EXPLICACION: Esta escena la acordamos entre Deianne, Nefertiti y yo, porque nos dimos cuenta que la Webnovela carecía de alguna escena sensual. Deianne fue la que se ofreció escribir el capítulo "Hot." La escena transcurre mucho tiempo después, cuando Serena y Gerónimo se reencuentran, y es cuando la antipática de Xiomara arma una escenita para celar a Gerónimo. La escena, pues, intenta reconciliar (nuevamente, claro) a Serena con Gerónimo. Esta escena se publicó en dos secciones del foro. Una versión "light", en el sub-foro principal de "Yo de ti, tú de él, y él de mí", y otra en la sección "Capítulos Hot."
CAPITULO 23 (Escrita por: Deianne)
(* Ella es Serena *)
La rubia gimió inesperadamente, cuando Gerónimo rompió el beso con un movimiento brusco, y hundió la cabeza en su cuello, trazando un camino desde la clavícula hasta el lóbulo de su oreja.
Inconscientemente, Serena se mordió los labios ya un poco hinchados por sus besos, y lo tomó por la nuca, animándolo a seguir. El chico separó sus labios de su lóbulo y acercó su cara a la de ella, para observarla detenidamente: Las pálidas mejillas sonrojadas, el color marrón de sus ojos oscurecido debido a la excitación que comenzaba a sentir, su respirar agitado que hacía que su pecho subiera y bajara repetidamente, rozando su torso con insistencia. Gerónimo cerró los ojos, disfrutando de la fricción. Gerónimo colocó una mano en su cintura para apegarla más a él, y con la otra comenzó a acariciar y delinear suavemente el camino de la base de su espalda hasta su cuello, enviando agradables escalofríos por todo su cuerpo. Serena, casi por reflejo se apegó más a él, permitiéndole notar como cada parte de su cuerpo se había tensado ante sus caricias. Gerónimo ahogó un gemido en su garganta cuando sintió sus erguidos pezones, traspasando la tela y oprimiéndose contra su pecho.
La rubia pasó sus brazos por el cuello de su compañero, mientras jugaba insistentemente con el cuello de su camisa. El Salvatierra captando lo que quería, se separó de ella por un segundo y se quitó la innecesaria prenda, arrojándola al suelo. La rubia se mordió el labio inferior ante la imagen de su fuerte torso al descubierto, y no pudo ocultar un sonrojo.
Gerónimo alzó una ceja, sorprendido ante el repentino pudor por parte de la chica, pero cuando esta se bajó el cierre de su ropa hasta el pecho, mostrando un muy sugerente escote, se tragó sus palabras. Lentamente (demasiado para su gusto), la rubia bajó el cierre por completo y se quitó la blusa, revelando una cintura estrecha, un abdomen plano y unos pechos firmes y agraciados, cubiertos tan sólo por un lindo -y extremadamente sexy- sujetador negro, que servía como tortura mental para el pobre chico de veintitantos años. Gerónimo sintió su boca repentinamente seca. No era la primera vez que la veía con tan poca ropa (Un flash de cierto día en la casa de Valentín cruzó por su mente), pero verla as í Tan Tan Dispuesta. Y sólo para ÉL Por la mirada y el leve sonrojo de Serena, notó como su potente erección se hacía evidente dentro de sus pantalones.
-Te eche tanto de menos- le susurró al oído mientras mordisqueaba su lóbulo. Entrecerró los ojos y se lamió los labios inconscientemente. Gerónimo observó ese detalle y no soporto más. No podía, ya había pasado el límite. Comenzó a acariciar sus hombros suavemente, bajando y posando las manos en su pequeña cintura y comenzando a subir de nuevo. Serena gimió dentro de su boca, cuando sintió las manos del chico sobre en sus pechos, acariciándolos y masajeándolos por encima de la fina tela del sostén. Gerónimo notó como el cuerpo de ella comenzaba a reaccionar por su tacto, y como dos pequeños bultos comenzaban a endurecerse bajo sus dedos. La rubia pasó una pierna por la cintura
del moreno, quien la sujetó y acarició sus suaves muslos por debajo de su corta falda.
