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CAPÍTULO 8: "UN AMOR QUE LLEGA SIN NECESIDAD DE ESTARLO ESPERANDO" Res. Inv. en Rumania

March 27 2008 at 12:23 AM
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...En el capítulo anterior: Frances descubre la verdadera razón de su estancia en la Hortensua gracias a Thomazzio, su hermano. Asimismo, él está empeñado en hacer lo que sea para llevarla con él. Inclusive vengarse de quienes le han hecho mal...

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REPORTE 004
Para: DEPARTAMENTO DE ACCIÓN E INVESTIGACIÓN POLICIAL
De: AUTORIDADES POLICIALES FRANCESAS. DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN CRIMINALÍSTICA
Asunto: REAPERTURA DEL CASO "HORTENSUA DE LA BARRIERE MC DOWELL" RESULTADOS PRIMER LLAMADO PARA RECUPERAR LOS FALTANTES DE LA EVIDENCIA. PAÍS: RUMANIA.

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SEGÚN NUEVOS INDICIOS ENCONTRADOS E INTERPRETADOS, EL DIARIO DE FRANCESCA BERNOLANO MARQUETTE TIENE MÁS DE UNA PÁGINA ESPARCIDA POR EUROPA.
EL RECIÉN ASCENDIDO OFICIAL DAVID WINDVAND, QUIEN SE ENCUENTRA EN RUMANIA, ENVIÓ LA SIGUIENTE DECLARACIÓN:
Existe una contestación al llamado que hizo la policía francesa a las autoridades rumanas acerca del conocimiento que se tuviera de la Mansión Hortensua de la Barriere Mc Dowell y el diario de Francesca Bernolano Marquette.
Se trata del testimonio de una mujer que acudió al departamento correspondiente, luego de la transmisión de la información por las autoridades rumanas. Ésta se relata brevemente con referencia al nombre de Benedict Lonfray. En el reporte adjunto aparece la dirección a la cual se acudió, una casa de familia a las afueras de la ciudad de Iasi, al este del país. Acudí junto a los compañeros Paul Lodemell y Keith Umbach a la dirección y allí nos atendió una mujer que se identificó como Nadia Snegur. Aseguró ser bisnieta de Gail y Benedict Lonfray, y nos informó que él murió en el año de 1932, a los 67 años, víctima de una enfermedad. Relató que su bisabuelo tuvo una vida dura y fue delicado de salud en extremo. Según ella, Benedict contrajo matrimonio con Gail Brantiousi en el año de 1889, a la edad de 24 años.
Luego del término del relato, la mujer nos entregó un legajo manuscrito que reconocimos como una parte del diario de Francesca Bernolano Marquette. Al preguntarle cómo la obtuvo, respondió que siempre había estado en la casa de su bisabuela y que alguna vez había confesado que pertenecía a la hermana de la mujer de la que Benedict no se pudo olvidar nunca. Snegur dijo que aquella mujer tenía el nombre de Lizzette.
Luego relató que su bisabuela se casó con Benedict en Rumania y que poco tiempo después descubrió que él enviaba dinero al extranjero. A una dirección que pertenecía a un reformatorio en Vicenza Italia, desde donde había llegado buscando un puesto como redactor de prensa. El destinatario respondía al nombre de Thomazzio.
Nadia afirmó que su bisabuelo confesó a Gail su amor por Lizzette, y una profunda admiración hacia la familia Bernolano Marquette, a pesar de tener dos hijos varones y una familia estable.
Luego la anfitriona nos mostró uno de los libros más exitosos que tuvo su bisabuelo, La Historia de una chica, dedicado a Francesca Bernolano Marquette.
La entrevista terminó. Por último, Nadia Snegur dijo saber que sus bisabuelos habían sufrido una separación creciente al pasar de los años, a pesar de que Benedict no volvió a enviar dinero a partir de 1891, pero sí administró un depósito bancario del que no se tiene información alguna. Contó que Gail murió tres años después de él.
Nuestra investigación llega hasta aquí, hemos verificado el testimonio a partir de la oficina de registro y otros entes relacionados y podemos autorizarlo como fiel a los hechos.
Como conclusión, envío el legajo para someterlo a análisis y la trascripción de la entrevista junto con algunos datos relevantes.
EL LEGAJO, FRUTO DE LA INVESTIGACIÓN EN RUMANIA, FUE COTEJADO CON LAS PÁGINAS ORIGINALES Y ENVIADO AL LABORATORIO PARA PRUEBAS QUÍMICAS Y GRAFOLÓGICAS.
COMO RESULTADO, SE OBTUVO UN 99.5% DE COMPATIBILIDAD ENTRE AMBOS DOCUMENTOS. LA TINTA, EL PAPEL Y LAS FORMAS DE ESCRITURA SON IDÉNTICOS, LO CUAL NO DEJA DUDA: SE TRATA DEL MISMO MANUSCRITO.
ASÍ, ESTA NUEVA EVIDENCIA SE INCORPORA CON ÉXITO A LA INVESTIGACIÓN, AL IGUAL QUE EL TESTIMONIO DE NADIA SNEGUR, IDENTIFICADA COMO BISNIETA DE BENEDICT LONFRAY, PROPIETARIA DE LA NUEVA EVIDENCIA.
CONGRATULACIONES A LOS OFICIALES EN RUMANIA Y AGRADECIMIENTOS A LA SEÑORA SNEGUR.
SE ESPERA EL RESULTADO DE LOS DEMÁS LLAMADOS INTERNACIONALES.
POR AHORA, SE TRANSCRIBE LA NUEVA EVIDENCIA.

