En el sitio Biosstars hay una galería de fotos de Humberto en la alfombra roja de la película, y tambien pueden ver la biografía de Sebastián y fotos de él en la premier. En el lado izquierdo está la foto de Sebastián.
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Otra nota.
El perro café.
Juan Carlos Romero Puga.
Crítico de cine.
Bajo la sal es uno de esos trabajos que no se ven venir. Afortunado debut de Mario Muñoz, la cinta es un thriller policiaco que mira tangencialmente al fenómeno de Ciudad Juárez y cuenta una historia sobre varios asesinatos cometidos contra mujeres jóvenes en los pantanos salados de la zona de Guerrero Negro, que aquí toma el nombre ficticio de Santa Rosa de la Sal.
Acaso como objeciones, podemos hablar de un filme un poco largo (poco más de dos horas) y un final que, aunque contundente, se desenmadeja sin sorpresa. Los peros, sin embargo, no logran arrancarle a Muñoz sus dos mayores logros: una puesta en escena imaginativa y verosimil por lo que hace a sus personajes y las situaciones que plantea.
Aunque comidos por momentos por diálogos demasiado estructurados, el comandante Trujillo (Humberto Zurita) y el jefe Salazar (Emilio Guerrero), los dos policías en la historia, trascienden esa imposibilidad del cine mexicano de representar creíblemente un trabajo serio de investigación en un área cualquiera de las policías mexicanas, sin convertirse en una caricatura del modelo estadounidense. El guión no sólo les da defectos, sino que a la vez que los presenta como viejos amigos, los confronta y los vuelve reprensibles desde el punto de vista de la ética personal.
Los personajes, en todos sus niveles, logran proyectar a seres reales, no sólo las figuras esquemáticas esbozadas en el guión. El trabajo se nota; hay preocupación porque cada uno de los papeles tenga su propia complejidad y cualquiera genere alguna inquietud. En este sentido, es notable lo que se hace con Víctor (Ricardo Polanco), el joven hijo del dueño de una funeraria, aparentemente muy interesado en las desapariciones, y cuya vida interna es retratada a través de las cintas gore que el muchacho elabora usando la técnica stop-motion (cuadro por cuadro) en varias muñecas Barbie.
Bajo la sal rehuye el efectismo de las escenas "audaces" de sexo y violencia al contrario de otras cintas que abundan en ellas como si por sí mismas aportaran algo. A cambio, nos ofrece a una Irene Azuela que crece como actriz (no cantante ni portada de revistas para caballeros; actriz), sin aspavientos, y que se desnuda no para merecer una nota de su "hazaña" en los diarios, sino en beneficio de una historia que viene a cambiar el tono penoso que otras producciones mexicanas habían puesto (¿necesito mencionarlas por nombre?).
A todo lo bueno que puede hallarse en la opera prima de Mario Muñoz habría que añadirle que también se desmarca de esta tendencia del cine casero de convertirse en escaparate de grupos de pop que están de moda, para hacer un soundtrack con material de Radiohead y Marilyn Manson.
Las fortalezas superan a las debilidades; el guión pierde hacia la parte final, aunque sin ceder por completo a un final ideal para el espectador. Pocas cosas están de más, el arranque de esta carrera en el cine es por demás bueno.
Sobre el personaje de Humberto (comandante Trujillo)
“Hay dos clases de personas en Alaska, detective: las que nacieron aquí, y las que llegaron huyendo de algo” –le dice Ellie (Hillary Swank) a Will Durmer (Al Pacino) en Insomnia de Christpoher Nolan, cuando el segundo investiga las historias de los sospechosos en un crimen. De la misma forma y con la misma premisa, en Bajo la Sal el comandante Trujillo (Humberto Zurita) se convierte en el centro de una intriga en los confines de la Baja California, intriga que se extiende más allá de la naturaleza policiaca para confrontarlo con demonios de los que busca huír. Demonios que no son rojos sino blancos, como la sal, y que guardan en sus entrañas horrendos secretos.
Baja California es el Alaska de México: un territorio escasamente poblado, de parajes tan espectaculares como agresivos que son imán para quienes que escapan de su propia historia y buscan guardar el secreto que les condena. Ello justifica que el thriller Bajo la Sal se sitúe justo en esta parte de México donde sus habitantes parecen vivir en el olvido: de las autoridades, del resto de los mexicanos e incluso de sí mismos. Así, en un contexto de silencio, desolación y rutina, en un pueblo en el que todo está ligado a una salinera, Mario Muñoz se aventura a construir una ópera prima que cumple, para bien o para mal, con todas las reglas del thriller norteamericano.
En el límite de las dos Californias está el pueblo de Santa Rosa de la Sal, donde comienzan a aparecer los cadáveres de mujeres brutalmente asesinadas. El jefe de la policía, Salazar (Emilio Guerrero) pide ayuda a su viejo amigo el comandante Trujillo, quien llega de la capital a investigar los crímenes. Rápidamente el colmilludo detective identifica a sus sospechosos comunes: Domínguez (Plutarco Haza) el prefecto de la prepa local que vive atormentado por un incendio que casi acaba con su escuela; el profe Magaña (Julio Bracho), aficionado a relacionarse con sus alumnas; Isabel (Irene Azuela), una mesera uraña y con baja autoestima; Zepeda (Juan Carlos Barreto), el dueño de la funeraria que sigue culpándose por la muerte de su esposa, y su hijo Víctor (Ricardo Polanco), un darkie que hace cortometrajes sangrientos con muñecas Barbie.
Pero Trujillo también tiene cola que le pisen: al parecer se vio involucrado tiempo atrás en un incidente que le costó su reputación como policía, y sus jefes han decidido mandarlo a Santa Rosa de la Sal para alejarlo del escrutinio público y darle una segunda oportunidad. Con su secreto a cuestas, el detective se aboca a descubrir los oscuros secretos de un pueblo con doble moral, hasta formar él mismo parte del juego de dualidades que dio origen a los asesinatos.
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