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"AMOR EN CUERNAVACA" (1ª PARTE).

September 2 2006 at 11:46 AM
Laura.  (no login)
de la dirección IP 88.3.109.11

 
Sólo el batir suave de las cortinas conseguía romper el silencio de la habitación, cuando Leticia caminó desnuda hacia el hombre igualmente desnudo, que la esperaba.

Se paró a pocos metros de él, observándole, sin poder creerse todavía que ese maravilloso cuerpo desnudo,que ese maravilloso hombre, le perteneciera realmente, que fuera suyo.

Fernando rompió la distancia que les separaba. La abrazó. Ella quería acariciarle pero no se atrevía. Tenía miedo de despertarse y de que se desvaneciera el sueño que estaba viviendo. Porque para ella, todo aquello seguía siendo un sueño.

Además tenía miedo de mirarle y ver en sus ojos algún tipo de rechazo. Por primera vez le estaba mostrando su desnudez plenamente. La luz de la luna que se colaba por las rendijas de las ventanas, era suficiente para iluminar toda la habitación. Además se había soltado la trenza pensando que a él le gustaría acariciarle el pelo, pero en ese momento pensó si no había sido buena idea. Estuvo a punto de salir corriendo hasta que le miró y descubrió como la miraba él..

La miraba y sonreía como si le gustara realmente lo que sus ojos veían. Y para Lety esa sonrisa fue como ver amanecer de pronto, en mitad de la noche.

Cuando habló lo hizo con voz grave y profunda, ligeramente ronca.

- ¿Porque tiemblas?.¿Estás nerviosa?.

- Un poco- Reconoció Lety a su pesar.

- No quiero que lo estés. Quiero que confíes en mí. ¡¡¡TE AMO!!!.- Su voz estaba preñada de emoción.

Mientras le decía esto último la condujo suavemente hasta la cama.

Una suave brisa invadió la habitación cargándola de calor y de extrañas sensaciones que se apoderaron al unísono de los dos. Lety no pudo evitar temblar cuando él comenzó a retirar su cabello suavemente y la besó.

La besó en la frente y en el pelo, con ternura inusitada pero no se detuvo ahí. Su aliento cálido sobre la nuca, la hizo estremecer. Y llegó hasta su cuello. La besaba, buscaba con fervor el sabor de esa piel que había aprendido a adorar.

Lety permanecía en un estado de inmovilidad total, casi de incredulidad, dejándose hacer. Nadie le había hecho nunca sentir tan amada, tan hermosa. Nadie había rendido tributo a su piel de esa forma. Solo él había convertido en hermosa su desnudez. Y aquello era solo el comienzo.

Cerró los ojos. Le costaba hasta respirar. Y aquel beso parecía no tener fin. Fer se había propuesto recorrerla toda como no había podido hacer antes por miedo a lastimarla y por sus propios prejuicios. Quería hacerla sentir como nunca antes ahora que sabía que había sido de otro antes que de él.

Navegaba por su cuerpo como si ella tuviera un mapa tatuado en la piel. Con la exactitud y la fidelidad con que se sigue el curso de un río que sabemos, nos llevará al mar, no dejó espacio sin recorrer.

Rindió tributo a cada poro, sin prisa, jugueteando con su lengua y con sus manos. Quería conocerla, saber que era lo que le gustaba y lo que no y aunque de momento le guiaba solo la intuición, a juzgar por los gemidos de ella, estaba acertando de pleno. La estaba haciendo disfrutar plenamente.

Lety reaccionó por fin aunque seguía anonada. Nunca, ni en sus mejores sueños pensó que se pudiera sentir tanto placer, que un hombre pudiera hacerle tan feliz. Le besó agradecida, no sabía que más hacer.

Él correspondió a sus besos apasionadamente, feliz por la respuesta de ella. Sus lenguas entraron en contacto, se mezclaron. Leticia ya estaba sin aliento pero Fernando seguía acariciando sus labios y el resto de su piel sin prisa.

Siguió con su beso hasta llegar al ombligo y ahí se detuvo sin saber que decisión tomar. Su lengua hacía círculos, la excitaba hasta límites que Lety creía imposibles de soportar y después retrocedía con una lentitud desesperante desde las laderas de sus muslos pasando por sus caderas, para remontar después con agilidad la montaña de sus pechos crecidos, fortalecidos con su contacto. Y todo ello envuelto en una lluvia de besos inesperada y fecunda que parecía no tener fin, que no paraba.

-¡Eres tan hermosa!- Le escuchó susurrar.

En medio de la conmoción que inundaba sus sentidos, creyó que no había oído bien.

Pero Fer insistió y siguió repitiéndole lo hermosa que era. De los ojos de Lety brotaron lágrimas de agradecimiento que él se apresuró a secar con sus besos.

Remontaba de nuevo con su lentitud el excitado cuerpo de la mujer que había convertido en el objeto de todos sus deseos. Por su parte Lety sentía que ya no podía más. Cada beso le provocaba una sacudida increíble y fascinante. Y tuvo la sensación de que empezaba todo de nuevo; los besos, la humedad, la agitación. Aquella dulce condena parecía no tener fin.

Acomodado al fin, en la cuna que formaban sus muslos anhelantes de Lety, Fer disfrutaba del momento como nunca antes, sorprendido una vez más de lo bien que sus cuerpos se acoplaban el uno al otro. Mordisqueando sus labios una vez más, se endulzaba el alma, con el sabor de “su Lety”.

Las piernas de Lety se abrieron al sentir su cercanía, como si quisieran indicarle el camino hacia el interior de su cuerpo. Fernando se acercaba. Lety notó su maravillosa fuerza sobre ella y se preparó para recibirle. Mientras su cuerpo se convulsionaba de placer, él seguía mojando sus labios, buscando el interior de su boca, provocando aún más sensaciones.

Quiso mirarle, pero los labios de Fernando cerraron sus ojos con más besos.

Y estalló la locura. Una y otra vez él entraba en ella, le llenaba y se llenaba, colmando toda su sed de amor. Cada movimiento en su interior era un sorbo de placer para Lety, que parecía no saciarse nunca, como él. Y los dos se daban más y más...

Al fin llegó el sosiego pero no se apagó la sed. En la locura de esa madrugada, había llegado el momento de disfrutar de un placer sin prisas. Fernando acariciaba el cabello de Lety y ella le acariciaba a él. Quería darle todo su ser.

 
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