Alejandro había tenido un resultado desastroso en la competición. Su cabeza estaba en otro sitio, por lo que no tuvo ningún interés en hacerlo bien. Al acabar, había ido directamente a los vestuarios, se había duchado y se estaba vistiendo cuando su teléfono móvil sonó.
- ¿Diga? -dijo Alejandro seriamente.
- Papa, ¿qué tal?, ¿cómo te fue?- Mario estaba al otro lado del teléfono.
- Pues…-dudó en confesarle a su hijo su pésima actuación, pues podía averiguar que algo le pasaba- Bien cariño, pero no gané. ¿y tú?, ¿qué estás haciendo?
- He estado estudiando toda la mañana, acabo de llegar a casa y me voy a hacer algo de comer. ¿ya has comido?
- Que va, a ver si ahora me acerco a algún sitio. Por cierto, ¿a qué hora es el baile?- preguntó Alejandro.
- Pues tenemos que estar allí a las 20.30 o así. ¿te da tiempo?, ¿por qué no te vienes?
- No hijo, hoy quiero descansar, quizás mañana…
- Mañana regresas, ¿no?- preguntó asombrado Mario.- Papa, ¿te pasa algo?, te noto raro.
- No, estoy bien, solo cansado. Mira mañana posiblemente regrese pero no es seguro. Quizás necesito descansar algunos días. De todas formas te llamo mañana y ya te cuento, ¿vale? - contestó Alejandro.
- Vale, Papa, pásatelo bien, sal, disfruta…
- Pasároslo bien vosotros en el baile. Dile a Eloy y a Patrick que no gané, pero que estoy disfrutando mi tiempo libre. Te quiero hijo.
- Y yo a ti, papa, ¡cuídate!
- Igualmente. Tened cuidado.
Después de hablar con su hijo el mundo se le vino abajo. Si él supiera que creía haber visto a su madre. Que no estaba muerta, sino más bien demasiado viva. Tenía que averiguar si vivía allí, si era ella. El por qué de su abandono.
Los recuerdos de aquellos días vinieron a su mente. Se veía en el hospital, aún con la bata de haber estado en el parto cuando sufrió aquella conmoción.
Sólo había salido de la habitación con la intención de llamar a su hermana por teléfono y comunicarle que todo había salido bien. Cuando había regresado, el niño lloraba en la cuna pero la habitación estaba vacía. Ni rastro de Eva por ningún lado. ¿Cómo había podido irse cuando aún estaba convaleciente?, ¿cómo había escapado, dejando a una criatura tan bonita como Mario? Pasó algún tiempo hasta que comprendió que no volvería. Lo que iba a ser el día más feliz de su vida, se convirtió en una pesadilla de la que aún, tras 23 años después, no creía despertar. Casi inconscientemente sacó una foto de su hijo de la cartera…
- Quizás nunca me quiso, llevaba varias semanas muy rara…pero ¿a ti?, ¿por qué te hizo eso a ti?- dijo mientras sus lagrimas rodaban por sus mejillas.
Mario había notado triste a su padre, pensó que había hecho mal con dejarlo solo. Pero su primo Eloy necesitaba que estuviera con él en aquel baile. También Patrick acudiría con ellos. Podía ser una velada interesante. Aún no sabía lo que se iba a poner, pero mientras revolvía su ropa Patrick llegó.
- Mario, ¿estás?
- Sí, en mi habitación. ¿ya ha llegado Eloy?
- Sí, venimos juntos.- Mientras decía eso, Patrick entró en la habitación -¿Sabes algo de Ale?
- Si sí, no ganó...me dijo que estaba disfrutando de su tiempo libre y que mañana puede que regrese o no, le noté bastante raro.
- ¿Raro?, bueno, no te preocupes, le hace falta descansar. – Patrick imaginó que su amigo se sentía solo, nunca había ido a ningún lugar sin su hijo, sin su sobrino e incluso sin él, pero no quiso decirle nada de esto a Mario- ¿listo para irnos al baile?
- Aun es temprano, ¿no? Yo me tengo que duchar, vestir y afeitarme. –los dos rieron.
- Pues venga, ve dándote prisa, yo voy abajo, os espero en el salón. Eloy también tiene que arreglarse- se iba, pero se dio la vuelta de nuevo- Yo me pondría ese traje. El oscuro.- y se marchó
- Gracias- dijo Mario cuando ya Patrick no podía escucharlo.
Rocío estaba arreglándose cuando Noelia y Ainara llegaron a su apartamento.
- ¡Qué guapas!, madre mía…estáis radiantes.
- Gracias, tú también.- dijo Noelia.
- Es que esta noche conoceremos a tu rubito...tenemos que estar lindas, no vaya a ser que sea un galanazo con dos hermanos y uno de ellos sea el príncipe de mi cuento.- Decía Ainara moviendo su vestido como si fuera Cenicienta y estuviera bailando.
- Definitivamente, creo que estás loca de remate- le dijo riendo Rocío- Ojala lo pasemos muy bien.
- Pues eso espero.- contestó Noelia.- Ainara trae una cámara de fotos. Me ha hecho salir de casa después de comer para ir a comprar una.
- Eso, la cámara, no me acordaba,…venga colocaros que voy a haceros una fotito– Dijo Ainara
- Yo voy a terminar de arreglarme, haztela tú Noe.- Concluyó Rocío.
Alejandro estuvo toda la tarde dando vueltas por la ciudad, mirando hacia todos los lados, tenía que verla, pero ¿cómo? Puebla era muy grande para encontrarla a ella. No la pudo encontrar cuando desapareció, ¿por qué la buscaba ahora?, debería olvidarse de todo y volver a su vida…pero una fuerza indescriptible le empujaba a querer saber algo más sobre aquella señora que había salido de ese restaurante, esa mujer que iba tan hermosa y parecía importante…cuán diferente se veía de aquella niña desvalida de provincia que había sido su novia mientras estudiaba en la capital y la que él supo su mujer cuando se enteraron que estaba embarazada. Qué diferentes y qué parecidas a la vez.
Mientras Rocío, Ainara y Noelia viajaban en metro hasta el centro deportivo, Patrick, Mario y Eloy se desplazaban a gran velocidad en el coche de este último. El baile estaba por comenzar.
Escrito desde Mar 8, 2007, 1:49 PM de la dirección IP 85.53.87.19