Aquél en que los soldados estaban tan, pero tan empobrecidos que ya no tenían nada para comer ni para beber ni, tan siquiera, para hacer la guerra. Y pensando, pensando, cómo sobrevivir decidieron que, a falta de dinero para comprar tanques, bien valía la pena contratar a un enano y enviarlo en un seiscientos a insultar a las filas enemigas, porque ¡¡¡¡ matar, lo que se dice matar, no mataba, pero cómo desmoralizaba el muy bruto!!!!.
Un besazo.
