En el capítulo anterior: Luego de un largo viaje, Frances se encuentra por fin en su ciudad natal. Después de la perturbadora visión de James Mc. Dowell acompañado de la elegante Giselle Di Santo, se ve obligada a desandar el camino hacia Villa Véneto, su propia casa. Sin permiso de madame Margoth, allá se encontrará con muchos recuerdos. Además, con varias sorpresas. Una: un visitante de inolvidables ojos azules. La otra, aquella que habrá de cambiarle la vida para siempre...
REPORTE 006
Para: DEPARTAMENTO DE ACCIÓN E INVESTIGACIÓN POLICIAL
De: AUTORIDADES POLICIALES FRANCESAS. DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN CRIMINALÍSTICA
Asunto: REAPERTURA DEL CASO "HORTENSUA DE LA BARRIERE MC DOWELL" RESULTADOS SEGUNDO LLAMADO PARA RECUPERAR LOS FALTANTES DE LA EVIDENCIA. PAÍS: ALEMANIA
____________________________________________________________________________________________________
NUEVOS HALLAZGOS EN LA INVESTIGACIÓN DAN CUENTA DE LA EXISTENCIA DE UN MANUSCRITO DE CARACTERÍSTICAS SIMILARES A LOS YA ENCONTRADOS. ESTA VEZ, SE RECONOCIÓ UN LEGAJO EN ALEMANIA, DE DONDE FUE ENVIADO A FRANCIA PARA REALIZAR LOS ANÁLISIS CORRESPONDIENTES. ÉSTOS DIERON COMO RESULTADO UNA CORRELACIÓN ESTRECHA CON LOS LEGAJOS ANTERIORES, POR LO CUAL ÉSTE NUEVO HALLAZGO HA SIDO SUMADO A LA EVIDENCIA ANTERIOR. A CONTINUACIÓN, EL RELATO DE LA OFICIAL QUE EFECTUÓ ESTE DESCUBRIMIENTO:
El transcurso de la investigación nos llevó a Dresde, Alemania. Allí, en una mansión privada, nos encontramos con un hombre que asegura ser descendiente de la familia Bartolini.
Luego de la pertinente comprobación de lo anterior mediante una investigación minuciosa, pudimos comprobar que ese apellido se relacionó con la familia Bernolano Marquette en la década de 1870. Se trató de múltiples tratos comerciales que terminaron al desaparecer la mencionada familia italiana.
El citado descendiente de la familia Bartolini tenía en su poder un legajo con las características de los ya encontrados en las demás investigaciones. Se trata de un atado de páginas manuscritas que a juzgar por su antigüedad, están en buen estado.
Rastreando la historia del apellido Bartolini, se encontraron varias propiedades en Italia y Alemania que están avaluadas en varios miles de millones. En cuanto a registros de estas personas que tengan que ver con el caso, se encontró una mención en la oficina de registros de Clermont- Ferrand. Se trata de la referencia a un matrimonio que hubo de efectuarse en el pueblo. El registro está fechado en 1893. No hay noticia de los contrayentes, ni de alguna otra pista. Desde Alemania, se han dispuesto los recursos suficientes para seguir el rastro de estos registros, de modo que podamos saber de qué se trató.
Otro cabo suelto está bajo el apellido Von Aldrich, pero esta pista ha sido aún más difícil de seguir.
Nuestra investigación se ha extendido a Bavaria del norte, en la ciudad de Regensburgo, así como a la capital alemana. Cualquier resultado contundente será informado de inmediato.
Se envía, entonces, el legajo encontrado en Dresde, el registro y las pruebas encontradas de la investigación del apellido Bartolini en Italia y su relación con la familia Bernolano Marquette. Además, el rastreo de los datos encontrados en Francia y la comprobación del testimonio del actual dueño del legajo.
LUEGO DE LOS MÚLTIPLES LLAMADOS EN VARIOS PAÍSES EUROPEOS, SE HA LOGRADO REUNIR VARIAS PISTAS SOBRE LAS PERSONAS NOMBRADAS EN EL MANUSCRITO QUE HA SERVIDO DE PRUEBA PARA REABRIR EL CASO.
