijo a sí misma, Inglaterra estaba muy, muy lejos. Aparte de que no quería acabar con la magia que los labios y las manos crearon de pronto para ella. Excepto que había algo más que interrumpía al primitivo éxtasis, golpeando cruelmente su sien, y tuvo que apoyar su cabeza contra el hombro tibio de Benjamín con un involuntario gemido de dolor.
¿Qué pasa Camila? no quería decírselo, porque no quería que se preocupara. Pero entonces, él dijo con aspereza. Claro, como si no lo supiera y se enderezó con un movimiento brusco. Te llevaré de regreso al hotel.
Él la había malinterpretado, pensó al percibir su impaciencia mientras se dirigían a tomar un taxi y durante todo el camino de regreso. Su corazón palpitaba como su cabeza cuando la llevó hasta la puerta de su habitación.
Lo vio abrirla mientras sentía dolor y excitación. Quizá porque se mostró tan receptiva a sus besos. ¿Pensaría Benjamín que ella?
Buenas noches Camila ella alzó la mirada hacia él, había sorpresa en sus facciones cansadas. No soy Javier, ni Franco. Así que no voy a seducir a una mujer sólo porque la ocasión me es favorable. No estás en condiciones de hacer el amor, por lo menos no esta noche.
¿Qué quería decir?, pensó Camila cuando él tomó su mano para depositar la llave en su palma, cerró sus dedos alrededor de la llave y alzó el pequeño puño hacia los labios; ella pudo sentir su calidez por unos segundos en su piel, antes de que él diera la vuelta y se alejara.
bueno, un punto,e importante, aclarado! ahora falta el tema sabrina (creo q es su hermana)y q es lo q ha pensado cuando ella ha girado la cara...
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rossy (no login)
Re: CADENA DE ERRORES 4-7
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October 11 2009, 8:39 PM
por fin las cosas se estan arreglando.. ya creia q benja nunca iba a saber la verdad respecto a lo q paso con javier.. y ahora q pasara?? yo creo q benja si sabe q cami es virgen no?¿ jaja bueno pues eso xD espero impaciente que la sigas pronto bss!!