REPORTE 002
Para: DEPARTAMENTO DE ACCIÓN E INVESTIGACIÓN POLICIAL
De: AUTORIDADES POLICIALES FRANCESAS. DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN CRIMINALÍSTICA
Asunto: REAPERTURA DEL CASO "HORTENSUA DE LA BARRIERE MC DOWELL" INICIO DEL PROCESO DE SEGUMIENTO A TESTIGOS Y RELACIONADOS CON EL CASO.
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CON EL OBJETIVO DEL CUMPLIMIENTO DEL PLAN DE TRABAJO TRAZADO POR ESTE MISMO DEPARTAMENTO, SE HA HECHO OFICIAL EL INICIO DEL PROCESO DE SEGUIMIENTO A TESTIGOS.
COMO ES DE SUPONERSE ES IMPOSIBLE CONTACTAR A TESTIGOS DIRECTOS DEL SUCESO. SIN EMBARGO, EL DOCUMENTO EN EL CUAL SE HA BASADO LA REAPERTURA DEL CASO HA ARROJADO PISTAS PARA INICIAR UN SEGUIMIENTO A LAS PERSONAS QUE MENCIONA.
ES EL CASO DE LOS SUJETOS IDENTIFICADOS COMO: _AUBRUN DE FRANCIA_, ESPOSO DE MARGOTH MC. DOWELL, ENCARGADO DE LOS NEGOCIOS DE LA FAMILIA EN PARÍS. SOLÍA ADMINISTRAR UNA FRUCTÍFERA EMPRESA VINÍCOLA, UNA OFICINA DE ASESORÍAS LEGALES Y UN PERMANENTE COMERCIO MARÍTIMO DE DONDE SALÍAN LAS MERCANCÍAS PARA UNA EXCLUSIVA TIENDA QUE SOSTENÍAN CON MÁS DE SEIS SUCURSALES EN EUROPA. ALGUNAS DE ELLAS EN PORTUGAL, POLONIA Y AUSTRIA, DONDE RESIDÍAN SUS HIJOS, QUIENES LAS ADMINISTRABAN. LUEGO DE SU MUERTE, SU ESPOSA TOMÓ LAS RIENDAS DE LOS NEGOCIOS APOYADA EN DOS DE SUS NIETOS, QUIENES SEGUÍAN LA CARRERA ADMINISTRATIVA EN UNA RENOMBRADA UNIVERSIDAD EN PARÍS.
_JACQUES MC. DOWELL_, FUE IDENTIFICADO COMO EL HERMANO DE MARGOTH MC. DOWELL Y ESPOSO DE ANNETTE CHAUCER. LA EMPRESA VINÍCOLA DE LA FAMILIA ESTUVO EN SUS MANOS DESDE SU FUNDACIÓN Y SUS CONTINUOS VIAJES Y TRATOS CON EMPRESARIOS EXTRANJEROS LA HICIERON CRECER MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS FRANCESAS. NO SE TIENE NOTICIA DE DESCENDENCIA ALGUNA. TENÍA PERMANENTES CONTACTOS COMERCIALES CON SUS SOBRINOS. SU PISTA SE PIERDE DEFINITIVAMENTE SIETE AÑOS DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU CUÑADO.
_ANNETTE CHAUCER DE MC. DOWELL_, APARECE EN LOS REGISTROS DE LA PUEBLO COMO LA ADMINISTRADORA DE LA CASA CAMPESTRE DE LA FAMILIA MC. DOWELL, LA HORTENSUA DE LA BARRIERE. A LA EDAD DE DIECISIETE AÑOS CONTRAE MATRIMONIO CON JACQUES MC. DOWELL Y DEJA SU NATAL BESANÇON, CAPITAL DE DOUBS, DEPARTAMENTO DE FRANCIA. A LA MUERTE DE AUBRUN DE FRANCIA SE CONVIERTE EN LA ASESORA FINANCIERA DE MARGOTH MC. DOWELL. SE LE CONOCIÓ COMO UNA MUJER ADELANTADA A SU TIEMPO, ESTUDIOSA Y CONOCEDORA DE LOS PRINCIPIOS DE ECONOMÍA Y FINANZAS. SE DICE QUE GRACIAS A ELLA LOS NEGOCIOS DE LA FAMILIA CRECIERON MUCHO MÁS.