SIN EMBARGO, SE EXTIENDE LA CONVOCATORIA Y SE PREPARAN LOS GRUPOS DE INVESTIGACIÓN PARA ESCLARECER LA HISTORIA CON AYUDA DEL MANUSCRITO.
SE ESPERAN LOS RESULTADOS DE LOS DEMÁS LLAMADOS.
A CONTINUACIÓN SE TRANSCRIBE LO ENTREGADO A LOS OFICIALES EN ALEMANIA.
Anexos: DIARIO DE FRANCESCA BERNOLANO MARQUETTE/ REGISTRO Y LAS PRUEBAS ENCONTRADAS DE LA INVESTIGACIÓN DEL APELLIDO BARTOLINI / RASTREO DE LOS DATOS ENCONTRADOS EN FRANCIA /COMPROBACIÓN DEL TESTIMONIO DEL ACTUAL DUEÑO DEL LEGAJO/ RESULTADOS PRUEBAS DE LABORATORIO DE NUEVA EVIDENCIA
Confidencial
_______________________________________________________________________________________________________
El corazón quería salirse de mi pecho, pero pude controlarlo. A la alegría inmensa de ver a monsieur James en mi casa, se sumó el temor de que él había descubierto mi secreto más íntimo. Y no sabía cómo iba a reaccionar ante él.
- ¡Frances!- al oír su voz confirmé que no me engañaba. Era él, sucio y confundido, en uno de los salones de mi casa.
- Monsieur - me levanté cautelosamente. Esta era una situación diferente. Él ya no era el amo- Disculpe mi atrevimiento, pero ¿Qué hace aquí?
Me miró como si encontrara todo aquello irracional. Yo bajé las escaleras y me quedé en el penúltimo escalón. Él siguió mirándome como si no consiguiera descifrar del todo la situación.
- ¿Qué parece que estoy haciendo?- Se sacudió el costado una última vez. Luego bajó el volumen de la voz y cambió el tono a uno más personal- Vine a buscarte
- ¿Buscarme? - me parecía irreal estar escuchando aquello- ¿A mí?
Explotó.
- ¡Sí, a ti!- parecía enfadado más consigo mismo que conmigo- ¿Es que acaso conozco a alguien más de esta casa?
Monsieur pareció percatarse de la apariencia de la estancia. Supe que quedó extasiado por la belleza de todo el ambiente.
- No, monsieur- contesté en medio de su contemplación- Pero debe entenderme. No creí que
- ¿Qué es esta casa?- me interrumpió. Bajó la mirada, de los techos decorados con dorado y carmín, a mis ojos. No sé si pudo determinar lo asustada que estaba- ¿Por qué estas aquí?
- Yo - había encontrado una respuesta coherente, aunque no me gustó del todo. Serviría para proteger mi secreto- Yo solía trabajar aquí de niña, monsieur. De ahí que conozca esta casa.
- ¿Aquí?- una nueva mirada alrededor. Parecía estar midiendo la importancia de los hechos.
- Sí, monsieur- me incliné en una reverencia fingida y para cuando me levanté, supe cómo distraer su atención- Thomazzio y yo trabajamos aquí hasta cuando cumplí los diez años.
Dio un respingo. Sabía que le interesaría aquello.
- ¿El chofer? ¿Lo conocías de antes?
- Sí, monsieur- dije, notando las chispas en sus ojos- Mucho antes.
- ¿Por qué no lo dijiste? Creí que
- Se lo dije a madame Margoth cuando fue pertinente- callé un instante y miré al piso. Luego lo miré a los ojos- Ella consideró que nadie más debía saberlo. Y así se cumplió.
- Me parece increíble- dijo él mirando aún los techos y la decoración- Todo ese tiempo que pasó
- Fue una disposición de madame, monsieur- cambié mi postura a una menos servil- Algún día, usted dispondrá de los asuntos de la casa justo como lo hace ella y tendrá derecho a saberlo todo. Pero por ahora, tendrá que someterse a sus reglas.