Anexos: DIARIO DE FRANCESCA BERNOLANO MARQUETTE/ TRASCRIPCIÓN DE TESTIMONIO DE NADIA SNEGUR/ VERIFICACIÓN DE TESTIMONIO/ RESULTADOS PRUEBAS DE LABORATORIO DE NUEVA EVIDENCIA
Confidencial

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Tres meses tuvieron que pasar antes de que viera de nuevo a los herederos Mc. Dowell.
Durante el tiempo en que no estuvieron, la casa se sumió en la tranquilidad cotidiana que yo había conocido en mis primeros días de empleada.
Madame Margoth y madame Annette recibían visitas constantes de gente distinguida de la ciudad y con frecuencia salían a su vez a visitar a aquellas personas.
Por mi parte, me alegró que Thomazzio conociera la casa tal cual yo la conocí cuando llegué. Su adaptación fue lenta, y aunque tuvo que reprimir sus costumbres de espíritu libre, puedo decir que su estancia fue feliz. Especialmente porque encontró el amor.
La primera tarea que asumió fue una semana después de su incorporación al personal. Aún era invierno y Jack sólo pudo enseñarle lo básico. Sin embargo, tuvo que llevar a monsieur Jacques a concretar unos negocios en el centro de la ciudad y luego a la estación de trenes.
Cuando volvió, dijo que había sido un recorrido bastante accidentado y que necesitaba urgentemente saber cómo solucionar algunos problemas y también el protocolo, pues más de una vez le había faltado el respeto a monsieur con su comportamiento tan poco acostumbrado a servir de aquella manera.
Así, en las tardes cercanas a navidad, y a pesar del frío, Jack se dedicó a enseñarle a mi hermano su quehacer. Lo hizo detalladamente, sin olvidar nada.
Entonces, una tarde particularmente oscura, y en medio de un rato de ocio, Jennifer, Melanie, Marguerite, Antoinette y yo nos acercamos a escuchar las lecciones.
Thomazzio, al vernos, le preguntó a Jack en su malogrado francés cómo el chofer debía tratar a una señorita.
Jack sonrió, mirándonos a todas. Luego, cuando iba a dar su explicación, Jennifer dio un paso adelante y lo interrumpió.
- Yo puedo explicarte eso- dijo
Abrigada con un manto como el que Celine me había dado a mí para atajar el resfriado, fue hasta el carruaje y se subió. Cerró la portezuela tras ella y sacó la cabeza por la ventana.
- Primero, debes detener el carruaje donde quiera que ella diga, no importa el lugar que sea. Luego, cuando el lugar esté escogido y los caballos detenidos, debes bajarte y abrirle la puerta con ambas manos.
Thomazzio entendió que aquello era una especie de simulacro. Siguió la instrucción, con algo de su risa pícara y se quedó parado al lado de la puerta, esperando el siguiente paso.
Jennifer lo siguió con la mirada, con aires de señorita de casa, arropada con el manto
- Debes ofrecer la mano derecha, no tan alta ni tan baja