_ADAM MC. DOWELL_, FUE IDENTIFICADO COMO EL SEGUNDO HIJO DEL MATRIMONIO ENTRE MARGOTH MC. DOWELL Y AUBRUN DE FRANCIA. ADELANTÓ ESTUDIOS ADMINISTRATIVOS Y SE ENCARGÓ POR UN TIEMPO PROLONGADO DE LA SUCURSAL DE LA TIENDA DE ARTÍCULOS IMPORTADOS EN POLONIA. A SUS 21 AÑOS CONTRAJO MATRIMONIO CON ELAINE CHEVALIER. EN LA INVESTIGACIÓN SE ENCONTRÓ UN COMPROMISO CON MARIE DE HORNEAU, LA HIJA DE UNOS CONDES DE LIMOGES. NO SE TIENE REGISTRO DE LA RAZÓN DE LA CANCELACIÓN. ESTÁN PENDIENTES MÁS DATOS DE UNA INVESTIGACIÓN QUE SE ESTÁ ADELANTANDO EN ESTE MOMENTO.
_ELAINE CHEVALIER DE MC. DOWELL_, ESTÁ REGISTRADA COMO ESPOSA DE ADAM MC. DOWELL DESDE LOS 19 AÑOS. NACIÓ EN CLERMONT FERRAND Y SE DESEMPEÑÓ COMO COMERCIANTE DE PRODUCTOS COMESTIBLES HASTA POCO ANTES DE SU MATRIMONIO. LUEGO SE DEDICÓ A OBRAS FILANTRÓPICAS Y MECENAZGOS PARA ESCRITORES Y PINTORES JÓVENES. PROVENIENTE DE UNA FAMILIA CAMPESINA, SE CONVIRTIÓ EN UNA DE LAS DAMAS MÁS RESPETABLES DE LA SOCIEDAD DE LA ÉPOCA. AL IGUAL QUE EN LO REFERENTE A ADAM MC. DOWELL, ESTÁN PENDIENTES MÁS DATOS.
TAMBIÉN SE HA HECHO UN PRIMER RECONOCIMIENTO DE LA CASA Y SE HAN ENCONTRADO ALGUNAS PISTAS QUE YA HAN SIDO ENVIADAS AL LABORATORIO FORENSE.
SE HAN INICIADO INVESTIGACIONES VARIAS CON EL OBJETIVO SE SEGUIR LAS PISTAS DE LOS PERSONAJES NOMBRADOS EN EL DOCUMENTO ENTREGADO A LAS AUTORIDADES, EL DIARIO DE FRANCESCA BERNOLANO. LA PERSONA QUE LO FACILITÓ MANIFESTÓ PODER COLABORAR CON ALGUNAS PISTAS QUE SE SEGUIRÁN.
LOS RESULTADOS DE DICHOS SEGUIMIENTOS E INVESTIGACIONES SERÁN COMUNICADOS EN EL SIGUIENTE INFORME. POR LO PRONTO, EL DOCUMENTO SE SIGUE INVESTIGANDO.
Anexos: DIARIO DE FRANCESCA BERNOLANO MARQUETTE/ DOCUMENTOS RELACIONADOS CON EL SEGUIMIENTO DE TESTIGOS/ LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN A SEGUIR.
Confidencial
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- ¡Oh!- exclamé ante la sorpresa con mi siempre torpe francés- Buen día, monsieur Joseph. Disculpe, no me había dado cuenta - me incliné levemente.
- Tranquila, no llevo mucho aquí.- dijo- Buen día. ¿Vendrá alguien?
- Madame Margoth y Madame Annette se reunirán con las demás señoras a revisar las cuentas y a tomar el té. Quieren que todo esté perfectamente arreglado.
- Entonces tendrás que esforzarte mucho. Este cuarto no se ha visto arreglado en años- dijo con una sonrisa melancólica- Recuerdo que el abuelo decía que había alguna clase de maldición aquí, porque nunca estuvo tan arreglado como él hubiera querido.
Dicho esto, miró hacia el suelo, sin poder ocultar su tristeza.
- Siento mucho su pérdida, monsieur- dije, tratando de manejar la situación- No conocí mucho a Monsieur Aubrun, pero
- Y sin embargo resultaste metida en un embrollo peor que el que se desató con su muerte- interrumpió monsieur Joseph mirándome fijamente a los ojos- Ahora eres una beneficiada más del secreto de mi familia.
Lo miré con tristeza y me mordí el labio, lamentando profundamente haber estado ante esa puerta a esa hora y en esas condiciones.
