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***DIANA BRACHO: ENTRE LA CALLAS Y UNA MUJER DESNUDA por Ernesto Sánchez .- Entrevista

September 25 2007 at 5:10 PM
--  (Acceso marianuval)
Forum Owner


Muchas gracias a Ernesto Sánchez, autor de la entrevista por el detalle de traérnosla al foro.

(23-May-1999).-


Diana Bracho. He aquí una actriz arriesgada. Alguien a quien no le importó entrar en terrenos desconocidos en la TV (¿Quién puede olvidar a aquel monstruo de Cadenas de Amargura?).

Diana es una mujer que ingresó con éxito a los terrenos de la comedia (Entre Villa y Una Mujer Desnuda) y una intérprete a la que no le pareció irracional personificar por más de un año a la neurótica Blanche DuBois, bajo el legendario y supersticioso riesgo de perder la cordura, en la puesta en escena de Un Tranvía Llamado Deseo.

Por si fuera poco, enfrentó con valentía el reto de interpretar a una de las personalidades más controvertidas del siglo, a la última gran diva del milenio: María Callas, en la aclamada obra teatral Master Class.

No sólo las decisiones profesionales que Diana Bracho ha tomado en su carrera han sido acertadas, también ha sabido llevar una imagen impecable y su vida privada es prácticamente desconocida por muchos.

Hoy todo mundo la reconoce como una de las mejores actrices mexicanas y, la verdad, es que además de ser la mejor de su generación, su talento está a la altura de las más importantes intérpretes mundiales, aunque sé que cuando lea esto me lo reclamará.

Porque eso sí, lo que no deja de sorprender de la señora Bracho es su habilidad para mantener una sencillez admirable.

Llevando una carrera llena de éxitos, siendo alabada por intelectuales como Carlos Fuentes, viviendo rodeada de selectas amistades como José Emilio Pacheco, Leonardo García Tsao y Eugenia León, y teniendo prácticamente todo para ser una diva, Diana se rehusa a serlo.

"No, no, jamás, es algo a lo que nunca aspiraría, en mi familia han habido dos divas que fueron Andrea Palma y Dolores del Río y no es algo que me interese... ellas siempre estuvieron sujetas a una imagen a la que tenían que corresponder y eso me parece terrible como actriz, yo no quiero corresponder a nada, yo quiero hacer personajes, no quiero defender una imagen mía preconcebida, ni quiero ser la más guapa de la película, ni la más glamorosa, ni la que tiene más personalidad", comenta.

Evidentemente, nadie que haya platicado con ella tras bambalinas podría imaginarla teniendo desplantes de grandeza o haciendo alarde de su talento y es por eso que su personificación de María Callas, calificada por el autor de la obra (Terrence McNally) como perfecta, resulta tan sorprendente.

En Master Class, Diana aparece vanidosa, glamorosa, petulante, amargada, cruel, con un humor ácido, sabia y "más grande que la vida".

Al público le dice que no tiene un "look", humilla a sus alumnos -víctimas, ella los llama-, se burla de sus colegas llamándolos "focas de circo" y constantemente declara que nunca habrá nadie como ella... en fin, toda una diva.

Así, es que aprovechando que acaba de terminar la temporada en el Teatro Ramiro Jiménez y que en este momento anda de gira por la República, M Magazzine platicó con ella sobre su convivencia con la Callas, su aprendizaje de la obra y lo que realmente piensa del divismo.

"Creo que el divismo como se conoce, la imagen que tenemos de una diva, se da más en la ópera que en la actuación. En la actuación se dio en una época, pero correspondía a un estilo muy especial de hacer cine norteamericano y europeo".

Mientras continúa la entrevista realizada en su casa ubicada en Coyoacán, dos "personitas" más se unen a la conversación, se trata de Blanche y Tosca, sus dos perritas schnauzer que parecen estar muy atentas a lo que su ama platica.