Él obedeció y luego de unos segundos, ella miró su mano y luego a él. Era una mirada intensa que él correspondió. Después de una silenciosa contemplación, y cuando algunos copos de nieve empezaron a caer, ella alzó lentamente su mano derecha y la sacó del manto al mismo tiempo que del carruaje. Era el gesto de una gran reina. Reconocí en ella a Margoth Mc. Dowell. La imponencia de aquel gesto me recordó de inmediato a la matrona de la casa. Era imposible que Jennifer no fuera su nieta, ambas tenían la misma actitud intimidante y orgullosa.
Thomazzio alcanzó su mano blanca y la apretó. Ella se apoyó en él, se incorporó y puso uno de sus pies en la escalera.
- Ahora debes inclinar la cabeza con gracia y saludar- dijo ella, sin dejar de mirarlo fijamente
- Mademoiselle- dijo él con su acento torpe, pero con una gracia insuperable, inclinando la cabeza.
- Gracias- dijo ella tratando de actuar la indiferencia de las señoritas de casa.
Luego, cuando trató de bajar la escalera, su pie se enredó con la falda y resbaló. Hubiera caído estruendosamente de no haber sido porque Thomazzio la atajó interponiéndose. Ella, a su vez, rodeó su cuello con la mano que le quedaba libre y se aferró a él. Ambos quedaron en un abrazo compacto y silencioso.
Los copos de nieve cayeron con más frecuencia. Se aproximaba una nevada, sin embargo ellos continuaron allí.
- ¿Te lastimaste?- preguntó él, luego de un rato
Ella lo miró como si no pudiera creer lo claros que eran sus ojos coloreados de miel. Como si por primera vez detallara cómo eran sus facciones. Luego negó con la cabeza.
- Entonces creo que debes entrar
Me di cuenta de que por primera vez en mis quince años veía a Thomazzio titubear. Y muy seguramente era la primera vez en sus veintiún años. Atribuí aquello a que probablemente no había podido encontrar las palabras exactas con rapidez, pero la forma delicada como sostenía a Jennifer en sus brazos me dijo que el asunto era más profundo que una simple confusión de idioma.
- ¿Sí, verdad?- dijo ella, quitándole la mirada de encima y posándola sobre nosotras, quienes no habíamos pronunciado palabra, tal vez sintiendo que algo fuera de lo normal había ocurrido.
- Si.
Él asintió en italiano y la soltó. Jennifer se compuso el manto y caminó hacia la casa. Con una sonrisa nos gritó que entráramos, que ya nevaba. Todas le obedecimos, aliviadas de que aquello no hubiera pasado a mayores y de que teníamos un techo para resguardarnos de la nevada que ya había empezado. Yo, no obstante, me volví para ver qué hacía mi hermano. Vi que Jennifer se volvía también y lo miraba por un instante. Después, cuando se volteó, se estrelló conmigo y me miró con arrogancia en seguida de un dejo de sobresalto en los ojos.
Ella se marchó como si nada y yo volví a la puerta del garaje. Jack le indicaba a Thomazzio la forma en que debía resguardar el carruaje en la nevada. Puedo jurar que vi una sonrisa satisfecha en sus labios, así como un rubor que jamás había estado ahí.

