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"LAS DOS CARAS DE LA LUNA" (5).

November 28 2006 at 9:05 PM
Laura.  (no login)
de la dirección IP 88.5.122.14

 


No pasaría mucho tiempo hasta que volvieran a estar solos de nuevo en casa de Fer y esta vez él no tuvo que inventar ninguna excusa.

La oficina se había inundado literalmente en la mañana por culpa de una avería en las cañerías al parecer irresoluble.

No les quedó otra que irse a trabajar a otro lado. Ni siquiera Marcela pudo poner objeciones esta vez, aunque le sorprendió el buen talante con que Fer había encajado la contrariedad.

Y allí estaban solos otra vez, en su casa, en su espacio. Fernando fingía escuchar lo que Lety le decía del balance y de los bancos y de los nuevos comerciales que tendrían que firmar para salir del bache. Pero hasta Lety se dio cuenta de que mucho caso no le estaba haciendo. Pensó que era porque estaba cansado. Ya era tarde, cerca de las 9.
Lety hizo ademán de irse, él se negó en redondo. Insistió tanto con que tenían que seguir trabajando, que ella accedió.

Preguntó si podía llamar a su casa para decir que iba a llegar mas tarde y eso hizo. Entretanto, Fer se preparó algo de beber. Estaba nervioso como un chiquillo de 15 años.

Después de llamar ella siguió a lo suyo. Después de todo, para eso estaba allí , para trabajar. Si es que lograba concentrarse con Fernando sentado a unos 30 cms de ella en el sofá y mirándola como nunca la había mirado.

Por no mirarle a él, Lety miraba la habitación, impecablemente decorada, con muebles de estilo clásico. De pronto Fer le dijo con voz dulce: “Cierre los ojos”. Ella obedeció. Pensó que le iba a quitar una pestaña o algo así. No imaginaba que 2 segundos después, tendría la boca de Fernando, de su amor, pegada a la suya, besándola con avaricia, como nunca había hecho hasta entonces.

Lety ni siquiera se atrevía a abrir los ojos para que el sueño no se esfumara. Él continuó besándola apasionadamente y ella le respondió como supo, como pudo, con todo el corazón.

Unos minutos después, él se apartaba para mirarla y lo que encontró fueron sus ojos brillantes, dulces y puros pero llenos de preguntas.

Leticia intentaba articular palabra, pero no le salía nada, hasta que Fer la oyó decir.

-¿Y esto?.

-Hace tiempo que quería hacerlo. ¿Le molestó?.

Ella negó con la cabeza y como si esa fuera la señal que necesitaba, Fer le dio otro cálido beso en los labios. En ese momento se esfumó el miedo de él por su reacción y la timidez de ella.

Fernando la abrazó. Ella dejó caer su cabeza sobre uno de los cojines del sofá, y se dejó llevar por caricias cada vez más atrevidas.

Cubrió su cuello de besos, a la altura de sus senos se detuvo, pero le animó que ella ya le estaba desabrochando la camisa. Aun por encima de la ropa él sintió sus pechos no muy grandes, perfectos, tersos. El suéter voló pronto con destino a ninguna parte.

El sujetador no alcanzaba a cubrir sus pezones, lo cual sacó de quicio a Fernando. No tenía intención de ir tan rápido la primera vez pero no pudo evitar bajar la boca hasta ellos. La rozó con la lengua y Lety se estremeció. Parecía que le gustaba, gemía, y justo en ese instante, su mano derecha, tomo su mano izquierda, y la dirigió hasta el broche de sus falda.

La excitación era ya imparable. Tanto como las emociones que se desbordaban.

El bendito broche de la falda cedió, y dio paso a unas braguitas blancas, inmaculadas, como de niña.

Los botones de los pantalones de Fernando se desabrocharon como 'por arte de magia', mientras su boca empezaba a descender desde los pechos de Lety hasta su ombligo, un ombligo perfecto, sublime.

Su lengua se detuvo en ese lugar. No quería asustar a esa niña tímida, perfecta, que se estremecía de placer, en sus brazos, que gemía, y le susurraba bajito, palabras de amor. La sensualidad era innata en ella, brotaba por sus poros. Con inocencia pero también con sabiduría, le guió hasta ella cuando supo que él no podría contenerse mucho más. Y lo supo porque ella también estaba al límite.


Después de hacerla la suya en aquel sofá, Fernando la abrazó contra su pecho hasta que por fin se tranquilizaron uno en brazos del otro.

Cenaron juntos sintiéndose una pareja por primera vez. Por fortuna, la mucama había dejado algo de comida hecha porque según se confesaron el uno a otro, ninguno tenía ni idea de cocinar.

Lety le ayudó a poner la mesa y se sentaron a comer. Hablaron mucho durante esa comida, de todo y de nada. También dieron cuenta del postre. Una deliciosa tarta de queso: “Mi preferida”, confesó Fernando risueño como un niño y los dos la devoraron con fruición, haciendo realidad el mito de que el amor da hambre.

- Gracias por esta noche- Dijo Lety de pronto con los ojos empañados.

Fernando se acercó a ella y le propinó un beso en la mejilla que sonó por todo el salón. Para distraerla porque de pronto parecía cohibida, le puso un poco de tarta en un platito y siguieron disfrutando del postre un poco más.

Después de cenar , regresaron al sofá, testigo de sus pecados. Lety no hablaba de irse y a Fer ni se le pasaba por la cabeza dejarla marchar.

Se sentían felices reposando la comida y el amor el uno junto al otro. Fer la abrazó y le dió un beso en la cabeza mientras ella le acariciaba el brazo.

En un momento dado ella le miró y acercando un poco su cara a la de Fer besó sus labios dulcemente.

- No me he dado cuenta de ese beso, señorita, ¿podría repetirlo?.- Reclamó travieso.

Obediente ella le tomó la cara con las dos manos y le dio un beso mucho más largo y húmedo.

Sin mediar palabra empezaron a besarse otra vez y sus lenguas se buscaban como si se fuera a acabar el mundo.

 
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