- Lo siento, monsieur. Realmente fue un accidente, no quise hacerlo- respondí
- Lo sé- dijo melancólicamente, como si quisiera devolver el tiempo y evitar que yo lo supiera- Lo sé pero no puedo dejar de pensar - me miró a los ojos de nuevo y luego siguió hablando- En fin, no es tu culpa eres demasiado joven y estas cosas suelen ocurrir. Todas las familias adineradas tienen un secreto y ésta no podía ser la excepción ¿No?- preguntó, triste
- Yo no tenía derecho a saberlo, señor- dije, sumisa y apenada- Juro silencio. Jamás lo repetiré.
- Gracias- me sonrió y luego pasó y se sentó frente a la mesa- Aunque eso no es necesario, porque creo que el tiempo que tiene este secreto está contado. Muy pronto se sabrá la verdad.
Yo asentí y continué con mi labor. Me sentía terrible, pero tenía que seguir trabajando. Él me observaba sin decir una palabra, hasta que por fin volvió a hablar.
- Me he enterado de que entraste recomendada aquí unos meses antes de que regresáramos James y yo, Frances- dijo- la casa en pleno se pregunta acerca de tu historia, sé que eres muy reservada, pero ya que compartimos secretos...
Yo me detuve ante la porcelana de un querubín y volví a morderme los labios. Parpadeé dos veces mientras apretaba el sacudidor. Sí, compartíamos secretos y el suyo era terrible, pero me parecía que contarle mi historia era una venta descarada; de modo que si yo faltaba a la promesa de silencio, él tendría armas para atacarme a su vez. Era para su entera comodidad.
- Eh Monsieur- balbuceé apretando con todas mis fuerzas el sacudidor y volviéndome con una sonrisa, para que no notara mi nerviosismo desde donde estaba sentado- No sé cual sea su razón para creer que mi historia es un secreto digo, pasa todos los días familias pobres, muchachas solas, trabajos recomendados no hay ningún secreto en eso- de pronto, se me ocurrió algo- Un secreto, un verdadero secreto es el de una niña que termina siendo una mucama entre su propia familia, ¿No le parece?
Él sonrió pícaramente llevando su mano derecha a su mejilla, como disimulando la gracia que le causaba mi respuesta. Luego me miró y asintió con la cabeza, como si hubiera entendido fuerte y claro que no estaba dispuesta a contarle mis secretos porque tuve el infortunio de saber el suyo sin proponérmelo.
- Sí claro, supongo que tienes razón, Frances- dijo acomodándose en la silla, como si se dispusiera a quedarse un largo tiempo. Luego se quedó mirándome fijamente, como buscando la confianza que necesitaba para contar la historia que lo atormentaba a él y a su núcleo familiar- Un secreto como ese puede matar a alguien ¿Verdad?
Volvió a mirarme y yo asentí sin reflexionar mucho el sentido de la frase. Luego se echó hacia atrás y comenzó a contarme el secreto que podría hacer que la familia se desintegrara.
- El año en que Jenny llegó hizo más frío que de costumbre- dijo sin ningún matiz especial en la voz mientras se recargaba más contra el asiento- y a pesar del clima endemoniado, era una bebita hermosa. Tenía las mejillas sonrosadas y el cabello muy, pero muy rubio: toda una belleza sin embargo, papá y mamá no estaban muy contentos mamá lloraba mucho y papá intentaba calmarla- me miró por un momento y luego continuó- Todas las noches se encerraban en el estudio y discutían. Sin duda había algo malo con la bebé. ¿Quién podría imaginarlo? Era tan tierna y frágil que resultaba difícil pensar que había un problema con ella con el tiempo pensé que se trataba de alguna enfermedad o algo por el estilo; ya sabes, alguna cuestión infecciosa que la haría morir en poco tiempo, o una malformación, o cualquier otra barbaridad mamá solo la contemplaba y lloraba. Jugaba con ella y la trataba de maravilla, pero había algo que no estaba bien ¿Y sabes que no era algo de lo que te pudieras dar cuenta fácilmente?
- ¿No?- pregunté, intrigada
- No, claro que no. Solo cuando empezó a crecer - dijo él, con naturalidad mientras clavaba su mirada en la mía- No se parecía a mamá. Es más, ni uno solo de sus rasgos indicaban su parentesco.
Tuve la impresión de que abrí tanto los ojos que mis cejas llegaron a mi coronilla. Entonces eso era: Jennifer era una bastarda. Por eso debían ocultarla así fuera en su propia casa, sirviendo como mucama.