- ¿Te gusta esa chica, no?
El resfriado que me gané cuando traté de escapar desapareció de mi sistema completamente antes de navidad. Para entonces, Madame Margoth brindó una majestuosa fiesta con todos sus conocidos de la ciudad y por supuesto, toda la carga la llevamos los empleados.
- Claro que no. ¿Qué cosas dices? Es mi compañera, Frances.
- Eso no es impedimento para que te guste.
Por supuesto, en todos esos días no tuve oportunidad de sentarme a hablar calmadamente con mi hermano. Sus coqueteos con Jennifer se volvieron tan evidentes que ya no había razón para preguntarlo. Sin embargo, era algo que quería que me confirmara personalmente, así que lo atrapé en medio de su quehacer, encerando uno de los coches.
- ¿Dónde oí eso antes?
- Te gusta- dije, testaruda. Los brazos cruzados sobre mi pecho.
- No es cierto- replicó, frotando la superficie con más fuerza- Lo que pasa es que quieres vengarte porque descubrí que te gusta ese fanfarrón Y porque estás celosa.
- ¡Eso no es cierto, Thomazzio!- gruñí casi con rabia, pero al mismo tiempo divertida.
Jack iba y venía con algunos baldes. Nos observaba con recelo. Debía ser porque hablábamos en italiano y no alcanzaba a comprender del todo mis gestos.
- Claro que es cierto- dijo él, desdoblando el trapo para frotar por el lado seco- Ves cosas que no son.
- La miras todo el tiempo durante la cena, estás pendiente de todo lo que pueda necesitar y cuando tiene que salir siempre estás disponible Y esa escena del otro día ¿Crees que de verdad fue una lección provechosa?
Él me miró, agachado como estaba y luego de un doblez del trapo se incorporó. Su rostro quedó orientado hacia el coche. Se pasó una mano por el cabello y luego me miró a los ojos.
- Te gusta- afirmé, sin esperar a que hablara- Y mucho.
Fue su sonrisa la que me respondió afirmativamente.
Aquello me alegró sobremanera. Ambos habíamos pasado por tantos problemas que parecía que el amor no habría de aparecer en nuestras vidas. Se lo dije.
- ¿Hablas en serio?- dijo- Pensé que estabas enojada.
- Bueno, tal vez porque no me consultaste Pero tu corazón no se puede regir por lo que yo diga, ¿verdad?
Asintió, como diciendo que no había sido su culpa. Que había sucedido de repente.
- Entonces supongo que tendré que acostumbrarme - dije, ya a punto de dar por terminada la charla- Sólo una recomendación: no lo hagas tan notorio. El honor de las chicas como nosotras es bastante fácil de perder en boca de la gente.
Yo me di la vuelta y alcancé a dar unos pasos antes de que él me despidiera.
- Me gusta que lo tengas en cuenta- dijo- Sobretodo si piensas que por esto yo no diría nada si algún fanfarrón empieza a rondarte
Aquello fue como una punzada. Sabía exactamente a qué y quién se refería mi hermano.
Él pensaba que por yo aceptar su relación con Jennifer, de repente él no tendría derecho a decirme nada si yo intentaba una relación con monsieur James.
Pero aquello era algo tan imposible que sólo reí de su ocurrencia y seguí caminando. ¿Qué clase de chica creía Thomazzio que yo era? ¿Esas que soñaban día y noche con la presencia de su señor, imaginaban situaciones y charlas con él y esperaban ansiosamente el paso de los días para así tener la esperanza de volverlo a ver y comprobar que era una persona dulce y no un monstruo como todos se lo habían hecho creer, a pesar de ser sospechoso de una intriga cruel en la que sólo importaba el dinero? Bah, claro que mi hermano estaba muy equivocado.
En ese momento me marché a continuar con los preparativos de la fiesta de navidad, cuya realización era en pocos días. En el transcurrir de los mismos, a Tomi se lo vio feliz y a Jennifer más radiante que de costumbre. Solían encontrarse a la hora de descanso y charlar en la puerta de la cocina.
Ambos eran una especie de secreto en sus respectivas familias y merecían encontrar algo que les coloreara la vida de esa forma. Lo que sí me preocupaba era la verdadera procedencia de ambos. Ninguno era lo que decía ser y probablemente el conflicto llegaría al revelarse todo. Pero quienes sabíamos sus secretos no estábamos dispuestos a hablar. Así que podían estar felices.

