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CAPÍTULO 5: "THOMAZZIO L. BERNOLANO MARQUETTE. UN SECRETO A PUNTO DE REVELARSE" C.E.S.T.

March 2 2008 at 11:35 PM
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- Está herida, su mano está sangrando. ¡Te dije que la trataras con cuidado!
- Resbalamos esas malditas trampas están cubiertas de nieve, no pude verlas. Se me cayó, se pegó en la cabeza.
- ¡Demonios! ¿Y si es de los Mc. Dowell? ¡Hay que irnos!
- ¡No podemos irnos no podemos dejarla así!
- ¡Te digo que nos vayamos! Ya van a encontrarla seguro que sí.

Oí aquella conversación en medio del aturdimiento. Oí los pasos apresurados que se alejaban y luego empecé a sentir mucho sueño. Traté de abrir los ojos, pero se me cerraron. Los párpados se me cayeron, pesados, y me dormí.
No fue un sueño normal. En él apareció mi familia en pleno. Solía recordarlos con el pasar de los días, pero esta vez fueron tan reales que pensé que toda la vida en la Hortensua había sido una pesadilla sin importancia.
Allí estaban mi mamá, mi papá y mis cuatro hermanos. Allí, sonriéndome y acogiéndome en un bello lugar completamente blanco.
Mi mamá se llamó Catherine Marquette III; mi padre, el Signore Jacobo Antonelli Bernolano. Eran dueños de un vasto territorio en Vicenza, Italia; cerca de los Alpes. Por eso, desde pequeña me acostumbré a la majestuosidad de los paisajes, a caminar por entre valles rodeados por aquellas inconmensurables montañas y, sobretodo, a disfrutar de la libertad total que en ese entonces tenía.
Así las cosas, mi vida se repartía entre tardes de juegos con mis hermanos y grandes fiestas celebradas en la casa de la familia.
Villa Véneto, como se llamaba nuestra casa, era muy grande. Tenía ventanas inmensas que daban a los más hermosos jardines. En la parte posterior había un patio grande, y dentro de la casa, había más de veinte salones. Mi preferido era El salón rojo en cuyas paredes estaban las pinturas de todos los miembros de la familia por separado. El techo, los muebles, las cortinas y la alfombra eran rojos con dorado. En el centro del salón había una chimenea blanca sobre la cual reposaba un gran espejo.
También había un amplio recibidor de paredes blancas, adornado con elegantes candelabros, un espejo de tamaño considerable y una chimenea. Además, había un comedor y una sala bellísimamente decorada en tonos pasteles.
Con ocasión de los bailes y las fiestas que se hacían en la Villa, en cualquiera de los salones, mi madre se arreglaba y lucía más bella de lo que ya era. Mi padre también solía lucir muy apuesto. Se amaban tanto que creo que su amor seguiría en el más allá.
También estaban mis dos hermanas: Lizzette y Alexandra. Ellas me querían mucho y eran las herederas de las fábricas de textiles que teníamos. Lizzette estaba comprometida con un chico llamado Benedict Lonfray, quien aspiraba a ser escritor. Su llanto el día del entierro me indicó que estaba verdaderamente adolorido por la muerte de la familia. Recuerdo claramente que me rodeó el cuello con sus brazos (yo le llegaba a la cintura en ese tiempo) y me dijo: Frances, sólo quedamos tú y yo. Ahora la responsabilidad de esta familia es nuestra
En su tiempo, me burlé. Yo ya no tenía familia. Sin embargo, mientras se desarrolló el proceso de entrega de mi custodia a mi tía, se comportó como si lo fuera. Luego tuvo que irse. Había una oportunidad para trabajar en un diario en Rumania y no podía rechazarlo. Antes de su partida, me dejó un libro de su propia autoría que se proponía describirnos a mi familia y a mí. Frente al carruaje que se lo llevaría, me alcanzó el manuscrito titulado La historia de una chica. Fue una de las pocas cosas que mi tía me dejó llevar conmigo. Benedict resultó ser un escritor fascinante. Detalló mi familia con tal exactitud, que muchas noches logré consolarme tan sólo con sus líneas. Fue el mejor regalo de todos.
Finalmente, él se marchó. Me hubiera ido con él de no haber sido por Thomazzio, uno de mis hermanos, quien resultó ser el secreto de mi familia.
Nació antes que yo y fue entregado al servicio militar a edad temprana. En medio de todo, descubrió que aquello no le gustaba y mi padre lo tomó como un fracaso. Entonces lo dejó fuera de la familia. Lo llevó a vivir a una especie de reformatorio ubicado en la falda de una de las montañas que tanto me gustaban. Mi padre no nos dejaba visitarle, por eso yo iba a escondidas en compañía de Justino, nuestro hermano mayor.
Cuando me iba a ir con Benedict fue Thomazzio quien me detuvo: Si nos vamos, la tía Rebecca se quedará con todo. Aunque las fábricas están arruinadas, todavía valen y podemos administrarlas. La bruja quiere eso, aislarnos para quedarse con todo. Tú no quieres eso ¿verdad?
Cuando el proceso legal terminó y yo pasé a su custodia, la tía Rebecca descubrió nuestros planes de escaparnos. Como castigo a eso y a la reticencia de mi hermano para pasar a la vigilancia de ella, la tía lo hizo encerrar en un instituto para menores y a mí me tuvo como su sirvienta durante cinco largos años. Cuando se cansó, me llevó con ella hasta Francia, y me vendió a Margoth Mc. Dowell.

