Mario y Noelia llegaron a la residencia universitaria bien entrada la madrugada. Cuando el coche se detuvo, ambos se miraron.
- Muchas gracias, Mario. – dijo Noelia con un hilillo de voz.
- No hice nada en especial, nada que otro no hubiera hecho por ti. – Aquella frase despertó a Noelia…aquel chico solo estaba llevándola a la residencia universitaria después de que se había quedado sola, solo era eso, un favor.
- De todos modos, muchas gracias. Ahora ya es muy tarde y debes regresar a por los…- Mario no le dejó acabar.
- Si, es tarde y me tengo que ir, pero antes de hacerlo, tengo que confesarte que el agradecido soy yo. Perdóname porque no tengo el don de la palabra. Soy tímido, algo reservado al principio, pero…- hizo una pequeña pausa. Noelia estaba desconcertada -… pero espero que podamos ser amigos de ahora en adelante.
- Claro…- Noelia no sabía qué decir, de modo que para no cargar más el ambiente, puso su mano sobre el manillar de la puerta – y ahora, mejor te dejo que vayas a recoger a tu primo. Fue un placer, gracias por todo.
La puerta se abrió y Noelia salió del coche en dirección a la residencia. A esas horas, a diferencia del día, el campus estaba solitario. Hubiera sido muy peligroso que hubiera regresado sola.
Mario esperó hasta que ella estaba dentro, solo entonces arrancó y se marchó.
Patrick y Ainara llegaron a las inmediaciones de la residencia universitaria justo cuando un coche abandonaba el lugar. Un coche que Patrick reconoció en seguida.
- Ainara, ¿sabes quién iba en aquel coche? – preguntó Patrick.
- No, ¿por?
- Era Eloy. Ese es el coche de Eloy. ¿A quién habrá traído?
- ¿Conoces a Eloy? – le preguntó extrañada.
- ¿Qué si le conozco? Es el sobrino de mi mejor amigo. Los Guzmán son mi familia aquí en México. Ellos me han hecho sentirme como en casa, a pesar de estar muy lejos de mi hogar.
- No tenía ni idea. Es compañero de una amiga mía en el centro deportivo. Entonces, fuiste con él a la fiesta, ¿no?
- Sí, otra cosa que tengo que agradecerles...-paró un momento antes de continuar - …pensé que no te volvería a ver.
- Sí, es curioso – Ainara lo miraba mientras hablaba - …apenas ayer te disculpaste por lo que pasó en nuestro primer encuentro y hoy estamos aquí hablando, charlando sin ningún problema, ¿quién lo hubiera dicho?
- Pues así es… ¿me permites tu número de teléfono? Quizás podíamos quedar otro día y te podía enseñar la ciudad.
- Bueno, hasta ahora no nos ha hecho falta un teléfono para vernos, quizás debemos dejar que el destino siga marcando las pautas., ¿no? – Ainara reía.
- ¿te atreves a dejar esto en manos del destino? Eres increíble, pero en serio, no creí nunca que podría decir esto así, sin tapujos.
- ¿Y se puede saber que es eso que nunca creíste decir?
- Que no quiero que el destino me juegue una mala pasada y… – Ainara lo cortó.
- ¿Y me tengas que ver a diario? – Patrick sonrió ante aquella ocurrencia.
- No verte más, es lo que temo. – Ainara le miró sin poder ocultar la satisfacción que sentía ante aquellas palabras.
- Sos tan dulce…gracias por todo de verdad. Ahora ya debería entrar, es muy tarde.
- ¿y el teléfono? ¿decías en serio lo del destino?
- No, no iba en serio, pero ahora que lo pienso, no suena tan mal. Incluso suena muy divertido. Además sabés donde vivo…- después de hacer una mueca, como si hubiera encontrado una idea perfecta dijo – Te propongo un juego.
- ¿qué juego? – preguntó Patrick atónito.
- Si no coincidimos, puedes venir a buscarme a las 9 de la mañana, dentro de dos semanas, e iremos a conocer algún lugar.
- ¿Te recojo aquí mismo?
- Si, aquí mismo.
Tras aquellas palabras, Ainara le dio un beso en la mejilla y se marchó corriendo. Patrick se acarició su pómulo y sonrió. Nunca había conocido a nadie así…estaba realmente sorprendido. Ainara era única y eso le fascinaba.
La cara de Rocío estaba entre las manos de Eloy quien la acariciaba, no sabían si reír o llorar. La sensación era tan extraña...
- Rocío, yo...- Eloy balbuceaba, todo era tan nuevo para él - …yo no sé qué decir. Ha si…-de repente Rocío le paró.
- Eloy, no digas nada…quizás, quizás nos equivocamos. Yo acabo de llegar, casi no nos conocemos. No quiero que pienses que, no sé…- Rocío estaba muy nerviosa, Eloy la miraba – no sé ni lo que decir, qué vergüenza.
- No te preocupes, por favor. Si no quieres oír lo que iba a decirte, no lo diré. Sólo prométeme una cosa, por favor. . -dijo Eloy dulcemente.
- ¿qué cosa?
- Que esto no cambiará nuestra amistad. Que no cambiaras conmigo.
- No, no cambiaré. Cuando nos veamos el lunes, todo será como siempre.
En aquel preciso momento el coche de Eloy con su primo de piloto, paraba frente a ellos.
- Parece ser que es hora de irnos, Rocío.- dijo Eloy.
- Si – agarró su manó y se incorporó.
Cuando Noelia se despertó eran las 16.30 de la tarde. Se levantó de su cama y se dirigió a la ventana, subió la persiana y la luz solar invadió la habitación. Estaba muerta de hambre, así que decidió vestirse y bajar a la cafetería a tomar algo.
Cuando iba por el pasillo, pensó que seria buena idea comprobar que su amiga Ainara estaba sana y salva. Llamó a su puerta y Ainara abrió con su pijama.
- Bueno dormilona, ya es hora de ir a comer, ¿no?
- Ay si, me muero de hambre.
- Y yo me muero de ganas de saber dónde te metiste anoche, me asustaste ¿sabes?, además me dejaste sola.
- Pues, es largo de contar – y con sus manos juntas, y cara de corderito, le suplicó – Perdóname amiguita.
- Ainara, eres todo un caso…por favor, deja de poner esa cara que solo me hace reír – y Noelia estalló en risas.
- Ya veo que me perdonaste…, ahora entra y espera que me pongo algo para bajar a comer.
- Lo que usted mande señorita...- dijo Noelia haciendo muecas también.
Eloy daba vueltas en la cama, no podía dejar de pensar en Rocío. Aún sentía el roce de sus labios, podía oler su aroma… ¿qué le pasaba? Había pasado 27 años sin sentir aquello. Necesitaba verla. Cerró sus ojos, y pensó que dormir era la solución. Contra más rápido pasara el domingo, antes llegaría el lunes. Entonces, llegaría la hora de ir a trabajar.
Escrito desde Jul 20, 2007, 5:30 PM de la dirección IP 85.59.91.153