- Sí, sé que suena extraño, pero así fue- dijo él sin reparar que yo había parado de hacer mi oficio- Mamá jamás estuvo embarazada por segunda vez. Una comadrona llevó a Jennifer a nuestra casa poco después de su nacimiento. Aseguró que era hija de mi padre. Su madre biológica había muerto luego de darla a luz. Si no la recibíamos, su destino era un orfanato o un convento. Recuerdo que lloraba como clamando ayuda. Cuando mamá la tomó, dejó de llorar, como si finalmente hubiera llegado a casa.
- ¿En verdad?- pregunté, anonadada, ya sin ninguna intención de terminar de hacer el oficio.
- Sí, en verdad- dijo monsieur Joseph, riendo. Tal vez el recuerdo era agradable.
- Es una historia muy linda- dije, enternecida- Madame Elaine fue muy valerosa acoger así a una niña tal vez el fruto de una infidelidad
- Recuerdo que la tomó en sus brazos y le dijo a papá. No sé qué hayas estado haciendo, Adam, pero lo cierto es que esta niña necesita un hogar. Y no somos quién para arrebatárselo. Mucho menos si es una Mc. Dowell. No voy a cargar con la culpa de dejar a alguien tan indefenso sin un techo luego comenzaron las intrigas. Esa misma noche tuvieron que pagarle a la comadrona por su silencio. Ella aceptó con la condición de un buen trato para la niña. Mis padres nunca pusieron eso en duda, pero una vez solucionado el juramento de silencio de aquella señora, comenzaron a pensar en la forma como la sociedad vería aquello. ¿Sabes, Frances? Las sociedades del tipo en que acostumbra estar mi familia son muy duras. Seguramente iban a ser implacables con ella todas las noches, mientras crecíamos, mis padres discutieron aquello. Jamás podrían presentarla en sociedad. Mc. Dowell o no, siempre iba a ser una bastarda
Monsieur Joseph se mordió los labios. Sin duda era un término que detestaba usar para alguien que había crecido con él como su hermana. Una vez más me dije que estaba envuelta en un embrollo terrible.
- Hasta que un día, cuando yo tenía trece años y ella once, llegó un hombre a nuestra casa. Se trataba de un noble, que frecuentaba la ciudad cada cierto tiempo. No tuvimos tiempo de esconder a Jenny y pronto estuvo expuesta ante él y ante lo que podría decir más tarde en público.
- ¡Oh, no!- exclamé llevándome las manos a la boca.
Él continuó, con un mohín en los labios.
- Oh, sí allí estaba ese señor preguntándose qué hacía aquella niñita en nuestra casa, donde se suponía que yo era el único menor. Nunca nadie la había visto, pero cualquier excusa que inventáramos no sé que era familiar de alguien, que estaba de visita cualquiera, tarde o temprano iba a caer, porque era fácil comprobar lo contrario. Todos en esas sociedades se conocen y conocen sus respectivos nexos.
- ¿Entonces?- pregunté
- Entonces mi mamá, aquella que la había acogido en nuestra familia, dando por hecho que era una Mc. Dowell Chevalier como yo, tuvo que expulsarla con tan solo unas palabras Es la hija de nuestra mucama se puede decir que es nuestra mucama, porque cuando crezca va a ocupar el puesto de su madre-él me miró profundamente- ¿Lo entiendes ahora? Cuando ese hombre se encontró en sociedad, reveló la existencia de Jenny y ya nunca pudimos desmentirlo. Tuvimos que contarle a ella su propia historia y ayudarla a asumirla, siempre reiterándole nuestro amor y apoyo. Siempre que había visita, ella tenía que servirnos a nosotros, su propia familia. ¿Sabes lo humillante que fue eso?...
Monsieur Joseph perdió el hilo de su voz. Pronto sus ojos verdes se aguaron y tuvo que volver el rostro para que yo no pudiera verlo. Adivinaba que era terrible para él tener que contármelo. A mí, otra mucama como su hermana no se imaginaba hasta qué punto nuestras historias eran similares. Ambas éramos mucamas sin tener que serlo; ambas de núcleos familiares prominentes lejos de nuestros hogares y de lo que verdaderamente éramos.
Mientras tanto, el cuerpo entero de monsieur Joseph temblaba. Sus puños estaban encrispados, como si quisiera golpear a la vida por la injusticia.
- No tiene que continuar, monsieur- dije, adoptando el tono impersonal que me correspondía y tomando de nuevo el sacudidor, el cual a medida de la historia, había quedado olvidado sobre el escritorio- Es algo que sólo concierne a su familia y yo, por ese desafortunado accidente, no tengo por qué compartirlo. Juro silencio sobre la tumba de su abuelo. No me es necesario saber más.