- ¿De quién es todo esto?
Hizo la pregunta quizá olvidando por un momento todo lo que había pasado con Thomazzio, la Hortensua y su familia. Estaba demasiado intrigado y no se esforzaba por ocultarlo. Era claro que mi casa había ejercido una fascinación en él y eso, secretamente, me hizo sentir orgullosa.
Me di cuenta de que en este espacio sólo existíamos él y yo. Y me entristecí al no poder decirle la verdad.
- Unos ricos hacendados la compraron hace mucho tiempo. Pero se conserva intacta.
- ¿Y por qué está vacía? ¿Los ocupantes están de viaje?
Lo miré agradeciéndole secretamente por esa respuesta que no se me había ocurrido. Asentí con la cabeza echando un vistazo alrededor y terminé en sus ojos, los cuales por fin se habían quedado fijos en mí.
- ¿Por qué huiste? dio un paso al frente, de modo que quedó más próximo a mí.
- Yo no huí, monsieur- dije- Madame me dio permiso para retirarme y así lo hice.
- ¿Y tenías que venir a este lugar tan extraño para retirarte?- reconocí un tono de reproche latente- A mí me parece que estabas evitándome de nuevo. No hace falta ser un genio para saber eso.
- ¿Evitándolo?
- ¡Sí, evitándome!- exclamó- Como lo has hecho todo el tiempo desde desde que murió el chofer.
- Se llamaba Thomazzio, monsieur- dije en un tono impávido- Y dígame. ¿Acaso existe alguna razón para que yo lo evite?
Me miró, irritado.
- Sé de sobra que piensas que fue mi culpa. Sé que crees que yo lo llevé allí para que muriera, pero en ningún momento fue mi intención. Yo no quise hacerle daño. Sí, estaba furioso, pero jamás pensé en terminar así. Y quiero que lo sepas, porque sin querer hice algo terrible.
Yo lo observaba con cierta desazón. Como siempre, intentaba remediarlo todo con sus disculpas afectadas. Pensé en que si hubiera sido tan humilde aquella vez, mi hermano no hubiera muerto.
- Monsieur debería pensar en las consecuencias antes de actuar. Mírenos aquí, en otra situación de disculpas. ¿No cree que sería mejor hacer las cosas después de pensar en si por hacerlas tendrá que disculparse luego?
Se quedó en silencio un instante. Pareció reflexionar sobre aquello.
Yo bajé la escalera del todo y me dirigí a la cocina. Creí que era suficiente.
- Entonces vas a seguir evitándome toda la vida, ¿cierto?
La voz de monsieur se oía realmente afectada. Yo me volví hacia él con una sonrisa nostálgica y quise nunca tener que irme.
- Toda la vida es mucho tiempo- dije- Tal vez sea un poco menos
- Frances, no puedo soportar esto- dijo- la culpa me tiene agobiado y es la razón por la cual estoy aquí. No puedo tolerar que sufras. Así sea evitándome, quiero que sepas que no quise hacerle daño a nadie y que lamento lo que sucedió. ¿No crees que, aunque debí preverlo es bueno presentar disculpas sinceras luego de hacer las cosas que salieron mal?
- Monsieur
- Shh- dijo, volviendo a alcanzarme, esta vez llegando mucho más cerca de mí- Vine a Italia porque me siento terriblemente culpable del sufrimiento de muchas personas. Por mí, alguien murió y no sé cómo remediar ese dolor. Permíteme enmendar mi error, y no volveré a aparecer en tu camino. Lo juro.
Lo miré a los ojos, enmarcados en el fabuloso salón de mi casa. Me parecía increíble estar allí, en su compañía y con ese fabuloso propósito. Le sonreí y alcancé su mano, cuyo brazo estaba metido en una chaqueta cubierta de tierra y que olía a humedad.