¿Entonces considera que una característica de este tipo de mujeres es el temperamento?

"Grandes temperamentos y al mismo tiempo grandes fragilidades, es gente muy dada a darle importancia a qué nombre viene primero, a quién se les da las gracias primero, a quién le aplaudieron primero más, quién tiene el vestido más bonito, a quién le tocó el primer camerino".

¿Y usted es temperamental?

"Sí, pero mi temperamento lo aplico más a mi trabajo. En mi vida personal he aprendido a controlarlo, porque más joven sí era una chava muy apasionada con las cosas y a veces reaccionaba de más, pero a través de la vida, he aprendido a vivir de otra manera más serena y no es que no tenga pasión o que no me importen las cosas, pero trato de ponerlas en su dimensión adecuada y más bien tiendo a ser una persona tranquila, serena, pero traigo la música por dentro, no soy una persona indiferente a la vida".

Indiferente, es algo que definitivamente no es y no sólo la pasión por su trabajo lo confirma, sino también el amor por Andrea, su hija de 22 años, el orden impecable en su casa, su colección de libros en los que se encuentran importantes títulos dramáticos y cinematográficos y su amplia y variada selección discográfica.

"Creo que la música es la expresión artística máxima del hombre y mira que te estoy diciendo algo muy pesado, porque en realidad me gusta mucho la literatura, la pintura, la danza y evidentemente el cine y el teatro, lo que yo hago... pero sí siento que la música, por ser el arte más universal, es la expresión más abstracta y más perfecta de la creatividad humana".

Diana no discrimina entre diferentes géneros musicales y aunque asegura que le encanta Bach "y no por snobismo", también disfruta el jazz y el rock... y por supuesto, a María Callas.

¿Hay alguna similitud entre María Callas y usted?

"En realidad somos muy diferentes porque ella tenía un sentido de la vida trágico, era un personaje de tragedia griega, se sentía manejada por el destino... en ese sentido, yo no tengo esa situación, no tengo esto que la marcó tanto a ella y que la hizo sufrir tanto... pero sí comparto la visión del trabajo como lo más enriquecedor que tiene el hombre, yo no lo veo como una maldición de la vida 'comerás con el sudor de tu frente', no, para nada".

Hay dos detalles que llaman mucho la atención en la sala en la que se realiza la entrevista, a través del vidrio del patio se encuentra una silla que tiene en el respaldo impreso el nombre de Julio Bracho, su padre, destacado director cinematográfico y un cuadro que descansa en la pared con su rostro.

"¿Te gusta?", pregunta, "ese lo pintó mi marido".

Se refiere a Rafael Cortés, quien se dedica a la pintura y que le ha enseñado a Diana el amor por el arte pictórico, de hecho, cada vez que pueden se dan una "escapadita" a diferentes ciudades del mundo a ver exposiciones de arte.

¿Ha sentido alguna vez esa rivalidad en el medio artístico que hizo sufrir tanto a la Callas, tiene que tener ojos en la espalda?

"No, para nada, sé que habemos muchas actrices de la misma generación, con características similares, pero, por ejemplo, Cuna de Lobos se la habían escrito a Angélica Aragón y la terminé haciendo yo, pero yo no le quité el papel (lo mismo sucedió en Mirada de Mujer, pero al revés), y ahora en Master Class, ella quería hacer el personaje, pero nunca hablé por teléfono para decir 'dénmelo a mí, quítenselo a Angélica', a mí me lo ofreció el productor y me encantó la idea".

En realidad, Angélica y Diana llevan una relación muy cordial.

A estas alturas de la entrevista, surge una pregunta un poco más íntima, que tal vez podría incomodarla, así es que le advierto "si no quiere, no me conteste ésta".

¿Alguna vez se ha obsesionado con un amor como María lo hizo con Aristóteles Onassis? ¿o que lo haya perdido?