Él me miró con los ojos completamente aguados y con cierta rabia, pero no conmigo. Tal vez se le venían a la mente muchos recuerdos dolorosos o examinaba las circunstancias actuales. Mirándome, era obvio que recordaba a su hermana. Ella estaba en esa misma casa luciendo el mismo uniforme negro y cumpliendo con las mismas obligaciones sin tener por qué hacerlo.
- De todas maneras no queda mayor cosa por contar- dijo él sin dejar de mirarme- La existencia de Jennifer y la forma cortés como trataba a los invitados que llegaban a nuestra casa se hizo célebre y llegó a oídos de mi abuela. Ella de inmediato pidió que la trajeran aquí para que formara parte del personal de servicio de su casa - Su voz se quebró dolorosamente- No tuvimos ningún argumento para negarnos tuvimos que traerla y ver cómo la convertían en una mucama. Ver cómo la reducían a una simple campesina, quebrantando su espíritu, tratándola como a un ente, invisible siempre para todos, sirviendo té y galletas Siempre soñé ser mayor y tener el poder para sacarla de aquí, anunciar al mundo que es mi hermana. Porque lo es, si no de sangre, por lo menos de crianza y corazón. Pero nunca ha sido posible no tengo ese poder. Al morir el abuelo se ha cerrado una gran oportunidad. Era tan comprensivo y bueno, que llegué a pensar que podía interceder ante él y así se lo dije a Jenny en mi última carta, un mes antes de su muerte. Ella se ilusionó tanto No pude menos que consolarla en un rincón a mi llegada al sepelio. Todo se ha destruido, Frances, la conversación que oíste era sobre eso. Mamá quiere que me quede callado, pero yo ya no resisto no soporto ver a la que creció conmigo actuando como la servidumbre simplemente no puedo.
Yo lo oía como en una ensoñación. Me parecía revivir cada cosa que me contaba. Me parecía estar oyendo una adaptación de mi propia historia. Tal sería la rabia de mis hermanos al ver en lo que me había convertido.
Apreté el sacudidor con fuerza y me quedé mirando al piso. No tenía una respuesta para semejante cosa.
- Debo agradecer tu silencio y abnegación - dijo, ya un poco más calmado, con ternura- Sé que fue horrible el encierro de la noche anterior y que tienes miedo. Pero nada más allá de eso va a pasarte. Puedes continuar tu vida tranquila el saber ese secreto no va a afectarte en nada. ¿Me hago entender? Sólo quiero disculparme por lo de anoche y no sé, tal vez llegar a ser buenos amigos
- Lo entiendo, monsieur- dije- Y no hay nada qué disculpar claro que podemos ser amigos- luego me ruboricé- De hecho, lo consideré mi amigo desde el primer día, cuando me salvó de su horrible primo. Sabía que en usted había encontrado a alguien más que a un patrón
De repente, la señora Bruce apareció en la puerta llevando consigo a monsieur James, Madame Annette y Madame Margoth. Me sobresalté y como pude terminé el oficio que se me encomendó. Las señoras y el joven pasaron y se acomodaron. Le preguntaron a monsieur Joseph si quería estar presente en al reunión y él contestó que había estado esperándolos. Todos se acomodaron y pronto la señora Bruce y yo quedamos sobrando. Nadie reparó en lo extraño que seguramente se había visto el que una mucama y un señor estuviesen charlando con tanta confianza y enteramente solos.
Por eso, tal y como lo había dicho monsieur Joseph, la señora Bruce y yo nos convertimos en seres invisibles. Sólo faltaba que pidieran té y galletas para completar la imagen.
- Frances, tráenos el té- ordenó Madame Annette cuando se sentó.
- Y las galletas- ordenó monsieur James, con algo de sorna.
- Por favor- dijo monsieur Joseph mirando con reprobación a su primo y a su tía abuela- ¿Qué las mucamas no tienen derecho a que se las trate como personas?
La última frase, que alcancé a oír justo antes de cerrar la puerta, me hizo sonreír.
Pero también entristecer. Seguramente si su hermana no hubiera sido una mucama como yo o como las demás, nunca hubiera abogado por nosotras discutiendo la forma en que se nos trataba.
Las personas sólo reaccionan a algo cuando les afecta directamente. De resto, pueden llegar a ser crueles con su indiferencia.