Los Mc. Dowell yo era empleada en su casa, pero nunca me buscarían por haber huido. De pronto también aparecieron en mi sueño. Madame Margoth, monsieur Aubrun, madame Annette, monsieur Jacques, madame Elaine, monsieur Joseph y por último monsieur James. Ése que había osado pegarme. Ése que me inspiraba tanto temor, que me había llevado a huir del único lugar en el mundo donde me había sentido en un hogar luego del mío propio.
Ése cuyos ojos azules cristalinos solían intimidarme. Sus ojos y su voz, que pronunciaba el francés con la velocidad y la entonación adecuadas, aquella que era gruesa y al mismo tiempo podía tornarse suave y melancólica. Esa voz
- ¿Estás herida? Háblame, por favor Reacciona. Frances Francesca. Dime si estás herida. ¿Me oyes?
- ¿Monsieur James?
- Sí, soy yo.
Apenas podía abrir los párpados, pero era suficiente para ver sus ojos azules con un nuevo matiz: preocupación. Estaba agachado junto a mí y vestía la misma capa que yo había manchado con mi sangre. No creía que era él. Recordé que estaba dispuesto a pegarme allá en la casa y pensé que continuaba así. Reaccioné con temor. Intenté moverme, pero había estado en medio de la nieve mucho tiempo y casi estaba paralizada.
- ¿Qué haces? No te muevas, no sabemos si hay contusiones
- Usted va a pegarme- balbuceé en italiano, intentando alejarme de él- Justo como la otra vez. Y va a ser igual de fuerte, y me va a doler mucho.
- ¿Qué?
- Y va a denunciarme como a una ladrona- continué- van a echarme voy a quedarme en la calle.
Vi que sonreía un tanto para sí y luego me apartaba algunos mechones de la cara con los guantes de montar puestos. Me sonreía maravillosamente.
- Estás en la calle y aún no te he denunciado- dijo en un italiano lento y armónico, aún apartando los mechones- ¿Pero sabes por qué lo haría ahora?... Porque me has pegado el susto más grande de mi vida, mocosa. Pensé que morirías por mi culpa. Ahora, con seguridad sólo vas a pescar un resfriado. Y una cicatriz en este dedo.
Una vez terminó de hablar, dejó mis mechones y con una delicadeza que jamás habría adivinado en alguien como él, rasgó una tira de tela de su capa, la misma que yo había manchado, y la ató con cuidado en mi dedo para cubrir la herida.
- Así está mejor- dijo- Ahora iremos a casa.
Me levantó en brazos de modo que mi cabeza quedó resguardada por su capa. Las faldas del vestido quedaron colgando mientras me llevaba hasta su caballo. Me dejó allí sentada mientras fue por mi maleta, que todo el tiempo había estado a mi lado, y la ató en la parte de atrás de la silla del equino cuando la trajo. Luego se subió él y volvió a cubrirme. Me susurró que pronto estaría en casa y haló las bridas. El caballo dio una vuelta y, mientras yo volvía a dormitar, se dirigió a la Hortensua: el hogar del cual nunca debí haber salido.