Llevó sus manos hasta su espalda, buscando el broche del sujetador, y una vez que lo desprendió, lo quitó rápidamente. Gerónimo no puso la más mínima atención en donde termino el sostén, ya que estaba demasiado pendiente de lo que tenía frente a sus ojos. Otra vez sintió como su boca se secaba.
Eran simplemente perfectos. Firmes, redondeados, con un tamaño ideal que perfectamente podrían caber en sus manos. Era igual que en sus fantasías.
No Eran aún mejor.
Serena se sintió incómoda ante la mirada tan descarada de Gerónimo sobre su cuerpo, pero este pareció salir de su trance, e inclinándose hacia ella la besó nuevamente. Serena llevó las manos hasta su cabeza y comenzó a jugar con su pelo. El Salvatierra descendió hasta su cuello, mientras que con una mano apoyaba su peso y con la otra masajeaba sus pechos. La Rubia gimió con fuerza cuando los labios del chico ocuparon el lugar de su mano, e inclinando la cabeza hacia atrás, atrajo a Gerónimo por la nuca y lo animó a continuar. Él sonrió altivamente entre sus pechos y siguió besando y lamiendo cada trozo de piel que estuviera a su alcance. El dolor de la erección ya era insoportable, así que con un rápido movimiento se abrió los pantalones, mientras la rubia se sujetaba clavando las uñas en sus hombros. Gerónimo alzó la vista y sus ojos se encontraron, igual de lagrimosos y enrojecidos.
El moreno iba a preguntarle si quería que continuaran (Aunque realmente dudaba que pudiera detenerse ahora), pero Serena no lo dejó hablar, ahora ella inclinándose hacia él para besarlo, tomando la iniciativa. Gerónimo sonrió contra sus labios, mientras que su mano subía por una de sus blancas piernas, rozando insistentemente el borde de su ropa interior y adentrándose en ella, inesperadamente. Serena gimió cuando sintió sus dedos en su intimidad. Enterró las uñas en su espalda con más fuerza que antes, cuando el chico comenzó a moverse dentro de ella, con diferentes ritmos e intensidad, haciéndola llegar rápidamente. Arqueó la espalda cuando sintió que ya estaba cerca del clímax. Gerónimo también lo notó y aumentó la velocidad para hacerla llegar más rápido.
Gritando su nombre, se sujetó de sus hombros, mientras sus tensos músculos se relajaban y su respiración se calmaba. Es tan hermosa, pensó el Salvatierra, mientras se cercioraba de que no había quedado sordo después de su grito. Apartó su mano de ella, lamiéndola lentamente, mientras se fijaba en la forma en que fruncía el ceño y como abría la boca para recuperar el aire. El solo hecho de pensar que había sido él quien le había provocado todo eso, derrumbó cualquier barrera de autocontrol que había podido sostener hasta ese momento. Casi con desesperación, levantó su corta falda para que no le estorbara y acercó su miembro hasta la húmeda entrada de ella. Serena arañó fuertemente su espalda al sentirlo dentro de ella tan súbitamente, y su grito fue ahogado por la boca de Gerónimo sobre la suya.
Su cuerpo se acomodó rápidamente al suyo, siguiendo el mismo ritmo que él. Otro gemido fue ahogado cuando el chico comenzó a moverse más rápido, frotándose contra su cadera para amoldarse aún más en ella. Serena rápidamente perdió la noción del tiempo. Ella comenzó a gemir nuevamente el nombre de su amado entre cada violenta embestida y él no tardo mucho tiempo en hacer lo mismo. Serena se mordió los labios fuertemente cuando sintió que su segundo orgasmo se acercaba rápidamente, y arqueando la espalda hacia él, acercó sus labios a los del chico. Súbitamente sintió como su cuerpo se tensaba ante un fuerte espasmo, que se expandió por todo su cuerpo. Casi al mismo tiempo, Gerónimo se vino también, enterrando la cabeza entre su hombro y cuello, embriagado por la misma sensación de placer que ella. Pasaron unos instantes en silencio. Eso fue Intenso, pensaron los dos al mismo tiempo, jadeando aún, y buscándose con la mirada.