- Nada va a devolverlo a la vida, monsieur- dije- pero apreciaré el que trate de remediar el dolor que causó.
Sonrió luminosamente.
- Créeme que seguirte hasta aquí y pasar por ese túnel del infierno fue lo mínimo
- Ý a todas estas ¿Por qué me siguió, monsieur?
- Pensé que era la única oportunidad que tendría de hablarte a solas y la conversación en el salón no fue muy animada que digamos. Giselle dijo algo inapropiado sobre las mucamas, yo la contradije, y me gané un regaño- rió- Tuve que pasarme el resto de la charla intimidado, cuidando cada una de mis palabras Salí al patio y te vi salir. Te seguí, pero tu coche se perdió de vista y duré buen tiempo buscándote. Cuando llegué, encontré ese muro fuera de lugar y luego la puerta del túnel creo que me perdí dentro de él, pero bueno. Aquí estoy.
- ¿Todo por algo ofensivo contra las mucamas?
- Bueno, sí supongo que he aprendido a ser más educado
No pude evitar emitir un suspiro. Oyéndole, pensé que nada podría interrumpir aquel bello momento.
Le sonreí y lo insté a seguirme hasta la cocina, para salir de allí. De pronto, se oyeron unos pasos extraños que entraban al salón.
Cuando nos volvimos, una figura inesperada ocupaba un lugar en la habitación.
- Disculpen, pero es propiedad privada Tendrán que identificarse.
Era un hombre elegantemente vestido con un traje gris. Llevaba un arma en la mano mientras con la otra nos señalaba.
- Ya nos íbamos- dijo monsieur James
- Sí, signore caminé hacia delante para poder ver de cerca su rostro- Disculpe la intromisión, pero
Cuando estuve lo suficientemente cerca, el hombre dejó de señalar y su mirada reflejó sorpresa. Mudó de color de inmediato mientras mostraba la palma de la mano, en señal de que me detuviera.
- No se moleste, signorina Tal vez pueda ofrecerle un coche para que regrese a su casa.
Me sorprendí.
- ¿Qué? Pero si no nos conocemos
- Tal vez sí nos conozcamos, sólo que no me recuerda- miró a monsieur James y luego volvió a posar sus enormes ojos negros en mí. Era igual de alto a monsieur y a juzgar por su apariencia, tendría unos cincuenta años- Vengan conmigo, les ofreceré transporte. No es conveniente que estén aquí. Cerraré la casa y enviaré la guardia porque tuvimos noticia de un intento de robo. Acompáñenme.
Insté a monsieur a hacer lo que decía. Cuando salíamos por la puerta principal, le pregunté al extraño su nombre y lo que hacía allí.
No sé por qué al oírle, algo reaccionó en mi memoria.
- Hans Bartolini, encargado de la casa y amigo de la familia
Obviamente, la sorpresa no se hizo esperar. Cuando la servidumbre de la Casa del Sole se percató de la llegada de monsieur James y la mucama de madame en un carruaje extraño, el aviso a Margoth Mc. Dowell fue inminente.
Ya había pasado la hora del almuerzo y los señores se encontraban realizando la siesta. Sin embargo, eso no fue impedimento para que salieran a recibirnos y comenzaran las reacciones.
- James, querido. ¿En dónde te metiste?
La más impresionada fue la signora Di Santo. Ella y sus hijas, sobretodo la encantadora Giselle, se conmocionaron por el aspecto de monsieur y alegaron para que él fuera atendido rápidamente por la servidumbre.
En mi caso, madame Margoth observó cautelosa y fríamente mi aspecto, que no era el mejor. Bajo su mirada, examiné la tela desgarrada del costado de mi falda y los guantes hechos trizas que por acción de los matorrales habían dejado expuestas mis manos a aruñetazos transversales que no pude ocultar por más que lo deseé. Además, tenía encima una capa de polvo y tierra seca igual a la de monsieur James y eso no mejoró la situación.