Cuando desperté, me encontraba en mi cama, en la habitación de las mucamas de la Hortensua de la Barriere Mc. Dowell. Melanie estaba a mi lado poniéndome paños con agua caliente y Giselle estaba calentando algo con un mechero sobre la mesa auxiliar. Ya era de noche.
- Bienvenida- dijo Melanie con algo de alivio- ¿Cómo estás?
Aturdida era la palabra. Se lo dije y ella rió.
- Pues bien merecido te lo tienes. ¿Cómo se te ocurre huir de esa forma? ¿Qué no sabes que los alrededores están llenos de bandidos?
Le dije que me había encontrado con algunos y que eran los responsables de mi estado. Se habían asustado al oír el caballo de monsieur James. A propósito, ¿había sido real? Seguramente, como siempre, había estado soñando. Miré mi dedo pulgar izquierdo y vi un trozo de pañuelo blanco. Me desilusioné. Sí había estado soñando con algo imposible.
- Si acaso estás buscando ese horrible trozo de tela azul, está junto al mechero- dijo Melanie observándome- Tuve que lavarlo tres veces, pero tengo que admitir que detuvo muy bien la hemorragia.
Era cierto. Allí, cerca al mechero, se encontraba la tela rasgada de la capa de montar que pertenecía a monsieur James.
- ¿Entonces fue cierto?- pregunté, con la voz un poco ronca a causa del resfriado.
- ¿Qué? ¿Lo de que huiste por la discusión que tuviste con monsieur James y te golpeaste en la cabeza quedando en medio de la nieve en plena mañana y él mismo fue a buscarte porque se sintió culpable de infundirte temor hacia su persona? Sí.
- ¿Se sintió culpable?- repetí
- Mucho- dijo Giselle, con su marcado acento en francés. Toda la conversación se había desarrollado en este idioma, pues ellas no sabían italiano- Cuando se supo que habías empacado y te habías ido, yo misma vi con qué afán ordenó ensillar su mejor caballo. Luego fue al despacho de madame Margoth y le dijo: Si no la traigo conmigo, puedes castigarme como tú prefieras. Todo esto ha sido mi culpa. Luego se fue a toda carrera a buscarte.
El relato se interrumpió por un par de estornudos míos. Luego apareció la señora Bruce acompañada de Celine, quien había sido la enfermera de monsieur Aubrun.
- Querida, será mejor que descanses si no quieres que eso avance- dijo la enfermera rápidamente, llegando a mi lado para tomarme la temperatura- Y ustedes, niñas, no querrán apestarse también. Debemos atender a Frances antes de que el virus corra por toda la casa. ¿Cómo te sientes?
Le dije que estaba agotada y un tanto mareada. Ella me sirvió un té humeante y mientras me lo tomé puso más pañitos en mi frente. Yo empecé a sentir sueño de inmediato.
- Melanie, por favor recoge todo y lo que no sirva, ponlo en la basura- dijo Celine
- ¿Celine?- susurré mientras sentía que me dormía- Que no boten la tela azul, por favor. Detiene muy bien las hemorragias que no la boten.
Y me dormí. Morfeo me acogió suavemente en sus brazos hasta el día siguiente.

