Su carrera empezó haciendo Casa de muñecas, además de actriz es abogada y bailarina clásica.
De ascendencia rusa, su abuela actuó en el Ballet Bolshoi y su madre, Adela, bailó en la Ópera de París.
Simpática, espontánea y directa, es como se muestra la actriz argentina, cuya carrera se afianzó en México hace más de 25 años.
La recordada Chelo, de Soledad, o la sufrida Magdalena, de Bodas de odio, se encuentra en Guayaquil. Hace 15 años estelarizó La Baronesa, que fue filmada en Galápagos.
Ayer se incorporó a las grabaciones de Retazos de vida, la nueva película de Films Factory, dirigida por Viviana Cordero, donde comparte créditos con Érika Vélez, Giovanna Andrade y el cubano William Levy.
Desde su apartamento, en Kennedy Norte, la rubia artista, quien lucía un ceñido traje negro que resaltaba su esculpido cuerpo, habló abiertamente de sus diversas facetas como artista, madre, esposa y empresaria.
¿Siendo argentina, alguna vez pensó que México sería el país que le abriría las puertas al éxito internacional?
En Buenos Aires, yo hacía teatro de Henrik Ibsen, cuando conocí a un productor mexicano que viajó a Argentina que buscaba actrices para Televisa. Yo era muy chica, vivía con mis papás. Hacía la novela El amor tiene cara de mujer, ese año no me fui, pero al siguiente comencé participando en una producción de 20 capítulos y luego Televisa me ofreció un contrato de exclusividad por tres años.
¿Es así que llega a Los ricos también lloran?
México me dio buen ‘feeling’ para quedarme. Los ricos también lloran gozaba de mucho éxito y el productor de esa novela dijo que tenía que actuar allí como sea, y me metió como la mamá de Edith González. Era cómico porque la diferencia de edad con ella es de cuatro años. Somos muy buenas amigas hasta hoy. En esa época, justificando que era su madre postiza, nos íbamos de parranda. Como anécdota, cuento que el uniforme de colegiala que yo usaba en la novela de la tarde con Ricardo Blume, era el mismo que Edith se ponía en Los ricos también lloran.
En un especial que realizó Verónica Castro por los 50 años de las telenovelas de Televisa, recién se supo que ante la indisciplina de ella, Valentín Pimstein pensó en usted para sustituirla en Los ricos también lloran.
(Sorprendida) No lo sabía, me estoy enterando ahora, Valentín siempre fue un hombre maquiavélico, (risas); qué chistoso, con Verónica me llevaba muy bien.
¿Qué recuerdos guarda de Libertad Lamarque, con quien trabajó en Soledad?
Esa fue la siguiente a Los ricos también lloran, donde hice de mala. Doña ‘Liber’ era divina, maravillosa. Mi acento argentino era muy marcado en aquella época y me indicaron que tenía que quitármelo y era imposible hacerlo trabajando con Libertad Lamarque, pues era como bailar un tango. Ella fue sensacional.
¿Ernesto Alonso qué significa para usted?
Yo lo adoro, él fue mi productor querido, lo llevo en mi corazón. Él preparó algunas novelas para mí. Con él hicimos Encadenados, De pura sangre y Bodas de odio, que fueron producciones muy lindas, ‘padrísimas’.
¿Cómo fue abandonar Televisa luego de veinte años?
Fueron muchísimos en verdad, guardo recuerdos estupendos, allí me desarrollé como actriz y productora. Hace más de 20 años con mi esposo Humberto Zurita formamos la empresa Zuba, con la que se ha hecho teatro y cine. Para Televisa se realizaron dos unitarios, y las telenovelas Bajo el mismo rostro y Cañaveral de pasiones. Cuando nos pasamos a TV Azteca hicimos cinco producciones, donde también actuamos.
Ahora radica en Miami junto a él y sus hijos, ¿se adaptó al cambio?
Sí, claro. Fíjate que siento que lo que pasa entre nosotros los hispanos es que nos diferenciamos del acento, pero en esencia somos lo mismo, tenemos sensibilidad, hemos pasado por las mismas cosas. Miami tiene dos mitos, ni se habla inglés ni hace calor. Es una ciudad con playas muy bonitas y decoración art-deco. Me siento muy a gusto y rico, trabajando con gente de diversas naciones.
Otra de sus facetas es la del canto, la recuerdo interpretando el tema de Emmanuel, Quiero dormir cansado, además usted grabó un disco.
¡Dios!, ya me había olvidado, fíjate que eso fue un especial llamado Los siete pecados capitales, no es mi vida aclaro (risas). Uno de los números era esa melodía. Generalmente, el canto es un complemento a mi trabajo actoral en teatro, donde está asentada mi carrera.
Háblenos de su personaje en Retazos de vida.
Este proyecto me llamó la atención por la valentía en que trata temas tan actuales como la migración. Interpreto a Rafaela, quien tiene la empresa más importante de modelos del país, pero que más allá de su mundo glamouroso, esconde un trasfondo de drogas y bulimia. La película también mostrará un Guayaquil moderno al resto del mundo, con un concepto que aborda la lucha por conseguir el triunfo en la vida, que a veces se lo tiene ubicado en cosas que no son importantes.
¿Es una triunfadora?
Sí, tengo dos hijos maravillosos, Emiliano, de 14 años, y Sebastián, de 21, también son actores. De hecho trabajaré con ellos en una próxima cinta. El mayor estudia Economía y el chiquito quiere ser arquitecto; siempre hay que tener otro as bajo la manga, por si las cosas no cuajan, yo soy abogada por ejemplo.
¿Cómo los educa?
Trato de darles libertad y que ellos escojan lo que quieren en la vida, porque a mí me la dieron y también que sean felices a su manera, no a la de sus padres. Les dejo como legado el prestigio y una buena educación, que es un cheque al portador, para que estén preparados en el mundo. Este se cobra tarde o temprano.
¿Qué tal es llevar un matrimonio luego de 25 años?
Sí, son bastantes años, para que exista el matrimonio de toda la vida hay que morirse joven y yo no moriré así (risas). Con Humberto nos conocimos en Soledad, éramos dos villanos, luego fuimos socios y finalmente pareja, ahora tenemos que revertir el proceso (vuelve a reír).
¿Continúa con sus empresas de líneas y carteras?
Estoy cumpliendo seis años con los lentes que se fabrican cerca de Venecia; tengo otra línea que se llama Petit, que es para adolescentes con armazones de metal que se hacen en Francia. Y sigo adelante también con mis bolsos de cuero, que se hacen en México y Guadalajara.
¿Cuál es su filosofía de vida?
El pecado original es la conciencia y el juicio final es el que tú mismo te haces, y en ese balance de vida que me imagino te haces en los últimos momentos, no importa cuánto dinero te quedó en el banco o si la novela gustó o no, sino son esas pequeñas cosas que no hay que dejarlas ir, disfrutar de la gente que quieres y valorarla. Esa es la verdadera experiencia de la vida.
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