Por su gesto, pude saber que me regañaría. Sin embargo, el hombre de gris, cuyo carruaje aún estaba parqueado al frente de la puerta principal, dio un paso al frente, hizo una reverencia y pidió una conversación privada con madame.
Yo no sabía qué se proponía aquel hombre. Suponía que iba a denunciar la invasión de su propiedad privada ante mi tutora y que, por mucho, querría algo para desagraviarse.
Así, madame pidió permiso a los anfitriones para usar el estudio. Y me llamó para que fuera con ella. Yo pensé que era indolente. ¿Acaso no veía el estado en el que me encontraba? No era precisamente el traje para estar ante un invitado y me sentía mal por ello. Ya monsieur James había ido a arreglarse, en cambio yo, como una especie de castigo de parte de madame, debía permanecer sucia y maltrecha.
- Siga, signore. Es bienvenido. ¿En qué puedo ayudarle?- madame instó al hombre a sentarse en una de las poltronas donde antes habían estado las Di Santo con los herederos Mc. Dowell, ella también tomó asiento y yo me quedé de pie a su lado.
- Bueno verá, signora- el hombre tenía un fuerte acento alemán, a pesar de que sus maneras eran italianas- Se trata de esta joven
- Ah, sí, claro- dijo madame, interrumpiéndole. Tal vez queriendo evitar una vergüenza que luego me resultaría cara- Esta niña siempre anda metiéndose en líos. ¿Qué hizo esta vez y qué puedo hacer para aminorar su ofensa?
Me sentí terrible. Justo como una delincuente. El hombre me observó de manera dulce y luego se dirigió a madame.
- La verdad es que no estoy ofendido. Más bien, diría que estoy algo emocionado e intrigado.
El semblante de madame cambió. Pareció interesada.
- ¿Puedo saber por qué?
- Mi nombre es Hans Bartolini y hago las veces de vigilante de una propiedad llamada Villa Veneto. No sé si la conozca.
Una mirada de reojo de madame me hizo saber que sí sabía de qué le hablaban.
- Villa Veneto sí, me parece haber oído de ella
- Bueno, se compone, entre otras cosas, de una magnífica casa y unos jardines exquisitos. Perteneció a mi buen amigo Antonelli Bernolano, quien murió hace varios años ya- Madame asentía. Yo no podía creer aquello- La historia es larga, y no es pertinente que entremos en detalles ahora, así que iré al punto. madame inclinó la cabeza para que el signore prosiguiera. Yo no podía aguantar la tensión que me embargaba- Mi amigo Antonelli tenía una hija. La única que quedó luego de su desafortunado fin y el de los suyos. Se trataba de una niñita curiosa y tierna, que quedó en manos de la hermana de mi amigo. No la volví a ver desde entonces. Sin embargo, me era preciso encontrarla, porque tengo algo que decirle.
Madame y yo estábamos en silencio. Ella farfulló una respuesta.
- ¿Y cuál es la razón de que me esté contando esto, signore?
Él me observó con una media sonrisa y luego volvió a posar sus ojos sobre el rostro de madame.
- Después de mucho tiempo, creo que he encontrado a la hija de mi amigo Antonelli.
- ¿Ah, sí?- inquirió ella
- Sí, creo que está justo detrás de usted en este momento
Mi labio inferior temblaba. No reconocía a aquel hombre, y sin embargo él sabía mucho de mí. Me impresionó su reconocimiento. No supe a dónde me llevaría aquello.
- Signore - madame trató de insinuarle que se equivocaba, pero él tenía certeza en su apreciación.
- Francesca, querida- de pronto, él se dirigió a mí con toda la confianza de saberme su buscada- No me queda la mínima duda. ¿Verdad que eres tú la hija de Antonelli Bernolano y Catherine Marquette?
Yo miré a madame y no supe qué hacer. ¿Qué implicaba que alguien más supiera mi secreto?
- Bueno, yo sé que eres tú. He guardado tu retrato todos estos años y te reconocería a kilómetros- dijo él- Me encanta saber que estás bien y bajo la tutoría de esta elegante y distinguida dama Sin embargo, creo que eso ha llegado a su fin.