Ya iba avanzada la mañana cuando abrí los ojos, luego de un sueño totalmente reparador. Los perros ladraban a más no poder en el patio y ese ruido me hizo despertar del todo.
Me incorporé con algo de dificultad. Las cortinas estaban recogidas y la luz de un día sombrío como el anterior me llegó. Además de eso, pude ver una escena que estaba ocurriendo en el jardín, la cual me hechizó por unos momentos.
Monsieur James estaba jugando con los perros, que eran de su propiedad. Únicamente podía verlos en vacaciones, en verano o a partir de cualquier circunstancia que se generara en la Hortensua, de modo que aprovechaba mucho el tiempo que podía pasar con ellos, porque realmente los apreciaba.
Yo lo podía ver, apuesto y galante, jugando con Chewy, el viszla, atlético de color marrón; con Kiro, un sabueso de San Humberto que tenía una gran pasión por entrar a la casa sin permiso; con Sasha, una Setter Irlandesa muy obediente y calmada; con Beldevere, una rhodesian ridgeback, la cual uno de los barcos mercantes de su tío abuelo le había traído desde África y con Gèrard, un basset grifón vendeano que él mismo había criado. Era más pequeño y manchado que los demás, pero decían que era muy buen cazador.
Yo no tenía mucho contacto con ellos, pues siempre estaban resguardados o en el bosque. Dentro de la casa siempre me encontraba con ese maldito gato al que llamaban Patley, el cual me producía alergia inmediata y a veces con Kiro, que era muy tierno.
Me concentré en el juego de monsieur con sus perros en medio del patio cubierto de nieve. Realmente se veía muy guapo corriendo, tratando de atraparlos o que ellos lo atraparan. A pesar del frío, únicamente llevaba una camisa blanca debajo del chaleco negro. Y los primeros tres botones estaban desapuntados, de modo que podía ver cuán atlético era. Además, sus músculos poderosos se adivinaban a través de la sencilla camisa.
Tuve entonces una revelación. Sonrojada, me pregunté por qué nunca había mirado a otro hombre de esa manera. Entonces pensé que a los que había conocido hasta ese momento, únicamente los había visto como amigos.
De pronto, el juego acabó. Émile, el mayordomo, interrumpió lo que parecía una fiesta perruna y monsieur, así como estaba, (sugerente, sería la palabra), tomó a cada perro por su correa y fue a guardarlos. Estaba segura de que en ningún momento se había percatado de mi mirada.
Fui a acostarme de nuevo luego de un estornudo y al instante el picaporte de la puerta giró. Era Madame Margoth, acompañada de un joven al que no pude diferenciar inmediatamente. Luego, cuando caminaron más cerca de la luz que entraba por la ventana, no pude creer lo que vi y tampoco pude evitar emitir una exclamación.
A madame la acompañaba alguien que yo conocía como Thomazzio Leengi Bernolano Marquette: mi hermano.
- Frances- dijo Madame Margoth- Veo que está mejor.
Yo no pude articular palabra. Asentí ligeramente mientras observaba al joven que seguía de pie junto a madame. ¿Era posible? Hacía más de cinco años que no lo veía. Mi hermano, mi única familia, me visitaba en la Hortensua. Parecía un sueño, pero sus facciones ligeramente duras y sus enormes ojos color miel me dijeron que no soñaba, que era él, pero en una versión mucho más adulta. Me culpé por no haberle dedicado la cantidad de pensamientos que se hubiera merecido, pero estaba tan lejos que hasta llegué a pensar que se había olvidado de mí poco a poco. Ahora, viéndolo, supe que jamás me olvidó.
- También veo que reconoce a nuestro visitante
Yo la miré sin saber de qué hablaba. Nadie, excepto mi tía sabía de Thomazzio. Creí que Rebecca le había dicho hasta el cansancio que yo estaba completamente sola.
- Sí, madame - confesé, hablando en francés, cosa que sobresaltó al joven- Es mi hermano
- ¿Su hermano?- preguntó, levantando la ceja derecha- Nunca me dijo que tenía uno. Pensé que su única familia era Rebecca. ¿Por qué ninguna de ustedes me lo dijo?
- Nunca se lo dije a nadie, madame además, ella no quería que usted lo supiera.
Madame Margoth se quedó callada. Nos miró por un rato y luego volvió a hablar.
- Supongo que ha sido una jugarreta de Rebecca- dijo, con algo de frustración- Pero también supongo que tienen mucho de qué hablar, así que los dejaré a solas un momento- miró a Thomazzio- Que quede claro que está totalmente prohibido que los hombres entren a esta habitación, pero por tratarse de esto, lo olvidaré si el caballero promete buenos modales.