Y lo estaban, inclusive en mitad de la fiesta de navidad.
No recuerdo con seguridad cuántas tartaletas rellené con crema francesa, ni cuantas copas de champaña serví, ni mucho menos cuántas tajadas de jamón de pavo pasaron por mis manos. Rose, Melanie, Jennifer, Louise y yo trabajamos todo el día en la cocina para que el gran festín fuera suficiente para todos. Antoinette, Marguerite y Giselle se encargaron de repartir las porciones y del aseo del gran salón. Los mayordomos fueron por entre todos los invitados ofreciendo champaña mientras Jack y Thomazzio estaban afuera cuidando la treintena de carruajes en compañía de los chóferes de los mismos.

En medio de la celebración que se formó a medianoche, vi cómo Jennifer corrió hasta el parqueadero y le dio un afectuoso abrazo a mi hermano. Él la levantó en sus brazos y hundió el rostro en su cabello rubio. Ella le acarició los pómulos con las manos enfundadas en guantes de lana luego del abrazo y lo besó en la frente. Pronto tuvo que irse a seguir atendiendo a los invitados, pero mi hermano quedó sonriendo de aquella manera que me decía que estaba feliz. Cuando ella se marchó, yo me escabullí y fui a la cocina a seguir con mi trabajo. No era conveniente que fuera a saludarlo en aquel momento. Alguien podría darse cuenta y yo no tendría cómo explicarlo.
Para mi sorpresa, minutos después Thomazzio apareció en la cocina. Yo me encontraba sola sirviendo champaña cuando lo vi entrar con su sonrisa plena. Todos estaban afuera, atendiendo la reunión y Rose se encontraba en el depósito buscando algunos ingredientes.
Me dio tanta alegría ver a mi hermano que sin dudarlo corrí hacia él para desearle feliz navidad.
- Te quiero mucho, mi bambina preciosa- dijo, abrazándome calurosamente a pesar de haber estado toda la noche afuera.
- Io también- le respondí, enternecida- Me alegra mucho que estés aquí. ¿Está todo bien?
Notamos que venía alguien por el ruido de las pisadas. Él me llevó hasta afuera, el patio, porque no quería que nadie nos interrumpiera. A través de la abertura de la puerta entrecerrada pudimos ver que se trataba de Rose, quien llegaba con nuevas provisiones y se disponía a prepararlas. Deduje que yo tenía poco tiempo para ausentarme y así se lo dije a mi hermano.
- No te preocupes, mi niña- dijo él en nuestro amado italiano- No voy a demorarte. Sólo quería entregarte mi regalo.
- ¿Qué?- refunfuñé- ¡Pero si yo no tengo nada que darte, Tomi!
Él sonrió bondadosamente.
- ¿Te parece poco? ¡Si yo ya tengo mi regalo!
- ¿Sí?- pregunté, casi consternada- ¿Y qué es?
- Eres tú, mi niña- dijo, consentidor, casi maternal- Tú eres mi regalo. No te imaginas cómo fueron esas navidades sin saber en dónde y cómo estarías. Durante todo este tiempo quise tenerte a mi lado para cuidarte y darte todo lo que mereces. Y desde que vi esto, quise que estuvieras conmigo para regalártelo.
Sacó de su bolsillo una bolsita de fieltro negro. Le dio la vuelta para vaciarla en su palma y luego de dos sacudidas aterrizó en ella una finísima gargantilla dorada que refulgía lo suficiente con la luz de la noche para hacer notar que era de oro puro. De último cayó el dije. Una preciosa lámina de rubí cortada en forma de círculo encerrada en un redondel del mismo oro de la gargantilla. Algo deslumbrante.
- ¡Dios mío!- exclamé entre alarmada y halagada- ¡Es hermosísima!
- Y es para ti- dijo Thomazzio extendiéndola para que yo pudiera apreciarla en toda su belleza- Para mi única familia en todo el mundo.
- Es increíble- dije dándome la vuelta para que él mismo me la pusiera- Pero debió costarte muchísimo, Tomi.
- Bueno, esas son cosas sin sentido- dijo, una vez terminó de abrocharla y me dio la vuelta para poder apreciarla en mi cuello- Hay cosas en el mundo mucho más importantes. Y yo me encargaré de que las veas. ¿De acuerdo?
Yo me dejé caer en sus brazos intentando ahogar las lágrimas de alegría. No quería llorar para no dañar el momento, pero no pude evitarlo. Él pareció conmovido.
- A partir de esta, todas nuestras navidades van a ser hermosas- dijo, mientras me acogía- No más servicio a gente inútil, no más órdenes, no más controles Podremos volar si es lo que queremos.
Yo asentí entre sollozos ahogados. Me imaginé volando entre las nubes, sin necesidad de portar un uniforme ni atender a gente que no me apreciara. Él me enjugó las lágrimas mientras reía.
- Ah, no llores Estaremos bien. Esta va a ser la última navidad impuesta. De aquí en adelante ¡Todo lo que queramos! ¿Sí? ¿Quieres eso? Yo asentí, ya dejando de llorar- ¿En dónde será nuestra próxima navidad?
Ni siquiera lo pensé. Lo que dije salió de mi boca automáticamente.
- París Quiero ir a París para navidad
Él rió, encantado.
- ¡Oh, de acuerdo! ¡París, será! Te llevaré allí y te mostraré todo lo que hay que ver
- ¿Has estado allí?
- Hmm una vez, sí. No conocí mucho, pero puedo decir que toda la ciudad es mágica. Y ahora quiero que tú la veas y que juntos la recorramos.
- Gracias, Tomi te quiero mucho.
Lo abracé una vez más mientras el rastro del llanto desaparecía totalmente. Él me dio un beso en la frente mientras me instaba a guardar la gargantilla dentro del cuello del uniforme. Era inconcebible que una simple mucama luciera una joya tan exquisita. Una vez hecho eso, él se fue caminando hacia el estacionamiento silbando alguna canción de navidad. Yo lo observé un rato y luego entré a hacer mi oficio. Rose me esperaba con cinco bandejas llenas de copas que esperaban a ser ocupadas con champaña.