- ¿Qué, signore?- dije, por primera vez en toda la conversación- ¿De qué está hablando?
- Verás, Francesca- dijo, poniéndose de pie y acercándose a mí- Tu padre quería el bien para ti. Debes saber que fuimos amigos y socios durante muchos años, y que te conozco desde que naciste. Es por eso, tal vez, que me encargó una misión muy importante: llegado el día, yo debía hacer efectivo el contrato que ambos firmamos para que mi hijo y tú contrajeran matrimonio. Te he buscado para eso, y ahora que te encontré no puedo esperar
Sentí como si una nube invadiera mi mente. Pronto, la habitación comenzó a rodar a mí alrededor. ¿Qué? ¿Contrato de matrimonio? ¿Con el hijo del desconocido que, obviamente, era el que mantenía mi casa en buen estado?
¿En qué estaba metida?
- Así que de eso se trata- dijo madame, poniéndose de pie también- ¿El padre de esta muchacha firmó un acuerdo de matrimonio con usted para casarla con su hijo?
- Sí, en resumen es eso- asintió él- Cuando la vi hoy en la casa, supe que era ella y que mi tarea estaba por terminar. También supe que tendría que remitirme a su tutora, para poder hacer efectivo todo el trato.
Yo los miraba a los dos, atónita. ¿Cómo no había sabido eso antes? ¿Si era tan conocido, por qué mi tía no me lo dijo? ¿Qué se proponía mi papá al firmar un acuerdo de matrimonio con uno de sus socios?
- Protección- dijo el hombre, aún conversando con madame- Creo que ambos lo hicimos con ese propósito. Eran tiempos buenos, pero sin duda, sabíamos que se acabarían. La muchacha no podría estar sola y mi hijo necesitaría una esposa Ahora que la he encontrado, necesito su autorización para hacer efectivo el trato.
- ¿Qué?- exclamé, sintiendo que me habían dejado atrás, justo como el día en que mi tía me había dejado en la Hortensua- Madame, no estará pensando en
- Me desobedeció, y ahora ha traído a casa una cuestión más de la que debo ocuparme- dijo ella, en tono de regaño- ¿No cree que sería bueno para su futuro? Después de todo, usted no es una mucama, y algún día tendría que asumir su verdadera posición.
Yo la miraba, incapaz de reconocer su gesto. Estaba angustiada, porque presentía que iba a ser vendida de nuevo.
- Madame, por favor. No puede hacer eso, yo no estoy de acuerdo ni siquiera sé quién es este hombre. ¿Y si miente?
- Claro que no miente- dijo ella, mirando al hombre, quien me sonreía a su vez, algo paternal- Nos ha traído la solución a todos nuestros problemas. ¿No le gusta? Ya no más trabajo de mucama, ya no más intrigas, ya no más mentiras. Podrá casarse, ser reconocida como una dama y lo que más quiere: volver a casa. ¿No cree que es fabuloso?
Obviamente no. Quería un futuro, sí. Pero mis propósitos eran otros. Me pareció que aquello era una venganza de madame porque yo estaba contando con su nieto preferido para compartir mi futuro. No podía permitir que todos mis anhelos se destruyeran con un matrimonio acordado.
Recordé lo que había pensado en casa, aquello de ser educada para complacer a un marido no pude creer que aquello me estuviera sucediendo.
- ¿Entonces, signora, signorina?- me extrañó que el hombre me mencionara. Me parecía que mi opinión era obvia- ¿Qué podemos hacer con este asunto?
- Yo creería que podemos hablarlo- dijo madame, mirándome- Sería una gran alegría el que Frances volviera a casa y se estableciera en un hogar digno. Además, no debe ser tan malo si fueron los designios de su padre
Mi padre querría la felicidad para mí. ¡Esto no era la felicidad! Claro, él no conoció a monsieur James, ni se imaginó que existiría, pero era obvio que había pensado que aparecería un hombre en mi vida a quien yo querría por encima de todo. Y también era obvio que yo iba a escogerlo. ¿Por qué habría entonces de acordar un trato con alguien que yo nunca había visto?