- Oh, sí. Los tendrá- dije, emocionada por tener un momento a solas con él.
- Entonces los veré en un rato.
Dicho eso, nos volvió a mirar y recogió sus faldas para volverse sobre los talones e irse a pasos lentos. Cuando llegó a la puerta, la abrió, salió y al cerrar, puso llave.
Yo la miré y luego posé mis ojos sobre el ahora hombre que estaba parado en la mitad de la cama de Melanie y la de Jennifer.
Los labios me temblaron y las lágrimas pronto empozaron mis ojos. Así, encontré los suyos.
Fue cuando me sonrió generosamente, tal como yo lo recordaba. Extendió los brazos y caminó los pocos pasos hacia mi cama. Yo hice lo mismo mientras él me alcanzaba y lograba alzarme con sus ahora musculosos brazos. Rodeé su cuello mientras lloraba copiosamente sin poder dejar de pronunciar su nombre. Él me dio una vuelta mientras nos abrazábamos, justo como hacía cuando yo era una niña.
- No sabes cuánto te he buscado, hermanita- dijo, en ese italiano tan familiar y tan querido por mí- Dios sabe lo feliz que estoy por haberte encontrado es una bendición.
Acarició mi cabello con sus manos grandes y luego nos quedamos así por un rato más. Yo lloraba de alegría y en el momento en que nos separamos, él enjugó mis lágrimas.
- Ya no hay nada que temer, ya estoy aquí- dijo, mientras me devolvía a la cama y me tapaba para que estuviera protegida del frío, luego volvió a acariciar mi cabello sin dejar de sonreír- Eres justo como te recuerdo, un poco más delgada, pero en esencia la misma.
Yo tomé la mano con la que me acariciaba y la besé casi con fervor.
- ¿Cómo me has encontrado?
- Fue fácil La vieja Rebecca regresó a Vicenza justo cuando salí del reformatorio. Andaba de fiesta, ostentando los lujos que ha recolectado en sus viajes, haciendo mucho escándalo, paseándose por todos lados como una gran señora. Reuní a unos cuantos amigos y fui a visitarla.
Abrí los ojos desmesuradamente.
- ¿Cómo? ¿Le has hablado?
- ¡Claro! Al principio no creyó que fuera el mismo muchachito desvalido que encerró en el reformatorio. Luego trató de huir, porque la suya es una culpa muy grande que no va a poder retirar con rezos ni limosnas. Después me tildó de maleante y amenazó con ir con la policía. Finalmente, luego de decirle que era yo quien debía ir a la policía a denunciarla por haber robado nuestra herencia y con algunas otras técnicas efectuadas junto a mis amigos, logré que escupiera en donde te había puesto- miró alrededor- Dijo que estarías en una casa muy elegante, no me imaginé cuánto.
- Los Mc. Dowell son gente muy rica- dije- Ella me vendió, Dios sabe a cambio de qué.
- Pues no eres algo que se pueda vender- dijo, severo- Y mucho menos una mucama. Eres mi hermana, y voy a hacer que se te dé tu lugar. Mírate, ya hasta hablas francés y luces como una dama de sociedad.
Reí con gracia y provoqué su risa enigmática.
- Sólo soy una mucama lo único que tengo de sociedad, es que asisto a las fiestas para servir el vino.
Él me miró con desaprobación.
- ¿Ahora me contarás cómo ha sido todo esto?- dije, para dejar de alimentar la controversia que se estaba formando.
A continuación, me contó que le había escrito a madame Margoth hacía varias semanas acerca de su llegada. Ella había estado muy ocupada con los preparativos del regreso de todos sus familiares a sus lugares de origen, además del de monsieur Joseph y monsieur James a la universidad y supuse que no había encontrado el momento para decírmelo. Además, yo había estado ocupada también.
Sin embargo, Thomazzio me contó que no había sido así. Ella le escribió de vuelta pidiendo una confirmación de su identidad y su edad, pues siendo mayor de edad, él fácilmente podía reclamar mi custodia y deshacer cualquier clase de trato que ella y mi tía hubieran hecho. Él lo confirmó y ella pidió hablarle personalmente. Cuando llegó a la Hortensua, yo acababa de dormirme entre la fiebre y las ensoñaciones. Me pareció una increíble coincidencia el que hubiera llegado cuando yo estuve soñando con él y con toda la familia mientras yacía en medio de la nieve.
Le pregunté qué había dicho madame Margoth a su llegada.