El trabajo fue arduo en esos días. Pasaron dos semanas y la pluma me fue esquiva a pesar de lo mucho que intenté tomarla. Apenas si tuve tiempo de finalizar mis quehaceres.
Por supuesto, el tema de Jennifer Langher y Monsieur Joseph quedó en un segundo plano. El trabajo me absorbió por completo.
Los días que siguieron al sepelio de Monsieur Aubrun fueron más lúgubres de lo que se podría imaginar. La casa estaba llena de gente que únicamente se reunía a comer en medio de un silencio sepulcral. Y comer es mucho decir, porque apenas si probaban sus platos.
La primera vez que sucedió tuve que contenerme para evitar el desecho de tal cantidad de comida. Me parecía increíble que los manjares que se preparaban cada noche tuvieran que ser desperdiciados, botados en la parte de atrás de la casa para convertirse en alimento de los perros de caza y de algunas aves que a veces solían rondar por allí.
Al ver tal cosa, le dije a Rose, la cocinera, que debíamos hacer algo. Ya muchas veces había ido al centro y me había percatado de toda la gente que pedía un pan por las calles aledañas al mercado. Le comenté acerca del ancianato de la ciudad y de cómo todas las mañanas los viejos extendían sus manos a través de las puertas y las ventanas para recibir alguna clase de alimento. Pensé que podía hacer una caridad y aprovechar la comida que se estaba desechando. No le iba a hacer daño a nadie.
Rose no lo tomó a mal y la señora Bruce aplaudió mi virtud. Ella también estaba algo consternada por ello y puedo decir que la alivió aquella alternativa. No era de buenos cristianos desperdiciar de esa forma el alimento.
A partir de entonces, todas las mañanas, el mensajero llevaba el recado al ancianato que decía que podían ir a la Hortensua a recoger comida para los ancianos. Aquello era mejor que desechar. Hubiera sido un pecado.
Sin embargo, mi virtud se volvió contra mí y me provocó nuevos problemas.
El invierno había entrado en lo más fuerte y el mensajero siempre hacía mucho ruido al salir y entrar por la puerta de la cocina.
En una ocasión, ocurrió que monsieur James se encontraba en el patio de la casa, velando por sus perros de caza cuando vio al mensajero irse, llegar de nuevo y luego al empleado del ancianato que se llevaba la comida. De inmediato fue a pedir una explicación a la cocina, donde nos encontrábamos Rose, Melanie, Celine, Marguerite, Èmile, Jack y yo.
Me encontraba cortando algunas cebollas y ajos para los condimentos, algo que Rose insistía no dejara de hacer, pues prácticamente era el secreto de la preparación de su suculenta comida.
De repente, como envuelto en una ráfaga de viento, vi entrar a monsieur James. Su rostro enfadado era algo que se me había hecho familiar, sin embargo, en esta ocasión algo me hizo presentir los problemas. En un mal movimiento, el cuchillo se me resbaló y me corté el pulgar justo cuando él comenzaba a hablar.
- He notado algunos movimientos extraños esta mañana- dijo con su francés rápido y cortante- ¿Será que alguien aquí me puede decir de qué se trata?
Yo traté de controlar la hemorragia con un pañuelo mientras la señora Bruce le indicaba lo que ocurría con la comida y el ancianato. Vi un brillo casi siniestro en los ojos del hombre, los cuales dieron una ronda por toda la cocina y se detuvieron, fríos y acusadores, en mí.
Precisamente en mí, la nueva mucama que acababa de cortarse y cuya sangre insistía en salir, por más que intentara detenerla.
- Tú- dijo, sentenciador- Creo saber que fuiste tú. ¿Y sabes por qué?- pronto, a pasos lentos, estuvo frente a mí. Nadie en la cocina se atrevió a detener su marcha- ¡Porque una idea como esa, sólo se le puede ocurrir a una pobre ignorante y campesina como tú!
Su grito fue estridente. Apreté mi dedo, no quería que viera mi sangre salir.
- ¿Qué pretendes? ¿Nutrir a todos esos malditos ancianos hambrientos con nuestra comida?
- Monsieur, la comida se estaba desperdiciando, yo- alcancé a contestar
- Tú nada- dijo él- Eres una ladrona, y haré que pagues por ello.
Dio la vuelta y se dispuso a salir. Todos estaban petrificados. Yo sabía que con una acusación así iban a echarme. Me quedaría en la calle, sin ninguna oportunidad de volver a encontrar un trabajo.