- Mañana, signore- dijo madame, sin tomar en cuenta ninguna de mis silenciosas reacciones- Lo atenderemos luego de un asunto que atenderemos en el cementerio de la ciudad.
Hans Bartolini había tomado su sombrero y se encaminaba hacia la salida. Sin embargo, al oír los del cementerio se sobresaltó, igual que yo.
- ¿El cementerio, signora? ¿Acaso ocurrió algo lamentable?
- Obviamente- dijo ella, sin detenerse en su propósito de guiarlo a la a puerta- ¿Qué más puede aguardar un sitio de esos? Lo esperaremos allí a las doce del día. Sea puntual, por favor.
Madame abrió la puerta y pidió a una mucama que pasaba por allí que acompañara al visitante a la salida. Entretanto, yo seguí sobresaltada por lo último que había dicho. Le pedí una aclaración en tono sumiso y ella me respondió, cortante.
- Estaba esperando que regresara de dondequiera que se había metido para avisarle que la ceremonia será mañana. Ya todo está listo.
Yo miré a mí alrededor, las lágrimas escociendo mis ojos.
- Espero que esté contenta- volvió a decir- Me ha traído más problemas, todo por no poder acometer una orden. ¿Era mucho pedirle que permaneciera en la casa por un tiempo? Ahora tendré que lidiar con esto también.
- Usted dijo que podía retirarme. No especificó ningún lugar, que yo recuerde.
Se volvió, iracunda.
- ¿Es que acaso tengo que especificarle cada una de las órdenes que le doy? ¿Qué clase de signorina es usted, que no puede entender nada de lo que le digo? ¡Cuando yo doy una orden, espero que quien la recibe tenga la mínima capacidad para entenderla con TODO lo que implica!
Su grito se oyó en todo el recibidor. Aún sostenía la puerta abierta en sus manos y aún cuando había gritado hacia dentro del estudio, estuve segura de que muchos la oyeron regañarme.
- Y lo que no tolero, es que haya arrastrado a James a su tonta aventura por Vicenza el que usted no entienda lo que le ordeno, es natural. Pero él sí es inteligente, y no se merece estar metido en sus líos.
La miré, indignada. Estaba insultándome y pretendía que permaneciera sumisa, como la mucama que no era.
- Para su información, madame- hice una venia, encolerizada- Yo no lo arrastré a mi tonta aventura ¡Fue él quien me siguió! Y entonces, creo que tampoco es muy inteligente. ¡Porque sí era su obligación permanecer aquí! ¡No es mi culpa que me hubiera seguido! Aunque no lo culpo por querer irse
A esas alturas, madame estaba furiosa. De pronto, monsieur James y monsieur Joseph aparecieron. Venían alarmados, tal vez porque habían oído la discusión y querían remediarla.
- Es una atrevida- dijo madame entre dientes antes de que los herederos estuvieran lo suficientemente cerca- Su insolencia le costará caro
- No puede ser más caro de lo que ya ha sido- dije, levantando mis faldas con las manos ardiéndome a causa de las pequeñas heridas- Ya nada me impresionaría, viniendo de usted
Me marché, rauda, antes de que los herederos pudieran preguntarme nada. Pasé por en medio de los dos y corrí a resguardarme al espacio que había para mí en un rincón del cuarto de madame. No sabía cuánto más podía aguantar. Se avecinaba el entierro de la única persona que me quedaba en el mundo, y además, tendría que afrontar un matrimonio que yo no deseaba contraer, aunque mi padre lo había querido así.
- ¿Estamos en problemas, verdad?
Dos horas después, monsieur James apareció en el balcón desde el cual yo admiraba a Vicenza. Ya me había puesto el uniforme de mucama de nuevo y hacía minutos me habían enviado fuera de una reunión que tenían madame y los anfitriones.