- Pues está bastante nerviosa- dijo él- Al parecer se trata de algo importante, porque me ha preguntado varias veces si pienso llevarte conmigo.
Abrí los ojos como platos, entusiasmada.
- ¿Y vas a llevarme contigo?
Él sonrió.
- ¡Por supuesto que sí!- miró mi uniforme, colgado de la puerta del armario- No voy a soportar que sigas aquí usando esa cosa y comportándote como una sirvienta.
- ¿Y adónde iremos?
- Bueno, soy mayor de edad ahora tengo algunos ahorros y planeo comprar una casa. También reiniciar el negocio de los textiles. Tengo varios socios y un capital aceptable- me miró, como si no pudiera creer que me veía- Quiero que vuelvas a la escuela, y que vayas a la universidad.
- ¿Qué?- reí de su aspiración. La última era toda una ocurrencia
- Sí, quiero que seas la dama más importante de todas, que vengan todos los caballeros de Europa a verte y que los deslumbres con tu inteligencia y gracia. Que se hable de ti como lo que eres: una princesa.
- ¡No soy una princesa!- reí
- Para mí sí lo eres, mi Frances y por eso he venido por ti, para rescatarte de esta vida que no te mereces. Y lo sabes, porque de otro modo no habrías tratado de escapar.
De repente, el picaporte giró y la puerta se abrió. Madame Margoth se asomó y le dijo a Thomazzio que ya era tiempo, que yo necesitaba descansar. Él me besó el dorso de la mano y se levantó de mi lado. Luego me acomodó las mantas y volvió a acariciar mi rostro. Me susurró que descansara y se dio la vuelta. Tras caminar por entre las camas, salió. Madame Margoth lo esperaba.
Yo me di la vuelta y sonreí.
No me importaban los negocios que hubiera hecho mi tía. Lo sentía si madame Margoth perdía de alguna manera, pero ya tenía alguien que me respaldaba y que estaba dispuesto a hacerse cargo de mí.
Y eso era invaluable.
Cerré los ojos con la seguridad de que todo cambiaría para bien. Me imaginé siendo una señora distinguida, en una gran casa, siendo la anfitriona de grandes tertulias a las que asistirían muchos intelectuales. Así como madame Elaine, quien, por lo que había oído, gastaba su dinero patrocinando a los artistas y prestaba su maravillosa casa para los encuentros de los mismos.
Estaba a punto de dormirme cuando escuché voces susurrantes en el patio, justo al lado de la ventana de la habitación del servicio.
Me levanté con algo de curiosidad y retiré ligeramente la cortina y el velo. Justo antes de perderse el alcance de la ventana, estaban monsieur Joseph y Jennifer Langher. Discutían casi acaloradamente, pero en susurros que cuando acerqué el oído al cristal se fueron dilucidando.
- ¡Vas a irte de nuevo! ¡Voy a quedarme sola! ¡Dijiste que esta sería la última vez!
- Lo sé sé lo que dije, pero no puedo rebelarme ahora. La abuela dice que debo ir con James a París, y es lo que hay que hacer. De otro modo, sospecharía.
- ¡Oh, por favor! ¿A quién le importa lo que sospeche? ¡Nunca llegará a la verdad por sí misma! Es tan tonta
- La persona más tonta es a la que más debes temer
- ¡No trates de convencerme con esos refranes rebuscados!... Joe, por favor vámonos, escapemos. Vamos a casa, con papá y mamá. Lejos de toda esta gente ridícula y superficial. Ya nadie lo aguanta. ¿Viste lo que Frances intentó hacer? Está casi tan cansada como yo de todo esto
- Lo sé, pero debemos ser más reflexivos que Frances. No podemos salir corriendo así como así con una maleta. Primero, hay bandidos y segundo, ya oíste a mamá: papá no ha logrado hacer lo que quiere con el negocio. Sabes que cuando se enteren de todo, van a quitarle el apoyo y podemos quedar en la calle. Van a juzgarnos por mentirosos, y a ti aún te pueden llevar a un convento, o a algún lugar retirado, lejos de nosotros. ¿Eso es lo que quieres?
- ¡Claro que no!... Yo quiero estar con papá, con mamá y contigo, Joe. Con mi hermano.
Un carraspeo lo interrumpió todo.
Jennifer, quien estaba de espaldas a la entrada de la casa, se volvió lentamente mientras monsieur Joseph quedaba completamente pasmado.
Allí, en la entrada de la casa se encontraba madame Annette, quien había carraspeado aterrada de lo que había alcanzado a oír cuando buscaba a monsieur Joseph, ya que Adolphe no había sabido darle razón de él.
___________________________________________________________________________________________________________________

