Noticia de LA NACION:
Conozco la ley y la cumplo. Simplemente me permito discutir y reflexionar sobre el SENTIDO de la legislación.
En Argentina (y creo que debe ser similar en otros países) no se aplica la "Legítima Defensa" cuando el ladrón ya no está presente en la escena. Perseguirlo forma parte de, como mínimo..., exceso en la legítima defensa, siendo MUY BENÉVOLO en el juzgamiento del caso.
La duda metafísica es... ¿porqué TODOS los derechos están a favor de los delincuentes...? ¿Y si ese/esos hombre/s luego de robar el estéreo vuelven a asaltar y asesinan a otro inocente?
YA SE que este caso se encuadra perfectamente en "justicia por mano propia" o aún en "venganza". Pero... no debería perder TODO DERECHO un individuo al delinquir?
YA SE... para eso "está la Justicia", pero... es que en nuestro país ESO no sucede... a lo sumo, si los agarran, entran, están un ratito y salen... y vuelven a delinquir al ratito. Y los abogados SON PARTE de la banda. Y los jueces y fiscales son parte del Circo... Y a los legisladores esto no les importa... (en tanto no maten a un familiar o muy íntimo amigo...)
Y estando armados pueden asesinar a otro inocente... No debería ser un deber moral acabar con estas sabandijas antes que maten a otro?
Lo pongo de otra manera: Qué tal si "A", un LU honesto y cumplidor de las leyes "deja ir" a un asaltante armado... Y que tal si ese asaltante armado, que fue dejado ir "por razones de humanidad y de estricto cumplimiento de las leyes" luego viene y mata a tu hijo... ???
Vos, "B" qué pensás de "A" ???
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En Córdoba
Detenidos por matar a un ladrón de estéreos
El delincuente era un joven de 18 años
Miércoles 18 de junio de 2008 | Publicado en la Edición impresa
Noticias de Información general:
CORDOBA.- En un nuevo caso que guarda similitud con el que protagonizó en 1990 el ingeniero Horacio Santos, quien había asesinado a dos personas que le habían robado el estéreo de su auto, la policía detuvo ayer en esta capital a dos hombres acusados de matar a un joven de 18 años por el mismo motivo.
Según la investigación policial, Héctor Marcelo Quevedo habría robado el aparato del interior de un Renault Fuego estacionado en Morales de Albornoz al 2300, del barrio Talleres Sud. Poco después, el damnificado y otra persona salieron en el vehículo a recorrer el barrio para dar con el ladrón hasta que localizaron a Quevedo en la esquina de Sofía de Luque y Alfonso Reynoso.
Sin más trámite, el vehículo frenó y de él descendió el acompañante, ante lo cual el supuesto ladrón emprendió la huida. Por detrás, el recién llegado le disparó con una pistola calibre 11.25, según agregaron las fuentes.
Quevedo recibió el impacto en la axila izquierda, con orificio de salida por el omóplato, lo que le provocó la muerte en el acto. El agresor y su compañero desaparecieron del lugar.
Las investigaciones de la División Homicidios dieron sus frutos días después, y así fueron detenidos Miguel Angel Romo, de 39 años, colectivero y dueño de la casa donde se produjo el robo, y su cuñado Mario Enrique Valle, de 43, dueño del vehículo del cual fue sustraído el estéreo.
Durante las diligencias fueron secuestrados el reproductor de música y el arma de fuego que supuestamente se usó en el crimen. Los detenidos quedaron a disposición de la Fiscalía de Instrucción del Distrito 2, a cargo de Mercedes Balestrini, que en principio les atribuyó responsabilidad del hecho.
El 16 de junio de 1990, cabe recordar, el ingeniero Santos ultimó con dos disparos a los dos sujetos que habían robado el estéreo de su Renault Fuego, en Villa Devoto. Ese día, Santos vio cómo Osvaldo Aguirre y Carlos Daniel González se alejaban en una Chevrolet dorado después de que le hubieran robado el pasacassette frente a su domicilio, en Espinosa al 3500.
Santos se subió a su automóvil y persiguió a los delincuentes por la calle Pedro Morán. Los alcanzó en la esquina de Campana y, con dos precisos disparos, mató a los dos ladrones.
Por Orlando Andrada
De la Corresponsalía Córdoba
Gustavo
"Las armas tienen por objeto y fin la paz,
que es el mayor bien que los hombres pueden
desear en esta vida."
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616)