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"Nada muere hasta que deja de ser recordado"

November 7 2015 at 7:10 PM
Daniela  (Acceso Ciruelle)
de la dirección IP 50.151.82.119

 
Hola , este es un mensaje que escribí ayer después de finalizar la novela en Netflix .
Como pueden ver , a pesar del tiempo no he podido sacar esta historia de mi retina ni mucho menos de mi corazón . Me sorprendió gratamente encontrar este lugar aun abierto , así que me anime a redactarlo y postearlo , conociendo de antemano la alta probabilidad de que nadie lo leyera jajaja . Pero no importa , considero que no hay otro lugar mas propicio en el planeta para compartirlo .
Si de pronto leen esto , un saludo enorme y un agradecimiento muy sincero a cada una de las personas que alguna vez dejaron sus letras por estas paginas e hicieron posible este entrañable sitio ...
Daniela


"Escribir sobre La Plata, es escribir sobre mi vida. Es escribir sobre mi camino, sobre los años ya pasados y me imagino que de los que están por venir. Es escribir sobre mis alegrías, sobre mis llantos, sobre mis dolores, sobre mis amores, porque como dijo alguna vez Alejandra Maldonado: “desde que su hijo me estrello, ha sido mi vida”. Yo le robo ese dialogo a Gaitán y con el perdón del el, me permito decir algo como: “desde que esta historia apareció en mi vida, ha construido junto a mí, la mía

Son palabras de muy grueso calibre, por supuesto. En oídos de otros podrían sonar incluso ridículas. ¿Quién se atreve a relacionar tan estrechamente la palabra “vida” junto a algo aparentemente tan vano, tan superfluo como una telenovela? Ni siquiera una película, un libro, una partitura, una pintura. No. Una novela.

Pues sí, por extraño, tonto, increíble, o como pueda describirse, para mí hablar de Hasta que la plata nos separe es hablar de algo importante, algo que marco mi vida y que sin querer queriendo, me ha ayudado a construirla. ¿A construirla? Sí, porque a lo largo de estos años, además por supuesto, de las personas con las que comparto mi existencia, La Plata, ha sido de las cosas más incondicionales en esta travesía. ¿Por qué? Pues porque no la olvido y parece ser que ella a mí tampoco.

Así, como cuando una anciana llora recordando un amor de juventud que no pudo sacar nunca de su corazón, recuerdo yo a La Plata. No he podido sacarme del manguito, (como diría el Dandy), esa historia contada dentro de los muros de un concesionario, en medio de muletas, camiones, cierres de mes, 110 millones de pesos, y guaro, mucho guaro.

No puedo dejar de sonreír cada vez que veo un Renault 4 amarillo e incluso una que otra vez con un optra gris. El apellido “Méndez” nunca más volvió a pasar desapercibido para mí, la palabra “yuyuba” permanece en mi léxico, “Cucunuba” trae a mí memoria cosas que nadie a mí alrededor siquiera sospecharía y el verso “porque te amargas la vida, porque no entiendes mi amor” no se borró de mi mente jamás.

Todo esto volvió a mí hace unos días cuando con ojos encharcados, veía alejarse al “tigre” de la hacienda La Alejandra, con los esposos Méndez dentro, mientras la palabra “fin” se acercaba amenazante hacia mí. Me quede tiesa, impávida, con un nudo en la garganta. No podía creer que después de tanto tiempo siguiera vibrando tras cada escena con la misma pasión de quien la viese por primera vez. Pero allí estaba yo nuevamente, sentada frente a una pantalla, conmovida hasta lo más profundo. Si, La Plata, otra vez tocando mi puerta.

¿Otra vez tú? ¿Y el tiempo que?, ¿y la madurez?, ¿y los años? Pues me los robaron, porque por un momento volví a ser la jovencita que en un Octubre del año 2007 veía hecha una mar de emociones, el final de una historia que había despertado en ella toda clase de sentimientos, mientras leía en un computador –siempre escondida tras el atuendo de fantasma, me disculpo por eso- lo que se escribía en una página web de fondo amarillo a la que llamaban barco.

Recordando ese momento, hoy después de siete años, fue que comprendí el alcance que las letras de Gaitán (y dicho sea de paso, las de muchos navegantes que en algún tiempo remoto navegaron en estas aguas) habían tenido en mí. Rememore las veces en que durante estos años, Hasta que la plata nos separe, se había cruzado en mi camino. Y descubrí, para mi sorpresa, que habían sido muchas.

Muchas fueron las veces en que volví a Colombiautos para curarme de alguna pesadumbre que estuviera cargando. Muchas fueron las veces, en que la realidad me golpeaba tan fuerte que prefería ver asesinos predilectos bailando vallenatos con panteras neuróticas en una playa de Barú o cantando rancheras en cierres de negocios entre leones, aguardientes y férulas.

Otras tantas fueron las veces en que las penas de amor me hacían llorar y prefería escapar a un mundo de camiones y de deudas, o simplemente desesperaba en medio de esos momentos donde uno siente que la vida le queda grande y me permitía a mí misma una pausa para volver a un concesionario a seguirle la pista a una generala y a su burguesa, a un minino y a su rata, a una yuyuba y a su yuyubo, a una pajarita y a sus gorilas.

La plata nunca me olvido, ni yo la pude olvidar a ella. Y aunque no hemos sido constantes –incluso ella dirá que soy una interesada, que la busca solo cuando la necesito- ahora se, que de mi corazón no ha salido nunca. Ha sido una compañera de travesía fiel, a quien recurro cada vez que lo requiero, para darme una dosis de eso tan adictivo que contiene y que me conquistó, yo creo que para siempre.

¿Para siempre? Si, definitivamente. Porque como dijo alguien en algún viejo post que descubrí en estos días de evocaciones por estas aguas: “Nada muere hasta que deja de ser recordado” y pasara mucho tiempo antes de que pueda olvidarme de esta historia. Tal como le diría el romántico Méndez alguna vez a su doctora: “a mí me van a tener que enterrar vivo con todos esos recuerdos”

No siendo más, me despido, agradecida para siempre con cada una de las personas que dejo su paso por este amarillo lugar y completamente convencida de que La Plata no morirá, porque siempre, en algún lugar, habrá alguien capaz de recordar el verso de un himno que se entonaba en una sala de juntas y decía orgulloso: “es Colombiautos mi empresa y mi familia” o de parafrasear una canción que repetía “tu cariño es un castigo, nadie entiende lo que digo” y entonces, ella volverá a vivir, como siempre lo ha hecho, en el corazón de alguien que también fue conquistado con su magia."



 
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Respuestas

  • Tal cual - Rocio on Nov 7, 2015, 9:01 PM
  •  
  • otra fan - Tellvi on Mar 4, 2017, 5:15 AM
  •  
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