La navidad pasó y llegó el año nuevo. El último día del año el cartero llegó con un mensaje de monsieur James y monsieur Joseph. Madame Margoth lo leyó frente a todos y así nos enteramos de que las festividades en París eran maravillosas. Los herederos aún se acordaban de su abuela y del difunto monsieur Aubrun, para el cual enviaban una fervorosa oración. Para el resto, enviaban saludos y unos buenos deseos de año nuevo. Anunciaban su regreso en dos meses y algo más. Terminaban la misiva con agradecimiento a su abuela y la reiteración de París como el lugar más bello del mundo en navidad, aunque la muerte de su abuelo la ensombrecía, como todas las muertes terminan oscureciendo cualquier paisaje, por bello que sea.
La reunión se disolvió y todos los criados fuimos a atender nuestros deberes. Yo iba algo abstraída y me asusté tras la brusca irrupción de Thomazzio.
- Así que París es maravillosa en navidad, ¿eh, Frances?- dijo, parafraseando a los herederos.
Yo lo miré aterrorizada. También había acabado descubriendo este secreto tan mío.
- Sí, así parece- dije, sin dejar que me intimidara- Ya lo oíste.
Me marché de su lado, furiosa por su perspicacia. Tener un hermano tan inteligente me estaba acarreando grandes problemas.
Al parecer, él no se afectó. Se fue con Jack hacia el garaje. Supuse que más tarde se reuniría con Jennifer y el asunto quedaría olvidado.
Yo fui con Melanie y la señora Bruce a atender los preparativos de la fiesta de año nuevo. No era tan grande como la de navidad, pero también requirió mucho esfuerzo.
Cualquiera diría que madame Margoth olvidó demasiado rápido a monsieur Aubrun, pero ella misma explicó en la casa que las fiestas ruidosas y atiborradas eran lo que su esposo hubiera querido por funeral, pues las amó desde la juventud y de hecho, conoció a madame en una. Así que la parranda se convirtió en el tributo de la viuda, aunque a ella no le agradaban tanto. Por eso hizo una más modesta para festejar el fin de año.
Nada inusual pasó. De nuevo las tartaletas, la champaña y la gente. Cambiaron el pavo por puerco y los regalos por propósitos de año nuevo. De nuevo Jennifer escapó a media noche y de nuevo Thomazzio llegó a la cocina cuando no había nadie que le impidiera desearme un año próspero y lejos de aquel estilo de vida. Yo me aferré a él y pedí al cielo que todos sus planes se hicieran realidad. Nos quedamos así por un rato muy largo, mientras 1892 se marchaba.
El resto de la noche fue tranquila. Fuimos a dormir cuando el reloj marcó las dos y treinta de la madrugada. Yo concilié el sueño pensando en que aquel año la vida me había cambiado radicalmente y que posiblemente el que entraba iba a ser el de mi liberación total.
Tres meses después, volví a ver los ojos de James Mc. Dowell. Y a pesar de lo que ahora sabía, y de lo mucho que quería odiarle, mi corazón me daba permiso para hundirme en su azul intenso para siempre...
_______________________________________________________________________________________
UNA MUCAMA EN APUROS.
UN SEÑOR QUE ESTÁ DE VUELTA EN EL MOMENTO MÁS INESPERADO.
CUPIDO LLEGA A LA HORTENSUA.
Y SUS FLECHAS ESTÁN POR TODOS LADOS.

MontajePortada.jpg
Únete a la celebración... el romance continúa.

Sólo en:
http://www.network54.com/Forum/598171/

Porque cuando vuelvas al foro, LaDirectora ya tendrá un año más.
Sé testigo del último capítulo publicado antes de su cumpleaños.
Próxima semana, continúa la emoción...


    
This message has been edited by LaDirectora on Jun 29, 2009 11:37 PM


 
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AutorReply

(Acceso LaDirectora)
Forum Owner

Aquí, esta semana ECOS DEL CORAZÓN Vol. 9

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June 30 2009, 12:23 AM 

Hola a tod@s!
Espero que estén bien.
Últimamente he estado un poco ocupada, pero prometo ponerme a trabajar en esta sección en cuanto termine mi quehacer.
De antemano, gracias por la comprensión.
Un saludo.

[linked image]

En 2009, triplemente encantadora

Sólo en:
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