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* Crítica de la obra Master Class: "¿Cómo Era María Callas? ¿Cómo Es Diana Bracho?"...

April 17 2009 at 2:44 PM
Mara  (no login)

 
Al dar la tercera llamada de la función de "Master Class: Una Clase Maestra Con María Callas" en el Teatro Ramiro Jiménez, el espectador se hace esta pregunta, mientras espera a Diana Bracho en el personaje de la diva.
Terrence McNally, el autor de Master Class, es un dramaturgo que encuentra en la biografía de personajes ilustres la materia dramática para sus propuestas. Selecciona los momentos de decisión, las contradicciones, las situaciones límites que vivieron, pero es la ocupación, oficio o aportación del personaje lo que le sugiere la estructura, el estilo y el tono de su obra. Coloca en situación a su personaje, en este caso, la cantante imparte una clase de canto a estudiantes que ambicionan ser figuras de la ópera, y lo demás viene por consecuencia.
Master Class no es precisamente un monólogo, aunque tenga todas las dificultades de este género. La relación con tres de sus alumnos, los recuerdos provocados por sus interpretaciones y el desarrollo de la clase, sólo son puntos de apoyo para el personaje, quien no tiene frente a sí un antagonista con el cual sostener el conflicto. Es ella contra el mundo y contra sí misma, contra su rebeldía y contra sus debilidades encubiertas, su pobreza y su lucha, su ascenso y su desilusión, su convivencia con el prosáico y vulgar millonario griego y la soledad de sus últimos años.
María Callas, ahora leyenda, era también una actriz. No se conformaba con la perfección técnica como lo hacen otras sopranos, sino que interpretaba, sentía y transmitía emociones con una extraordinaria expresión corporal, pero tenía ese lado oscuro, tormentoso, que muchos biógrafos pasan de lado para quedarse sólo con la diva bajo las candilejas. Quien se acerca con escepticismo a ver esta obra, procedente de Broadway, que se representa en las capitales de muchos países y que bastante tarde llega a esta ciudad, pasa de la indiferencia inicial al interés y de éste al entusiasmo.

¿Dónde quedó Diana Bracho? ¿Dónde está su voz de cristal y su figura frágil? Lo que se siente y se ve es el peso escénico de una mujer que llena el escenario en cuanto se abren las puertas y entra a impartir su lección a los espectadores convertidos en alumnos. No es el resultado del maquillaje ni el efecto del vestuario ni la consecuencia de un texto eficaz. Es el trabajo interior de la actriz, el estudio profundo del personaje, la comprensión del texto, la asunción de la propuesta dramatúrgica y la ejecución disciplinada de la concepción escénica del director.
Diana Bracho aquí no es Diana Bracho ni nada que la recuerde. Sus movimientos ahora son bruscos, enérgicos; su voz es grave, imperativa; su sentido del humor es cáustico y demoledor; su sencillez habitual es ahora soberbia, temperamento y desplante. La dulce y apacible Diana es ahora una diva en crisis, una perra con sus alumnos, una alma atormentada, una mujer adolorida, un personaje desgarrado por el recuerdo, un ser complejo, endurecido por la vida, consagrado por el éxito y abandonado en su soledad.

Francisco Franco, que se ha convertido en el director preferido de la actriz, resuelve acertadamente las dificultades de un montaje que debe ser fiel al original pero que puede tener vida propia en otro país, y realiza una puesta en escena limpia, cuidada, con excelente trazo y ritmo, y muestra que puede ser un realizador formal, como en este caso, pero también un experimentador arriesgado, como en "Cuaderno Rojo" y "Muerte Súbita", sus otros montajes que coexisten en la cartelera.
Es difícil que los cantantes de ópera actúen con naturalidad y que los pianistas se conviertan en actores. Aquí, Franco logra lo imposible y Gustavo Rivero Weber, al piano, Irasema Terrazas y Tere Cabrera, sopranos, y Luis Carlos Contreras, tenor, que dieron la función ese día, parecían actores. La iluminación de Angel Ancona contribuye a la calidad del montaje y a hacer evidentes las posibilidades de una excelente escenografía de Laura Rode, de acento neoclásico que remite a los conservatorios espacio que, ahora sí, no es discutible.
De todas las producciones que actualmente tienen en cartelera OCESA presenta y Producciones Gilbert, ésta es, por las características del texto y las dificultades actorales, la más ambiciosa y la de mejores resultados artísticos, con lo que se prueba que es posible que la calidad no esté reñida necesariamente con la taquilla.
Por primera vez un anuncio teatral, en el programa y en la cartelera, dice la verdad: "Diana Bracho es María Callas, o como imaginamos que debió haber sido"


 
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