UN SECRETO DESCUBIERTO.
UNOS OJOS A LA ESPERA DE UNA EXPLICACIÓN.
Y EL CORAZÓN DE UNA MUCAMA QUE PALPITA DESMEDIDAMENTE ANTE LAS PALABRAS DE UN PATRÓN ARREPENTIDO.

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Próximo capítulo, un secreto a voces.
No te pierdas NI UNA SOLA LÍNEA del capítulo 6.
Inicia el romance, sólo en:

http://www.network54.com/Forum/598171

Porque usualmente la vida SI es del color de las rosas...



    
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AutorReply
Renzo
(Acceso renzoch)

Gracias por este capitulo...

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March 5 2008, 8:00 AM 

lo he leido por encima, pero, la novela luce interesante. Hace tiempo que no se escribian novelas de epoca, en un tiempo eran muy populares pero, por alfuna razon, sus autores desaparecieron. Que bueno que las foronovelas de epoca aun sigan vigentes.

Saludos!!! :) :)

Renzo




 
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(Acceso LaDirectora)
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ECOS DEL CORAZON VOL.6 "LAS MASCOTAS DE UNA PRINCESA"

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June 9 2009, 8:29 PM 

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***AVISO IMPORTANTE***
EL SIGUIENTE ESCRITO ES PURAMENTE FICTICIO. LOS EVENTOS DESCRITOS EN ÉL SON IMAGINARIOS Y NO EXISTEN NI HAN EXISTIDO EN LA REALIDAD. LAS PERSONAS NOMBRADAS AQUÍ NO PERTENECEN A NINGUNA PRODUCCIÓN DE ESTE TIPO, YA QUE NO EXISTE EN REALIDAD. LAS FOTOGRAFÍAS Y LOS NOMBRES SON PROPIEDAD EXCLUSIVA DE SUS DUEÑOS Y NO FUERON PUESTAS PARA PERJUDICAR EL BUEN NOMBRE DE NADIE NI CON FINES DE LUCRO

Esta semana:
LAS MASCOTAS DE UNA PRINCESA


Para nadie es un secreto que una historia de época es exigente. Exige al momento de su escritura y en la forma en que es transmitida.
Hoy, en el sexto recorrido tras bambalinas de La Princesa del Corazón nos detenemos en unos personajes especiales, quienes a pesar de no estar todo el tiempo en el protagónico, hacen parte de la historia y completan la esencia de la misma. Ellos son: Chewy, Kiro, Sasha, Beldevere y Gèrard, las mascotas de la princesa, o en este caso, del príncipe, quienes habitan tranquilamente la Hortensua de la Barriere Mc. Dowell
Bienvenid@s.

La historia de las mascotas de la Hortensua de la Barriere Mc. Dowell está invariablemente ligada a James Mc. Dowell. Él, primero en la línea de sucesión de la familia, un hombre atlético, rebelde e incorregible, gusta de la caza y las carreras en caballo. Así, la existencia de los perros cazadores en la mansión es una consecuencia de su carácter.

En la realidad, los cinco perros, fueron seleccionados de la entonces llamada enciclopedia Encarta 95. Ésta, la fuente de conocimientos multimedia más famosa el momento, incorporaba fotos y descripciones de una serie de categorías del conocimiento, entre ellas, perros. De entre las fotos de los cazadores se seleccionaron el Vizsla, el sabueso de San Humberto, el Setter irlandés, el Rhodesian Ridgeback y el Basset Grifón Vendeano. Este último, evidentemente más pequeño y de apariencia más tierna que los demás, como una excepción a la regla.

Sus nombres, por el contrario, no tienen mucho de aleatorio. No recuerdo por qué Chewy- dice LaDirectora- Kiro, es una intertextualidad extraña con Sakura Cardcaptors, cuya mascota se llamaba Kero. En ese entonces la estaba viendo y las personas que leían la historia también, así que quise divertirme un poco con eso. Sasha, apareció en la última revisión del texto y es porque así se llama mi mascota en la vida real. Belvedere, en homenaje al palacio donde se ambienta la Hortensua de la Barriere (Ver Ecos del Corazón Vol. 1) y Gèrard se me ocurrió cuando vi la figura del perro. Además, tenía que haber algo francés en todo esto.

LaDirectora opina que sería realmente trabajoso tener tal cantidad de perros. En un principio, Kiro estaba pensado como un ovejero. Pero eso no contribuía a la historia. No tenía sentido tener un perro así en una casa así y con un dueño así. Lo mejor fue cambiarlo totalmente.