- ¡Monsieur!- dije torpemente mientras me aferraba a su capa de montar, antes de que saliera. De repente, me di cuenta que la sangre que emanaba mi dedo había impregnado la costosa prenda. Me detuve a mitad de camino, horrorizada.
Él se dio la vuelta y alcanzó a ver la mancha. Era una tela de color azul claro, por supuesto que la mancha relucía. Luego, sus ojos azules se posaron en mí, casi petrificada en la mitad de los mesones de la cocina.
- Lo siento, monsieur- dije, con un hilo de voz- yo sólo
En mi mente apareció el recuerdo de la noche en que ese mismo hombre me pegó. El dolor que había sentido por varios días y la prohibición que había hecho Madame Margoth. Conociéndolo, supe que en el siguiente instante la rabia lo dominaría y muy probablemente volvería a lastimarme. Cuando se volvió hacia mí casi pude presentir que estaba alistando su pesada mano para volver a descargar su furia en mi mejilla.
Pensé en que no quería ser lastimada de nuevo.
Pensé en que prefería irme de allí que volver a pasar por aquello.
Y mis músculos reaccionaron.
Volví sobre mis talones y como pude, salí corriendo. Rápidamente encontré la puerta de salida de la cocina que daba al patio y me escabullí a toda carrera. No supe si trató de seguirme, lo cierto es que pude oír cómo exclamaban mi nombre, tal vez buscando que no me infringieran un castigo tan fuerte.
Pero a mí eso no me importaba. Corrí todo lo que pude hasta que ubiqué la puerta de la bodega, que a su vez tenía una entrada desde adentro. Me metí allí, atravesé la bodega y luego la puerta interior. Salí a uno de los pasillos, cercano al cuarto de las mucamas.
Una vez en él, corrí por entre las camas. Cuando encontré la mía, me eché sobre ella tanteando el rincón. Allí encontré una de mis maletas.
La saqué con dificultad y la puse sobre la cama, luego la abrí y empaqué las cosas que tenía a la mano. Después fui al armario y encontré el vestido azul que llevaba cuando llegué a aquella casa. No lo pensé dos veces para sacarme el uniforme de mucama y entrar de nuevo en el viejo vestido que ni un pensamiento me había merecido en todo este tiempo.
Una vez puesto, me puse la capa negra que le hacía juego y que también había olvidado. Me solté el cabello e hice con él una trenza que me llegó hasta la cadera. Como mucama, tenía que andar con el cabello recogido en un aseñorado enlazado, pero ya no iba a ser mucama nunca más. O por lo menos no en esta casa.
Dejé el uniforme sobre la cama y cerré la maleta. Luego la cargué recibiendo punzadas de dolor de mi pulgar cortado. Corrí de nuevo y deshice el camino que había tomado antes.
Salí de la mansión. No hice caso de las advertencias de tormentas de nieve ni mucho menos de la de bandidos que asaltaban a las personas y los carruajes que se movían por la zona. Iba muy contrariada como para saber que me exponía al peligro cargando una maleta, sin ninguna clase de señal que dijera que era una empleada y no una señorita de la familia.
Y es que mi apariencia así lo denunciaba. Mi vestido era fino y en su tiempo había sido muy costoso, así como la capa. Cualquier ojo experto lo notaría de inmediato.
Y ese ojo experto pronto estuvo frente a mí.
Había empezado a nevar copiosamente. Ya llevaba cerca de media hora caminando. Había atravesado el patio de la mansión y luego me había ido por la parte posterior. Ya alcanzaba a ver algunos parajes diferentes. Buscaba con urgencia algún carruaje que me llevara hasta la estación de trenes y me sacara de aquella población y de la Hortensua. Recordaba vagamente el camino por el que mi tía me había llevado. Suponía que así mismo podía irme.
De repente, en medio de mi aventura, un hombre salió de la nada. Tenía el cabello castaño oscuro y una barba que le rodeaba la boca, espesa. Vestía de traje y me miró como preguntándose qué hacía una dama como yo por ahí.
- Mademoiselle- me saludó- Parece que lleva una carga muy pesada. ¿Necesita ayuda?
Hablaba un francés pausado y casi elegante.
- Yo -dije, tratando de encontrar las palabras adecuadas- Estoy buscando un carruaje para ir a la estación de tren.
- ¿Cómo? ¿Se va?- preguntó el hombre- Ah, ya entiendo. Usted no es de aquí. ¿De dónde es? ¿Italia?