Supuse que el heredero se había escapado de nuevo y traté de instarlo a volver. Él no me escuchó.
- No puedo estar allá sabiendo lo que ocurre aquí. Dime, ¿Estamos en problemas?
Lo miré, entristecida.
- Cualquiera que sea el problema, es mío, monsieur. Ahora vuelva a la reunión, o tendré más de qué preocuparme luego.
Él me obligó a mirarlo tomando mi barbilla y orientándola hacia él.
- No volveré hasta que me digas qué fue lo que pasó allá adentro
- ¿Qué cree que pasó? Aquel hombre me reconoció, y vino a ofrecerle un trato a madame. Ella está furiosa porque me fui más lejos de lo que me permitió en un principio y porque le traje un asunto más del cual preocuparse. Además, dijo que no debía inmiscuirlo a usted en esto. Y créame que estoy dispuesta a hacerlo, si así no me gano más insultos y problemas.
- ¿Te insultó?- dijo él, evidentemente preocupado
- ¡Claro que sí, como todo el mundo en su familia! Pero ni yo soy una relegada que no puede defenderse, ni usted es mi salvador, así que le ruego que deje esto como está. ¡No necesito más problemas! Ahora vuelva a la reunión, por favor.
- ¿A qué vinieron, Frances?- dijo, de pronto- Sé que esto no es una visita de familia. Mi abuela no acostumbra a viajar con sus mucamas y menos a visitar a este lado de la familia. ¿Qué están haciendo aquí?
- Monsieur, aunque no lo parezca, esto es una visita de familia y usted hace parte de ella. Así que tiene que estar reunido con todos, como es debido- lo miré y sonreí, irónica- Su abuela es capaz de cualquier cosa si ve que estoy metiéndolo en mis asuntos. Por favor, vuelva allá. Es lo único que le pido
Me miró, resignado. Asintió lentamente y caminó hacia adentro.
Cuando ya se había alejado unos cuantos pasos, se volvió.
- Mañana en la mañana saldremos a pasear con las Di Santo. Espero que a la abuela no le moleste dejarte ir con nosotros
Me sobresalté. ¡Ir con él a pasear, no como una mucama sino como yo misma! De inmediato recordé a Thomazzio y el cementerio. Bajé la mirada.
- No puedo, monsieur. Mañana madame tiene un compromiso muy importante y no va a dejarme ir a ningún lado.
Pude adivinar algo de pesar en su gesto.
- Oh, está bien- dijo- Pensaba ofrecerte mi ayuda, por si acaso mi presencia había importunado en algo, pero veo que estarás muy ocupada.
Subí la mirada y traté de remediarlo, pero ya era tarde.
- Ya sabe que mi vida está determinada por lo que diga madame.
- Sí yo diría que demasiado Y si no confías en quienes tienes alrededor, vas a estar así para siempre.
Lo miré irse, triste.
Luego me volví hacia el paisaje, que ya empezaba a oscurecerse por los tintes de la noche en el cielo. Saqué de entre los encajes del cuello del uniforme la gargantilla que Thomazzio me regaló en navidad.
La miré, nostálgica y sonreí al pensar que él la había tocado también. No pude evitar pensar que la última vez que había visto la ciudad él había estado vivo. Y suspiré. No sabía cuánto podría aguantar sin él.
____________________________________________________________________________________________________
UN DÍA DE LUTO Y DOLOR.
UNA LARGA VIDA DE OBLIGACIÓN.
LLEGA EL MOMENTO DE ASUMIR UN COMPROMISO INELUDIBLE.
Y COMPROMISO NO SIEMPRE SIGNIFICA AMOR.
En 2009, las princesas también lloran.
Capítulos 100% originales, sólo en:
http://www.network54.com/Forum/598171
Los mejores momentos:
http://grandeswebnovelas.foroactivo.net/la-princesa-de-un-corazon-f46/
http://webnovelasursu.creatuforo.com/la-princesa-de-un-corazon-por-la-directora-foro90.html
Porque la vida usualmente no es como el color de las rosas...