Sin embargo, allí no terminan las mascotas de la casa. En la Hortensua de la Barriere también hay espacio para los gatos. Patley, un minino blanco como el algodón, es el representante del mundo felino en la historia. La razón de su presencia es ajustar la balanza animal en la mansión. Esto es, hay muchos animales campestres. Un gato y para más blanco, representaría la exquisitez y también el misterio que ronda el lugar. Sus ojos azules también son un símbolo en la historia, pues no es el único que los tiene. James Mc. Dowell también es dueño de unos ojos así. Entonces, la enemistad con la protagonista se convierte en una acertada advertencia para ella: así como se aleja del gato, también debería alejarse de todos quienes se le parecen.

Para terminar con la lista de huéspedes animales de la exquisita mansión francesa, es necesario nombrar a los famosos Monsieur Le Grand y Monsieur Le Petit, los caballos de los herederos, quienes a su vez los representan. Los equinos, gemelos, de por sí son una peculiaridad de la naturaleza. Negros, finos y peculiares, son toda una alusión al par de primos herederos. El que sean gemelos, implica que están en el mismo nivel. Sin embargo, el nombre que les pusieron determinó su orden. Implícitamente, el caso de James y Joseph Mc. Dowell, ambos herederos, pero su orden determinado por factores externos.

Entonces, como se ve, la existencia de las mascotas de la Hortensua es más que aleatoria. Su presencia no sólo sirve para contextualizar el lugar en donde se desarrolla la historia, sino que sirve para conocer a fondo las situaciones que ocurren dentro de la fabulosa mansión.

Hasta aquí esta sexta entrega de Ecos del Corazón.
La próxima semana, una nueva incursión tras bambalinas de La Princesa de un Corazón, exclusivamente en:http://www.network54.com/Forum/598171/
Hasta la próxima.

A continuación, el gráfico que les mostrará los animales que intervienen en la historia de "La Princesa de un Corazón".

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Ninguna de las anteriores imágenes me pertenece. A continuación, los enlaces donde pueden encontrarlas:
http://www.breederretriever.com/photopost/showphoto.php/photo/3044
http://www.canadasguidetodogs.com/vizslasmooth.htm
http://www.mascotas.org/tag/la-raza-bloodhound
http://www.laclinicaveterinaria.com/html/razas_p_op6.asp
http://cuatropatass.blogspot.com/2007_08_01_archive.html
http://www.viarural.com.es/ganaderia/mascotas/pets/grupo07/irish-red-setter.htm
http://www.serengeti-ridgebacks.com/non_flash_pages/links.html
https://www.gotpetsonline.com/pictures/gallery/dogs/alphabetically/rhodesian-ridgebacks/rhodesian-ridgeback-0030/
http://www.pedigree.co.nz/breeds/?b=148&p=P&pp=
http://www.viarural.com.ec/ganaderia/mascotas/pets/grupo-06/grand-basset-griffon-vendeen.htm
http://www.flickr.com/photos/95332341@N00/35886293
http://www.flickr.com/photos/bichuas/130043063/
http://www.kayh-airbrush.de/englisch/diashowp9eng(np).htm
www.freewebs.com/starrystar/snowclan.htm (www.freewebs.com)

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Ahora, triplemente encantadora

Nuevos capítulos en:
http://www.network54.com/Forum/598171

Los mejores momentos:
http://webnovelasursu.creatuforo.com/la-princesa-de-un-corazon-por-la-directora-foro90.html
http://grandeswebnovelas.foroactivo.net/la-princesa-de-un-corazon-f46/

 
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Los perritos del ojiazul...

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June 23 2009, 3:33 AM 

Ohh, como no ibas a sacar tu a los perros de James por algún lado, jajaja...Tu simbolo!!
Ya será uno de los simbolos oficiales de " La princesa de un corazón", James jugando con sus perros...
Lo que no me gusta tanto ya es que le guste cazar...oh oh oh, jajajaja.
Besos guapa...No se si escribir esta historia te cueste demasiado, lo que se es que te queda de lujo. UNICA.

 
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Current Topic - CAPÍTULO 5: "THOMAZZIO L. BERNOLANO MARQUETTE. UN SECRETO A PUNTO DE REVELARSE" C.E.S.T.
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