"Una vez tuve una relación, era yo muy joven, estaba estudiando en la Universidad de Nueva York, era un muchacho escritor, un poeta maldito (entre risas), era sumamente atractivo, justo el tipo de hombre del que se enamora uno cuando es una mujer de imaginación romántica como yo.

"Fue una historia de película, él se fue a Turquía, al Cuerpo de Paz y me quedé en Nueva York sola, prácticamente me abandonó, me avisó un día antes de irse a pesar de que ya teníamos planes de estar juntos y demás... me regresé a México muy deprimida y de repente en una carta me puso que me había engañado y me rompió a tal grado el corazón, que de ahí en adelante me la pasaba llorando".

Un día, estando Diana casada, aquél joven regresó para pedirle que se fugara con él, pero ya era demasiado tarde.

"Me han roto el corazón muchas veces, pero creo que, a diferencia de la Callas, sí me he reconstruido, porque mi autoestima es más sana que la de ella", declara.

Precisamente por el nulo amor propio que la Callas se tenía, es que ofendía a la gente con comentarios agudos, cuyas consecuencias Diana tuvo que enfrentar en dicha puesta en escena.

"No lo han tomado como un insulto de la actriz hacia al público, pero tal vez sí del personaje, sobre todo cuando les digo 'usted no tiene un look'... procuro no agredir gratuitamente a una persona, busco a alguien que se vea bien vestido y le digo que le falta algo".

En una ocasión, la actriz vivió una anécdota muy divertida, pues un grupo de señoras que además de llegar tarde al teatro lo hizo hablando en una importante parte de la obra, Diana aprovechó el texto para regañarlas y les dijo "como siempre, el coro del Metropólitan llegando tarde"..."¡ah! y además hablando, si se aburren pueden irse".

"Total que al final, cuando se terminó la función llegaron todas las señoras al camerino a explicarme por qué habían llegado tarde y me dicen 'lo que pasa es que venimos de fuera, el camión se perdió y por eso se nos hizo tarde, pero déjenos presentarnos, somos el Coro de Señoras de Mazatlán' ", recuerda entre carcajadas.

¿Alguna vez la han tratado o se ha sentido como "foca de circo", como diría la Callas?

"Ja, ja, ja.... no, lo más cercano que me he sentido a eso es cuando en el supermercado, la gente habla enfrente de mí como si estuviera en la televisión, como si yo no oyera...'mira mi'jito, mira quién está aquí, mira su pelito, es igualita que en la tele'... mucha gente cuando te encuentra, cree que no oyes, que no registras, que no eres un ser vivo, que eres una imagen atrás de un vidrio en la televisión , eso es lo más cercano que me he sentido a una foca de circo".

El café ya se está terminando y Diana tiene que salir a un compromiso y mientras entierra en el baúl a María Callas y se prepara para interpretar nuevamente a "un personaje con problemas de conducta" en la producción de Carlos Sotomayor, Infierno en el Paraíso, la entrevista termina así...

Una vez usted me dijo que la Callas le ganaba a María, ahora yo le pregunto ¿la Bracho le gana a Diana?

"Creo que no, hay una lucha pareja, las pongo a cada una en su lugar y no las dejo que se salgan del cajón, del jacal que les toca (entre risas), nunca he sentido que mi trabajo, mi profesión actoral invada mi persona, ni siquiera a los personajes que adoro como Blanche, la Tía Evangelina o Leonora las he dejado que invadan ese cuarto secreto que no dejo que nadie invada, pues ese es el lugar en el que estoy cuando estoy sola.

"Finalmente pienso que los seres humanos estamos solos y debemos tener ese cuartito en el que nadie más entra y ese, es Diana".

Ese es su "castillo de la pureza"...

"Bueno... es bastante más bonito que el Castillo de la Pureza, no es castrante (entre carcajadas), es un lugar íntimo, muy personal, que cuido mucho y del que finalmente salgo para ser todo lo que soy, mi vida como mamá, como esposa y como actriz.




    
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