- Monsieur- dije- Sólo necesito quién me lleve. No hay necesidad de entrar en detalles.
- Ah, mademoiselle, pero es una lástima que se marche. ¿Sabe? A mi no me gusta que la gente se vaya
- ¿Ah, sí?- dije apretando mi maleta y decidida a seguir caminando- Pues qué lástima
Seguí caminando. Pasé por delante de él y calculé que tenía unos treinta y tantos años. Aunque posiblemente la barba lo hiciera lucir mayor.
- A mis amigos tampoco
Oí su última línea como si hubiera estado metida dentro de un tubo, lejano. Lo miré, sonreí de sus ocurrencias y cuando miré al frente había cinco hombres delante de mí. El susto casi hizo que soltara la maleta, pero la aseguré y levanté la barbilla.
- Caballeros- dije, siempre con mi acento plano y rápido- Si tan sólo me permitieran seguir caminando
Quise seguir, pero ellos me cerraron el paso.
- Señores, yo
Pronto estuve rodeada. Los miré uno a uno y me mordí los labios, nerviosa.
- No tengo nada de valor, si es lo que les interesa sólo quiero tomar el tren.
Ellos rieron a carcajadas.
Eran bandidos, eso estaba claro. Lo que jamás imaginé era que fueran tan elegantes. Fácilmente habrían podido pasar por señores.
- ¿Cuánto tiempo va a durar esto, Monsieur?- me dirigí al que me había encontrado primero, éste se abrió paso entre los demás y me sonrió.
- Mademoiselle, tenemos todo el tiempo del mundo
- No, eso no es cierto- dije- El último tren saldrá a las cinco.
Él miró su reloj de bolsillo.
- Pues qué lástima, porque va a perderlo.
De repente, dos de ellos intentaron tomarme de los hombros, los otros me quitaron la maleta sin importar cuánto me esforcé por mantenerla conmigo. Cuando empecé a forcejear y ellos a tratar de obligarme para que siguiera caminando, los cascos de un caballo los sobresaltaron.
- ¿Será posible tanta mala suerte?- dijo el hombre que me había encontrado primero, quien me apartó de los demás para observarme- ¿Eres noble? ¿Una Mc. Dowell o algo así?
- ¿Qué importa eso?- escupí- Las personas merecen respeto sin importar que tengan o no un apellido. ¿Entiende? ¿Entonces, si soy pobre pueden hacer lo que quieran conmigo y si soy rica me dejan en paz? ¡El respeto no se compra! ¡Dígales que me dejen ir!
- Por eso, porque el respeto no se compra, es que cualquiera puede caer en este tipo de situaciones. No puedes comprar la salvación, mademoiselle.
Empecé a forcejear mientras el hombre intentaba divisar tal caballo que se oía. Con una señal, les dijo a los otros que me sacaran del camino, que me llevaran con ellos. Yo empecé a gritar y a forcejear, pero ellos eran mucho más fuertes.
La nevada se incrementó. Y los hombres prácticamente me llevaron alzada hasta un grupo de árboles tupidos por donde se entraba a un bosquecillo que luego de varias leguas se convertía en un bosque intrincado y grande. Pude oír que el caballo llegaba cerca, pero mis gritos seguramente no podrían alcanzar a su jinete.
Pensé en la Hortensua y en que Melanie y la señora Bruce ya se habrían dado cuenta de mi huida. Imaginé que enviaban gente a buscarme, luego abrí los ojos y descubrí que acababa de dejar abandonado mi trabajo y que no merecía que me buscasen.
Cuando quise saber por dónde íbamos, vi varias trampas para animales, hoyos de mucha profundidad, cubiertas de hielo. Quise advertirles, pero ellos lo tomaron como una nueva gritería y se concentraron en hacerme callar mientras caminábamos. De repente, en medio de los árboles y la nieve, el mundo entero desapareció en una bruma muy, muy blanca...
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FRANCES HA CAÍDO EN UNA TRAMPA MORTAL.
PERO PRONTO LLEGARÁ AQUEL QUE SOÑÓ:
ESE HOMBRE QUE HARÁ LO QUE SEA NECESARIO PARA DEFENDERLA.
Próximo capítulo, la llegada de un aliado.
No te pierdas NI UNA SOLA LÍNEA del capítulo 5.
Si lo haces, te podrías arrepentir...
Sólo en:
http://www.network54.com/Forum/598171/
Porque usualmente la vida no es del color de las rosas...
... y menos para aquellos que se arrepentienten de no hacer las cosas a su debido tiempo...